martes, 6 de enero de 2026

La ladrona coquetea con la impunidad





















Editorial


Movimientos sospechosos


La ladrona coquetea con la impunidad




Cristina Kirchner abandonó el sanatorio con la copa de champagne en la mano, tras pasar dos semanas fuera de su prisión domiciliaria. (Dibujo: Fernando Rocchia para AGENCIA NOVA)


“La Jefa de la Banda” está acostumbrada a salirse con la suya, incluso estando presa. Su mente oscura y malévola no logra reposar en el lugar más preciado al que aspira la humanidad: aquel donde reinan la aceptación, la resignación y la paz.


El objetivo inmediato de Cristina Fernández Kirchner previo a las celebraciones de fin de año era claro: liberarse de la tobillera electrónica, aunque sea por un rato. Y lo logró. El cuadro de salud que le tocó atravesar fue la excusa perfecta para estirar su estadía durante casi dos semanas en uno de los sanatorios privados más exclusivos de la Ciudad de Buenos Aires, donde se atienden aquellos pacientes con cuentas bancarias acaudaladas.


Mientras insistía en el reclamo de flexibilizaciones de su régimen de prisión domiciliaria, seguía alargando su reposo fuera de su vivienda -incluso se la vio deambulando muy bien vestida- en el centro de salud donde se dio el lujo de brindar con quien quiso, tanto en Navidad como en Año Nuevo, lejos de ataduras corporales.


Por supuesto que iba a buscar el momento adecuado para autogestionarse el alta médica sin quedar en evidencia. Casualmente, el sábado 3 de enero por la tarde, cuando los titulares de los diarios, portales y periódicos de Argentina y el resto del mundo estaban invadidos por la noticia de la captura de Nicolás Maduro por parte de Donald Trump, apareció la “novedad” de que la ex mandataria había abandonado el sanatorio. En pleno conflicto entre Estados Unidos y Venezuela, ¿quién iba a darle trascendencia a un hecho de este calibre, que en otro momento hubiera sido nota de tapa en los medios nacionales?


La araña viuda negra tuvo tiempo de sobra para seguir tejiendo sus artimañas mientras gozaba de protección sanitaria fuera de su domicilio, desde donde se emitieron partes médicos escuetos y carentes de especificaciones, los cuales fueron difundidos de manera regular -aunque esporádica- por mero formalismo.


Ni bien puso un pie en su departamento, la condenada retomó el hábito hogareño que más la obsesiona: twittear compulsivamente, en esta oportunidad, opinando sobre el conflicto regional del momento. Sin duda, la red social del pajarito es el refugio de su tortura psicológica, el último espacio de expresión donde algún militante k perdido pueda escucharla, el lugar donde canaliza la verborragia de una mente atormentada, la plataforma virtual con la que pretende perpetuar una existencia prácticamente extinguida por un escenario político que quiere su sepultura.


Dicen que en la cancha se ven los pingos. Y en ese sentido, el guión virtual ficcionado que inventa CFK no tiene nada que ver con la realidad que rige puertas afuera, en el ámbito terrenal, donde está siendo excluida de la esfera del poder político.


Comenzó un año de cambios profundos dentro del peronismo, que busca reconstruirse como espacio opositor, lejos de los mandatos de la ex jefa de Estado condenada a seis años de prisión por actos de corrupción que no se agotan en ese fallo, sino que siguen vigentes en varios frentes judiciales que continúan abiertos por distintas causas.


En la antesala de las elecciones presidenciales del 2027, el peronismo buscará este año configurar un proyecto político renovado que se diferencie de los lineamientos verticalistas marcados por dos décadas de kirchnerismo duro. Para ello, deberá definir al nuevo líder que impulse y le otorgue el brillo perdido a la principal fuerza opositora. Un enorme desafío en el que CFK queda totalmente desdibujada, alienada y seca de poder, mal que le pese.

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