martes, 10 de febrero de 2026

El enemigo interno, cuando el Gobierno se daña a sí mismo



























Autodestrucción política 


El enemigo interno, cuando el Gobierno se daña a sí mismo


Con acuerdos internacionales y proyectos clave en el Congreso, Milei toma decisiones que lo erosionan


Nelson Castro


Diario Perfil



Lo que te traje a medida. Luis Caputo por Pablo Temes




Una de las características salientes de este gobierno es la de autoinfligirse daños en momentos en que las circunstancias y los hechos le son favorables. Lo sucedido esta semana es una comprobación contundente de esta y otras particularidades que son producto de conductas soberbias y autoritarias. 


Veamos lo bueno. El acuerdo comercial y de inversiones con los Estados Unidos tiene aspectos inéditos que, si son adecuadamente aprovechados, abren posibilidades muy importantes para la economía de nuestro país. Los puntos clave son: la eliminación de aranceles para 1.675 productos argentinos, acceso de la carne argentina a los mercados de los EE.UU., compromiso de revisión de los aranceles impuestos por Washington al acero y al aluminio, inversiones de empresas estadounidenses en sectores críticos de nuestro país –postergado para más adelante por las controversias que genera en EE.UU.– la eliminación de posiciones arancelarias para 221 productos americanos, un marco seguro para las inversiones en el área de las startups, fintechs y empresas tecnológicas, y la adopción de estándares internacionales en el reconocimiento de la propiedad intelectual. Este acuerdo es el primero de su tipo en América del Sur. Se enmarca en una agenda política claramente auspiciosa para el Gobierno que se apresta a avanzar esta semana con el tratamiento –con perspectivas en principio favorables– en el Congreso, del proyecto de ley de Reforma Laboral y el de Baja de la Edad de Imputabilidad. Esto sería lo lógico. Pero, claro está, que en Javier Milei y su entorno las cosas son diferentes: lo que allí anida es la lógica de la ilógica. Y nada ni nadie lo podrá hacer cambiar. Quien lo intente, fracasará. Se vio esto en estos últimos meses. El Milei moderado fue sólo una postura pasajera adoptada durante la campaña electoral luego de la derrota en la provincia de Buenos Aires. Las conductas del Presidente están atadas a una personalidad atravesada por los desequilibrios y los desbordes emocionales, características que la enorme mayoría de los funcionarios del Gobierno reconocen –y sufren–. A eso se le agregan los componentes del síndrome de Hybris, que tanto en Milei como en Donald Trump se manifiestan en toda su dimensión. A Milei le gusta que le teman; a Trump, también. Milei cree que es el non plus ultra de todo; Trump, también. Milei desprecia a los que no piensan como él; Trump, también. Milei cree que todo lo que hace es maravilloso; Trump, también.


La semana comenzó con la sorpresiva renuncia de Marco Lavagna a su cargo de director del Indec. Para que no quedaran dudas de cuál fue la causa de esa dimisión, el ministro de Economía, Luis Caputo salió a señalar –con todas las letras– que la decisión había sido tomada por el Presidente por no estar de acuerdo con que se comenzara a implementar un nuevo índice de precios al consumidor (IPC). “Marco quería cambiar el índice y ya tenía una fecha. El Presidente no estaba de acuerdo”, dijo el inefable ministro, quien agregó: “Si vamos a hacer esto, lo lógico es terminar el proceso de desinflación con la misma medición que venimos midiendo siempre y realizar una nueva encuesta que refleje los cambios actuales”. Más claro, Milei y Caputo se arrogan la potestad de determinar a su antojo cuándo actualizar la metodología del IPC. Durante una presentación que, el 7 de mayo de 2007, realizó el entonces jefe de Gabinete del gobierno de Néstor Kirchner, Alberto Fernández, anunció que el IPC de entonces no servía y que, por lo tanto, el Gobierno iba a elaborar otro. Por supuesto que hay enormes diferencias entre aquella situación y ésta: hoy no están ni Guillermo Moreno ni su patota. Quien lo sucede a Lavagna, Pedro Lines, es un profesional de perfil técnico e idoneidad reconocida. Pero, la esencia de la conducta política que llevó a Milei a tomar esta decisión es la misma que tuvo Néstor Kirchner y, por ende, la consecuencia también es la misma: la credibilidad del Indec queda dañada. Es increíble que no lo adviertan ni aprendan las lecciones del pasado.   


A esto le siguió el embrollo con los industriales textiles. La ropa en la Argentina es carísima. Nadie lo discute. Caputo tuvo razón en lo que dijo. El problema es que, supuestamente, es él quien, como ministro de Economía, debería trabajar en establecer las causas de esta situación y buscar una solución. Y esto, no para proteger a los empresarios deshonestos y aprovechadores del sector, sino para permitir que continúen los que son honestos y no viajan en aviones privados. Una de las evidencias que exponen las declaraciones del ministro es lo estrecha que es su cotidianeidad. Acostumbrado a vivir en la nube de los ámbitos de las grandes finanzas, en los que el lujo es la moneda corriente, cree que esa es la realidad. Su frase: “Hace 15 años que no me compro ropa en el país” –exhibió un total desprecio por la situación de la inmensa mayoría de la población que no tiene esa oportunidad. Se supone que, su función como ministro es que –entre otras cosas– la gente pueda tener a su alcance y comprarse ropa de buena calidad. Por otra parte, no se trata sólo de la ropa: está caro el calzado, están caros los alimentos, están caras las herramientas, están caros los materiales de construcción, están carísimos los útiles escolares, etc… Todo está caro en la Argentina.  


Finalmente, la semana culminó con la creación de la Oficina de Respuesta Oficial (ORO) con el objetivo de “desmentir activamente la mentira, señalar falsedades concretas y dejar en evidencia operaciones de medios de comunicación y de la casta política”. Esto es una copia de la decisión tomada por Trump creando una plataforma para apuntar a medios de comunicación considerados “parciales”. En el gobierno de Alberto Fernández se creó el Observatorio de la Desinformación y la Violencia Simbólica En Medios y Plataformas Digitales (Nodio), cuyo objetivo era la  “detección, verificación, identificación y desarticulación de las estrategias argumentativas de noticias maliciosas y la identificación de sus operaciones de difusión”. Como se ve, los argumentos son exactamente los mismos. Y el objetivo, también: amedrentar a los periodistas y medios críticos del Gobierno. Así, La Libertad no Avanza: ¡Retrocede!

Alineamiento e imitación, la nueva era











LA NACION > Política 


Alineamiento e imitación, la nueva era


El acuerdo comercial con Estados Unidos ratifica el rumbo de la administración de Milei, pero habrá que mirar la letra chica; las confusas explicaciones del ministro Caputo y la patrulla sobre medios y redes inspirada en el trumpismo


LA NACION


Claudio Jacquelin



Donald Trump y Javier Milei por Alfredo Sábat


No podía llegar en un momento más oportuno. En medio de otra sucesión de heridas auto-inflingidas, el canciller Pablo Quirno anunció en Washington la firma del acuerdo comercial y de inversiones con los Estados Unidos, cuyo marco había sido signado y anticipado hace tres meses. Una noticia de gran impacto y efectos, capaz de cambiar la tendencia negativa para el oficialismo que dominaba la agenda pública desde hace poco más de una semana.


El alineamiento incondicional, que desde la hora cero de su gestión Javier Milei decretó con la potencia norteamericana y desde hace trece meses reforzó sin límites con Donald Trump, acaba de dar su primer fruto formal y efectivo. Un paso que genera renovadas expectativas y oxígeno, luego del salvataje e intervención financiera de los Estados Unidos en setiembre del año pasado, durante la campaña electoral.



Casualmente o no, esa alianza acababa de tener horas antes otra expresión de coincidencias y emulaciones con la creación de la “Oficina de respuesta oficial” por parte de la Presidencia, que replica un espacio similar presentado por la Casa Blanca hace tres meses, destinado a sostener y relanzar por otros medios la batalla contra la prensa y el periodismo, que en los últimos días recobró acá intensidad y agresividad.


En tal contexto, la comunicación del entendimiento con los Estados Unidos hecha por el Gobierno se dio por pasos, como para sostener el interés y tratar de controlar celosamente los efectos de la difusión. Sólo cuatro horas después del primer anuncio de la firma se divulgaron los detalles.



La dinámica muestra un cambio notable respecto de la comunicación del acuerdo marco, el 13 de noviembre pasado, que rápidamente hizo que se advirtieran y subrayaran varias asimetrías que el entendimiento parecía reforzar más en beneficio de los Estados Unidos que de la Argentina.


En ese proceso, la difusión hecha ayer por el canciller Quirno, firmante en Washington, destacó en su segunda comunicación los beneficios que traería aparejado para la Argentina el acuerdo tanto en materia de comercio bilateral o por la rebaja de aranceles como de inversiones, sobre todo en áreas estratégicas o sensibles. Minerales, energía y economía del conocimiento, en primer plano.


Además, se subrayó el beneficio que significará que “Estados Unidos eliminará los aranceles recíprocos para 1675 productos argentinos en una amplia gama de sectores productivos”. Y se destacó la significativa ampliación de la cuota exportable de carne, que reportaría ingresos adicionales por unos 800 millones de dólares. Así como la rebaja arancelaria para el acero y aluminio. Un guiño para el maltratado CEO de Techint, Paolo Rocca, después de los furibundos ataques personalizados de Milei.


Menos precisas fueron las referencias hechas en esas comunicaciones a las obligaciones contraídas por el país derivadas del convenio, ni detalles de los beneficios que se concederían en reciprocidad a las empresas e intereses de los Estados Unidos.


Al respecto, una rápida comparación hecha sobre el texto finalmente difundido expone la disparidad cuantitativa y cualitativa de compromisos asumidos por cada parte. Según Chat GPT, en el documento aparecen más de 60 expresiones que indican que la Argentina se compromete a algo en forma taxativa, mientras que para el país norteamericano casi no hay manifestaciones de similar tenor, salvo en casos de obligaciones o compromisos recíprocos. Apenas una primera referencia.


La Argentina se acaba de convertir en el primer Estado sudamericano en integrar un acotado club de países que alcanzan un acuerdo comercial y arancelario de esas características con la primera economía del mundo


De todas maneras, ya desde el segundo comunicado de la Cancillería se anticipa que habrá sectores productivos que serán impactados (se verá en qué medida y de qué forma) por las anunciadas eliminaciones por parte de la Argentina de 221 “posiciones arancelarias” que incluyen las industrias de maquinaria, insumos médicos y productos químicos, así como por la rebaja en autopartes, y el otorgamiento de cuotas para el ingreso de vehículos, carnes “y otros productos agrícolas”. A mirar las letras chicas.


Incógnitas

El Gobierno celebró el acuerdo no solo como parte de su “alianza estratégica” con los Estados Unidos, sino como otro logro de su estrategia de inserción comercial, en línea con los convenios alcanzados por el Mercosur con la Unión Europea (UE) y con la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA, por sus siglas en inglés).


En ese punto los entendidos, diplomáticos y expertos en comercio internacional, mantienen algunas dudas sobre la forma en la que operarán, se complementarán o entrarán en algún conflicto.


Al respecto, un experimentado negociador argentino, que participó en varias etapas del proceso de discusión con la UE , señaló: “Todo es todavía bastante confuso. Es un mundo nuevo de bilateralismos que se mezclan con un mundo viejo de multilateralismos y no está claro cómo se van a articular. Además, Trump no tiene autoridad para negociar aranceles y la Corte de su país aún no decidió [en las demandas planteadas por los aumento adoptados como represalia contra varios países]. Y surgen las dudas con las indicaciones geográficas que reconocimos a la UE”.


De todas maneras, la Argentina, como bien destacó con pompa y circunstancia el Gobierno, se acaba de convertir en el primer Estado sudamericano en integrar un acotado club de países que alcanzan un acuerdo comercial y arancelario de esas características con la primera economía del mundo.


El hecho singular en sí mismo adquiere una relevancia mayor al darse en medio de la recrudecida guerra comercial entre los Estados Unidos y China y el proceso de transferencia de poder de Occidente a Oriente. El Gobierno de Milei rubrica así el alineamiento del país sin cortapisas con la primera, pero declinante, potencia.


El proceso está abierto, mientras en la Argentina recrudecieron en los últimos días los debates por los efectos de la apertura comercial y la competencia en condiciones aparentemente desiguales para los productores locales.


El promocionado acuerdo firmado ayer con los Estados Unidos desplazó esa polémica del centro de la escena, pero no la cerró y, muy probablemente, la reabrirá recargada. Son varios los sectores industriales que esperan con cierta ilusión como los que lo hacen en guardia y con cierto temor más detalles de lo firmado, así como su aplicación.


Tiros en los pies

La polémica desatada ante la pérdida en una licitación privada por parte de Techint, a manos de una empresa india, en la que se zambulló Milei con una furibunda diatriba contra Rocca, CEO y principal accionista de ese conglomerado, dio lugar a una discusión en la que tipo de cambio, cepo cambiario para empresas y empleo volvieron a instalarse. Temas tabú para el Gobierno.


Como si fuera poco, no solo la industria siderúrgica y el emporio Techint, uno de los principales grupo empresarios y con mayor nivel de inversión en el país, fueron objeto de la ira presidencial y los ataques del oficialismo, sino que a eso se sumó el embate que encabezó el ministro de Economía, Luis Caputo, contra la industria textil y de la indumentaria con su provocadora (y frívola) afirmación de que jamás se había comprado ropa en el país “porque era un robo”.


Solo con eso parecía el Gobierno dilapidar el positivo mes de enero que había logrado en la agenda pública local e internacional, lo que le había reportado una mejora en la imagen presidencial y de la gestión. Pero otra vez fue más allá con su tendencia a autolesionarse.


Después de haber dejado correr durante cuatro meses el anuncio de que este 11 de enero la inflación respondería al nuevo índice de Precios al Consumidor que hace ya más de un año tenía listo el INDEC, Milei y Caputo se negaron a aplicarlo y provocaron la renuncia del reconocido titular del organismo, Marco Lavagna.


Para peor, la admisión de que ese nuevo indicador no regiría llegó mucho después de que Lavagna hubiera presentado y se hiciera pública su renuncia, con una sucesión de confusas explicaciones por parte de Caputo, que solo alimentaron suspicacias y afectaron la confianza respecto del organismo oficial de estadísticas. Un activo que con mucho esfuerzo y durante dos gobiernos y medio se había logrado restañar, después del desastre provocado por la intervención y manipulación kirchnerista.


El impacto negativo en la opinión pública fue inmediato. Según un relevamiento en redes sociales realizado por la consultora Ad-hoc, el Indec recuperó un protagonismo a un nivel que no había alcanzado desde marzo de 2024, cuando se publicó la esperada inflación de febrero que reflejaba el impacto de la devaluación dispuesta por el flamante gobierno de Milei.


La centralidad de la polémica tuvo, además, un signo netamente perjudicial para el Gobierno: “Las menciones digitales que relacionaron a Milei con Indec registraron un 67,8% de negatividad”, destacó el titular de la consultora, Javier Correa. “Se convirtió en un tema con alta participación mediática que opacó a otros debates: entre el 1° y el 4 de febrero las menciones al Indec triplicaron la conversación sobre reforma laboral", agregó el informe de Ad-Hoc.


La misma consultora había difundido dos días antes otro relevamiento en el que se destacaba que “enero fue el cuarto mes positivo para la imagen digital del presidente Javier Milei” y que “la única conversación relevante que el gobierno no controló” en ese mes fueron los incendios en la Patagonia, que “generaron críticas hacia Milei y hacia el gobernador de Chubut, ‘Nacho” Torres’”.


Esas evidencias, coincidentes con el celoso seguimiento que hacen de la dinámica de la opinión pública y de las redes sociales, parecen explicar la ira que desataron en Milei los planteos de Rocca, su impacto masivo, así como la reacciones que provocaron las polémicas apariciones mediáticas de su ministro de Economía, el desplante de Lavagna y el pésimo tratamiento comunicacional que le dio la Casa Rosada al tema del Indec, todavía no zanjado.


El ministerio de la verdad

Quienes frecuentan los pasillos de la Casa Rosada y fuentes de la cúpula mileísta dan cuenta de la irritación presidencial que, como se sabe, nunca es mesurada, y la ponen en la génesis del lanzamiento por parte del asesor Santiago Caputo de la “Oficina de respuesta oficial”. Un ente destinado a patrullar medios de comunicación y redes para “desmentir activamente la mentira, señalar falsedades concretas y dejar en evidencia las operaciones de los medios y la casta política”, según su texto de presentación.


La oficialización y estatización del patrullaje y señalamiento público que las milicias digitales y comunicacionales oficiales y paraestatales mileístas ya realizaban, expone la obsesión del oficialismo y del propio Presidente por la agenda pública, así como parece otra avanzada para obturar críticas y disidencias.


Las prevenciones y cuestionamientos que manifestaron entidades de los medios y el periodismo, como Adepa y Fopea, así como el pedido de información pública presentado por Poder Ciudadano y los rechazos que manifestaron distintos representantes del arco político, dan cuenta de la inquietud que despertó la iniciativa.


Por el contrario, su lanzamiento fue auto-celebrado públicamente primero por su autor intelectual, el guru mileísta Caputo, por el propio Presidente, después, y, a continuación, por el ministro de Economía, y el jefe de Gabinete, a los que luego le siguieron otros funcionarios que no quisieron quedar afuera de la lista de festejantes. Podría ser un pecado capital.


La iniciativa, que recuerda anteriores acciones e intentos de silenciamiento y hostigamiento a periodistas y medios y de control del debate público, como los que se dieron durante el kirchnerismo, especialmente a partir de 2008, no es, de todas maneras, un producto de la industria nacional. Se trata de otro artículo importado sin pago de aranceles ni regalías, que precedió por apenas unas horas al anuncio del acuerdo comercial con los Estados Unidos.


La “Oficina de respuesta oficial” capu-mileísta es casi una copia fiel de Rapid Response 47, el canal de respuesta en redes de la Casa Blanca, y de su portal “Media Bias” (https://www.whitehouse.gov/mediabias/). Seguramente sobre esto no habrá reclamos de la oficina norteamericana de defensa de la propiedad intelectual, un derecho que el flamante acuerdo exige a la Argentina respetar a rajatabla.


Al alineamiento incondicional, Milei le suma la imitación. Para bien o para mal.


Por Claudio Jacquelin

"Las Grandes Andanzas Patoruzú e Isidoro #14" (1958) (¡¡¡100 PAGINAS!!!)