martes, 3 de febrero de 2026

La contradictoria conflictividad de Milei





















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opinión


La contradictoria conflictividad de Milei


Javier Calvo


Corazón de latón. Javier Milei por Pablo Temes


Pareció volver a las andadas esta semana. A su esencia. Desde la contundente derrota legislativa bonaerense de septiembre, Javier Milei había bajado un cambio con sus agresivos discursos y mensajes hacia voces críticas o que simplemente evitaban sumarse a su relato. Contra lo que muchos creían, mantuvo en líneas generales esa calma luego del triunfo nacional electoral de octubre.




Como si todo este tiempo hubiera reprimido y acumulado intemperancia, el Presidente volvió a dar rienda suelta a la ausencia de autocontrol. “Ya sabés cómo es Javier”, es la justificación que suelen encontrar quienes lo rodean o frecuentan.


La excusa, siempre la hay, esta vez fue que uno de los grupos empresarios argentinos más importantes, Techint, perdiera en una licitación privada para llevar gas de Vaca Muerta al Atlántico a manos de una compañía india.


Milei busca exponer su narrativa, que llaman “batalla cultural”


A Milei poco le importó que en la adjudicación no tuvieran injerencia alguna su gobierno ni el Estado. Fue una decisión del consorcio de grandes firmas energéticas que están detrás del proyecto (que lidera PAE y en el que participa de manera minoritaria YPF, entre otras), basada en el menor costo que ofreció el proveedor de la India para traer los caños.


Al darse a conocer días atrás la novedad en los medios y las quejas subliminales de Techint, por las dificultades para competir con importados por el “costo argentino” y el dólar barato, Milei estalló.


Primero apuntó contra Paolo Rocca, el influyente e histórico mandamás de la empresa, a quien llamó despectivamente “Don Chatarrín”. Luego advirtió: “Aquellos que tienen productos más caros y de menor calidad no son dignos del favor del mercado. Y si quieren hacerlo por la fuerza con negocios turbios con el Estado, deben desaparecer e ir a la quiebra”. De paso, la emprendió contra periodistas, medios, economistas y políticos que se pronunciaron sobre este conflicto.


Pueden detectarse al menos dos dimensiones políticas entrelazadas para intentar comprender la violenta reacción presidencial. Dejaremos las psicológicas para quienes estudiaron y saben al respecto.


En un plano, Milei busca exponer su narrativa, que pomposamente llaman “batalla cultural”. En este caso, tendría el argumento de que más vale importar algo más barato que producir localmente algo más caro. Del tendal de desempleo vendrían a ocuparse las aplicaciones y el trabajo informal.


El paraguas académico de esta suerte de nueva teoría darwiniana lo abre siempre Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación, que ve luz hasta cuando es de noche. Así como antes salió a defender como positivo el éxodo turístico argentino hacia el exterior, ahora encontró beneficios a que un negocio en nuestro país se lo quede un extranjero en vez de una empresa que da empleo acá.


No es con Techint la primera vez que Milei apela a la necesidad de que las compañías argentinas (aun las que exportan o se convirtieron en multinacionales, como la de Rocca) compitan sin ayuda del Estado. Incluso se lo ha dicho en la cara a los empresarios en algún foro que se exhibía como amigable.


Hay tres nombres candidateables lejos del kirchnerismo para 2027


Lo curioso es que esa lógica se estaría llevando a la práctica de manera arbitraria. O despareja, por decirlo elegantemente. El Presidente ha sido menos implacable que con Techint en otros sectores del empresariado donde el Estado tiene una decidida injerencia regulatoria y donde existen dificultades para “competir”.


Prestadoras de salud, laboratorios, electrónicos, aeropuertos, e-commerce, para citar algunos, lucen por debajo del radar libertario. Ni hablar de ciertas constructoras, involucradas en el megajuicio de los “cuadernos de las coimas”, y que reciben la venia oficial para la concesión privada de alguna ruta. Ejecutivos de Techint también están acusados en ese proceso.


Entra a jugar entonces una segunda dimensión. La política. A través de las redes sociales, su vehículo de comunicación favorito, Milei validó la acusación de uno de sus influencers predilectos sobre que Rocca intentó desestabilizarlo el año pasado.


El jefe de Estado reposteó con la palabra “DATO” (así, toda en mayúsculas) el texto de un usuario que aseguraba que el líder de Techint “jugó all in para que el actual gobierno termine post elecciones de septiembre. Jubilate, tano. Perdiste”.


A la denuncia se sumó el funcionario mileísta Juan ‘Tata’ Yofre, exjefe de la SIDE menemista y actual director de la Escuela Nacional de Inteligencia. Nada es casualidad.


Antes y después de la derrota bonaerense, se había activado el máximo nivel de percepción de confabulaciones en lo alto del poder. Alimentadas por oscuras usinas de espionaje, las sospechas sobre complots contra el Presidente estaban a la orden del día, puertas adentro de la Casa Rosada y Olivos. Resultaban más tranquilizadoras esas teorías que culpar a los errores propios y a las cruentas internas oficialistas del mal momento.


Todo eso se acalló con el salvataje financiero de Donald Trump y el triunfo en las elecciones legislativas de medio término. Pero se ve que el rencor le dura a Milei, sin que haya prueba alguna de la supuesta conspiración.


Rocca no es el único empresario que está bajo la tirria presidencial. Héctor Magnetto, rostro visible del Grupo Clarín e histórico aliado de Techint, también es uno de los apuntados. ¿Será por eso que las autoridades no terminan de aprobar la compra de las operaciones de la española Movistar por parte de la clarinesca Personal?


Las inquinas exceden al pasado y se proyectan al futuro. Fuentes con acceso al despacho de la Secretaría General de la Presidencia, que conduce la hermanísima Karina, dejan trascender que desde los mismos círculos tan lejanos a Milei como al kirchnerismo se están promoviendo otras alternativas competitivas para los comicios presidenciales del año próximo.


En el Gobierno conjeturan tres nombres. Dos son gobernadores dialoguistas-críticos: el peronista cordobesista Martín Llaryora y el radical santafesino Maximiliano Pullaro. El tercero corresponde a un outsider, el pastor evangélico y showman mediático Dante Gebel.


¿Conspiranoia extrema o datos de la realidad? La autoalimentada y contradictoria conflictividad mileísta da para todo.

HUMOR DIARIO

La Argentina, en el nuevo desorden mundial



















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La Argentina, en el nuevo desorden mundial


LA NACION


Sergio Suppo



Javier Milei y Donald Trump por Alfredo Sabat


La precisa humorada de aquel enviado especial que en el siglo pasado viajó a cubrir un golpe militar en un país centroamericano sirve para resumir estos momentos, a mitad de camino entre el drama y la farsa. El cronista envió un telegrama a su redacción usando la frase del escritor italiano Ennio Flaiano: “La situación es grave, pero no es seria”.


Desde que regresó Donald Trump al poder, un año atrás, el mundo se ha convertido en un asunto grave: El estilo a menudo estrafalario del presidente estadounidense para nada serio.



Milei está entre los pocos países que aplaude todo lo que hace Trump en todo o nada que incluye la expectativa de que los muy amigos tengan ganado el derecho a la ayuda garantizada


Javier Milei eligió poner al país del lado del generador del mayor caos geopolítico global desde la Segunda Guerra. Es una réplica de las “relaciones carnales” que Carlos Menem sostuvo con George Bush y Bill Clinton con el significativo agregado de una nueva situación global: la relación personal de Milei con Trump y del virulento modo de relacionarse con el mundo de Washington.


Hasta ahora no le fue mal a Milei con su apuesta por Trump. El salvataje cambiario a menos de dos semanas de las elecciones del 26 de octubre pavimentó un resultado por encima de lo esperado por el propio Presidente y borró la encerrona en la que había quedado su equipo económico.


Aquel gol de último minuto que fue la intervención directa del Departamento del Tesoro para frenar la disparada del dólar ocultó los errores de cálculo y la falta de recursos que tenía el gobierno libertario para afrontar la falta de confianza de los mercados y su directa traducción a una presión sobre la moneda.



Después del israelí Benjamín Netanyahu, Milei es el aliado más incondicional del presidente de los Estados Unidos. Israel puede hacer el mismo ranking entre sus aliados. Después de Estados Unidos, viene la Argentina.


El premier judío no es precisamente popular en el mundo; las olas de antisemitismo que retrotraen a otras épocas pretenden una explicación -pero no una justificación- en la dureza de las acciones militares en Gaza luego de la terrible agresión de Hamas, el 7 de octubre de 2023.


En este nuevo desorden mundial, Milei fue uno de los primeros convocados por Trump para formar un Foro por la Paz, un organismo para justificar con la presencia de otros países los embates del presidente de los Estados Unidos en distintos conflictos bélicos.


Trump no deja un día sin detonar las formas establecidas. Arrancó hace un año prometiendo tomarle territorios a Canadá y México y quedarse con Groenlandia, al mismo tiempo que relanzaba la guerra comercial con China poniendo aranceles de importación a amigos y enemigos, y obligando una negociación de emergencia.


Trump siempre amaga y algunas veces pega; el mundo está empezando a descubrirle la secuencia de esos embates


Milei llegó para abrir la economía argentina al mundo justo en el momento en el que su principal referente decidió levantar las barreras proteccionistas más altas en dos siglos.


Trump tiene un estilo: golpear para negociar y luego comunicar el supuesto logro a su clientela electoral. Todo lo que dice y hace en el mundo tiene como destinataria a la opinión pública norteamericana.


Es un esfuerzo de rellenar a golpes de efecto su ego y el favor perdido en algunas franjas de la sociedad que comienzan a notar falta de progreso en la situación económica de su país.


El miércoles, en el Foro de Davos, Trump insistió fuertemente en lo que él considera la necesidad de Estados Unidos de tomar Groenlandia. Un par de horas más tarde, luego de reunirse con la máxima autoridad de la OTAN, dijo tener un marco de acuerdo de seguridad para esa isla dinamarquesa y todo el Ártico.


Trump siempre amaga y algunas veces pega. Como en Venezuela, por ejemplo. El mundo está empezando a descubrirle la secuencia de esos embates.


Milei surfea entre la complejidad de la crisis argentina y el nuevo desorden mundial y su gobierno es una moneda en el aire sacudida por los buenos o malos vientos de distintos orígenes


Dicho en palabras de Peter Baker, de The New York Times: “Nunca en el último siglo Estados Unidos se ha apropiado de territorios ajenos ni ha subyugado a sus ciudadanos contra su voluntad. Desde la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos fue el país que resistió la conquista, enfrentándose a la Alemania de Hitler, al Japón de Tojo, a la Unión Soviética de Stalin, a la Corea del Norte de Kim Il-sung y al Irak de Saddam Hussein cuando se apoderaron de territorio extranjero. Ahora, Trump aspira a convertir a Estados Unidos en un país conquistador”.


Milei está entre los pocos países que aplaude todo lo que hace Trump. Es a todo o nada, en la expectativa de que los muy amigos tengan ganado el derecho a la ayuda garantizada.


China mira el espectáculo de la peor crisis de la historia entre Estados Unidos y Europa con regocijo.


La apertura de la economía que el Presidente defiende con la vehemencia de un integrista se encuentra con la paradoja de que la reducción de las barreras para importar en la Argentina tiene como primer beneficiario a China. La espectacular llegada de un barco con cinco mil autos eléctricos al puerto de Zárate fue una de las imágenes de la semana.


Milei tiene la necesidad de abrir la economía en el momento en que su principal sostén político internacional opera la mayor ola de proteccionismo impulsada por los Estados Unidos. Es verdad que Trump usa el recurso de poner y sacar aranceles de la noche a la mañana en un regateo ejecutado desde una posición de supremacía. No es una cuestión de ideología, es una demostración de fuerza para presionar, amedrentar y obligar a acuerdos bajo una nueva condición. ¿Qué diría el presidente argentino si, en lugar de Trump, el Brasil de Lula arancelara su comercio?


La Argentina no da para esas ocurrencias. Al cabo de dos años, el Presidente puede mostrar que bajó la inflación, pero no la derrotó por completo. En el camino encontró que debe reunir dólares para pagar la deuda y eso mantendrá los aumentos de precios todavía por un cierto tiempo.


La celebración de haber puesto en azul los números en rojo de las cuentas públicas es merecida. A medida que pasa el tiempo, Milei y su ministro Luis Caputo necesitarán que la economía tenga un crecimiento consistente y genere más dólares para hacer sostenible el superávit, luego de pasarle la motosierra a gastos que en algún momento tendrán que hacerse otra vez.


Milei surfea entre la complejidad de la crisis argentina y el nuevo desorden mundial. Su gobierno es una moneda en el aire sacudida por los buenos o malos vientos de distintos orígenes.


El premier canadiense, Mark Carney, hizo la mejor síntesis de este momento, el de más fuerte mutación que se recuerde en 80 años: “Estamos en medio de una ruptura, no de una transición”.


Por Sergio Suppo

"Ediciones Record: PIF-PAF LIBRO DE ORO 1 - diciembre 1976" (¡¡¡116 PAGINAS!!!)