domingo, 6 de septiembre de 2026

Ventajas y riesgos de la malvinización de Milei


 

Ventajas y riesgos de la malvinización de Milei 


6 de septiembre de 2026


Fernando Laborda


LA NACION



Donald Trump y Javier Milei por Alfredo Sábat


Con la cadena nacional en la que Javier Milei anunció que sancionará a empresas que operen en la exploración y extracción de petróleo en las islas Malvinas sin autorización argentina, el Gobierno recuperó capacidad para instalar una agenda propia en la opinión pública después de meses en los que estuvo a la defensiva, haciendo frente a cuestionamientos a la política económica. Sin embargo, la conversación digital se centró en la percepción sobre un uso oportunista de una causa nacional y acerca de contradicciones con anteriores declaraciones del actual presidente de la Nación sobre el mismo tema.


Distintos analistas de opinión pública coinciden en que Milei solo podrá capitalizar electoralmente el sentimiento pro Malvinas si la sociedad percibe avances concretos y no simplemente declaraciones o decretos de necesidad y urgencia. Los anuncios presidenciales, que abarcan también la construcción de una base naval en Tierra del Fuego y la intención de profundizar una alianza estratégica con Estados Unidos con eje en el Atlántico Sur, son apenas el inicio de una etapa. El desafío es que todos estos instrumentos sirvan, en algún momento, para persuadir al Reino Unido de abrir negociaciones sobre la soberanía del archipiélago austral.


Por lo pronto, la cuestión Malvinas no es ni ha sido en décadas un tema de relevancia electoral. Basta recordar que fue objeto de un ácido cruce entre Milei y Sergio Massa durante el debate previo al balotaje presidencial de noviembre de 2023. En aquella oportunidad, Massa le reprochó al entonces candidato libertario su admiración por Margaret Thatcher y haber sugerido que los habitantes de las islas (los llamados “kelpers”) debían tener derecho a la autodeterminación. Milei le respondió que “en la historia de la humanidad ha habido grandes líderes” y que “la señora Thatcher lo fue”, al igual que Ronald Reagan, Winston Churchill o Charles De Gaulle. Sugirió también que la actitud de Massa equivaldría a despreciar al futbolista francés Kylian Mbappé por los goles que le hizo a la selección argentina. Las respuestas de Milei no parecieron en aquel momento las más convincentes. Sin embargo, pocos días más tarde ganó las elecciones. Sus posiciones sobre la disputa con los británicos no movieron el amperímetro electoral.


Pero lo cierto es que, hasta antes de su reciente mensaje al país por la cadena nacional, Milei se hallaba en una posición incómoda frente a la opinión pública en relación con la cuestión Malvinas. El 2 de abril de 2025 había expresado que “el voto más importante de todos es el que se hace con los pies y anhelamos que los malvinenses decidan algún día votarnos con los pies a nosotros”. Y en oportunidad del episodio posterior al partido entre argentinos e ingleses en el último Mundial de Fútbol, el Presidente había manifestado sus reservas frente a la actitud de jugadores argentinos de exhibir una bandera con la leyenda “Las Malvinas son argentinas” en el estadio de Atlanta. Afirmó que fue una reacción “totalmente natural y esperable” por la enorme emoción del momento, aunque advirtió que el episodio no debía inducir a “malas interpretaciones” y que el deporte no se debe mezclar con cuestiones de alta política. Una declaración más que razonable, pero que algunos intentaron usar en su contra.


Los defensores de Milei aclaran que no hay oportunismo, sino sentido de la oportunidad -que no es lo mismo- ante lo que interpretan como un cambio en la geopolítica y en la importancia que el gobierno estadounidense le concede a la Argentina


Su giro nacionalista y, específicamente, su reconocimiento público de que “los isleños, al ser una población implantada en un territorio usurpado, no tienen un derecho legítimo a la autodeterminación y cualquier argumento basado en referendos realizados en las islas es inválido” reubicaron a Milei en la escena pública. Fue una suerte de reconciliación con una causa nacional de la que parecía distante.


No faltan quienes creen que todo forma parte de una jugada pergeñada por el asesor presidencial Santiago Caputo, a partir del malestar público de Donald Trump con el gobierno británico, a cargo del laborista Andy Burnham, dirigida a varios objetivos. En primer lugar, producir una operación simbólica para mover a Milei al terreno opuesto a aquel donde parecía estar parado. En segundo término, desacomodar al adversario kirchnerista, colocando al Presidente al frente del reclamo de soberanía sobre las Malvinas. Y, finalmente, despejar la agenda pública de temas más corrosivos para la gestión gubernamental. Al menos por unos días, hasta que la semana próxima el Gobierno pueda anunciar una nueva desaceleración de la inflación en agosto, que la Fundación Libertad y Progreso ha estimado en 1,4% y otras fuentes en unas pocas décimas más.


El éxito de esta jugada en términos políticos aún está por verse. Pero, por lo pronto, provocó la esperada confusión en el peronismo, que se vio ante el dilema de aplaudir el endurecimiento de Milei que reclamaba o bien objetarlo y contradecirse.


Claro que la malvinización de la agenda no está exenta de riesgos para Milei. El primero es que parte de la sociedad pueda advertir un gesto oportunista o un cambio por conveniencia del Presidente. Los defensores de Milei aclaran que no hay oportunismo, sino sentido de la oportunidad -que no es lo mismo- ante lo que interpretan como un cambio en la geopolítica y en la importancia que el gobierno estadounidense le concede a la Argentina.


El segundo riesgo sería que el siempre impredecible Trump termine acordando con los británicos, luego de sus quejas por la falta de apoyo de estos en el conflicto de Estados Unidos con Irán, y que Milei termine así colgado de una brocha.


Por Fernando Laborda


 

"BATMAN Y ROBIN AÑO UNO DÚOS DINÁMICOS #01"


 


 

sábado, 5 de septiembre de 2026

La realidad es, por ahora, el único rival de Milei


 

 LA NACION > Ideas 


La realidad es, por ahora, el único rival de Milei


5 de septiembre de 2026 


LA NACION 


Sergio Suppo



Javier Milei por Alfredo Sabat 


Javier Milei construyó su propia realidad y ahora tiene que defenderse de ella. El cambio que produjo tiene tal dimensión que a la misma vez le da una gran oportunidad para continuarlo por su propia mano.



Catorce meses antes de las elecciones, los efectos indeseados de esa mutación ya han edificado varios discursos posibles para enfrentar al Presidente. Está en construcción la posibilidad de derrotar al líder libertario, pero falta todavía un ingrediente decisivo: un candidato o dos para desafiarlo.


Milei por ahora está solo, discutiendo con las sombras de su proyecto político. Espera tener a alguien con nombre y apellido para confrontarlo con la delicadeza que lo caracteriza.


Ese aparente inexperto que apareció en nombre de un enojo extendido acertó no solo con el mensaje, sino con la elección de sus rivales. Apuntó al kirchnerismo como causante de todos los males y le pegó a Horacio Rodríguez Larreta, que en nombre de la moderación y el diálogo intentó en vano convertirse en alternativa de poder. Ahí, en el desaparecido Juntos por el Cambio, encontró votos decisivos. El candidato Milei enlazó en un mismo fracaso a Cristina Kirchner y su gente con quienes postularon combatirlos con buenos modales.



Cada vez más lejos de aquel “outsider” que rompió el sistema político, el Presidente, como tantos otros políticos, tiene por delante la compleja misión de sembrar expectativas.


Aquella era una realidad que el actual presidente prometió cambiar sin tener responsabilidad previa. Ahora como candidato a la reelección deberá defender el modo en que transformó esa realidad y, por unos cuantos meses, estará obligado a esperar para ver contra quién peleará los votos.


Cada vez más lejos de aquel outsider que rompió el sistema político, el Presidente, como tantos otros políticos, tiene por delante la compleja misión de sembrar expectativas. Con lo que cuenta para mostrar le alcanza para ser un candidato competitivo, pero no es suficiente para asegurar el objetivo de ganar la reelección.



El modo campaña fue activado en la Casa Rosada y las oportunidades que surjan tratarán de ser aprovechadas. El Mundial dejó ver las emociones que provocan las islas Malvinas y esa brecha fue explotada intensamente en las últimas horas.


Milei tiene dos ventajas enormes, con las que contaron todos los presidentes argentinos. Puede actuar para cambiar la realidad que enoja a una parte importante de los votantes y también usar recursos del Estado para hacerlo en nombre de esos cambios.


Desde Patricia Bullrich hasta el kirchnerismo, no hay ningún político que no observe la destrucción de empleos registrados y el cierre de empresas en doble la condición de riesgo social y oportunidad política.


Frente a esa posibilidad, el Presidente elige el discurso intransigente y se aferra al rigor fiscal que le permitió controlar pero no derrotar los desmanejos macroeconómicos. Renueva una épica furiosa que incluye burlas a las víctimas de sus políticas. Sus ministros, mientras, fueron habilitados por él para poner en marcha algunas medidas para facilitar créditos y algunos beneficios.



¿Es por premeditación o por torpeza que Milei celebra la pérdida de empleos industriales y el cierre de fábricas?


El miércoles pasado, dispuso vaciar de funcionarios el acto del Día de la Industria en el que la UIA incluyó entre sus planteos un pedido de respeto por parte del Gobierno.



La industria no tiene un problema, tiene varios y en general todos complejos. El discurso oficialista para refutarlos empieza y termina con la celebración del hundimiento de sectores que no pueden, no saben o no quieren competir con las ofertas del mundo.


Ironías del destino, en el acto de la UIA se incluyó un pedido para que Milei imite las políticas de protección que intenta llevar adelante su amigo Donald Trump, con aumentos de aranceles y ensayos de repatriación de industrias instaladas en otros países.



Milei mira a la industria como el símbolo del proteccionismo que él viene a terminar, sin por ahora encontrar un reemplazo inmediato para el drama humano que supone esa destrucción.


Lo que los libertarios celebran como una consecuencia buscada de su nuevo modelo de exportaciones intensivas y apertura comercial es, para sus adversarios, un recurso político para armar una oferta electoral opositora.



Desde Patricia Bullrich, miembro crítico del oficialismo, hasta el kirchnerismo más extremo, no hay ningún político del viejo sistema que no observe la destrucción de empleos registrados y el cierre de empresas en la doble condición de riesgo social y oportunidad política.


En todo caso la discusión está en las recetas a aplicar. Es ahí, en la dispersión de criterios, que Milei tiene una oportunidad concreta.



Las variantes frente al dilema de cómo hacer posible una transición son muchas y difusas. Empiezan en las propuestas prolijas de las políticas libertarias y terminan en la regresión completa al populismo que insiste en representar Cristina Kirchner y pretende encabezar en su lugar Axel Kicillof.


Milei mira a la industria como el símbolo del proteccionismo que él viene a terminar sin por ahora encontrar un reemplazo inmediato para el drama humano que supone esa destrucción.


Aunque Milei quiera un mano a mano con el gobernador de Buenos Aires y ese sea al final del camino el destino de la carrera electoral, es bien posible que en el largo tiempo que todavía queda surjan una o dos alternativas intermedias.


En ese armado de fracciones siempre fue útil para el no peronismo la inclinación final de los votantes del tercer candidato que queda afuera. En 2015 los votantes de Sergio Massa se inclinaron mayoritariamente por Mauricio Macri, y ocho años después, los de Bullrich optaron por Milei. En el medio, la elección entre Macri y Alberto Fernández-Cristina Kirchner fue resuelta sin intermediarios por el kirchnerismo.


Milei apuesta a un mano a mano sin advertir ese antecedente; el peronismo no es fácil de vencer si cuenta con la posibilidad de captar a una parte del electorado con promesas de buenas formas que luego nunca cumple. “Volvemos mejores”, fue la mentira de 2019.


El peronismo está empantanado en la imposibilidad de cambiar de rumbo por la fuerte impronta de Cristina. Hoy por hoy está dividido entre quienes tienen como única bandera que la expresidenta sea rehabilitada para ser candidata (está impedida de por vida) y quienes, con Kicillof a la cabeza, tratan de discutirle su liderazgo pero sin moverse de la ideología que termina por unirlos. Cristina y Axel son lo mismo, solo separados por la decisión de quién manda y por el pasado de corrupción que salpica a la jefa del peronismo más que al gobernador de Buenos Aires.


Milei cree que con el nivel de desorden que tiene enfrente y apuntando contra el candidato que surja del kirchnerismo le alcanzará para seguir en el poder. Es un cálculo que no incluye sorpresas tan grandes como las que lo hicieron presidente.


Por Sergio Suppo 


 

"Zorro #1" (2026)