sábado, 25 de julio de 2026

A los 39 años, Messi mejoró las marcas de sus otros mundiales


 

 A los 39 años, Messi mejoró las marcas de sus otros mundiales 


cómo hizo Messi para mejorar sus marcas de los cinco mundiales anteriores


La Nacion


25 Julio 2026


Claudio Mauri



Lionel Messi por Alfredo Sabat


Lionel Messi y toda su clase ante Michael Svoboda, de Austria, durante el partido en Dallas; el 10 argentino rompe todas las barreras

En su sexta Copa del Mundo, aumentó su influencia futbolística en la selección, aunque algunos parámetros físicos hayan disminuido. ¿ Qué le diría el veterano Lionel Messi, que acaba de completar el sexto Mundial, a aquel que disputó el primero con 18 años? La charla imaginaria llega al final de una horquilla temporal que abarca dos décadas, una eternidad, aun en tiempos en que los futbolistas estiran sus carreras gracias a todos los avances en ciencia y tecnología aplicados al bienestar personal y profesional. Probablemente, por su acendrado espíritu competitivo, el primer comentario sería en tono de lamento por no haber obtenido más de un título mundial. Y no decimos “solo” un título mundial porque esa unidad ya representa un montón, suficiente para colmar las máximas aspiraciones. Pero los dos subcampeonatos, con uno de ellos aún muy fresco sobre la epidermis, abren un margen para una insatisfacción actual, que seguramente se atenuará en el futuro.


Lo otro que le diría este Messi maduro y padre de familia a aquel todavía adolescente es que “ha aprendido” para mantenerse vigente, que se graduó e hizo un máster futbolístico para permanecer en la élite, que no hubo materia que escapara a su comprensión. Que ese enciclopedismo lo llevó a saber complementar lo que trajo desde la cuna, un don divino, con los ciclos biológicos, lo único que lo iguala con el resto de los mortales.


Esa creciente sabiduría le permitió aumentar en el reciente Mundial su influencia futbolística, aunque algunos parámetros físicos hayan disminuido con respecto a copas anteriores. Nadie como Messi para llevar a la práctica aquello de que, a veces, “menos es más”. El recorrido comparativo por los gráficos de este artículo permite comprobarlo.


En todo el tiempo que precedió al Mundial, Messi nunca aseguró que lo iba a jugar. Eludía las preguntas sobre su participación, entre el misterio y el suspenso, pero en su fuero íntimo ya tenía un convencimiento. No se quedó con la preparación de rutina en Inter Miami, sino que junto a Rodrigo De Paul encaró un plan de acondicionamiento complementario. Un doble turno para llegar lo más en forma posible para contrarrestar el hándicap de los 39 años cumplidos en pleno Mundial.


Esa base física le permitió disputar la mayor cantidad de minutos en sus seis mundiales, si bien llegar a la final implicaba estar en un partido más porque se agregó la llave de 16avos de final por el cuadro ampliado a 48 selecciones. Presente en los ocho partidos, en seis de ellos de manera completa, incluidos los tres que tuvieron alargue. Solo no estuvo en los últimos 10 minutos frente a Argelia, tras debutar con un hattrick. A los 35 del segundo tiempo lo reemplazó Nicolás Paz. Y con la clasificación a 16avos ya asegurada, fue suplente contra Jordania, cuando ingresó en la última media hora por Lautaro Martínez y marcó el 3- 1 de tiro libre.


Solo dos compañeros sumaron más minutos que Messi en el Mundial: Dibu Martínez ( 810, asistencia perfecta) y Alexis Mac Allister ( 749). Antes del torneo cabía especular con una presencia más dosificada de Leo, sostenido por un equipo que le ahorrara trabajo e intervencionismo. Pero comenzada la etapa de los play- off, su aporte se hizo indispensable por las dificultades para resolver cada partido. La selección no podía darse el lujo de prescindir de Messi, ni había un sustituto de sus quilates. Se puso el equipo al hombro en las circunstancias más complejas, con la eliminación como una amenaza concreta.


Y aquí surge otro ítem muy destacado de su rendimiento: pese al desgaste y el esfuerzo, Messi no sufrió lesiones, nunca se vio obligado a pedir el cambio, como ocurrió en la final con los zagueros centrales Cuti Romero y Lisandro Martínez. Se exprimió hasta el último segundo, con esa perla ya histórica del centro con la pierna derecha para el cabezazo de Lautaro Martínez en el 2- 1 ante Inglaterra. Una asistencia aérea perfecta, ubicada entre rivales con alturas de basquetbolistas.


Camino a los 40 años, Messi hizo más goles ( 8) y dio más asistencias ( 4) que en cualquiera de los otros cinco mundiales que disputó. También falló más penales que nunca. Acumulaba dos ( Islandia en 2018 y Polonia en 2022). Ahora desvió uno ante Austria y le atajaron otro contra Egipto. La contracara de este déficit es que lo asimiló durante el mismo partido, sin caerse anímicamente ni quedarse mentalmente anclado en la oportunidad desperdiciada. La prueba de madurez y templanza también estaba superada.


Para tener a un Messi casi a tiempo completo fue necesario que graduara sus aceleraciones, medidas en sprints. Cuando llegó el turno de Inglaterra, resurgió la eterna comparación con Maradona. Leo nunca había enfrentado a la selección británica. Se sentía ante el desafío de conseguir un triunfo que como recompensa tenía la clasificación a la final. Lo consiguió, con los pases a Enzo Fernández y Lautaro Martínez en los goles, y liberado de hacer una apilada como la de Diego. Tampoco le iba a dar el cuerpo, si bien en una acción se sacó a tres rivales de encima, soportando un trancazo a la cintura de Kane, hasta que fue volteado con un foul. Inglaterra tampoco se iba a privar de una cacería al hombre para cortar de raíz cualquier intento de emulación de la obra cumbre de Maradona.


La reducción de sprints, sin que se vea sensiblemente afectada su velocidad máxima, le deja espacio a Leo para caminar la cancha en búsqueda de soluciones en el momento en que le llegue la pelota. Otra facultad que desarrolló ampliamente es la de leer los partidos, interpretar los momentos y las debilidades del rival. Economizar esfuerzos para racionalizar las intervenciones, porque la capacidad técnica y la sensibilidad con la pelota siguen intactas. Un Messi menos vertiginoso, sin dejar de ser decisivo porque se convirtió en la clase de futbolista que tiene la cancha en la cabeza. En un fútbol en el que la capacidad atlética es cada vez más preponderante, Messi lo piensa como pocos. No se deja arrastrar por la vorágine. Por eso se le ven goles que hizo infinidad de veces, sin que los contrarios encuentren la manera de neutralizarlo, pero también deslumbra con recursos que lo hacen imprevisible.


Cuando a mediados de 2023 decidió salir de Paris Saint Germain y cerrar un etapa de 18 años en el primer nivel europeo para desembarcar en la MLS, una de las sensaciones fue que Messi se retiraba de la disputa por un nuevo Balón de Oro. No por su nivel, sino porque ahora el marco competitivo pasaba a ser otro, no es parámetro para la máxima distinción individual. Por otra parte, con ocho Balones de Oro en su casa - el primero en 2009- ya podía considerarse más que satisfecho.


Hasta que llegó este Mundial, metro patrón para medir al Balón de Oro 2026. Messi estuvo sobradamente a la altura. Quedará para el debate del jurado cuánto le resta su floja final a la consideración de mejor futbolista del Mundial, distinción que recayó en Rodri y que Messi seguramente no hubiese apreciado, como ya le ocurrió cuando lo distinguieron tras perder la final de 2014 ante Alemania. “Significa muy poco, en este momento no me interesa nada. Solo quería llevar la Copa a la Argentina”, dijo aquella tarde en el Maracaná. Por entonces tenía 27 años. Este Messi le diría a aquel que ahora hubiera hecho lo mismo.


 

"Editorial Novaro : Batman #693"


 


 

viernes, 24 de julio de 2026

Faltan goles y sobra ruido en política y economía


 

 Faltan goles y sobra ruido en política y economía 


La Nacion


24 Julio 2026


Claudio Jacquelin 



Javier Milei por Alfredo Sabat


Después del ilusionante índice de inflación por debajo del 2% por primera vez en 13 meses, otros indicadores económicos, sociales y políticos llamaron al Gobierno a morigerar euforias y a profundizar el trabajo para obtener resultados positivos en los próximos dos meses, que serán cruciales.


En eso está centrada tanto la tarea del ala de gestión política, que lleva adelante Diego Santilli, bajo la atenta y permanente supervisión de Karina Milei, como la del equipo económico, que conduce Luis Caputo.


Reformas económicas y acuerdos políticos que le den viabilidad, junto con un blindaje financiero, encabezan las prioridades de un Gobierno que ha quedado en medio de una polución auditiva, potenciada por el final no deseado del Mundial.


Lo que se ha dado en llamar la “ola antiargentina”, con las críticas que precedieron y, sobre todo, sucedieron a la fallida actuación del seleccionado nacional contra el de España, desacomodó al oficialismo, que tuvo comportamientos ambivalentes al respecto. Pretendió capitalizarla para su meneada y algo gastada batalla cultural, pero sin lograr apropiarse de la reacción.


Muy probablemente, Milei le agregue combustible a esa cuestión (y lejos esté eso de incomodarlo) con su agenda internacional de los próximos días. Empezará hoy con el viaje a Brasil para apoyar al candidato presidencial opositor, Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente de ultraderecha condenado por intento de golpe de Estado, y a quien el mandatario argentino intentó visitar, pero le fue impedido por disposición de la Justicia brasileña.


El coro antiargentino, también, dejó en offside a los opositores ubicados en el cuadrante progresista, dado el enrolamiento en ese espectro de las caras más conocidas o más representativas que potenciaron las críticas contra los argentinos, así como por el tenor de las acusaciones por tópicos caros a este sector, como el racismo o la discriminación, que forman parte neural de lo que se conoce como cultura woke, a la que combate virulentamente Milei. Demasiado ruido y confusión que trascendió al futbol y la política, para estallar en la agenda pública y ser motivo de conversación en casi cualquier mesa argentina.


El episodio demostró que la polarización nunca descansa y siempre vuelve recargada. Aunque en este caso el origen externo de las acusaciones, como siempre ocurre, logró cohesionar en el rechazo y la indignación a buena parte de los argentinos, aun a quienes se encuentran en veredas opuestas y fuera de esta actitud defensiva no tienen nada en común.


Por eso, varios analistas políticos y de opinión pública, como Andrés Malamud, Luis Costa, Luis Tonelli y Shila Vilker, consideran que, al menos en lo inmediato, el efecto político interno ha sido relativo y no capitalizado por ningún sector, más allá de las imputaciones que se arrojen de un polo a otro.


Los opositores acusan al Gobierno de haber propiciado ese clima contra los argentinos con su discurso agresivo y divisivo, con su política económica ultraliberal, su “insensibilidad social”, sobre todo con las minorías, y con sus alineamientos incondicionales con los Estados Unidos de Donald Trump y el Israel de Benjamin Netanyahu. A eso le agregan una “falta de nacionalismo”, que ahora Milei y los suyos buscarían reivindicar en su provecho ante los ataques externos.


El oficialismo, en tanto, enrostra a los opositores su identificación ideológica con las voces que descalifican a los argentinos. “Los kukas y los zurdos son parte de la internacional woke que quiere el fracaso de la Argentina por cuestiones ideológicas”, les tiran. El empate se mantiene.


De todas maneras, la derrota futbolística y la consecuente ola antiargentina operan para el Gobierno como una combinación de factores que potencia un malestar o incomodidades sociales e individuales existentes y excede lo esperado para el día después del Mundial. Un acontecimiento que durante 39 días concentró la atención social, hasta el último día, con la presencia del seleccionado argentino en la final y no terminó de la manera soñada, en demasiados aspectos.


El bajón anímico resultante llega, además, en un contexto donde los resultados negativos o los efectos indeseados de la política económica no les dan respiro a algunas señales positivas, que no logran consolidarse y que, por el contrario, alternan avances con frecuentes retrocesos.


El humor social y la opinión respecto del Gobierno parecen reflejar la dinámica en forma de serrucho de la economía, un poco para abajo y otro poco para arriba. Los últimos números del Indec que mostraron una nueva baja en el consumo de 2,7% y una caída tanto de la recaudación como de la actividad económica interanual, con muchas disparidades sectoriales, conocidos luego de una nueva desaceleración de la inflación, se espejan con la valoración de la gestión oficial.


“La recuperación le dura poco al Gobierno”, afirma Vilker sobre la base de los números de la última encuesta de su consultora Trespuntozero. Según ese trabajo, la evaluación positiva de la gestión de Milei cayó respecto de la anterior medición 3,8 puntos (de 39 a 35,2) y la consideración negativa aumentó tres puntos (de 60,3 a 63,3).


La última encuesta de Poliarquía, en tanto, muestra una variación un poco menor, algo más favorable para el Gobierno. Pero, en cualquier caso, se advierte que el piso de opinión positiva que tiene la gestión de Milei no logra superar los 40 puntos, aunque no desciende a los peores niveles que ha llegado a tener.


Lo notable de las últimas evidencias, que la encuesta de Trespuntozero ratifica, es que a los factores económicos parecen haberse sumado razones políticas para hacer subir la desaprobación, aun entre quienes siguen apoyando al Gobierno.


“Se advierte un cierto desencanto basado en razones políticas. Se empezó a poner en cuestión lo que lo llevó a Milei al poder, como la prédica anticasta y la diferenciación con los demás actores políticos que ya habían estado en el poder. No solo por los escándalos de supuestos hechos de corrupción, como el Adornigate. Además, crece una percepción de que el Gobierno es insensible con quienes han hecho esfuerzos en estos dos años y medio y siguen haciéndolo con pocos resultados positivos para ellos”, señala Vilker.


La confluencia de factores políticos y económicos parece potenciada por la evolución de la dinámica económica en los grandes centros urbanos.


“La recaudación volvió a caer este mes. Y está en niveles pandémicos”, afirma en referencia a la parálisis de la actividad que se produjo durante la pandemia del Covid-19 un alto funcionario del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, después de ver los números que presentó hace unos días el ministro de Hacienda porteño, Gustavo Arengo.


La misma calificación o en términos muy similares es utilizada por varios intendentes de los municipios más poblados del Gran Buenos Aires y por algunos gobernadores de las provincias más habitadas.


La temprana discusión del presupuesto para el año próximo con gobernadores dialoguistas y el empeño por avanzar en la muy demorada cesión de obras concesionables a las provincias y en la distribución de fondos o préstamos discrecionales del Tesoro exponen la preocupación por tratar de mejorar un escenario muy complejo. En eso está enfrascado el jefe de Gabinete Santilli, por el impacto que tiene sobre la gestión y el avance de iniciativas cruciales para el Gobierno, que no admiten mucho más retraso.


Milei urge por la aprobación de proyectos de desregulación y de apertura, como la ley de tierras, tanto como con la reforma político- electoral, que no han logrado avanzar hacia su sanción en el Congreso, menos por la dispersa resistencia de los opositores que por la falta de apoyo de los gobernadores y líderes territoriales dialoguistas con representación parlamentaria.


Las objeciones suelen ser menos por cuestiones de principios respecto de los efectos de esas iniciativas que por la falta de satisfacción de otros reclamos o necesidades de sus provincias, casi todas de índole económica.


La aprobación de esos proyectos en el bimestre en curso resulta crucial para el Gobierno. En el plano electoral, por ejemplo, pretende ir despejando lo antes posible el camino hacia los comicios presidenciales de 2027 en varias dimensiones.


Por un lado, la eliminación de las PASO, la posible aprobación del sistema de listas colectoras y la inclusión en la boleta única de papel de un casillero para votar lista completa, junto con la eliminación del financiamiento público de las campañas, son los objetivos primordiales del proyecto que impulsa el oficialismo para fortalecer sus chances y complicar los armados de la fragmentada oposición.


Por otro lado, en manos de Santilli y de los primos Menem, laderos de Karina Milei, está la concreción de acuerdos electorales provinciales y municipales con los caciques locales, que no solo despejarían o darían cierta previsibilidad para los comicios del año próximo, sino que también servirían para otorgar sustentabilidad a la gestión y emitir señales positivas para los actores económicos. La política es una de las mayores incógnitas de los mercados.


En este último plano, la reciente mejora en la calificación de la Argentina por parte de las calificadoras internacionales de riesgo crediticio ha hecho un aporte central al blindaje financiero que buscan Milei y Caputo para afrontar con más tranquilidad el año electoral y, al mismo tiempo, alimentar una reactivación económica por ahora demasiado irregular en busca de sus efectos positivos en la dimensión electoral.


Son los goles que demandan tanto la política como la economía, mientras sobran los ruidos. 


 

"Coleccionable X Men: La Era de Apocalipsis Tomo 01" (¡¡¡121 PAGINAS!!!)