martes, 24 de febrero de 2026

La Argentina de Milei, con futuro abierto

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La Argentina de Milei, con futuro abierto


El Gobierno no sólo necesita de la aprobación de la reforma laboral o el nuevo régimen penal juvenil: también necesita de su impacto real, mientras la exigencia de la ciudadanía va in crescendo


24 de febrero de 2026


LA NACION


Luciana Vázquez



Javier Milei por Alfredo Sábat


El reloj del futuro empieza a correr este viernes en la Argentina de Javier Milei. En apenas dos días, el Gobierno espera, casi con certeza, la sanción de la ley que baja la edad de imputabilidad de los menores, por un lado y por el otro, la confirmación de la ley de reforma laboral. Detrás de esas leyes, hay implícitas promesas mileístas fundacionales. Por eso el éxito en el Senado implicará una primera consolidación de la visión de país que tiene Milei: una victoria remarcable de su esquema de gobernabilidad en minoría. Pero también significará la desaparición de obstáculos para el cumplimiento de esa visión: es decir, desde este viernes, el Gobierno empezará a quedarse con menos argumentos, o excusas, en el caso de no lograr avanzar en el camino hacia los objetivos prometidos. Al contrario, habrá puesto sobre la mesa una nueva vara contra la que será juzgado: un aumento contante y sonante del empleo formal y una baja efectiva del delito.


¿Qué pasa si no lo logra? El Gobierno no sólo necesita de la aprobación de esas leyes. También necesita de su impacto real. La exigencia de la ciudadanía va in crescendo. Ayer se conoció el nuevo Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) que publica la Universidad Di Tella. Este mes, alcanza los 6,38 puntos. Representa una caída de 0,6 por ciento respecto del primer mes de 2026, cuando fue de 2,40, una tendencia a la baja gradual que se registra desde diciembre. Pero lo más relevante es que muestra una caída de 6,8 por ciento respecto de febrero de 2025, cuando alcanzó los 2,56 puntos.



El camarista Carlos Mahiques renunció a la sala de la Casación que definirá la causa de la quinta de Pilar vinculada a la AFA

El tiempo “reformista” del Gobierno es parte de su plan económico. “Las reformas laboral y tributaria apuntan a formalizar más la economía y a generar mayor crecimiento”, decía Luis Caputo en noviembre del año pasado. Con la “modernización” laboral, el Gobierno avanza con la formalización legal de una idea de libertad, o flexibilidad, laboral como respuesta al estancamiento, o caída, del empleo privado y al aumento de la informalidad. Con el nuevo Régimen Penal Juvenil, llega la institucionalización de una idea de orden y seguridad a contrapelo del “garantismo” kirchnerista para responder a la preocupación por la inseguridad. Los tres temas, incertidumbre económica y la falta de crecimiento, además de inseguridad, están entre las preocupaciones más altas y persistentes de los argentinos.


Corto plazo y Gobierno

La última encuesta de D’Alessio-Irol-Berensztein sobre las principales preocupaciones de los argentinos lo deja ver. En el primer puesto, la inseguridad: es el tema que preocupa a un 64 por ciento. En el segundo puesto, está la incertidumbre económica con un 61 por ciento. En tercer lugar llega la falta de propuestas para el crecimiento, que inquieta a un 57 por ciento, una preocupación que aumentó 5 puntos respecto de diciembre de 2025, cuando alcanzó al 53 por ciento.


Las dos leyes que podrían sancionarse entre jueves y viernes le permiten al Gobierno construir una narrativa exitosa frente a esas demandas. Si se trata de leyes reformistas prometidas y finalmente aprobadas, el 1 de marzo, en la apertura de las sesiones ordinarias de este año, Milei podrá agitar la bandera de esos dos logros.



Pero la traducción de la letra de la ley a los hechos del día a día no es tan obvia ni sucede a tanta velocidad. Desde hace meses el debate está planteado: ¿la creación de empleo formal llega de la mano del crecimiento? Eso cree el kirchnerismo. ¿O puede haber crecimiento sin creación de empleo formal? En este último caso, entra el factor “reforma laboral” como un factor necesario para aprovechar ese viento de cola de una economía en expansión y convertirla en una oportunidad para generar trabajo registrado.


En el Gobierno hay preocupaciones de corto plazo: 2026. Una figura central del ministerio de Economía lo deja claro. El foco de su preocupación no es la actividad económica: cita a su favor subas intermensuales a fines de 2025. Sí señala contundente otros tres temas. Primero, el riesgo país que, según el funcionario, debería estar en torno a los 400 puntos para poder atraer más inversiones y dinamizar el crecimiento; por el momento, el riesgo país está instalado por encima de los 500 puntos. Segundo, el salario real, que reconoce atrasado. Y finalmente, la morosidad de las familias. La inflación no le quita el sueño: “Este año va a ser del 25 por ciento”, asegura.


Para el funcionario de Economía, está claro el mecanismo de la inflación anual: “El año pasado la base monetaria creció un 31 por ciento y por eso la inflación aumentó en esa escala”. La emisión monetaria vía inyección de pesos para comprar dólares estuvo detrás de ese aumento. Para 2026, la meta diaria de compra de dólares para reservas del Banco Central fijada por el Gobierno le permite hacer el mismo cálculo: “Si se sostiene la demanda de dinero y compramos 30 millones de dólares por día, eso da 25 por ciento de inflación”, explica.


¿Pero porqué la inflación volvió a crecer mes a mes si hay superávit? “Es una buena pregunta. No lo sabemos”, concede. Una de las hipótesis que plantea apunta a la hiper cobertura que hicieron los argentinos el año pasado comprando dólares en niveles récord ante la incertidumbre electoral y a remarcaciones de precios preventivas, también como respuesta a esa falta de paz económica. Pero en ese punto, se perciben más dudas que certeza en esa voz oficial.


Argentina, en el espejo: de Perú a México

El mediano y más largo plazo también dejan abiertas preguntas difíciles de responder. Los últimos días pusieron a la Argentina frente al espejo de Perú y de México en asuntos que se entrelazan cada vez más en América Latina: del crecimiento con informalidad persistente a la consolidación del problema narco y la institucionalización del narco-Estado y un mercado laboral ilegal y paralelo.


La Argentina se diferencia de la inestabilidad política e institucional extrema de Perú: el reflejo que vuelve le juega a favor a la Argentina de los últimos cuarenta años, a pesar de sus crisis: en la balanza crisis política versus crisis macroeconómica, el peso de esta última es notorio. Perú, en cambio, muestra logros en la estabilidad macro: el “milagro peruano” muestra un crecimiento sostenido desde hace treinta años, con excepciones como el 2020 de pandemia o un 2023 de leve caída. En 2025, fue del 3,44 por ciento.


Sin embargo, Perú es también un anticipo de un problema difícil de destrabar: “una informalidad laboral obstinada”, según la define el economista peruano y exministro de la Producción de Perú Piero Ghezzi, a pesar de un crecimiento exitoso y sostenido. El nivel de informalidad es alto y constante desde por lo menos 2008. En 2025, alcanzó al 70,7 por ciento, una baja respecto del 80 por ciento que llegó a tener, pero altísimo todavía.


Pero hay excepciones según Ghezzi: la ley de promoción agraria que estuvo detrás del crecimiento exponencial del sector agroexportador de Perú incluyó aspectos de reforma laboral, como la estacionalidad, que fueron centrales para ese crecimiento. En ese punto, el crecimiento y reforma laboral se vuelve un par con lógicas complementarias. Falta ver si ése es el caso de la Argentina.


La tormenta de narcoterrorismo que atraviesa México en los últimos días también conectan con el futuro abierto de la Argentina. Como la Argentina, en México baja el desempleo pero crece el empleo informal, que en 2025 llegó al 54,6 por ciento, una suba respecto de 2023. En México, y también en Perú y la Argentina, la informalidad es mayor entre adolescentes y jóvenes. En 2025, en la Argentina se ubicó entre el 63 y el 67 por ciento en la franja de edad de entre 16 y 24 años. El mercado ilegal de “soldaditos” del narcotráfico conecta con esa realidad. En ese caso, México es el peor horizonte futuro para la Argentina.


Educación, ejemplo que preocupa

¿Podrá una ley de baja de la edad de imputabilidad resolver ese tema? La cuestión es si efectivamente resulta un desincentivo para la participación de menores de edad en el mundo delictivo. El riesgo, en ese caso, es que el nuevo piso de edad sea un incentivo para que los delincuentes mayores incorporen al crimen a edades todavía menores. Otro interrogante gira en torno a su implementación: sin presupuesto para instituciones razonable y recursos humanos especializados, el riesgo es que el resultado sea la fabricación de una cantera de delincuentes cada vez más crueles.


La política argentina es mala para el cumplimiento y el seguimiento de las políticas de Estado. La educación es un caso testigo. En 2006, se aprobó por unanimidad la Ley de Educación Nacional que prometió mayor inclusión con calidad. Con todo el sistema de auditoría externa que representan las pruebas PISA y las propias pruebas Aprender, antes ONE, la educación argentina se estancó en niveles bajísimos de aprendizaje y una inclusión de poco alcance, con más años de escolaridad y más sectores sociales pero menos aprendizaje para todos. Los resultados se informan regularmente desde hace casi treinta años. Sin embargo, nada sirvió para hacer reaccionar a la política. Los slogans se impusieron sobre la evidencia. ¿Pasará lo mismo con el empleo o con la baja de la inseguridad? El futuro de la Argentina de Milei es, todavía, una pregunta sin respuesta.


Por Luciana Vázquez

"Aliens - Dust to Dust #1"

lunes, 23 de febrero de 2026

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El claro ganador de un juego de roles















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El claro ganador de un juego de roles


La oposición se quedó con los gritos y el Gobierno se lleva la ley; quedó expuesta la nueva geografía del mapa del poder real


LA NACION


Claudio Jacquelin



Javier Milei por Alfredo Sábat


El dispar acatamiento del paro general de la CGT y la aprobación que dio esta madrugada la Cámara de Diputados a la reforma laboral impulsada por el Gobierno expuso con fidelidad el juego de roles que cada uno de los actores políticos interpretó este jueves. Y reflejó cabalmente la correlación de fuerzas que hoy rige en la Argentina.



Como indica una tan pragmática como cínica máxima legislativa, “la oposición se quedó con los gritos y el Gobierno se llevó la ley”. Un ejemplo incontrastable de que nadie tiene el control absoluto de la situación, pero hay un ganador que ejerce un fuerte predominio en la escena pública.


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Es un hecho que, en su afán por avanzar con la reforma laboral, demandada por inversores, empresarios y acreedores, y con un alto nivel de apoyo o tolerancia social, la administración libertaria hizo concesiones que les preservan recursos vitales a las cajas sindicales. Y eso, sin embargo, no impidió que la central obrera concretara la cuarta medida de fuerza contra el gobierno de Javier Milei. Un hecho incontrastable que se presta a varias conclusiones, menos definitivas que las que esa foto ofrece.


Para el ala maximalista del oficialismo, la concesión a los sindicatos y el paro de la CGT vienen a conformar un combo muy poco digerible y es causa de cierta frustración y preocupación. En cambio, para el ala pragmática y posibilista −hoy dominante en el Gobierno− es motivo de festejo sin restricciones por el solo y significativo hecho de haber avanzado con reformas que desde la recuperación de la democracia ningún gobierno no peronista había alcanzado.



La película que está filmándose y que se proyectará en el tiempo, sin embargo, ofrece más matices a la hora de las celebraciones y los lamentos.


En primer lugar, el sector maximalista, encabezado por el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, que pretendía avanzar a motosierra calada sobre los sindicatos y su flujo vital de ingresos, anotó este jueves un punto a favor de su posición. Esgrime que ninguna concesión es suficiente para los gremialistas, como lo demuestra el paro general, y que su capacidad obstructiva se ve así preservada al no habérsele tocado el nervio vital de los recursos económicos, lo cual podría tener efectos en un futuro no lejano.


No obstante, deben reconocer los dogmáticos el gran logro efectivo y, también, simbólico que significa que las dos cámaras del Congreso aprueben casi sin contratiempos y por amplia mayoría el proyecto en general. Lo resalta más aún que la iniciativa oficial solo sufriera en su paso por el Congreso la amputación de una insólita reforma en el régimen de licencias por enfermedad y accidentes, introducida de forma irregular y subrepticia en la madrugada previa a la votación en el Senado. Aún cuando provocará la demora en su sanción por el regreso obligado a la Cámara alta. Pero en este punto solo podrían alegar torpeza y excesos propios no imputables a los adversarios.


Los posibilistas, devotos del resultadismo bilardista, resaltan con razón que la ley implica un antes y un después, no solo para la economía y las relaciones laborales, sino también en términos políticos.



El apoyo de gobernadores peronistas, expresado a través del voto de los legisladores que les responden, y la impotencia probada del perokirchnerismo y de la representación parlamentaria sindical para impedir el avance de la reforma son expuestas como trofeos que subrayan la nueva geografía del mapa del poder real del país.


Al respecto, la frustración opositora fue resumida, antes de la votación en Diputados, en una frase por un legislador incapaz de ser sospechado de obrerista, que intentó sin éxito la inclusión de algunas reformas parciales al articulado.



“El Gobierno va a lograr todo lo que quiere gracias a la generación de gobernadores timoratos que le tocó”, expresó el diputado del bloque Provincias Unidas, que votó partido y condicionado por los mandatarios provinciales a los que responden algunos de sus integrantes.


La discusión, sin embargo, no se agota en el resultado del tratamiento y la aprobación de la “ley de modernización laboral”, como le gusta al Gobierno que se la denomine. Tampoco en la estática evaluación de un paro general sin movilización, que tuvo apoyo dispar y en buena medida fue sustentado, como es habitual, por la adhesión de los gremios del transporte.



El debate tampoco puede reducirse a la poco masiva concurrencia de organizaciones políticas, sindicales y sociales antirreformistas que se reunió frente al Congreso. Y mucho menos a los choques de manifestantes con la policía, que, afortunadamente, lejos estuvieron de la virulencia de otras jornadas.


Todas ellas son piezas significativas del rompecabezas dinámico que es la Argentina en proceso de profunda transformación. Pero hay muchas más a tener en cuenta para sacar conclusiones y hacer proyecciones.



Por lo pronto, el telón de fondo que rodeó a uno de los debates más relevantes del Congreso de los últimos años muestra que los logros y las políticas del Gobierno conservan un nivel relevante de aceptación (y tolerancia) social, así como siguen sin asomar espacios en condiciones de cuestionárselos efectivamente. Pero también dejó expuesto que para consolidarse todavía esos avances tienen mucho camino por transitar. Allí radica la preocupación de los maximalistas que no lograron su objetivo de acotar los ingresos sindicales.


Los comentarios formulados respecto de la Argentina de Milei por la vocera del Fondo Monetario Internacional en la mañana de este jueves no pudieron sintetizar mejor el cuadro de situación que muchos aquí observan, incluidos funcionarios del Gobierno.



Al reconocimiento por lo hecho en el plano macroeconómico, por la apertura comercial y por los retoques y avances en materia cambiaria y de acumulación de reservas, Julie Kosack le añadió un toque de atención.


Si bien el llamado de la vocera a “mitigar adecuadamente los costos de transición asociados a estas reformas” está en línea con advertencias anteriores expresadas por el board del mayor acreedor del país, el contexto le da mayores connotaciones.


Para el FMI, la solidez de los apoyos políticos y sociales es la única garantía de la sustentabilidad en el tiempo de las reformas que considera imprescindibles. Cualquier tropiezo que afecte la recuperación económica y la capacidad de repago de su mayor deudor, como es la Argentina, sería un grave problema para sus autoridades. Ya lo padecieron varios predecesores suyos.


Cierre indeseado e imprevisto

El anuncio del cierre de la planta de fabricación de neumáticos Fate, con el consecuente despido de 920 trabajadores en la jornada previa al tratamiento de la reforma laboral en Diputados, le puso nombres, caras y números precisos a esos “costos”.


También reflejó con crudeza la diferencia de velocidades y magnitudes entre la destrucción de lo “viejo” y la construcción de lo “nuevo”. Aun cuando en el caso concreto de Fate pudieran existir muchos otros elementos a considerar respecto de la media adoptada por la empresa de la familia Madanes, lo que llevó al Presidente a instalar la existencia de alguna maniobra conspirativa detrás de esa decisión.


Lo cierto es que la cuestión de la apertura comercial, el nivel del tipo de cambio, el desnivel de la cancha en la que dicen competir los empresarios nacionales y el efecto que todo eso tiene sobre la viabilidad de las compañías nacionales y, en definitiva, sobre el empleo viene siendo uno de los temas dominantes de este mes, en medio del tratamiento de la reforma laboral. A pesar de que el Gobierno los niega y se desgañita por evitar a través de sus voceros oficiales y oficiosos de que se destaquen en la agenda pública.


Más allá de los planteos que integran el compendio de críticas de la oposición más dura y de los sindicatos, esos temas habían sido instalados con fuerza a principios de mes, por el reclamo del CEO del grupo Techint, Paolo Rocca, después de que una de sus empresas perdiera ante una compañía india, con insumos de origen chino, en la licitación privada para la construcción de un gasoducto.


La metralla verbal que le dispararon al empresario ítalo-argentino desde la Casa Rosada por parte del propio Presidente y que fue amplificada por el Palacio de Hacienda y la milicia comunicacional mileísta solo fue el comienzo de una nueva etapa de beligerancia. Así, se rompió definitivamente la pax retórica electoral iniciada por Milei en vísperas de los comicios de medio término, a los que llegaba atemorizado y de los que, finalmente, salió airoso rescatado por el gobierno de Donald Trump. Este jueves se lo recordó en público el presidente estadounidense.


Grandes empresarios recibieron así las mismas toxinas que desde un comienzo le dispensan Milei y los suyos a opositores y, muy especialmente, a periodistas que conservan el espíritu crítico mínimo y esencial para el ejercicio honesto de esta profesión.


Curiosamente (o no), hombres de negocios como Roca y Madanes Quintanilla recibieron en estos días más ataques de funcionarios y comunicadores oficialistas que los dedicados a los sindicalistas. Una vez más toda voz que pueda resonar en los oídos de los adherentes no fanáticos del Gobierno es el objeto principal de los agravios y descalificaciones. Los opositores juegan un rol confirmatorio (principio de revelación, diría Milei), pero los que no se inscriben por pertenencia e identificación en el polo adversario resultan peligrosos para la narrativa oficial. Los votantes blandos y los agnósticos son tan lábiles como cruciales.


Por eso, “conspiradores” y “golpistas” suelen ser algunas de las descalificaciones que el propio Milei les espeta a esos contradictores y con las que, inclusive, ha sabido echar a los gritos de su despacho a algunos interlocutores cuando osaron esbozar algún cuestionamiento.


La igualación que hizo Donald Trump de Milei con el primer ministro húngaro, el populista nacionalista Viktor Orban, tal vez no haya sido otra extravagancia del presidente norteamericano. A pesar de las diferencias ideológicas y económicas que separan al europeo del argentino, ambos parecen compartir algunos tópicos y no solo el gusto por cantar a dúo en reuniones del club de política internacional trumpista.


El tono negativo para el Gobierno que tuvo la conversación en redes desde principio de mes y en la que la cuestión del empleo y la reforma laboral fueron disparadores de las expresiones críticas, según la consultora Ad hoc, no necesariamente es un reflejo fidedigno del clima social, pero en muchos casos suele ser anticipatorio.


Los hechos indeseados de la realidad mencionados, a los que se sumó la recuperación de la centralidad de la inflación y su reflejo en la conversación pública, quizá expliquen la reactualización de la crispación mileísta y el recrudecimiento de los embates contra los contradictores.


El temor al contagio de los reclamos en el sector público (como los de la policía santafesina o los docentes bonaerenses) y a la caída de otras empresas manufactureras está a la orden del día en la agenda de preocupaciones oficiales.


De todas maneras, los logros estadísticos que el Gobierno publicita y los éxitos políticos, como la aprobación de la reforma laboral en las dos cámaras del Congreso, deberían ser motivo suficiente para que en la Casa Rosada y en las cuentas digitales de sus funcionarios y seguidores reinara un clima de satisfacción antes que de confrontación. Pero para el gran ganador del juego de roles no parece ser suficiente. Y tal vez no lo sea.


Por Claudio Jacquelin

"Creepshow #1"