lunes, 9 de marzo de 2026

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domingo, 8 de marzo de 2026

Milei dijo que no se lo van a llevar puesto como a Macri, pero con la motosierra ya se cortó las bolas y ni se enteró





















Política

Entre egos y chicanas

Milei dijo que no se lo van a llevar puesto como a Macri, pero con la motosierra ya se cortó las bolas y ni se enteró

Entre insultos, empresarios enemigos y fantasmas políticos, Milei promete no terminar como Macri. (Dibujo: Fernando Rocchia para AGENCIA NOVA)

El prescindente Javier Milei decidió subir el volumen del megáfono político y dejar un mensaje que, más que una demostración de seguridad, suena a advertencia preventiva: “No me van a llevar puesto como a Macri”.

La frase, filtrada de una entrevista que se emitirá el domingo, revela algo más interesante que la bravata en sí misma: el prescindente ya está comparando su destino con el de Mauricio Macri cuando todavía ni siquiera atravesó la mitad de su mandato.

La escena que motivó el comentario fue la apertura de sesiones ordinarias, donde Milei convirtió el recinto del Congreso en algo parecido a una tribuna de cancha. “Fascistas”, “manga de chorros”, “mentirosos” fueron algunos de los calificativos que lanzó contra la bancada kirchnerista mientras enumeraba los supuestos logros de su gestión. La estrategia no fue precisamente sofisticada: cada vez que miraba hacia la oposición, cambiaba el tono técnico por el repertorio de insultos.

En uno de los momentos más teatrales del discurso, el mandatario giró la cabeza hacia los legisladores opositores y les recordó que, les guste o no, es el prescindente “de ustedes también”. El detalle es que segundos después los volvió a tratar de ladrones. No es fácil sostener la autoridad institucional mientras se discute como en un programa de panelistas, pero Milei parece decidido a intentarlo igual.

El nombre de Cristina Fernández de Kirchner apareció sin ser pronunciado, aunque la referencia fue directa. El prescindente aseguró que “su líder está presa y va a seguir presa” por distintas causas judiciales, una frase pensada más para el aplauso propio que para cualquier tipo de debate político serio.

Mientras tanto, en la trastienda del Gobierno sigue latiendo la interna con Victoria Villarruel. La vicepresidenta insinuó en los últimos días que hay sectores que desean su renuncia, y Milei salió a desmentirlo con una frase breve: “Es mentira, no quiero la renuncia de Villarruel”. En la política argentina, ese tipo de aclaraciones suelen funcionar como un semáforo amarillo más que como una señal de calma.

El prescindente también encontró tiempo para pelearse con el empresariado. En la entrevista adelantada por Luis Majul apuntó directamente contra Javier Madanes Quintanilla, dueño de FATE y accionista de Aluar, a quien calificó de “empresario prebendario y extorsionador”.

El comentario llega justo después del cierre de la planta de neumáticos y los despidos masivos, un conflicto que dejó a cientos de trabajadores sin empleo y que vuelve a tensionar la relación entre el Gobierno y el sector industrial.

En paralelo, Milei extendió su radar de enemigos hasta el fútbol. Al referirse a la investigación judicial sobre la Asociación del Fútbol Argentino, fue tajante: “Si Tapia y Toviggino son culpables, lo tienen que pagar”. La frase no aporta demasiada novedad jurídica, pero sí confirma que el prescindente está dispuesto a opinar sobre cualquier tablero donde haya una disputa de poder.

Por si faltaba algún condimento para el menú político, también dejó una definición sobre su futuro: aseguró que podría buscar la reelección, aunque prometió desaparecer del escenario después de 2031. Es decir, Milei ya imagina el final de su carrera presidencial mientras todavía está discutiendo cómo sostener el presente.

En ese contexto, la comparación con Mauricio Macri suena menos como una declaración de fuerza y más como una confesión involuntaria. Cuando un presidente aclara que no quiere terminar como su antecesor, lo que en realidad está diciendo es que la posibilidad de ese final ya le ronda por la cabeza.

Milei usa viejos trucos para nuevos fines





















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Milei usa viejos trucos para nuevos fines 


LA NACION 


Sergio Suppo



Javier Milei por Alfredo Sabat

 

Javier Milei aplica los mismos códigos del sistema político que vino a desterrar. Apela al viejo recurso de convertir en culpas ajenas algunas de sus responsabilidades. Y elige confrontar a rivales que están perdiendo la capacidad de enfrentarlo.



Una semana atrás, en el Congreso, sobreactuó su histrionismo para amplificar su indignación en contra de sus adversarios kirchneristas y para atacar a los empresarios beneficiados por el proteccionismo que se propone desterrar.


Milei ya empezó a dar la pelea por la transición hacia una economía abierta cuando todavía no puede terminar la batalla contra la inflación


El Gobierno quemó una etapa sin terminarla, la de la disminución de la inflación por la inevitable vía de un fuerte ajuste fiscal. Ya empezó a dar la pelea por la transición hacia una economía abierta cuando todavía no puede terminar la batalla para poner al índice de precios en un porcentaje mensual que empiece con cero.


Milei y Luis Caputo prometieron varias veces para un futuro inmediato tener esa cifra como indicador simbólico de que al fin fue quebrada la resistencia a la crónica inflación. Esos augurios siempre debieron ser renovados, la próxima meta es agosto.



Se acaba de sumar como un problema impredecible el impacto que tendrán los efectos de la nueva guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Nunca hay que olvidar que la economía argentina apenas si empieza un largo proceso de reencauzamiento. Siempre se está más expuesto a golpes globales cuando se padece una inestabilidad crónica.


El duro esfuerzo al que sometió Milei al país para enfrentar la inflación no termina de dar los resultados esperados. El crédito que falta para impulsar la actividad privada está frenado por la desconfianza de los mercados, que mantiene en niveles todavía altos el riesgo país, un indicador que explica los sobrecostos financieros en la economía de todos los países.



El duro esfuerzo al que sometió Milei al país para enfrentar la inflación no termina de dar los resultados esperados


El ministro Caputo defiende en privado y en público que todo el trabajo financiero y económico es consistente y adjudica esa desconfianza de los mercados a un factor estrictamente político. Tomó de las redes libertarias el término “riesgo kuka” para resumir el temor que, a su criterio, tienen los inversores financieros globales hacia la Argentina por la posibilidad de un regreso del kirchnerismo. La confianza también tiene un horizonte lejano y su postergación, un responsable ajeno al oficialismo: su destartalada némesis.


El kirchnerismo es un fantasma real que se ha corporizado en varias elecciones. Pero cada vez que reaparece da menos miedo a la hora de las decisiones finales. Es lo que ocurrió entre el triunfo de Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires, en agosto, y la clara victoria nacional de Milei en octubre.


Como el temor a una regresión al mando de Cristina Kirchner y su descendencia es extendido en muchos votantes argentinos, se hace más creíble que los mercados voten por anticipado fugando las inversiones financieras en la Argentina.



Detrás de los agravios libertarios a los empresarios crece un estruendo que oculta la discusión de fondo: cómo construirá Milei lo imprescindible sin destruir lo necesario


En el medio quedan a cubierto las inconsistencias que puede tener el esquema de ajuste y que obligó a un inédito y oportuno salvataje del amigo Donald Trump. Es más fácil creer que otros, los inversores, piensan lo mismo que uno, los argentinos que votan en contra del populismo kirchnerista por temor a que regrese.


Milei hace un esfuerzo enorme por mantener a flote a su rival, al que le entran todas las chicanas posibles. Cuando no usa al kirchnerismo para otorgarle el monopolio de la corrupción, le recuerda cada uno de sus muchos desatinos en la aplicación de supercherías en lugar de recetas económicas serias.



Nada explica mejor el surgimiento de Milei y la aceptación de sus recetas drásticas que el hartazgo social en el fracaso y el hundimiento con el que cerraron sus mandatos Cristina y Alberto Fernández.


El Presidente necesita que Cristina y Kicillof y sus peleas internas sigan siendo un obstáculo para la reconstrucción del liderazgo del peronismo y el eventual alumbramiento de una propuesta distinta de la que se ejecutó desde 2003 en adelante.



Milei afronta la segunda etapa de su gobierno, el de la transición hacia una economía abierta, distribuyendo ataques contra empresarios a los que ningún presidente se había atrevido a zamarrear con tanto desparpajo y virulencia. En la personalización y los agravios crece un estruendo que oculta la discusión de fondo: cómo construirá lo imprescindible sin destruir lo necesario.


Abrir las importaciones todavía en forma incipiente y terminar con protecciones arancelarias que hace décadas multiplican los costos de producción de varias cadenas industriales es apenas el comienzo. Caputo se defiende asegurando que en 2011, cuando Amado Boudou era ministro de Economía de Cristina, la economía tenía más importaciones que ahora.



Los intereses en juego están a la vista como pocas veces y Milei no parece tener frenos ni compromisos. Está convencido de su condición de ideólogo más que de hacedor y carece de anclajes políticos o personales que lo aten para avanzar.


Reducir el conflicto a los cruces con las empresas oculta el problema de fondo. El daño social del quebranto que experimenta la industria tradicional está a la vista y constituye un recurso político nuevo para una oposición despistada. Que alguien pueda o sepa usarlo es otro asunto.



El ministro Caputo sumó una cuota de acidez al impulso de su jefe, el martes, en el aniversario de la Fundación Mediterránea. Dijo allí que el modelo proteccionista debería terminar. “Inmoral, injusto, regresivo e ineficiente”, enumeró al explicar que el país cambiará de rumbo por la decisión libertaria que ya fue acompañada dos veces en las elecciones.


Ese mismo día la Unión Industrial y AEA (el grupo de grandes empresas nacionales) pidieron diálogo en lugar de agresiones. Un empresario importante acercó su voz al ministro para pedirle atención en cuestiones tales como la aceptación sin condiciones de importaciones desde países que impiden el acceso de productos industrializados argentinos y solo aceptan granos sin procesar.


En la generalización y el fanatismo del Gobierno se originan la torpeza y el error. En las excusas y los pedidos de gradualismo de los empresarios se esconden los viejos intereses de protección que benefician a unos pocos. El destino del país puede jugarse en la administración de ese cruce.


Por Sergio Suppo

"Larguirucho #21" (1982)