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Misterios del nuevo dispositivo de poder
La designación de Diego Santilli como jefe de Gabinete plantea interrogantes de cara a la estratégica cita electoral en la provincia de Buenos Aires en 2027; enigmas sobre el futuro del peronismo
2 de julio de 2026
LA NACION
Carlos Pagni
Diego Santilli por Alfredo Sábat
Las escenas de los próximos dos o tres episodios de la saga oficial son bastante previsibles. Diego Santilli en acción. Celebrando acuerdos. Exhibiendo ejecutividad. Prodigando coartadas retóricas para los problemas que, a diario, enfrenta la administración. Son las destrezas por las cuales lo ascendieron a la Jefatura de Gabinete.
A medida que se sucedan los capítulos se irán despejando las principales incógnitas de la nueva organización dispuesta por Javier Milei. Una inicial: ¿cuánto poder real va a tener Santilli? Cuando llegó al Ministerio del Interior, el Presidente y su hermana, Karina, redujeron mucho las vacantes a ocupar. Ahora, en la Jefatura, ya le impusieron a su segundo: Ignacio Devitt, un cuadro de tercera línea de Pro, que llegó a La Libertad Avanza de la mano de Manuel Adorni, después de haber pasado por los gobiernos de Vicente López y de la Ciudad de Buenos Aires. Devitt es ahora un delegado de la señorita Milei en el universo de Santilli. Un desafío para Gustavo Coria, flamante secretario de Interior. Él sí es de la máxima confianza del “Colo”, desde que controlaba el Ceamse. Allí, en la gestión de la basura, nació la amistad de Santilli con Claudio “Chiqui” Tapia. Coria deberá romper y, a la vez, disimular las limitaciones del controller Devitt. Son tensiones que derivan del verticalismo de los Milei: ellos detestan la autonomía de sus subordinados. Les gusta quedarse con todo. Parecen peronistas. Como Santilli.
Además de conquistar su metro cuadrado, el sucesor de Adorni tendrá otro desafío: reforzar su relación con Karina. Y, sobre todo, con los Menem: Eduardo “Lule” y su primo, Martín. Ellos esperan de Santilli algo que Santilli no está en condiciones de suministrar: la cabeza de Santiago Caputo, el “Mago del Kremlin”. La designación del nuevo jefe de Gabinete expresa el deseo del Presidente de no desprenderse del “Mago” aun pagando el costo, u obteniendo el beneficio, de la guerra fría entre facciones. Caputo debe celebrar que Santilli no estará husmeando en sus dominios porque es fóbico al conflicto. Alma gemela de Juan Bautista Mahiques, es capaz de simular que tiene veinte dueños, sin comprometerse con ninguno. A propósito del ministro de Justicia, una digresión: ¿qué hará con el expediente que le remitió la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para que responda el reclamo del camarista federal Leopoldo Bruglia? El juez denunció ante ese organismo que el Poder Ejecutivo lo discrimina: como llegó a su posición trasladado desde otro tribunal, lo van a reemplazar por alguien surgido de un concurso. Un criterio que no se sigue con el legendario Carlos Mahíques, camarista de Casación y padre del ministro, también trasladado no sólo desde otro tribunal sino, además, desde otro fuero.
La concordia entre Santilli y el “Mago” Caputo está garantizada por viejas relaciones. El “Colo” contrató durante años a Rodrigo Lugones, líder de la consultora Move donde trabaja también Caputo. Los aproximó la mano derecha y, sobre todo, izquierda del nuevo jefe de Gabinete, Bruno Screnci, antiguo compañero de colegio de Lugones, quien hoy mueve hilos oficiales desde Madrid.
Sin embargo, el verdadero problema de Santilli no es el “Mago” sino el diputado Sebastián Pareja. Es el delegado de Karina Milei en la conducción de La Libertad Avanza en la provincia de Buenos Aires. Como tal, también aspira a ser candidato a gobernador. La discreta tensión con Pareja conduce a un desafío delicado de Santilli: conquistar para el oficialismo la gobernación que hoy ejerce Axel Kicillof.
En este terreno ya se verificó que, a pesar de que le otorgaron un cargo relevante, a Santilli le retacean el diseño de la estrategia política. Como la elección de gobernador se gana por simple pluralidad de votos, no hay ballotage, él necesita la unificación de todo lo que se extiende desde el centro a la derecha en el campo no peronista. Milei dificulta esa estrategia. Apenas anunció la promoción de su ministro del Interior a la Jefatura, declaró que Macri, cuando reestructuró la deuda en pesos, estafó a los argentinos. Macri está en condiciones de postular una fórmula alternativa en Buenos Aires, no para que Pro gane, sino para que La Libertad Avanza pierda. Santilli sentiría los tironeos de un linchamiento.
Desde el último fin de semana, sobre la carrera bonaerense de Santilli pesa un interrogante y es el siguiente: para conseguir votos en ese territorio, sobre todo en el conurbano, ¿ser jefe de Gabinete de una administración identificada con un ajuste es una ventaja o un castigo?
La elección de la provincia de Buenos Aires plantea, además, otro reto. Si se celebra de manera independiente respecto de la elección presidencial, el impacto del resultado sobre la economía puede ser determinante. ¿Cómo reaccionarían los mercados, sobre todo el de cambios, frente al eventual triunfo de un candidato a gobernador kirchnerista? ¿Cómo lo harían si, en cambio, se impone el elegido de Milei? En 2019, algunos dirigentes de Juntos por el Cambio expusieron ante María Eugenia Vidal y Federico Salvai la conveniencia de adelantar los comicios provinciales para que la eventual reelección de la gobernadora oxigenara a Macri en la competencia nacional. Vidal y Salvai no aceptaron. ¿Qué debe preferir Milei? ¿Comicios desdoblados en los que Santilli o Pareja consigan un triunfo que se proyecte sobre el escenario nacional? ¿O para él es mejor una elección unificada en la que se imponga la agenda de la Casa Rosada? Como se puede advertir, la responsabilidad del representante de La Libertad Avanza en la carrera por la gobernación de la provincia de Buenos Aires es descomunal.
La llave del calendario pertenece al peronismo bonaerense. Allí la gravitación de los intendentes es crucial. Ellos sueñan con que se adelanten los comicios provinciales como sucede en tantos otros distritos. Pero estarían dispuestos a plegarse a la campaña nacional a cambio de un beneficio superior: que se elimine la cláusula por la cual los jefes municipales sólo pueden gobernar dos mandatos. Exigen volver a la reelección indefinida.
¿Y Massa?
La gran dificultad para suprimir esa limitación en el derecho a postularse es la resistencia de Sergio Massa. ¿Las razones? Quienes lo conocen mencionan una inverosímil: los principios. Pero hay un par más. Una: que odia a los intendentes. Otra: que pretende bloquear una nueva candidatura de Julio Zamora, su verdugo de Tigre. Sin embargo, Massa declinaría esta reticencia si el candidato a presidente fuera él mismo. En ese caso, se resignaría a la reelección indefinida a cambio de que los intendentes acepten que los comicios bonaerenses se celebren el mismo día que los nacionales. Al candidato Kicillof le convendría lo mismo. No olvidar el hilo del problema: una elección bonaerense adelantada, como la de 2025, podría ser peligrosa para el gobierno nacional, ya que una eventual derrota enloquecería a los mercados mientras el país marcha hacia la competencia por la sucesión presidencial.
Es un enigma si Massa está en condiciones de presentarse otra vez a una elección nacional. Su imagen sigue siendo mala. Según la última encuesta de Hugo Haime presenta 60,7% de desprestigio contra 32,8% de prestigio. Por otra parte, no hay escándalo que no lo salpique: desde los movimientos de dólares de Javier Faroni con la AFA, hasta las opacas intervenciones en las operaciones de comercio exterior de su íntimo amigo y vecino de San Martín, Germán Cervantes, pasando por los rulos cambiarios del ex de Jésica Cirio, Elías Piccirillo, con el dólar oficial durante el gobierno de Alberto Fernández. A propósito de Piccirillo: ¿quién le pagó la fianza para que le concedan la prisión domiciliaria? En el PJ bonaerense dicen que fue alguien que no quiere que, quebrado por el llanto, explique en detalle los negociados con el cepo.
Más allá de estas fragilidades, Massa está tentado. En especial cuando advierte la catastrófica crisis del PJ bonaerense. La ruptura entre Cristina Kirchner y Kicillof se ha vuelto, al parecer, irreversible. El escenario más resonante del conflicto es la Legislatura bonaerense. Dos senadores provinciales subordinados a la expresidenta, Sergio Berni y Mario Ishii, pintaron de bleque a la presidenta de la Cámara, Verónica Magario, que debió cerrarles el micrófono para amordazar los insultos. Hay quienes temen que el Poder Legislativo bonaerense ya no pueda volver a sesionar. Quiere decir que, enemistada sin retorno con Kicillof, la señora de Kirchner está sin candidato. Ahí se anota Massa. Queda la incógnita de quién correría por la gobernación. Es decir, con quién debería enfrentarse, llegado el caso, Santilli. ¿Máximo Kirchner? ¿Eduardo “Wado” De Pedro? La Cámpora va por lo que parece más seguro: el sillón de Kicillof.
Los riesgos bonaerenses de Santilli son numerosísimos y su nueva condición de jefe de Gabinete parece agigantarlos. Es la razón por la cual comienza a evaluarse si no podría regresar a la Ciudad y presentarse como candidato a jefe de Gobierno. Ese camino permitiría a Milei producir una ironía. Para los que quieren que La Libertad Avanza respete el feudo histórico de Pro, se cedería la candidatura a ese partido. Pero con Santilli. No con un representante de los Macri como, por ejemplo, Jorge Macri. Una curiosidad: ¿Fernando de Andreis y Guillermo Dietrich también corren, alentados por Mauricio? ¿Cómo está la relación entre los primos?
Jorge Macri hace todos los deberes para satisfacer a la Casa Rosada como candidato. Sobre todo uno: se radicaliza hacia la derecha. Ya lo llaman Idi Amin. En un video con declaraciones viejas, que se viralizó en las últimas horas, reprocha a la Iglesia Católica llenar de pobres la Capital Federal ofreciéndoles comida en los atrios de los templos. “Porque adentro nunca los llevan”, agregó. Audaz, Jorge Macri.
Si Santilli termina siendo el candidato porteño de los Milei, el más joven de los Macri se habrá arrepentido de haber saludado su ascenso a la Jefatura de Gabinete a través de un tuit. Tampoco aquí el “Colo” quiere conflicto. Lo demostró en diciembre pasado, cuando el hombre fuerte del gobierno de la Ciudad, Daniel Angelici, le arrebató dos “cajas”: la secretaría administrativa de la Legislatura y la oficina que controla la renegociación de contratos de recolección de residuos. La basura, el eterno reino de Santilli. A propósito de Angelici, no se cansa de repetir que, si los Macri acuerdan con Milei, él se abre del oficialismo envuelto en la bandera radical.
El panorama de conflictos plantea un escenario electoral muy inquietante. ¿Podrían competir cuatro fuerzas electorales? Dos versiones del peronismo, una de las cuales respondería al kirchnerismo, y dos versiones del no peronismo. Cristina Kirchner presiente ese formato, que cobija un resultado impredecible.
Más curiosa que ese nivel de fragmentación es otra peculiaridad de este momento. El PJ se quiebra por su propia dinámica. Milei no hace nada para provocarlo. Habla muy poco de Kicillof, menciona a la señora de Kirchner sólo cuando necesita disimular algún escándalo en sus propias filas, y guarda un misteriosísimo silencio sobre Massa, el ministro de Economía del que heredó una crisis terminal. A Milei le interesa mucho más dividir el propio campo. Empezó por Victoria Villarruel y desde hace muchos meses está ensañado con Macri. Solo se detiene ante una figura, cuyo desafío fue la secuela más importante de la crisis Adorni: Patricia Bullrich, la dirigente, según el mismo estudio de Haime, más valorada por la opinión pública.
Por Carlos Pagni