Un buen momento para tener un mal momento
Milei está a tiempo de enfrentar las dificultades, y sin embargo las niega
La Nacion
15 Agosto 2026
Sergio Suppo
Javier Milei por Alfredo Sabat
Javier Milei niega este mal momento en lugar de celebrar la oportunidad en el que ocurre. Le toca cruzar el desierto de las consecuencias sociales del ajuste y la árida caída de las expectativas que promete.
Nunca como ahora, durante sus dos años y nueve meses de gestión, hubo menos confianza en él y jamás fue tan grande el tamaño de la desesperanza.
¿ Ha caído el gobierno libertario en un abismo? No, para nada. Por lejos, es apoyado por una minoría que supera con claridad al resto de fracciones dispersas del resto de la opinión política.
Esa es una buena noticia para el oficialismo, que se retroalimenta con otra: las desgracias de hoy están todavía lejos de la hora en la que los argentinos decidan reelegir a Milei o cambiarlo por otro. Tiene tiempo para recuperarse, lo que nunca será un sinónimo de sentarse a esperar los brotes verdes que nunca le aparecieron a Mauricio Macri.
Una confesión que debería ser mirada con más detalle fue realizada por Luis Caputo, el miércoles, en la Bolsa de Comercio de Córdoba. El ministro dijo a un auditorio de empresarios que su equipo trabaja en un plan de medidas pensadas para el año electoral que viene.
Es un reconocimiento del principal ministro de Milei de que, con el ajuste que eliminó con motosierra, el déficit fiscal no alcanza para la reelección del Presidente. Jamás será presentado como un “plan platita” al estilo de los que el kirchnerismo acostumbró a lanzar ante cada elección. Es, por ahora, la admisión de que hay flancos abiertos así como están las cosas.
Caputo hizo ese reconocimiento luego de exhibir desconocidas dotes de gurú político. Relajado ante un público favorable, especuló que el kirchnerismo sabe que no podrá ganarle a Milei y que trata de generar miedo presentando a Axel Kicillof como candidato. Paralelamente, aparecen los Ricardo Quintela de la vida anunciando expropiaciones y otros prometen correr a patadas al presidente de un Banco Central separado del poder político.
“Quieren generar miedo y espanto para que ustedes se asusten, dejen de confiar y se paralice la economía”, dijo Caputo. Y remató con una proyección inesperada: “Así después van a presentar otro candidato que parecerá moderado y lo van a tratar de instalar”.
Mimetizado con Milei, Caputo repite que medios y periodistas forman parte de la instalación de ese clima para provocar la carambola que imagina.
Es extraña la pirueta, en especial viniendo de quien instaló el “riesgo kuka” como factor económico y político en las elecciones del año pasado.
El Gobierno tiene dos problemas que no logrará despejar antes de las elecciones. En primer lugar, el resultado del esfuerzo del ajuste no tendrá una recompensa material rápida para la mayoría de los votantes por la simple razón de que las reformas estructurales tardan años. Y luego porque el proceso de cambio de modelo económico que produce un fenomenal desarrollo en zonas mineras y gasíferas incluye un enorme desafío a los sectores industriales en los grandes centros urbanos. Ahí, donde están los votos, es donde la crisis de la mutación tardará más tiempo en revertirse.
Un país acostumbrado a desconfiar por una eterna acumulación de fracasos asume como normal la incertidumbre de un descalabro ante cada elección. Caputo suele repetir el error de hablar de la soga en la casa del ahorcado.
La negación como recurso le hace perder tiempo a un gobierno que necesita recuperarse y lograr que la economía de cada uno empiece a sintonizar con los buenos resultados de la macroeconomía.
La noticia de que creció la mora en el pago de tarjetas de crédito y préstamos personales es respondida con el razonable rechazo libertario a que el Estado compense esos pagos. Pero el Gobierno elige ignorar los motivos por los cuales ese endeudamiento familiar crece.
Es el mismo rechazo para ver como un problema que la recuperación de los salarios es muy inferior al incremento de los costos básicos de cada casa.
La depresión del Gobierno coincide con el lanzamiento de distintos globos de ensayo. Es lo que hace pensar que el banquero y expresidente de River Jorge Brito pueda ser candidato. Milei tiene una especial inquina con él; hace dos años, durante un acto de la Fundación Mediterránea, obligó a sus anfitriones a retirarlo de la primera fila.
¿ Se refería a Brito, el ministro Caputo, cuando habló de un candidato moderado como máscara del kirchnerismo? Es muy posible. Todavía no hay una respuesta concreta sobre el origen de la eventual proyección del empresario y periodista Daniel Hadad o la del supuesto pastor Dante Gebel.
No parece imposible ni mucho menos creer que algún recién llegado pueda terminar siendo protagonista de la pelea por la Presidencia. Milei, el nuevo sol sobre el que gira el sistema político, llegó a ese lugar desde la nada misma en menos de un año. ¿ Quién pudo asegurar una año y medio antes de las elecciones de 2023 que el panelista televisivo superaría a Sergio Massa y al candidato de Juntos por el Cambio?
El Presidente podrá argumentar con cierto derecho que para disruptivo ya está él. Puede chocar con una parte del electorado que l o i ncorporó en estos años como un miembro más de la casta que denunció.
Más apurados por obtener fondos para sus campañas electorales y urgidos por acuerdos o reglas para sus respectivas competencias, los gobernadores empezaron a repetir las ceremonias de presión de un año atrás, cuando mudaron sus alianzas con los libertarios a pactos con la bancada kirchnerista.
La realidad no solo se dibuja por el mal momento y su eventual superación por la vía de un cierto renacimiento de la actividad económica. Cada error intentará ser aprovechado por la oposición y, en tanto no tenga quien la represente, serán usados proyectos como la venta de tierras a extranjeros.
Milei está más cerca de quedarse que de irse, aun en su peor momento. Pero el viaje será muy tormentoso y nada le garantiza terminar como se propone. Un país arisco y machucado es una eterna fuente de sorpresas.

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