miércoles, 28 de enero de 2026

CFK ya no es la dueña de la lapicera del PJ

 



















Editorial


¡Chau! ¡Adiós!


CFK ya no es la dueña de la lapicera del PJ



La ex prescindente condenada Cristina Fernández de Kirchner ya perdió la llave del Partido Justicialista (PJ). (Dibujo: Fernando Rocchia para AGENCIA NOVA)


Cristina Fernández de Kirchner atraviesa uno de los momentos de mayor fragilidad política desde que se erigió como jefa indiscutida del peronismo.


El Partido Justicialista (PJ), durante años disciplinado a fuerza de verticalismo, hoy muestra fisuras cada vez más visibles que exponen el desgaste del liderazgo kirchnerista y la pérdida de control real sobre la estructura partidaria.


La situación judicial de la ex presidenta es un factor central en este proceso. Su condena e inhabilitación para ejercer cargos públicos no solo la dejaron fuera de la competencia electoral, sino que también redujeron su margen de maniobra dentro del PJ.


Sin poder ofrecer candidaturas ni futuro político concreto, su conducción se apoya cada vez más en el relato épico y menos en resultados tangibles, algo que muchos dirigentes peronistas ya no están dispuestos a tolerar.


En paralelo, comenzaron a multiplicarse las voces internas que cuestionan abiertamente su liderazgo. Gobernadores, intendentes y referentes históricos del peronismo exploran caminos propios, priorizando la supervivencia política en sus territorios antes que la obediencia a una conducción nacional desgastada.


La falta de una estrategia clara tras la derrota electoral y el fracaso del último gobierno nacional profundizó ese distanciamiento.


Las intervenciones partidarias impulsadas desde el kirchnerismo tampoco lograron el efecto esperado. En varios distritos fueron resistidas y, en algunos casos, anuladas judicialmente, dejando en evidencia que la lapicera ya no tiene el poder de antes.


El PJ aparece así fragmentado, con conducciones provinciales que responden más a intereses locales que a una jefatura nacional en declive.


Mientras tanto, Cristina Fernández de Kirchner conserva un núcleo duro de apoyo militante y un peso simbólico innegable, pero cada vez más insuficiente para ordenar al conjunto.


El peronismo de poder, pragmático y territorial, parece haber tomado nota de que el ciclo kirchnerista está agotado y que aferrarse al pasado puede resultar más costoso que ensayar una renovación.


La pregunta ya no es si Cristina pierde control del PJ, sino cuánto tiempo más el partido seguirá orbitando alrededor de una figura que ya no garantiza unidad, triunfos electorales ni futuro político.


El kirchnerismo, que alguna vez se presentó como la síntesis del peronismo, hoy aparece como uno de los principales obstáculos para su reconstrucción.

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