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Luego de su gira por Estados Unidos, Javier Milei eligió la comodidad de la Quinta de Olivos antes que enfrentar la realidad del país. Apenas aterrizó, “partió directo desde el aeropuerto Jorge Newbery hacia Olivos”.
La postal es clara: un prescindente replegado en su búnker privado, mientras las urgencias sociales esperan respuesta.
En paralelo, la coimera Karina Milei se plantó en la Casa Rosada para encabezar la mesa de campaña junto a Santiago Caputo. El hermano mayor brilla por su ausencia, y el poder real se acomoda en un triángulo incómodo: la hermana, el asesor todoterreno y un gabinete que se limita a seguir órdenes. Que la “estrategia” se decida en una mesa chica mientras el país se incendia es, al menos, un síntoma de prioridades trastocadas.
La influencia de Caputo crece a pasos agigantados. Ya no es solo el “consultor” de confianza, sino quien coordina el diseño político de la campaña y se convierte en interlocutor privilegiado cuando el Presidente se borra del mapa. Este corrimiento de Milei alimenta la sensación de que gobiernan los que nadie votó. El “karinismo” manda, y Caputo administra la letra chica de la gestión.
Mientras tanto, la escena se repite: Milei no aparece en público y se refugia en Olivos, marcando una rutina peligrosa. No es un hecho aislado. El propio artículo de Infobae reconoce que durante la ausencia del mandatario “los planes de la campaña nacional siguieron pergeñándose” con Karina al frente. La pregunta es si el Presidente piensa gobernar desde la sombra o si esto ya se transformó en el nuevo modo de ejercer el poder.
En definitiva, lo que debería ser conducción política se convierte en estrategia de campaña permanente, diseñada por asesores y familiares. Milei se esconde, Karina conduce y Caputo reparte las cartas. El resultado es un Gobierno que se muestra más preocupado por la rosca interna que por resolver la inflación, el desempleo o la inseguridad. Un país entero espera decisiones, pero en Olivos lo único que se escucha es silencio.
Perfil
Show me the money
Trump no presta gratis y suele jugar al golf por plata
Los países subdesarrollados se adaptan a la master voice. Siempre. Habrá que ver si ese comportamiento también incluye a los votantes.
Roberto García
Diario Perfil
Uno estaba furioso por lo que iba a ocurrir. El otro estaba furioso por lo que ocurrió. En ochenta años, el abuelo luchó para impedir que llegara el peronismo al poder en el 45 del siglo pasado y el nieto lucha ahora para que el peronismo no regrese al poder. No son parientes, claro, piensan igual. Son apenas dos ciudadanos de un mismo país, el abuelo y finado embajador bien podría llamarse Spruille Braden y el nieto Scott Bessent, hoy Secretario del Tesoro de USA. Uno, con historial controvertido en la minería y en la United Fruit, pagó con su apellido el fantasma imperialista en la primera elección que ganó Perón; el otro, de particular devoción por el bucólico Sur argentino y algunos negocios, en cambio ha dispuesto una asistencia celestial para que Javier Milei se recupere en votos este 26 de octubre y castigue en las urnas al peronismo que venció en los recientes comicios provinciales de Buenos Aires. Y si no logra ese propósito Bessent, al menos durante 30 días de campaña sus anuncios le otorgarán cierta estabilidad económica al equipo de Luis Caputo.
No es poco para un cuerpo anémico que se levantó con una medicina oral: apenas unos elogios verbales sirvieron para remitir la debilidad extrema junto a promesas de respaldo financiero por si la corrida del viernes de la semana pasada se espiralizaba para volverse crónica. Parole, simples palabras. Inéditas sin embargo para anteriores gobiernos, para otros gobiernos, que también están con la mano tendida. Aunque no debe olvidarse que otro significado se añade al término Parole: permiso de permanencia temporal, según el idioma inglés. O sea, se responde a una autoridad, al cesarista del pulgar. No es nueva la invención del ficcional parentesco del abuelo con el nieto para repeler a las formas del peronismo: después de la Segunda Guerra, los Estados Unidos promovieron a favor de Europa (en particular Gran Bretaña) un formidable programa de recuperación con prestamos, facilidades y donaciones bajo el titulo del Plan Marshall —también con la obligación de comprar productos de USA, créditos atados— que además de enmendar la pobreza de esos países impidieron la penetración vecina del comunismo. Como se sabe, ganaron la batalla. Ahora Milei aguarda ese mismo resultado.
Bessent, quien suele endosarle al peronismo todas las desgracias argentinas en las décadas pasadas, repitió lo que había dicho hace dos meses y pocos tomaron en cuenta: Vamos a hacer lo que sea para conservar al gobierno Milei, sostuvo. Entonces, el velero iba con viento en popa. En esta ocasión también tuvo que participar Donald Trump, quien mantuvo ese concepto y, políticamente, lo hizo salvar a Milei del precipicio del próximo octubre ante eventuales golpes y saltar, de repente, a la reelección en el 2027 por la cual ya se pronunció a favor. Voy a estar con vos y sin paradas de ningún tipo: en un tren exprés no solo se comió unos días de incertidumbre, el grandote también se devoro unos años. Ni el averiado mandatario argentino esperaba semejante apoyo antes de viajar a Nueva York para la entrevista y disertar en la ONU, discursos observados solo por compatriotas como en cualquier foro internacional. Igual que Trump, se presentó para criticar a la organización. Lo que volverán a hacer el año próximo. también, obvio, aludió a sus compromisos con Israel, recurrió a Malvinas por tradición aunque afirmo en la primera línea del mensaje que era nueva su política exterior. Hasta las islas no llega. Inclusive, arrastró en el protocolo a su hermana, quizás en un protagonismo innecesario, pero imprescindible para aquellos que no entienden la indivisibilidad de los cuerpos y el alma.
Con las palabras de Trump y Bessent quedaron fuera de juego, en la política interna, los atrevimientos que le atribuyen y se atribuye a la Vicepresidente Victoria Villaruel y resultó un fulminante para quienes soñaban con una crisis tipo 2001, con un riesgo país en la estratosfera, que culminara con una asamblea legislativa para nombrar a un sucesor presidencial en ese cuerpo. Un secreto a voces que, más que describirlo, en alguno casos se expresaba un deseo. Hasta se conjeturo un nombre para esa salida tipo Duhalde, el futuro candidato a diputado por Córdoba Juan Schiaretti, quien seguro no se inscribe en ese anhelado terremoto parlamentario. Se supone. El anuncio de Trump a favor de Milei, el apretón de manos, los premios del “gorila” Bessent y el “compre ahora, pague después” implícito, arrasaron con esas pretensiones personales y tal vez desgastaron la recurrida propuesta de la línea del medio que caracteriza al propio Schiaretti y a varios gobernadores. Al menos, en el distrito bonaerense donde el representante de ese sector, Florencio Randazzo, puede padecer ahora la tenaza polarizadora entre kirchnerismo y mileismo. Hasta las apariciones del Norte se hablaba de tres tercios en ese distrito —por los desencantados de las dos grandes corporaciones partidarias dispuestos a no votar—, ahora se discurre sobre la vuelta a un enfrentamiento binario, recurrente: entre los que agradecen un crédito y aquellos que lo rechazan.
Si es una aventura anticiparse al desenlace electoral, menos engorroso resulta observar el proceso económico que, a partir de lo ocurrido con las intervenciones Trump-Bessent, logró un blindaje inesperado para el Palacio de Hacienda y el Banco Central. Se dieron vuelta los mercados en una montaña rusa superior a las de Disney, y se advierten algunas refacciones: José Luis Espert dice que las bandas cambiarias son un adiestramiento para aprender a flotar en un futuro y el FMI confirma que la Argentina comprará dólares para proveer sus reservas. Al mismo tiempo, repitiendo lo que las grandes cerealeras hicieron con Mauricio Macri antes de asumir y nunca agradeció —por obra y gracia entonces por la mediación del cordobés sojero Roberto Urquía—, se garantizó un ingreso de siete mil millones por la eliminación breve de las retenciones. Un negocio. Como el de las empresas del juego que suelen asistir a los gobiernos de la provincia de Buenos Aires en la emergencia siempre que, a cambio, le concedan un mayor tiempo de explotación de sus licencias.
Show me the money, primera de las objeciones a atender por la crítica opositora o desconfiada, en particular de comunicados que no sean acompañados por la realidad dineraria. No ayudó, en ese sentido, un último comunicado de Bessent: vamos a trabajar (para que no haya default) después de las elecciones de octubre. Seguramente ya sabían que la temporal liquidación de dólares por parte de los capitostes del campo le permitirían al gobierno cosechar los ansiados 7 mil millones de dólares necesarios para la superada crisis. Con palabras y el campo se salvo el Rubicon. Después vendrán observaciones por la discusión de otras condicionalidades (devolver el swap chino), ya que ni Trump presta gratis y suele jugar al golf por plata. Su diversión esta en los billetes. De su país, claro. Pero el ordenamiento local que impuso en la Argentina a través de la palabra ya corrigió al mercado, y hasta modificó opiniones de medios que antes defendían, luego objetaban y ahora vuelven a defender al gobierno. Los países subdesarrollados se adaptan a la master voice. Siempre. Habrá que ver si ese comportamiento también incluye a los votantes, ya que un fenómeno no se corresponde a veces con el otro.
LA NACION > Política
Los problemas estructurales siguen ahí, las reformas de fondo están pendientes y la condición de minoría parlamentaria del oficialismo no se revertirá sin sumar más aliados
26 de septiembre de 2025
LA NACION
Claudio Jacquelin
Donald Trump y Javier Milei por Alfredo Sábat
Oficialismo, oposición, factores de poder, inversores, encuestadores y, sobre todo, electores indecisos aún no saben cómo reubicarse en el escenario que dio un giro de 180 grados en apenas unas horas y a velocidad supersónica. Aunque algunos ya den por cerrada una etapa y abierta otra. Sin transición, ni resabios.
Inversiones, opiniones, narrativas electorales, alianzas, votos. Todo está en revisión frente a la única certeza de que Donald Trump impuso un imperial cambio de juego en el país, que frenó en seco lo que parecía un pesadísimo objeto en caída libre, pero sin ofrecer, por ahora, más certidumbres en otros terrenos.
Nada se sabe de las condicionalidades, formatos y tiempos del rescate excepcional anunciado por el gobierno de EE.UU. Tampoco de sus consecuencias en el corto y mediano plazo, tras el súbito alivio que trajo al mundo financiero.
Pero tanto más importante o urgente es que sobran las incógnitas sobre cómo procesará la novedad del sorpresivo rescate la opinión pública y, muy especialmente, quienes vayan a votar exactamente dentro de un mes en las cruciales elecciones legislativas de medio término.
Al anuncio del salvataje financiero el propio guardavidas personal de Javier Milei y Luis “Toto” Caputo, el secretario del Tesoro norteamericano, Scott Bessent, le agregó suspenso y dramatismo (además de una cuota inusual de desembozada injerencia en la política interna) con condicionalidades para el apoyo del que él mismo se convirtió en excluyente portavoz.
El funcionario trumpista dejó sujeto al resultado electoral otras asistencias, además del anticipado intercambio de monedas (swap) por 20.000 millones de dólares. Como un padre que deja en suspenso un regalo hasta que sus hijos hagan sus deberes. No se le podrá reprochar a Bessent falta de franqueza.
Al respecto, ante la ausencia de estudios cuantitativos que den cuenta de cómo cayó en la opinión pública el salvataje, vale considerar el tenor de las conversaciones en el universo digital. Allí lo que se advirtió, en primer lugar, es la recuperación de la agenda por parte del Gobierno y del protagonismo de Milei, perdido en el último semestre.
Según un relevamiento de la consultora Ad hoc, entre el lunes y este jueves, “la conversación tuvo un gran componente negativo, que superó el 50% del total de menciones, aún cuando se registraron acciones coordinadas y masivas de comunidades libertarias y vinculadas al Gobierno”.
Además, “las comunidades críticas utilizaron conceptos específicos para abordar el tema, entre los que se encuentran: ‘Milei entregó’, ‘Milei regaló’. Todos conceptos cargados de negatividad”, dice Javier Correa, director de la consultora.
En contrapartida, sobresale la recuperación de la centralidad del Presidente, ya que se habló más de él que del salvataje en particular. Y si bien el promedio de las interacciones arroja “un promedio de 50% de negatividad, frente a un 42% de menciones positivas, el martes la conversación fue un 58% positiva en relación al Presidente, frente a un 36% de negatividad”. Todo está en movimiento.
El mismo tono advierte en las redes la consultora Methodo, como para evitar celebraciones prematuras. “Es difícil pensar que todo marcha de acuerdo al plan cuando predominan las vinculaciones de la situación reciente con De la Rúa y Macri, y estas triplican a menciones sobre atributos de la gestión económica de Milei”, señala Patricio Hernández, titular de esa empresa.
Punto de quiebre
De todas maneras, el impacto de la noticia permite advertir un punto de quiebre sobre la tendencia dominante durante los días de turbulencias y disparada del dólar.
“Milei logró romper una inercia negativa, ya que la noticia dominante es el dólar tranquilo, más que el rescate, y lo importante es que si esto no se producía el Gobierno iba a entrar en un proceso de deterioro muy difícil de revertir. Pero a esta novedad hay que dotarla de una épica que cale en el electorado para remontar lo de las elecciones bonaerenses, que, de alguna manera operaron como unas PASO”, señala Pablo Knopoff, director de Isonomía.
En similar sentido analizó el encuestador y consultor Federico Aurelio el impacto del salvataje estadounidense, que cambió el curso la conversación y la negativa deriva financiera. “El impacto positivo para el Gobierno es porque generó estabilidad en los mercados y bajó el frenetismo que había. Pero habrá que ver cuándo lo beneficia electoralmente, porque la gente está enojada por su economía personal y de ahí a que considere que esto llegará a su bolsillo, hay un trecho importante. La tranquilidad de los mercados no termina con la intranquilidad de los bolsillos”, explica.
La condicionalidad de más asistencia sujeta al resultado electoral expresada por Bessent, que algunos opositores la calificaron de extorsión, también fue un mensaje para el Gobierno y sus aliados, ahora más obligados que nunca a ganar el 26 de octubre. Por eso, se esperan más sorpresas para la campaña.
Allí es donde aparece otro interrogante, como de qué manera metabolizará Milei este cambio abrupto de escenario, del infierno probable al paraíso alcanzable, dadas sus variaciones anímicas de gran amplitud. El desprecio de la mesura, podría ser el título de un próximo libro suyo.
Entre las preocupaciones para lo que vendrá figura la incógnita acerca de si reverá su diagnóstico respecto de los problemas y errores que derivaron en la corrida cambiaria que casi lo deja sin futuro. Ahí aparece la autocelebración por sus logros y la ausencia de autocrítica, así como las negación de inconsistencias y desequilibrios autoprovocados en su programa económico.
En ese plano sobresale la atribución de todos los sobresaltos financieros y cambiarios a cuestiones exclusivamente políticas sin responsabilidades propias, como la catastrófica derrota bonaerense a manos del perokirchnerismo o las dos decenas de derrotas en el Congreso en el tratamiento de proyectos que afectaban el corazón de su gestión.
De buscar nuevos acuerdos, tras haber convertido a opositores colaborativos en adversarios, no se habla, a pesar de que la capacidad de negociación y la búsqueda de cooperación serán imprescindibles en la etapa por venir. Los problemas estructurales siguen ahí, las reformas de fondo están pendientes y la condición de minoría parlamentaria no se revertirá sin sumar más aliados.
Lo que surge del Gobierno es que la convicción de que todo se debió a una posible resurrección del kirchnerismo sigue vigente así como la creencia de que sólo una victoria definitiva sobre ese adversario puede cambiar el curso de las cosas.
Este jueves, Federico Sturzenegger lo explicitó con su cruda sinceridad: “Hasta que no desaparezca el peronismo no hay nada para festejar”. Fuerte y, sobre todo, un objetivo nada sencillo de alcanzar ante una fuerza que ha demostrado una extraordinaria capacidad de mutación y adaptación para sobrevivir.
El cambio de humor y de opinión de la ciudadanía después de los días de zozobra y tras la llegada del extraordinario rescate estadounidense es, como se ha visto, frágil y parcial. Con el agravante para el Gobierno de que se coaligaron dos novedades que impactaron negativamente en algunos sectores sociales que estaban cerca del gobierno, sobre todo en términos de visión económica.
El enojo del campo
En el largo posteo con el que el secretario del Tesoro anunció el apoyo a Milei, también Bessent habló de revisar el sistema impositivo argentino, en alusión a la suspensión temporaria de las retenciones a las exportaciones de productos primarios, que tanto o más alivio concreto le dio a Toto Caputo.
Resultó ese señalamiento un doble golpe para el oficialismo, ya que esa medida le permitió salir de una desesperante corrida cambiaria y ahora es cuestionada por Estados Unidos pero también por los que deberían haber sido beneficiarios.
En eso hacen punta los productores agropecuarios, muchos votantes del oficialismo, que se sienten burlados (“estafados”, dicen los más enojados) por el equipo económico en beneficio de los grandes exportadores de granos. Dilemas de la manta corta cuando llega el frío extremo.
La Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap), donde se nuclean mayoritariamente medianos productores, expuso públicamente la crítica de muchos otros integrantes del sector (incluidos socios de la Sociedad Rural Argentina, que reúne a los grandes jugadores), que se venían desahogando en chats grupales.
“Esta resolución alteró el normal funcionamiento del mercado de granos, generó incertidumbre y desconfianza, y solo consolidó ganancias extraordinarias para un reducido grupo de intermediarios, sin aportar soluciones de fondo ni estímulos genuinos a la producción”, dice el documento de Carbap, que critica al Gobierno y profundiza la grieta con los grandes exportadores.
Los redactores del pronunciamiento debieron esforzarse en la búsqueda de sinónimos para poner en palabras publicables el ánimo de las bases, que este jueves se expresaron a través de sus representantes en la reunión del consejo directivo.
Uno de ellos, aplaudido por sus pares, dijo indignado: “El festival se lo están haciendo los exportadores. Registran exportaciones por 400 dólares la tonelada, les dan los pesos por los dólares que le adelantaron y les compran a los productores la tonelada a US$320. Tienen que terminar todos presos. Lo que antes se quedaba el Estado en concepto de retenciones ahora se lo queda la exportación por adelantar US$7000 millones. Ni el kirchnerismo se animó a tanto”. Para muestra, un botón.
Estrategias de campaña
En ese terreno todavía pantanoso deberá moverse el Gobierno para hacer campaña y lograr un triunfo nacional dentro de un mes, que lo deje más cerca de acceder al postre que le prometieron Trump y Bessent.
La tarea incluye revisar la estrategia de campaña y recomponer el tejido interno que el susto de la corrida y el abrupto salvataje aún no remendaron. Lejos de las celebraciones neoyorquinas, el superasesor pródigo Santiago Caputo, con poder recuperado, está en lo primero.
A los errores y derrotas electorales que salpicaron a sus rivales karinistas, el gurú busca sumar ahora en su favor las gestiones para lograr el salvataje que, según dicen en su entorno, habría hecho el opaco lobista Leonardo Scaturicce. Sería un logro compartido con su tío Luis Caputo y su equipo. En el centro de esa foto intenta ser incluido el karinista canciller, Gerardo Werthein, pero hay reticencias a darle espacio. El ala caputista le baja el precio a la magnitud de su influencia. Intrigas de palacio.
Mientras tanto, la oposición busca adecuar su narrativa. El kirchnerismo duro apunta a reforzar las prevenciones sobre consecuencias negativas del salvataje, con consignas que remiten al primer peronismo nacionalista, después de que algunos de sus integrantes más imprudentes intentaran instalar un peligroso clima de inestabilidad institucional, rayan con lo destituyente.
Los sectores menos ideologizados del perokirchnerismo, como el massismo, admiten que la ayuda le dio oxígeno al Gobierno para llegar mejor al 26 de octubre, pero sostienen que no habrá un gran cambio en el electorado y, por eso, el lema seguirá siendo ponerle “un límite a Milei”.
Opositores, oficialistas, ciudadanos de a pie y factores de poder de todo tipo admiten que todo es provisional y que lo relevante y concreto es que Estados Unidos hizo una de las operaciones más espectaculares de rescate para enderezar el tobogán por el que Milei se deslizaba aceleradamente en una pendiente cada vez más pronunciada.
Suficiente para cambiar el juego, insuficiente para hacer previsiones. Todos están recalculando.
Por Claudio Jacquelin