¿El Presidente se consolida o se debilita?
La Nacion
14 abr. 2026
Luciana Vázquez
Javier Milei por Alfredo Sabat
Hay una pregunta central que domina la coyuntura argentina: ¿Javier Milei se consolida o se debilita? El interrogante tiene en cuenta el frente local y también el horizonte global. Hay datos que disparan la duda; hay datos que la disipan: en ese equilibrio inestable de interpretaciones se juega el día a día y el futuro del Gobierno. Pero hay una conclusión que, por el momento, le juega a favor al Gobierno: precisamente, que la duda permanece y todavía no hay manera de despejar la incógnita. La Argentina está lejos de una crisis generalizada e indiscutida que acorrale al Gobierno exhausto contra las cuerdas, a pesar del oleaje diario.
Los vientos que soplan fuerte desde los casos Adorni y $LIBRA y desde un set de indicadores macroeconómicos no alcanzan para dar vuelta el barco del Gobierno. El presente sí registra fisuras en el apoyo al oficialismo en la percepción pública. ¿Fruto del puro presente con posibilidad de corrección futura? La cuestión es si esa percepción es solamente coyuntural o se revertirá en los próximos meses, para durar hasta las elecciones presidenciales de 2027.
Ayer, Luis Caputo se anticipó al dato de inflación que se conocerá hoy: según el ministro, superaría el 3%. Lo hizo con un objetivo, controlar la interpretación político-económica de la suba. Le bajó el precio al indicador de marzo y buscó crear expectativa: el futuro económico cercano, o mediano, como la puerta de salida del Gobierno. “Desde abril se viene dando un proceso de desinflación y crecimiento. Se vienen los mejores meses”, aseguró.
Se acumulan las generaciones de argentinos que llevan el historial de la debacle macro y microeconómica en su ADN: confrontada contra la memoria colectiva, el panorama actual no encaja en esa serie histórica de angustia argentina, al menos por el momento.
No hay respuesta definitiva y absoluta sobre la marcha de la economía ni a favor ni en contra: las conclusiones tajantes son más bien fruto de la lógica política que de las evidencias que ofrece la realidad.
La oposición dura ve el caos y, en algunos casos, además, lo desea. “Tenemos una tarea inmensa. Creo que se aceleran los tiempos”, dijo Axel Kicillof en el lanzamiento de la pata universitaria del Movimiento Derecho al Futuro en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, el jueves último. El oficialismo ve lo contrario: una Argentina que consolida sus cimientos y avanza. Además, el Gobierno empieza a hacer esfuerzos, hasta ahora desconocidos, para reconocer dificultades y, al mismo tiempo, convencer de su capacidad para torcerles el rumbo.
Jugadores fuertes de los mercados hacen un análisis más independiente: cuando se tiene plata hundida en un mercado emergente como la Argentina, lo mejor es ser lo más racional posible. Uno de ellos, desde Manhattan, donde sigue las inversiones argentinas, traza distinciones. ¿Por dónde le pasa la principal preocupación? No por el riesgo país ni por la inflación. Sí por la política monetaria: ahí ve “errores catastróficos”. La tasa de interés altísima de 2025 fue el síntoma de esos errores. La baja de tasas de las últimas semanas indicaría una corrección en ese rumbo.
La otra preocupación está en el nivel de actividad. La pregunta que pone sobre la mesa el inversor es: ¿cuándo empieza a quedar atrás la transición, con todos los costos políticos que tiene? A los ojos del argentino de Manhattan, el proceso de destrucción creativa para dar vuelta la lógica de la matriz productiva argentina es un trago amargo imposible de evitar. “Tratar de amortiguarlo va a demorar más el proceso”, advierte.
¿Le preocupa el caso $LIBRA o el caso Adorni a un inversor global? “Lo estamos siguiendo. ¡¿Qué están haciendo?!”, dice para reconocer su inquietud. Desde la globalidad de los mercados, la primera reacción que surge es la incredulidad, traducible en: cómo puede ser que un gobierno meta así la pata. Preocupa sobre todo que esas denuncias le quiten al Gobierno capacidad de maniobra política, márgenes de gobernabilidad, y que eso afecte al proceso de estabilización de la economía. La pureza moral no entra en sus cálculos: la acepta como batalla perdida en la política argentina.
Esa moneda en el aire de la economía que no termina de caer de un lado o del otro de la percepción impone otra pregunta clave de este momento. Es sobre el tema de la velocidad de los cambios de época. ¿A qué velocidad cambia el mundo? ¿A qué velocidad cambia la Argentina? La aceleración de todo –de la transformación política, de la suba y la caída de la derecha mundial, de la recuperación de una visión menos extrema de la política, del reordenamiento geopolítico, del cambio de matriz económica– como la dinámica del presente. ¿La Argentina también apretó el acelerador y el Milei que vino para meterle pata a la velocidad de transformación estructural en la Argentina se está quedando sin nafta?
Por un lado, 2026 arrancó con encuestas desfavorables para Milei. ¿Es mayoría el nuevo sujeto social sintetizado en “los arrepentidos de Milei”? ¿O es la ilusión óptica que se fabrica la oposición? No paran de salir encuestas que subrayan un declive en el apoyo al Gobierno y sus políticas.
Para la oposición dura del kirchnerismo y la izquierda, y una oposición en vías de endurecerse, como la de Pichetto, Monzó y Massot, “los arrepentidos de Milei” son un sujeto político en franco crecimiento. Su objetivo es representarlos. Para una clase política que gobernó en contra de la racionalidad macroeconómica que está produciendo algunos resultados, aunque no todos, es tarea difícil conquistar esa credibilidad.
Lo que está claro es que la potencia simbólica del Milei 2024, recién aterrizado en el poder, quedó atrás. Quedaron muy lejos el mensaje y la visión mileísta más potente: hoy el discurso que dio en el Milken Institute en mayo de 2024 sería imposible. En aquel momento, desreguló la palabra política y plantó el caso argentino como parte de un mix que integraba una visión social futurista, una teoría evolutiva de la especie humana y el lugar heroico del empresario aventurero como la forma acabada de ese camino evolutivo para todos. Una especie de superación de la justicia social sin la coartada “moralista” y con beneficio para pobres, y no solo ricos. Dos años de gestión lo cambiaron todo: su propia mochila le pone al Gobierno los límites prosaicos de la realidad.
Ahora, todo mensaje se codifica en modo piloto de tormenta: las palabras o los silencios caen bajo la estrategia de gobernar en aguas borrascosas. Un presidente que insulta a todos por muchos temas se llama a silencio con el caso Adorni. Y entre el jueves pasado y el último domingo, Milei se vio en la necesidad de reemplazar a Adorni como vocero. En dos posteos claves, reconoció los problemas de su plan económico al mismo tiempo que volvió a resaltar sus logros.
La gestión mileísta también enfrenta un desafío planetario. El escenario global nunca es anecdótico para la marcha de un gobierno argentino, pero en el caso de Milei ese peso se acentúa. La identidad mileísta se completa en su lugar en el mundo, como parte de una alianza global: Milei la sintetiza como pocos y, al mismo tiempo, construye sentido en esa línea de puntos que va de Trump a Orban, entre otros.
Esa al i anza empezó a encontrar un límite: el del voto popular. Después de visitarlo a Orban como líder hermano en la misma cruzada global, una mayoría impactante de votos dejó offside al apoyo mileísta. El húngaro perdió una elección bajo sus propias reglas, hechas para ganarla: de ahí que su derrota sea todavía más contundente. Un síntoma que a Milei no debería escapársele: que en sistemas democráticos, aun bajo presión extrema de un líder iliberal, la hegemonía nunca es eterna.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario