Editorial
Corrupción libertaria
¿Qué sabrá el crío, que sus progenitores lo protegen tanto?
Karina Milei y Javier Milei se siguen inmolando por Manuel Adorni (Rase para AGENCIA NOVA)
El camino hacia 2027 tiene preocupados a Karina y Javier Milei. Tanto, que el presidemente pisó el palito y dejó asomar su doble cara en un tweet publicado la semana pasada, donde inventa logros pero, a la vez, reconoce que las cosas no están saliendo como habían planeado.
“La Argentina está mucho mejor que en 2023”, “(...) tenemos el nivel de pobreza más bajo de los últimos siete años”, asegura al comienzo del posteo, aunque entre líneas lanza una expresión que, por primera vez, deja al descubierto el terror a caer del pedestal. “Hay que persistir para normalizar la economía y, con ella, la vida de todos los argentinos. Por eso pedimos paciencia”.
En otro palabrerío caótico con misiles lanzados contra el periodismo y la oposición, el León -cuyo rugido ya quedó obsoleto- reafirmó que “el rumbo es el correcto”, y admitió que “estos últimos meses fueron duros”.
Casualmente, durante ese período al que hace alusión, su imagen comenzó a derrumbarse de manera continua. Estudios de sondeo revelan que el rechazo hacia el Gobierno ya supera el 60 por ciento, es decir que gran parte del electorado que había apostado a su propuesta mentirosa de “renovación anticasta” le bajó el pulgar.
¿Qué pasó en el medio? Lo que viene trascendiendo sin freno: a medida que salieron a la luz los actos de corrupción de la cúpula libertaria (caso Espert, coimas en el ANDIS, megaestafa Libra, créditos hipotecarios para acomodados, etcétera), fue creciendo el malestar social. No solo en calidad de testigos del evidente robo al Estado, sino principalmente a causa de las dos problemáticas que impactan de lleno en la vida cotidiana de la gente: salarios pisados y un índice inflacionario que se estancó en un número duro, con miras a seguir escalando.
Además de meter la mano en la lata, siguen aplicando un ajuste brutal sobre los trabajadores y sectores vulnerables, quienes han disminuido significativamente su calidad de vida. Ya no se trata de salir de vacaciones, sino de poder pagar el alquiler, comer un corte de carne o comprar un medicamento. Alimentación y salud, cuestiones elementales para vivir dignamente y salir adelante, junto con la educación y el trabajo, otras dos patas flojísimas de este modelo opresor.
No se trata de una construcción periodística, es una realidad palpable al salir a la calle y escuchar al laburante que pasa tres horas esperando un colectivo para volver a casa, mientras el Gobierno se niega a afrontar el pago de una deuda con los empresarios del transporte, pero sí le sobra para que el vocero presidencial adquiera propiedades a su antojo, viaje en jets privados junto a su familia y arme su propio kiosco millonario mediante una consultora fantasma armado para seguir afanando a través de su esposa, otra delincuente.
En el medio, surgen personajes tan pintorescos como sospechosos: tres jubiladas llamativamente acaudaladas y generosas, deudas hipotecarias que no contemplan intereses, efectivos de la Policía Federal –sector en crisis salarial- como “prestamistas” y una escribana que parece extraída de una historieta.
A pesar de todo esto, al presidemente y compañía no se les cae un gesto de humildad. Claro, los modelos autoritarios no conocen el significado de la empatía, cualidad que le permite a una persona ponerse en los zapatos del otro y ser permeable a su padecimiento.
En cambio, expelen soberbia cuando, por ejemplo, censuran a trabajadores de prensa serios que hacen preguntas incómodas en Casa Rosada, mientras el funcionario corrupto que está siendo investigado les miente en la cara frente a toda la audiencia, induciéndolos a pedirle disculpas. Así es como LLA fomenta el rechazo y se cava su propia tumba.
Errores fatales de todo sistema democrático. Porque cuando se les sube el poder -y los millones- a la cabeza, olvidan que la última palabra la tiene el pueblo en las urnas.
El escándalo de Manuel Ladrorni le sumó picante a un escenario complejo para el oficialismo. Y las lenguas de los libertarios arden cada vez más intensamente a medida que se suman condimentos a esta bochornosa causa de enriquecimiento ilícito, que día a día destapa nuevas pruebas irrefutables. No obstante, los hermanos Karina y Javier siguen sosteniendo el vocero y jefe de Gabinete. Sin duda, tendrán motivos, ninguno vinculado a la transparencia que requiere la "moral" que tanto predican.

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