jueves, 23 de abril de 2026

Victoria Villarruel destapó lo peor de la casta y meó a Milei, Menem y Adorni con una picante declaración


 


Política
Con la frente alta y sin dobleces

VIDEO | Victoria Villarruel destapó lo peor de la casta y meó a Milei, Menem y Adorni con una picante declaración

Victoria Villarruel le clava el puñal a la casta oficialista y se va a honrar al Papa con la gente en vez de bancarse al presidemente Javier Milei. (Dibujo: Fernando Rocchia para AGENCIA NOVA)

Victoria Villarruel se bajó de la misa oficial en Luján por el aniversario de la muerte del Papa Francisco y eligió ir a otra iglesia en Almagro, donde Jorge Bergoglio fue bautizado, en un gesto que combinó decisión personal, mensaje político y una crítica directa a sus propios compañeros de espacio. No fue un faltazo más. Fue una señal con destinatarios claros.

Desde ese escenario, lejos del acto donde se concentraron figuras del oficialismo, la vicepresidenta no se guardó nada y calificó a quienes participaron como “lo peor de la casta política”. No apuntó a rivales históricos ni a la oposición, sino a dirigentes que integran el mismo armado que la llevó al poder. El investigado Manuel AdorniDiego Santilli y Martín Menem quedaron expuestos en una frase que rompió cualquier intento de relato ordenado dentro del Gobierno.

Mientras tanto, el presidemente Javier Milei seguía en Israel y dejaba a Villarruel a cargo de la primera magistratura. La expectativa era que encabezara la ceremonia institucional en Luján, pero eligió otra escena, más austera y más alineada con el perfil que intenta sostener desde que empezó a tensarse su vínculo con la Casa Rosada. En lugar de compartir una misa rodeada de funcionarios que son perseguidos por causas de corrupción, optó por una ceremonia con menor carga política y reforzó su discurso de cercanía con la gente.

El contraste no pasó desapercibido. En Luján estuvieron presentes referentes centrales del oficialismo y también dirigentes de la oposición, en una imagen clásica de convivencia política que Villarruel decidió evitar. La vicepresidenta dejó en claro que no quiere quedar atrapada en ese tipo de fotos y que prefiere construir una identidad diferenciada, incluso si eso implica incomodar al propio Gobierno.

El trasfondo de esta jugada no es nuevo. Días antes, Javier Milei había acusado a su vice de intentar boicotearlo y de moverse con agendas propias desde los tiempos en que ambos compartían banca en el Congreso. La referencia al Pacto de Mayo y a supuestas maniobras internas terminó de exponer una relación desgastada que ya no se esconde detrás de formalidades institucionales.

En ese contexto, la decisión de Villarruel funciona como una respuesta sin intermediarios. No salió a cruzarlo directamente, pero eligió un escenario, un mensaje y un momento que dejan en evidencia que la fractura es política, personal y cada vez más pública. Mientras el presidemente lanza acusaciones desde el exterior, su vicepresidenta toma decisiones en el país y marca territorio con una lógica propia.

La escena deja una postal incómoda para el oficialismo. Un Gobierno que llegó prometiendo orden y coherencia interna ahora exhibe disputas abiertas entre sus principales figuras. Villarruel, lejos de retroceder, parece decidida a reforzar su perfil y a diferenciarse incluso cuando eso implica dejar en evidencia las contradicciones del espacio que integra.


 

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