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Editorial
¿Cómo lavar la imagen en tiempo récord?
La coimera y su mascota
Karina Milei sigue digitando los resortes del poder, y su hermano Javier, en el rol de perrito fiel
(Dibujo: Fernando Rocchia para AGENCIA NOVA)
Del “hemos cometido errores” al “acá no ha pasado nada”. Entre esos dos títulos fluctúa el difuso discurso del Gobierno nacional, tras la aplastante derrota bonaerense en las urnas. Un golpazo que no le alcanzó a Javier Milei para levantar el teléfono y felicitar al gobernador, Axel Kicillof, como señal de respeto y gobernabilidad. Tampoco, para reformular medidas que calmen el malestar del electorado, que ya no está dispuesto a sacrificarse por una farsa.
En este escenario convulsionado, las certezas son escasas: Karina Milei, en su carácter de “Jefa” libertaria, se mantiene aferrada al timón de un barco cuyo rumbo no van a modificar, frente a la imagen desdibujada de su hermano, el prescindente fake, quien decide seguir rindiéndole pleitesía a pesar de los escándalos de corrupción que manchan su gestión.
Lejos de forzarlos a una autocrítica, la paliza que sufrió La Libertad Avanza en las urnas tuvo algunos chivos expiatorios, por ejemplo, el armador bonaerense, Sebastián Pareja. Pero siguen orinando fuera del tarro.
La lectura que no logran hacer es que el descontento social no se mide en estrategias políticas, sino en realidades palpables: recorte de medicamentos y de alimentos a comedores populares, jubilados con hambre, salarios pisados contra precios que no dejan de aumentar (índice inflacionario dibujado), economía estancada, veto a leyes de alta sensibilidad social (discapacidad, emergencia pediátrica en el Garrahan, fondos universitarios) y escándalos de corrupción con coimas multimillonarias que van a los bolsillos de los Milei. Un combo explosivo que deriva en una alarmante presión social y una extrema tensión política a poco más de un año y medio de asumir en el poder. Despreciar a los más necesitados tiene su precio…y robar también.
Las consecuencias de una motosierra que ajusta, quita recursos y sube impuestos sin brindar nada a cambio a trabajadores y pymes, no iban a tardar en llegar: una clase media cada vez más endeudada, obligada a usar la tarjeta de crédito o a pedir préstamos personales con intereses a tasas impagables, para poder cubrir gastos elementales de la canasta básica.
El discurso de campaña fue que este plan era necesario para terminar con la casta; lo que omitieron es que la casta iba a estar adentro, con figuritas repetidas pintadas de violeta.
Por supuesto que Javier Milei no sale ileso en este circo. El costo político de su plan de Gobierno es demasiado alto, y hoy se encuentra con varios problemas centrales por resolver: falta de conducción y organización en su espacio, falta de códigos de convivencia con sectores clave de la escena política, un modelo económico que no funciona, y falta de legitimidad producto de los hechos de corrupción. Este último punto ya se refleja en las encuestas, que muestran una abrupta caída de su imagen, con un 57 por ciento de desaprobación.
La falsa premisa de que “No hay plata” también se fue cayendo por decantación tras filtrarse la megaestafa $Libra, las coimas en el ANDIS, las exacerbadas sumas que inyectan en la SIDE para espiar y perseguir a quienes no piensan como libertarios violentos, la baja de impuestos a los ricos, la seguidilla de viajes de paseo al exterior para recibir “premios” personales que nada tienen que ver con el progreso de la Argentina. Incluso hubo plata para pagar sobreprecios a la droguería Suizo Argentina.
En la danza de esta interna ardiente, el bailarín que permanece impoluto es el timbero del "Estado trader": Luis “Toto” Caputo, tan criticado en otras épocas y tan idolatrado ahora por el mandatario nacional. Actualmente, el ministro está obsesionado con un objetivo: mantener el dólar planchado hasta las elecciones legislativas de octubre, aunque eso implique seguir quemando las reservas del Tesoro. Después de esa fecha clave, que explote todo. Eso no les va a importar, como tampoco les ha importado hasta ahora el bienestar de los argentinos.
Por lo pronto, esta semana arranca muy cargada, con Javier Milei encabezando la presentación del Presupuesto 2026, inflexiblemente ligado al equilibrio fiscal -cueste lo que cueste-, con la expectativa de que sea aprobado en ambas cámaras.
Al respecto, Kicillof le recordó al “experto en economía” que a veces la realidad supera la ficción, y que el sentido común le gana a la soberbia: “Milei no escuchó las urnas, y redobló la apuesta en sectores sensibles. No hay problema de déficit… no se le iba a mover la aguja por conservar esas medidas sociales teniendo en cuenta lo que millones que gastan en pagar intereses de títulos públicos. ¿Cómo va a decir que tiene problemas de déficit?”.
En este caos socioeconómico y político, surge un gran interrogante: ¿el Gobierno está dispuesto a corregir fallas en los 40 días que quedan hacia el 26 de octubre? ¿Con qué herramientas piensa revertir la tendencia al rechazo en las urnas? Sus acciones anti justicia social ya tuvieron un contundente correlato electoral.
Hasta ahora, LLA ha demostrado una gran inmadurez para manejar los hilos del poder en función del bienestar del pueblo. Aunque, por el contrario, llegaron a la Casa Rosada muy afilados para sacar tajadas millonarias del Estado al que tanto degradan.
Perfil
Interna libertaria
Milei perdió la calle dominado por una interna de marginales
El presidente perdió la administración de “la calle”, que hasta hace poco controlaba Patricia Bullrich, por convocatorias de colmenas de distintas familias, abejas de la Universidad, de la Salud, de la Educación, de los gremios. Era lo que nunca se debe perder en el gobierno, según el manual del finado Néstor Kirchner
Roberto García
Diario Perfil
Jueves 18 de septiembre de 2025
Javier Milei y el rapto de la Argentina, por Pablo TemesPerdida la Argentina. O extraviada. Justo cuando dos de sus más importantes hombres políticos —al menos, por la categoría que hoy han alcanzado, uno Presidente, el otro a cargo de la más importante provincia del país— decidieron expresarse para mostrar su envergadura, medios y público en general los asumieron frívola y casquivanamente: a Javier Milei ni le atendieron su promoción de la ley de leyes para el 2026, el contenido de un Presupuesto incumplible posiblemente y, a cambio, lo halagaron como un logro democrático que no haya insultado a nadie, mientras en Axel Kicillof se detuvieron a observarlo por la pavada costumbrista de tomar mate a las once de la noche en un estudio de tv cuando se exponía nervioso a conversar en público, por primera vez, con mensajeros no habituales a su cofradía comunicacional: reportaje en el diario Clarín y entrevista con Carlos Pagni. Un personaje trató de levantar en la semana una imagen hundida en las últimas elecciones bonaerenses, el otro intentó galvanizar su rol de altivo triunfador en el mismo acontecimiento. Dos destinos, una mira común e inmediata —el comicio del 26 de octubre—, otra más larga y ríspida: la confrontación en el 2027 por la Casa Rosada. Siempre que las turbulencias climáticas —léase, el cada vez más promovido juicio político, golpe de estado u otro tipo de accidente—le modifique a ambos el cuadro de situación.
Se renueva en este ejercicio, entonces, la mórbida prescindencia de la sociedad a esos intereses personales, a lo que el dúo trama, recita, padece y ambiciona, inclusive a la polémica universitaria que los regodea sobre la genialidad económica de Joseph Maynard Keynes para Kicillof (escribió un libro en ese sentido) o a las perversiones varias del mismo autor para favorecer la casta corrupta según Milei, quien también escribió un libro al respecto. Mercado versus Estado, finalmente. Curioso, ambos se sienten expertos en interpretar al famoso británico, uno para el Bien, otro para el Mal. Ante esa fractura múltiple, gran parte de los ciudadanos prefiere distraerse con el mate del gobernador o la nueva cortesía oral del Jefe de Estado, se aparta como una forma de volver al característico “yo no fui” asumido en casi todas las crisis pasadas. No estuve, no vi, no me di cuenta. Extraviada la Argentina otra vez. Tanto desconcierto que, ahora, en el medio de una nueva eclosión, se regresa al informe de consultores y lecturas de encuestas para imaginar un resultado cierto en las elecciones de octubre. Como apelar a una religión salvadora esa opinión justo cuando el escrutinio de esas empresas y especialistas fue el mayor de todos los fracasos en los comicios provinciales de hace dos domingos. Un enigma poco explicable ese giro. Sigamos con el extravío.
Milei deconstruido: el león domado
Milei, dominado por una interna de marginales con su hermana Karina & los Menem por un lado y un cada vez más desganado Santiago Caputo por el otro —sabiendo las partes que una interna de ese perfil con Carlos Chacho Álvarez detonó el gobierno de Fernando de la Rúa— esbozó un discurso recatado para diseñar el Presupuesto 2026 sobre la base del orden fiscal. Mientras, perdió la administración de “la calle” que hasta hace poco controlaba Patricia Bullrich por convocatorias de colmenas de distintas familias, abejas de la Universidad, de la Salud, de la Educación, de los gremios. Era lo que nunca se debe perder en el gobierno, según el manual del finado Néstor Kirchner, quien se descomponía ante esos fenómenos en su contra. No lo acompañan tampoco a Milei los mercados, en duda frente a sus proyectos teóricos de que en diciembre del 26 el tipo de cambio estará por debajo del actual. Esos anuncios sospechosos generan vulnerabilidad, al margen de las tonteras del campeón Luis Caputo: los inversores locales no creen y los externos desarman posiciones. Saldo: falta de confianza. Si falla en lo que presuntamente sabe, añade otra intolerancia del rubro político: frustrarse en el Congreso con los vetos, retroceder por tránsfugas que lo abandonan y, lo principal, por falta de sensibilidad. Por otorgarle ese término a acusar de mandril a quien perdió el trabajo o de orco al que debió cambiar de colegio al hijo por caída de ingresos. No todos son opositores. Y, como dice Mauricio Macri, “no la ve”, encerrado en su propia esfera, quizás porque él fue un cieguito cuando tuvo el gobierno. Igual apoya, vía Christian Ritondo al menos, aunque el resto del PRO deambula en la nebulosa de un Parlamento hostil. Casi golpista diría el gobierno. No lo ayudan las denuncias de corrupción en su entorno familiar, hasta se unen los medios de New York para endosarle a Karina (y a los Menem) una toxicidad de la que debe carecer una pastelera. Más extravíos: se la fulmina porque habla poco y con limitado vocabulario, en cambio se ensalza al Caputo asesor cuya voz se desconoce, que jamas hablo.
Ni hablar del Kicillof que se apropió de la victoria de los intendentes —quizás porque en verdad, a quien el le ganó fue a Cristina de Kirchner— y junto a su variada colonia peronista (de Juan Grabois a los sindicalistas que van en la lista bonaerense) predican que la solución al déficit es cobrar más impuestos y que el problema de la economía, como dice la viuda presa, es la falta de dólares por las obligaciones de la deuda. Entonces, de colegio primario: no pagarla. Un obcecado de errores pasados, ya que parece convencido de que haber privatizado primero y estatizado después a YPF ha sido una medida correcta por parte de los Kirchner y él mismo (recordar que a las oficinas de la Presidencia de la empresa entraron exclamando con la pregunta ¿dónde esta la plata?), a pesar de que aun los argentinos tienen pendiente una deuda judicial de unos 14 mil millones de dólares por torpezas en ese proceso estatizante. Sin pudor, en su aparición pública —que viene a ser una lanzamiento de campaña— señaló que la estatización correspondía porque Repsol no pensaba invertir un peso más en la petrolera y trasladaba fondos a otros países. Resulta inexplicable que a esa empresa la reemplazaran por otra, amiga del régimen, que nunca podía invertir una solo peso en YPF porque carecía siquiera de una moneda. Inexplicable que después de una década, Kicillof no haya preparado aún una respuesta menos improvisada a esa medida que le restará salud, educación y comida a los descendientes de una Argentina extraviada.
LA NACION > Política
La debilidad de la institución invisible
La confianza es el crédito del que disfrutan los liderazgos que inspiran expectativas positivas; la relación de Javier Milei con una parte de la sociedad comenzó a emitir señales en sentido contrario
18 de septiembre de 2025
LA NACION
Carlos Pagni
Javier Milei por Alfredo SábatJulio María Sanguinetti suele observar que en la vida pública interviene un factor intangible, pero tan decisivo, que él lo denomina “la institución invisible”. Es la confianza. Se trata del crédito del que disfrutan los liderazgos que inspiran expectativas positivas. La relación de Javier Milei con una parte de la sociedad ha comenzado a emitir las señales de un déficit en esa dimensión.
Lo anticipaban algunos estudios de opinión como el Índice de Confianza en el Gobierno y el Índice de Confianza del Consumidor que elabora la Universidad Torcuato Di Tella: ambos registraron una caída de 14 puntos porcentuales entre julio y agosto. Antes de los audios de Diego Spagnuolo detallando un supuesto sistema de coimas, organizado por Karina Milei, en la adquisición de medicamentos para discapacitados.
Que la ciudadanía presuma que una gestión puede producir un progreso es importantísimo para cualquier grupo político. Para La Libertad Avanza (LLA) es vital. Carente de capital institucional, con pocos diputados y senadores, sin gobernadores o intendentes propios, desconectada del mundo sindical, esa fuerza depende mucho más que otras de que las expectativas del público le sean favorables. Esa es la palanca a la que puede recurrir para que el aparato político la ayude a alcanzar sus objetivos. Esa es la palanca que se está fisurando.
Ayer los astros se alinearon para agravar esa percepción de debilidad. Mientras la cotización del dólar oficial tocaba por primera vez, con 1474 pesos, el techo de la banda de flotación establecido por las autoridades económicas, la Cámara de Diputados rechazó por una amplia mayoría los vetos de Milei al financiamiento del hospital Garraham y de las universidades. Estas adversidades se preveían para octubre, en caso de que el oficialismo perdiera los comicios de renovación parlamentaria. Pero se adelantaron en plena campaña electoral. El cambiario y el legislativo son dos vectores que se potencian entre sí.
A la historia le agradan las ironías. El dólar tocó el techo el mismo día en que la Legislatura porteña otorgaba un reconocimiento al Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES), que lidera Roberto Frenkel, por sus 50 años de existencia. Para la nomenclatura oficial, el CEDES sería una especie de jaula mayor del mandrilismo. Cosas que pasan.
El aumento en la cotización de la divisa está impulsado por la creencia en que el Gobierno no podrá mantener el régimen de bandas después de las elecciones del 26 de octubre. Para esa fecha, se presume, el Estado ya no contará con las reservas suficientes como para defender una cotización. Eso sucederá porque los dólares son escasos. Si se calculan las reservas netas líquidas, no son más de 6000 millones. Además, se sospecha que ese monto no es de libre disponibilidad. Cuando otorga sus créditos, el Fondo Monetario Internacional suele establecer pautas para la intervención de los gobiernos en los mercados cambiarios. Tiene que haberse registrado un incremento determinado del tipo de cambio, durante un lapso también prestablecido.
Son restricciones clásicas, que se volverán más severas por una novedad: al frente del Departamento para el Hemisferio Occidental del Fondo, que comandaba el chileno Rodrigo Valdés, fue designado Nigel Chalk. Es un economista con larga trayectoria en el organismo, que trabajó durante años a la sombra de David Lipton, el subdirector que mortificó a Luis “Toto” Caputo, presidente del Central durante el gobierno de Mauricio Macri, impidiéndole usar reservas para frenar la cotización del dólar. Con Chalk, Caputo tal vez se enfrente a la misma pesadilla.
Quiere decir que Caputo y Santiago Bausili tienen las manos atadas para contener una disparada del dólar. Imposible pensar en que sigan estimulando una suba en la tasa de interés. Esa estrategia, muy recesiva, no funcionó. Peor aún, hay financistas que suponen que, al llevar el costo del crédito a niveles exorbitantes, el Gobierno logró el efecto contrario al que buscaba: que los inversores, alarmados, corran a comprar más dólares. Si se miran las curvas cambiarias, parece que le hubieran hecho caso al ministro que les ordenó, a fines de junio, “comprá campeón”.
Contra lo que le recomendaban algunos funcionarios del equipo económico alineados con el Fondo, Milei se resistió a que el Estado privilegie la compra de reservas. Temía que esa política presione sobre el precio del dólar y, por esa vía, estimule la inflación. El Presidente se propuso defender el peso y, en esa opción, terminó haciendo peligrar el crédito. “¿Peso o crédito? ¿Qué privilegia el Gobierno? Ese es el dilema”, sostiene, hamletiano, Ricardo López Murphy.
Como los mercados saben que Milei ha sacralizado el objetivo de contener la inflación y, por lo tanto, de fijar el precio del dólar comprometiendo la cantidad de reservas del Banco Central, los tenedores de bonos se deshacen de sus papeles, especulando con que podrían aparecer dificultades para pagarlos. En consecuencia, el índice de riesgo país alcanza niveles elevados: ayer tocó los 1260 puntos.
El comportamiento de estas variables sugiere que la economía podría tener otra configuración durante la segunda mitad del mandato de Milei. Con un costo del crédito como el que consigna el índice de riesgo de ayer, es impensable que la Argentina pueda financiarse en el mercado voluntario de deuda. En una visión del futuro recalibrada, con un triunfo electoral en octubre, el índice volvería a algo así como 800 puntos. Por lo tanto, habría que “vivir con lo nuestro”. Eso quiere decir que el Banco Central debería empeñarse en aumentar sus reservas, lo que implicaría un dólar más caro. Es decir, un dólar más favorable a las exportaciones a través de las cuales se generaría ese superávit de comercio con el que se quedaría el Central. Las importaciones no serían, por un tiempo, tan caudalosas como hoy. Un cuadro que promete menos consumo y menos actividad. En otras palabras: la acumulación de reservas ofrecería un contexto más adverso para acumular poder político.
¿Se podría pensar en que hubo un muy mal manejo del tiempo, ese insumo estratégico de la política? Milei se resistió a comprar reservas cuando era más fácil hacerlo. Y se resistió a seducir aliados cuando inducía a una fantasía más clara de poder. En su discurso del lunes por la noche prometió “trabajar codo a codo con gobernadores, diputados y senadores” para encarar la nueva etapa. Ayer desde el Congreso le demostraron que para esa convocatoria ya no existe la disponibilidad de antes. Muchos legisladores pasaron del voto positivo a la abstención, o de la abstención a la oposición. Si se pone la lupa sobre la votación, diputado por diputado, aparece una evidencia: el Gobierno se estrelló contra todos sus aliados. Consiguió, sí, que para iniciativas más agresivas diputados del Pro y del radicalismo abandonaran el recinto para que la sesión quede sin quorum.
Para reaccionar frente a la derrota bonaerense, el Gobierno publicitó la creación de varias “mesas”. Es decir, grupos de dirigentes para coordinar iniciativas. Marketing para pasar el mal momento. La novedad más importante fue otra: Milei dispuso que tres funcionarios del máximo nivel comiencen una negociación con los gobernadores para alinear al Poder Legislativo. Esos tres colaboradores son el jefe de Gabinete, Guillermo Francos; el ministro del Interior, Lisandro Catalán; y el de Economía, Caputo. El cambio más relevante es la presencia de Caputo. Hasta ahora el estoico Francos venía negociando con la dirigencia del Interior, ad referéndum de las decisiones muchas veces frustrantes del Palacio de Hacienda. Ahora el titular de esa cartera estará sentado a la mesa para que lo que se promete se cumpla.
La materia de conversación también es inédita. Ya no se discutirán concesiones individuales para cada provincia. Se hablará del presupuesto nacional, que fija pautas para las relaciones fiscales federales. Es una buena noticia. Pero también presenta un inconveniente. La ley que la Casa Rosada propone a los gobernadores, como instancia previa a la discusión en el parlamento, ya es vieja. Supone que la inflación del año próximo será de 10%, un objetivo fantasioso para la cotización del dólar que derivará de una política de adquisición de reservas. Esta variable tampoco está incorporada, por eso el texto presupone que el dólar se mantendrá en los niveles actuales. ¿Se puede creer que, en las nuevas coordenadas, la Argentina crecerá durante 2026 un 5%? Hay derecho a dudar.
De todos modos, la transacción con los mandatarios provinciales no será homogénea. Hay aliados más o menos convencidos, como Rogelio Frigerio. O el radical Alfredo Cornejo. Cooperan con el Gobierno, a pesar de los destratos. En otro bloque se inscriben los gobernadores de Provincias Unidas, que compiten con La Libertad Avanza en sus distritos: son Martín Llaryora (Córdoba), Maximiliano Pullaro (Santa Fe), Carlos Sadir (Jujuy), Claudio Vidal (Santa Cruz), Ignacio Torres (Chubut) y Gustavo Valdés (Corrientes).
El caso de Torres es peculiar, porque mantiene una relación más o menos amigable con Santiago Caputo gracias a la común amistad con los inquietos hermanos Neuss. Un tercer alineamiento es más resbaladizo: lo llaman el “Grupo Move”, que es el nombre de la consultora del mismo Caputo, que sería contratada por esas provincias. Allí estarían Rolando Figueroa (Neuquén), Alberto Weretilneck (Río Negro), Raúl Jalil (Catamarca) y, se asegura, Sergio Ziliotto (La Pampa). La lista es hipotética, por la naturaleza del agrupamiento. Como siempre, la política está viciada por paranoias: ¿es verdad que hay gobernadores que fueron amenazados con recibir menos aportes del Estado nacional porque se resistieron a contratar a la empresa del “Mago del Kremlin”? Habladurías.
Los interrogantes sobre los indicadores económicos abren una incógnita inquietante: ¿el Congreso tratará la ley que envió el Poder Ejecutivo o pedirá que se elabore otra, con otras nuevas pautas? La pregunta es pertinente porque, como se advirtió ayer, los diputados y senadores con los que deberá lidiar Milei son mucho menos concesivos. En partidos aliados, como Pro, aparecen disidencias. La más dramática fue ayer la de Silvia Lospennato. No porque su posición contraria a los vetos fuera demasiado corrosiva. La señal de que el oficialismo atraviesa una hora dramática en el parlamento la proporcionó Cristian “Pucho” Ritondo con su violenta reacción frente a Lospennato. Es natural que Ritondo esté más exaltado que de costumbre: es uno de los mariscales de la derrota bonaerense, en especial porque los intendentes que tiene como aliados perdieron en sus municipios. Por supuesto, el conflicto es más profundo. El jefe del bloque del Pro llevó a su partido a una alianza que, a la luz de la nueva escena, parece catastrófica. En el momento en que un sector importante del electorado busca una opción distinta de LLA, Pro cerró sus puertas para subsumirse en el oficialismo.
El caso Lospennato, de todos modos, es una muestra interesante de lo que puede suceder. Su conducta frente a la Presidencia no es una consecuencia de las malhadadas estrategias de Ritondo y de Diego Santilli. Lospennato fue maltratada por las autoridades, en especial por Milei, durante la campaña porteña. Algo similar a lo que sucedió con Luis Juez hace pocos días. En la gran escalera de la Casa Rosada debería fijarse un cartel con esta leyenda: “No pise a nadie al subir. Se lo puede encontrar al bajar”.
Uno de los grandes enigmas de la vida pública de estos días se refiere al poder predictivo de las elecciones bonaerenses. ¿Fueron la primera estación de un calvario de derrotas para Milei? Es imposible saberlo, porque se trató de comicios tan atípicos que no hay forma de compararlos. Ni del pasado ni del futuro. Es verdad que, si se dan por ciertas algunas informaciones, la Casa Rosada enfrenta malos augurios. ¿Es cierto que en Córdoba la imagen del Presidente se derrumbó? Por la idiosincrasia de ese electorado, que le dio un triunfo arrasador a Macri cuando perdió la presidencia, sería un cambio de primera magnitud. Mañana Milei estará allí.
Se podría suponer que la derrota bonaerense de LLA fue un episodio local, determinado por factores que pueden revertirse. Sin embargo, tuvo un efecto tan impactante sobre el paisaje general que deterioró el clima público, sobre todo el económico, hasta niveles que modifican el significado de los comicios de octubre. Ahora una victoria de Milei en las elecciones generales serviría, no ya para lanzar a su administración hacia una nueva frontera de reformas, sino para reubicarla en la situación en la que estaba antes de ese fracaso.
El mensaje que emitió el Gobierno después de la caída hace juego con esa gravedad. Milei salió a escena a ofrecer un mayor gasto “humanitario” en relación con los jubilados, los discapacitados y el sistema educativo. Una promesa incierta, porque se basa en un presupuesto de fantasía. Una curiosidad: frente a ese discurso del lunes, los vetos que los diputados oficialistas defendieron ayer quedaron anacrónicos. Milei prometió también iniciar una etapa de consenso, negociando con la “casta”. Y envió un presupuesto al Congreso con una pauta de superávit fiscal más modesta que la que se había pactado con el Fondo. Es decir, a partir de la derrota bonaerense, el Presidente parece haber renunciado a la esencia de su experimento. Parece haber renunciado a ejecutar una reforma radical. No tanto porque le falte vocación. Lo que se redujo es el margen de maniobra. Para ponerlo en términos más convencionales: la Argentina está ahora frente a otro Milei. Un Milei gradualista. Con perdón de la palabra.
Por Carlos Pagni