LA NACION > Ideas
Milei ante el peligroso filo de un para qué
27 de junio de 2026
LA NACION
Sergio Suppo
Javier Milei por Alfredo Sabat
Como enseñara Roberto Fontanarrosa, al igual que entre dos mundiales, de una elección presidencial a la siguiente eso que ocurre suele ser la vida de los votantes.
Ese tránsito entre una decisión y la siguiente ofrece en un país harto del fracaso de sus gobernantes enormes oportunidades de cambio. Javier Milei aprovechó esa secuencia provocada por la ruinosa gestión de Alberto Fernández y Cristina Kirchner.
Estos cuatro años que corren hacia la próxima designación de un presidente han sido bien diferentes aquellos días de pandemia, insufribles peleas entre el presidente y su vice y agotamiento de todas las recetas kirchneristas. Fracasó hasta el experimento de poner un pseudo presidente en el ministerio de Economía en un intento desesperado por evitar hundirse todos juntos.
Milei puede tropezar si la economía de los grandes números no empieza a conectar con la economía personal, la del metro cuadrado de cada votante
Milei se dirige a buscar su reelección convencido de que obtendrá un reconocimiento al estilo del que recibió el año pasado en las elecciones parlamentarias. Analiza los indicadores macroeconómicos y se convence de que no tendrá rivales: esos números confirman su promesa de aplicar la motosierra al gasto público y reducir la inflación (en proceso). Y también dejan ver la magnitud del esfuerzo social y el fuerte reformateo que hace crujir parte de la estructura productiva.
Milei ganó con la promesa de un ajuste puro y duro para acomodar las cuentas públicas y para encaminar al país hacia un régimen capitalista abierto e integrado al mundo, libre de proteccionismos y subsidios.
Aunque pedirá otros cuatro años para completar esa tarea inconclusa, puede decirse a sí mismo que ha cumplido como para que lo reelijan. El asunto para él es que la mayoría de los argentinos coincidan; nada es tan sencillo.
Envuelto en un visible fanatismo por sí mismo y sus realizaciones, Milei puede tropezar si la economía de los grandes números no empieza a conectar con la economía personal, la del metro cuadrado de cada votante.
El dilema del Presidente es mostrar que el enorme esfuerzo realizado tiene un sentido para quienes lo hicieron. Y esa motivación no puede agotarse en contemplar los grandes números, en términos generales encaminados hacia la normalización de un crónico desquicio inflacionario originado en un gasto público desorbitado.
El vínculo entre el ajuste general y la situación personal es lo que alimenta la decisión electoral que ocurrirá dentro de un año y medio
El vínculo entre lo general y lo particular es lo que alimenta la decisión electoral que ocurrirá dentro de un año y medio. No se trata sólo de los datos que promedian la realidad. Ocurre en la economía real una transición necesaria pero dolorosa, teñida de colores distintos, de ilusiones y angustias.
Una cosa es el vertiginoso despegue de las provincias cordilleranas sometidas como en el caso de Neuquén a un crecimiento intenso y desafiante. Otra es la alternativa que tomaron las provincias mineras, donde las inversiones de los grandes emprendimientos todavía tardarán algunos años en volcarse. Más allá, el centro agropecuario del país vive con ilusión la posibilidad de que alguna vez le saquen del todo las retenciones.
Distinta es la suerte de la industria pequeña y mediana. Y todavía más angustiante es la visible caída del consumo que paraliza la actividad comercial, provoca infinidad de cierres y, en el mejor de los casos, obliga a fuertes reingenierías de costos para afrontar la sobrevivencia.
El cuadro en términos generales se completa con un elemento de una fuerte correlación electoral: el bolsillo de cada uno. La estadística indica que una parte de los empleados registrados han logrado mantener su nivel salarial en relación con la inflación.
Menos decisivo que el bolsillo, pero en cualquier caso un factor a considerar en términos electorales es la renuncia de La Libertad Avanza a ser la contracara moral del kirchnerismo
Otra parte, los empleados públicos de todas las áreas, han sufrido una caída de sus ingresos como consecuencia de los recortes al gasto que ejecuta la Nación y que a desgano se vieron obligados a realizar también provincias y municipios.
Hay una manera distinta de mirar el bolsillo. La composición del gasto familiar cambió dramáticamente en algunos casos una vez que los servicios aumentaron por encima de la inflación al despojarse de gran parte de los subsidios estatales. La adaptación a esa realidad no fue fácil, mucho menos cuando se agregó a la estrechez el miedo a perder el trabajo en la industria o en el comercio.
La transformación o lisa y llanamente la desaparición de sectores que quedaron al desnudo en su falta de competitividad es una fase de este proceso que por esperable y explicable nunca será celebrada por sus víctimas. Los últimos indicadores laborales reflejan un aumento de la desocupación en áreas fabriles y un crecimiento de los empleos precarios.
Esas situaciones pueden tener un reflejo electoral en las zonas más pobladas del país; pensar lo contrario puede ser un error muy caro para los libertarios.
El punto por descubrir en medio de los discursos auto celebratorios y las promesas de acelerar en las curvas es si la economía que determina Milei dará alguna señal de esperanza.
En una frase: Es razonable esperar que el esfuerzo generalizado tendrá una recompensa para quienes lo hicieron. Y en un lapso más corto que el suelen llevar transformaciones tan profundas como las que el país decidió afrontar cuando eligió a Milei la primera vez.
Menos decisivo que el bolsillo de cada uno y de la comprensión de mantener el esfuerzo es la renuncia de La Libertad Avanza a ser la contracara moral del kirchnerismo.
En la segunda vuelta de 2023, Milei logró más de veinte puntos porcentuales procedentes de Juntos por el Cambio, la fuerza que hasta entonces lideraba la oposición a Cristina Kirchner.
La condena a la corrupción nunca fue un valor central en la Argentina, pero siempre fue complementario y hasta decisivo para explicar fracasos como el del kirchnerismo en el manejo de la economía.
Tanto la protección a Manuel Adorni como las sospechas centradas en escándalos que refieren directamente a Milei y a su hermana dejan la evidencia de que los libertarios son en ese sentido una versión posmoderna del menemismo, aquel antecesor de los latrocinios que durante más tiempo y más ahínco representó la versión kirchnerista del peronismo.
La evasión impositiva de Adorni es acompañada por una peligrosa evasión de la realidad política de Milei. Esas cuentas suelen ser muy caras.
Por Sergio Suppo


No hay comentarios.:
Publicar un comentario