sábado, 6 de junio de 2026

Qué clase de león es Javier Milei


 

 Qué clase de león es Javier Milei 


Asoma la política y pone en problemas a la singular iconografía mileísta 


Sergio Suppo


La Nacion


06 jun. 2026



Javier Milei y Patricia Bullrich por Alfredo Sabat


Milei es el rey león, según la iconografía a tiro de un prompt simple pedido a la IA. Se supone que él ordena, cuida, protege e imparte castigos sin necesitar más ayuda que su propia fuerza y sabiduría.


En lo nuevo, siempre aparece esa vieja predilección autoritaria arrastrada por lejanos vientos de las historias monárquicas, las jefaturas cuarteleras y los caudillismos regionales.


El Presidente aprendió el arte de la conducción arrastrando su desprecio por los laberintos políticos. Es lo que explica que haya delegado en su hermana Karina el armado de la fuerza política que no existía cuando desembarcaron en la Casa Rosada.


Y lo que genera un problema de funcionamiento que pretende la obediencia plena entre actores de distintos tamaño e historia. Unos se subordinaron de una vez, otros se permiten ejercer una divergencia que desafía el desentendimiento de esos asuntos terrenales que Milei exhibe como un valor.


No hay una única forma de ser un jefe político, pero no hay ninguna en la que ese líder evite tomar decisiones y las desplace hacia otras personas. Ocupado solo de la economía, Milei ha logrado, y no es poco sino más bien extraordinario, que desde que gobierna el sistema político gire a su alrededor, desplazando a un costado el antiguo sol, el peronismo.


La acumulación de poder resulta de su ataque frontal a la realidad económica que prometió cambiar. Fue posible a partir de la desarticulación y desbande de las fuerzas que habían confrontado contra el kirchnerismo y de la crisis del propio peronismo dominado por los Kirchner durante el último cuarto de siglo.


Desde un grupo mínimo original, el armado electoral con ayuda de fragmentos semiclandestinos del peronismo que lo alimentó para perjudicar a Juntos para el Cambio, hasta el desplazamiento de dirigentes y sectores que se subieron al tren libertario porque vieron que había lugar y hacían falta pasajeros.


Hay en esa obra construida mientras se gobierna mucho de improvisación. La lista de funcionarios despedidos es mucho más larga que la de los equipos de reserva disponibles para compensar esos despidos repentinos y motivados, en muchos casos, por causas menores.


Es una administración poblada de desconocidos entre sí cuyos antecedentes muestran a los nuevos libertarios como viejos menemistas, antiguos kirchneristas o recientes macristas.


Milei no se ocupa en persona de administrar su propio poder. No le interesa, desprecia y lo alteran los problemas políticos, las internas. Escapa de ellas y confía en su hermana semejante trabajo. Karina armó un equipo de asistentes entrenado en las antiguas artes menemistas.


No es posible una comparación con Carlos Menem, que llegó a la presidencia al cabo de 40 años de militancia en el peronismo y que tenía un estilo que combinaba la relación personal, la delegación de trabajo y la administración de los conflictos como una forma de garantizar su jefatura.


Milei y su hermana apelan al rompimiento y a la expulsión como una demostración de autoridad. Al cabo de dos años en el poder, cuando armaron las listas para las elecciones legislativas de octubre pasado, hicieron la menor cantidad de acuerdos posibles y exigieron una subordinación total a las órdenes de Karina. Muchos de los candidatos fueron incorporados luego de prometer votar sin preguntar.


Existen en el universo libertario al menos tres categorías: los mileístas originales, ahora divididos entre los responden a Karina Milei y a Santiago Caputo. En segundo lugar, los que llegaron cuando Milei ya estaba en el poder o a punto de acceder a él. Y, en tercer lugar, los aliados más o menos transitorios, algunos de los cuales llegaron a afiliarse a la Libertad Avanza y otros no dieron ese paso.


En ese último grupo, Patricia Bullrich volvió a avisar esta semana que no se subordina sino a sus propios intereses y que su propósito de diferenciarse de lo que considera errores de los hermanos Milei es un derecho ganado a cambio de haber aceptado incorporarse a sus filas.


La senadora saltó con su gente del PRO a La Libertad Avanza, una maniobra que repitió a lo largo de más de cuarenta años yendo de partido en partido. Este último pase fue en busca de un espacio de poder que alguna vez le permita gobernar por sí misma, empezando por la ciudad de Buenos Aires.


No es una casualidad que haya remachado la suerte de candidato de Manuel Adorni al exigirle al j efe de Gabinete que presente de una buena vez su declaración de bienes. El lunes hizo notar su disidencia con el retiro del pliego para nombrar camarista federal a María Victoria Michelli.


Era su forma de marcar su diferencia con la arbitraria represalia contra el periodista Hugo Alconada Mon, cuñado de Michelli. Dicho más directamente, Bullrich avisó a Karina que no soporta sus arrebatos y la previno que ella misma no quiere ser víctima de uno de ellos.


El miércoles ambas posaron para una foto como para dar por terminado el tema. ¿ Será así?


Bullrich empezó a mirar con atención los pasos de Mauricio Macri, en su proyecto de armar un sector intermedio, una tercera candidatura presidencial entre el kirchnerismo y la reelección a la que aspira Milei.


La administración de esos desafíos será un asunto que se multiplicará por decenas en lo que resta del año. El armado político de 2027 ya empezó en las provincias, ahí donde hay aliados que no quieren imposiciones y los libertarios quieren poner su propia gente.


Se llama política. El león no esperaba tener que renegar tanto con otros animales.




 

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