miércoles, 29 de julio de 2026

Vuelve el Club de la Pelea


 

 Regresa la interna


Vuelve el Club de la Pelea 


Con la derrota ante España, se inició una nueva era en la política. El paso uno es la visita de Kristalina Georgieva. Lo que permanece son las tensiones oficialistas


Nelson Castro


Diario Perfil



Poderoso el Chiqui Tapia por Pablo Temes 


El Mundial se terminó. Y con ello, esas dos semanas de emoción y encantamiento que produjeron las actuaciones de la Selección nacional, que, con sus remontadas épicas ante Egipto e Inglaterra, impactó y conmovió literalmente al mundo. Es asimismo impactante ver cómo de ese estado de valoración –y, por qué no, de admiración– del temple y capacidad para hacer frente a la adversidad por parte de Lionel Messi y el resto del equipo, se pasó –en cuestión de horas– a la construcción de un submundo de intrigas y maniobras espurias que supuestamente obligaron a la Selección a jugar a menos a fin de proteger al presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, Claudio “Chiqui” Tapia, de posibles acciones judiciales en su contra a causa del así llamado por muchos Afagate. La verdad es que, tal como lo han señalado y reconocido tanto todos los jugadores así como Lionel Scaloni y el resto de sus colaboradores, Argentina perdió porque España fue claramente mejor y superior durante todo el partido que se jugó en le MetLife Stadium de New Jersey.




La misma parábola se puede aplicar respecto de las opiniones sobre los argentinos. Las hinchadas argentinas que coparon estadios a más de plazas y parques con los ya clásicos banderazos despertando el elogio de muchos, pasaron a ser representantes de un país racista e intolerante. No es la primera vez que pasa algo así durante y luego de una Copa del Mundo. Lo que sí ha sido novedoso es haber visto a artistas y protagonistas de la cultura involucrarse en estas polémicas inconducentes para después tener que salir a disculparse por sus dichos y a hacer aclaraciones que, en la mayoría de los casos, nada aclaran y mucho obscurecen.


Ya pasado, entonces, el interregno del Mundial, la realidad –que nunca se fue– emerge con toda su fuerza incontenible y problemática, aquí y en todo el mundo.


Los datos de la economía muestran que el tiempo de la bonanza está todavía lejano. La caída de la recaudación es un dato ilustrativo del deterioro de la actividad económica. El consumo sigue deprimido y, a partir de ello, no hay círculo virtuoso posible. Es verdad que hay inversiones fenomenales en el área de la actividad energética, pero eso solo no alcanza para generar bienestar para todos. A propósito de esto, un apunte: en la mayoría de los conglomerados poblacionales satelitales a eso focos de riqueza, se ven condiciones de infraestructura y precariedad alarmantes. El verdadero desarrollo exige que en esos lugares haya servicios, rutas, autopistas, caminos, comunicaciones, escuelas y hospitales de primera calidad. Solo así se puede generar un federalismo genuino. Todo lo que se aleja de ese patrón representa el subdesarrollo, no importa cuán grande sea el volumen de exportaciones e ingreso de divisas generadas. Hace poco, el intendente de Añelo, el pueblo devenido en ciudad absolutamente sobrepasado por el fenómeno de Vaca Muerta, Fernando Vanderette hizo un pedido para que los grupos familiares no se desplacen a la ciudad sin tener asegurado un puesto de trabajo. La causa de este pedido es muy simple: la infraestructura actual no está preparada para el arribo de una incesante y creciente cantidad de personas que llegan con la esperanza de forjarse un futuro mejor en esa tierra de promisión.


El Gobierno sigue bregando denodadamente para lograr que aquellos que tengan grandes cantidades atesoradas fuera del circuito formal los ingresen al sistema formal, es decir, que los saquen del colchón. Por lo que se vio - sobre todo en las últimas dos semanas - el único incentivo importante que tuvieron muchos para proceder a esa movida fue la de usarlos para pagar el viaje, la estadía y las entradas para asistir a los partidos de la selección nacional contra Suiza, Inglaterra y España.


Mañana lunes llegará al país la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva. La última vez que la máxima autoridad del organismo visitó la Argentina fue en ocasión de la cumbre del G20 que se desarrolló del 29 al 1° de diciembre de 2018. Recuérdese que la predecesora de Georgieva, Christine Lagarde, jugó –junto al entonces presidente de los Estados Unidos– un rol clave en el otorgamiento del préstamo del FMI a la Argentina.


En el Gobierno se ilusionan con algo más que meras declaraciones de apoyo por parte de Georgieva, una mujer de nacionalidad búlgara de amables modales, pero de carácter firme. Su agenda incluye una visita a Vaca Muerta. Incluirá una recorrida por Añelo, donde palpará el contraste antes señalado. Más allá de las fotos y las palabras de aliento y reconocimiento tanto hacia Javier Milei como hacia Luis Caputo, no está claro si este viaje de Georgieva servirá para abrir las arcas del Organismo a fin de ayudar al gobierno a hacer frente a los elevados montos de pago de la agenda de vencimientos programados para el año venidero.


Como efecto pos-Mundial también hay que mencionar la vuelta con toda su intensidad del así llamado “Club de la Pelea” de la política vernácula. A las riñas ya existentes dentro del oficialismo entre Karina Milei y Santiago Caputo, en el kirchnerismo entre Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kicillof, hay que agregar la que se ha iniciado entre Mauricio Macri y su primo Jorge Macri. Parece algo insólito, pero es así. Esto representa un mojón más en el derrotero de pérdida de poder político del ex presidente, a quien ninguna encuesta –más o menos seria– le asigna chance alguna para ganar la elección presidencial el año próximo. En medio de tanta riña sería menester que todos los mencionados se ocuparan en algún momento de los que –como lo dijo Lionel Messi– no llegan a fin de mes. Es lo que le prometen hacer todos los días. Es lo que, en verdad, no hacen ningún día.


 

Un presidente con el método del escrache


 

 LA NACION > Política 


Un presidente con el método del escrache 


¿El ataque a Lula es una estrategia sobreactuada de Milei ante una sugestión de Trump o responde a la necesidad de Milei de volver a la furia que lo hizo presidente en 2023?


LA NACION 


Joaquín Morales Solá



Javier Milei y Lula da Silva por Alfredo Sábat


Nada podría ser como parece. Un alto funcionario del Gobierno aseguraba ayer que el alboroto de Javier Milei en Brasil, durante el furioso fin de semana último, fue una sobreactuación del presidente argentino por una sugerencia de Donald Trump para que ayude a la familia Bolsonaro en el país vecino y perjudique al actual mandatario brasileño Lula da Silva. Lula buscará la reelección frente a Flávio Bolsonaro el próximo 4 de octubre; este Bolsonaro es hijo del expresidente de ese país, Jair Bolsonaro, condenado por el Tribunal Supremo de Justicia a 27 años de cárcel por el delito de liderar una organización criminal que intentó un golpe de Estado en 2023 para impedir que Lula asumiera la presidencia. Pero ningún funcionario del Gobierno dice saber si Trump le pidió tanto a Milei o si este decidió por su cuenta llegar hasta donde ningún otro presidente argentino había llegado en sus controversias internacionales.


En ese mismo fin de semana, Milei vio desde un stand de la Exposición Rural a José Ignacio de Mendiguren y le gritó, desaforado, “ladrón”. De Mendiguren fue un mal ministro de Duhalde y, más tarde, se camufló como presidente de la Unión Industrial cuando ya tenía el corazón cooptado por el peronismo massista. Con todo, un presidente de la Nación que se precie no puede imitar los modos del escrache que inauguraron aquí Quebracho y La Cámpora.


Sin duda, los desmanes que Milei protagonizó en Brasil fueron peores porque comprometieron con sorprendente inconsciencia el futuro de su país. Bolsonaro padre está bajo el régimen de prisión domiciliaria por su delicado estado de salud. La decisión de prorrogar la prisión domiciliaria del expresidente brasileño de forma indefinida la tomó el vicepresidente de ese Tribunal, Alexandre de Moraes, el mismo que decidió prohibirle a Milei que visitara al patriarca de los Bolsonaro en su casa cuando fue a Brasil en el fin de semana, que el Presidente convirtió aquí y allá en días de saña y delirio. De Moraes, tildado por Milei de “basura calva”, argumentó que Bolsonaro no podrá recibir visitas políticas antes de las elecciones presidenciales de octubre.


Nunca antes se había visto a un presidente tratar de la manera que Milei trató a Lula o a un juez supremo de un país extranjero sin que estos le hayan hecho nada ni le hayan dicho nada. Pero, ¿es una estrategia sobreactuada de Milei ante una sugestión de Trump o responde de algún modo a la necesidad de Milei de volver a la furia que lo hizo presidente en 2023? Las últimas encuestas en poder del gobierno indican que el Presidente está en el límite mismo, o por debajo del límite, de su reelección en primera vuelta dentro de más de un año. La última encuesta de Poliarquía coincide con aquellas mediciones. Si su porcentaje de votos en octubre de 2027 fuera de menos del 40 por ciento, Milei deberá ir a una segunda ronda electoral con el segundo candidato más votado. Y no importará la diferencia de votos en la primera vuelta de esos comicios. No obstante, nada justifica semejante empellón verbal y público del mandatario argentino a un presidente votado por su sociedad, en abierta campaña, además, a favor del candidato opositor a Lula. Si eso no es injerencia en los asuntos internos de otro país las palabras habrán perdido su sentido.


Milei, ni su canciller, Pablo Quirno, quien aplaudió al presidente argentino durante su diatriba contra Lula, tuvieron en cuenta los datos económicos que deberían prevalecer por encima de las ideologías. La influencia de la ideología en la política exterior es nociva si la aplica Cristina Kirchner, que la aplicó, o si la practica Milei. La única frontera que no existe para impedir el principio de no injerencia en asuntos internos de otro país son la violación de los derechos humanos o la ruptura del orden democrático mediante un golpe de Estado en un determinado país. Esta es una regla nueva, que antes no existía en la política internacional. Por eso, Fidel Castro estuvo tantos años en el poder refugiado injustamente en ese principio. De todos modos, la progresía o el liberalismo de sus gobernantes no son motivos para alterar las relaciones entre dos países.



La falta de respeto a la investidura presidencial de otro presidente le resta autoridad moral a un jefe del Estado para reclamar el respeto a su propia investidura. En síntesis, lo que Milei provocó con Brasil tiene el tamaño de una gravedad nunca vista antes. Para empeorar las cosas, este martes se sumó a la polémica la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, en solidaridad con Lula y con serios cuestionamientos a Milei por la forma con que trató al mandatario brasileño. México y Brasil son las dos principales economías de América Latina.


Aunque esa no es la razón principal por la que todos los presidentes deben respetar a sus colegas, es oportuno recordar que Brasil es el principal socio comercial de la Argentina y que el comercio bilateral es de unos 30.000 millones de dólares anuales. Brasil es también el principal destino de las exportaciones industriales argentinas; ambos países, nucleados en el Mercosur, constituyen el principal mercado exportador de productos agropecuarios del mundo. Por eso extrañó aún más la presencia risueña y despreocupada al lado de Milei del canciller Quirno, que es también un economista diplomado en la Universidad de Pensilvania, en los Estados Unidos. Sabe, por lo tanto, la importancia real y estratégica de Brasil para la economía argentina.


Lula ha hecho también sus travesuras en la Argentina. Estuvo muy cerca de Daniel Scioli, en 2015, cuando este compitió con Mauricio Macri; dicen que le confesaba al entonces perdidoso candidato peronista (actual mileísta convencido, vale recordar) que su triunfo era esencial para conservar una línea progresista en América Latina y se puso abiertamente de su lado. Luego, fracasado el intento de aupar a Scioli a la presidencia, en 2019 se ocupó personalmente de apoyar a Alberto Fernández, a quien recibió en la sede de la Policía Federal de Curitiba, donde estaba preso acusado de corrupción; el político argentino era en ese momento solo un candidato que enfrentaba a Macri para impedir la reelección de este. Lo logró.


Antes, Alberto Fernández y el excanciller de Lula, Celso Amorim, recorrieron el mundo en defensa del expresidente brasileño que sobrellevaba acusaciones de prácticas corruptas. Por esos trámites, Alberto Fernández conoció al papa Francisco, a quien había visto de casualidad una sola vez cuando el entonces Pontífice era el cardenal de Buenos Aires. En 2023, Lula le envió unos veinte asesores electorales a Sergio Massa cuando este competía contra Milei por la presidencia. Lula siempre invocó la importancia de la Argentina en la configuración ideológica de América Latina. Fue improcedente que un presidente extranjero incursionara en cuestiones internas argentinas, pero Milei rompió todos los moldes previos cuando lo llamó a Lula “ladrón” y “presidiario”. Lula se metió en cruciales elecciones argentinas, pero nunca insultó a ningún presidente argentino, al menos públicamente.


Hasta hace poco, los presidentes convivían pacíficamente en el mundo con presidentes de otras ideologías. Trump rompió esa tradición cuando comenzó a agredir verbalmente a sus propios aliados de Europa o cuando descerrajó una guerra innecesaria contra Irán, a pesar de que el régimen de Teherán mereció siempre la protesta internacional por sus opresiones a los ciudadanos iraníes y por su promoción de atentados en países extranjeros, como los dos que impulsó y financió en la Argentina. En América Latina sucedía lo mismo. De hecho, hasta la misma Cristina Kirchner se llevó muy bien con Sebastián Piñera, el presidente chileno de derecha moderada que gobernó su país durante casi todo su primer mandato con la expresidenta argentina también en funciones en su país. Macri cohabitó en el sur de América con el progresista Tabaré Vázquez en Uruguay. El propio Tabaré Vázquez confesó luego que “con Macri resolví en 10 minutos cuestiones bilaterales que no había podido resolver con el kirchnerismo durante años”.


La chilena Michelle Bachelet fue presidente cuando Macri lo era de su país; Bachelet tiene una larga carrera política en el socialismo chileno, que formó parte de la Concertación, una alianza de centroizquierda que gobernó Chile desde el fin de Pinochet, en 1990, hasta el arribo de outsider Gabriel Boric en 2022, aunque ese período de 32 años incluyó también dos mandatos de Piñera, que no perteneció a la Concertación. Macri y Bachelet convivieron sin sobresaltos. Piñera y la concertación eran el establishment político chileno hasta que llegaron los outsiders Boric, de izquierda, y el actual José Antonio Kast, de derecha. Ni Boric ni Kast cometieron las transgresiones del presidente argentino. No todos los outsiders son lo mismo. A Macri, presidente de la Argentina en ese momento, le tocó también reunirse dos veces con la entonces presidenta brasileña, Dilma Rousseff, del lulista Partido de los Trabajadores, y los dos se entendieron sin arrebatos de ningún lado.


La furia de Milei contra Lula llevó a la diplomacia de Brasil a tensar las cuerdas con la Argentina. El canciller brasileño, Mauro Vieira, es un experto en la Argentina porque fue un excelente embajador de su país en Buenos Aires durante varios años. Vieira, un diplomático de carrera, llegó al extremo de calificar de “provocación sin precedentes” lo que hizo Milei en San Pablo cuando el fin de semana se fue a apoyar al hijo de su amigo Bolsonaro. Luego, Vieira llamó en consulta al embajador brasileño en Buenos Aires y él conoce la gravedad de esa decisión, que precede por lo general al retiro del embajador de un país. Es probable que Brasil no tome esa resolución por el momento porque valora lo suficiente la relación con la Argentina como para no darle tanta importancia a lo que dice (y a cómo lo dice) un presidente argentino con fama mundial de disruptivo, salvo la chicana del partido lulista de pedirle a la Justicia que investigue quién pagó el viaje de Milei. Es improbable también que no lo haga porque nadie pueda responder esta pregunta: ¿lo perjudican o lo benefician a Lula semejante agravios por parte de un presidente argentino? Lula es el jefe político de una nación con históricos rasgos nacionalistas.


Dicen en Madrid, por ejemplo, que el jefe del gobierno español, Pedro Sánchez, otra obsesión de la cólera mileísta, lo deja hacer y decir al mandatario argentino cuando este pasa por España, porque comprobó que le hace más bien que mal las injurias de un dignatario extranjero. Sánchez sobrelleva una historia de corrupciones demasiado cerca de él, pero la sociedad española prefiere juzgarlo ella y no dejar ese veredicto en una lengua foránea, que carece de inhibiciones. La otra pregunta que no tiene respuesta es cómo será en adelante la relación entre la Argentina y Brasil, sobre todo la que refiere al intercambio comercial. Como dice Andrés Malamud, si no pasara nada entre los dos países “entonces el mundo está cambiando ante nuestra vista”. Trump habrá inaugurado una nueva era en las relaciones internacionales, y la Argentina habrá cambiado su histórica política exterior que optó por el multilateralismo y respetó a todas las naciones. Habrá triunfado una política exterior de exclusivo sometimiento a las políticas de Washington y se habrá impuesto la paradoja en la que coexisten la ofensa y la subordinación.


Por Joaquín Morales Solá


 

"Editorial Columba: D'artagnan - Integral"


 


 

martes, 28 de julio de 2026

CARICATURAS DE INOLVIDABLES DE AYER, HOY Y SIEMPRE


 


 

Diego Santilli rompe el viejo equilibrio libertario y se mete en la mesa chica del poder


 

 Editorial 


La Libertad no Avanza


Diego Santilli rompe el viejo equilibrio libertario y se mete en la mesa chica del poder




La secretaria general de Presidencia, Karina Milei, y el asesor estrella Santiago Caputo, relegados ante el jefe de Gabinete, Diego Santilli, que ahora es el favorito de "El León" Javier. (Dibujo: Fernando Rocchia para AGENCIA NOVA)


La política no suele esperar. Mucho menos en un Gobierno que convirtió la dinámica del poder en una sucesión constante de movimientos estratégicos. El desembarco de Diego Santilli en la Jefatura de Gabinete no representa simplemente un cambio de nombres dentro del organigrama nacional: marca el nacimiento de un nuevo esquema de poder en la administración de Javier Milei.


Hasta hace pocos meses, el funcionamiento interno de La Libertad Avanza (LLA) parecía apoyarse sobre dos columnas bien definidas. Por un lado, Karina Milei, arquitecta del armado partidario y máxima responsable de la estructura política. Por el otro, Santiago Caputo, estratega de confianza del Presidente y hombre de influencia sobre buena parte de las decisiones comunicacionales y de gestión.


La llegada de Santilli alteró ese tablero.


El ex ministro del Interior dejó de ser únicamente el interlocutor con gobernadores e intendentes para convertirse en el coordinador político del Gobierno nacional. Su ascenso a la Jefatura de Gabinete vino acompañado por un fortalecimiento institucional que incluye la coordinación ministerial, mayores herramientas presupuestarias y una influencia creciente sobre organismos estratégicos del Estado, configurando una de las mayores concentraciones de poder dentro del Ejecutivo.


No se trata solamente de un cargo. Se trata de la "caja", del manejo político y de la capacidad de arbitrar conflictos entre ministerios, provincias y sectores del oficialismo.


Por eso, dentro de la Casa Rosada ya no son pocos quienes observan que Santilli dejó de ser un dirigente incorporado desde el PRO para transformarse en uno de los hombres fuertes del mileísmo.


Su crecimiento también modifica el equilibrio interno del oficialismo.


Karina Milei continúa siendo la principal organizadora del partido y una figura central para Javier Milei. Sin embargo, la irrupción de Santilli en la primera línea de decisiones amplía la mesa política que hasta ahora aparecía dominada casi exclusivamente por ella y por Santiago Caputo.


El dato no es menor.


Mientras Karina conserva el control del armado partidario y Caputo mantiene influencia como asesor presidencial, Santilli reúne ahora herramientas de gestión, presupuesto, negociación parlamentaria y relación con las provincias, una combinación que pocos funcionarios poseen simultáneamente.


En ese contexto, su figura comenzó a ser vista como uno de los grandes ganadores del reordenamiento interno del Gobierno.


Su perfil aporta además algo que Milei necesitaba después de meses de turbulencias políticas: experiencia de gestión, diálogo con gobernadores, vínculos con la oposición y capacidad para administrar conflictos. Esa fue precisamente una de las razones señaladas por diversos análisis para explicar por qué el Presidente decidió confiarle la coordinación general del gabinete.


La consecuencia política es evidente.


Hoy la mesa chica del poder libertario ya no parece reducirse únicamente a Karina Milei y Santiago Caputo. Diego Santilli pasó a ocupar un lugar privilegiado dentro del círculo de máxima confianza presidencial, convirtiéndose en uno de los dirigentes con mayor influencia sobre las decisiones estratégicas del Gobierno.


De cara a las elecciones de 2027, ese fortalecimiento también puede tener consecuencias electorales. Santilli aparece como uno de los dirigentes mejor posicionados para conducir las negociaciones con el PRO, consolidar la estructura bonaerense y articular acuerdos con gobernadores e intendentes, funciones que exceden ampliamente las atribuciones tradicionales de un jefe de Gabinete.


La política, al fin y al cabo, suele premiar a quienes administran poder real antes que protagonismo mediático. Y en ese aspecto, el ascenso de Diego Santilli parece haber redefinido la arquitectura interna del oficialismo. Más que un funcionario promovido, emerge como uno de los nuevos pilares sobre los que Javier Milei busca sostener la segunda etapa de su Gobierno.


 

"Tarzan Tiras De Periodico - Russ Manning - 1975"