Editorial
La Libertad no Avanza
Diego Santilli rompe el viejo equilibrio libertario y se mete en la mesa chica del poder
La secretaria general de Presidencia, Karina Milei, y el asesor estrella Santiago Caputo, relegados ante el jefe de Gabinete, Diego Santilli, que ahora es el favorito de "El León" Javier. (Dibujo: Fernando Rocchia para AGENCIA NOVA)
La política no suele esperar. Mucho menos en un Gobierno que convirtió la dinámica del poder en una sucesión constante de movimientos estratégicos. El desembarco de Diego Santilli en la Jefatura de Gabinete no representa simplemente un cambio de nombres dentro del organigrama nacional: marca el nacimiento de un nuevo esquema de poder en la administración de Javier Milei.
Hasta hace pocos meses, el funcionamiento interno de La Libertad Avanza (LLA) parecía apoyarse sobre dos columnas bien definidas. Por un lado, Karina Milei, arquitecta del armado partidario y máxima responsable de la estructura política. Por el otro, Santiago Caputo, estratega de confianza del Presidente y hombre de influencia sobre buena parte de las decisiones comunicacionales y de gestión.
La llegada de Santilli alteró ese tablero.
El ex ministro del Interior dejó de ser únicamente el interlocutor con gobernadores e intendentes para convertirse en el coordinador político del Gobierno nacional. Su ascenso a la Jefatura de Gabinete vino acompañado por un fortalecimiento institucional que incluye la coordinación ministerial, mayores herramientas presupuestarias y una influencia creciente sobre organismos estratégicos del Estado, configurando una de las mayores concentraciones de poder dentro del Ejecutivo.
No se trata solamente de un cargo. Se trata de la "caja", del manejo político y de la capacidad de arbitrar conflictos entre ministerios, provincias y sectores del oficialismo.
Por eso, dentro de la Casa Rosada ya no son pocos quienes observan que Santilli dejó de ser un dirigente incorporado desde el PRO para transformarse en uno de los hombres fuertes del mileísmo.
Su crecimiento también modifica el equilibrio interno del oficialismo.
Karina Milei continúa siendo la principal organizadora del partido y una figura central para Javier Milei. Sin embargo, la irrupción de Santilli en la primera línea de decisiones amplía la mesa política que hasta ahora aparecía dominada casi exclusivamente por ella y por Santiago Caputo.
El dato no es menor.
Mientras Karina conserva el control del armado partidario y Caputo mantiene influencia como asesor presidencial, Santilli reúne ahora herramientas de gestión, presupuesto, negociación parlamentaria y relación con las provincias, una combinación que pocos funcionarios poseen simultáneamente.
En ese contexto, su figura comenzó a ser vista como uno de los grandes ganadores del reordenamiento interno del Gobierno.
Su perfil aporta además algo que Milei necesitaba después de meses de turbulencias políticas: experiencia de gestión, diálogo con gobernadores, vínculos con la oposición y capacidad para administrar conflictos. Esa fue precisamente una de las razones señaladas por diversos análisis para explicar por qué el Presidente decidió confiarle la coordinación general del gabinete.
La consecuencia política es evidente.
Hoy la mesa chica del poder libertario ya no parece reducirse únicamente a Karina Milei y Santiago Caputo. Diego Santilli pasó a ocupar un lugar privilegiado dentro del círculo de máxima confianza presidencial, convirtiéndose en uno de los dirigentes con mayor influencia sobre las decisiones estratégicas del Gobierno.
De cara a las elecciones de 2027, ese fortalecimiento también puede tener consecuencias electorales. Santilli aparece como uno de los dirigentes mejor posicionados para conducir las negociaciones con el PRO, consolidar la estructura bonaerense y articular acuerdos con gobernadores e intendentes, funciones que exceden ampliamente las atribuciones tradicionales de un jefe de Gabinete.
La política, al fin y al cabo, suele premiar a quienes administran poder real antes que protagonismo mediático. Y en ese aspecto, el ascenso de Diego Santilli parece haber redefinido la arquitectura interna del oficialismo. Más que un funcionario promovido, emerge como uno de los nuevos pilares sobre los que Javier Milei busca sostener la segunda etapa de su Gobierno.


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