viernes, 27 de marzo de 2026

HUMOR DIARIO

Milei se aferra al núcleo duro

 Milei se aferra al núcleo duro 


La Nacion


27 marzo 2026


Claudio Jacquelin



Manuel Adorni por Alfredo Sabat



La escena se repite. El Gobierno se abroquela y le habla a su núcleo duro a la espera de que entren dólares y cambie el clima. Otra vez, una administración en problemas construye enemigos, intenta ganar tiempo y apuesta a una cosecha récord.


“Nos pusieron en el lugar del gato encerrado y ante cada ataque va a haber un contraataque. No esperen otra cosa. Los nuestros aguantan y no solo no les molesta, sino que les gusta que salgamos a pegar. El resto de los votantes agregados van a volver si nos va bien y mejora la economía, como estamos seguros de que va a empezar a pasar a partir del segundo semestre”, dice un karinista leal. La esperanza puesta en los brotes verdes vuelve recargada.


De esa forma explican y justifican en el oficialismo la agresividad en las respuestas de Manuel Adorni en la conferencia de prensa, así como la (muy poco espontánea) ola de apoyos de parte del Presidente, de todo el gabinete y de segundas, terceras y cuartas líneas de todas (o casi todas) las tribus mileístas. Es la orden (indiscutible, como siempre) que bajó tácita y explícitamente desde el primer piso de la Casa Rosada.


Debajo de esa cohesión aparente, sin embargo, asoma el agnosticismo de varios. Como señaló un mordaz oficialista de la primera hora, “más que un Adorni, lo que tenemos es un jarrón chino”. La ironía implica y explica la pregunta que en voz baja se hacen algunos en la Casa Rosada y en el Congreso respecto de qué es lo más conveniente hacer en estos momentos con el jefe de Gabinete.


El dilema sobre el costo de sostenerlo o correrlo de la escena y del cargo adquirió más densidad después de que activistas, consejeros influyentes y hasta comunicadores filogubernamentales se atrevieran a hacer públicos sus reclamos, consejos o sugerencias para que Adorni dé un paso al costado.


Todo se aceleró luego de su cuestionada (y cuestionable) presentación ante los periodistas acreditados en la Casa Rosada, así como después de la aparición de nuevas inconsistencias en sus declaraciones patrimoniales y respecto del pago del viaje en avión privado a Punta del Este. La presentación ante la Justicia del piloto que facturó el viaje no pareció ayudarlo.


La falta de respuestas precisas y documentadas a las preguntas periodísticas más elementales, el refugio en el “voy a responder ante la Justicia”, gastado comodín de cualquier acusado, y la altanería con la que el jefe de Gabinete destrató a los representantes de la prensa (“apenas” periodistas) provocaron un recrudecimiento de críticas externas y, también, internas.


También esa presentación en la Casa Rosada fue un disparador de la orden superior de sostener al jefe de los ministros en problemas. Una señal de lo fallido que resultó el intento de salir del atolladero. El apoyo tuvo su máxima expresión en la descalificante publicación del propio Javier Milei inmediatamente después del show de la gambeta (torpe) del jefe de Gabinete. Sin mencionar expresamente a los periodistas, pero sin dudas aludiendo a ellos, el Presidente volvió a caer en la imputación a los cuestionadores de padecer deficiencias cognitivas. Un inquietante patrón de conducta.


La posterior sucesión hiperkinética de reuniones, con selfies incluidas, de Adorni con al menos cuatro ministros completó “la operación rescate”, aunque las reacciones no parecieron haber logrado cambiar el eje de la conversación pública. Las medidas por tomar que leyó anteayer desde el atril y los temas tratados con esos funcionarios no movieron el rating ni lograron ser tendencia en los portales y redes sociales. La ausencia de anuncios de medidas económicas ayudó al deslave.


“Perdimos un candidato, pero nos queda un gran pararrayos. Ahora, Manuel se lleva todas las descargas”, rescata con no poco cinismo un funcionario del mileísmo puro. Tal vez no le falte razón, aunque muchos se preguntan, incluso dentro del oficialismo, si queda un jefe de Gabinete en condiciones de ejercer su función, no ya bajo estándares de alta eficiencia, sino al menos como lo venía haciendo desde hace cuatro meses, cuando asumió en reemplazo de Guillermo Francos, al que no pocos opositores y oficialistas extrañan.


De la parte medio llena del vaso, en el oficialismo celebran que el affaire de los viajes, los gastos suntuarios y los bienes del jefe de Gabinete haya desplazado del centro de la agenda la interminable sucesión de revelaciones del escándalo $LIBRA, que dejan en una posición cada vez complicada al Presidente y a su hermana, la secretaria general de la Presidencia.


Las encuestas reafirman la preeminencia del affaire Adorni por sobre el caso de la fraudulenta criptomoneda. Aunque también se advierte que los actos del jefe de Gabinete empezaron a hacer mella en la imagen del Gobierno y en la del propio Presidente. En momentos de crisis, muchas veces solo queda elegir la mejor mala opción.


De todas maneras, los escándalos de Adorni no tienen efectos invisibilizantes para todo. Las malas señales de la economía, que desgarran expectativas de buena parte de la sociedad, siguen siendo motivo de atención primordial. Eso a pesar de los recientes esfuerzos narrativos del oficialismo por imponer indicadores positivos en un notable esfuerzo de contabilidad creativa y agresividad discursiva ejercido tanto por el Presidente como por varios de sus principales colaboradores.


Es el caso del ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, que para cuestionar los datos sobre el cierre de empresas desde que asumió Milei optó por omitir una de las categorías, como se lo hicieron notar en las redes sociales varios especialistas en estadísticas y datos económicos. El “Coloso” lo admitió, pero lo relativizó.


No sorprende, entonces, que el nombre del alto funcionario, siempre dispuesto a dar batallas radicales, sea uno de los que más suenan para un eventual reemplazo de Adorni, lo que, por ahora, se resisten férreamente a hacer los hermanos Milei. Aunque ya se sabe que el aire de esta Casa Rosada oxida metales con mucha rapidez. Santiago Caputo y el extinto triángulo de hierro del poder pueden dar fe.


El mayor problema para el Gobierno es, por estas horas, que la vivencia personal y cotidiana de los ciudadanos suele ser, además de intransferible, inmodificable e inmune a los relatos y los fuegos de artificio. El creciente predominio en todos los sondeos de los temas económicos como principales problemas personales y nacionales lo confirma.


El escenario podría agravarse si, como prevén varias consultoras de primera línea, la inflación de este mes supera el umbral del 3%. El mayor capital político del Gobierno se ha sustentado hasta ahora más en las expectativas de futuro que en las realizaciones, a excepción, precisamente, de la inflación. La esperanza es uno de los sentimientos en baja en este bimestre.


“Cuando lo perceptivo genera alarmas ponemos en duda el marco discursivo. Y ya no creemos ni nos hace reír o nos divierte lo que antes podía hacerlo”, señala el experto en comunicación de crisis Luciano Elizalde.


Por eso, el profesor de la Universidad Austral sostiene que cuando la voz de una organización está cuestionada lo que se aconseja es correrla de ese lugar, sobre todo cuando sus actos representan “una disonancia con lo que se propone”. Cualquier parecido con la realidad que atraviesan Adorni y el Gobierno no es mera coincidencia.


“Cuando eso no se hace denota una dinámica muy compleja de la organización, por conflictos internos y errores que se salen de control”, entiende Elizalde. La explicación conceptual de la no remoción podría ser, a su juicio, porque el Gobierno “considera que no tiene en lo inmediato un compromiso que pueda afectarlo efectivamente (no hay elecciones a la vista) y que, por el contrario, le conviene mostrar que es víctima de maniobras para perjudicarlo. Además, el costo de retenerlo o desprenderse del funcionario cuestionado no lo sabe nadie”. El manual de la política clásica puesto en acción por los excéntricos. El jarrón chino suele ser un objeto dilemático.


En el mileísmo, sin embargo, no todos coinciden en que el costo (marginal y no tanto) de sostener a Adorni sea cero. En varios planos.


“Que Javier diga que estará presente cuando vaya a dar su informe al Senado el 29 de abril es una muestra de la debilidad del jefe de Gabinete tanto como un debilitamiento de la figura presidencial. Si los ministros no están para ser fusibles del Gobierno y del propio Presidente toda la instalación se pone en riesgo cuando uno de ellos entra en corto”, dice una de las personas que más conocen a Milei. Se trata de una figura que podría representar a La Libertad Avanza (LLA) en las elecciones del año próximo, dados los buenos números de imagen que muestran encuestas en manos del oficialismo.


La decisión de sostener a Adorni excedería, además, a su vínculo personal con el Presidente y a que es una creación de Karina Milei, en la que el Gobierno ha invertido una buena dosis de su capital, por lo que desprenderse le resultaría costoso. También influiría fuertemente la dificultad para encontrar un reemplazante entre los propios en condiciones de ejercer la función. Además, claro, de su condición de pararrayos en medio de la estación de tormentas eléctricas. Si es que consigue parar los rayos y no los potencia.


En ese contexto, el nombre de la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, fiel indiscutida del Presidente, fue uno de los que circularon con insistencia en estos días en el oficialismo para ocupar la Jefatura de Gabinete. Sin embargo, al menos dos personas de su estrecha confianza que dicen haber hablado con ella en las últimas horas afirman que no está dispuesta a asumir esa función o, al menos, que resistirá una eventual mudanza todo lo que pueda: “Sandra no se va del ministerio ni loca”.


Mientras tanto, el Gobierno se refugia en su núcleo duro y se aferra a la ausencia de alternativas políticas a su proyecto capaces de disputarle el favor del electorado. No obstante, el tiempo corre, el humor social muta y los actores se mueven.


La demanda del exgobernador sanjuanino Sergio Uñac para que el Partido Justicialista llame a elecciones internas para definir candidaturas de cara a la presidencial del año próximo es la primera expresión de un intento de renovación, en el que no está solo él y que intenta remedar lo que iniciaron hace 41 años Antonio Cafiero y Carlos Menem. Por ahora, poco más que una quimera. Pero por algo se empieza.


El intento de anticipar postulaciones implica, además, una admisión de la debilidad del peronismo actual y anticipa la ilusión de construir un frente más amplio con otras fuerzas que dirima su representación definitiva en unas primarias. Falta mucho aún y es apenas el comienzo de un camino incierto.


El Gobierno, en tanto, se ilusiona con su recuperación, sin tener que hacer cambios en el equipo titular. Y se encomienda a una cosecha récord. Como otros que lo precedieron. Aunque sea y se vea distinto.

"Novaro Superman #1248" (Febrero 1980)

jueves, 26 de marzo de 2026

La locura como mal necesario





















Opinión 


La locura como mal necesario 


Rodrigo Lloret


Diario Perfil 



A cincuenta años del Golpe, Javier Milei impulsa una relectura de la dictadura por Pablo Temes




Hay una tesis incómoda que atraviesa la historia del siglo veinte: las dictaduras más violentas no se explican solamente por el terror que ejercen, sino por el apoyo social que obtienen al inicio de sus regímenes. Ian Kershaw, quizá uno de los mayores especialistas en el estudio del nazismo, lo formuló con precisión: el sistema impuesto por Adolf Hitler no solo fue tolerado, sino incluso justificado, por una gran parte de Alemania cuando el Tercer Reich daba sus primeros pasos. Para explicarlo, en Hitler, los alemanes y la Solución Final, Kershaw desarrolla el concepto de “trabajar para el Führer”: militares, pero también burócratas y amplios sectores de la sociedad civil actuaban normalizando las condiciones impuestas desde 1933. Esa dinámica revela que el totalitarismo no funcionó solo por coerción, sino también por el consenso y la legitimidad que velozmente alcanzó, gracias a una red de complicidades y silencios que excedían ampliamente al aparato represivo. La gran mayoría de alemanes no eran nazis fanáticos, pero consintieron y se adaptaron al horror.


La paradoja que se vislumbró en la Alemania de los treinta se repitió más tarde en la Argentina de los setenta. La última dictadura no fue únicamente una imposición militar sobre un país inerme. Como han demostrado una gran cantidad de estudios, una amplia porción de la sociedad acompañó, toleró y hasta le dio la bienvenida al golpe de 1976. Las razones fueron múltiples: el hartazgo frente a la lucha política armada, la manifestación de una profunda crisis económica y el reclamo de orden frente a la anarquía. Para gran parte de los argentinos, la dictadura se presentó como una única salida. Ese apoyo no siempre fue explícito ni entusiasta, pero existió en forma de beneplácito cotidiano, de convalidación de una realidad extrema que se reconstruía sobre la desaparición, la tortura y el asesinato. Pero tamaña pesadilla, no obstante, se convalidaba frente al mal mayor.



El perverso fenómeno ha sido sintetizado inteligentemente por Hugo Vezzetti a lo largo de su producción académica. “No se trató solo de un poder que se impuso desde arriba, sino de un orden que encontró formas de aceptación, adaptación y, en algunos casos, adhesión en la sociedad”, advirtió el investigador en Pasado y presente. Guerra, dictadura y sociedad en la Argentina. En su análisis, Vezzetti introdujo la idea de una “zona gris”, donde se ubicaban amplios sectores que no fueron ni víctimas directas ni perpetradores, pero que hicieron posible el funcionamiento de la Junta Militar. La idea obliga a pensar que la dictadura no fue completamente ajena a la sociedad, sino que en gran parte fue habitada por ella. 


Ese debate regresa a cincuenta años del 24 de marzo de 1976, cuando la relectura del pasado muestra sus grietas, y en momentos en los que el país es gobernado por Javier Milei, el primer presidente desde 1983 que plantea abiertamente una revisión sobre el consenso democrático desde el cual se construyó la Argentina reciente. Milei viene impulsando una reinterpretación del período de los crímenes de lesa humanidad para borrar la condena a las violaciones a los derechos humanos. “Hubo una guerra en la Argentina en los años 70”, suele sostener en distintas entrevistas, y a partir de esa definición instala el negacionismo: “Los excesos fueron cometidos por ambos lados”. Esta caracterización introduce un marco conceptual que desplaza la centralidad de la violencia estatal como categoría explicativa y reubica al terrorismo de Estado en un esquema de enfrentamiento, alterando el acuerdo republicano que fue edificado desde la recuperación del sistema constitucional.


No se trata de un desliz discursivo, sino de una calibrada estrategia de comunicación política. Por caso, una de las principales voces del oficialismo, Agustín Laje, ha cuestionado directamente el paradigma que el histórico Juicio a las Juntas consolidó tras la condena a los militares. En La batalla cultural, Laje sostiene que en Argentina “se ha construido una memoria parcial de los años 70” y critica que el relato dominante presente “al Estado como único victimario”. En conferencias y debates públicos, el principal intelectual del mileísmo, ha desarrollado esta idea como parte de una disputa más amplia por la hegemonía cultural, en la que la relectura del pasado ocupa un lugar central para proyectar el presente y, especialmente, el futuro.


​Gran parte de la sociedad argentina le dio la bienvenida al Golpe.


Las voces disruptivas del gobierno libertario se presentan cuando se produce un llamado de atención sobre el acuerdo de lo que las violaciones a los derechos humanos había representado en la Argentina. Un estudio de Memoria Abierta y Sociología de la UBA estableció que solo el 26% de los encuestados podía dar cuenta de quién es Alfredo Astiz, emblema de la represión militar. El trabajo también reveló que entre las personas de 16 a 20 años, el 62% desconocía los juicios por delitos de lesa humanidad. Mientras que un relevamiento del Observatorio Pulsar de la UBA y Fundación Conciencia sostuvo que entre los jóvenes, solo el 54% afirma preferir la democracia frente a cualquier otra forma de gobierno y hay un 15% que admite que en algunas circunstancias un régimen autoritario podría ser preferible.


Es en ese contexto donde la advertencia de Hannah Arendt recupera toda su vigencia. Arendt, la cientista social que mejor supo interpretar el flagelo de los totalitarismos, estableció que el rasgo distintivo de los regímenes autoritarios no es solo la violencia que ejercen, sino el momento en que el terror deja de ser un instrumento excepcional y se convierte en un principio de gobernabilidad. Cuando eso ocurre, el poder deja de estar limitado por la ley y pasa a organizarse por fuera del sistema de derecho, incluso contra esa misma ley y contra ese mismo sistema de derecho. El terror deja entonces de ser un exceso para convertirse en una forma de racionalidad política. No es la ruptura del orden. Es, precisamente, su forma más brutal de funcionamiento. Por esa razón es tan necesario que la memoria social se mantenga siempre viva y que, a su vez, logre renovarse constantemente: es el único antídoto para impedir que la tragedia se repita.


La lección que comparten Kershaw y Vezzetti es la misma: los sistemas más violentos se sostienen, principalmente, por un inocultable nivel de aceptación social. Se trata de una población que apuesta por la irracionalidad como solución de última instancia. Dicho sin eufemismos: una sociedad que decide convalidar la locura como mal necesario. El dilema que se impone por estas horas es poder comprender si hoy, en nombre de peligrosos revisionismos, no se está abriendo la puerta para repetir el error: creer que la sinrazón puede ser relativizada o, peor aún, aceptada como condición necesaria e inevitable. Para que no queden dudas, es imperioso decirlo sin rodeos: cincuenta años después del golpe de Estado más sangriento de la historia, la sociedad argentina vuelve a apostar por un salto al vacío bajo la pretendida excusa de justificar lo injustificable como única opción viable.

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Esta­mos bien, pero vamos mal











Estamos bien, pero vamos mal


La Nacion


26 marzo 2026


Carlos Pagni



Javier Milei por Alfredo Sabat


En los dos primeros años de su presidencia, Carl os Menem popularizó una frase que diagnosticaba l a situación nacional: “Estamos mal, pero vamos bien”. Javier Milei, que se mira en el espejo de Menem, podría invertir esa fórmula: “Estamos bien, pero vamos mal”. El Presidente disfruta de niveles de aceptación s uperiores a l os de quienes lo precedieron.


Milei se puede ufanar de logros valiosos, como la reducción de la inflación y la mejora en la administración de la política social, que incluye la recuperación del espacio público para los transeúntes, en especial en la ciudad de Buenos Aires. Estamos bien. Sin embargo, las encuestas registran un fenómeno delicado: no solo ha caído la imagen positiva de su administración; también se han deteriorado las expectativas sobre la capacidad del oficialismo para alcanzar algunos objetivos importantes. Vamos mal.


Esta modificación en el clima colectivo está determinada por tres factores que se potencian entre sí. Uno es la parálisis de la actividad económica en sectores que están muy asociados al humor popular. Sobre todo, el consumo. Otro, asociado al anterior, es el cambio en las prioridades de la ciudadanía. Comienza a prevalecer la preocupación por la conservación del empleo y por el poder adquisitivo del salario. El tercer factor es la aparición de escándalos de corrupción, que se recortan con más nitidez sobre el paisaje del malhumor. Desde el punto de vista político, hay una incógnita que todavía es imposible despejar. Cuándo la combinación de estos vectores negativos terminará facilitando la aparición de un actor capaz de convertirse en una alternativa a La Libertad Avanza. Eso todavía no está a la vista. Y tal vez no lo esté en el futuro inmediato, si es que el Gobierno logra revertir su declinación. Este último es el más importante de los interrogantes.


El nivel de aceptación de la gestión de Milei es muy razonable. Según el consultor Hugo Haime, está en 37%. Es superior al que tenían Cristina Kirchner y Alberto Fernández, para el mismo momento, en sus respectivas presidencias: 33%. También al de Mauricio Macri: 35%. Sin embargo, es el más bajo desde que llegó a la Casa Rosada. Regresó al mismo piso en que estaba antes de las elecciones bonaerenses del 7 de septiembre pasado.


La Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública de la Universidad de San Andrés (Udesa) pinta un cuadro similar, aunque un poco más sombrío. La marcha general de las cosas despierta una satisfacción del 33%, lo que supone una caída de 7 puntos desde diciembre. La de Macri para la misma época era del 36%. La desaprobación de la administración actual es del 59%, lo que representa un aumento también de 7 puntos desde fin de año.


La imagen actual es razonable. El problema aparece en una dimensión dinámica. Según Haime, las expectativas de que haya una mejoría a un año cayeron 5 puntos en el último mes: están en 35%. Diez puntos menos que en diciembre. La percepción de una mejora en los últimos tres meses es del 16%. Quiere decir que se derrumbó 11 puntos en el último mes. La idea de que las cosas van a empeorar se mantiene en 53%.


Las expectativas sociales siempre son cruciales para que el que gobierna conserve el poder. Cuando se percibe un clima negativo, los políticos se apartan del oficialismo, aunque crean que su gestión es aceptable. Hay una relación más o menos directa entre expectativas y gobernabilidad.


Sobre este cuadro se recortan los escándalos que despiertan sospechas de corrupción. Ayer volvió a ganar el primer plano la peripecia del jefe de Gabinete, Manuel Adorni. La situación de Adorni es complicada no solo por los hechos que protagonizó. También, y acaso más todavía, por las lagunas y contradicciones que él produce a la hora de explicarlos.


Las incoherencias son llamativas. Adorni alegó que su patrimonio se constituyó con los ingresos que tenía antes de ingresar al Gobierno. Pero cuando debió explicar por qué en su declaración jurada no aparecen determinados bienes, como una casa en Exaltación de la Cruz, se justificó en que esa declaración jurada todavía no había vencido. Quiere decir que admitió que hay activos que no fueron declarados y que ya poseía antes de entrar al Estado. ¿Podrá mostrar las fechas de las escrituras? Adorni tiene una coartada: la casa del country está a nombre de su esposa, la monotributista Bettina Angeletti. ¿Figurará en la declaración jurada de Angeletti? Por ser su cónyuge, está obligada a presentar una, que permanece como información reservada en los archivos de la administración, salvo que un juez la requiera.


Ayer se presentó otro inconveniente. Adorni tiene un departamento que tampoco declaró. Ya son varios inmuebles. Va en camino a ser Cristian Ritondo, quien acuñó, para risotadas de sus amigos de Mataderos, una frase memorable: “Los escándalos pasan, pero las propiedades quedan”. Los Adorni se han mudado a ese departamento de la calle Miró al 500. Figura a nombre del jefe de Gabinete. Quiere decir que hubo una omisión en la declaración. O hubo un incremento patrimonial a partir de diciembre de 2023. Porque el otro departamento, el de la calle Asamblea, en Parque Chacabuco, donde vivió hasta hace poco, todavía no se pudo vender.


El malhadado viaje a Punta del Este también se transformó en un calvario para Adorni. Ayer dijo que pagó la parte proporcional a su familia. Se supone que la cobró su amigo Marcelo Grandio, contratista de la TV Pública, que está a cargo del jefe de Gabinete. Todavía no apareció ni una transferencia de Adorni a Grandio ni un recibo de Grandio a Adorni. Se habrán perdido en la mudanza de Asamblea a Miró. ¿Y el viaje de vuelta? Porque los Adorni regresaron solos. Es verdad, por ese tramo apareció una factura con fecha del 9 de marzo. Es decir, 20 días después de que se realizó la travesía. Con una curiosidad: 9 de marzo es la fecha en que se conoció la existencia de ese traslado. Como comentó un viejo dirigente peronista: “Se nota que a Adorni le falta mucho para ser casta. En la casta lo primero que te enseñan, si querés usar un avión privado, es que antes de despegar ya tenés que tener la factura”.


Cuando se supo que habría una conferencia de prensa de Adorni, se especuló con que ofrecería la documentación capaz de despejar todas las dudas. Por ejemplo, escrituras de propiedades y facturas y transferencias del pago de los vuelos. Adorni no pudo presentar nada. Arguyó que está en manos del Poder Judicial. Es un problema, porque si terminan por conocerse esos datos, aparecerá el ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, diciendo que las causas deben ser anuladas porque hubo filtraciones.


Con su trabajosa manera de razonar, Adorni insistió en dos inconsistencias sorprendentes. Una es afirmar que hay decisiones, como la de viajar en un jet particular, que pertenecen a su vida privada. Adorni todavía ignora que como funcionario carece de vida privada, sobre todo a la hora de realizar gastos.


La conferencia de prensa de ayer daña al oficialismo en una escala subliminal. Muestra a gente muy poco competente. Se supone que, antes de exponerse, Adorni se había entrenado con un equipo encabezado por Santiago Caputo, el “Mago del Kremlin”, y otros expertos en comunicación. ¿Esos especialistas permitieron que el funcionario aparezca ante las cámaras de TV tan desprovisto de pruebas y argumentos? ¿O los defectos en el entrenamiento son otra agresión a Karina Milei, madrina de Adorni? Si el mismo profesionalismo rige para otras decisiones de la administración se corroboraría el dictamen: estamos bien, pero vamos mal.


Al elenco que gobierna le faltará mucho para ser casta, pero ya reacciona como casta ante este tipo de problemas. Por ejemplo, selecciona a sus funcionarios para encontrar algún salvataje judicial. Así se entiende la llegada de Mahiques al Ministerio de Justicia. Sus primeras apariciones no estuvieron destinadas a explicar sus políticas en la materia. Las dedicó a ejercer la abogacía defensora de Milei y de su hermana, Karina, la secretaria general de la Presidencia, enredada también en problemas judiciales. Las declaraciones de Mahiques fueron llamativas porque parecían ser veladas instrucciones a los jueces sobre cómo manejar los expedientes para lograr un resultado absolutorio. Por ejemplo, declarar nulo un peritaje si se filtró a los medios. Aunque ya estuviera incorporado como prueba antes de la supuesta filtración.


Una versión muy fidedigna, surgida de las entrañas del Gobierno, afirma que Mahiques se incorporó al gabinete gracias a estas prestaciones. Con más detalle: como él es un engranaje más en el universo de la AFA, habría conseguido los audios de Diego Spagnuolo en los que se hablaba de coimas tributadas a la señorita Milei a cambio de que ella lo promueva como ministro. No serían tanto los audios que se conocieron como otros que estarían en poder de Pablo Toviggino. Mahiques y Toviggino tienen una relación de intimidad. El actual ministro suministró al tesorero de la AFA todo un grupo de abogados. Sobre todo uno, Ignacio Jakim, que es un subordinado completo de Mahiques. Jakim tuvo un costoso percance con una empresa de importación de electrónicos que aprovechaba un acceso privilegiado a dólares oficiales de la que también habrían participado Mahiques y Toviggino. Tiempos de Sergio Massa, al que ahora le reprochan que “no avisó que ‘el rulo’ se terminaba”. Toviggino, Jakim, Mahiques, Karina Milei: ese sería el circuito que siguieron los audios para que Mahiques ingrese al poder.


Con el mismo propósito, controlar las causas judiciales que se han vuelto una pesadilla, desde el entorno de Karina Milei se han aproximado al tenebroso Antonio Stiuso y a su secretario privado, Lucas Nejamkis. Sería para fortalecer su influencia en la SIDE, adquirida por decisión del “Mago” Caputo. Stiuso y Nejamkis habrían cruzado de vereda y ya consiguieron una comida, dicen en el Gobierno, con Eduardo “Lule” Menem. Si esta versión, en la que insisten diversas fuentes muy bien informadas, fuera cierta, entrañaría una curiosidad. Hace dos semanas, Stiuso y Nejamkis comieron con Massa en el restaurante Roldán. ¿Massa será parte del manejo del espionaje de Milei? Para el excandidato peronista sería una noticia invalorable. Desde hace meses no duerme, angustiado por su proximidad con Toviggino y, sobre todo, con el matrimonio Faroni, que intermedió millonadas de dólares de contratos sospechosos de la AFA.


Stiuso puede hipnotizar a Karina Milei con dos expedientes que la tienen en vilo. Uno es el de la criptomoneda $LIBRA, que está en manos de Marcelo Martínez de Giorgi. Ese juez, a quien en Comodoro Py denominan “el nuevo Oyarbide”, tiene una dependencia umbilical con Stiuso, que fue quien hace años, en una oficina de la Secretaría de Inteligencia, le ofreció el cargo. La otra causa es la de las supuestas coimas relatadas por Spagnuolo, que están en manos de Ariel Lijo. Este juez era otro de los comensales de Roldán aquella noche. ¿Será capaz Stiuso de presionar con estos casos para recuperar influencia en la SIDE? Por supuesto, es una pregunta retórica.


En este ajedrez hay una línea de conflicto. Mahiques y Lijo quieren lo mismo: la Procuraduría General de la Nación, es decir, la jefatura de todos los fiscales nacionales y federales del país. Mahiques contaría para esta carrera con el apoyo de Mauricio Macri. El ministro de Milei ha sido siempre un gestor judicial de Pro. Su amigo Jakim integró el gobierno de María Eugenia Vidal por iniciativa del entonces ministro de Justicia Gustavo Ferrari. A propósito de Ferrari, estaría por incorporar a su estudio al juez federal Julián Ercolini, apenas se jubile. La esposa de Ercolini, Julia Kenny, fue vocera de Germán Garavano, ministro de Justicia de Macri, alter ego de Ferrari. Con Garavano, el actual ministro Mahiques fue subsecretario de Asuntos Penitenciarios y Relaciones con el Poder Judicial.


Los Mahiques son esenciales para Pro. Sobre todo para Macri. El padre del ministro, Carlos Mahiques, el boxindanga, firmó aquel escandaloso pronunciamiento de la Cámara de Casación, en el marco de la causa Cuadernos, que admitía que Ángelo Calcaterra, primo hermano de los Macri, no había pagado coimas al kirchnerismo, sino que solo había hecho aportes de campaña. La tempestad que se provocó con ese fallo llevó a la Cámara a anularlo. Lo hicieron dos de los jueces que lo habían suscripto: Diego Barroetaveña y Daniel Petrone. Mahiques, en cambio, insistió en que no hubo coimas.


El remodelamiento de la administración que se realiza de este modo tiene otro motor determinante: la guerra a muerte entre Karina Milei y el “Mago” Caputo. Uno de los frentes de batalla todavía no se abrió: es ARCA, territorio de Caputo y de su mano derecha, Manuel Vidal. Los que saben aseguran que ARCA, la antigua AFIP, puesta bajo el mando del muy experimentado Andrés Vázquez, es la verdadera central del espionaje de todos los gobiernos. Además, allí está la Aduana, que es el paraíso perdido de Stiuso. ¿Habrá cambios? En los últimos días, muchos conocedores juran que regresará el equipo de Guillermo Michel, que dominó la Aduana durante la gestión de Massa. Pero no debería asombrar que quede Vázquez. ¿Michel ya se reunió con Karina Milei para garantizar la avanzada? Habladurías.


De nuevo surgen perplejidades. ¿Milei entregará un resorte tan decisivo a gente muy vinculada a Massa? Es cierto que Michel, que formó parte de un sistema escandaloso de manejo de recursos, comenzó a desplegar su propia historia. Sería un error, sin embargo, ver este eventual acuerdo, todavía imaginario, como una novedad completa. El hombre más cercano a Michel, socio suyo en un estudio jurídico de la avenida Callao y Vicente López, Sergio “Nono” Vargas, se convirtió en senador bonaerense desde las listas de Milei gestionadas por Karina. Era la época en que desde el massismo se financiaba la campaña de La Libertad Avanza para quebrar a Pro, sobre todo en el conurbano bonaerense. Al menos eso dicen. Después, Vargas se apartó del oficialismo e integra lo que se conoce como La Libertad Avanza Blue.


La Aduana es un territorio colonizado por el “Mago” bajo la cobertura del poderoso Leonardo Scatturice, a quien muchos respetan como si fuera casi un socio, si no un jefe, de Caputo. Esto para que no se crea que Karina Milei o el desopilante Adorni tienen el monopolio de la opacidad dentro del Gobierno. Sería de esperar que, antes de que lleguen las brigadas de Michel, si es que llegan, el juez Pablo Yadarola consiga desentrañar con quién habló por teléfono aquella agente de Aduana que, cuando terminó la llamada, desistió de revisar las valijas que traía Laura Belén Arrieta, la solitaria viajera del Bombardier negro del audaz Scatturice.


En septiembre del año pasado, cuando estaba en el mismo piso que ahora en materia de consideración popular, Milei logró revertir la caída. Así ganó las elecciones, cheque de Donald Trump mediante. Hoy sigue disfrutando de un activo inigualable: no existe una fuerza alternativa. Los que intentan formarla, como Michel, asociado a una liga federal de dirigentes peronistas, tal vez sean capaces de tentarse con una caja que les ofrecen desde el Gobierno. Sin embargo, hay un vector capaz de crear las condiciones para cubrir ese lugar que hoy está vacante. Ese vector es el malestar socioeconómico, que deteriora el optimismo. Si se repasa la cuenta de X de Milei se corrobora que su única obsesión es la inflación. El problema productivo para él es el invento de una conspiración opositora. Allí se juega la batalla por las expectativas. La presunción creciente de que estamos bien, pero vamos mal.