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Milei vs. Tapia
En el fútbol está el síntoma y la enfermedad argentina
El deporte más popular lleva años de un manejo personalista que no se detiene. Un poder que desafía al de la Nación.
Nelson Castro
Diario Perfil
El pelotero oficial. Javier Milei por Pablo Temes
La historia no se equivoca. En 1978, quien esto escribe le preguntó a Joao Havelange –por entonces presidente de la FIFA– si le interesaría ser presidente de Brasil. Su respuesta fue más que elocuente: “De ninguna manera. El fútbol abre los despachos de cuanto hombre y mujer poderosa hay en el mundo. En cambio, la presidencia de Brasil no”.
Seguramente, ni Claudio “Chiqui” Tapia ni sus secuaces imaginaron siquiera que el inédito e insólito título de campeón que le dieron a Rosario Central generaría el terremoto futbolístico y político que hoy sacude a la Asociación del Fútbol Argentino. Eso es lo que ocurre generalmente cuando se ejerce el poder con impunidad. Ese manejo absolutista e impune de la AFA viene ya desde la gestión de Julio Grondona, quien permaneció al frente de la Asociación durante 35 años. Por si alguien no se dio cuenta, Tapia aspira a algo similar. “Me quedan muchos años más” en el cargo, dijo el jueves en forma desafiante en medio de una celebración.
Este episodio le ha venido a Milei como anillo al dedo. Hay que recordar que la embestida contra la conducción de la AFA comenzó no bien el actual gobierno comenzó su gestión. La idea de las sociedades deportivas anónimas viene dando vueltas desde hace años aquí. La falta de dinero de la inmensa mayoría de los clubes ha hecho que la fuga de jugadores de calidad del empobrecido fútbol vernáculo sea incesante. La selección nacional, que es el escudo protector de Tapia, es una muestra de ello.
“El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”, reza la célebre frase de Lord John Emerich Edward Dalkberg Acton. Es lo que se ve en la AFA, en la cual a ese poder absoluto de su presidente lo consiente el silencio cómplice del resto de los dirigentes. A no engañarse, no ha habido –hasta el momento– grandes dirigentes del fútbol que hayan salido a respaldar al presidente de Estudiantes de La Plata, Juan Sebastián Verón. Eso es algo muy del peronismo. Es decir, el concepto de que, ante los atropellos, la respuesta es el silencio, producto del temor a sufrir represalias. Verón ha tenido una actitud valiente al plantarse frente a Tapia en sus manejos turbios de patrón de estancia. El séquito que lo rodea, con Toviggino a la cabeza, un hombre poco locuaz que solo sabe escupir insultos vía redes sociales ante la carencia de ideas, es también una muestra de ese manejo del poder. Ha querido el destino que, el caso de la Andis, los ha ligado a Diego Spagnuolo, a Miguel Calvete y a Maximiliano Ariel Vallejo, cuya cercanía a Tapia le abrió las puertas a Sur Finanzas a clubes como Racing, Banfield, Barracas Central, Deportivo Morón y Platense. El mundo es un pañuelo. Párrafo aparte para la carrera futbolística de Barracas, cuestionada desde todos los ángulos posibles por todo el mundillo del fútbol argentino. Tapia fue presidente del club que hoy está en el ojo de la tormenta no solo por su ascenso meteórico sino por sus ruidosos incumplimientos. El titular de la IGJ aseguró que Barracas no presenta balances desde hace diez años. Es tal el escándalo que los jugadores terminan siendo víctimas ya que pocos les reconocen autenticidad a sus logros deportivos. Más allá de este secreto a voces, lo que realmente importa es el trasfondo que viven prácticamente todas las instituciones del fútbol de nuestro país: dirigentes ricos –millonarios– y clubes pobres. Una realidad que ya no da para más.
La decisión de Javier Milei de no viajar a Washington para participar de la ceremonia del sorteo de la Copa del Mundo hay que leerla con un poco más de detalle. El Presidente sabía que no había ninguna posibilidad de que allí se firmara el acuerdo comercial con el gobierno de Donald Trump del que se viene hablando desde hace varias semanas. Esto es producto de todos los detalles que resta pulir. Viajar a Washington y venirse con las manos vacías hubiera representado un acontecimiento negativo para el Gobierno. Y, por supuesto, encontrarse cara a cara con Tapia y aparecer sonriente a su lado habría significado una contradicción flagrante para Milei.
La afinidad de Tapia con el peronismo, los aspectos poco transparentes y sospechosos de su gestión, el ámbito de corrupción que envuelve a la AFA, lo transforman en el enemigo ideal para el Gobierno, en el que, por otra parte, las internas no cesan. En estas horas, el campo de batalla se ha trasladado nuevamente al Senado. Patricia Bullrich salió con los tapones de punta y la fuerza de los conversos a marcarle la cancha a Victoria Villarruel. Por si hiciera falta algo más, Manuel Adorni y Karina Milei salieron a criticarla duramente, acusándola de haberles impedido ingresar al recinto del Senado, acusación que la vicepresidenta negó. La ruptura entre Milei y Villarruel es total e irreversible. Solo los sostiene la obligación por la institucionalidad, que por otra parte luce cada vez más debilitada ante tamaño enfrentamiento.
Hablando de las instituciones, la Justicia parece haber tomado nota del bochorno operativo del juicio en la causa de los cuadernos. CFK y sus exfuncionarios, pero también algunos empresarios, se rieron de los tiempos impuestos por la lánguida agenda de audiencias. Eso se corrigió parcialmente y la condenada en el banquillo salió a despotricar contra la autenticidad de esos cuadernos. No se puede tapar el sol con la mano ni apostar ciegamente a la posverdad. El fiscal certificó la autenticidad de esa copiosa cantidad de pruebas, y los arrepentidos hicieron lo propio con sus testimonios. La expresidenta no aceptará nunca lo que es evidente para todos: la corrupción en la obra pública fue la columna vertebral de la recaudación de su gobierno.
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Milei reconcentrado: cómo usar el poder que acumuló
LA NACION
Sergio Suppo
Javier Milei por Alfredo Sábat
El dinero y el poder tienen algo en común: quien tiene uno de los dos o ambos debe elegir entre invertir o gastar. El problema empieza cuando el que cree que está invirtiendo en realidad despilfarra. Javier Milei está frente a ese dilema.
El dinero y el poder tienen una diferencia fundamental: el primero se puede contar en forma exacta; en cambio, la fuerza política es difícil de contabilizar y su duración depende de factores que muchas veces escapan al control de su propietario.
Lejos de abrir el Gobierno, Milei eligió reconcentrarlo y prefirió un canje acotado de favores para sumar los pocos votos que le faltan para las reformas estructurales
Milei tiene por lo tanto un problema más complejo que una cuestión financiera. Si bien nunca como ahora manejó tanto capital político, las herramientas que buscó para afrontar los dos años que le restan de mandato son la reafirmación de un criterio inaugurado el primer día en el gobierno.
Como presidente no acepta aliados que previamente no se hayan sumado como miembros propios de su fuerza política. No se puede ser medio libertario y medio macrista. Bajo ese criterio buscará la reelección dentro de dos años.
Luego de las elecciones, un nuevo giro fue aplicado sobre la misma lógica. El equipo de gobierno depende en su casi totalidad de Karina Milei mientras su hermano se ocupa en forma casi exclusiva de seguir el curso de la economía y de mantener caliente la relación con los votantes. De la aprobación de la Secretaría General dependen todas las decisiones políticas, empezando por la aceptación o el rechazo de personas y propuestas.
Karina es la primera funcionaria en mucho tiempo y de varios gobiernos que no es un fusible del Presidente. No sólo eso. Áreas estratégicas como el espionaje o la relación con la Justicia ingresaron a la jurisdicción de la hermana presidencial. Eso desplazó y seguirá desplazando a Santiago Caputo hacia funciones más parecidas a las que tuvo en su origen: la estrategia comunicacional.
El nuevo ministro de Defensa, el general Carlos Presti, primer militar en actividad en ocupar ese cargo en más de cuatro décadas, debe su lugar a la relación que estableció con Karina Milei sobre la seguridad del Presidente.
Patricia Bullrich logró dejar en su lugar a Alejandra Monteoliva en el Ministerio de Seguridad en función de su buena relación con Karina y como reconocimiento a su decisión de jugar todas sus fichas a Milei en detrimento de su antigua pertenencia, el macrismo.
Milei está más cerca de controlar el Congreso y más lejos de enredarse en una negociación costosa con los gobernadores
Lejos de abrir el Gobierno, Milei eligió reconcentrarlo. Antes que proponer un acuerdo permanente con potenciales socios, prefirió un canje acotado de favores para sumar los pocos votos que le faltan para las reformas estructurales.
A suerte y verdad, Milei no compartirá con nadie el resultado de esta nueva etapa en la que los argentinos aguardan los beneficios del enorme esfuerzo personal que están haciendo para encauzar las distorsiones fiscales del país.
En aquellos meses iniciales de su presidencia, desde el potencial del primer impulso pero con una ínfima minoría parlamentaria, impuso al Congreso una batería de reformas más orientadas a fijar un rumbo que a colaborar con el plan de estabilización inflacionaria.
El Presidente está a las puertas de la segunda mitad de su mandato con recursos que no había imaginado contar. La apuesta a todo o nada de Milei al regreso de Donald Trump a la Casa Blanca no incluía la posibilidad de un salvataje como el que el presidente republicano habilitó cuando la corrida cambiaria contra el peso generó enormes dudas sobre su capacidad para capear la situación.
Triplicar la cantidad de senadores y contar con dos veces y media más de diputados está por encima de los cálculos originales. Milei está más cerca de controlar el Congreso y más lejos de enredarse en una negociación costosa con los gobernadores.
Milei y Caputo no están vacunados contra los errores que cometieron en materia cambiaria y que luego aceleraron con una corrida por el riesgo del regreso del peronismo kirchnerista
Diego Santilli, el nuevo ministro del Interior, encuentra en sus giras por las provincias a dirigentes que tienen una lista de pedidos y, en general, la aceptación de que deberán darle a Milei mucho más de lo que le están reclamando.
Habita el riesgo de perder capital político en ese inevitable trueque de la ayuda que piden los gobernadores y la aprobación del presupuesto -el primero de la era libertaria- y de las reformas laboral e impositiva. Es un peligro más atenuado que enfrentar a esos jefes locales envalentonados luego de una derrota electoral del Gobierno.
Con la excepción de los cuatro gobernadores kirchneristas (si así todavía puede citarse a Axel Kicillof), y empezando por los mandatarios peronistas, todos están dispuestos a establecer acuerdos que impliquen recursos por votos para las reformas. Y, detalle importante, una cierta garantía de que sus proyectos de reelección en sus distritos no serán atacados desde ahora.
En la lista de reclamos están por delante pagos obligatorios a las provincias que el ministro Luis Caputo postergó sin fecha. Esa acumulación ya golpea la puerta de la Corte en muchos casos y se hace insostenible.
La vieja táctica de atender por separado a cada gobernador sin permitirles un reclamo coordinado reemplaza la dura secuencia de votaciones en el Congreso organizada como forma de presión para conseguir lo que ahora Santilli negocia caso por caso.
El ministro apenas puede recoger pedidos en las provincias y llevarlos a la Casa Rosada y al Ministerio de Economía. Es lo que hizo sin suerte Guillermo Francos, que agotó su capacidad de negociador en el rechazo a aflojar un centavo a los gobernadores.
La regla de no gastar por temor de reeditar el déficit fiscal se mantiene. Una nueva ecuación empieza sin embargo a incorporar cierta complejidad: la relación entre lo que se da para conseguir los votos para las reformas estructurales que deberán estar en funcionamiento en la primera mitad del año próximo.
No es el único problema para Milei y Caputo. No están vacunados contra los errores que cometieron en materia cambiaria y que luego aceleraron con una corrida por el riesgo del regreso del peronismo kirchnerista.
Ese riesgo convertido en motivación para votar por los libertarios es hijo de una circunstancia única. Es la misma excepcionalidad que explica la intervención de los Estados Unidos para frenar la subida de su propia moneda, el dólar, entre los argentinos.
Extender el gran momento y convertirlo en una situación permanente requiere que los resultados de la economía sean reconocibles por quienes renovaron su apuesta por Milei. Enorme desafío.
Por Sergio Suppo