martes, 18 de noviembre de 2025

"Star Wars: Herederos del Imperio" (¡¡¡428 PAGINAS!!!)

lunes, 17 de noviembre de 2025

QUIENES SON LAS SIGUIENTES CARICATURAS. PONE TUS RESPUESTAS EN COMENTARIOS.

Trump acelera el operativo Lanza de Fuego y Venezuela se pone en pie de guerra























aprestos bélicos


Trump acelera el operativo Lanza de Fuego y Venezuela se pone en pie de guerra


Anticipan acciones militares sobre Venezuela y la región. Maduro moviliza tropas y reservistas ante una posible escalada bélica.



Roberto García


Diario Perfil 


Nicolas Maduro...Más duro por Pablo Temes




Ningún manual de guerra ignora la importancia de la sorpresa. Por el contrario, es vital ese concepto para la contienda. Ejemplo: la Guerra de los Seis Días, que liquidó en tierra a toda la escuadra de aviones de Egipto. Sin embargo, rompiendo los libros, Donald Trump anticipa operativos bélicos sobre Venezuela, la movilización de marines, flotas, aviones y el ingreso a las aguas del Caribe del mayor portaaviones de la historia, el Gerald Ford. Todo a un precio de bicoca: casi 200 millones de dólares por día que pagan los ciudadanos en impuestos, a explicar más adelante en una ríspida sesión del Congreso. Ni a los propios podrá satisfacer Trump en el caso de que no produzca resultados. Tamaño despliegue hasta ahora provocó desde septiembre unos ochenta muertos por voladuras de lanchas con presuntos narcos y alrededor de veinte ataques. Este fin de semana se aguardaba una operación superior de las fuerzas armadas norteamericanas, sin precisarse formas o recursos, aunque con la denominación ya bautizada: Lanza de Fuego. Y con la instrucción de exceder el movimiento armado, en apariencia, a los límites geográficos de la misma Venezuela, ya que apunta a fulminar al narcotráfico y al terrorismo en otras naciones, particularmente Colombia. Promete el mandatario limpiar del flagelo a todo el hemisferio, aunque no incluye por el momento la limpieza del distrito con mayor consumo: los Estados Unidos.


Finalmente, uno se ha dejado tentar por la progresión de los anuncios y el significado posible que podría tener el conflicto para la Argentina, sabiendo del proclamado alineamiento a Washington –razón por la cual el país se integró por primera vez a un ejercicio militar en Trinidad y Tobago hace pocos meses, aportando un avión C130 para esa campaña llamada Southern Spear–. Incluso, al margen de arrebatos característicos y cambiantes de Trump, su secretario de Guerra, Pete Hegseth, anunció el comienzo de la campaña militar hace 72 horas sobre Venezuela y vecindades. Por su parte, atento a las contingencias y amenazas, el gobierno de Maduro tomó en cuenta los avisos y procede como si fuera a sufrir una eventual invasión, movilizando soldados, reservistas (unos doscientos mil armados) y colocando al país en pie de guerra. Al mejor estilo Cuba –altri tempi– luego de la frustrada penetración anticastrista en Bahía de Cochinos durante el gobierno Kennedy. En este caso, la administración republicana blanquea su posible ataque y dispone, por supuesto, de una mayor cobertura y logística que aquella aventura que por último fortaleció al gobierno cubano. Más de un observador entiende que Trump evitará desembarcos físicos de sus tropas, enfrentamientos y ocupaciones, a pesar de que el mundo ya se ha acostumbrado a burlar las leyes internacionales, como el avance de Rusia sobre Ucrania y su propósito de anexarse el territorio.


El apremio de las naves, el bombardeo a las lanchas y las declaraciones rimbombantes ya han sumado muchos días, y nadie se podrá asombrar de un acontecimiento mayor, una escalada, sea en Venezuela o Colombia. Unos piensan que el hostigamiento castrense podría servir para que los mismos venezolanos despidieran a Maduro y su cuarteto dirigencial, encabezado por Diosdado Cabello, a través de una negociación. Pero resultó al revés, en apariencia, y el despliegue de las fuerzas de EE.UU. se estaba convirtiendo en un émulo de aquel general Alais, que en tiempos de Raúl Alfonsín sostenía que “estamos llegando” para reprimir a los rebeldes carapintadas. Una farsa que les hacía pensar a los argentinos que estaban frente a un golpe de Estado, cuando, en rigor, la disputa era por intereses personales de los militares.


Sería una ingenuidad afirmar los recursos y formas que usará Trump para desalojar a Maduro y sus conexiones presuntas con el narcoterrorismo, como él dice. Pero algunas versadas fuentes sospechan que podría utilizar operativos semejantes a los que EE.UU. se sirvió para agredir a Muamar el Gadafi en Libia, con un misilazo al palacio donde vivía y que le costó la vida, entre otros, a una hija adoptiva de aquel jefe árabe. Como se sabe, Gadafi salvó entonces su vida dos minutos antes gracias a un llamado telefónico de Bettino Craxi, el primer ministro socialista de Italia –condenado más tarde por recibir coimas en la tangente–, quien le notificó del torpedo en ciernes (esta información quedó registrada en los historiales de la Stasi, un ponderado servicio de inteligencia del entonces comunismo de Alemania Oriental). Se supone que EE.UU. hoy dispone de elementos más sofisticados e impenetrables para hacer efectivo un atentado de esas características, sea en el palacio de Maduro o en alguna de las principales cinco bases militares en las que se podría refugiar y que, según la CIA, serían albergue de los narcos.


Mientras decide fecha y hora cerca del Comando del Sur, Trump se apresuró para concederle el indulto a uno de los mayores terratenientes de la Argentina, el británico Joe Lewis, quien estaba detenido en los Estados Unidos por actividades fraudulentas y cuya prisión no apareció en ninguno de los grandes medios del país. Tampoco su liberación especial. Amigo del mandatario norteamericano, consiguió la libertad por una excepcionalidad que, seguramente, debe festejar Mauricio Macri, quien también se enorgullecía de ser amigo de Lewis, de visitar su barco –con una comparsa característica de su círculo– y, además, de estacionarse en Lago Escondido, lugar paradisíaco elegido por el empresario y su familia para quedarse de vez en cuando en el Sur. Lewis, también dueño del Tottenham Hotspur del fútbol inglés, uno de los diez millonarios más grandes de Gran Bretaña, accedió a su fama local cuando le prestó su mansión patagónica a uno de los directivos de un gran medio argentino que, a su vez, invitó a varios magistrados y personajes de la Justicia que le hicieron pensar a Cristina de Kirchner que eran partícipes de una conjura para meterla presa. Curioso: el que fue preso fue Lewis, y obtuvo ahora el indulto. Ella, sin horizonte, no sabe quién le podría firmar esa prerrogativa. Ni la sueña.

HUMOR DIARIO

La candidatura presidencial de Kicillof





















LA NACION > Opinión


La candidatura presidencial de Kicillof


LA NACION


Pablo Mendelevich


Alex Kicillof por Alfredo Sabat



Conversación y conversión tienen la misma etimología. En latín el verbo vertere significa girar, dar vuelta. El sufijo sión indica acción y efecto, y el prefijo con significa en compañía.


El gobierno, se informa por estas horas, inició conversaciones. Podría leerse, si uno quisiera, que inició conversiones. Intenta convertir en aliados a unos cuantos rivales para mejorar los pelotones parlamentarios de por sí robustos que le ofrendaron las elecciones de octubre e hicieron cambiar el viento. El viento ahora sopla sin vacilar a favor del gobierno -¿no habrá mucho exitismo?, preguntó el domingo Jorge Macri- y de manera consonante sopla en contra del peronismo, lo cual facilita que se converse. O que se pesquen conversos. La volatilidad partidaria, un rasgo de la política, suele ajustarse a las expectativas antes que a las ideas.



Las principales conversaciones de esta semana fueron con los gobernadores. Pero no con todos: de manera enfática, para que se note, Milei segregó a loscuatro más kirchneristas, Quintela, Insfrán, Melella y Kicillof, con la curiosidad de que tres de ellos son de provincias periféricas -La Rioja, Formosa y la más pequeña de todas, Tierra del Fuego- y el cuarto es todo lo contrario, pertenece a la provincia más importante, sujeto estelar de la malformación demográfica argentina donde vive el 38 por ciento de los habitantes. Desde 1994, cuando se instituyó el voto directo y se convirtió al país en distrito único para las presidenciales, el conurbano bonaerense pasó a ser de lejos el lugar con mayor capacidad para resolver quién gobierna la Argentina.


Como suceden varias cosas excepcionales por semana, algunas se naturalizan. Pasan por normales, licúan su trascendencia en un fárrago de disrupciones. No hay antecedentes en la era moderna de un presidente que deja fuera del juego al gobernador de la provincia de Buenos Aires. Es cierto que se trata de un vínculo -el de presidente-gobernador bonaerense- históricamente rico en cortocircuitos. Sin embargo, sólo tres veces hubo presidente de un color político y gobernador de otro como ahora. Léase gobernador peronista con presidente no peronista. La vez anterior fue producto de lo que se votó en 1999: De la Rúa-Ruckauf. Ese resultado coetáneo -en 2023, en cambio, el gobernador se definió en la elección general y el presidente en el balotaje- necesitó de un corte de boleta significativo, posibilidad que este año, enlas legislativas, quedó abolido. Nadie sabe cómo se votará en 2027 cuando la Boleta Única de Papel se estrene en las próximas presidenciales superpuestas con la elección para gobernador, pero lo más probable es que aumente la diversidad partidaria. Es decir, que un fenómeno como el de la ola alfonsinista de1983 que convirtió en gobernador por arrastre al desconocido Alejandro Armendáriz ya no vuelva a suceder.


Alfonsín convivió los últimos dos años con el sucesor de Armendáriz, Antonio Cafiero (los presidentes duraban seis años, los gobernadores cuatro), pero esa experiencia no es recordada como traumática. En cambio lo de De la Rúa terminó muy mal. La crisis de 2001acabó con el gobierno de la Alianza y Ruckauf se autoeyectó para aparecer como canciller de Eduardo Duhalde, exgobernador bonaerense que por decisión del Congreso logró convertirse en sucesor de quien lo había derrotado en las urnas. Más o menos como si un día Trump cayera, no hubiera vicepresidente y por decisión del Capitolio lo sucediera Kamala Harris.



Precisamente porque lo eligió el Congreso y no el pueblo, Duhalde no rompió el maleficio de los gobernadores bonaerenses que después de Mitre nunca consiguieron llegar a la Casa Rosada. Sólo produjo un asterisco en la estadística.


Antes se pulverizaron los sueños presidenciales de Adolfo Alsina, Carlos Tejedor, Dardo Rocha, Bernardo de Irigoyen, Marcelino Ugarte, Manuel Fresco, Rodolfo Moreno. A Domingo Mercante, Perón lo defenestró cuando quiso perfilarse como su sucesor. Tampoco Oscar Alende pudo ganarle a Illia en 1963. Lo mismo le pasó a Cafiero cuando perdió la candidatura presidencial a manos del gobernador de La Rioja en las únicas elecciones internas efectivas que celebró el peronismo en ochenta años. El caso más fresco, luego del de Duhalde, es el de Daniel Scioli, gobernador bonaerense derrotado en 2015 por Mauricio Macri, quien venía de gobernar la ciudad de Buenos Aires.


Pues bien, hay quienes se preguntan si no estamos frente al decimotercer gobernador de la provincia que quiere y no puede llegar a presidir la Argentina: Axel Kicillof. La caída que sufrió como líder político en las elecciones nacionales del mes pasado fue triplemente estruendosa porque en contra de los pronósticos perdió en su distrito, contribuyó generosamente a fortalecer la derrota nacional del peronismo y el kirchnerismo originario, enfadado, le atribuyó toda la culpa a él y a su decisión de desdoblar las elecciones provinciales. Nada que augure para dentro de un año y medio una candidatura presidencial favorita.


La provincia de Buenos Aires, que en tiempos de Rosas había sido de hecho el asiento del poder nacional, cuando llegó la institucionalidad arrancó escindida. Estuvo así, separada de la Confederación Argentina, durante una década hasta que, después de Pavón, fue electo presidente Mitre, primero y último gobernador bonaerense que gobernó el país, claro que en un contexto muy distinto del de hoy.


La maldición bonaerense no es el único nudo extraño de la historia política. Tampoco ningún vicepresidente -aparte del caso particular de Perón, que fue vicepresidente de facto- consiguió nunca convertirse en presidente mediante el sufragio popular como ha sido más o menos frecuente en Estados Unidos.


Nótese que los dos liderazgos peronistas fundadores de corrientes políticas trascendentes, Carlos Menem y Néstor Kirchner, salieron de provincias periféricas. A diferencia de Menem, que siguió fiel a La Rioja hasta el último día, los Kirchner se transformaron en bonaerenses en consonancia con su estrategia política de conquistar el conurbano con eje en La Matanza. Cristina Kirchner era nativa. Su esposo santacruceño resultó el único ciudadano que para acreditarse residente bonaerense declaró un domicilio en el conurbano por demás inusual, la Residencia de Olivos, lo cual en su momento hasta fue motivo de una controversia judicial. Otra curiosidad, todos los gobernadores bonaerenses del siglo XXI son porteños. Antes de conocer su despacho en La Plata vivían en la ciudad de Buenos Aires.


El último gobernador sin aspiraciones presidenciales -o que no hubiera sido considerado en algún momento un presidenciable- fue Armendáriz hace cuarenta años. Del anterior, que también tenía pretensiones, pocos se acuerdan: Victorio Calabró, surgido de la UOM, quien en 1975 se enfrentó como “antiverticalista” a la presidenta Isabel Perón en complicidad con los militares que se preparaban para derrocarla. Calabró, un personaje controvertido, muy importante en aquella época, murió en 2011 y la noticia ni siquiera apareció en los diarios.


Nunca se halló una explicación consistente para la maldición de los gobernadores o Maldición de Alsina, de la cual Duhalde hablaba abiertamente en 1999 cuando era candidato a presidente. Decía poder conjurarla. Un parapsicólogo llegó a hacer un ritual en La Plata. Quién sabe si no fue exitoso, aunque con métodos oblicuos: bien o mal, Duhalde llegó a presidente.


Tales la superioridad en volumen, peso económico y peso político de la provincia de Buenos Aires, tan grande es el conflicto histórico por los fondos coparticipables o por los fondos compensatorios, que los demás gobernadores no siempre han estado dispuestos a apoyar a ese colega que atiende a sesenta kilómetros de la Casa Rosada. Además la provincia es heterogénea por antonomasia. Tiene diversidad geográfica, económica, social y por supuesto, electoral. Categoría en la que prevalecen dos mundos, el conurbano y el rural, con diferentes corazones.


Tal vez no se trate de maldiciones sino de riqueza. Se podría comparar el caso con la extraordinaria provincia de Quebec, que no consigue convertir a sus premiers en primer ministro de Canadá. En Alemania sucede algo similar con Baviera, el estado más grande y el más rico, donde a los líderes de la Unión Social Cristiana (CSU) les cuesta mucho ser aceptados como cancilleres porque enel norte alemán se los ve como muy conservadores y centrados en los intereses bávaros.


Desde que la muerte imprevista de Alsina frustró su carrera a la presidencia hasta la derrota sufrida por Scioli en el primer balotaje de la historia argentina (Macri 51,34%;Scioli 48,66%), muchas fueron las causas por las cuales ningún gobernador bonaerense llegó a presidente. Kicillof todavía puede intentarlo, desde luego, sobre todo en una hipótesis de peronismo dividido. Pero hoy, con la derrota del 26 de octubre tan caliente, se requiere un enorme esfuerzo de imaginación para verlo sentado en el llamado Sillón de Rivadavia.


Por Pablo Mendelevich