¡Hay para todos! Ex funcionario fracasado de "Alverso" se las dá de piola y reparte críticas a kukas y liber-otarios

El economista Matías Kulfas, ex ministro de Desarrollo Productivo durante el fatídico Gobierno del machirulo golpeador Alberto Fernández, reapareció en la escena pública con una batería de críticas dirigidas tanto al kirchnerismo como la gestión de Javier “Jamoncito” Milei.
El ex funcionario, que integró el gabinete del fracasado “Alverso” entre 2019 y 2022, cuestionó la política industrial de Javier Milei pero también reconoció los errores del kirchnerismo en su histórica relación con el campo. Todo esto, claro, desde la cómoda tribuna del análisis retrospectivo, luego de haber sido parte de una gestión económica que tampoco dejó demasiados resultados para exhibir.
Kulfas aseguró que el desempeño industrial argentino en los últimos años es alarmante. Según datos que citó de un informe elaborado por la consultora Audemus, Argentina habría quedado entre los países con peor evolución industrial entre dos mil veintitrés y dos mil veinticinco. “Argentina queda en el peor lugar de desempeño industrial entre cerca de ochenta países relevados, solamente superado por Hungría”, afirmó, y agregó que durante los dos primeros años de gestión libertaria habrían cerrado cerca de dos mil quinientas fábricas, con una pérdida estimada de setenta y tres mil puestos de trabajo. A su entender, la industria opera hoy por debajo del sesenta por ciento de su capacidad instalada, lo que refleja una actividad productiva estancada.
El economista también remarcó que la economía muestra un funcionamiento desigual. Por un lado, sectores como el agro, la energía o la minería presentan dinamismo, pero —según explicó— generan relativamente poco empleo. En cambio, las actividades que más trabajo producen, como la industria, la construcción y el comercio, atraviesan una fase recesiva. Esa combinación, advirtió, tiene consecuencias sociales visibles: salarios que crecen poco, consumo estancado y un aumento de la morosidad en el sistema financiero, con cada vez más personas que no pueden afrontar deudas contraídas en los últimos años.
Para Kulfas, el problema central del modelo económico del gobierno libertario es que directamente no considera grave el cierre de fábricas. Según sostuvo, mientras se reducen aranceles, se eliminan medidas antidumping y se mantiene un dólar barato, la industria local queda en clara desventaja frente a la competencia externa. “No es un partido once contra once”, graficó el ex ministro, sino uno en el que la industria argentina juega “con ocho contra un rival que tiene once y un referí que mira para otro lado”. En su visión, la estrategia oficial apuesta a sostener la estabilidad financiera mientras descuida el impacto social que puede provocar la destrucción de empleo.
Sin embargo, el propio economista también repartió críticas hacia el kirchnerismo, al que acusó de haber tenido durante años una mirada prejuiciosa sobre el sector agropecuario. En ese sentido, comparó las “anteojeras” ideológicas de ambos espacios: mientras el kirchnerismo habría subestimado el potencial del campo, el mileísmo —según él— estaría haciendo lo mismo con la industria. Kulfas recordó que incluso dentro del kirchnerismo hubo discursos que descalificaron la producción agropecuaria, en alusión a la famosa frase de Cristina Fernández de Kirchner cuando calificó a la soja como “yuyo”.
A modo de síntesis, el ex ministro sostuvo que el problema de fondo en Argentina no es tanto teórico como político. Según su diagnóstico, el país oscila entre extremos: gobiernos que abren completamente la economía y terminan en crisis de deuda, seguidos por administraciones que cierran el sistema de manera exagerada por falta de dólares. “El problema es que no logramos construir consensos básicos”, concluyó.
Así, Kulfas intenta pararse en un supuesto punto de equilibrio entre dos modelos que critica por igual. Sin embargo, su mirada también deja un dato incómodo: muchas de las distorsiones que hoy señala se gestaron durante los años en los que él mismo formaba parte del poder. En la Argentina pendular, donde todos diagnostican y pocos se hacen cargo, los ex funcionarios suelen descubrir las fallas del sistema justo después de abandonar sus despachos.
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