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Editorial
El narcoescándalo en las urnas
Esta goma no funciona
José Luis Espert, de candidato estrella a figurita eliminada del mapa electoral por Javier Milei.
(Dibujo: Fernando rocchia para AGENCIA NOVA)
En menos de dos años de gestión, La Libertad Avanza, el espacio que había prometido venir a “cambiar las cosas”, lo único que logró acumular es un número exorbitante de causas de corrupción en tiempo récord.
En medio de este tsunami de maniobras turbias e ilegales, el oficialismo enfrenta un desafío urgente de cara a las elecciones del 26 de octubre: que el pueblo se olvide de Espert, ex cabeza de lista en la provincia de Buenos Aires, quien en cuestión de horas se convirtió en un cadáver político tras descubrirse los vínculos narco con los cuales se enriqueció ilícitamente. Además de renunciar a su candidatura –llanto público mediante-, tuvo que pedir licencia sin goce de sueldo en el Congreso y bancarse allanamientos en su domicilio.
La manzana podrida terminó de contaminar un cajón que ya estaba rancio. Por más que intenten convertirlo en el chivo expiatorio de lo que se perfila como una derrota en las urnas, el narcoescándalo de Espert salpica a varios integrantes de la cúpula libertaria también a nivel credibilidad, en una fase clave del Gobierno. En los últimos días, han circulado pruebas y hasta confesiones de que al menos el mandatario Javier Milei y la ministra Patricia Bullrich estaban al tanto de la existencia y operatoria del empresario narco recientemente extraditado a la fuerza, Fred Machado. Amigote y financista de Espert, por cierto.
En paralelo a estas investigaciones que ya están en manos de la Justicia, el duendecillo libertario que repite “no hay plata” gastó un vagón de guita en el alquiler del Movistar Arena para dar rienda suelta a su afán rockero, en un show que hubiera resultado gracioso en un contexto de crecimiento económico y bienestar social. Pero resulta que la mayoría de los argentinos no llega a fin de mes, los discapacitados sufrieron el arrebato de sus fondos, el Garrahan y las universidades fueron desfinanciados, los jubilados mueren por no poder acceder a los medicamentos y las pymes siguen despidiendo empleados para evitar la quiebra.
Es evidente que la plata dulce que les llueve desde Estados Unidos no está siendo invertida en obras ni planes destinados a mejorarle la vida a la gente. Tampoco en idear un modelo económico que funcione con miras al futuro próspero que tanto prometieron.
El único plan del Gobierno en este momento de crisis de las reservas y caída estrepitosa de la imagen es conseguir dólares que les permita aguantar hasta el 26. Los “expertos en crecimiento con o sin dinero” dependen sistemáticamente, a cada rato, del mecanismo de rescate externo para pisar el dólar y tapar agujeros, en el marco de una gestión ineficiente que hace meses arrastra una inflación mensual -dibujada- del 2 por ciento, la cual se empeñan en celebrar, pero ante los ojos del mundo sigue siendo una vergüenza.
¿Dónde está el éxito económico que iba a traer el ajuste? ¿Para qué sirvió la motosierra? ¿Por qué el pueblo debería seguir sacrificándose para recibir nada a cambio? Se incumplieron las promesas. No hay inversiones, no hay mejoras. La calidad de vida seguirá cayendo mientras los ingresos no se equiparen a la inflación real, no la mentirosa.
Si desde Casa Rosada no están dispuestos a redireccionar el barco en función de una mejora social, porque la codicia y la ambición de poder son más fuertes, no deberían esperar una respuesta positiva por parte del electorado. Es una ecuación básica. La ley de reciprocidad.
A pesar del creciente rechazo de la opinión pública, Javier Milei sigue eligiendo rodearse de los exponentes de la vieja casta (entre ellos, Diego Santilli, quien tuvo un golpe de suerte al quedar como reemplazo de Espert), además de darles un lugar de privilegio a vedetongas devenidas en “figuras” políticas, como Virginia Gallardo y Karen Reichardt, tras desfilar públicamente junto sus ex gatitas de turno, Fátima Florez y Yuyito González. Por lo visto, no solo los perros, sino también las rubias y los dirigentes fracasados, son su debilidad.
En esta cuenta regresiva hacia los comicios legislativos, hay una realidad irrefutable e irreversible: figure quien figure en los medios y en las boletas, Espert ya dejó su estela de corrupción impregnada en la conciencia colectiva. Resta ver qué impacto tendrá en las urnas este manchón de brea que La Libertad Avanza quiere quitarse a toda costa, cueste lo que cueste.
OPINIóN
La Libertad ya no Avanza, se bate en retirada
El caso de Espert y el Narcogate marcó un punto de inflexión en la campaña, como antes el de las coimas. El tortuoso camino a las elecciones.
James Neilson para Revista Noticias
Former editor of the Buenos Aires Herald (1979-1986).
Jose Luis Espert por PABLO TEMES
Nunca ha sido fácil subir en el mundillo político sin ensuciarse, sobre todo en países en que la corrupción es endémica y pocos confían en las instituciones jurídicas. En el camino hacia la cima, quienes aspiran a ocupar lugares destacados en el orden nacional tienen que codearse con sujetos venales que querrán que todos se contaminen con sus propios vicios y se especializan en expulsar a los reacios a respetar lo que llaman “los códigos de la política”.
¿Cuántos logran mantener bien limpia la ficha propia? Puesto que para sobrevivir casi todos habrán tenido que pasar por alto las canalladas ajenas por temor a desatar una interna que los perjudique, sorprendería que hubiera muchos. La conciencia de que en cualquier momento ellos también podrían ser blancos de acusaciones tremendas aumenta el riesgo de que hasta los más honestos caigan en la tentación de colaborar con malhechores o, por lo menos, de apaciguarlos con la esperanza de ahorrarse dificultades. Asimismo, el que, merced a las redes informáticas hoy en día virtualmente cualquiera será capaz de conseguir datos que antes hubieran permanecido ocultos significa que errores que fueron cometidos hace décadas pueden salir a la superficie para poner fin a una carrera promisoria,
Desgraciadamente para Javier Milei, los vínculos del ex candidato libertario José Luis Espert con Federico “Fred” Machado, un presunto narcotraficante que Estados Unidos espera extraditar que durante años le había aportado dinero, además de prestarle autos blindados y el uso de aviones privados, salieron a la luz justo cuando la campaña electoral de medio término entraba en su fase decisiva. Los esfuerzos de Milei por defender a Espert, tratándolo como una víctima de una campaña de difamación basada en “chismes de peluquería”, fueron contraproducentes; entre otras cosas, distraían la atención del electorado del papel del kirchnerismo en la transformación de zonas del conurbano en territorio liberado para narcos sádicos, como aquellos que asesinaron, después de torturarlas, a tres chicas, un crimen horrendo que hizo temer que la Argentina corra peligro de compartir la suerte de países como México en que tales atrocidades son rutinarias.
La voluntad de Milei de pagar un precio político elevado para apoyar a Espert puede explicarse; el economista era uno de los escasos integrantes de La Libertad Avanza que compartía plenamente sus convicciones ideológicas. No era un converso reciente al movimiento seducido por la popularidad del roquero anarcocapitalista sino un creyente auténtico en el evangelio libertario que, bien antes del surgimiento de Milei, figuraba como un paladín beligerante del ultraliberalismo puro y duro.
Aunque para el presidente las ideas importan mucho más que la conducta personal y la imagen resultante de quienes las expresan, en política éste dista de ser el caso; en efecto, la prolongada tragedia argentina se debe en buena medida a que amplios sectores del electorado se han acostumbrado a simpatizar con los partidarios de esquemas que, a la larga, tendrían consecuencias terriblemente negativas, por suponer que compartieran su propia escala de valores.
De todos modos, si bien hablar pestes de “la casta política”, es decir, la clase dirigente del país, sin discriminar entre sus miembros, le sirvió a Milei para alcanzar la presidencia, se resistió a entender que, para gobernar con un mínimo de eficacia, necesitaría contar con la ayuda de una multitud de personas experimentadas que, bien que mal, habrán integrado el aglomerado que había satanizado. Era fantasioso de su parte suponer que le sería fácil reemplazarlo por otro muy distinto conformado por quienes festejaban sus diatribas y asistían a sus grotescos shows musicales.
Como no pudo ser de otra manera, su propio éxito electoral hizo de él un imán para una horda de improvisados resueltos a sacar provecho de la oportunidad que les brindaba para asegurarse un buen pasar. Puede que entre ellos hayan estado algunas personas muy valiosas, pero a juzgar por las listas de candidatos que merecieron la aprobación de la poderosísima hermana presidencial Karina, también incluyen a aventureros que no están en condiciones de contribuir nada útil a un gobierno que se imagina destinado a refaccionar el país.
A menos que Milei logre recuperarse de los reveses de los meses últimos, casi todos debidos a su propia impericia y a la precariedad del gobierno que le responde, para sobrevivir en el poder dependerá del apego de los demás políticos al calendario constitucional. Felizmente para él, parecería que la mayoría entiende que la Argentina sencillamente no está en condiciones de soportar otra gran crisis político-económica, de suerte que sería mejor tolerar lo que hay y no arriesgarse a provocar una nueva catástrofe.
Con todo, si bien Milei está decidido a postergar la renovación de su gobierno por algunas semanas más mientras reza para que los escándalos que de un modo u otro ha protagonizado no hagan que los resultados de las elecciones legislativas nacionales se asemejen a los de los comicios bonaerenses del 7 de septiembre, parece haberse dado cuenta de que no tiene más alternativa que aliarse formalmente con el PRO de Mauricio Macri. Así las cosas, podría motivar algunos problemas el que Diego Santilli, el seleccionado por Milei para sustituir a Espert como cabeza de lista en la provincia de Buenos Aires, se haya distanciado del expresidente. Como tantos otros políticos, Macri, que a buen seguro despeñará un rol clave en el drama argentino en los meses próximos, suele valorar la lealtad y tiene buenos motivos para desconfiar de quienes optaron por sumarse a La Libertad Avanza cuando parecía encaminada a erigirse en una fuerza hegemónica.
Tal ilusión ya pertenece al pasado. Si bien Milei soñó con dominar la política nacional hasta las calendas griegas, parecería que tendrá que conformarse con lo ya hecho que, desde luego, no es poco. Al fin y al cabo, puede ufanarse de haber salvado al país del tsunami hiperinflacionario que lo amenazaba y haber hecho más que nadie para instalar la convicción de que en adelante tendría que vivir de los recursos que lograra generar. Aunque últimamente se hayan multiplicado indicios de que la sociedad se sienta cansada de la austeridad impuesta no por la “crueldad” de Milei sino por las deficiencias de una economía nacional poco productiva, un gobierno más amplio y más competente que el actual debería poder crear una base de sustentación capaz de impedir una recaída en el facilismo suicida que ha llevado al país a la situación en que se encuentra.
Siempre fue de prever que, andando el tiempo, se diluiría “el carisma” de Milei que le permitía dominar el escenario político hasta que, de súbito, el clima cambió al ser acusada su hermana de perpetrar actos de corrupción en desmedro de los discapacitados. Aunque la “luna de miel” disfrutada por Milei y la ciudadanía duró más de lo que muchos vaticinaron, terminó hace un par de meses; ahora corre riesgo de quedar abandonado a su suerte a menos a que se resigne a ser el líder titular de una coalición amplia en que los despreciados “ñoños republicanos” tendrían que encargarse del lado técnico de la gestión.
Por fortuna, parecería que, en términos generales, el rumbo que emprendió Milei hace casi dos años cuenta con el apoyo no sólo del gobierno del amigo norteamericano Donald Trump y “el Messi de las finanzas” Scott Bessent, sino también de una parte sustancial de la sociedad, razón por la cual no le sería tan traumático procurar desempeñarse más como un presidente “normal” que como un profeta iluminado que jura contar con el respaldo de “las fuerzas del cielo”.
Aunque no es ningún consuelo, Milei dista de ser el único mandatario democráticamente elegido que ha visto esfumarse con rapidez desconcertante un consenso que creía sería duradero. Lo mismo ha ocurrido en Francia, el Reino Unido, Alemania y muchos otros países. Sucede que, en todas partes, el progreso explosivo de los medios de comunicación electrónicos está acelerando los cambios políticos al brindar mucho más poder a los disconformes con el statu quo. Asuntos escandalosos, como el protagonizado aquí por Espert, que en otros tiempos se hubieran desarrollado con lentitud, hoy en día pueden impactar en la opinión pública en pocas horas, lo que descoloca a gobiernos que se ven constreñidos a reaccionar enseguida pero pronto encuentran que los demás cuentan con aún más información que antes o que ya se hayan producido más episodios que tendrían que intentar manejar.
Aquí, la sensación de que todo está en flujo se ve intensificada por la frecuencia insólita de elecciones. Pocas semanas trascurren sin que el gobierno nacional tenga que rendir examen en una municipalidad, como ocurrió en la Capital Federal, una provincia, sea Corrientes o Buenos Aires, o el país en su conjunto, lo que hace aún más difícil de lo que sería en otras circunstancias que se dedique a lo que en buena lógica debería ser su trabajo fundamental. Aunque es imposible concebir la democracia sin elecciones, las campañas incesantes hacen todavía más difícil la tarea frente a un gobierno, como el de Milei, que está procurando revertir una crisis sistémica de raíces muy profundas.
El Gobierno prevé un difícil panorama electoral: cree que solo ganará siete provincias
Proyectan derrotas en Buenos Aires y otros seis distritos; paridad en el resto del país
LA NACION
Jaime Rosemberg
Cristina Kirchner, Javier Milei y Juan Schiaretti por Alfredo Sabat
Con la onda expansiva del escándalo que dejó fuera de carrera a José Luis Espert, los responsables del armado nacional libertario revisan encuestas y prevén solo siete triunfos seguros, diez elecciones “peleables” y otras siete con pronóstico de derrota, entre ellas, la estratégica provincia de Buenos Aires.
En la cuenta final de votos, el Gobierno vislumbra un escenario de paridad. El presidente Javier Milei, que ayer visitó Corrientes y Chaco, se mantendrá al frente de la campaña oficialista.
En la oposición, las diferencias internas llevaron al peronismo a presentarse dividido en, al menos, nueve provincias, pero recuperó terreno tras la victoria bonaerense. Provincias Unidas presenta candidatos en 16 distritos y aspira a romper la polarización.
Siete triunfos seguros, diez elecciones “peleables” y otras siete con pronóstico de derrota, en un escenario de “paridad” general. Aún bajo los efectos de la onda expansiva que generó el escándalo que terminó con José Luis Espert fuera de la lista de diputados nacionales bonaerenses, los responsables del armado nacional libertario hacen cálculos, revisan encuestas y ajustan detalles de las últimas dos semanas de campaña, días decisivos para el futuro del gobierno de Javier Milei. En un contexto político y económico adverso, insisten en la posibilidad de un “empate” a nivel nacional, con victorias en distritos amigables que compensen una derrota, hoy asegurada, en la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, admiten que el escenario general es complejo.
La estrategia, que ya comenzó a delinearse en el terreno, no sufrirá cambios de fondo. Será el Presidente, y sus candidatos, quienes repetirán la idea de “avanzar” si se vota al oficialismo, o “retroceder” si el que gana es el kirchnerismo. La dramática idea de que “la única salida para los argentinos no sea Ezeiza” ya fue esbozada por algunos candidatos libertarios, y también se repetirá en las próximas semanas.
“Obviamente queremos ganar en todos lados”, se atajan desde la mesa política nacional, en la que tallan la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y el asesor presidencial Santiago Caputo, y donde la legisladora porteña Pilar Ramírez reemplazó como coordinadora a Eduardo “Lule” Menem luego de que el riojano quedara salpicado por otro escándalo, el de las presuntas coimas en la Andis denunciadas por Diego Spagnuolo.
Las cuentas, a esta altura, son claras. De los distritos más poblados, aparecen nítidas las chances de ganar en cuatro distritos donde hay acuerdos con otros partidos. En la ciudad de Buenos Aires, con la ministra de Seguridad Patricia Bullrich a la cabeza de la lista de senadores y Pro como aliados; en Mendoza–el también ministro Luis Petri como primer candidato a diputado–con la UCR gobernando; en Entre Ríos, donde esperan que la confluencia con Pro, que gobierna la provincia a través de Rogelio Frigerio, brinde otro motivo para festejar; y en Chaco, donde la alianza con el radical Leandro Zdero ya dio sus frutos en las elecciones locales.
En territorio porteño, cerca de Bullrich dan por hecho un “piso” de 40 puntos para su boleta, con al menos diez de ventaja sobre el kirchnerismo, aunque lejos de los números que Pro supo ostentar en distintas elecciones en la ciudad. La foto del jueves, con el jefe de gobierno porteño, Jorge Macri, junto a Bullrich en la cárcel de Marcos Paz envalentonó al macrismo, que acepta de buen grado un “mejor trato” –aunque sea por necesidad– por parte de sus socios de la Casa Rosada.
Además de las cuatro comarcas con alianza, en el Gobierno ven chances ciertas de terminar primeros en Tierra del Fuego y Salta (sus contrincantes van divididos en ambos casos) y en Río Negro.
En cambio, en la estratégica provincia de Buenos Aires, gobernada por Axel Kicillof, el Gobierno no se hace ilusiones: espera una derrota “por diez puntos”, más allá de la creciente confianza en que el protagonismo de Diego Santilli sume para los libertarios votos de “las mabeles” de clase media, reticentes o ausentes en las legislativas bonaerenses del 7 de septiembre pasado.
Aun con la posibilidad cierta de una derrota, en el comando de campaña se animan a pronosticar una “buena elección” en Córdoba y Santa Fe, las dos provincias que –según confirman a este diario– el Presidente visitará en la última semana de campaña. “En Santa Fe vemos tres tercios bien definidos, y en Córdoba nos va a ir bien”, repiten en el comando de campaña, sin hablar de triunfo. Hay esperanzas en Santa Cruz, donde los candidatos libertarios están “a tres o cuatro puntos” de la lista del gobernador Claudio Vidal, según encuestas propias. También hay expectativas en San Luis, donde el gobernador Claudio Poggi se declaró prescindente y no presenta candidatos, aunque allí crecieron las chances del PJ.
Alcanzar el objetivo global–tener unos 80 diputados propios a partir del 10 de diciembre– llegaría con buenas performances también en esos distritos, aunque además de una derrota en la provincia de Buenos Aires, nadie espera triunfos en los territorios de los kirchneristas Gildo Insfrán (Formosa) y Gerardo Zamora (Santiago del Estero). Tampoco en Corrientes y Chubut, donde la falta de acuerdo derivó en listas oficialistas en competencia con los libertarios, y en La Pampa, donde las encuestas adversas obligaron a cambios de nombres de los responsables de estrategia de campaña.
En plena vorágine presidencial, el comité de campaña debió modificar sus planes por el viaje de Milei a los Estados Unidos y su encuentro con Donald Trump. De todos modos, en la mesa de campaña aseguran que también esa foto “va a ayudar y dar tranquilidad”, en los mercados y de cara a la decisión de los votantes.
“Javier va a estar muy presente, como ya lo está siendo porque la campaña es el futuro con él, o el pasado si vuelve el kirchnerismo”, relata otro responsable de la campaña nacional. Las intensas recorridas del Presidente de estos últimos días (Santa Fe, Entre Ríos, Tierra del Fuego, Mar del Plata, Mendoza, San Isidro en la provincia de Buenos Aires, Chaco y Corrientes), se multiplicarán antes y después del viaje a Washington, que comenzará el lunes y culminará el miércoles, aseguran desde el Gobierno.
La idea de que Espert y su presunta vinculación con el narcotráfico “desaparezcan” de la escena es otra de las premisas de la planificación oficialista. “La semana que viene ya no es noticia, ya lo bajamos, no va a tener efecto”, aseguran desde un importante despacho. “Nos dieron otra vida, si la operación aparecía unos días antes de la elección era peor”, chicaneaba otro funcionario, que seguía creyendo en la “ingenuidad” de Espert en su vínculo con Fred Machado.
“Después del 27 bajan el dólar y el riesgo país. Todos se están cubriendo por las dudas, pero se va a tranquilizar pase lo que pase”, sostiene otra voz oficial, quien ruega por variables económicas en calma en la previa de la cita electoral. ●
Jaime Rosemberg