miércoles, 17 de septiembre de 2025

"EL LOCO CHAVEZ TOMO 2" (¡¡¡132 PAGINAS!!!)

martes, 16 de septiembre de 2025

Esta vez ¿es distinto?




















COLUMNISTAS 

Oficialismo en crisis

Esta vez ¿es distinto?

La semana posterior a las elecciones expuso fallas de conducción, desgaste económico y divisiones internas.

Carlos Fara 

Diario Perfil

¿Se lo envuelvo para regalo? Luis Caputo por Pablo Temes


Como rezaba el fallecido filósofo contemporáneo “Tati” Vernet, “el problema no es perder, sino la cara de boludo que te queda”. El Gobierno concluye su primera semana post-Cancha Rayada sin reaccionar adecuadamente a lo sucedido. Los pases de factura internos imposibilitan la comprensión de lo que pasó. En muy resumidas cuentas, hay que sumar cuatro factores: 1) estilo de liderazgo, 2) falta de empatía, 3) la economía no satisface, y 4) el caso Spagnuolo. Si no se ataca de manera contundente alguno de estos ítems, la recuperación va a ser complicada. Pero por sobre todas las cosas, si la calle tuviera un boom de consumo, los otros tres tópicos quedarían un poco de costado. Pero la calle “no la ve”.


Milei pensó todo el tiempo que podía prescindir de la administración de la burocracia


¿Cuánto mejor podrían haber sido los cierres de listas, o cuánto mejor podría haber sido la estrategia territorial si la economía no camina? Insignificante. Si la calle está dulce, poco importan los “Nene” Vera de la vida. Además, ¿los digitales tenían algo mejor para presentar? ¿Era el gordo Dan –calificado como agresivo y desagradable por los propios votantes libertarios– más presentable que los runflas que cambian de bando en cada elección? Están equivocando el diagnóstico, ergo, la estrategia de recuperación. Karina, de mala imagen en los más afines, ¿tiene más culpa en la derrota que las variables descontroladas de “el mejor ministro de Economía de la historia”? Si el problema es solo la política, un nuevo cachetazo empieza a incubarse.


Pasó una semana. Ahora tenemos un ministro más, más mesas políticas, más vetos y más fotos de reuniones sin impacto en la opinión pública. El mileísmo aún no salió de la cápsula. Y le va a costar a un sistema de conducción endogámico y verticalista. ¿Quién con kilometraje y algún prestigio político querría sumarse como actor de reparto a Dónde está el piloto?


Habitualmente, el líder de un proyecto político administra el conflicto y la distribución de poder entre las tribus. Como Menem con celestes y rojos punzó. El problema es que acá el uno no fija la política, que quedó en manos de su hermana. Pero Karina es juez y parte porque encabeza una de esas tribus. Ergo, no puede mediar con eficacia en una situación de crisis donde ella está señalada como una de las culpables. Fallas de matriz que quizá no se resuelvan nunca.


La elección del domingo desnudó muchos problemas conceptuales del oficialismo. Vamos a los números (que no me dejan mentir). Hubo 1.100.000 votos de diferencia entre el ganador y el segundo el domingo pasado. Dado que LLA no existía en 2021 –la anterior legislativa donde concurrieron la nacional y la provincial– las comparaciones son dificultosas. Si tomamos como referencia lo que pasó hace cuatro años atrás, JxC+ Espert obtuvieron un millón medio más de votos que este 7 de septiembre. Pero si miramos a la sumatoria de JxC+ LLA en diputados nacionales de 2023, la pérdida es de más de dos millones. El gran tema acá es que FP también perdió si lo comparamos con dos años atrás, pero creció en votos absolutos si nos referenciamos en 2021. En definitiva, los libertarios necesitan producir una revolución de participación entre los potencialmente propios para poder achicar la diferencia drásticamente, suponiendo que los electores K repetirán la misma asistencia (y con más entusiasmo), mientas que los “otros” difícilmente se metan en la grieta para ayudarlo al Javo.


Los dos grandes actores se llevaron el 81% de los votos, en una gran polarización, pero acá hay dos “ignotos” que también compiten: los otros y la abstención. Ésta última está actuando como variable de ajuste, sobre todo entre los no K, de modo que se relativiza la estrategia de las “minorías nítidas”. Según este supuesto, existen núcleos duros blindados que irán a votar como sea, y que en el caso de LLA, los alimenta el “temor kuka”. Sin embargo, ese argumento no sirvió como suficiente aliciente para frenar a los “orcos”. Los que no acudieron están más del lado de votantes JxC 2023, que se han decepcionado por alguno de los cuatro factores mencionados al principio de la nota.


¿Fue un error nacionalizar? Contrapregunta: ¿se puede no nacionalizar una elección con el 40% del padrón del país? ¿Quién imaginó que se iba a discutir sobre inseguridad y baches, teniendo en cuenta que la situación económica ocupa buena parte de la angustia de la gran mayoría desde que se levanta hasta que se acuesta? ¿Podría no haber aparecido el Presidente? ¿Cómo insuflar ánimo en una tropa llena de desconocidos en cada distrito? Por consiguiente, diría Felipe González, el oficialismo deberá ir a buscar votantes blandos, quienes oscilan en función de factores de la coyuntura. Eso implicará “abuenarse”, moderarse, buscar algo más al centro, ya sea por estilo o por contenido. ¿Y las minorías nítidas? Bien, gracias, porque no alcanzan. ¿Y entonces los vetos? ¿Y la ortodoxia monetaria? ¡Ah!, no sé (eso lo digo por otro precio).


Después de la crisis electoral, lo que estaba suelto parece soltarse aún más


Los próximos 42 días van a ser muy complejos porque siempre es difícil romper los círculos viciosos, como ya se comentó en esta columna el domingo pasado. Vuelvo a parafrasear a Viglietti: “me matan si no ajusto, y si ajusto me matan”. La elección así lo certificó. Sin gestos contundentes se hará cuesta arriba: el timing de la reacción y el impacto de lo que se decida son variables claves. ¿Habrá mística al estilo “Mauricio lo da vuelta” de la general de 2019, recurriendo a actos masivos y caravanas (como la casta)? El “gatito mimoso” no tiene una coalición de partidos detrás, ni lo tiene a Pichetto, ni a Lacunza.


Además de todo eso, hay demonios desatados: el temor de los mercados y la investigación judicial a partir de los audios (Comodoro Py está que arde), con un gobierno que se convirtió en mancha venenosa. Nadie querrá sacarse una foto con “los leprosos”, salvo a cambio de un alto precio. En varias provincias hoy LLA no logra sumar el porcentaje de votos de la primera vuelta de 2023.


Respondiendo la pregunta del título: esta vez ya no es distinto, Toto. La ley de la gravedad existe.

Somos “ñoños republicanos”





















LA NACION > Opinión 


Somos “ñoños republicanos”


Formamos parte de los que creemos que la institucionalidad importa, y mucho


Por Esteban Bullrich y Guillermo Lipera 


Javier Milei por Alfredo Sabat 






En tiempos de crisis es habitual que lo urgente gane lugar ante lo importante y en consecuencia sacrifiquemos el largo plazo por razones de mera coyuntura. Cuando sentimos que nuestra vida, nuestras costumbres o nuestra historia están en juego, tiene lógica que no nos detengamos a mirar cómo le va a quedar la cicatriz al enfermo que estamos operando para salvarle la vida.



Sin embargo, y la historia de la humanidad en estos últimos doscientos años ha inundado de demostraciones este punto, hay un factor que suele ser descuidado por gobiernos de todos los colores y que se ha cargado implacablemente reformas por derecha y por izquierda.


Estamos hablando de la institucionalidad. Del respeto que deben guardar los gobiernos a esas reglas que los preceden, los ordenan y los limitan y que, como todo límite, es incómodo y por tanto, como toda incomodidad, uno intenta sacársela de encima.


En momentos de crisis, insistimos, los gobiernos se sienten legitimados (y muchas veces las sociedades así lo confirman), para no respetar las instituciones y tomar el “atajo”. Y, en algunos casos, profundizan su poder despreciando a todos aquellos que levantan la voz intentando evitar avances autoritarios. Nos dicen ñoños republicanos, de mínima. Nos enrostran que nos estamos preocupando por nimiedades, que el árbol nos tapa el bosque, que no la vemos.



Pero es al revés, la vemos tanto que sabemos con certeza que el bosque es la institucionalidad y que nada, ninguna reforma, ningún avance, nada de nada, va a durar si no se hace respetando las reglas y consensos que nos coaligan.


Esta película ya la vimos en varios gobiernos y en este momento está pasando algo similar bajo el mandato del presidente Javier Milei. Y no se trata de qué reformas fueron buenas y cuáles no, se trata de que si queremos transformar el país sobre bases sustentables y no destruir la sociedad en el proceso, tenemos que entender que el camino es por dentro de la institucionalidad.


Hemos pedido una y otra vez una apuesta por la concordia nacional. Muchas cosas han cambiado en nuestro país en los últimos años; la mayoría, para bien. Pero no en cuanto a la concordia. En esa categoría estamos mucho peor. Y eso es terrible para la institucionalidad, y la historia es terminante: quien descuida las instituciones hace que sus reformas no perduren en el tiempo, gobierne quien gobierne.



No hace falta analizar el premio Nobel de economía de 2024 para ver la relación entre las instituciones y el desarrollo económico. Basta con mirar la historia de nuestra querida Argentina.


En momentos en que la crisis apremia, parece que todos los medios son válidos, que los “de enfrente” (como si no fuéramos todos argentinos) no tienen nada para decir y que marcar disensos es entorpecer el trabajo.



Nos resistimos a entrar en esa retórica. Es falsa, es divisiva y conduce al peor lugar: la iniciativa inversa empujada por el primer gobierno de signo opuesto que aparezca. Y va a aparecer. Hace doscientos años que vivimos de revancha en revancha, con movimientos pendulares que nos llevan de un extremo al otro. ¿En algún momento pararemos la pelota?


Dígannos “ñoños republicanos”, pero San Martín, Alberdi, Sarmiento, soñaron, pensaron y construyeron un futuro que no estamos haciendo realidad. Y por eso nos pasan las cosas que nos pasan. Nos llenamos las bocas con sus nombres pero nunca las manos de sus acciones.



No somos ingenuos, sabemos bien que muchas veces se usan argumentos como los que desarrollamos acá solamente para frenar las transformaciones, para hacer oposición acrítica, debilitar e intentar volver a gobernar lo más rápido posible. Es cierto, mala gente siempre hubo y siempre va a haber. Pero no es ese nuestro foco, esos son fáciles de detectar y neutralizar. ¿Pero qué hacemos con todo el resto? ¿Con todos los que vemos que estamos yendo en buena dirección pero por malos caminos?


El insulto y la agresión son siempre una manifestación del miedo y de la inseguridad. Quien está convencido de sus fines y sus armas no necesita desquiciarse ante cada cuestionamiento y quien tiene un proyecto de país, y no de poder, sabe con certeza que destruir todo para lograrlo es lo peor que puede hacer.



No hay ninguna reforma que se esté haciendo que no pueda hacerse con otros modos. Lo cortés no quita lo valiente y no creemos ni por un segundo que las formas sean irrelevantes ni evitables. Creemos, al contrario, que las formas, la división por la división misma, el “principio de revelación” y todas las demás aristas de la narrativa oficial, son un modo equivocado que eligió el Gobierno para construir poder mientras va haciendo las reformas. No hace falta, no construye y genera las condiciones de su propia contradicción en el futuro.


Ojalá el gobierno se dé cuenta de que hay un camino más noble, y además más sostenible, de llevar a la Argentina al lugar en el que tiene que estar. Seguiremos levantando la mano y llamando la atención sobre esto hasta el último día. Así somos los “ñoños republicanos” que soñamos con un país que viva en paz.



Esteban Bullrich es exsenador nacional y Guillermo Lipera, abogado


Por Esteban Bullrich y Guillermo Lipera

HUMOR DIARIO