martes, 16 de septiembre de 2025

"LA GRAN CREACION DE MORRIS: LUCKY LUKE VOLUMEN 2" (¡¡¡209 PAGINAS!!!)

lunes, 15 de septiembre de 2025

Milei ratifica a su mesa chica a pesar de la crisis política











Perfil

Oficialismo en baja


Milei ratifica a su mesa chica a pesar de la crisis política

Defendió a Karina, a “Lule” Menem y a Pareja. Negó despidos, pero crece la tensión con Santiago Caputo.

Nelson Castro

Diario Perfil


‘E pur si muove’, los Milei por Pablo Temes


Dice Javier Milei: “No voy a echar a nadie por unos audios llenos de mentiras”. Y sigue: “No voy a cambiar a ninguno de los armadores de la campaña en medio de la campaña”. Los que hablaron con él lo escucharon, lo encontraron sereno. Una pena que no traslade esa serenidad al ámbito de sus apariciones públicas. Yendo a lo expresado por el Presidente, a buen entendedor, pocas palabras: queda claro que tanto Karina Milei como Eduardo “Lule” Menem” y Sebastián Pareja seguirán en sus cargos y en sus roles. Si alguien esperaba que alguna de esas personas fuese eyectada de sus cargos, se equivocó. Los que conocen la interna del Gobierno señalan que, uno de los que se había ilusionado con esos cambios, era Santiago Caputo, cuya mala relación con “El Jefe” parece ser irreversible. En ese sentido, el jueves fue particularmente intenso. Ese día, en las redes sociales circularon con marcada insistencia –y durante varias horas– las versiones que se explayaban sobre “Caputito” –como despectivamente lo llaman los no pocos que dentro del oficialismo no lo quieren–, afirmando que estaba con un pie afuera del Gobierno. Las averiguaciones y los testimonios de los conocedores de esa interna voluptuosa en tribulaciones dentro de un oficialismo en estado de shock, no dudaron en adjudicar esa oleada de mensajes y especulaciones a las usinas de troles cercanos al mismísimo Santiago Caputo.


Analizando la elección del domingo pasado, queda claro que, más que haberla ganado Fuerza Patria, la perdió el Gobierno. El peronismo, unido –y rejuntado–, alcanzó los porcentajes que, más o menos, son los de siempre. La Alianza La Libertad Avanza hizo todo –absolutamente todo– mal. Listas con candidatos ignotos, falta de fiscales, fiscalización defectuosa, desprecio y maltrato de sus aliados naturales y una campaña equivocada, con escaso contacto con la gente y su realidad, conformaron un universo de errores que no podía tener otro destino que la derrota. Muchos dirigentes del PRO, que habían tenido un rol activo en la elección de 2023 y que tuvieron voluntad de colaborar con la campaña, fueron víctimas del maltrato y el ninguneo por parte de la conducción de LLA. Ante esto, decidieron bajar la persiana e irse a sus casas. No fueron a votar ni hicieron campaña. Por otra parte, en vez de provincializar la elección, La Libertad Avanza la nacionalizó, dejando pasar la oportunidad de señalar los brutales déficits de la gestión de Axel Kicillof y de muchos intendentes del Conurbano Bonaerense. A esos errores se sumó el de creer que, poniendo en frente a Cristina Fernández de Kirchner sumados a una batería de eslóganess anti-K, la victoria estaba al alcance de la mano. Craso error que demuestra, además, que nadie aprendió la lección de la historia reciente. En el 2019, el entonces presidente Mauricio Macri y su cohorte creyeron que utilizando como único argumento de campaña el miedo a la vuelta de CFK y sus secuaces, la elección estaba ganada. Fue un error que Juntos por el Cambio pagó carísimo y que le permitió al kirchnerismo alzarse con una victoria aplastante. 


Solo una disociación muy profunda con la realidad hizo que el Gobierno llegara al domingo confiado en una victoria que los hechos venían desmintiendo desde hace tiempo. El Presidente prometió que el costo del ajuste lo iba a pagar la casta política. Fue un mensaje muy potente que caló hondo en la mayoría de la gente. A casi dos años de comenzada la gestión del actual gobierno, la realidad es otra. La casta está intacta. El ajuste lo ha pagado y lo sigue pagando el ciudadano y la ciudadana de a pie. 


Entre los varios errores cometidos por Javier Milei en lo que va de su mandato, hay uno clave: haber dejado la conducción política del Gobierno en las manos de su hermana. He ahí un problema que fue advertido por todos –ajenos y propios– desde el mismo día de la asunción del mando, el 10 de diciembre de 2023. A Karina no la eligió nadie. Sin embargo, es ella la jefa política de este gobierno. Sus errores garrafales le han costado caro a su hermano, el Presidente, pero atención: nadie crea que Santiago Caputo es la exégesis de la ciencia y el arte de la política. Por eso es que, el hoy inexistente “triángulo de hierro”, no hizo más que generar intriga al interior mismo del Poder Ejecutivo.


El Gobierno juega una carrera contrarreloj. La elección del 26 de octubre próximo es crucial. Se juega allí la gobernabilidad. El kirchnerismo sueña y agita el club del helicóptero. El Presidente debe actuar con rapidez. Lo hecho en esta primera semana ha sido absolutamente inefectivo: la Mesa Federal no agrega nada y la convocatoria a los gobernadores tiene aire a fiasco. Son cosas que ya se hicieron en otros gobiernos luego de una derrota electoral que nunca sirvieron para nada. La reunión de los gobernadores de Provincias Unidas –Martín Llaryora de Córdoba, Maximiliano Pullaro de Santa Fe, Carlos Sadir de Jujuy y Gustavo Valdés de Corrientes–, no sólo le terminaron de marcar un límite al oficialismo, sino que lo pusieron frente a la realidad de otro veto presidencial que será revocado. Hay enojo en ellos y en otros. “Nos prometió cosas que no cumplió”, se los escuchó decir en referencia a promesas hechas por Milei. Estos gobernadores eran aliados naturales del Gobierno. Hoy están en la vereda de enfrente. Lo mismo pasa con Mauricio Macri y lo que queda del PRO. “Hemos sido estafados” se escuchó decir en la sede del PRO en la calle Balcarce, pleno corazón de San Telmo. La relación del expresidente Macri con LLA está, al día de hoy, terminada.


Decía Aristóteles: “Todos los gobiernos decaen por la exageración de sus principios”. ¿Es consciente Javier Milei de esto?


¿Presidente o panelista? El dilema de Milei











LA NACION > Opinión 

¿Presidente o panelista? El dilema de Milei

El voto popular, en 2023, decidió lo primero; tras el porrazo bonaerense, Milei tiene que intentar ser un hombre de Estado

LA NACION

Pablo Sirvén


Javier Milei por Alfredo Sabat


El personaje exótico, fácilmente irritable, sin medias tintas y que dice inconveniencias todo el tiempo luce mucho en los medios audiovisuales, y más en las redes sociales, pero puede convertirse en una bomba autodestructiva cuando se pretende hacerlo funcionar políticamente sin cambios en una coyuntura frágil e incierta, para colmo en medio de una sucesión de comicios adversos.



Javier Milei fue un panelista televisivo y un influencer exitoso que movilizó detrás de él a audiencias crecientes a las que cautivó con sus shows ásperos.


No es común que las celebridades mediáticas consigan trasladar su enorme influencia al ámbito político. Son incontables los ejemplos de personajes muy notorios en el primer campo que se entusiasmaron con la idea de pasarse a la política, pero que quedaron por el camino por no suscitar el mismo interés o generar atendibles reservas. Una cosa es llamar la atención en la tele o en TikTok y otra, muy distinta, es gobernar. Y gobernar bien, con cintura política, con más razón cuando no se cuenta con respaldo legislativo suficiente para avanzar.


Milei es una gran excepción a la regla y como triunfó siendo como es –insólito, imprevisible, caprichoso, sin matices– creyó, y sigue creyendo, que nada tiene que modificar al respecto. Le ayudaron a mantener esa creencia a su favor durante algún tiempo dos factores claves: su cruzada exitosa contra la inflación y una oposición sorprendida por el fenómeno del outsider funcionando como un electroshock a la política y avalado por su imagen que no declinaba.



Pero el personaje le ganó al Presidente y fue rifando ese gran capital con errores autoinfligidos y, peor aún, con decisiones equivocadas tomadas muy conscientemente, como maltratar a sus propios aliados y manosear con desaprensión temas en los que existe consenso social de que deben tratarse con cuidado y criterio (la salud, la educación, los discapacitados y los jubilados, entre otros).


Una cosa es eliminar curros –algo que debe hacerse, cómo no– y otra muy distinta es reventar a hachazos presupuestos, que ya venían deteriorados, en áreas sensibles (el estado lamentable de las rutas es otra demanda no escuchada).


Más allá de sus connotaciones distritales, los comicios bonaerenses, por el simple hecho de que sus votantes suman el 37,04% del electorado de todo el país, se convierten automáticamente en un tema nacional. Pero no hacía falta que el Presidente enfatizara tan dramáticamente ese aspecto involucrándose en una campaña tan desordenada y espasmódica, justo en momentos de gran inestabilidad en los mercados y de serios cuestionamientos de corrupción en la Agencia Nacional de Discapacidad.



Lo traicionó su subconsciente mediático: creyó que la fotito y el video en medio de lodazales del Conurbano eran suficientes para garantizarse el voto. Pensó que los esloganes y cánticos contradictorios eran convincentes. No se puede poner “el último clavo en el ataúd del kirchnerismo” y al mismo tiempo arengar: “Saquen al pingüino del cajón”. Aprovechó el opaco Máximo Kirchner para retrucarle: “Pediste sacar al pingüino del cajón y ahí lo tenés”. Tampoco resultó feliz su discriminador y repetitivo rótulo de “enano soviético” para Axel Kicillof. Terminó agigantándolo.


¿Olvidó que en la segunda vuelta de la elección presidencial de 2023, en la que arrasó por casi doce puntos a Sergio Massa, La Libertad Avanza perdió en la provincia de Buenos Aires?



Ahora el peronismo se agranda, a pesar de haberse encogido en 441.000 votos respecto de los que sacó hace dos años. Debería entender que fue más un voto en contra del gobierno nacional que a favor de Kicillof. Los casi dos millones de ciudadanos que no fueron a votar y el medio millón de votos en blanco son una muestra evidente de la decepción popular con la clase dirigente, sin distinción de banderías.


El Presidente no percibe la necesidad de despojarse urgentemente del panelista y del influencer que viene representando en pos de proceder como un hombre de Estado que, a la par de custodiar el equilibrio fiscal, debe resolver otros temas acuciantes, como el equilibrio social (tal como lo subrayó el candidato a diputado Juan Schiaretti, en el acto de Provincias Unidas).



Fue un buen gesto el de Milei, la noche de la derrota, no esconderse, salir a dar la cara y reconocer errores. Pero en los siguientes días no dio muestras de querer hacer ningún cambio de fondo. Se echaron a andar trémulas “mesas” de diálogo que, por el momento, son puro chamuyo, y ratificó que acelerará el actual rumbo económico.


A la gestión de Cambiemos le tiraron por la cabeza que era un “gobierno de ricos” y nunca más pudo deshacerse de ese rótulo por mucho que lo intentara. A Milei lo catalogan de “cruel” y le encanta. Algo no está bien.


Por Pablo Sirvén