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Panorama Político Nacional
El escenario
La mesa del reciclaje: la "nueva" Política Nacional de Milei con los mismos de siempre
El prescindente Javier Milei y su Mesa Política Nacional llena de payasos del Gobierno.
(Dibujo: Fernando Rocchia para AGENCIA NOVA)
La decisión del prescindente Javier Milei de conformar una Mesa Política Nacional tras la derrota en la provincia de Buenos Aires fue presentada por el oficialismo como una señal de reordenamiento y capacidad de reacción.
En los hechos, la futura “solución” luce más como una reedición del poder concentrado: los nombres son los de siempre, los roles no cambian y las dudas sobre su eficacia crecen horas después de la primera cumbre en Casa Rosada.
En la nómina oficial aparecen Karina Milei, Patricia Bullrich, Guillermo Francos, Santiago Caputo, Martín Menem y el vocero Manuel Adorni, además del propio prescindente.
El anuncio fue difundido por la vocería presidencial como una forma de ordenar la estrategia política y “defender el proyecto”. Pero lo que debería leerse como autocritica y apertura aparece, para muchos, como una decisión defensiva que refuerza a quienes ya estaban al mando.
El problema central no es sólo la composición: es el mensaje. En el día siguiente a la derrota en la provincia más poblada del país (un golpe que encendió las alarmas del oficialismo) el Gobierno optó por sostener a su círculo íntimo en lugar de abrirse a voces nuevas o hacer autocrítica sobre políticas económicas y comunicación que explican buena parte del rechazo electoral.
Esa cerrazón alimenta la sensación de que la Mesa servirá más para administrar la defensa mediática y las internas que para corregir rumbo.
Aun cuando el Gobierno asegura que la mesa buscará coordinar con gobernadores y referentes territoriales, la puesta en escena tuvo un marcado sello de unificación desde arriba: Karina Milei fue la encargada de conducir el armado bonaerense y en los encuentros participaron dirigentes del PRO como Cristian Ritondo, Diego Santilli y algunos intendentes aliados.
Esa versión “PROizada” del armado bonaerense refuerza la idea de que lo que se pretende es recomponer alianzas tácticas, no repensar un proyecto.
Tampoco hubo señales de cambios de gabinete ni de desplazamientos de ministros cuestionados por la opinión pública; la reacción fue esencialmente táctica. Es decir: se reorganiza la foto, pero no el contenido.
Esa ausencia de modificaciones estructurales profundiza la desconfianza entre gobernadores y electores que pedían respuestas concretas después del resultado bonaerense.
La Mesa, además, llega en un momento de fuerte volatilidad económica y política: la derrota en Buenos Aires no fue anecdótica y obliga a preguntarse si un núcleo reducidísimo de decisiones puede revertir la percepción pública sobre el manejo del país.
Los indicadores y las reacciones de mercado que siguieron al resultado muestran que la incertidumbre no se cura con mesas de fotos; se mitiga con cambios concretos y políticas que den señales de previsibilidad.
Si la Mesa Política Nacional termina siendo un parche para tapar grietas internas y un mecanismo para administrar la comunicación oficial, el gobierno habrá perdido una oportunidad para demostrar que sabe escuchar y corregir.
Y si la estrategia consiste en mantener a los mismos dirigentes, con la misma lógica de arriba hacia abajo, la pregunta será inevitable: ¿Quién va a convencer a los votantes que ayer rechazaron ese proyecto de que hoy cambió de verdad?
La mesa existe y se reúne, pero por ahora es más un gesto defensivo que una señal de renovación.
Los resultados dirán si fue apenas maquillaje o el primer paso de una transformación real; hasta entonces, la sensación predominante es que la Casa Rosada recicló a los de siempre.
Negocios
La economía. De Maradona a Vaca Muerta, el problema del dólar en Argentina
Un tipo de cambio bajo genera “boom” de importaciones y turismo emisivo, generando una situación difícil de sostener en el tiempo. Una cotización alta provoca desagrado en el votante
Gustavo Scarpetta (*)
LA VOZ de Cordoba
Ilustración Eric Zampieri.
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Boca Juniors adquirió a Diego Maradona a préstamo por U$S 2,5 millones en efectivo y el pago de deudas de Argentinos Juniors por U$S 1,1 millones y a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) de U$S 400 mil. Sería similar a un equipo argentino deteniendo la venta de Franco Mastantuono y pagando el préstamo.
Aquello fue en febrero de 1981. River Plate, para no quedarse atrás después del espectacular inicio de Maradona en la Bombonera, decidió traer a Mario Alberto Kempes, pase que concretó el 12 de marzo de 1981 -sólo 20 días después de lo de Diego-. Para poner contexto, Kempes venía de hacer 22 goles en 32 partidos y era -aún es- el máximo ídolo del Valencia. Sería como haber comprado al mejor Lionel Messi al Barcelona. Todo eso posibilitó un dólar superatrasado.
A esa época se la denominó “Plata Dulce” y hasta se filmó una película con ese nombre. También quedaron de esa época frases como “Deme dos” y los viajes a Miami.
Los atrasos de tipo de cambio en Argentina siempre han sido similares: bajan la inflación, promueven las importaciones, debilitan las exportaciones y generan un cimbronazo en su final. En 1980 y 1981, ambos años hubo déficit comercial. Guardamos, para otra columna, la historia de Palito Ortega y Frank Sinatra en la misma época.
Esa es una diferencia con la situación actual, donde hay superávit comercial en la balanza de bienes. Aunque hay reservas débiles y rojo en la cuenta corriente. El ministro de Economía, Luis Caputo, aconsejó que si veían el dólar barato compraran y fueron 1,3 millones de argentinos los que compraron por U$S 5.432 millones en julio; también fueron U$S 14.719 millones desde abril, cuando el Gobierno decidió la salida del cepo para particulares.
¿Dólar alto o dólar bajo?
El dólar ha sido y seguirá siendo una de las variables clave. Roy Hora y Pablo Gerchunoff en su libro Moneda al aire, plantean casi un laberinto sin salida para la moneda estadounidense en Argentina.
Un tipo de cambio bajo genera un boom de importaciones y turismo emisivo, que no puede ser financiado y pronto debilita las reservas, lo que obliga a salir de este esquema. Promueve las importaciones y debilita las exportaciones.
Por el contrario un tipo de cambio alto, estimula las exportaciones y genera una protección extra en las importaciones, pero no es agradable para el votante.
Intentando resumir a Gerchunoff, la clase media quiere dólar barato y los políticos se lo daban hasta que se arma quilombo y después la oposición le da dólar caro a las clases populares, creando empleo.
Al respecto, Gerchunoff dice que “el tipo de cambio real alto es un sustituto de la reforma laboral. Y además es una forma de, a la inversa, resolver el problema fiscal”.
Durante todo el proceso democrático el tipo de cambio se atrasó y hubo distintas situaciones para su corrección. Algunos devaluaron y generó un salto inflacionario, Cristina Fernández y Amado Boudou implementaron el cepo para evitar la compra por ahorristas en 2011 y luego fueron ampliando restricciones, laberinto del cual aún no se puede salir.
Mauricio Macri tenía un tipo de cambio muy atrasado en 2017 cuando ganó las elecciones de medio término. Ese dólar generó el mayor déficit comercial de la historia. A pesar de ganar, no lo corrigió y el mercado se encargó de corregirlo en abril del 2018, lo que implicó un nuevo gran préstamo al Fondo Monetario Internacional (FMI).
Cuando los economistas indicaron que el tipo de cambio estaba atrasado, el actual Gobierno y el presidente Javier Milei los tildaban de “mandriles”. Una escena, que puede quedar en la historia, es todo el equipo económico gritando “flota” en un programa de streaming. Intervinieron vendiendo casi U$S 600 millones en la semana antes de las elecciones bonaerenses y también influyen mediante tasas altas para que la gente se queden en el plazo fijo y no vayan al dólar.
Es cierto que el equipo económico y muchos seguidores explicaron que esta vez sería distinto. Cuando se les preguntó por qué, la mayoría apuntó a los dólares de Vaca Muerta y la minería. Los fantásticos U$S 30 mil millones que los titulares de los diarios aseguran que exportará Vaca Muerta advierten también que ese monto será en 2030. O sea que hay que tender un puente hasta entonces.
La otra fundamentación es el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (Rigi). Pero cuidado, porque este régimen tiene una flexibilidad para traer divisas: sólo es obligatorio plenamente en los dos primeros años. En el tercer año, se puede disponer libremente del 20%, en el cuarto el 40% y del quinto en adelante la disponibilidad es del 100% para ingresarlas o no.
En Argentina, el dólar es una de las principales reservas de valor, y la única forma de eludir eso es generando confianza durante mucho tiempo.
El costo de la desconfianza genera una demanda extra en nuestro país que es muy difícil de absorber. ¿Cuántos dólares generamos cada argentino? Al obtener cuánto exportamos por habitante en bienes y servicios, Argentina exporta U$S 2.120 por habitante, contra U$S 5.616 de Chile o U$S 16.150 de Australia.
Nuestra herencia cultural –totalmente entendible– de ahorrar en dólares crea una demanda adicional que empuja más su cotización. ¿Puede cambiar eso en el corto plazo?
Hasta el 26 de octubre
La inflación en agosto fue de 1,9% y de 19,5% en lo que va del año. Es el gran activo del Gobierno camino a las elecciones de octubre. Otra buena noticia es que poselecciones el dólar subió pero sin tocar el techo de la banda.
Deberá jugar todas las fichas para mantener el dólar quieto y repetir un índice similar a mediados del mes próximo.
Economistas como Martín Redrado o Daniel Artana estiman que habrá estrés cambiario más cerca de las elecciones. Será una lucha entre el colchón de la gente y el colchón de reservas. Este último no fue tan grande como podría haber sido, porque Caputo y compañía decidieron comprar recién cuando el dólar llegara a $ 1.000.
El dólar cierra la semana casi en el borde de la banda superior, mientras algunos bancos suben y otros bajan la tasa de los plazos fijos. Queda mucho aún para el 26 de octubre y es probable que deba salir a vender para defender el techo autoimpuesto.
Del 26 al 2026
En el excelente coloquio que organizó la Unión Industrial de Córdoba (UIC), se realizó una encuesta en donde dio que más del 70% veían escenarios buenos en el futuro, divididos entre positivo o muy positivo.
Días atrás, el presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martin Rappallini, afirmó que hay sectores cuya actividad cae 15% y que se pierden casi 1.500 empleos por mes.
Dicho evento fue anterior a las elecciones del 7 de septiembre pasado, pero en la charla que organizó La Voz el miércoles pasado, el consultor Teo Zorraquin preguntó cómo era el escenario futuro que veían y el 80% del auditorio eligió entre un escenario positivo o muy positivo.
Algunos sectores vuelan -como la venta de autos y el turismo emisivo- y otras están cayendo al sótano. Los economistas se encargan de decir que los salarios privados formales han venido recuperando poder adquisitivo: el análisis de la gente es diferente según del lado de la grieta donde está.
Cada dólar que se gaste de acá al 26 de octubre serán dólares que falten para pagar los U$S 19 mil millones en vencimientos de deuda que nos esperan en 2026.
Es un largo trecho hasta octubre. El ministro Caputo afirmó que necesita un riesgo país en descenso para poder refinanciar los vencimientos del año próximo y que compró dólares en este último período pero fueron usados para pagar deuda. ¿Qué pasaría si el resultado electoral no permite una baja del riesgo país?
En mi anterior columna, focalicé en que los dos escenarios políticos -derrota o victoria del Gobierno- marcarían el escenario económico de los próximos meses. Luego del resultado del 7 de septiembre, queda claro que las elecciones de octubre marcarán el rumbo económico del año próximo.
(*) Docente de la UNC, de la UCC y de la US21.
Los gobernadores y la oposición buscan condicionar el presupuesto de Milei
Congreso. Emplazarán al oficialismo con un cronograma y forzarán la presencia de funcionarios; quieren evitar una nueva prórroga
LA NACION
14 Sep 2025
Laura Serra y Gabriela Origlia
Javier Milei por Alfredo SábatEl presidente Javier Milei presentará mañana, por cadena nacional, su proyecto de presupuesto nacional. Pero, antes de que el texto aterrice en el Congreso, ya hay un clima tenso de parte de los gobernadores y de la oposición, que buscan condicionar su tratamiento. Aseguran que este año no tolerarán una nueva prórroga, como en los últimos dos años, y que sancionarán una ley, aunque no sea del agrado del Gobierno. Para lograr ese objetivo emplazarán al libertario José Luis Espert, que preside la Comisión de Presupuesto de Diputados, para que fije un cronograma estricto de tratamiento del proyecto con citaciones a funcionarios del Ministerio de Economía y fecha final para la firma del dictamen.
Por su parte, el Gobierno busca anticiparse a un debate adverso y por eso intenta reabrir un canal de diálogo con los gobernadores que en algún momento acompañaron proyectos del oficialismo. Después de las reuniones con mandatarios provinciales que se realizaron en la Casa Rosada, el flamante ministro del Interior, Lisandro Catalán, se reunió con el tucumano Osvaldo Jaldo y con el salteño Gustavo Sáenz.
A poco de anunciar que presentaría por cadena nacional el proyecto de presupuesto 2026, un coro unívoco de gobernadores, opositores e incluso legisladores afines lanzaron una misma advertencia al presidente Javier Milei: este año no se tolerará una prórroga más y habrá ley, aunque esta no sea del todo del agrado del Gobierno.
Después de dos años sin ley de presupuesto, una anomalía institucional que le permitió a la Casa Rosada administrar las partidas a discreción, los mandatarios provinciales y los bloques legislativos opositores quieren garantizarse que esta vez el Congreso sancione la norma.
Para ello emplazarán al libertario José Luis Espert, el mandamás de la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados, con un cronograma estricto de tratamiento del proyecto con citaciones a funcionarios del Ministerio de Economía y fecha final para la firma del dictamen.
El objetivo es llegar a fin de año con la ley sancionada y evitar caer en la trampa que les tendió el oficialismo el año pasado cuando, en vísperas del cierre del período de sesiones ordinarias del Congreso, clausuró de manera intempestiva el debate y prorrogó por segunda vez consecutiva el presupuesto 2023.
El oficialismo, a sabiendas de la ofensiva que se viene, no descarta redoblar la apuesta y convocar al debate ni bien Milei presente la iniciativa en el Congreso para contrarrestar, así, los emplazamientos.
Para neutralizar el riesgo de que la oposición estreche filas y le dé vuelta su presupuesto, buscará congraciarse con los gobernadores que supieron ser afines con dos señuelos. Uno de ellos es una contrapropuesta a la ley que coparticipa los fondos de los Aportes del Tesoro Nacional (ATN) –que el Gobierno vetó el jueves pasado–. El otro, un nuevo esquema de distribución entre las provincias de lo recaudado por el impuesto a los combustibles, dos iniciativas claves para las provincias.
De todo esto conversaron Alfredo Cornejo (Mendoza), Rogelio Frigerio (Entre Ríos) y Leandro Zdero (Chaco) con el designado ministro del Interior, Lisandro Catalán; el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, y el ministro de Economía, Luis Caputo.
En la Casa Rosada descartan que haya una compensación sistemática y solo aluden a acuerdos puntuales (ver aparte).
Los tres mandatarios provinciales, que pactaron acuerdos electorales con los libertarios en sus provincias, no pudieron rehuir la convocatoria a la mesa federal que lanzó el Gobierno tras su derrota en las urnas bonaerenses, pero tampoco se privaron de hacerle algunos llamados de atención al Gobierno y plantearle la necesidad de recomponer relaciones con provincias que en su momento estuvieron cercanas a la Casa Rosada.
El trío coincide en que este año el presupuesto debe ser ley y no hay margen para una nueva prórroga. “Aunque algunas estimaciones queden en letra muerta, no deja de ser una hoja de ruta importante para las provincias”, sostienen. En la reunión, los ministros les advirtieron a los gobernadores sobre los “peligros de abandonar el déficit fiscal”, a través de la aprobación de leyes que “perjudiquen el equilibrio presupuestario”. Los mandatarios coincidieron, aunque sugirieron establecer prioridades.
“Motosierra tres años seguidos es insostenible”, graficó un diputado integrante de la Comisión de Presupuesto cercano a uno de los mandatarios dialoguistas. Los gobernadores reclaman buena fe del equipo económico y una primera señal, sostienen, es tener vocación para negociar de manera seria.
“De todas las actitudes dialoguistas que se pueden tener, la primera es sobre el presupuesto. No es muy conveniente que un Ejecutivo actúe con discrecionalidad”, advirtió el senador catamarqueño Guillermo Andrada, quien responde al gobernador Raúl Jalil.
Desconfianza
El problema es que el Gobierno ha demostrado ser poco confiable y mal pagador de sus promesas, acicatea un legislador que supo participar de las negociaciones presupuestarias que quedaron truncas el año pasado.
Observa, no sin desconfianza, que mientras el flamante ministro Catalán promete diálogo, el Gobierno veta dos leyes sensibles para las provincias –la de coparticipación de los ATN y el financiamiento de las universidades– y, para colmo, continúa rebanando partidas que van a sus distritos.
Por caso, el jueves pasado dictó la decisión administrativa 23/2025, por la cual les podó $17.477 millones en concepto de transferencias corrientes.
“Redujo la partida de los ATN, que son recursos de las provincias, en unos $7000 millones. También disminuyó en casi $40.000 millones las transferencias a las universidades”, advirtió.
Todo indica que la discusión del presupuesto 2026 arrancará en un clima de fuerte desconfianza. Cada gobernador mirará con lupa las partidas que son de su interés directo –obras públicas y las transferencias a las 13 cajas jubilatorias no transferidas–, además de otros puntos que hacen al debate general: el futuro de las retenciones agropecuarias; las partidas destinadas a educación y salud, y los gastos tributarios que incluye, por caso, el régimen especial de Tierra del Fuego.
El quid de la cuestión es si el presidente Milei estaría dispuesto a aceptar eventuales modificaciones a su preciada hoja de ruta en materia económica y fiscal.
El año pasado, cuando su figura alcanzaba la cresta en todas las encuestas de imagen pública, no aceptó las propuestas que le acercaron los legisladores dialoguistas y clausuró el debate.
La derrota en Buenos Aires del domingo pasado, sin embargo, trastocó el escenario. Los opositores más críticos temen que, forzado por las circunstancias, el Gobierno acepte hacer concesiones, para después vetarlas una vez que la ley esté sancionada y el Congreso cierre sus puertas el 30 de noviembre, cuando finalice el período ordinario de sesiones.
Este año Milei resolvió modificar el modo de presentación del presupuesto nacional. El año pasado, había introducido como innovación ir a presentarlo en forma personal al Congreso, aunque la oposición resolvió no concurrir, en gesto de rechazo. Esta vez el Presidente recurrirá a una cadena nacional para emitir su mensaje sobre el presupuesto. Según se definió en la mesa política del Gobierno, esta vez hará un discurso más breve, menos técnico y enfocado en ser más didáctico para una audiencia masiva. Busca así recuperar cierta cercanía con la sociedad, después de la derrota electoral bonaerense.ß
El proyecto para destinar $200.000 millones para paliar los daños provocados por la inundación en Bahía Blanca fue aprobado por el Congreso, pero después Javier Milei lo vetó. La oposición insistió en las dos cámaras y por primera vez revirtió un veto del Presidente.
En una decisión administrativa de esta semana el Poder Ejecutivo redujo a 100.000 millones de pesos la partida para hacer obras de reparación en infraestructura en Bahía Blanca, de acuerdo con un informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC).