Sergio Massa ya se prueba la banda presidencial: unidad, rosca y una candidatura que nadie se anima a nombrar
El ex candidato presidencial del peronismo en el 2023, Sergio Massa, queriendo quizás volver a jugar por sentarse en el mítico Sillón de Rivadavia. (Dibujo: Fernando Rocchia para AGENCIA NOVA)
Sergio Massa volvió a meterse de lleno en la pelea por el futuro del peronismo y, aunque evita cerrar públicamente ninguna candidatura, sus movimientos empiezan a parecer cada vez menos los de un dirigente que quiere simplemente ordenar la interna y cada vez más los de alguien que ya se está probando la banda presidencial.
El líder del Frente Renovador tuvo un martes de alto voltaje político. Primero compartió una foto poco habitual con Martín Llaryora, Juan Schiaretti, Gerardo Zamora y otras figuras del peronismo en el homenaje a José Manuel de la Sota. Horas después, terminó reunido en San Fernando con un grupo de intendentes bonaerenses para hablar de la situación política, económica y electoral de la Argentina.
En ambos escenarios repitió la misma idea: antes que las candidaturas, la unidad. Pero detrás de ese discurso aparece una pregunta cada vez más difícil de esquivar: ¿Massa quiere ser el arquitecto de la unidad del peronismo o quiere ser el hombre que finalmente termine encabezándola?
Massa, el arquitecto que también mira la Casa Rosada
Ante los intendentes, Massa fue enfático. "El peronismo unido le puede ganar a Javier Milei, separado pierde", afirmó. Y fue todavía más explícito al definir el papel que pretende ocupar: "Más allá de mi candidatura, quiero ser el arquitecto de la unidad del peronismo para ampliarlo a otros sectores y ganarle a Milei".
La frase tiene dos lecturas. La primera es la que Massa quiere mostrar: la de un dirigente dispuesto a poner el armado colectivo por encima de sus propias aspiraciones. La segunda es bastante más evidente para quienes siguen sus movimientos: cuando un dirigente aclara que habla "más allá de mi candidatura", la candidatura ya forma parte de la conversación.
Massa no descarta competir por la Presidencia, pero tampoco parece dispuesto a precipitar los tiempos. Su estrategia consiste en ocupar el centro de la escena mientras deja abiertas todas las puertas. Puede ser candidato presidencial, puede ser parte de una fórmula o puede terminar jugando como articulador de un acuerdo más amplio.
El punto es que, mientras otros discuten candidaturas, Massa empezó a hacer algo distinto: juntar dirigentes.
Y ahí aparece su principal ventaja.
La foto que incomoda a Kicillof
El homenaje a De la Sota en el Hotel Savoy dejó una postal que hasta hace poco parecía difícil de imaginar: Massa sentado junto a Llaryora, Schiaretti y Zamora, con la presencia además de dirigentes de distintas tribus del peronismo.
La foto no es solamente una foto. Es una demostración de volumen político.
Massa viene encadenando reuniones con dirigentes de distintos sectores y, sobre todo, con actores que no necesariamente orbitan alrededor de Axel Kicillof. Después llegó el encuentro con los intendentes bonaerenses, donde participaron Federico Otermín, Gustavo Menéndez, Federico Achával, Mariel Fernández, Gastón Granados y otros jefes comunales.
El dato político es sencillo: todos los que no están alineados detrás del gobernador empiezan a encontrarse entre ellos.
Massa no necesitó criticar a Kicillof. La propia existencia de la cumbre funciona como una señal. Si el gobernador bonaerense fuera capaz de unificar detrás suyo a todo el peronismo, una parte importante de estos movimientos probablemente no tendría sentido.
Por eso, más que una ofensiva explícita contra Axel, lo que empieza a verse es la construcción de una alternativa.
El viejo Massa volvió a aparecer
Uno de los intendentes que participó del encuentro quedó sorprendido por el nivel de información con el que Massa llegó a la mesa. "Massa habló como un verdadero dirigente nacional. Sabía qué pasaba en cada provincia, tenía en el radar cada detalle, tanto social como económico y con quién había que hablar en cada lugar", relató.
Ese es justamente uno de los atributos que Massa busca recuperar: el del político profesional que conoce el territorio, las relaciones de poder y los números.
Durante el encuentro hizo un análisis provincia por provincia y habló tanto de la macroeconomía como de los problemas cotidianos que enfrentan las familias. El endeudamiento familiar, las dificultades de los municipios para sostener sus cuentas y la crisis de infraestructura aparecieron entre los temas centrales.
También hubo espacio para discutir las re-reelecciones de los intendentes bonaerenses. Massa mantuvo su posición contraria, aunque aclaró que no será un obstáculo si la Legislatura consigue resolverlo. Al mismo tiempo, dejó una advertencia: la Corte Suprema podría terminar interviniendo.
Otra vez, el mensaje parece exceder la cuestión puntual.
Massa está hablando como alguien que pretende volver a tener una mirada integral sobre el peronismo y sobre el país.
Unidad con competencia, pero primero unidad
El otro punto que Massa repitió fue su defensa de las PASO. Su propuesta es conocida: unidad con competencia. Una fórmula que le permitiría al peronismo evitar una ruptura, pero al mismo tiempo resolver sus diferencias mediante una interna.
"En esta etapa, unidad por encima de candidaturas", resumió uno de los asistentes. La paradoja es que esa misma estrategia puede favorecer a Massa.
Si consigue que los distintos sectores peronistas lleguen unidos a una competencia interna, su capacidad de construir puentes entre gobernadores, intendentes, dirigentes nacionales y distintas tribus podría transformarse en una ventaja decisiva.
Porque Massa no necesita ser hoy el candidato indiscutido. Necesita ser el candidato que pueda convivir con todos los demás.
Y en una interna peronista atravesada por la disputa entre Cristina Kirchner y Kicillof, esa diferencia puede ser mucho más importante de lo que parece.
El fantasma de un Kicillof desflecado
En el entorno peronista empieza a circular cada vez con mayor fuerza la idea de que Kicillof puede llegar desgastado a la discusión presidencial.
El gobernador conserva un activo enorme: gobierna la provincia más importante del país y mantiene niveles de intención de voto relevantes. Pero su relación con buena parte de la dirigencia peronista aparece como uno de sus principales problemas.
Massa, en cambio, está intentando hacer exactamente lo contrario. Llama. Reúne. Escucha. Viaja. Se muestra con dirigentes de distintos sectores. Recupera vínculos que parecían enterrados y vuelve a ocupar espacios que había perdido después de la derrota de 2023.
Incluso dirigentes que tuvieron enfrentamientos muy duros con él volvieron a acercarse.
El caso de Sergio Berni es revelador. Después de años de denuncias y cruces públicos, Massa terminó recibiéndolo y hasta Malena Galmarini acompañó su llegada a la conducción del bloque.
No pierde la memoria, dicen quienes lo conocen. Pero hace política. Y esa parece ser precisamente la carta que Massa está jugando ahora.
Una banda presidencial todavía sin dueño
Gerardo Zamora también aparece en este nuevo tablero. Su origen radical, su peso entre los gobernadores del Norte y su capacidad para construir puentes por fuera del peronismo tradicional lo convierten en una alternativa con características propias.
Pero Massa tiene algo que otros candidatos todavía están intentando recuperar: experiencia nacional, conocimiento de la dirigencia y capacidad para sentar en una misma mesa a sectores que durante años estuvieron enfrentados.
Por eso la frase "el arquitecto de la unidad" puede terminar siendo mucho más que un recurso discursivo. Massa parece estar construyendo una candidatura sin anunciarla.
No necesita decir todavía "quiero ser presidente". Le alcanza con comportarse como alguien que ya está pensando en cómo gobernar.
La banda presidencial, por ahora, no está sobre sus hombros. Pero después de este martes, Massa volvió a caminar como si ya supiera cómo queda puesta.
La gran incógnita es si finalmente utilizará toda esa construcción para ordenar al peronismo detrás de otro candidato o si, cuando llegue el momento de definir, decidirá que el arquitecto también quiere ser quien ocupe la Casa Rosada.


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