jueves, 3 de septiembre de 2026

La buena fortuna de Milei


 

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La buena fortuna de Milei


La declaración de Trump sobre su disposición a revisar la postura histórica de EE.UU. de apoyo al Reino Unido por Malvinas y las acusaciones contra un juez que pueden favorecer a los Bolsonaro en desmedro de Lula configuran un escenario impensado para el Presidente pocos días atrás 


3 de septiembre de 2026


LA NACION


Carlos Pagni





Javier Milei por Alfredo Sábat


De todas las opiniones de Maquiavelo hay una que sobresale por su celebridad, y es esta: una de las dos claves del éxito político es la fortuna, es decir, la suerte. La otra es la pericia, que en el proto-italiano de su tiempo él denominaba virtú. No se puede negar que Javier Milei es afortunado. La evidencia más reciente es el modo en que los vientos del mundo le permiten presentar como un mérito la oportunidad inesperada que se abrió para fortalecer el reclamo de soberanía sobre las islas Malvinas.



En el vecindario también se alinearon los astros a favor: el juez brasileño Alexandre de Moraes, caracterizado por el Presidente como la “basura calva”, quedó envuelto en un escándalo gravísimo desde que salieron a la luz intercambios telefónicos con el banquero Daniel Vorcaro, acusado de haber cometido un rosario de estafas. Vorcaro habría recurrido a Moraes en busca de asesoramiento para fugarse del país. La novedad impactó como un misil en una campaña electoral que se encamina hacia un desenlace cada día más incierto.


La declaración de Donald Trump sugiriendo que podría revisar la neutralidad de su país en el conflicto de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido por Malvinas resultó muy significativa porque corroboró un giro que ya había sido adelantado por un mail del Pentágono de fines de abril. La confirmación otorga más densidad a la afirmación de Trump. Que el email haya salido del Pentágono ayuda a calibrar su alcance.


La revelación del Presidente norteamericano es una nueva señal de su respaldo a la gestión de Milei. Hace juego con las manifestaciones de optimismo que expresó el secretario del Tesoro, Scott Bessent, durante la reunión del G-20 que compartió con Luis Caputo. Pero sería un error encapsular los dichos sobre Malvinas en el vínculo entre Washington y Buenos Aires. El contexto de esa advertencia es la relación bilateral de los Estados Unidos con Gran Bretaña. Lo que siempre fue un idilio está alterado por dos entredichos. Uno tiene que ver con la reticencia británica a participar sin timidez en los ataques a Irán. El otro se refiere a la crisis de la OTAN, derivada de la presión estadounidense para que Europa solvente su propio aparato de Defensa.


Que en el Reino Unido haya un gobierno laborista, liderado por Andy Burnham, sucesor de otro de la misma procedencia, a cargo de Keir Starmer, ayuda poco a la buena relación con Trump. De cualquier modo, no todo es antipatía ideológica. En febrero pasado, Starmer se negó a que los Estados Unidos puedan atacar a Irán desde la isla Diego García, ubicada en el océano Índico. Es un territorio que pertenece al Reino Unido pero donde está instalada una gran base militar norteamericana. Starmer alegó que no podía autorizar la acción sobre Irán porque no era de carácter defensivo, como exige el acuerdo de cooperación con los Estados Unidos. Sin embargo, cuando desde Teherán se afectaron intereses británicos con el lanzamiento de misiles en Medio Oriente, la posición de Starmer, y después de su sucesor, Burnham, se flexibilizó.



La discordia entre los Estados Unidos y su antigua metrópoli no se disolvió. Al contrario, sumó un nuevo motivo: la resistencia de los laboristas a aportar 3 puntos del PBI al financiamiento de la OTAN antes de 2030. Burnham pretende correr el plazo hasta 2035, prometiendo que el aporte podría ser de 3,5% del producto.


Esta agenda de roces motivó a los Estados Unidos a poner en tela de juicio su legendaria asociación militar con el Reino Unido. Una de las instancias de esa nueva posición fue amenazar con el apoyo a la reivindicación argentina sobre Malvinas. Hay un detalle importante para evaluar esta alusión y es que se origina en el Pentágono y no en el Departamento de Estado. Es decir, forma parte de la esgrima militar de Washington y no de la estrategia general de política exterior norteamericana.


Este encuadramiento del mail de abril y de las palabras que Trump acaba de pronunciar no anulan una oportunidad que puede aprovechar la Argentina en su lucha por la “sagrada causa”, como calificó Milei al reclamo de soberanía sobre Malvinas. La definición del Presidente repite una expresión similar de Santiago Caputo. El “Mago del Kremlin”, experto escenógrafo, advirtió en un santiamén las posibilidades que ofrece la solidaridad geopolítica de Trump a un gobierno que necesita oxígeno electoral. Con su habitual impulsividad, Caputo sentenció que “Inglaterra es el pasado y la Argentina es el futuro”. Celebró el respaldo de los Estados Unidos a su “aliado estratégico”.



Un motivo legítimo del “Mago” para festejar, junto a su propio “aliado estratégico”, Leonardo Scatturice, figura clave en sus primeros acercamientos al gobierno norteamericano. La otra razón para que ambos descorchen un champagne la ofreció el juez Pablo Yadarola: antes de dejar su juzgado Penal-Económico para ingresar a la Cámara Federal, archivó la causa en la que “investigaba” el ingreso de Laura Belén Arrieta con numerosas valijas, sin control alguno de la Aduana. El vuelo en cuestión se realizó en un avión de Scatturice. Yadarola no dictó un sobreseimiento. Sólo archivó el expediente, consignando que la Dirección General de Aduanas no ofreció explicaciones que justifiquen por qué Arrieta fue privilegiada con un canal particular para que evadiera cualquier monitoreo.


Si se tiene en cuenta que Yadarola había quedado en el Concurso 461, para camarista federal penal, en la posición número 16, y que gracias a una brevísima entrevista, a pedido de su compañero de vuelo a Lago Escondido Juan Bautista Mahiques, le permitieron ascender 11 posiciones, en la resolución en favor de Arrieta y de Scatturice podría haber dado más de sí. Minucias.


El giro con el que amaga Trump frente a la cuestión Malvinas no puede ser reducido sólo a su malestar con los laboristas británicos. Como explicó Jorge Liotti en una detallada columna que LA NACION publicó el último 4 de julio, la discusión de soberanía alrededor del archipiélago está siendo resignificada por la relevancia que en la visión del mundo de los Estados Unidos, en especial bajo su actual administración, adquieren los pasos interoceánicos. Las islas en disputa están ubicadas en un mar que ha perdido relevancia comercial, pero que se vuelve clave desde el punto de vista militar.



La navegación entre el Pacífico y el Atlántico a través del Estrecho de Magallanes o al sur del Cabo de Hornos aumentan muchísimo su valor si se la pondera bajo la hipótesis de un conflicto con China. En ese escenario hay que prever que los grandes portaviones de los Estados Unidos no pueden atravesar el Canal de Panamá. La distensión alrededor de Malvinas puede ser, por lo tanto, un objetivo valioso para las especulaciones militares de Washington.


Alrededor de estas conjeturas aparecen infinidad de versiones. Inclusive una según la cual se estaría estudiando la creación de una zona compartida entre la Argentina, el Reino Unido y los Estados Unidos, de apenas 400 hectáreas. Es decir, un ejercicio simbólico.



Cualquier curso de acción que se imagine para una solución del conflicto de soberanía choca contra una barrera principal: la presión del lobby isleño sobre Londres. Esa presión encontró una nueva razón para aumentar: la inminencia en la explotación de recursos petroleros en la zona. El negocio está a cargo de un consorcio integrado por la empresa Navitas, de origen israelí, y la británica Rockhopper. Esas compañías llevan adelante un proyecto denominado Sea Lion y ya anunciaron que en 2028 podrían estar produciendo los primeros barriles de petróleo. El proyecto prevé una inversión total de hasta 4000 millones de dólares. Se calcula que las reservas detectadas equivaldrían a 300 millones de barriles.


La Argentina ha denunciado por ilegales los permisos que permiten ese desarrollo. Sencillo: los emite el gobierno usurpador de las islas. Además, la Asociación de Abogados Ambientalistas y el Centro de Excombatientes de Malvinas de La Plata presentaron una denuncia penal ante el juzgado federal de Tierra del Fuego para que se impida el avance del emprendimiento.



Los habitantes de Malvinas seducen a Londres con los recursos que podrían obtener de esta explotación. Con ellos podrían financiar el gasto que ocasiona la base militar RAF Mount Pleasent, radicada en la isla Soledad. Allí revistan cerca de 2000 efectivos entre soldados y civiles. La población de las islas es de poco más de 3000 habitantes.


La explotación de hidrocarburos podría tener una derivada política inquietante. Esa población pequeña se incrementaría, otorgando mayor consistencia a la táctica central del Reino Unido en su pretensión de soberanía: que se tenga en cuenta la opinión de los isleños, que serían muchos más. Esta hoja de ruta contempla una escala principal: trasladar la discusión desde el criterio de la descolonización al de autodeterminación de los pueblos. La Argentina debería fortalecer su doctrina: el de Malvinas no es un “pueblo”, sino una masa de habitantes implantada de manera ilegítima, y no cabe considerar su deseo sino, apenas, sus intereses.


La posibilidad de un gran negocio petrolero tal vez no sea ajena a las inquietudes de los Estados Unidos frente al diferendo argentino-británico. Para Milei se trata de un problema incómodo: el 65% del consorcio pertenece a una firma israelí. Es cierto: es una empresa privada. Se podría decir más: la postura del gobierno de Israel, con el que Milei está tan identificado, parece favorable a la Argentina. Un dato a tener en cuenta: cuando el Reino Unido reconoció la existencia de un Estado palestino, el hijo de Benjamin Netanyahu, Yair, tuiteó: “Creo que las Malvinas forman parte de la Argentina”. Otro indicador de la buena fortuna de Milei. Primero Israel, y ahora los Estados Unidos, sus dos aliados principales, se ponen de su lado en la “causa sagrada”.


Las declaraciones de Trump y, sobre todo, el respaldo de Bessent a Caputo en el G-20, calificando a la gestión económica como un “ejemplo extraordinario”, casi coinciden con una visita trascendente que se produjo la semana pasada: el representante adjunto de Comercio de los Estados Unidos, Jeffrey Goettman, estuvo en Buenos Aires para interesarse en la aprobación parlamentaria del Acuerdo de Comercio en Inversiones Recíprocas firmado por su país con la Argentina. Goettman llegó en un momento especial, que tiene una relación indirecta con su propósito principal: en la Cámara de Diputados se estaba discutiendo la adhesión argentina al Tratado de Cooperación en Materia de Patentes, de importancia estratégica para el sector farmacéutico. Los laboratorios nacionales, agrupados en CILFA, consiguieron algunas reservas, como la de garantizar una marco de autonomía para el Instituto Nacional de Propiedad Intelectual frente a los procesos de homologación internacional de las patentes medicinales. Una concesión del oficialismo a las empresas locales, que limita su orientación general de alinear al país con las expectativas de la industria internacional y, sobre todo, norteamericana.


El juego diplomático coincide también con otras discusiones. Una de ellas es la que rodea a la privatización del Belgrano Cargas. Allí tiene interés un consorcio integrado por la estadounidense Wabtec y el Grupo México. El proceso se cursa en el área de Transportes, que lidera desde bambalinas el “Mago” Caputo. El mercado se plagó de versiones sobre la intervención informal en la disputa de los hermanos Juan y Patricio Neuss, íntimos del asesor de Milei. ¿Fueron contratados como lobistas por los mexicanos? Ellos niegan siempre estas versiones, a pesar de la infinidad de detalles que las alimentan. Habladurías.


La política exterior se ha convertido para Milei en un insumo inusual de la disputa de poder local. Así como recibió buenas noticias desde los Estados Unidos, puede celebrar las novedades que llegan desde Brasil. El juez del Superior Tribunal Federal Alexandre De Moraes está contra las cuerdas porque su nombre aparece ligado, muy de cerca, con las fechorías del banquero Vorcaro, investigado en su país por una serie de estafas conectadas con el poder político. En uno de los celulares secuestrados al empresario, aparecen consultas dirigidas a De Moraes sobre la conveniencia de huir de la Justicia abandonando el país. Medios prestigiosos como Estado de Sao Paulo exigen que Moraes renuncie como juez.


Este jurista es el encargado del expediente por el cual Jair Bolsonaro, el aliado de Milei, está tras las rejas, imputado de alentar un golpe de Estado. Antes de que el presidente argentino intente verlo en la prisión, Moraes restringió el régimen de visitas de Bolsonaro. Milei se lo reprochó llamándolo “basura calva”. Lujos de un melenudo. Moraes es la bestia negra de la ultraderecha internacional. No sólo por la sanción a Bolsonaro. También por las restricciones que puso a las redes X, de Elon Musk, y Social Truth, de Trump, por incitaciones al odio. Desde Washington le suspendieron la visa durante varios meses. Estos avatares hacen que la caída en desagracia del juez se vea como un perjuicio para Lula. Aunque nada es tan lineal: el banquero Vorcaro financió a Flavio Bolsonaro, el rival de Lula. Dicho de otro modo: Moraes y Bolsonaro Jr. comerían de la misma mano.


El eje Milei-Bolsonaro estimuló otra asociación: un conjunto de legisladores argentinos visitó desde el martes Brasilia en un gesto de concordia que incluyó reproches al gobierno libertario. Fueron recibidos con abrazos por el canciller Mauro Vieira, por el secretario de Relaciones Institucionales José Guimaräes y por el asesor internacional de Lula, Celso Amorin. El grupo estuvo integrado por la senadora Florencia López y los diputados Nicolás Massot, Victoria Tolosa Paz, Germán Martínez, Esteban Paulón, Martín Lousteau, Eduardo Falcone, Maximiliano Ferraro y Oscar Herrera Aguad. Antes de dejar Brasil fueron agasajados por el Senado.


La elección brasileña aparece muy disputada. Lula da Silva saca ventaja pero Bolsonaro achica esa diferencia. Es una batalla que también se libra entre argentinos, en Buenos Aires.


Por Carlos Pagni 


 

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