lunes, 7 de septiembre de 2026

La casta de joda mientras el laburante se ahoga


 

 Editorial 


El drama de los endeudados


La casta de joda mientras el laburante se ahoga



Privilegios para la casta de Javier Milei, mientras el ajuste destruye la vida de laburantes y sus familias



(Dibujo: Fernando Rocchia para AGENCIA NOVA)



En otro de sus discursos falaces, la semana pasada Javier Milei volvió al modus operandi de invocar a Dios y vincular a ciertos sectores con Satanás, en el marco de una supuesta batalla moral entre el bien y el mal. Pero mientras se refugia en una suerte de catecismo libertario para explicar su modo absolutista y negacionista de percibir la realidad argentina, millones de trabajadores y familias hacen cuentas desesperadamente para llegar a fin de mes. El paraíso del que habla no existe más que en su relato de ficción.


En el plano terrenal, fuera de las mieles que degustan en Olivos y Casa Rosada, está el universo cada vez más grande de quienes se ven obligados a patear vencimientos y recurrir al crédito cómo último recurso para afrontar gastos cotidianos y elementales para la subsistencia.


Los números son contundentes. La deuda en mora de las familias argentinas llegó al 17,5 por ciento en junio, un nivel que se multiplicó casi por cinco en apenas 18 meses. En paralelo, la irregularidad de los créditos bancarios destinados a los hogares alcanzó el 12,8 por ciento, mientras que en las billeteras virtuales trepó al 30 por ciento, incluso por encima del máximo registrado durante la pandemia.


Según datos del Banco Central, casi seis millones de personas registran actualmente incumplimientos de sus obligaciones financieras, a los que se suman aquellos que solicitan préstamos en el sistema informal.


En esta mecánica, el crédito deja de ser una herramienta para comprar una vivienda, invertir o concretar un proyecto, transformándose en una tabla de salvación para pagar comida, alquiler, servicios, transporte o medicamentos. La trampa a favor de los poderosos es, obviamente, la carnicería de los intereses.


La otra cara de la moneda es el derrumbe del consumo. Siete meses consecutivos de caída muestran que los argentinos están consumiendo menos no por austeridad, sino porque carecen de recursos. Las ventas minoristas, los comercios y las pymes sufren el impacto de una población que recorta todo lo que puede. Incluso viajar al trabajo se volvió imposible: el uso de la SUBE cayó 11,6 por ciento interanual en julio y acumula doce meses consecutivos de retroceso, frente a los sucesivos aumentos del transporte en el AMBA, por ejemplo.


El escenario donde transcurre este drama de la Argentina de Milei también exhibe una transformación social brutal: el 78 por ciento de los hogares pertenece actualmente a los segmentos de clase media baja y baja. La supuesta “libertad económica” convive así con trabajadores que deben elegir qué pagar y hogares que se endeudan para afrontar gastos astronómicos atados a la inflación que prometieron erradicar.


El cuadro se agrava con la proliferación de trastornos de la salud mental, directa o indirectamente vinculados a ingresos que no alcanzan a cubrir las necesidades esenciales. Para citar un dato concreto, en 2025 se registraron 5.209 suicidios en el país, un 22,6 por ciento más que el año anterior. Si bien se trata de un fenómeno complejo y multicausal, la cifra constituye una alarma social imposible de ignorar en una sociedad atravesada por el deterioro de las condiciones de vida, la incertidumbre y la angustia económica.


Mientras tanto, Milei sigue viajando en primera clase todas las semanas hacia un país distinto, lejos de los barrios, de la gente y sus padecimientos. Habla de enemigos y de quienes supuestamente quieren destruir su proyecto, y se burla de los que sufren afirmando que no tienen plata porque "compraron televisores para ver el Mundial". Declaraciones tan disparatadas dejan abierto, una vez más, el interrogante acerca de la salud mental de quien gobierna a la Argentina y qué más se puede esperar de su parte. Una pregunta que se responde sola.


El verdadero infierno que el presidemente debería mirar no está en los libros de filosofía que dice leer junto al ex relator de fútbol devenido en “pensador” Alejandro Fantino, sino en el detalle de los resúmenes de las tarjetas de crédito de los endeudados a causa de un modelo devastador.


 

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