viernes, 7 de agosto de 2026

Explotó la política: el negocio redondo de la jefa condenada con honorarios que huelen a nafta y a coima


 

 Judiciales y Policiales

Facturas sin alma

Explotó la política: el negocio redondo de la jefa condenada con honorarios que huelen a nafta y a coima

Una presentación judicial escandalosa destapa el millonario entramado de facturación que mantiene a flote el patrocinio legal de Cristina Fernández, mientras la UIF corre para no quedar fuera del baile. (Dibujo: Fernando Rocchia para AGENCIA NOVA)

La historia se repite pero con crayones nuevos. Un ciudadano mendocino, Aldo Sergio Parodi, se plantó ante la Unidad de Información Financiera con un pedido que ningún funcionario quiere atender antes del café: que se investigue de una buena vez el origen del dinero que paga los abogados de la condenada por corrupción Cristina Fernández.

Llegó la causa penal, el expediente 9608/2018, el mismo que ya tiene a la exmandataria con un título que no negocia ni en el mercado de pulgas: jefa de una asociación ilícita. Y encima, llegó con la Resolución General de ARCA 5824/2026 bajo el brazo, una normativa recién estrenada que promete hacer más ruido que las pancartas de La Cámpora en una marcha.

La presentación es un misil con espoleta corta. Parodi le exige a la UIF que se meta de lleno en el barro, que deje de mirar el techo y se constituya como querellante en todas las causas que salpican a esta mafia enquistada en el corazón mismo de la República. Porque mientras los abogados honestos entregan facturas como quien entrega el pan, los patrocinantes del crimen organizado engordan sus cuentas con honorarios que no se pagan con monedas de buena fe, sino con billetes que pasaron por más manos sucias que un billete de quinientos en una villamiseria.

La novedad de la resolución de ARCA es que, al fin, pone una lupa sobre el negocio más redondo de la política argentina: el financiamiento del patrocinio letrado de los poderosos. Hasta ahora, ese caudal de dinero circulaba con la discreción de un contrabandista de lujo. Pero la normativa vigente desde el primer día de julio de 2026 ordena fiscalizar la facturación que se le entrega a la condenada y a sus cómplices.

El fiscal Carlos Stornelli, viejo conocido de estas batallas, ya tiene en su escritorio el expediente 3777/2026. No es su primer baile con esta tropa. Pero ahora el pedido de Parodi suma una capa extra de picante: la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción, que Argentina firmó con bombo y platillo pero que en la práctica se aplica como un desodorante en un cuarto lleno de humo.

La UIF, el Ministerio Público Fiscal y los organismos recaudadores deberían sentarse a la misma mesa sin pelear por el asiento de honor, porque lo que está en juego no es solo la condena de una mujer, sino el esqueleto entero de un sistema que se alimentó de impunidad durante décadas.

Mientras Cristina Fernández se envuelve en su manto de víctima y sus abogados cobran fortunas por escribir recursos que parecen capítulos de novela policial, el ciudadano de a pie mira el precio de la leche y se pregunta si no le estarán robando hasta el sueño.

El negocio de los honorarios es la madre de todas las batallas. Porque sin plata no hay abogados, sin abogados no hay estrategias dilatorias y sin estrategias la condena deja de ser un cartel en la puerta del TOF número 7 para convertirse en una verdad que no se puede esquivar ni con los mejores pies de baile.

La UIF tendrá que decidir si se mete en el barro o sigue mirando el partido desde la platea. Porque ya no alcanza con decir que se investiga. Hay que mostrar los papeles, los bancos, las transferencias, los nombres de los intermediarios y, sobre todo, la ruta que sigue el dinero desde que sale de alguna bóveda sospechosa hasta que llega al bolsillo de los letrados que defienden a la jefa de la banda. Esa trazabilidad es más escurridiza que una promesa electoral, pero ahora la resolución de ARCA puso el reflector.

El tiempo corre, los expedientes se acumulan y la sociedad mira con el ceño fruncido. Cristina Fernández ya no es la líder del relato sino la protagonista de una trama que el cine argentino no se animaría a filmar por exagerada. Pero la realidad supera cualquier guión.

El pedido de Parodi es una oportunidad para que la Justicia demuestre que no le tiembla el pulso cuando se trata de desnudar el financiamiento detrás del poder. Ojalá la UIF no se duerma en los laureles ni se deje seducir por los cantos de sirena del oficialismo de turno. Porque el olor a dinero sucio, cuando se instala en los pasillos del poder, termina impregnando hasta las mejores intenciones.


 

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