Editorial
Jubilados en la miseria
El ajuste que mata
Las políticas aplicadas por el presidemente Javier Milei lleva a los jubilados a la tumba.
(Dibujo: Fernando Rocchia para AGENCIA NOVA)
Un día normal para un jubilado promedio en Argentina se reduce a aguantar hasta la noche a base de alguna infusión con galletitas de agua, y limitar su dieta a una sola comida en 24 horas. Si come, no paga tarifas ni medicamentos. Y si los paga, se banca el hambre. Algunos, se ven obligados a mendigarles plata a sus hijos, laburantes que no llegan a fin de mes, para poder resistir.
Los jubilados que cobran a través de ANSES percibieron en agosto un aumento vergonzoso del 1,89 por ciento, quedando la mínima en 419.817 pesos. Si se le suma la migaja del bono de 70 mil pesos –congelado desde marzo de 2024 a pesar de la inflación-, el monto asciende a 489.817 pesos. Por ende, si un jubilado alquila, le alcanza para una pocilga, y además, no come ni paga servicios. Solamente la factura de luz, se lleva un tercio de los haberes.
Y ni hablar de acceso a medicina: entre 2023 y 2026, un jubilado en esas circunstancias perdió el 17,2 por ciento de su capacidad de compra específicamente en medicamentos.
La Canasta Básica de los Jubilados que relevó la Defensoría de la Tercera Edad llegó en marzo a 1.824.682 pesos. Es decir, los ingresos previamente mencionados cubren apenas una cuarta parte de esa canasta. El informe enfatizó que “las personas mayores en Argentina sufren una triple crisis: alimentaria, sanitaria y habitacional”. ¿Cómo se sobrevive en semejante situación de pobreza y desprotección? Al Gobierno le resbala.
Este cuadro alarmante se viene agravando desde hace semanas, cuando comenzaron a conocerse sucesos espantosos sobre abuelos que ya no soportaron tanta miseria y optaron por el suicidio.
Los que aún tienen algún resto de energía, tuvieron que volver al mercado laboral y la siguen peleando con alguna changa que les permita comer. Algunos brindan servicio de traslado mediante aplicaciones, otros se las arreglan con algún oficio. Cierran los ojos y ruegan que el físico responda… hasta que no pueda más.
Así pasa el último tramo de su vida el argentino de clase media mayor de 65 años que se ha deslomado durante décadas para poder descansar tranquilo en la vejez. Anhelo que se ha convertido en una utopía absoluta durante los últimos años. Pero bajo la gestión mileista, el nivel de crueldad hacia uno de los segmentos sociales que más atención necesitan no tiene límites.
La distancia descomunal entre el nivel de ingresos y el costo real de envejecer en Argentina, es una problemática aterradora que se profundiza día a día.
A pesar de eso, la gestión de Javier Milei sigue mirando para otro lado. A dos años y medio de su llegada al poder, este es uno de sus resultados más palpables: la creciente vulnerabilidad y consecuente desaparición de los “viejos meados” que tanto detesta.


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