miércoles, 18 de marzo de 2026

Mentiras y abusos con la Justicia





















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Mentiras y abusos con la Justicia


Una oposición haciendo falsas acusaciones contra la Justicia y un Gobierno metiéndose indebidamente con el Poder Judicial no son las recetas ideales para restablecer la confianza en un país incierto


18 de marzo de 2026


LA NACION


Joaquín Morales Solá



Cristina Fernández de Kirchner por Alfredo Sábat


Cristina Kirchner tiene un problema: la libertad no está inscripta en el horizonte cercano de su vida. ¿Justifica eso que ayer haya mentido una y otra vez frente al tribunal que juzgará la llamada causa de los cuadernos en lugar de haber practicado una defensa más técnica y precisa? No, desde ya. Pero los alegatos políticos, a los que nos tiene acostumbrados en sus espectáculos ante los jueces, conllevan el objetivo de movilizar a una militancia propia cada vez más escasa y de despertar a la mayoría de la dirigencia peronista que se alejó de su liderazgo. La primera afirmación que hizo consistió en que ahora está “injustamente detenida”, y eso no es cierto. La resolución del tribunal oral que la juzgó por el caso Vialidad, y su complicidad con el empresario Lázaro Báez, fue revisada luego por instancias superiores de la Justicia, incluida la Corte Suprema de Justicia, que ratificó la condena a seis años de cárcel e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos.



Está condenada por administración fraudulenta en perjuicio de la administración pública y no por haber sido jefa de una asociación ilícita, delito este del que fue acusada por los fiscales Diego Luciani, del tribunal oral, y Mario Villar, de la Cámara de Casación, cuando este último apeló ante la Corte Suprema. Villar le pidió al máximo tribunal que la condene a la expresidenta por un delito más grave, como es el de la asociación ilícita. ¿Se equivocaron todos los jueces y fiscales que tuvieron en sus manos la causa por la que está presa? ¿O, acaso, todos se conjuraron en una conspiración contra la lideresa del peronismo y de la progresía nacional? Esta deducción, tan propia de ella, resulta imposible de imaginar porque fue condenada por el tribunal oral cuando gobernaba el país una diarquía integrada por el entonces presidente Alberto Fernández y por la propia viuda de Kirchner, vicepresidenta del país en ese momento.


Regresemos al caso de los cuadernos. La señora de Kirchner acusó de “prácticas mafiosas” a todos los jueces y fiscales por los que pasó esta causa, tal vez la más importante entre tantos expedientes que la acusan en los tribunales federales de Comodoro Py. ¿Quiénes son esos jueces y fiscales mafiosos? ¿Dónde están las pruebas de semejante agravio? Nadie, nada, nunca (Juan José Saer dixit). A los únicos que nombró fueron al fiscal -cuándo no- Carlos Stornelli, convertido desde hace tiempo en la bestia negra del kirchnerismo, y al fallecido juez Claudio Bonadio, quien no puede refutarla porque ya no está en este mundo.


La causa de los cuadernos fue, antes que cualquier otra cosa, producto de una larga y exhaustiva investigación del periodista Diego Cabot que se publicó en LA NACIÓN. Después, el juez Bonadio y el fiscal Stornelli hicieron su propia investigación, que duró varios meses, antes de decidir sorpresivamente la detención y la citación de la crema y nata del empresariado argentino con vínculos con el Estado. Según Cristina Kirchner, esa oleada de detenciones fue para “apretar” a los empresarios con el objetivo de que confesaran relaciones delictivas con el gobierno de los Kirchner. Muchos de ellos eligieron la condición de “arrepentidos” y le contaron a la Justicia todo lo que pasó con los sobornos que reclamaba el gobierno de los Kirchner.



La posibilidad de “apretar” o de “extorsionar” a los empresarios es imposible de imaginar si se conoce bien cómo es el procedimiento que debe realizarse. Los arrepentidos nunca están solos con el fiscal o con el juez; están siempre acompañados por otros funcionarios de los tribunales y, lo que es más significativo, por sus abogados defensores. Los arrepentidos declaran primero ante el fiscal, pero es el juez quien debe aceptar luego la condición de “arrepentidos”. Nunca los acusados están sin sus abogados defensores a su lado. Además, en el caso de los cuadernos los “arrepentidos” son solo una parte menor del expediente porque tanto Bonadio como Stornelli se encargaron de buscar pruebas más sólidas que las palabras de los empresarios y exfuncionarios. La propia ley exige que los funcionarios judiciales respalden con pruebas tangibles las declaraciones de los “arrepentidos”. En definitiva, los “arrepentidos” se arrepintieron para mejorar sus comprometidas posiciones en la causa. Ocurrió solo eso.


Los testimonios, los “arrepentidos” y las pruebas coinciden en llevar el delito de los sobornos hasta el propio matrimonio Kirchner, aunque también todo indica que quien creó ese sistema fue Néstor Kirchner, no su viuda; sin embargo, ella se benefició del método y no lo cambió cuando relevó a su marido en el poder. El propio contador histórico de los Kirchner, Víctor Manzanares, pidió ser “imputado colaborador”, y le contó a la Justicia cómo era el camino de los sobornos y qué hacía él con el dinero que el matrimonio presidencial le confiaba para que lo invirtiera.



Cristina Kirchner cometió un error enorme con Manzanares: le soltó la mano y lo dejó solo cuando la Justicia empezó a investigarlo. “Yo soy una vieja jubilada y embargada. Manejate con tu plata”, le mandó decir. Fue lo último que escuchó Manzanares de boca de Cristina Kirchner, porque inmediatamente después se puso a disposición de la Justicia para contar todo.


En el banco de los acusados se sentarán a lo largo del juicio 63 empresarios de la construcción, el transporte, la energía y la logística, y diez exfuncionarios del gobierno kirchnerista. Las caras más conocidas de estos últimos son las de la viuda de Kirchner y la del exministro de Planificación Julio De Vido. Nunca hubo un juicio oral y público para juzgar a empresarios y exfuncionarios por corrupción del tamaño del caso de los cuadernos, llamado así por los cuadernos del chofer Oscar Centeno, quien conducía el auto oficial de Roberto Baratta, el entonces funcionario más influyente en el ministerio conducido por De Vido. Centeno anotó con la precisión de un obsesivo cuánto, dónde y cómo su jefe recibía los sobornos. Cristina Kirchner anticipó ayer, como al pasar, que cuestionará durante el juicio la validez jurídica de esos cuadernos. Pero el caso ya fue tratado por la Corte Suprema de Justicia, que no resolvió explícitamente sobre la legalidad de esas anotaciones, pero habilitó a las otras instancias a continuar con el juicio; rechazó de esa manera el pedido de nulidad de los cuadernos por parte de Cristina Kirchner, de De Vido y de algunos empresarios. Fue un aval implícito a la validez de las libretas de Centeno.


Solo en una cosa tuvo razón Cristina Kirchner cuando sermoneó desde su condición de encartada. Fue el momento en que señaló que Javier Milei había violado la Constitución cuando anticipó que la exjefa del Estado seguiría presa por la causa de los cuadernos y por la firma del memorándum con Irán; esta última causa no llegó aún a la instancia del juicio oral y público. En efecto, la Constitución le prohíbe al Presidente el conocimiento de causas en trámite judicial. Su artículo 109 dice textualmente: “En ningún caso el presidente de la Nación puede ejercer funciones judiciales o arrogarse el conocimiento de causas pendientes”. El problema político fundamental de Milei es que su boca no conoce el sentido de las inhibiciones; acaba de mostrar una lengua irrespetuosa en Madrid, donde acusó de “impresentable” al jefe del gobierno español. Pedro Sánchez podrá gustar o no, pero el presidente de un país extranjero debe respetar la investidura de un líder legítimamente elegido, sobre todo cuando está en el país de este. Los reiterados insultos a Sánchez de parte de Milei explican que este se haya convertido en el primer presidente argentino (incluidos desde Raúl Alfonsín hasta Alberto Fernández) que no es invitado por el rey de España a un almuerzo en el palacio de la Zarzuela cuando está en la capital española.


Algo parecido sucedió con Juan Bautista Mahiques, flamante ministro de Justicia, quien anunció la probable nulidad de la investigación por el caso $LIBRA, que compromete a los hermanos Milei. También informó públicamente que la Justicia investiga la filtración de una información importante sobre esa causa. La periodista Paz Rodríguez Niell describió en LA NACION esa aparición pública del ministro de Justicia “como si fuera el abogado defensor de un cliente en apuros”.



En rigor, Mahiques dijo dos cosas contradictorias en ese mismo momento. Primero aseguró que no hablaría de causas en trámite, pero minutos después explicó por qué la Justicia podría declarar la nulidad de las pruebas sobre la relación de los hermanos Milei con los promotores de la criptomoneda $LIBRA. También deslizó que las causas por supuesta corrupción en la Agencia Nacional de Discapacidad y por los viajes del jefe de gabinete, Manuel Adorni, podrían ser declaradas nulas. En síntesis, el Presidente y su ministro se encargaron de mostrar a un gobierno que conoce lo que sucederá en el Poder Judicial con sus adversarios políticos y con sus propios funcionarios. Una oposición haciendo falsas acusaciones contra la Justicia y un Gobierno metiéndose indebidamente con el Poder Judicial no son las recetas ideales para restablecer la confianza en un país incierto.


Por Joaquín Morales Solá

"Ediciones Zinco Batman #244"

martes, 17 de marzo de 2026

El caso LIBRA vuelve a puertearle la cola a Milei: la Justicia confirmó llamadas con el lobista estafador Novelli














Política

Revelación que quema

El caso LIBRA vuelve a puertearle la cola a Milei: la Justicia confirmó llamadas con el lobista estafador Novelli

El prescindente Javier Milei miente otra vez: la Justicia lo pesca en llamadas con Novelli al minuto exacto de lanzar la criptoestafa más polémica de la historia argentina. (Dibujo: Fernando Rocchia para AGENCIA NOVA)

Los libertarios llevan meses repitiendo que todo fue un malentendido tecnológico, un simple entusiasmo presidencial por el universo cripto. Sin embargo, la causa judicial sobre el token LIBRA empieza a dibujar otra escena mucho menos romántica: la de un lanzamiento conversado, coordinado y seguido minuto a minuto desde los teléfonos del propio Javier Milei, su hermana Karina Milei y el empresario Mauricio Novelli, impulsor del proyecto.

Los peritajes sobre los dispositivos de Novelli detectaron videollamadas y mensajes cruzados en tiempo real alrededor de las 19.01, el instante exacto en que el prescindente publicó el tweet promocionando la criptomoneda.

El dato no es menor: ese mensaje incluía el contrato digital de 44 caracteres que habilitaba operar el token, un código que hasta ese momento no estaba disponible públicamente en ningún sitio. Es decir, el prescindente no solo difundió la moneda: fue la primera persona del mundo en publicar el contrato.

La cronología judicial es quirúrgica. A las 18.58, Novelli realiza una videollamada por WhatsApp con Milei que dura un minuto y trece segundos. A las 19.01, el Presidente publica el tweet de LIBRA. Dos minutos después, a las 19.03, Novelli vuelve a llamar y Milei atiende otra vez. A las 19.04, el empresario intenta comunicarse con Karina Milei, que no responde. Trece minutos más tarde, a las 19.17, la Secretaria General de la Presidencia devuelve el contacto con una videollamada que dura dos minutos y cuarenta y dos segundos.

Todo esto ocurre en la ventana exacta del lanzamiento, mientras el token comenzaba a circular.

El periodista Hugo Alconada Mon reveló además que Milei intercambió al menos cinco mensajes desde su teléfono personal con Novelli el 14 de febrero de 2024. Los especialistas remarcaron que la comunicación fue bidireccional, es decir, no se trató de mensajes que el Presidente simplemente recibió: también respondió y participó activamente del intercambio.

La historia se vuelve todavía más incómoda cuando aparecen las conversaciones posteriores. Según los investigadores, Milei le anticipó a Novelli que daría una entrevista al periodista Jonatan Viale en TN. Pero no solo eso: en ese diálogo habrían acordado qué responder y qué evitar mencionar durante el reportaje. Es el mismo programa en el que el asesor Santiago Caputo interrumpió en cámara para frenar una pregunta incómoda y proteger la defensa presidencial.

Mientras tanto, el ecosistema de la operación también empieza a mostrar conexiones internacionales. Cerca de la fecha del lanzamiento, Novelli entró en contacto con Julian Peh, CEO de Kip Protocol, una de las firmas vinculadas a la trama del token. Paralelamente, el empresario se encontraba en Dallas reunido con Hayden Davis y Manuel Terrones Godoy, otros actores señalados en el entramado de la criptomoneda.

La escena adquiere un matiz todavía más sugestivo cuando aparece un chat entre Novelli y Terrones Godoy del 20 de febrero de 2025, seis días después del lanzamiento de LIBRA. En ese intercambio, el lobista envía un mensaje que hoy resuena con otro peso: “Llevo eso para allá, pero borrá”.

No hace falta demasiada imaginación para entender por qué esa frase despertó interés judicial.

En un gobierno que llegó prometiendo dinamitar privilegios y limpiar la política, la causa LIBRA empieza a mostrar algo mucho más terrenal: un presidente, su hermana y un empresario hablando por videollamada justo antes y después de promocionar un token que movió millones.

Y lo que parecía una simple anécdota cripto empieza a parecerse cada vez más a una operación discutida en tiempo real desde el teléfono presidencial.

HUMOR DIARIO

Milei y un “fin” que tarda en llegar





















LA NACION > Política 


Milei y un “fin” que tarda en llegar


El lema adornista se convirtió en una marca de la superioridad moral con la que el mileísmo se autopercibe; el Gobierno se topa con los primeros efectos colaterales de su legado económico e institucional


17 de marzo de 2026


LA NACION 


Luciana Vázquez



Manuel Adorni, Javier Milei y Hayden Davis por Alfredo Sábat


Ni el fin de la inflación. Ni el fin del affair Adorni. Ni el fin del caso $Libra. Para un Gobierno que prometió el fin contundente de la inflación y del patrimonialismo de Estado la última semana presenta un frente delicado. En ninguno de sus horizontes estratégicos, el ordenamiento de la macro y la lucha anti casta, la gestión mileísta lograr encontrar el “fin” contundente que acuñó el jefe de Gabinete Manuel Adorni, ahora en el foco de la tormenta.



El “fin” adornista se convirtió en una marca de la superioridad moral con la que el mileísmo autopercibe su gestión y su visión de la Argentina: el Gobierno libertario como el dueño de la palabra final y definitiva en cuestiones centrales.


Entre ayer y el viernes pasado, hubo indicios de una toma de conciencia de ese cambio de escenario: el Gobierno se quedó sin la última palabra, y ahora debe reconstruir su autoridad para recrear certidumbre sobre su política económica, o para minimizar los tiros en los pies de algunos de sus principales dirigentes. Se dio en el discurso de Javier Milei ayer, en la Bolsa de Comercio de Córdoba, dio indicios del acuse de recibo.


Milei fue directo al grano: reconoció abiertamente la caída de la actividad y el regreso de la inflación al alza. Hubo dos menciones puntuales. Primero: “No sólo cayó la actividad sino que además saltó la tasa de inflación”, concedió. Y más adelante: “Alguien podría decir: ‘No, pero la inflación venía cayendo y empezó a rebotar’. Eso también tiene una explicación”. Milei le quitó presión a la fecha fijada para el cumplimiento de la inflación cero en los próximos meses. Por un lado, el objetivo de inflación arrancando con cero para agosto se convirtió en un “podría empezar con cero” y apareció un plazo tentativo, más indefinido: “Yo voy a seguir haciendo las cosas bien y -tarde o temprano - vamos a derrotar a la inflación”.


Para el Gobierno, inflación, Adorni y $Libra, con las nuevas revelaciones que traen otra vez los nombres de Hayden Davis y Mauricio Novelli y sus vínculos con los Milei al primer plano, se están convirtiendo en crisis de sombra larga o combustión lenta. Son las crisis que no logran resolverse rápidamente y no dejan de sumar capítulos tan imprevistos como desgastantes. En un año central para consolidar el modelo Milei, la gestión mileísta se topa con los primeros efectos colaterales de su propio legado económico e institucional. Ya no es un Gobierno en etapa de estreno e inauguración: al contrario, empieza a acumular facturas impagas surgidas de sus propias decisiones. La luna de miel se terminó.


El affair Adorni resulta una buena síntesis de todos los riesgos que se ocultan en el funcionamiento interno del mileísmo. Una especie de Aleph de los problemas futuros que podrían condicionar la efectividad del modelo Milei en varios frentes, también en lo económico y en lo institucional. Primero, una lógica de decisión afectada por un personalismo carismático que nadie desafía. Segundo, la discrecionalidad de ese presidencialismo de dos, integrado por Milei y su hermana Karina: la explicación pública de Adorni de que su esposa fue “invitada por presidencia” y que por eso accedió deja ver la confusión entre lo público y lo privado del Presidente y la secretaria general.



En ese punto, queda trazado un puente que alcanza al caso $LIBRA, que vuelve a arrinconar al Gobierno en los últimos días. La investigación judicial está en marcha pero se suman indicios sobre, por lo menos, un uso indebido de la posición pública en el entorno presidencial, si es que no termina comprobándose como un hecho de corrupción.


Tercero, se ve también un disciplinamiento acrítico que no genera voces aplomadas que aporten matices a las voces más extremas, que impregnan la gestión: pasó una semana hasta que Adorní reconoció públicamente, en entrevista con Luis Majul, los alcances críticos de llevar a su esposa en el avión presidencial. En el medio, contó con el apoyo incondicional de una Karina Milei que no suele expresarse públicamente. A ese posteo en X, le siguieron los apoyos de casi todo el gabinete nacional en fila disciplinada. La falta de registro de las distintas caras del problema fue llamativa y generalizada.


Cuarto, un desapego por la transparencia y los mecanismos de gestión para asegurarla: la falta de publicidad sobre la comitiva oficial subida al avión presidencial, de todo el staff de Nueva York y del detalle de la agenda presidencial y un resumen puntilloso de cada encuentro tiene efectos colaterales. Cuando desaparecen los mecanismos de rendición de cuentas ante los ojos de la opinión pública, nadie parece detenerse a analizar lo perjudicial de subir a una esposa al avión. La obligación de transparencia, en cambio, da mayor garantía de autocontrol y autolimitación.


Quinto, un estado de negación del problema y en consecuencia, una estrategia negadora de la realidad: la construcción de cámara de eco que aísla al Gobierno en una serie de certezas alejadas del sentido común de la opinión pública. El “deslomarse” de Adorni va en ese sentido. También, la insistencia casi festiva en el argumento del “costo marginal” como respuesta a todas las caras de una decisión que mostró desconexión y ensimismamiento por todos los costados.


Una visión economicista del funcionamiento social en la que caen Milei, su ministro de Economía Luis Caputo y Federico Sturzenegger, entre tantos otros dirigentes clave del mileísmo. Una suerte de arrogancia economicista que reduce los problemas a categorías de ese universo. A Milei y sus libertarios se les escapó totalmente el costo reputacional del affair Adorni. Quedó pulverizado el intangible anti casta, el eje de la promesa mileísta tanto en lo institucional como en lo económico.



Inclusive Adorni, que venía teniendo un rol central en la comunicación de la visión anti casta libertaria, perdió de vista esa lógica. Curiosa esa desorientación política en una de las espadas narrativas de Milei que basó su crecimiento político en esa cualidad: usar la lengua como el látigo anti casta.


En esos tres focos de tormenta, Adorni, $Libra y la inflación, al Gobierno le cuesta registrar con claridad el impacto en la opinión pública, sobre todo, en sus votos prestados. Por eso, en relación al tema inflación, la presentación de Milei en Córdoba es relevante. Ayer, habló durante casi una hora y media. En la primera parte, insistió con sus argumentaciones más teóricas y el marco conceptual de su gestión. Retomó los argumentos del discurso de Davos. Pero en una segunda parte, se metió de lleno con la actualidad económica. Ahí llegó el reconocimiento de la subida de la inflación como problema.



Para Milei, el legado kirchnerista y sobre todo, la estrategia electoral de la oposición en 2025 están detrás del fogonazo inflacionario de los últimos nueve meses. “La economía había arrancado el año creciendo al 6 por ciento y estaba acelerando al 8 por ciento. Evidentemente el kirchnerismo sabía que si no hacía algo iban a perder las elecciones y entonces, tenían que salir a romper todo. Con lo cual salieron y el Congreso nos votó cuarenta leyes en contra del programa económico”. En su argumentación, el jaqueo al equilibrio macroeconómico produjo caída de la demanda de activos argentinos en el exterior y de activos domésticos, es decir, de pesos. Lo primero generó aumento del riesgo país; lo segundo, inflación.


En la mirada mileísta, el “rezago” de veintiséis meses del trabajo macroeconómico hecho en 2024 da esperanza para una inflación que “podría empezar con cero” para agosto. Pero Milei también reconoce que “en el medio, pasaron cosas”, de ahí la extensión más indefinida de ese plazo: “más tarde o más temprano”. Además del kirchnerismo, Milei enumeró otras causas: “los rezagos”, “el problema del sobrante monetario”, “perturbaciones de corto que pueden generar alteraciones en la dinámica de los precios (...) y que se manifiesten como inflación”.



También dio señales sobre lo que no está dispuesto a hacer: “Ahora me encuentro con esta situación. ¿Voy a modificar la forma de hacer política económica porque nos saltó – transitoriamente - la tasa de inflación? ¿Vamos a aplicar controles de precios? Es decir, ¿vamos a violentar el derecho de propiedad, vamos a violentar la libertad? No, no cuenten conmigo con eso. Yo voy a seguir haciendo las cosas bien y -tarde o temprano - la vamos a derrotar a la inflación”.


El viernes, fue Luis Caputo el que reconoció preocupación en torno a la inflación. Ahora, el discurso parece seguir más decididamente la línea de la narrativa modelo José Luis Daza, el viceministro de Economía. Desde su ingreso a la gestión en 2024, Daza fue quien más decididamente evitó ponerle fecha a la baja de la inflación a un dígito anual y a un inicio con cero.



El efecto mangrullo que afectó al kirchnerismo le tocó ahora al mileísmo: mirar la realidad desde arriba, con una superioridad moral aislada en su autopercepción, que impide ver los problemas a tiempo para intentar encontrar soluciones estructurales. La gran pregunta es si el mileísmo puede gobernar con otros reflejos y otra caja de herramientas para atravesar las tormentas.


Por Luciana Vázquez 

"Novaro Archi #435"