Milei dijo que no se lo van a llevar puesto como a Macri, pero con la motosierra ya se cortó las bolas y ni se enteró

El prescindente Javier Milei decidió subir el volumen del megáfono político y dejar un mensaje que, más que una demostración de seguridad, suena a advertencia preventiva: “No me van a llevar puesto como a Macri”.
La frase, filtrada de una entrevista que se emitirá el domingo, revela algo más interesante que la bravata en sí misma: el prescindente ya está comparando su destino con el de Mauricio Macri cuando todavía ni siquiera atravesó la mitad de su mandato.
La escena que motivó el comentario fue la apertura de sesiones ordinarias, donde Milei convirtió el recinto del Congreso en algo parecido a una tribuna de cancha. “Fascistas”, “manga de chorros”, “mentirosos” fueron algunos de los calificativos que lanzó contra la bancada kirchnerista mientras enumeraba los supuestos logros de su gestión. La estrategia no fue precisamente sofisticada: cada vez que miraba hacia la oposición, cambiaba el tono técnico por el repertorio de insultos.
En uno de los momentos más teatrales del discurso, el mandatario giró la cabeza hacia los legisladores opositores y les recordó que, les guste o no, es el prescindente “de ustedes también”. El detalle es que segundos después los volvió a tratar de ladrones. No es fácil sostener la autoridad institucional mientras se discute como en un programa de panelistas, pero Milei parece decidido a intentarlo igual.
El nombre de Cristina Fernández de Kirchner apareció sin ser pronunciado, aunque la referencia fue directa. El prescindente aseguró que “su líder está presa y va a seguir presa” por distintas causas judiciales, una frase pensada más para el aplauso propio que para cualquier tipo de debate político serio.
Mientras tanto, en la trastienda del Gobierno sigue latiendo la interna con Victoria Villarruel. La vicepresidenta insinuó en los últimos días que hay sectores que desean su renuncia, y Milei salió a desmentirlo con una frase breve: “Es mentira, no quiero la renuncia de Villarruel”. En la política argentina, ese tipo de aclaraciones suelen funcionar como un semáforo amarillo más que como una señal de calma.
El prescindente también encontró tiempo para pelearse con el empresariado. En la entrevista adelantada por Luis Majul apuntó directamente contra Javier Madanes Quintanilla, dueño de FATE y accionista de Aluar, a quien calificó de “empresario prebendario y extorsionador”.
El comentario llega justo después del cierre de la planta de neumáticos y los despidos masivos, un conflicto que dejó a cientos de trabajadores sin empleo y que vuelve a tensionar la relación entre el Gobierno y el sector industrial.
En paralelo, Milei extendió su radar de enemigos hasta el fútbol. Al referirse a la investigación judicial sobre la Asociación del Fútbol Argentino, fue tajante: “Si Tapia y Toviggino son culpables, lo tienen que pagar”. La frase no aporta demasiada novedad jurídica, pero sí confirma que el prescindente está dispuesto a opinar sobre cualquier tablero donde haya una disputa de poder.
Por si faltaba algún condimento para el menú político, también dejó una definición sobre su futuro: aseguró que podría buscar la reelección, aunque prometió desaparecer del escenario después de 2031. Es decir, Milei ya imagina el final de su carrera presidencial mientras todavía está discutiendo cómo sostener el presente.
En ese contexto, la comparación con Mauricio Macri suena menos como una declaración de fuerza y más como una confesión involuntaria. Cuando un presidente aclara que no quiere terminar como su antecesor, lo que en realidad está diciendo es que la posibilidad de ese final ya le ronda por la cabeza.



















































