viernes, 7 de noviembre de 2025

"El Hombre Nuclear #5"

HUMOR DIARIO

Milei, en su mejor momento: cómo usar el crédito político











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Milei, en su mejor momento: cómo usar el crédito político


LA NACION


Sergio Suppo




Javier Milei por Alfredo Sabat 




Acaba de empezar la hora más importante de la presidencia de Javier Milei. Revalidado por un triunfo extendido y contundente, nunca tuvo más poder que ahora, más todavía que en el impulso de los primeros días de mandato.



Hace dos años había logrado apoyo a una expectativa. Ahora tiene el aval por lo que hizo y una renovación de aquella ilusión original basada en el mayoritario temor de los argentinos a una regresión al kirchnerismo.


Los próximos meses tendrán, por lo tanto, el carácter decisivo que conllevan los momentos en los que alguien invierte el capital político ganado para construir la parte principal de la obra que proyectó.


Confundir ese triunfo con una bendición absoluta que borra todo lo pasado es la principal tentación de los ganadores y un error que a Milei le convendría no cometer


El azaroso viaje hasta llegar al resultado del domingo fue borrado por los números que brotaron hasta de los rincones más inesperados.



Confundir ese triunfo con una bendición absoluta que borra todo lo pasado es la principal tentación de los ganadores y un error que a Milei le convendría no cometer. Muchos gobiernos se confundieron con el uso que había que darle al juicio favorable obtenido en unas elecciones legislativas. Mauricio Macri, por ejemplo, dejó a media agua los cambios estructurales que tenía que hacer y luego se hundió en la desconfianza de los prestamistas internacionales.


A tono con el vértigo de una montaña rusa que describe a la administración libertaria, el destino quiso que aquella vez la corrida contra el peso empezara antes de las elecciones y no al año siguiente del triunfo macrista de 2017. En cambio, la derrota estrepitosa en la provincia de Buenos Aires, el 7 de septiembre pasado, aceleró la crisis financiera originada en los errores de cálculo que la victoria del domingo dejó sin responsable.


Nadie podrá decirle a Milei que recibió la ayuda que necesitaba en el momento más dramático por un golpe de suerte


En el rescoldo de la bronca que provocó la derrota a los kirchneristas, algunos presentaron como un golpe de suerte la inédita intervención de Donald Trump en el mercado cambiario.



Ese salvataje que todavía continúa no habría existido si Milei no hubiera presentado a su política exterior como un sinónimo de alineamiento pleno con todas las políticas de Donald Trump. Nadie podrá decirle a Milei que recibió la ayuda que necesitaba en el momento más dramático por un golpe de suerte. Había fabricado esa ayuda con convicción desde sus días de candidato.


Mejor no imaginar el descontrol cambiario en que se habrían desarrollado las elecciones sin la aparición del Departamento del Tesoro.



Los Estados Unidos ayudaron a consolidar una decisión que muchos argentinos habían hecho emerger en los sondeos de opinión en las horas previas de las elecciones. Y no en toda su plenitud, al extremo de que Milei debió esperar los mesas testigo de la provincia de Buenos Aires para saber que descontaba la sideral diferencia de septiembre.


Cristina Kirchner y Axel Kicillof deberían preguntarse si el rechazo visceral al cambio de rumbo que ratificó el electorado no les profundiza el aislamiento


Esa decisión encontró una sola vía y concentró todo el temor al regreso del kirchnerismo en una canasta, la del gobierno libertario. La reconstrucción del sistema político con matices y alternativas a los libertarios dentro del no peronismo quedó pendiente.



El experimento de Provincias Unidas fracasó con la derrota de cinco de sus seis gobernadores. Ese armado perdió en la agria polarización entre el gobierno y el fragmentado kirchnerismo.


Cristina Kirchner y Axel Kicillof deberían preguntarse si el rechazo visceral al cambio de rumbo que ratificó el electorado no les profundiza el aislamiento. Depender solo del derrumbe del Gobierno como instrumento para volver es muy poco para recuperar el proyecto de poder que alguna vez tuvieron.



Una parte importante del peronismo empieza a salir del encierro de frases hechas, referencias a un pasado que nunca existió y mandoneos que ahora resultan insoportables. Kicillof parece tan anclado en ideas en desuso como Cristina, presa como está de su propia historia.


¿A quién defiende el kirchnerismo cuando quiere mantener afuera del sistema registrado a una gran parte de su electorado?


El kirchnerismo hace tiempo que dejó de hablarle a su electorado desde la expectativa de sacarlo de la desgracia social en la que lo metió. No tiene discurso ni acciones para mejorar la seguridad cuando las principales víctimas de los delincuentes y de los narcos viven en los barrios más postergados.



Sólo ofrece consignas, los dogmas de siempre y la defensa del statu quo de las viejas leyes del trabajo a pesar de que el 40% de los trabajadores carece del derecho de tener aportes jubilatorios, obra social y las demás ventajas de un régimen laboral legal.


¿A quién defiende el kirchnerismo cuando quiere mantener afuera del sistema registrado a una gran parte de su electorado y ni siquiera acepta discutir las enormes transformaciones de un mundo estremecido por la inteligencia artificial, entre otros drásticos cambios?



La reforma laboral es apenas el primer tramo de una serie de aciertos en los que Milei está obligado a invertir lo que ganó en las elecciones.


Es el primer ejercicio para demostrar que lo que dijo en el cierre de su campaña y luego de ganar será realidad durante este verano de sesiones extraordinarias en el Congreso. Para cambiar a fondo la legislación laboral Milei necesita el acuerdo con al menos una parte importante de los gobernadores.


El triunfo le acortó el camino al Presidente, en tanto le harán falta menos votos prestados, pero igual es necesario que haya un consenso amplio en leyes de tanta profundidad como una reforma impositiva que también empezó a negociarse.


No es la única tarea. Además de encontrar una salida definitiva a la crisis financiera que lo sacudió durante tres meses, terminar con el salvaje internismo dentro del gabinete es una condición necesaria para ordenar las negociaciones con quienes no integran su equipo.


El triunfo tampoco implica un indulto a las sospechas de corrupción que cruzaron al gobierno desde marzo en adelante. Mejor no volver a tropezar con la misma piedra.


Los cambios que Milei necesita sacar del Congreso ahora que tiene el poder del voto reciente no pueden ser otra cosa que la llave para poner en marcha el modelo final que pretende.


Ese es dato más importante y el desafío más complejo para la gestión libertaria: demostrar que la economía arranca y que sea una verdad comprobable aquello de que lo “peor ya pasó”. Nada más importante para Milei que los argentinos comprueben que el sacrificio valió la pena.


Por Sergio Suppo

jueves, 6 de noviembre de 2025

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"Dejate de joder, pibe": D'Elía destrozó a Máximo Kirchner y lo trató de fiestero y falopero











Política

Fuego amigo K

"Dejate de joder, pibe": D'Elía destrozó a Máximo Kirchner y lo trató de fiestero y falopero

El ex aliado del kirchnerismo tiró una bomba como hacian sus antepasados: acusó al hijo de Cristina de vivir “de joda hasta las 5 con drogas” y le pidió a ambos que “se corran de una vez”. (Dibujo: Fernando Rocchia para AGENCIA NOVA)

El kirchnerismo se está comiendo a sí mismo. Luis D’Elía, el mismo que alguna vez fue el guardaespaldas ideológico del matrimonio K, rompió el silencio y prendió fuego a Máximo Kirchner y a su madre condenada.

Con tono desafiante y sin miedo a dinamitar todo a su paso como hacian sus antepasados, el dirigente social acusó al heredero camporista de vivir drogado y de joda permanente, mientras el país “se cae a pedazos”.

“Tu vida no puede ser todos los días de joda hasta las 4 o 5 de la mañana con drogas. ¡Cortala! Todos lo sabemos”, lanzó D’Elía, dejando a La Cámpora en modo catatónico.

El piquetero fue más allá y destrozó a Cristina Fernández, asegurando que “ella y su hijo se tienen que dejar de joder y correrse”.

La frase cayó como una granada en un movimiento ya fracturado, que no encuentra norte ni relato.

Mientras algunos K lo tildaron de “traidor”, otros admiten por lo bajo que “D’Elía solo dijo lo que nadie se anima a decir”: que Máximo no conduce nada, ni siquiera su propia vida.

La ironía es inevitable: el kirchnerismo que durante años se vendió como “movimiento de los humildes” hoy se trenza en peleas de egos, cocaína y poder, mientras la gente hace cola para comprar pan.

HUMOR DIARIO

El “volantazo salvador” como nueva categoría política











LA NACION > Política


El “volantazo salvador” como nueva categoría política


La plasticidad y flexibilidad de la coreografía política de Javier Milei en la última semana contrastan con el empecinamiento confrontativo que aplicó en todo 2025


LA NACION


Luciana Vázquez


Diego Santilli y Javier Milei por Alfredo Sábat


Tanto en el tablero político como en el terreno económico, el volantazo decisivo y salvador, con su carácter osado y repentino por definición, queda elevado a la enésima potencia de categoría política en la experiencia libertaria de gobierno. La segunda mitad del mandato de Javier Milei encuentra en el volantazo una mecánica para la toma de decisiones. Mucho más que en otros momentos críticos y claves de la Argentina, la política modelo Milei de los últimos meses se viene jugando día por día, hora por hora, incluso. Quedó claro con el “habemus ministro del Interior” que tuiteó Javier Milei a modo de anuncio presidencial el domingo: le bastó un posteo con un nombre inesperado para romper todas las expectativas posteriores a la renuncia de Guillermo Francos.



Ya antes, hace 40 días, la decisión repentina y desconcertante como modalidad de gestión había encontrado su arquetipo cuando Scott Bessent lanzó, preciso y a la hora señalada, el salvavidas necesario para rescatar a la economía mileísta, a punto de quedarse sin oxígeno cambiario en plena campaña electoral.


Un modo mileísta de gestión presidencial que se consolida. Milei, el outsider, compensa la inexperiencia en el tuteo político y en la gestión de la cosa pública con prepotencia de visión y voluntad férrea para desandar tabúes del hacer político y mover fichas impensadas cuando nadie lo espera y la coyuntura urge. Milei se resiste a parecerse al hombre de Estado previsible; busca, en cambio, que el poder se parezca a él. Aun cuando se pone la skin de hombre de Estado, produce hechos políticos que desmienten esa sobriedad y parsimonia. Desde fines de septiembre le viene saliendo bien. El problema es que también le puede salir mal.


De Francos a Santilli

Aquel anuncio de Bessent, fruto de la relación Milei-Trump, cambió la historia de las elecciones de medio término, del Gobierno, y hay muchas chances de que haya alterado definitivamente el rumbo de la Argentina. Sin ese paso osado, el Gobierno habría entrado en una crisis dificilísima y en un domingo electoral de más incertidumbre todavía.



Y este domingo, con la decisión de ungir a Diego Santilli y comunicarla de modo corto y directo en un solo tuit, Milei hizo varias cosas. Justo cuando la pax poselectoral empezaba a flaquear, alineó la narrativa detrás de un anuncio clave. El affaire Francos generó una incertidumbre innecesaria que empezaba a limpiar demasiado tempranamente la percepción de renovación, orden y autoridad recuperada luego del triunfo. Cuando parecía que volvía la incertidumbre de la mano de su desmanejo político, en este caso, en la reestructuración del gabinete, Milei cambió el clima con un manotazo: el domingo, lo nombró a Santilli.


Hay que volver a esta semana que pasó: siete días críticos para el gobierno de Milei, con tres pruebas de fuego centrales. La primera, la prueba de fuego electoral, de la que el Gobierno salió ganador en una escala impensada: en ese caso, fue la ciudadanía la que jugó la carta inesperada de darle, incluso, el triunfo bonaerense.


Las otras dos pruebas de fuego que afronta Milei están vivitas y coleando, y no se allanan de un día para el otro: le tomarán la segunda mitad de su mandato. Una es el desafío de la política, con las internas en el Gobierno, por un lado, y, por el otro, el vínculo con los opositores, gobernadores y el Congreso. La otra, la relación con la macro y los mercados y la propia interna que se libra entre los actores de la economía: dejar que el dólar flote libremente o mantenerlo a raya dadas las tendencias bimonetarias de la Argentina.



Que el triunfo electoral contundente no opaque las dificultades autoinfligidas. Durante 2025, el equipo económico enfrentó errores que derivaron en una corrida cambiaria. Economistas racionales y argentinos que conocen los mercados tanto como Luis Caputo, y que ven con optimismo la visión económica del Gobierno, son contundentes: el riesgo kuka no lo explica todo; hubo errores propios. “Capricho ideologizado”, dicen sobre la concepción en torno a la tasa de referencia y el rol del Banco Central. “Toto siendo Toto”, en relación con la decisión de no acumular reservas, derivada de una autoconfianza excesiva según algunos críticos amigables de Milei.


El apoyo inédito e histórico del par Trump-Bessent, que fue necesario para sostener al Gobierno, es una medida de la escala de las dificultades atravesadas. Las rondas de los mercados lo corrieron de atrás al Gobierno durante casi dos meses. Y en política, el Gobierno fue derrotado en dieciocho rondas legislativas consecutivas durante todo 2025.



La política y la estrategia

El consenso es la mayor prueba de fuego política. Es una exigencia extrínseca, tanto de Donald Trump y el FMI, como inherente a los objetivos políticos: de los acuerdos con los gobernadores a los votos necesarios en el Congreso. La madurez política de la gestión libertaria no puede escapar al salto cualitativo hacia la negociación política y el consenso estratégico para pasar el presupuesto 2026 y las reformas clave y cumplir con la segunda parte del mandato con el que llegó: ya cumplió con el reordenamiento fiscal y el ajuste, que el voto convalidó a pesar de todos; ahora le toca cumplir con el crecimiento, nada menos.


Cruzar la orilla que lleva al consenso es una tarea complejísima para el Gobierno. En principio, para Milei, hay un equilibrio muy delicado entre consensuar y traicionarse. El temperamento político de Milei se juega con mayor naturalidad por otros carriles: la confrontación. Sin embargo, ya desde 2023 encontró una lógica productiva para construir alianzas cuando las circunstancias lo exigen: primero con Massa para las PASO, luego con Macri y Bullrich para el balotaje. Eso que fue dejando de lado en 2025 vuelve ahora a escena: la política como juego de estrategia, una pelea con el cuchillo entre los dientes por recursos escasos, todo en pos de cumplir con el objetivo final que es desplazar al adversario y su visión del mundo al borde del tablero, o dejarlo directamente fuera de juego.



Como outsider de la política, Milei llegó con nada, cero de los recursos típicos de un candidato presidencial: estructura partidaria consolidada, territorio y un legado ideológico.


Llegó solo con la disposición de querer ganar y de desplegar las tácticas necesarias para cumplir con el objetivo. Sin historia en la política, sin lealtades partidarias y sin el corset de una tradición ideológica pesada, Milei posee una flexibilidad propia del que tiene todo para ganar y nada para perder. La plasticidad y flexibilidad de la coreografía política de Milei de esta semana que pasó contrastan con el empecinamiento confrontativo de todo 2025.



Lecciones del affaire Francos

Por eso, el affaire Francos y el modo de su resolución son sintomáticos de la nueva etapa que se abre para el Gobierno. Con frialdad y pragmatismo, Milei dejó en el camino a un hombre clave de su llegada al poder. En la suerte corrida por Francos juegan varios factores. Por un lado, quien sirve para llegar al poder no necesariamente tiene un rol en la consolidación de una gestión. Francos fue el sherpa de Milei mientras Milei era el outsider a punto de alcanzar una cumbre desconocida. Hizo un trabajo de amistad política con gobernadores, legisladores, incluso con la sociedad y mucho con el periodismo que rescató siempre su talante político. Pero la falta de gobernabilidad política de 2025 lo expuso a la crítica. El consenso implica diálogo y objetivos alcanzados: si el consenso se reduce a buenos modales políticos sin efectividades conducentes, por ejemplo, votos en el Congreso, el balance da negativo.


Con Santilli, Milei jugó con astucia. Santilli es, todavía, hombre de Pro; llega con poder propio, los votos bonaerenses; con una gimnasia política de los que se la juegan en pos del poder, del peronismo, luego al macrismo y al mileísmo; y un tono político razonable, que escasea en La Libertad Avanza. Con esa designación, Milei respondió a las críticas generales que temieron un desvío del camino del consenso, y a una crítica puntual, la de Macri, que lamentó la partida de “la capacidad y el equilibrio de Francos”.



Macri está frente a un problema de difícil solución: una contradicción entre su falta de proyecto de poder, delegado en el proyecto mileísta, y un proyecto de país que coincide con el mapa mileísta en lo económico que, aunque suma otros hitos de calidad institucional y tono político, está dispuesto a delegar mientras se cumple la urgencia de la macro. Mientras delega el poder, Macri se vacía de capacidad para ponerle condiciones al Gobierno. La hora de la necesidad electoral ya pasó: con el triunfo rotundo de Milei, Macri vuelve a ver el carruaje de la posibilidad de influencia en la gestión convertido en calabaza.


Para Milei y su círculo de confianza, el problema es otro: que la lógica del volantazo no logre realinear el rumbo y que los problemas que surgen en el ejercicio de un poder político complejo, en circunstancias que siguen siendo delicadas, no puedan ser compensados con la audacia y el pragmatismo de último momento.


Por Luciana Vázquez