domingo, 26 de octubre de 2025

"Los Mitos de Cihulhu" (¡¡¡130 PAGINAS!!!)

sábado, 25 de octubre de 2025

No se duerma, el domingo vaya a botar





















OPINIóN 


MENSAJE EN UNA BOTELLA


No se duerma, el domingo vaya a botar


A casi dos años de gestión, Javier Milei enfrenta una economía en recesión, endeudamiento externo y denuncias de corrupción.


A poner cruces!!! | Juan Domingo Peron por Pablo Temes


Daniel Capalbo


Diario Perfil


Nada de lo que usted lea a continuación será una novedad. Debo aclarar, estoy obligado a hacerlo, que el texto que sigue fue escrito con la intención de explicarles a mis hijas, que emigraron en busca de oxígeno y realización, las razones de por qué ellas están “allá” a punto de votar y yo acá, tratando de describir un panorama que parece distópico; un panorama que derivó de la búsqueda desesperada de una sociedad sumida en el hartazgo.


Valga el paisaje político que sigue de elemental radiografía en vísperas de decisiones tan importantes.


Hace casi dos años hubo un presidente que llegó con la motosierra ideológica, prometiendo liberar al país de las cadenas del Estado, de la negligencia y de la corrupción. Mientras blandía la sierra de su motosierra, la gente se quedó sin pan, sin bolsillo y sin paciencia. A casi dos años de gestión, lo que era épica de cambio se convirtió en estrategias de supervivencia. La promesa de la libertad que avanzaba se transformó en un ajuste interminable, dependencia externa e internismo salvaje en medio de crecientes denuncias de corrupción en el más alto estamento de administración, en un festival de timba con criptomonedas, coimas y vínculos amigables con el narcotráfico.


Milei prometió gloria fiscal, pero el ajuste que supuestamente debía equilibrar las cuentas dejó facturas de los servicios impagas y tarjetas de crédito extenuadas, al servicio de comprar comida. El déficit cero se convirtió en mantra, mientras el consumo caía y la recesión se consolidaba. El propio Presidente reconoció: “La estructuración de un swap es un intercambio de monedas… nosotros tenemos un crédito por 20 mil millones de dólares y ellos tienen crédito en pesos… en caso de no poder salir al mercado de capitales… haremos los pagos de 2026 utilizando la línea de swap; eso significa tomar deuda para pagar deuda”. Ajuste, endeudamiento y auxilio externo: lejos del libre mercado autónomo que prometía.


La actividad económica se desplomó. Las pymes agonizan, el comercio resiste como puede y puede poco a esta altura, los asalariados hacen malabares. Como dijo Axel Kicillof, la macro de Milei le viene bárbaro a J.P. Morgan. Ni el Citi, ni J.P. Morgan, ni el Tesoro de EE.UU. son sociedades de beneficencia… Si ponen, después sacan.


La consecuencia más directa de esta gestión es la precarización de la vida. No se trata solo de salarios que no alcanzan o alquileres imposibles, sino de una degradación cotidiana que atraviesa el cuerpo y el ánimo. Las familias recortan comidas; los jubilados, a quienes las huestes de Patricia Bullrich apalean todos los miércoles en el Congreso, eligen entre remedios o abrigo, los jóvenes viven en la informalidad o se van. La vida social se deshilacha: el trabajo pierde sentido, los vínculos se tensan, el futuro se vuelve cálculo. La libertad que se prometía se transformó en una carrera individual para no caer del todo, mientras el Estado se retira y el mercado no aparece.


Y ojo: si el outsider se parece a la casta que vino a reemplazar, el riesgo es doble. Cristina Fernández de Kirchner advirtió: “El experimento libertario fracasó… la gente no llega a fin de mes… mientras los ganadores del modelo fugan las enormes ganancias que obtuvieron con la timba financiera. Milei terminó rogando un salvataje en EE.UU. Salvataje que de solución no tiene nada, y de humillación, todo”. A Cristina le sobra sentido común, pero le falta autocrítica.


Lo cierto es que el gobierno firmó un acuerdo de hasta 20 mil millones de dólares con el Tesoro norteamericano. Para la oposición, significa dependencia y pérdida de soberanía. Para el ciudadano de a pie, lo mismo (es tan obvio). El electorado toma nota (¿toma nota?). El peronismo, la izquierda, los restos de la UCR, los cívicos insisten en que la gente no llega a fin de mes y se endeuda, y ese desgaste abre espacio para una oposición que se creía sin aire. Hay que recordar que este salvataje es el segundo en pocos meses. Por una cifra similar, el FMI le dio una mano a Milei y su trader Caputo en abril de este año.


La estrategia de shock funcionó para bajar la inflación a un costo incalculable. Guillermo Francos resumió: “Bajo la premisa del déficit cero, se han sentado las bases de un verdadero cambio de paradigma… la solución no está en hacer las cosas rápido, sino en hacerlas bien”. Pero “sentar bases” se siente muchas veces como “esperar resultados”, y la paciencia se agota.


Milei anunció que reacomodará el gabinete para lograr los objetivos de las reformas de segunda generación y que, con todos los números en mano, verá qué tipo de entramado necesita. Reconocer que necesita otro equipo se lee como la admisión implícita de sus limitaciones. Salidas de carteras muestran un gabinete sensible al resultado electoral. Incluso antes de que se produzca, como lo demuestran los cambios que ya está haciendo.


Es tan obvio que el relato mileísta berreta se resquebraja… Su coherencia política se diluye ante la dependencia externa y los problemas de gestión. Y, vale recalcarlo, los problemitas de corrupción.


El tablero legislativo tampoco le garantiza tranquilidad, como señala en su columna Javier Calvo. En el Senado, de los ocho distritos que eligen tres bancas –dos para el ganador y una para el segundo–, La Libertad Avanza quedaría sin representación en Santiago del Estero; en CABA, Entre Ríos (con el PJ fragmentado) y Chaco sumaría dos senadores cada uno; y en Tierra del Fuego, Río Negro, Neuquén y Salta, al menos uno. Pongamos que pasarían de siete a 17 bancas, más del doble, pero aun así están lejos de controlar la Cámara.


En Diputados, varios aliados funcionales del oficialismo, aunque no sean violetas, dejarían su banca, y un bloque propio equivalente a un tercio del total parece ser el límite de la estrategia oficial (si les va bien el domingo), suficiente apenas para asegurar los vetos presidenciales. La derrota bonaerense dejó huella. Mientras tanto, en el peronismo se estima la pérdida de algunas bancas, aunque seguiría siendo la primera minoría.


El saldo de casi dos años de administración es paradójico: Milei acumula señales de vulnerabilidad: recesión, dependencia externa, desgaste electoral. Sin embargo, mantiene el monopolio de la narrativa con la ayuda de periodistas venales. Su público, aunque reducido, sigue creyendo que detrás del caos hay método y que detrás del ajuste hay promesa de redención. Si logra recuperar algo de fe entre los votantes, ¿el león domesticado podría rugir otra vez? Eso piensa el núcleo de votantes fieles, aunque hoy cueste encontrarlos.


Por todo esto y volviendo al asunto, queridas hijas, ustedes deberían cumplir con su obligación democrática aunque vivan en ese país que les da trabajo y horizonte y que no es el nuestro.


Es el momento de botar.

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Un león que debe volverse herbívoro


























LA NACION > Ideas


Un león que debe volverse herbívoro


LA NACION


Sergio Suppo


Javier Milei por Alfredo Sabat


Javier Milei corrió desde atrás toda la campaña electoral. A partir de mañana a la noche estará obligado a adelantarse. No será fácil. Números más o menos al margen, las circunstancias le impondrán una compleja reingeniería del Gobierno a partir de un cambio de su propio comportamiento. Nada fácil.


Autodefinido bilardista, el Presidente se aferra a la obtención de resultados sin reparar en los medios para alcanzarlos. Anticiparse a los hechos implicará precisamente eso: cambiar la forma de relacionarse con el resto del mundo.



Es una mutación de una enorme dimensión encerrada en su personalidad. El león de los libertarios tendrá que aprender a representar la segunda versión de un león herbívoro en la presidencia.


Milei, en las antípodas ideológicas de Perón, tiene por delante la misión de encontrar entre el variopinto universo político un sistema de afinidades que le permita relanzar su gestión


Juan Domingo Perón se autorretrató de esa manera cuando regresó de su exilio para ser presidente y morir en su país. Esa versión del Perón conciliador se expresó en las relaciones que estableció con los viejos adversarios políticos de sus primeros dos mandatos. No fue tan herbívoro en su trato final a los Montoneros y el ala izquierda de su movimiento.


El Perón conciliador que pretendía una convivencia armoniosa con los opositores a quienes les había negado todos sus derechos en los años ‘40 y ‘50 llegó a imaginar que su continuidad sería el jefe del radicalismo de entonces, Ricardo Balbín. Murió sin tiempo para definir su herencia. Aquella es otra historia.



Milei, en las antípodas ideológicas de Perón, tiene por delante la misión de encontrar entre el variopinto universo político con el que mañana perderá y ganará un sistema de afinidades que le permita relanzar su gestión.


Como reacción a la pretensión de colonización libertaria de todos los distritos, hasta los gobernadores más afines se atrincheraron para salvar la ropa en un enfrentamiento inicialmente desigual frente a Milei


No es un dato nuevo. El presidente libertario despreció crear esas alianzas y convertirlas en acuerdos electorales. Ocho meses atrás, al menos 15 gobernadores le insinuaron a la Casa Rosada la posibilidad de convertir las votaciones circunstanciales en el Congreso en listas comunes, pactos tácitos de convivencia o una diferenciación limitada a meros matices.


Milei eligió construir la fuerza política que no tenía y ponerla de punta contra cada uno de los gobernadores y jefes de otros partidos. Peleó y derrotó a Jorge y Mauricio Macri en la ciudad de Buenos Aires y luego sometió al PRO porteño y bonaerense a un acuerdo tan leonino como los que estableció con los gobernadores radicales de Mendoza y Chaco.


La intervención del gobierno de Donald Trump en el mercado cambiario y la extraordinaria promesa de ayuda concreta fue, a la vez, remedio y alarma


Como reacción a la pretensión de colonización libertaria de todos los distritos, hasta los gobernadores más afines se atrincheraron para salvar la ropa en un enfrentamiento inicialmente desigual frente a Milei.


Ocurrió entonces una serie de hechos que inclinaron la cancha en contra del oficialismo. Lo primero, la consolidación de la convicción de que la situación económica personal no tendría ninguna mejora más allá del reconocible freno de la inflación.


Atadas a esa causa principal de la definición electoral de mañana, se anudaron una serie de casos de corrupción que deslegitimaron el discurso anticasta. Y para finalizar, la corrida cambiaria que llegó hasta el mismo momento de las urnas y agregó la clásica dosis de incertidumbre que aparece cada vez que el kirchnerismo asoma como el riesgo de regreso del populismo al poder.


La intervención del gobierno de Donald Trump en el mercado cambiario y la extraordinaria promesa de ayuda concreta fue, a la vez, remedio y alarma. La incondicionalidad que eligió Milei respecto de la administración republicana obtuvo un premio bien concreto en el momento en el que más lo necesitaba. Mejor no imaginar la situación en la que el país hubiese llegado a las elecciones sin la intervención directa del Departamento del Tesoro en el mercado cambiario local.


La otra cara de la moneda tiene menos brillo. La dimensión del salvataje volvió a poner sobre la mesa que el plan de ajuste económico tenía y tiene una profunda falla estructural en su flanco financiero. Descargar toda la culpa en el miedo de los mercados al kirchnerismo es apenas parte del asunto; la solidez se demuestra precisamente en blindar el sistema contra posibles regresiones políticas.


Milei apostó al juego del todo o nada contra el kirchnerismo y en una pelea que no debió haber dado, la de la provincia de Buenos Aires, chocó de frente en septiembre con la victoria de Axel Kicillof. Peor que eso, además de la derrota previsible, la diferencia fue amplia e inquietante.


El miércoles, en Córdoba, el ministro Luis Caputo, revivido por la ayuda de Donald Trump, encaminó un discurso bastante diferente al de la beligerancia que Milei utilizó hasta hace poco tiempo.


“La mayoría de los gobernadores son razonables”, dijo. Y remató contando que con muchos de ellos tiene una “relación bárbara” basada en la comprensión común del rumbo capitalista que debe tomar la Argentina.


Es la misma gente a la que el Presidente llamó “degenerados fiscales” cada vez que el Congreso votaba algo en contra de su férrea voluntad de mantener el superávit fiscal.


Convencido de que se quedará en el ministerio a partir de la “relación de hermano” que construyó con el Presidente, Caputo cree que con los gobernadores logrará negociar los votos para una reforma impositiva en un paquete que podría incluir en una primera etapa una reforma laboral. Y, para más adelante, un cambio de régimen jubilatorio.


Es ahí donde aparece la principal dificultad. ¿Será Milei el león herbívoro que las circunstancias le están imponiendo? Ni aun haciendo una buena elección que implique sacar más votos que el resto de los partidos, la cantidad de diputados y senadores será suficiente para votar esos cambios. Este dato es tan viejo como nuevo es el partido de Milei y escasa su presencia parlamentaria.


Entre el destrato, las promesas incumplidas y la desconfianza permanente añadida a la inexperiencia de los negociadores, la relación con quienes podían ayudarlo a cambio de alguna contraprestación terminó de arruinarse cuando se supo que habría más enfrentamientos que pactos en las elecciones.


Entender el resultado puede terminar siendo más sencillo para Milei que recomponer con sus potenciales socios. Hacerlo implica cambiar su estilo, aceptar que en el comienzo de la segunda mitad tendrá que encontrar la paciencia que nunca tuvo y registrar que el otro existe.


El cambio del Presidente empieza en su interior. Tal vez ser bilardista lo ayude.


Por Sergio Suppo

HUMOR DIARIO

A las urnas, con apenas un par de certezas











LA NACION > Política


A las urnas, con apenas un par de certezas


Los sondeos en cada provincia dan una proyección peor para el oficialismo que las encuestas nacionales; la reacción de Milei es la gran duda, incluso para los propios


LA NACION


Claudio Jacquelin




Javier Milei por Alfredo Sábat






La lista de certezas con las que los votantes comunes tanto como expertos en política, finanzas y opinión pública llegan a las elecciones del domingo es notablemente corta para unos y otros. Así como es de larga (casi infinita) la de las incertidumbres. La previsibilidad, no solo sobre resultados electorales, sigue siendo altamente deficitaria en la Argentina.


En el plano dominante de las previsiones electorales hay apenas dos certezas y tres semicertezas centrales frente a un océano de dudas.



Lo primero que se sabe que ocurrirá es que habrá más cambios en el gabinete que el que ya ocurrió esta semana y que La Libertad Avanza (LLA) aumentará su representación parlamentaria con legisladores propios y no prestados (o alquilados). Como contrapartida, se da por hecho que el oficialismo volverá a quedar lejos del número mínimo para alcanzar mayorías propias y tener quorum para iniciar sesiones.


Entre lo que tiene altas probabilidades de ocurrir asoma que LLA podría atribuirse un triunfo (acotado) en la suma de votos de todo el país, al menos, formalmente, por ser la única fuerza con representación unívoca en todo el país. Claro que el porcentaje final estaría muy lejos del 56% que en el balotaje de 2023 hizo presidente a Javier Milei, así como, por ende, de la suma de los votos que en la primera vuelta lograron LLA y Pro, que ahora van en alianza en las provincias donde se concentra la mayoría del padrón electoral.


Eso le garantizaría, sí, tener un tercio propio en Diputados para sostener los vetos que Milei pueda disponer de leyes contrarias a su proyecto. Lo mínimo indispensable.



Aquella suma formal de votos por fuerzas de igual denominación es la que publicitará el Gobierno, y por eso intentó (aunque sin éxito en la Cámara Electoral) difundir oficialmente un resultado nacional, cosa que no se había hecho antes.


Sin embargo, varios analistas hilan más fino y dicen que la comparación debe hacerse contra el panperonismo, es decir, con lo que acumulen las listas porteña, bonaerense y de otros once distritos del frente Fuerza Patria más las expresiones cercanas en las demás provincias, donde llevarán otra denominación. En ese escenario, la mayoría de las últimas mediciones dan un escenario no tan favorable para el Gobierno.


Pero eso será parte de la guerra de narrativas que empezará el domingo por la noche y no una discusión aritmética. Al menos, hasta que no empiece a sesionar el Congreso con la nueva composición, el próximo 10 de diciembre. Todas especulaciones alejadas de las preocupaciones de la mayoría de la sociedad, pero muy relevantes para los tomadores de decisiones económico-financieras.


Por lo pronto, también es un hecho que el Gobierno dice conformarse, y el mercado parece haberlo asumido, con alcanzar un 35% de los votos nacionales, a pesar de que hasta hace solo tres meses se jactaba de estar en condiciones de reunir un 45%. Pero pasaron cosas. Demasiadas.


En la lista de calamidades para el Gobierno (la mayoría autoinfligidas) sobresalen el escándalo por las presuntas coimas en la Agencia de Discapacidad que salpicaron (otra vez) a Karina Milei; el del financiamiento por parte de un extraditable vinculado con el narcotráfico al ahora exprimer candidato bonaerense libertario José Luis Espert, y la escalada imparable de dólar, a pesar de los misiles verdes que disparó el Tesoro de los Estados Unidos.


A eso se agrega el combo de impactos negativos de la política económica en la actividad, el empleo y los ingresos. Nada que pudiera pasar inadvertido (y no pasó) para la mayoría de los ciudadanos, de los cuales no se sabe cuántos se convertirán en electores este domingo.


“Estamos advirtiendo una doble transición en el imaginario social de la opinión pública argentina La primera, comienza a exigirle al Gobierno que transite del ajuste a las ‘ventajas sociales’ de la estabilización. ¿Cuál es el modelo de prosperidad (producción y consumo) de la economía mileísta?”, señala Federico Zapata, politólogo y director de la consultora Escenarios.


“La segunda transición, es, luego del año de escándalos de corrupción, una exigencia al Milei influencer para parir un Milei político, capaz de construir un gobierno con prácticas que lo diferencien de las viejas prácticas del sistema que vino a combatir. Las dos transiciones implican preguntas sobre Milei y su liderazgo ¿Está en la genética política de ese liderazgo la posibilidad de evolucionar?”, concluye Zapata, sobre la base de una flamante encuesta que lleva por título “La sociedad argentina va a las urnas, ¿qué sociedad?”.


Ese trabajo muestra una mayoría de semáforos en rojo para el Gobierno tanto en lo económico como en la política y en la dimensión ética.


No obstante, eso puede tener un correlato relativo en las urnas y ser menos negativo para el Gobierno que lo que podría presumirse. Como de lo que se trata es de elegir entre las opciones que existen, no sobre ideales, se pondera que la oposición tiene, por un lado, un actor dominante, que es el ya muy desgastado kirchnerismo, y, por el otro, hay una fragmentación extrema.


La gran duda, entonces, es cuánta expectativa a futuro sigue generando el Gobierno. Dado que la caída de las expectativas a lo largo de 2025 ha sido significativa en casi todas las encuestas, la pregunta es cuánto de lo que ha perdido se traducirá en votos a otras fuerzas o en abstenciones.


En distintos niveles, las consultoras Isonomía y Poliarquía han registrado en el último mes una leve recuperación en esa materia después de una sostenida caída (también de la imagen del Gobierno y de Milei) en los tres meses anteriores. Sin embargo, lejos están de haber vuelto a los indicadores más favorables de los primeros meses de 2025.


Así, la expectativa de una participación superior al 60%, que no se alcanzó en promedio en las nueve elecciones provinciales previas, alienta al Gobierno, y por eso el Presidente y sus estrategas llamaron a votar. Pero eso está en discusión.


“Hay que ver cómo votarían ahora los que votaron a Milei en 2023 y no fueron a votar este año porque no querían castigarlo, pero tampoco premiarlo. Es un arma de doble filo”, explica un consultor electoral al que escuchan en despachos importantes de la Casa Rosada.


Lo cierto es que los encuestadores y analistas se encuentran con otro factor que los complica aún más. A la bajísima tasa de respuesta y a la incalculable variable “presentismo” se les suma que los escenarios provinciales y el nacional no necesariamente correlacionan. “Cuando bajás a las provincias, ves que en la suma a LLA le va peor, pero cuando hacés una muestra de todo el país, mejora”, explicaron dos de los más respetados encuestadores.


En ese contexto cobra más valor la elección en la provincia de Buenos Aires, cuyo resultado entra en el rubro de las semicertezas. Se prevé, mayoritariamente, que la lista violeta-amarilla sufriría otra derrota a manos del perokirchnerismo, aunque por una diferencia menor a los 14 puntos (tal vez en torno a algo más de la mitad de ese porcentaje) que se registró en los comicios provinciales del 7 de septiembre pasado, que profundizaron la inestabilidad y la incertidumbre en todo el país y en casi todas las dimensiones.


La permanencia en las boletas de la cara del caído Espert suma otra incógnita, a pesar de que en los simulacros hechos por algunas consultoras con y sin esa gastada imagen hubo apenas leves variaciones.


Lo cierto es que, ahora, cualquier dígito por encima de aquel piso nacional del 35% al que dicen aspirar Milei y los suyos hará descorchar espumantes, mientras que cualquier decimal por debajo abrirá nuevas incertidumbres. Nada puede ni debe descartarse.


La reacción de Milei es la duda

En ese plano adquiere mayor relevancia una variable subjetiva: cómo metabolizará el resultado el propio Milei.


El extremo personalismo decisionista que caracteriza a esta gestión y la volatilidad emocional que suele mostrar el Presidente abren un sinfín de preguntas, tanto que un colaborador presidencial llegó a decir: “Prefiero pronosticar el resultado electoral, hasta con decimales, antes que decir cómo reaccionará Javier el domingo por la noche”. Tanto la asimilación moderada de un éxito (aunque sea relativo) como la tolerancia ante un fracaso son factores cruciales. Los antecedentes motivan el escepticismo de los observadores.


El inusual anticipo presidencial de que hará más cambios en el Gabinete que los que estará obligado por el seguro pase al Congreso de Patricia Bullrich y Luis Petri, más la renuncia anticipada de Mariano Cúneo Libarona, abrió un sinfín de especulaciones. El propio Milei admitió que el perfil y la magnitud de la renovación dependerán del resultado.


La decisión adoptada ayer, de anunciar el llenado de la vacante en la Cancillería que dejó el renunciante Gerardo Werthein, aún antes de que se efectivice –el lunes– su salida, dejó algunas pistas.


En primer lugar, expresa la intención de fortalecer al ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, al que reporta e integra su núcleo íntimo el ahora futuro ministro de Relaciones Exteriores Pablo Quirno. Ese también es un mensaje a los agentes económicos y, sobre todo, a los Estados Unidos, donde Quirno fue uno de los actores centrales del operativo rescate que terminó en la intervención trumpista.


Por otra parte, se interpreta como un empate para el polémico asesor Santiago Caputo, hoy en el centro de las feroces disputas internas del oficialismo. El sobrino no fue premiado con el ascenso de un agente de “las fuerzas del cielo”, que responden a él, como el integrista secretario de Culto, Nahuel Sotelo, ni la Cancillería reforzaría su papel de agente de la batalla cultural. Sin embargo, al mismo tiempo se alinearía la política exterior oficial con la política exterior paralela que venía ejecutando el gurú, enfrentada abiertamente con lo que hacía Werthein.


La designación, por otra parte, abre una gran incógnita para un sector muy influyente, que venía siendo protegido de los embates norteamericanos por el saliente canciller, como son los laboratorios nacionales. Ideología, intereses y negocios suelen solaparse, más cuando las discusiones se desarrollan en tablero internacional. No siempre confluyen. Y será otra de las incógnitas por resolver.


Lo que sí es seguro es que, más allá de su pasado como funcionario de Pro, para el macrismo la designación de Quirno no es señal de ninguna apertura. Por el contrario, cerca de Macri lo consideran un bloqueo mileísta de ese lugar para que no sea parte de las discusiones por los que se abrirían a partir del domingo.


“Claramente, no tiene nada que ver con Pro. Por más que es otro del equipo de Toto [Caputo] que trabajó con nosotros, no hay que considerarlo distinto de lo que hicieron hasta ahora. Jamás dijeron que el nombramiento de Toto y su equipo respondía a un alineamiento con Pro. Es más del mismo modus operandi. El lunes veremos si están para hacer un cambio en serio en su organización, terminar con esa interna estúpida y convocar gente con capacidades más diversas”, le habría dicho Macri a un allegado que lo consultó. No suena muy auspicioso.


De tal manera, si el resultado del domingo está plagado de falta de certezas, el día después asoma mucho más incierto. Tal vez, como nunca.


Mucho más si, como dijo el Presidente y repiten sus allegados, en otra de sus apuestas extremas, lo que está en juego es la suerte del rumbo del país y del propio gobierno. Durante este año, esa temeridad no lo ha salido bien.


Por Claudio Jacquelin