martes, 21 de octubre de 2025

HUMOR DIARIO

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"Grimm Tales of Terror Vol.1 Nro.1"

lunes, 20 de octubre de 2025

Nicolás Morás, el verdadero verdugo de La Libertad Avanza que bajó la candidatura de Espert por el Caso "Fred" Machado

 Panorama Político Nacional


El escenario


Nicolás Morás, el verdadero verdugo de La Libertad Avanza que bajó la candidatura de Espert por el Caso "Fred" Machado

Nicolás Morás, el periodista y youtuber libertario que sacó a la luz los vínculos de José Luis Espert y Federico "Fred" Machado. (Dibujo: Fernando Rocchia para AGENCIA NOVA)


En las últimas semanas la política argentina vivió un temblor que derivó en la baja de una candidatura clave de La Libertad Avanza (LLA).


Lo que empezó como una sucesión de posteos y videos en redes terminó transformándose en una crisis institucional: Nicolás Morás, conductor y creador de contenidos con fuerte presencia en el ecosistema liberal, fue quien difundió y reavivó públicamente los cruces que vinculaban al empresario Federico “Fred” Machado con José Luis Espert, un señalamiento que terminó por amplificarse en medios masivos y en la arena judicial y política.


El punto de inflexión fueron las pruebas y registros que comenzaron a circular (entre ellos transferencias y declaraciones de Machado) que implicaban un pago por 200.000 dólares vinculado a asesorías, y que generaron presiones para que Espert explicara el origen y la naturaleza de esos fondos.


La publicación de esos documentos y la insistencia en mostrarlos en público precipitó la reacción dentro del propio oficialismo: Espert dio un paso al costado en su postulación a diputado por la provincia de Buenos Aires.


La dinámica fue clara: primero, el señalamiento y la reapertura del tema en canales de difusión alternativos; luego, la circulación de pruebas en medios tradicionales; finalmente, la reacción política.


En ese recorrido, los materiales y las insistentes referencias de Morás tuvieron un papel central al poner en la agenda un vínculo que, aunque ya se venía mencionando en forma dispersa, no tenía hasta entonces la resonancia masiva que alcanzó tras sus posteos.


Esa amplificación ayudó a que periodistas y medios nacionales profundizaran sobre las transferencias y la relación entre Machado y Espert.


La caída de la candidatura de Espert no fue un hecho aislado ni puramente mediático: las repercusiones políticas fueron inmediatas. La renuncia de Espert obligó a La Libertad Avanza a reconfigurar su lista en un momento crítico de la campaña, generando tensiones internas y forzando un replanteo estratégico a pocas semanas de las elecciones.


Analistas políticos coinciden en que la suma de publicaciones en redes, notas con documentos y la presión pública derivaron en una situación insostenible para el candidato.


Nicolás Morás, que ya había sido voz recurrente en círculos liberales y medios digitales, defendió su accionar afirmando que su intención fue aportar documentos y preguntas que los grandes medios debían investigar.


Sus seguidores celebraron la iniciativa como un ejemplo de periodismo ciudadano; sus críticos, por el contrario, lo acusaron de alimentar rumores sin la rigurosidad de una investigación periodística tradicional.


Sea como fuere, en la cadena de eventos su intervenció n funcionó como detonante público: lo que comenzó en pantallas pequeñas terminó reconfigurando una lista electoral.


Mientras la justicia y la investigación periodística continúan avanzando para establecer con precisión responsabilidades y hechos, el caso deja varias lecciones para la política local: la viralidad de las redes puede acelerar procesos que antes transitaban mayormente por vías institucionales; la agenda pública puede ser marcada por creadores de contenido con alcance; y, sobre todo, la exposición mediática de operaciones financieras y vínculos personales tiene el poder de derrumbar candidaturas en tiempo récord.

La pax americana del Tío Donald

 OPINIóN


La pax americana del Tío Donald


Cómo jugó Trump en el proceso de paz en Medio Oriente y la liberación de rehenes por parte de Hamas. Los desafíos que vienen.


James Neilson

Former editor of the Buenos Aires Herald (1979-1986)


Revista Noticias

Donald Trump por Pablo Temes


Para fastidio de los muchos que lo toman por un bufón maligno, el presidente norteamericano Donald Trump puso un freno a la guerra en Gaza al conseguir que los yihadistas de Hamas liberaran a los veinte rehenes judíos que habían sobrevivido a dos años de cautiverio en los túneles del enclave. Fue una hazaña notable, pero esto no quiere decir que, merced exclusivamente a sus esfuerzos, ya haya comenzado “la era dorada de Israel y el Oriente Próximo”, como se dio el gusto de proclamar el lunes pasado ante el parlamento israelí.



El futuro brillante previsto por el “gran pacificador” Trump sería factible si casi todos los habitantes de la región estuvieran sinceramente dispuestos a convivir pacíficamente con el Estado de Israel, pero sucede que muchísimos se resisten a hacerlo por un motivo muy sencillo: los judíos no son musulmanes. Antes bien, como les recuerdan muchos versos coránicos, son sus enemigos más perversos porque sus antepasados desdeñaron a Mahoma. Por lo tanto, no pueden tolerar que judíos gobiernen territorios que durante siglos pertenecían a uno u otro califato. Para ellos son intrusos que, como los cruzados, tarde o temprano se verán expulsados.


A los occidentales les cuesta tomar en serio las dimensiones teológicas de los conflictos que están causando tanto dolor no sólo en el Oriente Medio sino también en África y partes de Asia Central en que la guerra santa islamista dista de ser un concepto exótico que interesa sólo a los historiadores. Pocos días transcurren sin que grupos afines a Hamas, como el Estado Islámico, Hezbollá, Boko Haram, Al-Qaeda y muchos otros perpetren matanzas sanguinarias de los reacios a someterse a su versión “fundamentalista” de lo que para ellos es la única fe verdadera.


Con escasas excepciones, los europeos y norteamericanos prefieren no hablar de las atrocidades cometidas por tales fanáticos por miedo a ofender a los cada vez más musulmanes que se han asentado en sus propios países y que no vaticinarían en acusarlos de “islamofobia”. Cuando el entonces papa Benedicto XVI -Joseph Ratzinger- aludió elípticamente a la agresividad islámica en el célebre discurso que en septiembre de 2006 pronunció en Ratisbona, fue denunciado con virulencia por los biempensantes de Europa y América de Norte.  


El deseo de tantos occidentales de creer que el islam es un credo pacífico benefició enormemente a Hamas en la guerra que inició hace poco más de dos años cuando invadió a Israel para violar, mutilar y matar a más de mil hombres, mujeres, niños y bebes, capturando a 251 para usar como rehenes. Lo que a primera vista pudiera haber sido tomado por un error propagandístico de los yihadistas -casi todos los adultos eran pacifistas que se creían amigos de los árabes palestinos- resultó ser un golpe táctico genial que a buen seguro se verá repetido por otras bandas terroristas en los meses y años próximos. Al  obrar así, Hamas, que desde el primer momento contaba con la simpatía del grueso de la progresía occidental que suponía que luchaba por un Estado palestino independiente, obligó a los israelíes a enfrentar militarmente a un enemigo que estaba más que dispuesto a ver a miembros de la población local convertidos en “mártires”, lo que en una época de comunicaciones electrónicas visuales ubicuas estaba garantizado a provocar la indignación de amplios sectores en el resto del mundo.


Frente a la alternativa de limitarse a pedir que la ONU condenara la barbarie de los yihadistas y tratar de aniquilarlos por los medios que fueran, los israelíes, conscientes de que en su parte del planeta es suicida brindar una impresión de debilidad, optaran por contraatacar.


Aunque muchos dicen creer que a Israel le hubiera convenido asumir una postura menos belicosa frente a lo que sucedió el 7 de octubre de 2023, ya que según ellos lo único que ha logrado es merecer la desaprobación de presuntos aliados europeos como Emmanuel Macron y Keir Starmer al aislarse así de la “comunidad internacional”, de haberse procurado congraciarse con tal entelequia adoptando una actitud pasiva, las consecuencias hubieran sido incomparablemente peores ya que, convencidos de que era vulnerable, los resueltos a poner fin a la existencia del Estado judío hubieran redoblado sus esfuerzos por aniquilarlolo. Felizmente para los israelíes, hoy en día pocos gobiernos vecinos creen que les valdría la pena correr el riesgo de compartir el destino de Hamas, Hezbollá y el régimen teocrático iraní que chocaron contra las fuerzas militares judías que están entre las más letales del mundo entero.


Aunque  representantes de los gobiernos árabes de la región y de otros países mayoritariamente musulmanes sumaron sus voces al coro que condenaban a Israel por lo que hacía en Gaza, no hicieron nada para intervenir; entendían que la amenaza supuesta por el islamismo militante les era decididamente más peligrosa que la planteada por la tan vilipendiada “derecha” israelí, razón por la que no titubearonn en colaborar con Trump cuando les ofreció una salida decorosa.


¿Funcionará la “pax americana”? Sólo si la superpotencia acepta desempeñar el papel ingrato de guardián armado de una región tumultuosa y dividida en que el conflicto entre Israel y los árabes palestinos dista de ser el único que en cualquier momento podría adquirir proporciones alarmantes. Sin embargo, una y otra vez Trump ha dejado claro que no quiere que Estados Unidos reasuma el papel de gendarme planetario que, a regañadientes, había intentado cumplir durante varias décadas.


En opinión de Trump y sus asesores, es necesario que efectivos de países musulmanes como Turquía, Egipto y Arabia Saudita se encarguen del desarme de los combatientes de Hamas y las demás organizaciones yihadistas que pululan en la región. Así pues, hay un riesgo de que Trump pronto pierda interés en el Oriente Medio para concentrarse en otros asuntos.  En tal caso, la estabilidad de la región dependería de Israel y de aquellos vecinos que anteponen el desarrollo económico a las aspiraciones tradicionales del islam, una fe que es tan genéticamente conquistadora que a los creyentes les es muy difícil convivir tranquilamente con aquellos, como los judíos, cristianos, hindúes y librepensadores, que rehúsen arrodillarse.    



Aunque Trump, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu y los líderes árabes más destacados coinciden en que Hamas no podrá formar parte de un eventual gobierno de la enclave, no bien se replegaron las fuerzas israelíes a las líneas acordadas, los yihadistas salieron de sus escondites para asesinar a gazatíes que acusaron de colaborar con el enemigo. También insistieron en que no se permitirían desarmar y que tendrían que participar en el gobierno de un eventual Estado palestino. Así pues, el futuro del “plan de paz” del presidente norteamericano dependerá de la voluntad de los líderes árabes de hacer cuanto resulte necesario para eliminar de una vez a para todas una organización totalitaria, que sí es de mentalidad genocida, que cuenta con el apoyo no sólo de muchísimos palestinos sino también de simpatizantes occidentales que, de vivir en el Oriente Medio, no tardarían en ser víctimas propiciatorias del terror islamista.


Con frecuencia, Netanyahu y otros israelíes han advertido a los europeos y norteamericanos que, si buen ellos mismos encabezan la lista de enemigos mortales del islamismo extremo, después vienen los cristianos, ateos y agnósticos. Bien que mal, a pesar de la reducción drástica del número de cristianos y otros en distintos países musulmanes, muy pocos occidentales prestaron atención a lo que ha estado ocurriendo en los últimos años. Antes bien, en Europa y América del Norte muchos, en especial los autollamados progresistas, siguen aferrándose a la esperanza de que, siempre y cuando hagan algunas concesiones que a su entender serían meramente simbólicas, los islamistas dejarán de hostigar a los demás con atentados y, de vez en cuando, con masacres de jóvenes que asisten a espectáculos musicales como aquel que, en Israel, fue el escenario de una orgía de brutalidad protagonizada por Hamas.


A juzgar por lo que sigue ocurriendo en las calles de sus ciudades, el Reino Unido, Francia, Suecia y Alemania, en que la “islamofobia” está creciendo en intensidad, se asemejan cada vez más a los países del Oriente Medio. También está cobrando intensidad  el antisemitismo, mejor dicho, el anti-judaísmo, que en muchos casos puede tomarse por un mecanismo mental defensivo, por el deseo de creer que si uno se aleja de personas supuestamente problemáticas uno estará a salvo. Sea como fuere, a lo ancho y lo largo del mundo, está resurgiendo este odio tan antiguo que, un tanto paradójicamente, beneficia a Israel al persuadir a muchos judíos talentosos que es el único lugar en la faz de la Tierra en que pueden sentirse seguros.


Para más señas, Israel es uno de los escasos países desarrollados -quizás el único- cuyos habitantes están reproduciéndose a un ritmo suficiente como para ahorrarse los desastres demográficos que están experimentando tantos otros, entre ellos la Argentina.  El vigoroso “élan vital” colectivo así manifestado hace suponer que las crisis existenciales que Israel ha enfrentado a partir de su renacimiento hace 77 años, de las que la desatada por Hamas y el “eje de la resistencia” formado por Irán es la más reciente, sólo han servido para fortalecerlo.

Milei y Trump, de la sobreactuación a la parodia

 LA NACION > Ideas


Milei y Trump, de la sobreactuación a la parodia


LA NACION


Sergio Suppo



Donald Trump y Javier Milei por Alfredo Sabat




El problema de la actuación es la sobreactuación, enseñaba un viejo maestro de teatro, harto de que sus alumnos imitaran en clase los gestos de algún actor de cine tan famoso como vulgar.


El drama tiende a la farsa, pero no deja por eso mismo de ser un drama. Por tragicómicas que resulten, no serán las escenas de última hora las que determinarán la sentencia electoral de la primera mitad del gobierno de Javier Milei.



El resultado del 26 de octubre está encerrado en variables personales. Se pueden contar al menos cuatro, entre muchas otras. Todas en general ligadas al manejo de la economía y su impacto en la vida de cada votante.


Es un fenómeno asombroso que la fuerza política con más dirigentes condenados por corrupción de la historia argentina se escandalice señalando la corrupción ajena sin admitir la propia


Argentinos que se mantienen inalterables en el deseo de que se apliquen medidas drásticas para cambiar el rumbo decadente. Argentinos cansados del rigor de esas medidas. Argentinos esperanzados de que lo peor ya pasó y ahora se empezarán a ver los resultados. Argentinos que perdieron hasta la paciencia por el efecto del ajuste económico.


En un segundo plano, otros elementos que agregan o quitan peso al resultado de cada una de las listas. Para empezar, la corrupción, convertida en un problema para La Libertad Avanza y en arma usada por los kirchneristas.



Cuando tenía todo para convocar a una alianza amplia y heterogénea de socios, Milei eligió listas propias, integradas por dirigentes incondicionales, mujeres llamativas y algún que otro capricho personal


Es un fenómeno asombroso que la fuerza política con más dirigentes condenados por corrupción de la historia argentina se escandalice señalando la corrupción ajena sin admitir la propia. En ese peligroso juego de igualación hacia abajo siempre pierden los libertarios. Ni los influencers de la disruptiva comunicación libertaria lo pueden evitar.


La naturaleza belicosa, expulsiva y refractaria a cualquier acuerdo que convirtió a Milei en presidente en menos de tres años terminó por convertirse en un problema electoral.


La corrupción, como la alergia de Milei a los acuerdos, serían meros detalles electorales si la reforma económica hubiese entregado buenas noticias sobre los ingresos


Cuando tenía todo para convocar a una alianza amplia y heterogénea de socios, Milei eligió listas propias, integradas por dirigentes incondicionales, mujeres llamativas y algún que otro capricho personal, como el que terminó eyectado del principal lugar de la lista más importante. Ahí donde tenían que remontar una dura derrota, los libertarios debieron reemplazar a José Luis Espert.


La corrupción, como la alergia de Milei a los acuerdos, serían meros detalles electorales si la reforma económica hubiese entregado buenas noticias sobre los ingresos. Creyó el Presidente que con reducir la inflación alcanzaba y, aunque nadie deje de reconocerle ese mérito, la incomodidad de no llegar a fin de mes predomina justo en el momento en el que el Gobierno debía buscar los votos.


La desconfianza en los mercados por el temor de que el Estado argentino no pudiese pagar sus deudas en bonos y créditos externos desnudó los pies de barro financieros de un plan económico, que Milei presentó desde el primer día como un éxito absoluto digno del Premio Nobel. Mejor no alquilar el frac todavía.


La secuencia final es un tobogán sin final hasta la llegada ayuda de los Estados Unidos. Primero la presión sobre el peso intentó ser atenuada con tasas de interés que acentuaron la parálisis de una economía ya frenada por la baja del consumo. Se suponía que eso alcanzaría para que el dólar no siguiese aumentando. Pero el dólar siguió subiendo, al igual que el riesgo país.


Milei aprovechó entonces la ventaja de ser un fanático integrante del nuevo club de la derecha populista global que comanda Donald Trump. Porque el Presidente pertenece a ese grupo; porque eligió alinear las relaciones exteriores a las de los Estados Unidos, y porque la Casa Blanca necesita un aliado válido en una región que afianza sus lazos comerciales y políticos con China.


Trump fue tan efusivo que se pasó varias estaciones y se metió de lleno en la campaña electoral


Pasan cosas extrañas. Lo inusual y cuantioso del salvataje anunciado potenció la desconfianza de los mercados. Al anuncio de hace dos semanas, luego de la reunión de Milei y Trump en las Naciones Unidas, siguió la ansiedad de no ver reflejada en forma inmediata la ayuda prometida.


Fue por ese motivo que Scott Bessent, el titular del Departamento del Tesoro, habilitó la intervención en el mercado cambiario argentino para comprar pesos. Ni a un libretista de Tato Bores se le hubiese ocurrido escribir lo que pasó.


El dato financiero inédito quedó reducido casi a la nada con la conferencia ofrecida como primer plato por Donald Trump a Milei el martes pasado en la Casa Blanca. ¿Era necesario gestionar esa cumbre? De nuevo, la sobreactuación tuvo un costo.


Trump fue tan efusivo que se pasó varias estaciones y se metió de lleno en la campaña electoral con una amenaza concreta de quitar el apoyo prometido si el kirchnerismo derrotaba a los libertarios.


Los mercados tuvieron una reacción que habla tan mal de la exageración extorsiva de Trump como de su lectura literal de las palabras del presidente republicano. Se sabe que es un dirigente que dice cosas más llamativas que precisas. Esta vez incluso llevó al extremo el discurso que Milei usa en la campaña, en el sentido de que votar por él es la única alternativa para evitar el regreso del populismo kirchnerista.


Un día después, y luego de aclaraciones imprecisas de los ministros de la delegación argentina, Bessent debió anunciar que la ayuda prometida puede llegar a ser el doble de lo ya prometido.


Entre tanto ida y vuelta surge con claridad que el Gobierno no podrá seguir como está después de las elecciones, gana, pierda o empate. El plan económico tiene un problema más que evidente y no se solucionará ni con ayudas extraordinarias. Milei está obligado a un fuerte replanteo y a encontrar socios para las reformas estructurales que le permitan a la economía recibir las inversiones que se anuncian pero no se concretan.


El kirchnerismo celebró por anticipado los 80 años del peronismo creyendo haber visto la reposición perfecta del slogan Braden o Perón. Omitió el detalle de que la perspectiva de su regreso provoca una detonación cada vez más destructiva del valor de la moneda y de las empresas en las que trabajan los argentinos.


Tanto Trump como el kirchnerismo se equivocan. Es difícil que los argentinos atiendan a la coacción del presidente republicano. Simplemente, no resultó creíble. Solo los fanáticos de Cristina podrán atender la intromisión de Trump, que fue grave, pero no pareció seria.


Por Sergio Suppo