viernes, 12 de septiembre de 2025

"Asteroide, Historietas de Fantasía y Ciencia Ficción #01"

jueves, 11 de septiembre de 2025

Operativo "anti casta": Santiago Caputo convoca al PRO para jubilar al corrupto de Sebastián Pareja


















Política


¿Yerba mala nunca muere?

Operativo "anti casta": Santiago Caputo convoca al PRO para jubilar al corrupto de Sebastián Pareja





Mientras Pareja festeja 12 bancas y se relame como el mandamás bonaerense, Caputo ruega a Karina Milei que lo saque de la mesa y arma reuniones en Reconquista 40 para no quedar como el asesor más sobrevalorado del país. (Dibujo: Fernando Rocchia para Agencia Nova)



Sebastián Pareja es la versión libertaria de esos personajes que sobreviven a todas las tormentas y siempre caen parados. Perdió la provincia por goleada, hizo agua la fiscalización y dejó con bronca a medio conurbano, pero igual consiguió lo que quería: 12 bancas y la jefatura de campaña bonaerense. La derrota del domingo fue su fiesta de cumpleaños.


Santiago Caputo, el autoproclamado “cerebro” de La Libertad Avanza, se la pasó dos días esperando que Pareja se inmolara solo. Pero cuando lo confirmaron como jefe de campaña y además le dieron la patada a Agustín Romo (su ladero), le cayó la ficha: el que se está quedando sin aire es él.






Y por eso organizó una procesión de dirigentes en el búnker de Reconquista 40 (centro de operaciones de la “otra mesa chica” y cuartel general de la resistencia caputista), donde desfilaron macristas, radicales y hasta algún peronista que todavía no encontró refugio.


El clima en esas reuniones fue de misa de cuerpo presente. La preocupación es que la coimera Karina Milei concentre aún más poder y que el prescindente Javier Milei siga aislado en su burbuja medicamentosa.


El propio Caputo ya no disimula que la jugada es de supervivencia: si no logra correr a Pareja de la mesa bonaerense, su carrera como asesor estrella puede terminar antes que el próximo feriado puente.


Del otro lado, Pareja hace gala de su nuevo poder. No sólo puso a Maximiliano Bondarenko en la mesa bonaerense (sí, el mismo que perdió de paliza en la Tercera), sino que además decidió ignorar el berrinche del PRO.


En Bahía Blanca, Gisela Caputo y Emiliano Álvarez Porte ya confirmaron que arman bloque propio y que no se mezclarán con libertarios. En Avellaneda, el bloque directamente se rompió antes de asumir. Y en el resto del conurbano, la frase que se escucha es “vamos a actuar en espejo con el Congreso”, es decir: cada uno por su lado.


Lo insólito es que, en medio de semejante incendio político, el gobierno sigue convencido de que la mejor campaña es mostrarse puro, sin aliados incómodos. El resultado: Pareja manda en la provincia, Karina es la dueña del control remoto y Caputo quedó convertido en opinólogo de pasillo, esperando que alguien lo invite de nuevo a la mesa.


El PRO, mientras tanto, no sabe si reír o llorar. Necesita encarrilar la campaña para no perder las pocas intendencias que tiene y evitar que la catástrofe de octubre sea aún peor. Pero con Pareja manejando la lapicera y Karina cerrando filas, lo único que les queda es rezar para que en el búnker de Reconquista 40 encuentren un milagro.

Javier Milei ante la mano tendida y los intereses en común de Axel Kicillof











Javier Milei ante la mano tendida y los intereses en común de Axel Kicillof

A los dos les faltan dólares y, en forma independiente, será difícil que los consigan. Si Kicillof se atreve a desafiar a La Cámpora y al cristinismo con una entrevista de ese tipo, cual sería la razón por la cual Milei no podría encuadrar a los suyos.

Roberto García 

Diario Perfil

Javier Milei Kamikaze, por Pablo Temes




“Conducción derrotada, conducción que se va a su casa”. Así se expreso Antonio Tróccoli, ministro del Interior, cuando en septiembre del 87, el radicalismo de Raúl Alfonsín perdió en la provincia de Buenos Aires contra el candidato peronista Antonio Cafiero. Y se fue a su casa Tróccoli con la declaración bajo el brazo, le abrió la puerta para que lo sucediera en el cargo a Enrique Coti Nosiglia. Fecha nefasta para el partido: fue un 6 de septiembre, aniversario del golpe del general José Félix Uriburu que derroco a Hipólito Yrigoyen en 1930. En la elección del domingo pasado, al menos para el Gobierno de Javier Milei, no hubo necesidad de que nadie partiera al domicilio particular luego del cataclismo de la derrota: estaba vacante el Ministerio del Interior. En pocas horas se resolvió ese agujero negro. Previsores, ya nombraron en ese cargo a Lisandro Catalán, un tucumano que fungía como módico enlace con las provincias bajo las instrucciones del jefe de Gabinete Guillermo Francos. Está advertido Catalán de lo que le va a ocurrir el próximo 26 de octubre si se repite la reciente y penosa performance del mileismo: destino estación Tróccoli.


Aunque esa responsabilidad parece hoy cubierta por un espontáneo de la política que, luego del fracaso electoral, le dijo a sus íntimos: “Yo me voy a cargar al hombro la campaña en los próximos 50 días”. Exceso de confianza de Javier Milei o falta de confianza del mismo Milei en aquellas personas que hasta el domingo fallaron en conseguir óptimos resultados en el ámbito bonaerense, sea su hermana Karina, el Lule Menem, o Sebastián Pareja que convocaba punteros sin trabajo. Sin olvidar a un miembro influyente del triángulo de hierro sobre el que reposaba el mandatario, Santiago Caputo, cuyos celos por no ubicar a su prole política en las listas partidarias generaron una de las internas más sombrías en la Administración. En rigor, un fenómeno de discriminación todavía no denunciado en el Inadi, por el interrogante de su cuño: cómo una repostera como Karina, puede competir en la cúpula del poder con quien se imagina hacedor de la llegada de Milei a la Casa Rosada. Parece que, por esa presunta autoría, no tuviera suficientes cajas y difusas reparticiones bajo su manto. El trasiego por el reparto de culpas entre los dos bandos que representan culminó, según mentas, en un encontronazo físico entre Caputo y Pareja. Liviana la porfía, ya habían pasado más de 48 horas de la paliza en las urnas. Un sinfín de Escher esas ambiciones encontradas, para no citar las memorables y pedestres trifulcas entre los celestes y los rojo punzó de los tiempos de Carlos Menem.


Para corregir esas diferencias, el Presidente se elevó de categoría sobre los contrincantes: planifica viajes al interior, borró otros al exterior —sólo irá a Naciones Unidas y a Gran Bretaña antes del comicio de octubre— y el lunes hablará en cadena sobre leyes, vetos, persecuciones y, en particular, sobre la hasta ahora ausente madre de todas las leyes: el Presupuesto. Diluyó entonces a Karina, también a Lule, movilizó a su hermano putativo hacia una mesa de control de pérdidas, Caputo, quien al parecer no puede contener a su ejército en las redes que no cesa de prender fuego a todo lo que rodea a la hermana del mandatario. Por lo menos, es lo que dice. Son tan incendiarias las diatribas, producen un daño notable al gobierno, que más de uno supone que el monotributista asesor digita ese proceso porque ya no desea compartir mesa y silla en el gobierno. Falso, seguramente: nadie abandona la miel, aunque sea amarga.


Con minúscula imaginación, Milei se empieza a recostar en la conveniencia de mejorar el trato con los gobernadores, conceder requerimientos (como ya le abrieron un crédito del BID a Ignacio Torres, Chubut) y a ponerse un chaleco que le reprima exabruptos. Volver al diálogo y sandeces parecidas para negociar plata, recursos, los gobernadores reclamando y él dando. Se le pasó la sentencia primera: no voy a retroceder ni un milímetro en lo que venimos haciendo en Economiía. A una segunda, tibia, contemporizadora. Catalán empieza como nexo, Francos bendice y Luis Caputo paga. Ni siquiera contempló Milei otra alternativa: la mano tendida, dos veces, que le ofreció Axel Kicillof, quizás el mayor vencedor del domingo pasado. Era una invitación de Lucifer, claro, imposible de aceptar para él —quien ni siquiera felicitó al rival por el triunfo— y la muchachada que lo defiende en las redes. Aunque sería normal que un Presidente se reúna con el gobernador de la principal provincia del país, se saquen una fotografía y discurran por ejemplo sobre un problema común: la inseguridad. O la falta de crédito. Además, si Kicillof se atreve a desafiar a La Cámpora y al cristinismo con una entrevista de ese tipo, cual sería la razón por la cual Milei no podría encuadrar a los suyos.


Milei: perder, resistir y calcular la próxima derrota


Al margen de que es mejor negociar con uno, en lugar de los veintitantos gobernadores, los intereses políticos de ambos protagonistas coinciden: tienen un enemigo común en la jaula de San José 1111. Los dos, que pueden rivalizar en el 2027 y, obviamente, es prioridad para ambos, necesitan desprenderse de esa incómoda alforja del pasado llamada Cristina para aliviar sus propias molestias. Y exigencias. Por otra parte, es claro que a Kicillof lo último que se le ocurre es bombardear a Milei con una desintegración del gobierno, echarlo, como promueven varios cristinistas, del riojano Quintela al formoseño Mayans entre otros. Ni hablar de que a ninguno de los dos tampoco les gusta la sociedad de los cinco gobernadores (Pullaro, Llaryora, Sadir, Torres y el ex Schiaretti) que también aspiran, en la misma fecha, a la primera magistratura (aunque la elección última no pareció favorecer ese propósito de tercera vía). A los dos les faltan dólares y, en forma independiente, será difícil que los consigan. A nadie se le ocurre pretender que, en las entrevistas, Milei y Kicillof se arremanguen para discutir sobre Keynes. O Von Misses. El mundo pasa por otro lado, al Presidente no le resta saludarse con el gobernador más importante del país al que nadie denuncia por corrupción, que a veces camina por la plaza con la familia o va al cine sin custodia. Y a Kicillof le vendría bien que, gracias a Milei, ciertos actores internacionales lo observen con otra mirada menos reducida a un izquierdismo recalcitrante.


Un tema para debatir y observar esta eventual reunión, más en manos de Milei que en Kicillof. Y hoy, quizás, la frustración electoral obnubile cualquier análisis. Parece imposible, pero en su nueva etapa de jefe político, el Presidente habilita que Catalán ejerza de intermediario con todos los responsables provinciales, incluyendo a la provincia de Buenos Aires. Tal vez sea un primer paso para una aventura más osada que tal vez le otorgaría al país una estabilidad que no tiene. Más garantía que las tasas altas para impedir la suba del dólar.

HUMOR DIARIO

Todo cambió, pero aún no llega octubre











Todo cambió, pero aún no llega octubre


La derrota de Milei en la provincia de Buenos Aires modifica el escenario político; no solo afecta al gobierno, sino que también provocó un cimbronazo en el peronismo; el surgimiento de la "mueblería libertaria".


Por Carlos Pagni


LA NACION


Jueves, 11 de Setiembre de 2025 



Javier Milei por Alfredo Sabat


La derrota de la alianza entre La Libertad Avanza (LLA) y Pro en la provincia de Buenos Aires tuvo, por su dimensión, un efecto sobre la configuración general de la política. Ni la Casa Rosada ni el PJ bonaerense preveían una diferencia como la que se produjo, superior a 13 puntos. Ese resultado, de por sí, nacionalizó la elección. Sin embargo, es imposible vislumbrar cuáles serán las derivaciones de ese desenlace sin formular alguna hipótesis sobre las razones que condujeron a él.


¿Cuánto se debió al ajuste económico que ejecuta Javier Milei? ¿Cuánto a errores graves en el diseño de la campaña? ¿En qué medida lo que sucedió tiene que ver con la logística de la competencia, es decir, con las peculiaridades de la oferta de cada grupo? La discusión sobre cada una de estas claves es interesante no sólo porque permite imaginar escenarios para los comicios nacionales de octubre. También importa ese debate porque en él se reflejan las posiciones de las facciones que están en pugna en cada fuerza política. Tanto en LLA como en el PJ.


La incógnita más relevante tiene que ver con la relación entre política económica y resultado electoral. Desde el domingo está planteado con más vehemencia un interrogante crucial de la gestión de Milei: si su programa de estabilización también gana elecciones. Existen varios indicios de que la pregunta es pertinente. Por ejemplo: el último Índice de Confianza del Consumidor elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella registró una caída de 14 puntos porcentuales entre julio y agosto. Lo mismo sucedió con el Índice de Confianza en el Gobierno. Ambos registraron un estado de opinión anterior al escándalo de los audios de Diego Spagnuolo refiriéndose a un presunto sistema de coimas montado por Karina Milei, Eduardo "Lule" Menem y Martín Menem, en la administración de los programas de atención a personas con discapacidades.


Casa Tres, la consultora de Mora Jozami, consignó que el 65% de los bonaerenses admite haber resignado consumos en los últimos meses. Cuando a esos ciudadanos se les pregunta cuál es la mejor política del Gobierno nacional, el 29% de las respuestas se refiere a la baja de la inflación. Cuando se pide identificar la peor medida, el 25% de las respuestas es "el recorte a los jubilados". 51% de esos bonaerenses anticipa que en octubre votará contra el oficialismo, mientras que 43% dice que lo hará a favor.


¿Existe una correlación entre ese malestar económico y el tipo de votante que LLA y Pro perdieron en la provincia de Buenos Aires? No hay elección alguna en el pasado que pueda ser comparada con la del domingo, en la que sólo se eligieron legisladores provinciales, concejales y consejeros escolares. Con esa salvedad, entre estos comicios y los de 2021 el ausentismo aumentó en más de 2 millones de votantes. ¿Quiénes son? Desde las oficinas de Mauricio Macri insinúan que se trata de viejos simpatizantes del expresidente que se desencantaron con Milei. Habría, entonces, una fuga del "voto prestado", que en el ballotage de 2023 se inclinó por el Presidente por no votar a Sergio Massa. Los últimos en llegar son siempre los primeros en irse.


Otra interpretación es la que está surgiendo en las primeras imágenes de un estudio que está realizando el jesuita Rodrigo Zarazaga, examinando los alineamientos electorales en relación con el nivel socioeconómico de los electores, que se infiere por la localización de las mesas de votación. Zarazaga empezó a advertir que la curva de LLA difiere mucho en 2025 respecto de la de 2023. En aquel momento, el partido de Milei obtenía más votos en la medida en que aumentaba un poco el nivel de pobreza. Sin llegar a los niveles de adhesión que conseguía el kirchnerismo entre los más desamparados.


Para entender mejor: el voto a Milei se parecía al voto a Massa, es decir, registraba mucha adhesión entre la clase media baja. Ahora gran parte de esa franja decidió abstenerse. La condición socioeconómica de los votantes del Gobierno nacional se parece mucho más a la que exhibía Pro en sus buenos tiempos. Estas primeras conclusiones de Zarazaga hacen juego con el aburguesamiento que se verificó en quienes se inclinaron por LLA en las elecciones porteñas de mayo pasado. Ese partido se replegó muchísimo en los barrios más populares del sur de la ciudad y mejoró su performance en el corredor norte y, sobre todo, en Puerto Madero.


LLA está pagando en las urnas el costo del ajuste. Sobre todo, de la recesión. Ese sería el corolario de estas investigaciones. No debería sorprender: en el noreste industrial de la provincia, por ejemplo, se están verificando cada vez más medidas de fuerza espontáneas porque los trabajadores cobran un sueldo que les impide llegar a fin de mes. Si esta hipótesis es verdadera, va a ser difícil que el oficialismo pueda torcer el rumbo de la disputa electoral. Milei está abrazado a su receta: mantener planchada la inflación congelando el tipo de cambio a través de una suba exorbitante de la tasa de interés. "Las elecciones se pierden por una disparada del dólar, no porque la tasa de interés sea muy elevada", repite. ¿No se pierden elecciones como consecuencia de un proceso recesivo? ¿Está seguro? Debería hablar con Macri, dado que Carlos Menem ya falleció.


En el austero paisaje que presenta la economía sobresalen algunos datos que pueden agregar dramatismo. Según los registros de la gobernación bonaerense, en la provincia hay 996 obras públicas que habían sido iniciadas por el Estado central y que están sin terminar. A todas se les agregó un cartel con la leyenda: "Obra abandonada por Milei". Un recordatorio de Axel Kicillof. Es posible que esta manera de presentar la renuncia del Gobierno nacional a emprender obras públicas tenga un efecto electoral bastante poderoso en las localidades en las que están esos edificios en ruinas, vandalizados, o copados por intrusos. No es un recordatorio de lo que no se hace, sino de lo que quedó sin hacer.



Los carteles que promovió Kicillof, una campaña que tuvo impacto a nivel local.


Kicillof suele contrastar ese déficit nacional con los trabajos que llevó adelante en la provincia. Se ufana de haber levantado 287 escuelas nuevas, de haber creado 1300 aulas en edificios ya existentes y de haber inaugurado 199 pequeños centros de salud. Él atribuye a ese activismo el reconocimiento de los bonaerenses por el PJ.


La Casa Rosada comenzó a sensibilizarse con el problema. Se nota en la "mueblería" libertaria, donde desde ayer se ensambló una nueva "mesa": la del reparto de recursos a las provincias. La encabezan el ministro de Economía, Luis "Toto" Caputo, y el ministro del Interior, Lisandro Catalán. Alegan que los fondos disponibles proceden del BID. No vaya a ser que se dispare una alarma fiscal.


Si el mal resultado del domingo se debió a la política económica, LLA tiene poco por hacer. El programa es bastante inflexible. Pero podría haber otras razones que sí se pueden corregir. Errores susceptibles de ser revertidos. Jaime Durán Barba señaló el lunes pasado que el marketing del oficialismo fue catastrófico. Se preguntó por qué habían excluido del proselitismo bonaerense al Mago del Kremlin, Santiago Caputo, que procede de su escuela. Durán observó que a la derrota del domingo se llegó a través de una campaña típica de la política más anticuada: actos organizados por punteros con una estética incompatible con el discurso anti-casta en el que Milei basó su éxito de 2023.


Los voceros del oficialismo explican que el Presidente revisó su estrategia: tomó en sus manos el timón de la política y armó dos "mesas" para coordinar las decisiones. La más importante es la de la política nacional, a la que se sientan su hermana Karina, Guillermo Francos, "el Mago" Caputo, Patricia Bullrich, Martín Menem y Manuel Adorni. Como se advierte, novedad cero. Tal vez este heptágono, que viene a sustituir al "triángulo de hierro", esté destinado sólo a evitar, o por lo menos disimular, las durísimas peleas de facción que carcomen al elenco libertario. Hasta ahora no lo logran. Un portavoz oficioso del "Mago", Daniel Parisini, "Gordo Dan", pasó de las horribles hostilidades a Luis Juez a maltratar al jefe de Gabinete Francos. Ayer fue contra Eduardo "Lule" Menem. Está a centímetros de Karina. El "Mago" está a punto de demostrar un viejo teorema: "Javier Milei es el funcionario más influyente del gobierno de Caputo".


Para demostrar que no hay mesa que alcance, desde las inmediaciones de este asesor se emiten ocurrencias corrosivas: que Joaquín De la Torre sería el nuevo titular de la Jefatura de Gabinete, con Francos exiliado en el BID; que Catalán dejaría su sillón al radical Rodrigo de Loredo; ¿o De Loredo iría a Defensa?


El otro factor por el que hay que preguntar para identificar las raíces del fracaso oficialista del domingo se refiere al despliegue logístico de cada fuerza. Existe un lugar común según el cual Milei se equivocó al involucrarse en la campaña, porque la nacionalizó. En el comando de Kicillof sostienen lo contrario: si no nacionalizaba la campaña perdía por más puntos, porque carece por completo de instalación territorial. Sólo la figura del Presidente puede movilizar a su electorado.


Esta tesis parece corroborarse con una evidencia: el domingo pasado los intendentes tuvieron un éxito indiscutible. La consultora Isonomía observó que de 135 intendentes, 101, es decir, el 78%, ganó la elección en su comuna. En el caso del PJ, los ganadores fueron 74 de un total de 84, es decir, el 88%. Y en el caso de LLA, 8 de 12 ratificaron su poder: el 75%. Estas matemáticas pueden ser decisivas. Porque los intendentes no ponen nada en juego para octubre. Asegurados sus concejos deliberantes, tienen menos motivos para movilizarse. Además, en octubre rige el sistema de boleta única, que requiere menos fiscalización. Son todos motivos para que Cristina Kirchner se niegue a dar de baja sus prevenciones. Ella razona de este modo: "Yo no dije que, si desdoblábamos la elección, perderíamos. Sólo dije que me parecía mejor unificar las elecciones. ¿Tenía razón? Para saberlo hay que esperar a los resultados de octubre. Si repetimos el caudal de votos del domingo pasado, estaríamos sacando 19 diputados. Cuatro más de los que ponemos en juego. Es un número interesante: en Diputados perdimos la reforma jubilatoria frente al veto por 4 votos. Ojalá repitamos ese número en octubre. Porque yo estoy feliz de que los compañeros intendentes hayan asegurado sus concejos deliberantes. Pero a Milei se lo frena en el Congreso, no en los concejos".


El razonamiento de la expresidenta es la continuación cifrada de su polémica con Kicillof. El gobernador considera que los intendentes no son tan decisivos. Y que, en todo caso, él necesitaba desdoblar para asegurarse la Legislatura. ¿No cree que lo hubiera conseguido si las elecciones provinciales se celebraban también el 26 de octubre, aunque fuera con boletas y cuartos separados? Es una discusión abstracta. Hoy Kicillof afirma: "Desdoblé y, al hacerlo, presté un servicio enorme al PJ y al país, porque Milei va hacia octubre mucho más debilitado".


Como se ve, la relación entre la señora de Kirchner y su antiguo discípulo sigue muy tensa. Por lo que se sabe, al menos hasta anoche, no habían conversado. Ni la alegría del triunfo los acerca. Es verdad: para la expresidenta esa alegría recién podrá verificarse en octubre. Como dicen los españoles, "hasta al rabo todo es toro". Otra señal de discordia: Máximo Kirchner no concurrió a los festejos de La Plata. Es verdad: debía esperar los resultados con su madre, en San José 1111. "Qué le costaba ir después hasta el búnker de Axel", se presenta un peronista más o menos neutral. El buen resultado de los comicios bonaerenses cobija un mensaje desagradable para los Kirchner, y es que Kicillof comenzó a demostrar dos condiciones valiosísimas en cualquier político: carácter y suerte. "Lo habíamos menospreciado", lamenta un militante de La Cámpora, de esos que en el festejo aplaudía "a reglamento".


Más allá de las variables que incidieron en la derrota de LLA y Pro, el domingo pasado se produjo un movimiento subliminal pero importantísimo. Se rompió el hechizo de Milei. La llegada de este economista al poder fue un proceso misterioso. El enigma no estuvo dado tanto por sus peculiaridades, que son, en muchos aspectos, llamativas. Lo más incomprensible de ese éxito fue que un sector importante del electorado, el 30% que lo votó en las primarias de 2023, apostara por alguien tan poco convencional, que carecía de partido, de equipo, de legisladores, de gobernadores, intendentes o sindicalistas. Esta rareza pareció inaugurar una nueva geometría, que permitía suponer prodigios nunca vistos. Por ejemplo, que la sociedad, sobre todo en sus capas más vulnerables, siguiera adhiriendo a un oficialismo que sólo prometía sangre, sudor y lágrimas. Los observadores más convencionales presumían estar ante un fenómeno inédito.


El resultado de la provincia de Buenos Aires parece haber introducido a Milei y su gobierno en el mundo de los mortales. Un equipo susceptible a la derrota. Dicho de otro modo: el Presidente y su partido dejaron de proyectar una presunción de invulnerabilidad. Ese corolario es relevante. Porque hace que las negras pierdan su inhibición y empiecen a jugar. Este viernes los seis gobernadores agrupados bajo el nombre de Provincias Unidas se reunirán en la Sociedad Rural de Rio Cuarto. Maximiliano Pullaro (Santa Fe), Ignacio Torres (Chubut), Gustavo Valdés (Corrientes), Claudio Vidal (Santa Cruz) y Carlos Sadir (Jujuy) serán recibidos por Martín Llaryora y Juan Schiaretti.


Esa convocatoria es significativa. No sólo porque quienes la protagonizan hacen oídos sordos al diálogo que ahora pretende la Casa Rosada. Hay un detalle específico que hay que comenzar a computar. Algunas encuestas revelan que el deterioro oficialista es más extendido de lo previsto y excede el campo bonaerense. Una realizada en Córdoba por Opiniones y Tendencias, la consultora de Francisco Venturini, indica que entre abril y septiembre la imagen de la administración nacional cayó 8 puntos, desde 57% a 49%. Y que la de Milei quedó todavía más abajo: pasó de 59% en abril a 47% en estos días. Ese estudio ubica a Schiaretti como el preferido para octubre. Si esta aritmética se verifica, la crisis del oficialismo sería delicada: Córdoba ha sido siempre el paraíso de Milei, como antes lo fue de Macri. Allí se reunirán los gobernadores de la oposición.


Los sindicalistas también comienzan a desperezarse. Tienen un motivo: el 5 de noviembre habrá elecciones para renovar la conducción de la CGT. El conflicto comenzará a incrementarse. Alarmados por el fracaso del domingo, los principales dirigentes del oficialismo han resuelto cambiar de estilo. Ahora están dispuestos a dialogar y conversar. Suponen que los demás actores están tan disponibles como antes de la batalla bonaerense. Deberían verificar si es tan así. Porque la derrota los modificó a ellos. Pero también puede haber alterado a los demás.

Una provincia escondida tras la arrogancia presidencial











Una provincia escondida tras la arrogancia presidencial


El agradecimiento de Kicillof a Milei: le permitió al gobernador eludir un debate sobre los aspectos más oscuros de la gestión bonaerense


LA NACION


Luciano Román 





Javier Milei y Axel Kicillof por Alfredo Sabat


El Gobernador Kicillof deberia agradecerle al presidente Milei. Le ha servido en bandeja un triunfo electoral que, además de avivar sus ensoñaciones presidenciales, le dio al mandatario bonaerense la posibilidad de disimular y esconder una gestión teñida de opacidad e ineficiencia.


Con una asombrosa combinación de arrogancia, prepotencia, soberbia y agresividad, el oficialismo libertario debilitó en menos de dos años el crédito que le había dado una parte de la sociedad, al menos en el distrito que aporta casi el 40 por ciento de los votantes del país. Al mismo tiempo, provocó un sentimiento de decepción y rechazo en muchos que lo habían votado en el balotaje de 2023 y que apoyan las políticas de saneamiento fiscal, realineamiento internacional y orden en el espacio público después del proceso devastador que llevó adelante el kirchnerismo tanto en la economía como en el entramado social y la calidad de los servicios públicos.


El inédito desdoblamiento de la elección bonaerense hubiera sido, en un contexto político más o menos normal, una valiosa oportunidad para discutir los problemas de la provincia. Hubiera aflorado, inevitablemente, un debate sobre la oscuridad de la Legislatura, que después del caso Chocolate ha decidido pasar prácticamente a la clandestinidad: no rinde cuentas, no se deja auditar, no respeta el reglamento, vota entre gallos y medianoche, prácticamente no sesiona y limita la cobertura de la prensa, todo ante la indiferencia y la complicidad del Ejecutivo provincial. Aunque se elegían, precisamente, los legisladores que se integrarán el 10 de diciembre a ese corroído cuerpo institucional, su sordidez no formó parte, ni siquiera tangencial, del debate electoral.


La campaña bonaerense era un escenario propicio para discutir los temas más sensibles para el ciudadano común: la inseguridad, la educación, la salud, la equidad y la razonabilidad impositiva. Era, también, una oportunidad para plantear debates más sofisticados: ¿no debería la provincia ir a un sistema legislativo unicameral?, ¿no habría que analizar un esquema de regionalización que atenúe el desequilibrio que implica que en el uno por ciento de su superficie vivan dos tercios de su población?, ¿no habría que discutir la fragilidad de un Poder Judicial en el que la Suprema Corte funciona con menos de la mitad de sus integrantes?


Durante la campaña nadie mencionó la crisis estructural del IOMA, que se agravó durante los seis años de Kicillof al extremo de dejar a más de dos millones de afiliados en una situación de extrema desprotección y vulnerabilidad, con una cobertura cada vez más débil y una contraprestación cada vez más anémica para los médicos. Nadie puso en discusión el régimen tributario de ARBA, con arbitrariedades e inequidades en el Inmobiliario y en Ingresos Brutos que generan serios perjuicios al contribuyente de clase media.


Ni siquiera se aludió al vicioso sistema provincial de fotomultas, atravesado por la corrupción y convertido en una gigantesca caja negra que les mete a los ciudadanos las manos en los bolsillos. No se discutió sobre el negocio del juego en la provincia, que ha favorecido la proliferación de bingos en conexión con un vidrioso entramado de financiamiento político. Nadie se refirió al calamitoso estado de los caminos rurales ni al problema crónico de las inundaciones en el conurbano. Tampoco se habló del régimen de coparticipación que arrastra una distorsión histórica en perjuicio de la provincia ni sobre la bomba de tiempo que se incuba en el IPS, con un desbalance entre aportantes y beneficiarios que convierte en insostenible al sistema jubilatorio provincial. Tampoco se aludió a los resultados de las pruebas PISA en las escuelas bonaerenses, ni al colapso de las guardias en los hospitales públicos, ni al peligroso desborde del sistema penitenciario, ni a la penetración narco en las periferias urbanas.


¿Cómo pudieron esconderse tantos elefantes en una baulera? Milei lo hizo. La elección bonaerense se convirtió en un plebiscito sobre la gestión nacional. Fue un vehículo para que un sector importante de la sociedad le marcara un límite y expresara su rechazo a un presidente que ha concebido el insulto como herramienta de gobierno, que ha mostrado una chocante insensibilidad frente al costo doloroso de un ajuste sin dudas necesario y que se ha regodeado en la descalificación y la humillación del adversario con un nivel de soberbia y patoterismo que hasta ha hecho pasar por humildes, sensatos y caballeros a los últimos campeones políticos de la prepotencia, el cinismo y la arrogancia.


El domingo pasado no hubo un voto de adhesión ni de apoyo a Kicillof, aunque su triunfo político es nítido e innegable. Hubo un voto castigo y un enérgico llamado de atención a un presidente que ha cavado grietas, ha cultivado los antagonismos y ha ejercido la desmesura de agraviar, desde el poder, a artistas, economistas, opositores, periodistas, gobernadores y hasta aliados naturales, transgrediendo, incluso, los límites de la buena educación para caer en algo peor que la guaranguería: insultó a personas en el día de su muerte; festejó la desgracia ajena; señaló por Twitter a un joven con autismo; convalidó ataques deleznables, como los del temerario Gordo Dan; dejó con el saludo en el aire a dirigentes que ejercen una representación institucional; descalificó y hasta humilló a su propia vicepresidenta. Estigmatizó, además, a núcleos sociales que lo habían votado en el balotaje: “ñoños republicanos”, “tibios cobardes”, “viejos meados”. Practicó el bullying de Estado. Todo eso, con el respaldo de patotas digitales avaladas desde el poder. Se ha caído, en definitiva, en una falta de civilización política y en una insensibilidad que hasta roza, por momentos, la ausencia no ya de cortesía, sino de lisa y llana humanidad.


Un presidente tiene derecho a la franqueza, a la vehemencia, a la réplica áspera y a la confrontación dura. No tiene derecho al insulto ni a la agresión, mucho menos frente a ciudadanos comunes y corrientes, que se sienten avasallados por el poder del Estado.

El resultado de la elección bonaerense muestra un rasgo saludable: una parte importante de la ciudadanía ha reaccionado contra ese tono violento, arrogante y pendenciero que ha teñido el discurso oficial. Es, seguramente, un sector que valora la baja de la inflación, entiende la importancia fundamental del equilibrio fiscal y comprende la necesidad de un ajuste que acomode las cuentas públicas y achique la burocracia. Pero no está dispuesto a sacrificar en el altar de la economía las reglas básicas de la convivencia. Prefiere quedarse en su casa (lo hicieron cuatro de cada diez bonaerenses en condiciones de votar) u optar, provisoriamente, por un espacio opositor en una elección en la que no se jugaba el rumbo final de las cosas. Si se miran los datos de La Plata, por ejemplo, se verá que el mayor índice de ausentismo electoral se produjo en el casco céntrico, donde era más fuerte el electorado de Pro. Kicillof fue, en este caso, beneficiario coyuntural de un “voto castigo”, similar al “voto bronca” contra el kirchnerismo del que se benefició Milei hace apenas 22 meses.


No solo han tallado las ofensas y las agresiones. Es evidente que también ha pesado en el resultado electoral una economía que, si bien ha tendido a ordenar algunas variables claves, todavía luce anémica, con inversiones que no terminan de llegar, una confianza que se muestra reticente, una rueda crediticia que no gira con fluidez y una tasa de crecimiento demasiado despareja. Ha influido, a la vez, un relato que empieza a mostrar sus inconsistencias: se anunció con bombos y platillos “la eliminación de la AFIP” y al final fue solo un cambio de nombre. Se alardeó con la desaparición de los registros del automotor, y ahí están los ciudadanos, sacando turnos y haciendo filas para hacer trámites en esas oficinas que, supuestamente, iban a dejar de existir. Se propuso un combate contra “la casta” y contra “los que destruyeron la provincia”, mientras se le asegura una poltrona en el gobierno a un exgobernador, exvicepresidente y excandidato presidencial del kirchnerismo. Se repudió el sectarismo de 6,7,8 para terminar creando Fake 7,8, otro intento de imponer una “verdad oficial”. Se reaccionó ante la rigidez y el dogmatismo de la “cultura woke” con una rigidez y un dogmatismo de signo ideológico contrario. Se prometió una regeneración ética y todavía resuenan los inexplicados audios de Spagnuolo y el oscuro entramado del caso $LIBRA.


Se encararon temas complejos y sensibles, como el de las universidades y el Garrahan, con motosierra y brocha gorda. Y se lo hizo sin proponer diálogo, sin buscar aliados, sin ampliar ni refinar el debate con interlocutores que superaran la indigencia del eslogan y la provocación en las redes. Se rompieron puentes y se dinamitaron alianzas. Se maltrató y despreció a los gobernadores y a dirigentes que querían ayudar. Se propuso la lógica de “esclavo o enemigo” y se llegó a la humillante sobreactuación de exigirles a socios políticos que se calzaran un buzo violeta, en una especie de vergonzosa rendición y una postal grotesca de sometimiento y uniformidad. Se confundió, además, a los empleados públicos con los ñoquis, como si fuera todo lo mismo, y en la embestida contra el Estado y la obra pública, se despreció la importancia de los servicios públicos de calidad. ¿Qué podía salir bien? Es cierto que algunos manuales de la política tradicional quedaron desactualizados con la llegada de Milei. Pero las leyes de la física y las reglas del sentido común todavía, que se sepa, no dejaron de regir.


¿Cómo se reposiciona el Gobierno tras semejante revés? Las primeras señales son contradictorias. El discurso presidencial del domingo a la noche contuvo algunas notas alentadoras: reconoció errores, no minimizó la derrota, anticipó una autocrítica. Los pasos posteriores han tenido gusto a poco: no hubo recambios, se apeló al gastado recurso de “conformar una mesa” y se propuso un diálogo vago con gobernadores, sin precisar la agenda ni los términos de esa conversación. Tal vez sería esperanzador ver algunos gestos simbólicos pero concretos. ¿No podría convocar el Presidente al senador Juez y pedirle disculpas por el agravio gratuito de los matones digitales avalados por el Gobierno? ¿No podría retirar el tuit contra el joven con autismo y al que ha estigmatizado como un activista político? ¿No podría reemplazar algunos de sus estrambóticos viajes al exterior por visitas a las provincias y conversaciones francas con ciudadanos de a pie? ¿No debería eludir la soledad peligrosa y confortable del palacio, donde abundan la adulación y la obsecuencia? ¿No sería oportuno dar una conferencia de prensa en lugar de esas largas sobremesas, entre risotadas y autocelebraciones, con penosos streamers oficialistas?


La salida tal vez no esté en los manuales de alta política ni en los grandes teóricos del poder, sino en la estrofa perdida de un cantautor y poeta popular, como fue Alberto Cortez: “Aprender a escuchar, esa es la clave/ Si se tienen intenciones de saber”.

Nunca es tarde para ejercitar la humildad ni para corregir errores. Ojalá veamos a un presidente que se baja del caballo y escucha a la ciudadanía.


Por Luciano Román