Panorama Político Nacional
El escenario
El ajedrez de Massa: del silencio táctico a la ofensiva en todos los frentes para capitalizar el "día después" de Milei
El ex candidato presidencial de Fuerza Patria, Sergio Massa
(Dibujo: Fernando Rocchia para AGENCIA NOVA)
El ex candidato presidencial terminó su hibernación política. Con una estrategia de pinzas que abarca a la academia, el sindicalismo ortodoxo y a los heridos del radicalismo, Sergio Massa empezó a tejer el traje de un frente amplio opositor.
La tesis es audaz pero clara: prepararse para el posmileísmo con un armado territorial que desborde, por necesidad y por conveniencia, los márgenes del peronismo tradicional.
El primer golpe de efecto ocurrió en el campus de la UNSAM. Frente a unos quince rectores universitarios, el líder del Frente Renovador rompió meses de hermetismo con un mensaje de contención financiera, pero, sobre todo, de proyección política. "El año que viene la mayoría de la sociedad le va a dar vuelta la página a esto", vaticinó, sentando la premisa de su reaparición.
La foto académica no tuvo nada de ingenua. Funcionó como un movimiento de piezas directo ante Axel Kicillof, su rival en la interna peronista, que venía de intentar capitalizar la marcha universitaria. Massa eligió no marchar en la calle, pero sentó a las autoridades en su mesa para prometerles recuperar la centralidad educativa y a los 10.000 científicos expulsados por los recortes libertarios.
La ingeniería de un frente transversal
Pero la hoja de ruta del tigrense no se agota en el claustro universitario. El objetivo de máxima es una ingeniería electoral que trascienda la marca justicialista. Tras la cumbre a puertas cerradas con Cristina Fernández de Kirchner (donde se barajaron los escenarios de Lula da Silva, Donald Trump y las PASO), Massa activó sus terminales con el ecosistema no peronista.
Según deslizan en el laboratorio renovador, los canales de diálogo ya están abiertos con el eje radical de Emiliano Yacobitti y Martín Lousteau. También hay puentes tendidos con el peronismo de centro que lideran Juan Manuel Olmos y Guillermo Michel, la muñeca legislativa de Miguel Ángel Pichetto y un puñado de gobernadores del interior.
"Sergio está convencido de que si se arma algo federal y amplio, Milei pierde en primera vuelta", se entusiasma un dirigente de su círculo íntimo que sigue de cerca las negociaciones.
La clave de este armado es esquivar las guerras intestinas de la Provincia de Buenos Aires mediante la capilaridad provincial. Un ejemplo de este despliegue fue la reciente bajada de la diputada cordobesa Natalia de la Sota al Parque Industrial de Mar del Plata.
Escoltada por Juan Manuel Cheppi, alfil del massismo, la recorrida buscó exportar el modelo del justicialismo cordobés justo en una ciudad donde el peronismo local sigue paralizado por la guerra fría entre La Cámpora y el axelismo.
El músculo sindical y la pata territorial
El despliegue en múltiples frentes requiere, inevitablemente, de músculo territorial. En esa lógica se inscribe la cumbre que Massa mantuvo en Capital Federal con la cúpula de las 62 Organizaciones Peronistas.
Conducida por José Ibarra, la histórica estructura gremial le garantizó al exministro una cabecera de playa fundamental dentro del movimiento obrero. La narrativa oficial del encuentro habló de repasar la compleja coyuntura social y el deterioro del aparato productivo frente a la crisis.
Sin embargo, el mar de fondo es mucho más pragmático: las "62" le ofrecen a Massa un vehículo de expansión territorial puro para consolidar el brazo gremial de su naciente coalición en todo el país.
Por el momento, nadie en el massismo confirma una candidatura formal. No hace falta. El exministro avanza en silencio por los márgenes, tejiendo alianzas de contención con los sectores golpeados por el modelo oficial mientras espera que la economía haga su trabajo.
La mesa está servida y las fichas ya se están moviendo. La gran incógnita pasa por saber si este andamiaje transversal logrará la musculatura suficiente a tiempo, o si será una víctima más de la polarización extrema que tanto oxigena a la Casa Rosada.


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