lunes, 18 de mayo de 2026

HUMOR DIARIO


 


 

Sin salud cerebral no hay desarrollo


 

La economía que no miramos 


Sin salud cerebral no hay desarrollo


Especialistas internacionales advierten que la pérdida de salud cerebral ya tiene impacto económico, laboral y social. La Argentina podría perder hasta 1,4 puntos del PBI anual hacia 2050 si no convierte el bienestar cognitivo y emocional en una política de Estado.


Facundo Manes y Martín Grandes


Diario Perfil




Estados alterados. Javier Milei por Pablo Temes




La Argentina lleva años discutiendo cómo estabilizar su economía, aumentar la productividad, generar empleo de calidad y volver a crecer. Son debates indispensables. Pero hay una pregunta previa, más silenciosa y más profunda, que casi nunca nos hacemos: ¿en qué estado están los cerebros con los que pretendemos construir ese futuro?


Durante demasiado tiempo, la salud cerebral fue tratada como un asunto de especialistas, consultorios y hospitales, como si perteneciera solo al mundo privado del sufrimiento individual y no al núcleo de los problemas públicos.



Ese enfoque ya no alcanza. Y los números lo demuestran.


Los principales referentes internacionales que estuvieron en Buenos Aires convocados por la International Alliance on Brain Health, en conjunto con The Lancet Commission on Brain Health y Fundación Ineco, fueron contundentes: los trastornos neurológicos, mentales y del neurodesarrollo representan una de las mayores cargas sanitarias, sociales y económicas de nuestro tiempo.


En Estados Unidos, un análisis de la American Academy of Neurology publicado en JAMA Neurology en 2025, mostró que más de la mitad de la población vive con alguna enfermedad o trastorno neurológico. En Europa, la European Academy of Neurology advierte que las enfermedades neurológicas constituyen una carga creciente para los sistemas de salud, el trabajo y las familias.


El cerebro, prerrequisito del capital humano. Reconocer el costo económico de la pérdida de salud cerebral interpela a los gobiernos, a las empresas y al ciudadano de a pie. Para entenderlo, es necesario detenerse en un concepto que empieza a ocupar un lugar central en la conversación global y que el Foro Económico Mundial y el McKinsey Health Institute han denominado capital cerebral.


No es simplemente otro nombre para el capital humano que la economía estudia desde hace décadas. El capital humano clásico mide conocimientos, habilidades, educación y experiencia. El capital cerebral alude a las capacidades cognitivas, emocionales e interpersonales que permiten que ese conocimiento se active, se aplique y genere valor.


En otras palabras: el capital cerebral es un prerrequisito del capital humano. Sin él no hay aprendizaje sostenido, ni trabajadores capaces de rendir plenamente, ni innovación que haga crecer a las economías. La salud cerebral no compite con la agenda productiva: la sostiene desde abajo.


Aritmética económica, no metáfora médica. ¿Cuántos años de vida productiva podrían recuperarse si interviniéramos a tiempo? A partir de la evidencia global sintetizada por el McKinsey Health Institute y el Foro Económico Mundial, y de estimaciones locales preliminares, sabemos que una parte significativa de la carga asociada a condiciones neurológicas, mentales y del neurodesarrollo podría reducirse mediante intervenciones costo-efectivas de prevención, tratamiento, rehabilitación y cuidado.


Nuestros primeros cálculos sugieren que la pérdida de capital cerebral podría representar para la Argentina un costo equivalente a alrededor de 1,4 puntos del PBI por año hacia 2050. No se trata de una promesa mágica ni de una solución aislada para los problemas estructurales del país. Se trata de algo más concreto: mostrar que la pérdida de salud cerebral tiene consecuencias macroeconómicas reales.


A escala global, el Foro Económico Mundial y el McKinsey Health Institute estiman que invertir en salud cerebral podría generar hasta USD 6,2 billones acumulados en ganancias de PBI hacia 2050. En América Latina y el Caribe, la Organización Panamericana de la Salud advierte que más de tres de cada cuatro personas con trastornos mentales no reciben atención adecuada. La brecha no es solo sanitaria: es educativa, laboral, social y económica.


En la Argentina, el contraste es evidente. Tenemos una fuerte tradición cultural y profesional vinculada a la salud mental, una red científica reconocida internacionalmente y capacidades clínicas relevantes. Pero, al mismo tiempo, según análisis presupuestarios independientes, la inversión pública identificable en salud mental continúa muy lejos del piso del 10% del presupuesto sanitario previsto por la Ley Nacional de Salud Mental.


Esta discusión se vuelve todavía más urgente en la economía que viene. En la era de la inteligencia artificial, la pregunta no es solamente quién está enfermo: también es qué capacidades estamos desarrollando —o dejando perder— como sociedad.


La inteligencia artificial automatizará cada vez más tareas rutinarias, pero hará todavía más valiosas las capacidades específicamente humanas: el juicio crítico, la creatividad, la empatía, la colaboración, la flexibilidad cognitiva, la regulación emocional y la capacidad de aprender durante toda la vida. Todas ellas dependen, en su base, de la salud del cerebro. La inteligencia artificial no reemplaza la salud cerebral: la vuelve más valiosa.


La Argentina debería prestar atención a esto con urgencia. Nuestros problemas no son solo macroeconómicos. También son humanos. No hay crecimiento sostenido en una sociedad agotada, ansiosa y fragmentada. No hay educación de calidad cuando millones de chicos crecen en contextos que afectan su nutrición, desarrollo cognitivo y emocional. La pobreza produce un impuesto cognitivo. No hay productividad robusta cuando aumentan el malestar psíquico, el burnout, los consumos problemáticos, los trastornos del sueño y las dificultades de concentración.


Invertir en salud cerebral no significa solamente tratar mejor las enfermedades. Significa intervenir temprano en la infancia —nutrición, sueño, juego, lenguaje, vínculos, regulación emocional—; abordar a tiempo la ansiedad, la depresión y los consumos problemáticos; prevenir el deterioro cognitivo; promover el envejecimiento saludable; y diseñar entornos laborales menos tóxicos y más compatibles con el bienestar mental.


El bienestar cognitivo y emocional incide directamente sobre la competitividad, el desempeño y la innovación. No es un lujo de sociedades ricas: es una condición para que una sociedad pueda progresar.


Esto no implica reemplazar las prioridades clásicas del desarrollo. La Argentina necesita estabilidad macroeconómica, reglas claras, inversión, infraestructura, educación de calidad e instituciones confiables. Pero ninguna de esas transformaciones será plenamente sostenible si no cuidamos el cerebro de nuestra población.


El desarrollo no ocurre en abstracto. Ocurre en personas concretas: chicos que tienen que aprender, jóvenes que necesitan proyecto, adultos que deben trabajar y adaptarse, mayores que merecen envejecer con dignidad y familias que sostienen cuidados invisibles.


La Argentina tiene en este campo algo que no siempre tiene en otros: capacidad instalada real. Cuenta con científicos, profesionales, instituciones, experiencia clínica y una tradición cultural que reconoce la importancia de la vida mental. También ha comenzado a incorporar la salud cerebral en la agenda legislativa y pública.


En 2025, la Cámara de Diputados de la Nación dio media sanción a un proyecto vinculado a la promoción de la salud cerebral y a la creación del Programa Nacional de Lucha contra la Enfermedad de Alzheimer y otras Demencias –PLEA–, que ahora deberá ser tratado por el Senado. De aprobarse, la Argentina podría avanzar hacia uno de los primeros marcos legales nacionales orientados a prevenir enfermedades neurológicas y mentales, fortalecer el diagnóstico temprano y mejorar la atención de pacientes y familias.


Lo que falta es decisión política para llevar esta agenda al centro de la estrategia de desarrollo. Eso implica financiamiento acorde, integración entre salud, educación, trabajo y desarrollo social, y también indicadores que permitan medir el estado cognitivo, emocional y neurológico de la población con la misma seriedad con que medimos el PBI, la inflación o el desempleo.


Durante décadas discutimos el capital físico, el capital humano y el capital institucional. Ha llegado el momento de entender que existe algo más básico y decisivo: la salud cerebral y las habilidades cognitivas y emocionales que sostienen la capacidad de aprender, innovar, cuidar y convivir.


Una nación no progresa solo por lo que produce. Progresa por la calidad de las mentes con las que piensa, crea, trabaja y convive. La gran ventaja comparativa de un país en la era de la inteligencia artificial no será solo tecnológica: será humana.


No hay desarrollo posible sin desarrollo cerebral. Cuidar el cerebro humano dejó de ser solo una prioridad médica: es una estrategia de país.


Para la Argentina, cuidar esas capacidades podría evitar pérdidas equivalentes a alrededor de 1,4 puntos del PBI por año hacia 2050. No es una metáfora médica: es la diferencia entre seguir perdiendo capacidades o empezar a construir una década de recuperación.


 

El fuerte recorte complicó los acuerdos de Santilli con los gobernadores aliados


 

 El fuerte recorte complicó los acuerdos de Santilli con los gobernadores aliados 


La poda afecta recursos de las provincias; el ministro del Interior prometió una compensación


La Nacion


Gabriela Origlia 




Luis Caputo por Alfredo Sabat



La última semana, los gobernadores dialoguistas decidieron ayudar, una vez más, a los libertarios en el Congreso y no acompañar el intento de interpelación del jefe de Gabinete, Manuel Adorni. Lo hicieron a pocas horas de que, con una decisión administrativa, las partidas presupuestarias para provincias tuvieran un recorte significativo. Los mandatarios dicen que fue un “gesto” orientado a no “dinamitar puentes” con la Casa Rosada. El nuevo ajuste tomó de sorpresa, por su envergadura, incluso a Diego Santilli, ministro del Interior, quien se encarga de las negociaciones políticas con los mandatarios provinciales.


Con la decisión administrativa 20/ 2026, que lleva las firmas de Adorni y el ministro de Economía, Luis Caputo y fue publicada el lunes 11 en el Boletín Oficial, hubo recortes en programas que impactan directamente sobre las finanzas subnacionales. Solo en “Relaciones con las Provincias y Desarrollo Regional” del Ministerio del Interior la contracción fue de $ 320.711 millones. Su principal ítem es “Asistencia financiera y ATN”, es decir el Fondo de Aportes del Tesoro Nacional, que está previsto en la ley de coparticipación.


Son las partidas que la actual gestión, igual que todas las anteriores, distribuye entre sus aliados. Por ejemplo, en el primer cuatrimestre las provincias a las que el Ejecutivo destinó ATN fueron: Misiones, Mendoza, Corrientes, Neuquén, Salta, San Juan, Chaco, Entre Ríos, Catamarca, Chubut, Jujuy, Santa Cruz y Santa Fe. El total de fondos repartidos fue de $ 121.000 millones.


En diferentes momentos, los legisladores de estos distritos colaboraron con los intereses parlamentarios del oficialismo nacional.


El ajuste resuelto por la Casa Rosada afecta directamente ese fondo, que se genera con aportes de la coparticipación, y del que se distribuyeron 35,5%, según datos de Politikon Chaco. Aunque el monto está 14 puntos porcentuales más arriba que en el mismo período del 2025, el recorte impacta en una herramienta clave de las negociaciones políticas que lleva adelante Santilli.


Ya había empezado una ronda de reuniones de cara a la reforma electoral y, en esos encuentros, volvió a escuchar los reclamos por obras y recursos. Y ratificó que se cumpliría lo acordado. A los días, llegó el ajuste resuelto por Economía que, en magnitud, superó lo esperado.


Suponiendo que la Nación mantenga el ritmo de distribución de ATN del primer cuatrimestre, con el recorte en marcha, habría recursos para cuatro meses más. Si no, para llegar a fin de año, deberían ser $ 10.000 millones mensuales. El Fondo de ATN seguirá recibiendo el 1% de la coparticipación, pero la autorización de uso está restringida por la decisión administrativa.


En caso de que no haya otra medida que amplíe la partida, el año terminará - como es habitual desde hace varias administraciones- con la Nación quedándose con los recursos remanentes. Por caso, en el 2025 quedaron en manos de la Nación $ 740.536 millones, puesto que se ejecutó 21,9% ( en el 2024 se repartió 7,3% y en el 2023, 77,6%).


“Apoyar la interpelación de Adorni era ir directo contra Milei – reflexiona ante LA NACION un gobernador norteño–. La crisis la tienen y no tiene sentido darles letra para que nos culpen a nosotros. Que se sigan tirando entre ellos”. El que habla tiene diálogo permanente con Santilli y está entre los que no deja de pedir por infraestructura. El último ajuste presupuestario alcanza también a obras públicas en las provincias. Por ejemplo, el recorte para la Dirección Nacional de Vialidad fue de $ 97.104 millones. Además, el Ejecutivo podó $ 5.303 millones en el área de Fortalecimiento de la Infraestructura Social, del Cuidado y Sanitaria y $ 4.396 millones, en Apoyo para el Desarrollo de Obra Pública. También se recortaron $ 27.931 millones en Infraestructura Hidráulica. A su vez, el programa de Fortalecimiento de los Sistemas Provinciales de Salud perdió $ 25.000 millones.


La caída por nueve meses consecutivos de la recaudación nacional empujó a Luis Caputo a tener que podar transferencias para no renunciar al eje del discurso de Milei en torno al equilibrio fiscal. El ajuste más grande está directamente asociado a la relación financiera con provincias.


En ese contexto, Santilli intentó contener a algunos mandatarios que perdieron financiamiento de obras y les prometió que el recorte “se compensará” con otras fuentes de recursos. Planteó que hizo las gestiones ante Economía para que no se frenen los giros de fondos.


Mandatarios consultados por este diario concordaron en que, antes de plantear críticas airadas, dejarán pasar unas semanas más para ver cómo evoluciona no solo la crisis desatada por la situación de Adorni, sino también para evaluar la actividad económica de este mes, con su consecuente impacto en la recaudación.


No hablan de tiempos, pero es probable que esperen a que finalice el Mundial de fútbol.


 

"Editorial Novaro: El Pajaro Loco #67" (Julio 1955)