viernes, 28 de agosto de 2026

Dos desayunos, una sola campaña


 

 LA NACION > Economía 


Dos desayunos, una sola campaña


Economía pidió paciencia a los empresarios para esperar los frutos del programa; el gobierno de EE.UU. apuesta por la reelección de Milei


LA NACION 


Florencia Donovan





El Tío Sam y Javier Milei por Alfredo Sábat


“Es clave que las tasas de interés sigan bajas”, sentenció José Luis Daza, el viceministro de Economía. Lo dijo ante un pequeño grupo de ejecutivos de compañías nacionales y multinacionales el martes 18 de este mes en un desayuno a puertas cerradas en el salón del hotel Casa Lucía de Meliá Collection, en la calle Arroyo. Lo hizo luego de explicar en forma didáctica el recorrido que fue haciendo la economía después del cimbronazo financiero que sufrió en las elecciones de medio término. Fue un encuentro en el cual Daza participó junto con el asesor uruguayo, Ernesto Talvi, que apenas hizo unos pocos comentarios.



Lo escuchaban atentamente ejecutivos de algunos bancos chicos, multinacionales y hasta algún representante de alguna de las empresas varias veces tildadas como “prebendarias” por el presidente Javier Milei. El siempre correcto Daza, no obstante, no se corrió en ningún momento del manual oficial. Les pidió paciencia a todos y les dijo que pronto la economía iba a dar sus frutos. Los problemas estructurales, insistió, no se resuelven de un día para el otro. Al ser consultado sobre si, en caso de estar en riesgo la elección, estarían dispuestos a hacer algo de populismo, fue tajante: “Cero”, respondió.


Aunque, en privado, en el equipo económico reconocen las dificultades que están experimentando varios sectores de la economía, también reflejan que son pocas las herramientas que tienen disponibles para acelerar los tiempos. Las esperanzas están puestas en que, poco a poco, la estabilidad de las tasas de interés ayude al sistema financiero a digerir la mora y encender, una vez más, el motor del crédito. El plan para financiar hipotecas indirectamente vía el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) colabora, pero no esperan tampoco que mueva el amperímetro. Los grandes bancos privados, no obstante, acompañarán la semana próxima la primera licitación de fondos del FGS que presente el Gobierno. Es una medida que sirve sobre todo para darle una respuesta a la política, que ve en el problema de la mora un flanco por el cual entrarle al Gobierno con fuerza. No por nada el anuncio del plan de hipotecas financiadas con la Anses se hizo el mismo día en el que la oposición mostró que podía reunir 133 votos -de todos los colores- en Diputados para avanzar, eventualmente, con el tratamiento de algunos de los tantos proyectos que se presentaron en el Congreso para darles una salida a los 5,8 millones de individuos que no están pagando sus préstamos a término. Hay cerca de 30 proyectos distintos ya dando vueltas en el Congreso con la firma de diputados de la oposición. Ni los bancos ni el Gobierno están cómodos con estas iniciativas legislativas.


Un informe interno de Abappra, la asociación que reúne a los bancos públicos, ya anticipaba en mayo pasado que para junio se estabilizarían los indicadores de mora. Recién en diciembre de este año el sistema bancario volvería a tener niveles de incobrabilidad promedio de entre 5 y 6%, como sucede en otros países de la región.



De ahí el reconocimiento del Gobierno de la importancia de mantener las tasas de interés bajas. Un incremento en el costo del dinero solo ralentizaría más la recuperación de los índices de mora y ahogaría aún más la actividad económica. No por nada, desde hace semanas que se decidió mantener también una reserva más que importante de pesos del Tesoro en el Banco Nación, cosa de poder hacer frente a demandas de liquidez que tuviera el sistema financiero y así contener presiones sobre las tasas. El Tesoro suma casi $9 billones disponibles en el Nación, todos a plazo fijo, además de los cerca de $4 billones que tiene a la vista.


Y es que por el lado fiscal tampoco Economía tiene margen para hacer algo de keynesianismo para oxigenar la actividad económica. Agosto cerrará con superávit primario y financiero, una vez más, pero no sin algo de creatividad contable. Está claro que el superávit fiscal es una bandera que no se abandonará, no solo por demanda del FMI, sino también porque es un ancla fundamental del programa que siguen minuciosamente todos los inversores. Consultado sobre la posibilidad de avanzar con la reforma tributaria después de las elecciones de 2027, para bajar más impuestos, Daza fue sincero: “No sabemos cuándo va a ser; hay impuestos como el de los débitos y créditos que son difíciles de eliminar, hay que ver el equilibrio fiscal”. Aunque adelantó que la idea de fondo sería reducir a un puñado de tributos los más de 150 hoy vigentes.



En el ínterin, la realidad se impone. Entre los empresarios también se empieza a evidenciar cierto agotamiento, más allá de que todavía existe una importante mayoría que aspira a que el presidente Javier Milei consiga su reelección. Los outsiders que coquetean con lanzarse por ahora no levantan vuelo. Y Axel Kicillof, uno de los candidatos de la oposición más visibles, tampoco es de las figuras más seductoras para el sector privado.


En el vínculo con el círculo rojo no ayuda el destrato al que en público se somete a muchos empresarios. Recién el jueves, la Unión Industrial Argentina (UIA) recibió la confirmación de que un representante del Gobierno asistirá el miércoles que viene al evento organizado para celebrar el Día de la Industria. No irán el ministro de Economía ni el Presidente, sino el siempre dialoguista jefe de Gabinete, Diego Santilli. Tampoco el gobernador bonaerense será parte del convite: Kicillof decidió en cambio participar de una actividad en Morón. Son pocos los que están dispuestos a escuchar los reclamos de uno de los sectores que viene más rezagado en la economía.


Algo de esta incomodidad quedó también en evidencia en el desayuno cerrado a la prensa que el Consejo Interamericano de Comercio y Producción (Cicyp) organizó el miércoles 26 en el Hotel Alvear, y que tuvo como orador invitado al embajador de los Estados Unidos, Peter Lamelas. “¿A quién apoyaría electoralmente en 2027?”, preguntó Bettina Bulgheroni, presidenta del Cicyp, a Lamelas. La empresaria le estaba trasladando una de las pocas preguntas del público, pero que por polémica provocó un fuerte silencio. “Esa es una pregunta fácil de responder”, dijo Lamelas. “El presidente Trump [Donald] me mandó a mí a apoyar a Javier Milei y mi misión es apoyarlo, porque es lo que me instruyó el presidente Trump. En el año 2027 apoyamos a Milei para la reelección”, respondió, sin titubeos. Fueron pocas palabras, pero las más comentadas luego en privado entre los empresarios y ejecutivos invitados. Ya muchos son críticos con las afirmaciones que no contienen matices.



Pero la geopolítica ya no se hilvana con discreción, sino a viva voz. Quienes siguen de cerca la licitación del Belgrano Cargas, que junto con la Hidrovía es una de las más relevantes para el futuro de la Argentina, están al tanto del interés de los Estados Unidos. La Embajada, en este caso, no solo hizo sugerencias en el armado de los pliegos, sino que ahora también monitorea de cerca el avance de las ofertas. Para los Estados Unidos es importante no solo que China no se involucre en sectores estratégicos, sino que la Argentina se comprometa en determinadas áreas a asociarse con proveedores que la administración norteamericana considera confiables. En ese sentido, correría con algo de ventaja en este caso el Grupo México, que es una sociedad que ya opera en los Estados Unidos. Aunque aún no es algo firme, en las últimas horas trascendió que el consorcio conformado por un grupo de cerealeras que tenía previsto presentarse estaba evaluando darse de baja. En privado, algunos de los participantes esgrimen que es porque los pliegos favorecen a los mexicanos, dado que permiten traer material rodante del exterior (que el Grupo México tiene de sobra), y además no exigen tener experiencia en la Argentina en el negocio de carga. Otros ven en las reconsideraciones del consorcio una señal de que el poder dentro del Gobierno está cambiando de manos y de que hay terrenos, como este, en los que la influencia de Santiago Caputo, con cuyos interlocutores se relacionaban, ya no pesa como antes. Es pronto para saberlo.


También en las últimas horas aterrizó en Buenos Aires una delegación de la Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR, por sus siglas en inglés), encabezada por su número dos, Jeff Goettman. En gran medida, vino a monitorear el cumplimiento de la Argentina de lo pautado en el acuerdo comercial sellado en el primer semestre del año. Del Congreso se llevó una buena nueva: la media sanción del proyecto que adhiere a la Argentina al Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT). Era una cocarda que el Gobierno sabía de antemano que iba a poder mostrar. Más ríspidas fueron las conversaciones por temas de telecomunicaciones. Allí, Estados Unidos insiste en que quiere a Huawei fuera de la provisión de infraestructura estratégica. El caso de la Cooperativa Provincial de Servicios Públicos y Comunitarios de Neuquén (CALF), que selló un acuerdo con la compañía china para el tendido de fibra óptica e internet, y que fue cuestionado públicamente por la Embajada de los EE.UU. es un ejemplo. Pero la realidad es que hoy todas las grandes empresas de telecomunicaciones dependen de equipos chinos.



Muchos siguen con atención la demanda que la semana pasada el abogado santacruceño Sergio Luis Macagno presentó en los tribunales federales de Comodoro Py para que se investigue si los convenios entre la CALF y Huawei representan un riesgo para “la seguridad nacional, la soberanía tecnológica y los activos estratégicos vinculados a Vaca Muerta”. La denuncia cayó en el juzgado de Ariel Lijo. A veces, la diplomacia abre puertas por las que uno no termina de saber quién entra.


Por Florencia Donovan 


 

"Super Creepshow #2 (2026)"


 


 

jueves, 27 de agosto de 2026

Barbados y aviones privados: la ética del escondite


 

Barbados y aviones privados: la ética del escondite 


Dólares, yates y cascadas: el problema no reside en un dirigente ni tampoco es exclusivo de un determinado espacio político; lo que se ve es una cultura contagiosa y transversal 


Luciano Román 


LA NACION



Sergio Massa por Alfredo Sábat


Vestidores llenos de dólares, yates, aviones privados, cascadas en el country, sindicalistas que viven en edificios de lujo y dirigentes del fútbol, que son a la vez funcionarios, sospechados de tener mansiones y fortunas inexplicables. Son apenas algunas imágenes que, en unas pocas semanas, han dominado la agenda pública de la Argentina. Ahora se acaba de sumar un curioso periplo al Caribe del exministro de Economía Sergio Massa junto a su esposa, senadora provincial, y un grupo de amigos, en vuelos particulares financiados por empresarios. ¿Son hechos desconectados unos de otros o constituyen, en conjunto, el retrato de una cultura política? ¿Hablan de una simple afición de cierta dirigencia al lujo y la ostentación o expresan un fenómeno más complejo en el que la política se asocia al ocultamiento, la trampa y la oscuridad?


Vale la pena intentar una autopsia de la escapada massista a Barbados, no con el ánimo de reparar en las andanzas caribeñas de una figura pública, sino de indagar en una escala de valores que parece cada vez más extendida y naturalizada en la vida política.


El periplo, descripto con asepsia y rigurosidad en las crónicas de Nicolás Pizzi, incluyó una serie de maniobras distractivas con el objetivo obvio de no dejar rastros. Partieron de Montevideo y volvieron vía Paraguay, aunque fueron en una aeronave con autonomía suficiente para hacer el trayecto completo sin escalas. Salieron con pasaportes italianos. En todos los tramos utilizaron aviones privados pertenecientes a empresarios “amigos” que, aparentemente, les habrían “regalado” el vuelo, estimado en 400.000 dólares.


Los hechos abren una larga lista de interrogantes. ¿El “regalo” es un gesto de afecto y amistad o encubre un conflicto de intereses y una “devolución de gentilezas”? Massa hoy no es funcionario público, pero manejó hasta hace apenas treinta meses los resortes más sensibles de la administración nacional y vuelve a coquetear, en estos días, con una nueva candidatura presidencial. Su esposa integra la Legislatura bonaerense, donde se hace ostentación de opacidad. El préstamo de dos aviones privados ¿es pura generosidad o remite a un oscuro trapicheo de favores y promesas?


Tanto en el oficialismo como en la oposición se ha explicitado un patrón de medición para evaluar determinadas conductas: “¿es delito?”, preguntan en tono desafiante cuando se exponen hechos o actitudes que generan suspicacias. Parece desconocerse, así, la dimensión ética de ciertos comportamientos. Los valores de la ejemplaridad y la transparencia pierden jerarquía, como si el único límite para la acción pública fuera el Código Penal.


En el secretismo y el ocultamiento reside, sin embargo, la autoincriminación: si no hay nada que esconder, ¿por qué esconderlo? ¿Por qué apelar a una logística tan retorcida para que no se vea y no se sepa? Las respuestas son obvias: saben que hay algo difícil de explicar, saben que hay una contradicción chocante entre el discurso público y la acción privada.


La política naturaliza, así, una especie de “doble vida”: muestra una fachada y encubre la realidad. Hacia afuera, actúa sensibilidad popular, sencillez y austeridad. Cuando se da vuelta, practica la frivolidad, la componenda y el lujo. Declaman vocación de servicio, mientras ocultan una debilidad sospechosa por los jets privados. El problema no está en los gustos caros, sino en que nunca queda claro cómo se pagan.


Hay que retroceder casi diez años y exhumar una pequeña anécdota para comprobar que las maniobras de ocultamiento que rodearon el viaje a Barbados responden, de alguna forma, a un reflejo y una cultura que no es exactamente nueva. Ocurrió en diciembre de 2016, en Tigre: el líder del Frente Renovador recibió en su casa a funcionarios del gobierno nacional de aquel momento. Los agasajó con buenas bandejas de sushi. Pero cuando difundieron en las redes las fotos del encuentro, el sushi aparecía borrado por acción del Photoshop. La picardía se descubrió cuando circularon las imágenes reales. Ahí no había, efectivamente, nada que ocultar, pero se intentó maquillar la realidad, como si hubiera funcionado un reflejo automático para esconder y “vender” una escena distinta de la real.


El episodio, del que quedan registros perdidos en el archivo periodístico, puede ser insignificante, pero es revelador de una forma de concebir la acción política: se esconde hasta cuando no hace falta. Aquella vez, todo se zanjó echándole la culpa a un asesor que, supuestamente, se extralimitó al adulterar la foto. Pero si imagináramos un tribunal ético que juzgara hoy el caso Barbados, no faltaría un abogado sagaz que recordara el antecedente del sushi borrado para la tribuna.


El problema no reside en un dirigente ni tampoco es exclusivo de un determinado espacio político. Lo que se ve es una cultura contagiosa y transversal. ¿Por qué el caso Adorni le ha hecho tanto daño reputacional al gobierno de Milei? Porque aparecieron en el corazón del mundo libertario estas mismas prácticas, estas mismas maniobras de ocultamiento, este mismo divorcio entre el discurso y los hechos. ¿Hay una diferencia de escala y de montos? Puede ser. Pero la ética es un valor que no se mide en cantidad de ceros.


Ahora nos enteramos de que una sindicalista compró el piso pegado al de Cristina Kirchner, donde la expresidenta cumple prisión domiciliaria. ¿Con qué plata? ¿Para qué fin? Las respuestas remiten, otra vez, a maniobras de ocultamiento. La gremialista niega lo que los documentos confirman. ¿Qué tiene que ver esa operación con Massa, Insaurralde, Moyano, Adorni o Chiqui Tapia? Hay un hilo invisible que parece unirlos: la política como coartada y puesta en escena; una cultura que naturaliza la hipocresía, que intenta perfeccionar los mecanismos de escondite y disimulo; que busca no dejar huellas.


Hay una forma, sin embargo, de ver estas imágenes bajo el prisma de la esperanza: primero, nos muestran que el ocultamiento tiene un límite. A veces por obra de la casualidad, muchas otras por el trabajo del periodismo profesional, en ciertos casos por la acción de jueces o fiscales honestos, aquello que la política intenta esconder queda expuesto y en la superficie. Pero si vemos la reacción que producen estos hechos, también encontramos motivos para el optimismo: hay una sociedad que se niega a naturalizar la ética difusa de la política, que demanda coherencia y honestidad. Y que rescata la austeridad y la transparencia como valores centrales de la vida pública.


Un dato que puede parecer lateral nos recuerda la valoración que anida en el espíritu de la Argentina. La muestra por los 40 años de la muerte de Borges, en el Centro Cultural Recoleta, fue visitada, en pocas semanas, por más de 64.000 personas, según datos oficiales. Es gente de todas las edades, de la ciudad, pero también del interior. ¿Qué es lo que más las impactó? La recreación, con muebles y objetos originales, del dormitorio del genial escritor. Es un cuarto de una modestia y una austeridad conmovedoras; una especie de declaración de principios. Tiene apenas una cama sencilla, una mesa de luz, una silla y un escritorio que se destacan por su sobriedad.


En un país intoxicado de imágenes chocantes, burdas, estrafalarias, tal vez ese cuarto monacal nos ofrezca un respiro y hasta cierta inspiración. Representa un valor intangible, pero esencial: la ética de la austeridad. Está ahí. La política puede ir a verlo.


Por Luciano Román 


 

"Alien – King Killer #3 (2026)"