viernes, 11 de septiembre de 2026

Cuarenta días cruciales para el Gobierno y la oposición


 

 LA NACION > Política 


Cuarenta días cruciales para el Gobierno y la oposición


Las elecciones en Brasil, Israel y, sobre todo, en EE.UU., desvelan a oficialistas, opositores y outsiders; mientras, los 18 mejores meses mileístas se hacen esperar, como los brotes verdes de Macri, aunque quizá no tanto como la baja de la inflación de Massa


11 de septiembre de 2026


LA NACION


Claudio Jacquelin



Benjamin Netanyahu, Lula da Silva, Javier Milei y Donald Trump por Alfredo Sábat


La evolución de la economía real y cómo se despejen tres incógnitas internacionales en los próximos cuarenta días serán cruciales para empezar a definir el mapa electoral de 2027. El punto de quiebre en el calendario está fijado en la primera semana de noviembre. Mientras tanto, lo que ocurra habrá que mirarlo como acciones preparatorias, nada menores, para el posicionamiento final.


El horizonte sigue demasiado brumoso. En los últimos 10 días se ha registrado un choque de cifras convertidas en insumos de la disputa por la narrativa sobre el cuadro de la situación económica, en la que se enfrentan el Gobierno, economistas de diversas escuelas, empresarios y, sobre todo, políticos del oficialismo y de la oposición.



Luz, cámara, Malvinas

Este jueves, la baja de la inflación en agosto, que con un 1,7% tocó el piso de los últimos 14 meses, vino a competir con la difusión, en los días previos, de diversos indicadores oficiales de signo negativo respecto de la actividad económica, como los números de caída de la industria y de la construcción (principales dadores de trabajo) y la destrucción de empleo formal privado.


Esa proliferación de indicadores de signos contrapuestos le agregó condimento y suspenso a la dinámica político-electoral, ante la imposibilidad de imponer un relato dominante. Todo sigue siendo gris.


Sin embargo, para desvelo del oficialismo no parece que la nueva disminución registrada en el índice general de precios al consumidor alcance hoy para cambiar la mirada negativa o pesimista sobre la realidad política-económica que tiene más del 60% de los argentinos. La inflación ha sido desplazada en el ranking de los temas que más preocupan a la sociedad por el empleo, los ingresos, la pobreza, el consumo, el endeudamiento y la corrupción, en casi todas las encuestas.



Malvinas no alcanza

Así, después del breve paréntesis que impuso la conversión nacionalista de la administración de Javier Milei, con la reivindicación de la soberanía sobre las Islas Malvinas y el anuncio de medidas en consecuencia, se reinstaló en el centro de la escena la disputa de sentido respecto de la realidad económica y la percepción ciudadana al respecto. El bolsillo sigue mandando.


El dominio absoluto de la agenda pública por parte del Gobierno con la cadena nacional por el diferendo con Gran Bretaña duró poco más de 72 horas, según diversas encuestas y relevamientos de la conversación en redes sociales como los realizados por las consultoras Management Fit y AdHoc.


Lo efímero de esa preeminencia temática tiene además el agravante de que el tenor de las interacciones digitales y de las respuestas de los encuestados resultaron más críticas que elogiosas para con la administración libertaria.


Se trata de un resultado demasiado magro para la expectativa y la pompa con la que se abrazó a la bandera soberanista el Gobierno, que procura que se sostenga el interés por la cuestión Malvinas para ayudarlo a transitar estos meses complicados. Tiene la ilusión de poder mostrar un panorama económico más auspicioso en los próximos dos meses, apalancado en algunas de las tibias medidas tomadas recientemente, destinadas a mover en algo la actividad.


La opinión mayoritaria de los economistas no oficialistas, sin embargo, no avala ese optimismo. La perspectiva de una mejora sensible en la economía personal en ese tiempo no está en sus cálculos, al menos mientras siga primando el fundamentalismo de Milei y su coloso Federico Sturzenegger. Contra la opinión, con muchos matices, de casi todo el resto del gabinete, incluido el ministro de Economía, Luis Caputo, que sobreactúa obediencia discursiva y demanda respeto de los críticos a los que disfruta de descalificar con epítetos que en su vida no mileísta se le desconocían.


Por eso, entre la dirigencia política, luego de la sorpresa y el impacto que causó el muy preparado y promocionado anuncio malvinero, volvió la dispersión y cierto desconcierto, que operan como retardadores para la toma de muchas decisiones en la oposición y entre los aliados o fuerzas colaboracionistas con el Gobierno.


La política mira y no ayuda

En el universo no mileísta husmean la sopa espesa en la que se mueve la economía real para diferir cualquier definición respecto de su vínculo con el Gobierno con miras a 2027 tanto como para sacar provecho de las fragilidades que le impone al oficialismo la realidad. Hasta el macrismo domesticado arrastra los pies en el camino hacia algún acuerdo, aunque no ha dejado de andar en ese sentido.


La instalación, el miércoles, en el recinto de la Cámara de Diputados por parte de los opositores de dos temas urticantes para la Casa Rosada, como son el endeudamiento y la morosidad de los individuos (que sigue en el centro de la agenda, a pesar de los esfuerzos minimizadores del Gobierno) y los fondos para la discapacidad, constituye una foto fidedigna del estado de cosas. Los 18 mejores meses mileístas se hacen esperar, como los brotes verdes de Macri, aunque quizá no tanto como la baja de la inflación de Massa.


A pesar de que el mileísmo trató de disimularlo sumándose al quorum que ya tenían los opositores, sufrió un golpe la Cámara baja que había intentado evitar por muchas vías y numerosas promesas, pero apenas lo atenuó y logró dilatar el abordaje de la cuestión de fondo. Ganar tiempo sigue siendo un objetivo y cada día cuenta.


No obstante, ciertas demoras inquietan en la Casa Rosada. El empantanamiento de la reforma político-electoral es el caso más paradigmático, en particular en lo que refiere a la eliminación o la suspensión de las PASO, por lo que se afana el oficialismo para dificultar la conformación de una oferta competitiva opositora. Más ahora cuando los números muestran que la chance de lograr la reelección de Milei sigue estando en el margen de lo probable, pero lejos todavía de lo seguro. Una incertidumbre que, en la medida, que se prolongue altera los nervios y lleva a revisar la exposición de los inversores al riesgo argentino.


Los tiempos que calculaba hace menos de dos meses para el tratamiento de esa reforma el siempre optimista jefe de Gabinete, Diego Santilli, ya están vencidos. El exmacrista le auguraba a los hermanos Milei que este mes se aprobaría en Diputados. Todavía el proyecto del Poder Ejecutivo no solo no tiene dictamen de comisión, siquiera, sino que hasta para los propios todavía es susceptible de cambios importantes. La realidad le ofrece una ecuación de suma cero: el tiempo que el Gobierno gana por un lado lo pierde por otro.


“El temor mayor es que no se pueda sancionar antes de fin de año”, admite una de las espadas mileístas en la Cámara de Diputados, que no descarta que quede para que el Senado lo trate en febrero, en sesiones extraordinarias.


“Sería muy complicado si tuviéramos que intentar la sanción ya en el mismo año electoral. No va a ser lo mismo que en 2025 cuando se logró la suspensión de las PASO aunque era un año electoral. Y el precio de los gobernadores con los que tenemos que negociar los votos en el Congreso va a ser altísimo, además de que tenemos que acordar con ellos lo que se hará en las elecciones de cada provincia”, agregan las fuentes parlamentarias mileístas.


El armado para llevar a buen puerto la reforma no es sencillo, sobre todo porque para aprobar leyes electorales se exige mayoría especial de la mitad más uno de los miembros de cada cámara. Es decir, 129 manos en Diputados y 37 en el Senado. La incertidumbre cuesta cara.


Elecciones de otros

Por otra parte, todos los jugadores esperan que se develen tres incógnitas electorales internacionales que se definirían entre la última semana de octubre y la primera de noviembre.


El 25 de octubre está previsto que se celebre la segunda vuelta de la elección presidencial en Brasil, realización que se da por descontada, ya que no hay previsiones de que ninguno de los dos candidatos con más chances de ganar (el actual presidente, Lula da Silva, y el derechista Flávio Bolsonaro) puedan obtener la mitad más uno de los votos en la primera vuelta por efectuarse el 4 del mes próximo.


Rota en la práctica la relación diplomática en la actualidad, a raíz de los insultos de Milei a Lula, el presidente argentino apuesta todo al triunfo del hijo del expresidente Jair Bolsonaro, actualmente en prisión por su participación en el intento de golpe de Estado, el 8 de enero de 2023. La condición de primer socio comercial de la Argentina exime de mayores explicaciones sobre la importancia de esta elección.


Un día después de la segunda vuelta brasileña, se hará la elección en Israel, donde las encuestas indican que el primer ministro y aliado personal de Milei, Benjamin Netanyahu, tiene todas las de perder. El peso, sobre todo simbólico, de este vínculo, que llevó a un alineamiento acrítico, explica la relevancia de estos comicios.


De todas maneras, nada supera la importancia de las elecciones de medio término de los Estados Unidos, pese a que no sean presidenciales y aunque el faro máximo de Milei, Donald Trump, seguirá en el cargo sea cual fuere el resultado. Si es derrotado su partido y pierde el control de una o las dos cámaras del Congreso, lo cual asoma como altamente probable en este momento, significaría un golpe muy fuerte para el gobierno libertario. La administración trumpista, con la adhesión absoluta de Milei al excéntrico republicano, es garante de supervivencia y ha sido el fiador de última instancia.


La reacción de los mercados en caso de una derrota de Trump, que lo convierta en un pato demasiado rengo, podría tener sobre la Argentina un impacto muy duro en varias dimensiones. Tanto en cuanto al riesgo país como respecto de planes de inversiones. La incertidumbre financiera y la incertidumbre político-electoral tenderían a retroalimentarse a niveles impredecibles.


De suceder un triunfo trumpista, Milei no tendría asegurada la reelección, ya que hay demasiados cabos sueltos internos aun como para que estos factores externos tengan tanto peso, pero su proyecto de permanecer en el poder más allá de 2027 recibiría un fuerte envión.


Por eso, todas las martingalas y especulaciones electorales están en suspenso. Y algunos eventuales candidatos demoran sus definiciones hasta dentro de dos meses. Así lo explicitó el outsider empresario de medios Daniel Hadad, quien vive buena parte del tiempo en Miami y sabe como pocos la relevancia del resultado de la elección norteamericana. Para los influyentes aliados que tiene en ese país uno u otro resultado será determinantes.


Pero no es el único en esa situación. En el peronismo, muy especialmente, esperan que en la primera semana de noviembre se aclare el panorama. Saben que después de eso no les quedará mucho más tiempo disponible para definir su armado electoral, ya que antes de discutir candidaturas deben resolver su profunda fractura interna, que solo los principales dirigentes peronistas confían que al final se solucionará. Mientras tanto, juegan con las fichas ajenas que le proveen la pálida realidad económica y las incógnitas internacionales, que, dicho sea de paso, no se limitan a esas tres elecciones, aunque estas corren con la ventaja de que tienen fecha para su esclarecimiento.


Mientras tanto, Axel Kicillof sigue moviéndose y tratando de construir confianza fuera de su pequeño circulo de leales, pero sin lograr todavía ninguna promesa de fidelidad.


El gobernador bonaerense ya tiene que lidiar con la hiperactividad y la sombra que ha vuelto a proyectar Sergio Massa, a pesar del reciente escándalo de su viaje en avión privado al Caribe y la inflación del 211% que dejó su gestión como ministro de Economía, entre otras opacidades. Así como Milei se autodenomina doctor, el tigrense se autoeligió como arquitecto de la unidad peronista, con la pretensión de quedarse con la suite presidencial de esa casa hoy llena de goteras y fisuras.


Quedan por delante 40 días cruciales en los que prometen pasar demasiadas cosas. Noviembre será la línea de largada del proceso electoral.


Por Claudio Jacquelin


 

"The Walking Dead Deluxe #12"


 


 

jueves, 10 de septiembre de 2026

De una clase a una calle: los “paisajes conmemorativos” y el merecido homenaje a Cabezas


 

 COLUMNISTAS 


Opinión


De una clase a una calle: los “paisajes conmemorativos” y el merecido homenaje a Cabezas


Rodrigo Lloret


Diario Perfil



‘No se olviden’ |Jose Luis Cabezas por Pablo Temes


Mientras en Buenos Aires se estaba gestando la investigación periodística que a mediados de los noventa terminaría costándole la vida a José Luis Cabezas, Derek Alderman empezaba a elaborar en Estados Unidos una valiosa tesis académica que ahora permite iluminar la decisión que tomó esta semana la Legislatura porteña, cuando le rindió homenaje al fotógrafo de la revista Noticias, asesinado hace tres décadas. Geógrafo urbano y docente de la Universidad de Tennessee, Alderman dedicó buena parte de su carrera a estudiar por qué el cambio de nombre de algunas calles permite recrear una memoria colectiva y socialmente compartida, antecedente por el cual logró acuñar el concepto de “paisaje conmemorativo”: se trata de los espacios públicos en los que se disputa qué parte del pasado merece perdurar en el terreno de la cotidianidad y quién tiene derecho a decidirlo.


Autor de muy interesantes ensayos, como La vida política de los paisajes urbanos: nomenclatura, política y lugar o Monumentos de los derechos civiles y la geografía de la memoria, Alderman analizó el devenir por el cual el nombre de Martin Luther King se impulsó en las calles del sur de Estados Unidos, luego de su asesinato. Fueron procesos que demostraron que los renombramientos de calles más emotivos no suelen originarse en el poder, sino que surgen como una reivindicación desde abajo: la insistencia de familiares, colegas o de la propia comunidad, que durante años empujan una demanda simbólica, hasta que el Estado las recupera para convertirlas en ley. Ese patrón de la memoria que se abre paso desde la sociedad civil, no desde el aparato estatal, fue exactamente el que atravesó el proyecto para que una traza de la calle California pase a llamarse José Luis Cabezas.


Todo comenzó a principios de año, cuando estaba dictando clases en la Universidad del Sur de Buenos Aires (USBA), que funciona en la sede de Editorial Perfil. El calor del verano se empecinaba en permanecer en la ciudad y estábamos analizando —otra vez— los insultos de Javier Milei contra varios periodistas. Muchos estudiantes estaban enojados con el Presidente y, en mi rol de docente, compartía la gravedad de la situación y coincidía en que era algo que no podíamos naturalizar, pero me esforzaba en señalar que debíamos poner las cosas en su justa dimensión: era una situación compleja para ejercer el periodismo, claro, pero no era el peor momento de nuestra profesión. Ahí fue cuando recordé a Cabezas. Lo mencioné como al pasar, entendiendo que no necesitaba mayor explicación.


Pero descubrí algo que no esperaba. Algo que me sorprendió. Algunos de los estudiantes comentaron que no conocían a fondo la historia. Otros dijeron que sabían quién había sido el fotógrafo asesinado, pero no estaban seguros de las causas de su muerte. “Yo no sé quién fue Cabezas”, completó desde el fondo del aula una joven de 20 años. Ninguno había nacido cuando el 25 de enero de 1997 apareció el cuerpo de José Luis en una cava de Pinamar, con dos tiros en la nuca, esposado y en su auto carbonizado. Tuve que recuperar el aliento, detener la clase y explicar la historia completa. Desde el principio y con todos los detalles. Sentí estar hablando de un episodio muy remoto, en lugar de hacerlo sobre una herida reciente de la democracia argentina. Esa mañana entendí que si la memoria no se construye, la memoria se apaga. También comprendí que si en algún lugar debíamos rendir homenaje a Cabezas, ese lugar debía ser la sede de esta universidad, donde también funciona el diario Perfil y donde Jose Luis estaría ahora trabajando en la redacción de Noticias, si no lo hubieran asesinado.


La vinculación con el barrio de Barracas con Perfil no se detiene en esa coincidencia territorial. También es necesario reparar en los antecedentes que ayer recordó Jorge Fontevecchia en este diario: el edificio de Editorial Perfil, ubicado la calle California, fue atacado con bombas dos veces, en noviembre de 1992 y en diciembre de 1995. Fueron momentos en los que la revista Noticias empezaba a denunciar a Alfredo Yabrán, con artículos en los que se detallaban sus negocios oscuros, pero en los que no había fotos del empresario que permitieran ilustrar las investigaciones periodísticos. Hasta que el 5 de marzo de 1996 se publicó la tapa de Noticias con la imagen que Cabezas logró de Alfredo Yabrán, caminando por las playas de Pinamar. Esa revista se imprimió en este edificio y desde aquí se distribuyó hacia todos los kioscos del país. Y aquí también se imprimió y se distribuyó más tarde, el 26 de enero de 1997, la tapa negra de Noticias, en la que se anunció el horrendo crimen de José Luis.


La calle California pasará a llamarse José Luis Cabezas.


Todo estos antecedentes fueron los me llevaron a impulsar, como rector de la USBA, el proyecto para que la calle California, donde funciona Editorial Perfil y su universidad, sea rebautizada José Luis Cabezas. “Cabezas fue secuestrado, torturado y asesinado luego de haber realizado una de las fotografías más emblemáticas del periodismo argentino: la imagen del empresario Alfredo Yabrán, quien hasta ese momento había logrado mantenerse en las sombras, evitando sistemáticamente la exposición pública. Aquella fotografía no fue solo un documento periodístico: fue un acto de revelación que permitió mostrar el rostro de quien operaba desde la impunidad que le permitía la invisibilidad. Esa foto representó, en términos políticos y simbólicos, un desafío directo a las estructuras del poder mafioso que caracterizaron los noventa”, decía el fundamento de la carta presentada desde la sociedad civil para tratamiento legislativo, tal y como lo indica la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires.


“El asesinato de Cabezas no fue un hecho aislado ni un crimen común. Fue un mensaje mafioso. Un intento de disciplinamiento hacia el periodismo y hacia toda la sociedad. La violencia ejercida contra Cabezas buscó instalar el miedo, limitar la capacidad de denuncia y condicionar la circulación de la información en una democracia que entonces estaba aún en proceso de consolidación”, finalizaba la carta para solicitar el homenaje a Cabezas, que fue presentada por la USBA con el apoyo de más de trescientos empleados y estudiantes de Perfil, y que luego sería respaldada por la Academia de Periodismo, ADEPA y más de setecientos periodistas de todo el país que firmaron la solicitada para respaldar el cambio de calle en honor al fotógrafo asesinado.


La presentamos formalmente ante la Legislatura porteña el 20 de abril, bajo el expediente 1404-D/2026, dirigido a la presidenta del cuerpo, Clara Muzzio. El vicepresidente del organismo, Matías López, del bloque Vamos por Más, retomó la iniciativa y la convirtió en proyecto de ley. Se sumaron como coautores los presidentes de bloque del macrismo, del peronismo, del radicalismo y del larretismo. La Libertad Avanza no lo firmó. El 14 de mayo se votó en primera lectura y salió aprobado por unanimidad: 58 presentes, 58 votos afirmativos. Es importante reparar en ese consenso político: desde el PRO a la izquierda, desde el radicalismo hasta el peronismo, incluso con el apoyo de los libertarios. El proyecto se consolidaba con una unanimidad realmente impensada en medio de la extrema polarización política que se vive en Argentina. Pero en la votación definitiva, que se produjo el jueves pasado, el bloque de La Libertad Avanza optó por la abstención. El resultado obtenido, no obstante, fue de un amplio y plural apoyo: 44 votos afirmativos, cero negativos y 12 abstenciones libertarias. Había nacido la calle José Luis Cabezas: irá desde el 3400 hasta el 2100, donde continuará, a pedido de los vecinos de Barracas y La Boca, la denominación histórica de California.


Pero faltaba sumar una escena que no entra en ningún expediente legislativo. Aunque termina siendo el verdadero corazón de esta historia. Cuando salí de la Legislatura, llamé a Gladys Cabezas, hermana de José Luis, para contarle de primera mano tan importante noticia. Ya habíamos hablado al inicio del proyecto, cuando la consulté para saber si estaba de acuerdo y me confirmó que la familia de José Luis apoyaba la iniciativa. Ahora me agradeció, en nombre de ella y en nombre de los hijos de José Luis. Le conté también que el 25 de enero de 2027, cuando se cumplan treinta años del crimen, la Legislatura inaugurará en la esquina de Editorial Perfil un monolito con el nombre de Cabezas. Emocionada, volvió a agradecer y me confesó: “El año que viene quiero que hagamos ahí el acto. No quiero ir más a Pinamar. Quiero cerrar un ciclo”. Lo que no me dijo Gladys, pero pude entender sin palabras, es que durante tres décadas, cada 25 de enero, la familia de Cabezas viajaba a Pinamar para recordar a José Luis en un ambiente inhóspito: era volver al lugar donde lo habían asesinado. Ahora será distinto. Porque la calle Cabezas habla de su legado, habla de su memoria.


Entonces le conté a Gladys algo más. Le dije que en Perfil veníamos elaborando una idea que queríamos compartir con la familia de Cabezas: el próximo 25 de enero de 2027 queremos organizar un recital gratuito (y ojalá masivo) para inaugurar el monolito y la calle en honor a José Luis. Rodeados por los hijos y por el nieto de José Luis, queremos reunir a bandas de rock y de música popular para celebrar junto a cientos de periodistas y vecinos de Barracas que nosotros no nos vamos a olvidar de Cabezas. Nunca.


 

Luz, cámara, Malvinas


 

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Luz, cámara, Malvinas


Milei parece próximo al curso de acción que prefirió el kirchnerismo: ejercer una especie de embargo sobre la población de las islas acorralando con sanciones a los potenciales inversores; el papel de Santiago Caputo y el caso Bluewater que deja en offside al Gobierno


10 de septiembre de 2026


LA NACION


Carlos Pagni



Javier Milei por Alfredo Sábat


Dos novedades internacionales están modelando la estrategia de Javier Milei para defender, como obliga la Constitución, la soberanía argentina sobre las islas Malvinas. La primera es la divergencia cada vez más profunda entre los Estados Unidos e Israel, por un lado, y el Reino Unido, acompañado por Francia y Canadá, por otro, respecto de los conflictos de Medio Oriente. Es imposible saber qué duración tendrá ese entredicho entre antiguos aliados. La otra novedad es el atractivo económico de Vaca Muerta, que es utilizado por el Gobierno como herramienta de presión para inhibir a las petroleras que quieran hacer negocios con los “kelpers”.


La escena que se configuró a partir de estos factores, que tienen alcance muy diverso, fortalece una decisión que Milei parece haber tomado hace ya tiempo. Él está relativizando la estrategia fundada por Miguel Ángel Zavala Ortiz durante el gobierno de Arturo Illia, que consistió en apostar a las negociaciones con Londres en el marco de las Naciones Unidas. El Presidente está más próximo al curso de acción que prefirió el kirchnerismo: ejercer una especie de embargo sobre la población de las islas acorralando con sanciones a los potenciales inversores que quieran hacer negocios habilitados por el gobierno usurpador.



El desencuentro de los Estados Unidos e Israel con el Reino Unido tuvo una manifestación muy elocuente en marzo pasado, cuando el gobierno laborista de Keir Starmer se negó a autorizar al de Donald Trump a utilizar la base militar de la isla Diego García para atacar a Irán. Más agresivo que ese veto fue el argumento en que se sostuvo: Irán no era el agresor sino el agredido. Si se repasa la historia de la alianza militar norteamericano-británica, esa fue una diferencia de primera magnitud. En ese contexto apareció un cable del Pentágono que insinuaba que Washington podría revisar su neutralidad en el diferendo por Malvinas.


El episodio ligado a la guerra contra Irán se inscribe en una tensión más amplia: la decisión de Trump de replegar a los Estados Unidos de su rol de garante de la defensa atlántica, exigiendo un mayor aporte económico europeo al sostenimiento de la OTAN. También en este punto Londres está enfrentada con Washington. El gobierno laborista se niega a hacer los recortes fiscales a los que estaría obligado si tuviera que contribuir, como pretende Trump, con 3% de su PBI al sostenimiento de la organización militar aliada. El actual primer ministro, Andy Burnham, promete cumplir con ese requisito para 2035. Pragmáticos, los ingleses se proponen arrastrar los pies hasta que Trump abandone la Casa Blanca. Como si la retracción norteamericana fuera una ocurrencia exclusiva del actual presidente.


En este clima de desavenencia, la semana pasada Trump repitió los términos de aquel cable del Pentágono. Milei, impulsado por Santiago Caputo, el “Mago del Kremlin”, le tomó la palabra y lanzó una iniciativa política que ocupa hoy los principales esfuerzos de la administración.



A esta divergencia se agregó la crítica del Reino Unido, Francia y Canadá contra Israel por la expansión de los asentamientos de colonos sobre Cisjordania. La posición tradicional del Reino Unido es que la ocupación israelí sobre esos territorios de Cisjordania viola el derecho internacional. Además de ratificar esa tesis, el gobierno del laborista Andy Burnham propuso castigar a las compañías que faciliten el establecimiento de israelíes en esa región. El principal argumento de Burnham es que Israel dificulta la existencia de un Estado palestino con territorio en Cisjordania y Gaza. Además, denuncia que la ocupación se realiza con violencia.


Burnham es criticado por la oposición conservadora, que alerta sobre el costo que puede tener para Gran Bretaña un conflicto con Israel y con empresas que operen en la Cisjordania ocupada.


La reacción en Israel ha sido, siguiendo a Trump, utilizar la usurpación de las Malvinas como argumento contra Londres. En un juego de espejos, el ministro de Seguridad israelí, Itamar Ben-Gvir, pidió a Benjamin Netanyahu que sancione al Reino Unido por la anexión ilegal de Malvinas.


La defensa británica en el Parlamento es muy significativa para la disputa con la Argentina: el avance de los colonos israelíes no sería igual a la presencia del Reino Unido en las islas porque es resistido por el pueblo palestino. En otras palabras, los británicos apelan al principio de autodeterminación de los pueblos, al deseo de la población radicada en las tierras en conflicto. Es una diferencia importantísima con la diplomacia argentina, que siempre ha considerado que los “kelpers” no son el “pueblo” de Malvinas sino una población implantada por una apropiación ilegal. Para dirimir la soberanía se pueden tener en cuenta los intereses de los habitantes, pero no sus deseos. De este debate depende, entre otras cosas, qué comité de Naciones Unidas tiene competencia sobre el diferendo. La Argentina siempre fue exitosa en conseguir que sea el comité de descolonización.


Más allá de las diversas modulaciones de estos conflictos entrelazados, apareció un fenómeno nuevo del que Milei intenta sacar todo el provecho posible. Es este: la ocupación de Malvinas se ha convertido para el Reino Unido en una vulnerabilidad en la que hunden el puñal las potencias que rivalizan con él.


El gobierno libertario profundizó una estrategia que ya había esbozado. Cuando la canciller Diana Mondino justificó un voto en contra del embargo norteamericano a Cuba en la Asamblea General de Naciones Unidas con el argumento de que, si no acompañábamos esa posición tradicional, no conseguiríamos los votos contra el Reino Unido en la cuestión Malvinas, Milei no dudó en despedirla. Demostró allí que él no sacralizaba la escena multilateral de la ONU. Y que prefería mucho más obtener beneficios de una lealtad canina hacia los Estados Unidos de Trump.


Milei tiene derecho a pensar que eligió el camino correcto. Por las ambiguas declaraciones de Trump y por la posición pro argentina de su otro aliado, la derecha israelí. A la luz de ese éxito, la Casa Rosada vuelve a confiar en la estrategia que arrojó a Mondino fuera del palacio. El reclamo por Malvinas no debe sostenerse tanto en las gestiones multilaterales como en el hostigamiento a la economía “kelper” a través de algo muy parecido a un embargo. La administración libertaria se distancia, entonces, de la línea radical. Y se recuesta sobre la del kirchnerismo. La ley que el Poder Ejecutivo enviará al Congreso potencia la que en su momento impulsaron dos nacionalistas como Pino Solanas y Cristina Kirchner. Con una curiosidad: el espíritu de esa normativa procede de un proyecto frustrado de Eduardo Menem, quien siendo senador siempre mantuvo en relación con las Malvinas un temperamento mucho más combativo que el que convalidaba su hermano Carlos, respaldando al canciller Guido Di Tella. En el menemismo convivieron dos concepciones alrededor de esa disputa: la de Carlos Menem/Di Tella y la de Eduardo Menem/Mario Cámpora, su asesor en la materia.


No deben sorprender algunas afinidades. La Libertad Avanza tiene algunas expresiones nacionalistas afines e incluso más marcadas que las del kirchnerismo. Basta repasar los mensajes del “Mago” Caputo a través de su cuenta de X. Allí declaró que para los Estados Unidos “Inglaterra es el pasado y la Argentina es el futuro”. Dijo que para defender la soberanía territorial la Argentina debe ser, entre otras cosas, “militarmente respetable”, una afirmación inquietante en el contexto de la discusión sobre Malvinas. Caputo también señaló como agentes británicos a quienes se opongan a las actuales decisiones del Gobierno en relación con esta materia. Y ordenó: “Márquenlos”. Bromas de un mago.


La decisión de sancionar a empresas que hagan negocios concedidos por el gobierno “kelper” en territorio argentino se apalanca sobre otra novedad de época: el valor que tiene la formación Vaca Muerta para las empresas internacionales de servicios petroleros. La amenaza de “no hacés negocios en la Argentina si te involucras con los negocios de los usurpadores en Malvinas” tiene otro voltaje. Milei resolvió llevarla a fondo. Más allá de lo que en su momento ensayaron Cristina Kirchner o Alberto Fernández.


El programa de sanciones debe atravesar algunas encrucijadas críticas que, cabe esperar, ya fueron contempladas. Son los desafíos propios de un sector, el petrolero, en el que las operaciones suelen estar entrelazadas. El Gobierno ya experimentó este problema. Una de las notificaciones que advertía sobre castigos a empresas que operaran en relación con el proyecto Sea Lion, en Malvinas, estaba dirigida a la empresa Bluewater. Es la compañía de servicios contratada por Navitas, la principal accionista del consorcio que opera en las islas, para proveer la planta flotante para la extracción de petróleo de Sea Lion.


Gracias al aviso de un diplomático advertido de esta historia, se demoró el envío de la carta. Sencillo: Bluewater es la fabricante de las dos monoboyas en las que se sostendrá el oleoducto que sacará el petróleo de Vaca Muerta a través del puerto de Punta Colorada. Las autoridades hicieron una excepción y esperaron a que esas boyas salieran de Dubai, sortearan el bloqueo del estrecho de Ormuz y fueran transportadas hasta la Argentina.


Las fechas de los contratos de Bluewater plantean un problema. En junio de 2025 el consorcio que opera el oleoducto, al que pertenece YPF, contrató a esta compañía como proveedora de las monoboyas. Pero Bluewater ya tenía un contrato con Navitas, de Sea Lion, que ya era público en enero de ese año. La ley que prevé sanciones para casos de este tipo, y que Milei quiere endurecer, no se aplicó. ¿Se ignoraba la relación de Bluewater con Navitas? ¿O el Gobierno no estaba tan sensibilizado con las inversiones en Malvinas como empezó a estarlo después de las declaraciones de Trump?


Anoche, el canciller Pablo Quirno y el procurador del Tesoro, Sebastián Amerio, redactaron otra tanda de denuncias contra firmas que colaboraron, de un modo u otro, con la explotación petrolera de Malvinas. En el marco de esta vía de acción, el caso Bluewater habilita a plantear algunas incógnitas que ya deben haber sido despejadas por el “Mago” y los funcionarios oficiales. Por ejemplo, ¿qué bancos financiaron a Navitas, la empresa israelí que, en sociedad con la inglesa Rockhopper, opera Sea Lion? ¿Son bancos que gestionan intereses argentinos?


Es posible que Luis “Toto” Caputo y el propio Quirno, ex secretario de Finanzas, se lo estén preguntando. Otro interrogante: ¿cuáles son las compañías de trading que comercializarán el petróleo argentino usurpado en Sea Lion? En ese rubro no hay muchas firmas. ¿Ninguna opera u operará en Vaca Muerta? No hay por qué dudar de la consistencia técnica de la arremetida penal de la Casa Rosada. En todo caso, esa consistencia se podrá calibrar por un detalle: las excepciones que se vayan decidiendo, como en el caso de la demora con Bluewater.


Un detalle relevante: el procurador Amerio está en contacto permanente con el ministro de Economía para evaluar el costo eventual de las denuncias. Habrá que ver cómo se proyecta esta prudencia sobre la redacción de la reforma a la ley de sanciones. Es posible que se introduzcan dispositivos disuasivos más que punitivos.


Es posible que entre las excepciones en danza esté la situación de Eduardo Elsztain. Este reconocido empresario estuvo comprando desde 2005 acciones de la Falkland Islands Holding, controlante de Falkland Islands Company, la empresa que durante años controló casi toda la economía de Malvinas. Elsztain publicó una nota explicando esa operación. El texto es muy interesante en varios aspectos. Uno de ellos: en 2017, cuando estuvo cerca de convertirse en accionista mayoritario, el gobierno británico lo bloqueó con el argumento de su origen argentino. Elsztain recuerda ese antecedente para verificar que él no pretendía sólo hacer negocios en Malvinas: creía que la posición que había adquirido forzaría un acercamiento capaz de facilitar la discusión de soberanía.


La evocación de Elsztain hace juego con la ocurrencia de un experto que se acercó a Julio De Vido en pleno kirchnerismo para sugerirle: “Si varios empresarios siguen a Elsztain, una vez que los argentinos controlen la Falkland Islands Company pueden bloquear todo el juego ‘kelper’ en las islas”. La ocurrencia no voló.


La carta de Elsztain justificando sus negocios en Malvinas tiene otro aspecto interesante. Reivindica un enfoque particular del problema de la soberanía. Es el punto de vista que adoptaron Carlos Menem y Di Tella. Para recuperar las islas no hay que hostigar a los “kelpers”. Al revés, hay que involucrarse con ellos a partir de los negocios. Si esos lazos se fortalecen, habrá un día en que la discusión por la soberanía será inevitable. Si algo no se puede sospechar de Elsztain es que sea crítico del gobierno de Milei. Aun cuando, en contra de una versión muy extendida, no le haya prestado un departamento a la hermana del Presidente. Sin embargo, la nota de este empresario es una crítica tácita, implícita, pero muy fundada, a la vía que acaba de adoptar el Gobierno.


El “Mago” Caputo parece haber ordenado: “Luz, cámara, Malvinas”. Es natural. La soberanía argentina sobre las islas se convirtió en un argumento de conflictos mucho más globales. Fue puesta en el centro de la escena internacional por Trump y por el gobierno israelí en su disputa con el Reino Unido. Imposible no aprovechar esa oportunidad. Caputo la aprovechó al cuadrado: avanzó también sobre el presupuesto de la administración y fortaleció las áreas que él domina. En especial, la SIDE y sus fondos reservados. Otro desafío a la señorita Milei.


La puesta en escena no alivia al Gobierno en otros frentes. Desde la batalla parlamentaria por las moras financieras, hasta el nuevo derrumbe de la construcción y de la industria. Malvinas debe compensar esos sinsabores. Con una dificultad. Como señaló la especialista en campañas electorales Ana Iparraguirre, es casi imposible llevar agua para el propio molino cuando se trata de una cuestión que, como la “sagrada causa” de Malvinas, no provoca debate alguno. El “Mago” por un momento exhibió algún sentido del humor y ordenó “márquenlos”. Pero no hay a quien marcar.


Por Carlos Pagni


 

"Ediciones Record: Revista SKORPIO 205 - Mayo de 1993" (¡¡¡116 PAGINAS!!!)