viernes, 24 de abril de 2026

La Argentina en un mundo nuevo


 

 OPINIóN 


La Argentina en un mundo nuevo


El alineamiento irrestricto de Milei con Estados Unidos e Israel en el conflicto en Medio Oriente es una decisión de doble filo. Geopolítica y pensamiento místico


James Neilson

Former editor of the Buenos Aires Herald (1979-1986)


Revista Noticias



Javier Milei por Pablo Temes


Con rapidez previsible pero para muchos sorprendente, el orden mundial que siguió a la implosión de la Unión Soviética está derrumbándose. Debilitado internamente por el cansancio cultural de los pueblos que lo sostienen, se ve amenazado por el colapso casi universal de la tasa de natalidad, por la inmigración de millones de personas desde zonas pobres de Asia, África y América latina que esperan entrar en países relativamente ricos que, uno tras otro, están cerrándoles las puertas además, claro está, por el expansionismo neo-zarista de la Rusia de Vladimir Putin, la creciente agresividad yihadista y el desafío económico planteado por China.




También está motivando cada vez más preocupación el impacto del desarrollo tecnológico, en especial de la inteligencia artificial, que según los más optimistas -o pesimistas- está por encargarse de una multitud de tareas bien remuneradas, privando a quienes las desempeñan de sus empleos y, lo que en términos políticos es aún más importante, de su lugar en la sociedad. Huelga decir que el clima de incertidumbre así generado no augura nada bueno. Por el contrario, al favorecer a demagogos de todo tipo, asegura que la transición que está en marcha sea tumultuosa. A menos que tengamos mucha suerte, podría ser catastrófica.





Con todo, para la Argentina que, como es notorio, no supo aprovechar las oportunidades que le proporcionaba la época que está acercándose a su fin, las perspectivas abiertas por los cambios que están en marcha podrían ser positivas. Por fortuna, ya se ha transformado en un país exportador de petróleo y gas; aun cuando se restaure pronto el tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz, los europeos y asiáticos querrán contar con fuentes de energía alternativas en partes del mundo menos peligrosas que el Oriente Medio. Asimismo, el país posee “tierras raras” valiosas que no están bajo el control de China. Siempre y cuando sus gobernantes logren hacer viable la economía nacional y mejoren sustancialmente el sistema educativo, la Argentina cuenta con recursos materiales suficientes como para convertirse en un polo de crecimiento significante.


¿Lo entiende Javier Miel? Parecería que sí. Si bien es un maniqueo nato que ve todo en blanco y negro al que no le gustan para nada los matices que a su entender sólo sirven para socavar la voluntad de los soldados del bien en su lucha eterna contra las huestes del mal, apuesta a que las reformas estructurales que está impulsando sirva para asegurar que el país sea internacionalmente competitivo en los años próximos. También se habrá dado cuenta que, al brindar una impresión de claridad, su forma lineal de pensar lo ha ayudado a dominar el escenario nacional y tener cierta repercusión en el resto del mundo.


Para Milei, problemas que otros encuentran terriblemente complejos son en verdad muy sencillos. Su estrategia económica se inspira en la convicción de que no hay ninguna alternativa viable al mercado libre y que por lo tanto hay que respetar a rajatabla lo que le dice. En cuanto a la política exterior, en su opinión tiene que basarse en una alianza férrea con Estados Unidos e Israel, dos potencias que a su juicio y el de otros son las únicas que están resueltas a defender la civilización occidental que se ve amenazada no sólo por sus muchos enemigos externos sino también por la rebelión interna que está fomentando la nueva izquierda woke que ha hecho de la autocompasión colectiva un arma ideológica potente.


Puede que Milei, convencido como está de que la larga decadencia nacional se debió en gran medida al intento, ensayado por Juan Domingo Perón, de desacoplar al país de Estados Unidos y sus aliados en los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, no se haya equivocado, pero eso no quiere decir que los intereses argentinos siempre coincidirán con los de sus socios predilectos. Si bien es probable que Estados Unidos siga siendo por mucho tiempo el país más poderoso y económicamente dinámico del mundo y que Israel se consolide como un hegemón regional, cuando de la evolución de la geopolítica en las décadas próximas se trata, no hay nada escrito.


Sea como fuere, aunque por razones demográficas las perspectivas a largo plazo de China distan de ser tan promisorias como creen los persuadidos de que el Reino del Medio está destinado a reemplazar a Estados Unidos para que dentro de poco el orden internacional gire en torno a Beijing, es de prever que su influencia crezca en los años próximos, de suerte que al país le convendría procurar sacar provecho de las oportunidades comerciales que a buen seguro surgirán.   


Por supuesto, el que la política exterior de Milei dependa demasiado de su relación personal con Donald Trump y Benjamín Netanyahu, dos mandatarios que están en apuros en sus propios países, es motivo de preocupación. Si, como muchos prevén, los demócratas estadounidenses logran superar a los republicanos en las elecciones legislativas de noviembre, Trump se verá convertido en lo que sus compatriotas llaman un “pato rengo” cuyas iniciativas se verán sistemáticamente frustradas; no extrañaría del todo que en tal caso los demócratas más vengativos quisieran castigar a Milei por haberse identificado tan efusivamente con el magnate.


Mucho dependerá del desenlace de la guerra que Estados Unidos está librando contra el régimen terrorista de los ayatolas iraníes que, al bloquear el tránsito de petróleo, gas y productos afines por el Estrecho de Ormuz, se las ha arreglado para asestar un golpe muy duro a la economía internacional que, para sorpresa de Trump, ya ha tenido consecuencias negativas para la norteamericana al hacer subir el precio de la nafta en las estaciones de servicio. Los costos políticos para Trump serían menores si explicara mejor las razones por las cuales optó por atacar a Irán, pero en opinión de los muchos que lo odian y rezan para que se vea humillado, sus intentos de hacerlo sólo han servido para sembrar confusión.


Por su parte, Netanyahu está en dificultades por motivos de política interna, entre ellos los supuestos por acusaciones de corrupción y por no haber previsto la invasión sanguinaria de su país por los yihadistas de Hamas el 6 de octubre de 2023 en que murieron más de mil personas y centenares fueron tomadas como rehenes. También lo ha perjudicado la decisión de Trump de ordenarle interrumpir la ofensiva contra la milicia pro-iraní Hezbolá en el Líbano. Por razones evidentes, la mayoría de los israelíes quiere que su ejército la elimine de cuajo, pero con el propósito de prolongar por algunos días el precario cese de fuego con Irán, Trump optó por reconocer que, como insistían los voceros del régimen, Hezbolá y la amplia zona del sur del Líbano en que se ha atrincherado, en efecto pertenecen a la dictadura teocrática.



Como muchos han señalado, las prioridades del presidente estadounidense son distintas de las del primer ministro israelí que, por razones evidentes, no se conformará con un arreglo que deje sobrevivir al régimen iraní actual aunque, en cierto modo, su mera existencia beneficia al Estado Judío al permitirle acercarse a potencias regionales sunitas como Arabia Saudita y los emiratos del Golfo. De transformarse un Irán liberado de los clérigos fanatizados, que todos los días se comprometen a borrar a la “entidad sionista” de la faz de la Tierra, en un país tan pro-israelí como era bajo el Sha Mohammed Reza Pahlevi, la geometría política del Oriente Medio cambiaría por completo.


No es la única región en que los distintos países se ven constreñidos a adaptarse a nuevas circunstancias. También tienen que hacerlo virtualmente todos los demás. Si bien es tentador atribuir la desintegración del viejo orden internacional a la conducta vandálica de Trump, estaba agrietándose bien antes de su regreso a la Casa Blanca merced al resurgimiento meteórico de China y al decaimiento, que a esta altura parece irremediable, de las viejas potencias de Europa. El movimiento encabezado por Trump ha aprovechado el temor a que Estados Unidos termine como Europa que, según los estrategas del oficialismo norteamericano actual, está destruyéndose a sí misma al permitirse ser “invadida” por decenas de millones de personas de actitudes que le son radicalmente ajenas y al despilfarrar una proporción excesiva de sus recursos económicos en programas de bienestar social.


Trump dista de ser el primer mandatario norteamericano a criticar a los gobiernos de los países europeos aún prósperos por su negativa a invertir en su propia defensa porque suponían que los norteamericanos siempre los protegerían de cualquier agresor externo. Los europeos se resistieron a prestar atención a las exhortaciones en tal sentido de los presidentes Barack Obama y Joe Biden, de suerte que fue necesario que alguien disruptivo como Trump tomara medidas concretas para obligarlos a tomar tales advertencias en serio. Con todo, aunque  últimamente los alemanes, franceses y británicos, aguijoneados por Trump, se han comprometido a aumentar radicalmente sus respectivos gastos militares, no les será del todo fácil hacerlo; las economías principales del viejo continente ya están crujiendo bajo el peso de sistemas benefactores creados hace décadas, cuando la realidad demográfica era muy distinta de la actual pero que, por razones electorales, no pueden ser reformados drásticamente para que sean sostenibles.


 

HUMOR DIARIO


 


 

Kicillof, entre los lobos K y el pastor mediático


 

 LA NACION > Política 


Kicillof, entre los lobos K y el pastor mediático


El gobernador se encuentra bajo presión del cristicamporismo; la apuesta de sectores peronistas a Dante Gebel también abre interrogantes en La Plata; ¿puede tocar la base mileísta?


24 de abril de 2026


LA NACION 


Claudio Jacquelin



Axel Kicillof y Dante Guebel por Alfredo Sábat


Por fuera (o a causa) de los tropiezos políticos, sociales y económicos del Gobierno han empezado a pasar cosas que, de a poco, alteran la dinámica política nacional, hasta ahora hegemonizada por los éxitos y desaciertos del oficialismo libertario. Nada que amenace la estabilidad ni la gobernabilidad, pero algo que sí modifica el escenario y el horizonte.



Después de ser el partido del poder, de dos décadas de hegemonía kirchnerista, de perder cinco de las últimas seis elecciones nacionales y con el más bajo nivel de representación legislativa y el menor control territorial desde la recuperación a la democracia, el peronismo se mueve, se agita y se retuerce en busca de no terminar como una confederación declinante de fuerzas provinciales y de volver a ser una alternativa de Gobierno.


Las disputas están alcanzando picos de agresividad y exposición que no encuentran registro desde 1983 dentro de lo que es o, mejor dicho, de lo que alguna vez fue el hegemónico universo kirchnerista, pero también más allá de esa burbuja a punto de estallar. Ni siquiera la conflictividad llegó a tanto cuando el peronismo debió encarar la renovación tras la derrota ante Raúl Alfonsín, la primera en su historia sin estar proscripto su líder.


En ese campo de batalla, empieza a ser desafiado abiertamente y desde varios flancos el gobernador bonaerense Axel Kicillof, que hasta ahora era el único candidato probable a presidente del peronismo, de acuerdo con las encuestas de imagen y los germinales sondeos sobre intención de voto.



El cristicamporismo por un lado y un muy heterogéneo conglomerado, en el que confluyen políticos y sindicalistas peronistas con exdeportistas y exdirigentes de otras fuerzas, por otro, le disputan la instalación al mandatario.


Kicillof ha quedado en estos días en medio de zarpazos de los lobos K y de la instalación mediática del pastor (o predicador), radicado en Estados Unidos, Dante Gebel. Un trabajo de pinzas no coordinado, que los primeros realizan de manera frontal y desembozada y el otro de forma tangencial y colateral. Aunque no son los únicos que lo ponen en aprietos.



El Gobierno nacional es en la práctica la gran amenaza para las aspiraciones de Kicillof, no ya como adversario en 2027, sino por el fuerte impacto negativo que está teniendo en las arcas provinciales el efecto de la actual política económica y el recorte de la aportes, por el cual hay en marcha un caso en la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Según datos que esgrime el gobierno provincial, en febrero pasado la caída en la coparticipación que recibe la provincia fue de 100.000 millones de pesos respecto del mismo mes del año anterior. Y la pérdida total de recursos (por aportes nacionales, incluidos transferencias interrumpidas y obras paralizadas, más ingresos propios) alcanzaría a los 22 billones de pesos.


No obstante, eso corre por otro andarivel y le sirve a Kicillof de argumento para la construcción de su figura como antagonista del presidente libertario. También, como víctima de un programa que está afectando a amplios sectores del conurbano, por el cierre de empresas, los despidos y la caída del consumo.


La ofensiva K

Aun en medio de esa disputa con el gobierno nacional, el viaje a la cumbre progresista iberoamericana realizado en España por el gobernador pareció ser la señal de largada para los ataques abiertos y frontales del kirchnerismo.



Los golpes le llegaron a través de algunos dirigentes sobre los que Cristina Kirchner ejerce sus habilidades de ventrílocua, como el senador Oscar Parrilli, y de prominentes camporistas como la diputada provincial y exintendenta de Quilmes, Mayra Mendoza, quien aspira a quedarse con la gobernación de la provincia de Buenos Aires.


A eso sumó el proyecto de declaración de la emergencia alimentaria en la provincia, presentado por el pintoresco y polémico exintendente y ahora senador provincial Mario Ishi, a quien la expresidenta puso en la línea de sucesión bonaerense al impulsar su nombramiento como vicepresidente primero de la Cámara alta. Para los kicillofistas se trata de un golpe bajo el cinturón: mientras el gobernador busca derivar en la Nación la responsabilidad por los problemas que padecen los bonaerenses de menos recursos, Ishii lo hace responsable. Delicias de las guerras fratricidas.



“Detrás de todo esto está Cristina. No tenemos ninguna duda de que es ella la que motorizó los ataques, con la manija que le dan los camporistas. Los volvió locos que Axel fuera recibido y apoyado en un ámbito que creían propio, sobre todo cuando fue elogiado por Lula. Esa no es la causa de todos los ataques, sino la gota que rebalsó el vaso. Expuso el ocaso y tocó la inmensa vanidad de Cristina”, dice uno de los funcionarios más cercanos a Kicillof, con quien coinciden un estrecho colaborador de la vicegobernadora Verónica Magario y un intendente que integra de Derecho al Futuro, la línea interna que apoya al gobernador, enfrentada con La Cámpora.


El viaje obró como detonante (o excusa) pero hay otras razones que vienen de más lejos y están vinculadas con la condena y la detención domiciliaria que restringe la libertad y la actividad política de la expresidenta, así como la ruptura total de todo vínculo entre el hijo biológico y quien alguna vez fuera el hijo político de Cristina Kirchner, hoy devenidos en una especie de Caín y Abel en grado de tentativa. O los Cristian y Eduardo Nilsen, de Borges, sin necesidad de ninguna intrusa.



Como se lo enrostró explícitamente en un chat Mayra Mendoza, los cristicamporistas acusan a Kicillof de no solidarizarse suficientemente ni demandar de forma más contundente por la anulación de esa condena y la liberación de Cristina Kirchner.


El peso del encierro y la pérdida de la centralidad se estarían haciendo cada día más insoportables para la expresidenta, tanto como la ausencia de un operativo clamor que solo se aleja y se diluye, lo que afecta al camporismo, cuyos dirigentes no son propietarios de mucho más que del declinante poder delegado de la madre del jefe de su agrupación.



De alguna manera eso mismo es lo que planteó el amanuense Parrilli, quien con el argumento de que Cristina Kirchner está proscripta y no legalmente condenada, instaló la posibilidad de un llamado a votar en blanco si ella no recupera sus derechos políticos. Parrilli, además, anunció que la vieja guardia camporista está en marcha para frenar cualquier candidatura mientras la condena a su jefa siga firme. Ad aeternum. Aunque no se quedó ahí. Advirtió que si ”Cristina está proscripta, el próximo presidente [peronista] va a durar poco”.


En una sola oración el exsecretario general de la Presidencia puso a la expresidenta a la par de Perón y a Kicillof en un pie de igualdad con Héctor Cámpora. Habrá que ver si el paralelismo gusta a sus jefes. Cristina ha expresado demasiadas críticas al fundador del peronismo y Máximo Kirchner y sus seguidores tienen por numen al efímero presidente nacido en San Andrés de Giles. Para los que lo ignoran vale aclarar que se trata del nombre completo de una ciudad bonaerense. No de un adjetivo para calificar a algunos allí nacidos o a los reivindicadores del mandatario al que Perón sacó de escena.



La guerra del cristicamporismo contra Kicillof no se circunscribe a las redes sociales y a los medios de comunicación. Tiene efectos prácticos más concretos. La Legislatura bonaerense es un terreno minado para la escualidez legislativa del gobernador y la ausencia de colaboración de La Cámpora y el tradicional vaivén del massismo, que en su ambigüedad y en su beneficio siempre termina más cerca de la casa-prisión ubicada en San José 1111 que de La Plata.


Ahí duermen, anestesiados por el cristicamporismo, proyectos imperiosos para la construcción política de Kicillof y de los intendentes que lo apoyan, como la habilitación para la re-re-reelección de los jefes comunales, la instauración de las elecciones primarias abiertas obligatorias y simultáneas para cargos provinciales y la implementación de la boleta única.


La guerra fratricida promete más capítulos. Sin embargo, Kicillof no se anima a dar el paso crucial de romper con sus adversarios internos, tanto que mantiene en su cargos a varios ministros o directores del camporismo, lo que dilata y complica la posibilidad de avanzar hacia la conquista de otros apoyos en el peronismo fuera del declinante círculo kirchnerista.


La determinación para apostar por su propio destino es una de las incógnitas que abundan sobre el gobernador bonaerense en un universo peronista fragmentado, con interés diversos y en muchos casos antagónicos, que solo se suele ordenar ante quien tenga dotes, actitud y poder real para ejercer un liderazgo.


Del Norte y ¿del cielo?

El origen kirchnerista de Kicillof, su orientación ideológica y su trayectoria menos afines a la tradición peronista, por otra parte, dan lugar a diversas apuestas. Algunas embrionarias y otras más explícitas como las de algunos dirigentes sindicales y políticos del panperonismo que promueven la figura del pastor o comunicador evangelista Dante Gebel.


La variopinta confluencia multisectorial y pluripartidaria, con mucho ADN peronista, se ha lanzado con el sello Consolidación Argentina a instalar al influencer radicado en Estados Unidos como probable postulante a la Presidencia en una especie de operativo renovación política que viene de afuera y arriba. Del norte y ¿del cielo?


El mediático personaje no ha confirmado, pero no ha descartado su intención de lanzarse como candidato a la primera magistratura. Lo hizo durante un intenso raid mediático con un mensaje o un libreto muy estudiado, del que no suele apartarse nada.


A ello le sumó encuentros más reservados con diversos dirigentes sociales y políticas. Como la comida que se realizó anoche en la casa del histórico massista José Ignacio de Mendiguren, para explorar un programa de cuño desarrollista que el exfuncionario elabora con un grupo de jóvenes técnicos.


Tras este desembarco más abierto en la arena política y también con esos contactos, Gebel aparece como un incipiente reverso de la imagen de Milei diferente de la que representa el gobernador bonaerense.


“Si Axel Kicillof es la contracara ideológica del presidente Milei, Dante Gebel es la contracara de carácter y personalidad de Milei. Este es agresivo, maleducado y el otro es empático, amable, educado. Eso aparece en un trabajo que acabamos de hacer”, afirmó el consultor Raúl Timerman, cuya empresa La Sastrería emprendió un amplio estudio para saber cómo es percibido por la opinión pública y qué atributos se destacan.


En ese trabajo se destaca que el eventual candidato potencia su condición de outsider y de antagonista de Milei, como atributos, con un mensaje que carece de programa y que se apalanca en un planteo de naturaleza espiritual antes que política, con un fuerte llamado al cambio y la superación individual para poder lograr la transformación y el progreso colectivos. Una propuesta inherente a su condición de evangélico, aunque su lanzamiento no goza de unanimidad en el universo de las iglesias evangélicas, muchos de cuyos líderes toman distancia de esta avanzada.


El estudio de La Sastrería destaca que de esa manera la narrativa de Gebel se diferencia tanto de Kicillof como de Milei, quienes hacen hincapié en lo material y en los asuntos de índole económico.


“El enemigo para Milei es externo, es la casta, mientras que para Gebel el enemigo es interno, uno mismo”, destaca Timerman. Su trabajo muestra que si bien el comunicador-predicador y protocandidato ha crecido en instalación, la intención de voto que reúne apenas roza el 11% y tiene un nivel de desconocimiento de casi el 60%, lo que el consultor considera un hecho positivo dado que así tendría mucho margen para crecer. Aunque deberá concretarlo.


Esos números hoy no permiten verlo como un competidor de riesgo para Milei ni para Kicillof, aunque sí podría ser una amenaza por el daño que podría causar de penetrar en el círculo de sus votantes más lábiles o desencantados.


En ese terreno, los peronistas que promueven su candidatura podrían afectar las chances del gobernador Kicillof. Aunque también se ilusionan con que algunos exlibertarios que se han sumado a la cruzada gebeliana toquen la base mileísta.


Falta demasiado para las elecciones, pero la disputa fratricida en la que se ha sumergido el kirchnerismo, en particular, y el peronismo, en general, más la desafección de algunos líderes territoriales del movimiento, son fuertes llamados de atención.


Entre los propios desafíos a su gobernabilidad, la candidatura de Kicillof afronta la presión de los lobos kirchneristas y la apuesta al pastor mediático de algunos peronistas. Un motivo de alegría para el oficialismo libertario en tiempos difíciles.


Por Claudio Jacquelin 


 

"Ediciones Recreativas: Coleccion Jovial #74" (1990) (¡¡¡329 PAGINAS!!!)