martes, 14 de julio de 2026

El presidemente Milei le reza a San Selección


 

 Editorial


Análisis


El presidemente Milei le reza a San Selección


El presidemente Javier Milei. (Dibujo: Fernando Rocchia para AGENCIA NOVA)


Mientras la Selección Argentina continúa su camino en el Mundial y despierta el entusiasmo de millones de hinchas, en la Casa Rosada el alivio parece ser más mediático que político.


El buen desempeño del equipo nacional puede ofrecer algunos días de celebración colectiva, pero difícilmente alcance para disipar las preocupaciones que siguen marcando la gestión del presidemente Javier Milei.


A lo largo de la historia argentina, el fútbol ha funcionado como un poderoso generador de emociones y unidad nacional. Sin embargo, el efecto suele ser pasajero. Una victoria deportiva puede cambiar el clima de una jornada, pero no modifica el bolsillo de los ciudadanos, el costo de vida ni los desafíos económicos que enfrenta el país.


Diversos analistas coinciden en que el Mundial concentra la atención pública y reduce momentáneamente el espacio destinado al debate político. Eso puede traducirse en una menor exposición de los conflictos que atraviesa el Gobierno, aunque se trata de un fenómeno coyuntural y no de una solución a los problemas de fondo.


Incluso distintas mediciones de opinión indican que la mayoría de los argentinos considera que un eventual título mundial de la Selección no cambiaría su evaluación sobre el Gobierno nacional. En otras palabras, el éxito deportivo no tendría un impacto significativo sobre el respaldo político al oficialismo.


Mientras los hinchas celebran cada clasificación de Argentina, la administración de Javier Milei continúa enfrentando el desafío de sostener su programa económico y responder a las demandas sociales. Una pelota que entra al arco puede desatar una fiesta en las calles, pero no alcanza para despejar las dudas sobre la marcha del país.


El Mundial puede regalar sonrisas y momentos inolvidables. La política, en cambio, sigue jugando un partido completamente distinto, donde el resultado dependerá de las decisiones de gobierno y de cómo esas medidas impacten en la vida cotidiana de los argentinos.


 

HUMOR DIARIO


 


 

La regla fija de cambiar siempre las reglas


 

 La regla fija de cambiar siempre las reglas 


El truco bien argentino de cambiar las leyes electorales según convenga 


La Nacion


Pablo Mendelevich 



Javier Milei por Alfredo Sabat


Ciertas expresiones son más elocuentes que mil ensayos sociológicos. “Trabajar a reglamento”, por caso, constituye en la Argentina una modalidad de acción directa sindical destinada a frenar la actividad sin llegar a la huelga, que no existiría, como es obvio, si los reglamentos estuvieran bien escritos, si no se presumiera su obsolescencia, si se les tuviera un respeto reverencial. Lo curioso aquí no es tanto la naturalización del trabajo a reglamento como el concepto en sí mismo, un sobreentendido de que la alteración de la normalidad no consiste en dejar de cumplir las reglas sino todo lo contrario, en cumplirlas.


Las reglas siempre estructuran la institucionalidad. En teoría, cuando son estables dan certidumbre, protegen derechos y garantizan equidad. Lo cual no sucede en sistemas de reglas vaivén y administradores serviles. Esto último se lo acaba de recordar la FIFA al mundo entero - un generoso esfuerzo pedagógico- al adaptar con sumisión pasmosa un artículo del código disciplinario del fútbol para complacer la deriva imperial del presidente Donald Trump.


El fútbol ofrenda varias metáforas sobre el sometimiento de las reglas a las necesidades del dueño de la pelota, como mover el arco, cobrar penal con el diario del lunes, inventar un réferi. Tal vez una metáfora apropiada para la presente temporada electoral, que en los hechos arrancó con la caída de Adorni, podría ser la que habla de cambiar las reglas a mitad del partido.


Javier Milei quiere suspender las PASO. Calavera en mano, Axel Kicillof se encuentra concentrado en su gran dilema sobre las elecciones bonaerenses: “¿ adelantar o no adelantar?” ( el año pasado la provincia las despegó de las nacionales por primera vez en la historia). Cualquiera de esos cambios, advierten los expertos, modificaría por completo la dinámica de los comicios de 2027. ¿ Eso quiere decir que podrían así cambiar los resultados? Nadie lo puede probar hoy, pero quienes defienden la alteración de las reglas creen que sí, para eso quieren alterarlas. La especulación política constante mediante el retoque de regulaciones es un claro síntoma de baja calidad institucional.


Se dirá que las elecciones son recién en 2027 ( el domingo 24 de octubre) y que en los años pares no hay problema en modificar las normas porque el juego aún no empezó. Pero esa es una verdad a medias. No sólo el gobierno nacional sincronizó en los últimos diez días la política y la economía con su objetivo máximo, la reelección de Milei, sino que todos los políticos entraron ya en modo electoral a pesar de que la sociedad permanece ( complacida) en modo Messi.


En Tucumán, Osvaldo Jaldo, uno de los dos gobernadores peronistas que asistieron a la jura de Diego Santilli, acaba de quedar habilitado por la Justicia para adelantar las elecciones provinciales para mayo. El salteño Gustavo Sáenz ya avisó que también despegará las suyas de las nacionales. En Jujuy, Carlos Sadir hará lo propio. El mapa electoral del año próximo se está configurando ahora mismo.


Muchas constituciones provinciales validan la especulación estratégica al darles a los gobernadores la potestad de adelantar las elecciones locales y ajustar la fecha ( dentro de cierta ventana) a sus cálculos políticos. Incluso en algunas, como Mendoza, Santa Fe y Chaco, el desdoblamiento es obligatorio. Las reglas diversas son producto del federalismo. En cambio, las transformaciones del sistema de internas partidarias creado por el kirchnerismo en 2009, que durante doce años ( 2011- 2023) se implementó en siete elecciones nacionales, está hoy a merced de los vientos. Milei lo quiere abolir, la mayor parte del peronismo lo quiere conservar y los demás tienen posturas matizadas, o no demasiado arraigadas, sujetas a negociación. Por eso los pronósticos son ambiguos.


La creencia predominante es que el peronismo sin PASO tendrá dificultades para resolver su trabada interna. Claro, muchos piensan que con PASO también.


Se supone que sin PASO los partidos estarán obligados a practicar la democracia por cuenta propia para escoger a sus candidatos y que la justicia electoral no convalidará la dedocracia. Eso significaría actualizar las cartas orgánicas, tener congresos resolutivos o convenciones que implementen internas abiertas o semiabiertas en cada agrupación. Para lo cual hay que determinar quién está afiliado a cuál partido y quién no, un asunto que en la cultura política contemporánea, con partidos a los que políticos y medios ni siquiera los llaman así sino que les dicen “espacios”, no parece estar entre las prioridades de las masas. ¿ Cuántas personas, habría que decir cuántos ciudadanos, saben en las grandes ciudades en qué calle queda la sede de su partido? Más aún, ¿ saben cuál es su partido?


Como se recordó en estos días, Santilli, el político del momento, comprometido hasta la médula con el proyecto reeleccionista cuya ejecución descansa en importante medida sobre sus hombros, debe llevar adelante la estrategia del Presidente y de su hermana de confrontar, competir y a la vez buscar alianzas - quién sabe en qué medida cada cosa- entre otros con el Pro. Al cual Santilli sigue afiliado. Un extraño modelo cívico.


Se habla de que el año próximo podrían reponerse las colectoras, inventadas hace mucho pero casualmente institucionalizadas mediante decreto por Cristina Kirchner en 2011 como ornamento de las primeras PASO. Fueron derogadas en 2019 por Mauricio Macri porque generaban confusión en el electorado, se explicó entonces, y afectaban la transparencia. Argumentos difíciles de rebatir.


Como su nombre lo indica, las colectoras permiten sumarle al candidato a presidente los votos de varios candidatos intermedios distintos. Pero si con la vieja boleta sábana ya era complicado, ahora con la Boleta Única de Papel ( que se propagandizó como simplificadora) lo sería mucho más. Habría que expandirla horizontalmente para que entre todo, que igual no entraría: a la mayor parte de la lista sería necesario colgarla en la pared en afiches gigantes.


Sin disimular el oportunismo, como se ve, se están rediseñando las reglas para 2027. Hay que reconocer que en la Argentina por lo menos existe una regla electoral inamovible, vitalicia, de acero: es la que dice que antes de cada elección siempre se deben cambiar las reglas.


 

"Clasicos del Suspense 1" (¡¡¡146 PAGINAS!!!)