martes, 11 de agosto de 2026

Milei, entre el riesgo Mamdani y el teorema Mirtha


 

 LA NACION > Política 


Milei, entre el riesgo Mamdani y el teorema Mirtha


Mientras el Gobierno se fascina con el techno anarcocapitalismo de Peter Thiel, el kirchnerismo se embelesa con el intervencionismo vintage del alcalde neoyorquino


11 de agosto de 2026


LA NACION 


Luciana Vázquez



Javier Milei por Alfredo Sábat


“Como te ven, te tratan. Si te ven mal, te maltratan”. El teorema Mirtha Legrand para la carrera laboral también vale para pensar la confrontación política entre mileísmo y oposición kirchnerista que escaló en las últimas semanas. La coreografía de la previa electoral viene respondiendo a ese ritmo legranista. Sobre el problema de la morosidad y la caída del poder de compra, el kirchnerismo ve una ventana de oportunidad electoral justo cuando creía que estaba todo perdido. Las encuestas que confirman un descenso de la imagen presidencial también les sirve como dato inspirador. El guión dice así: ante la ortodoxia mileísta en problemas, la salida es el regreso a las fuentes heterodoxas del kirchnerismo.


Del noviembre de victoria electoral a este presente, ha corrido mucha agua bajo el puente del triunfo mileísta. Con todo para consolidar su hegemonía temporaria, el Gobierno hizo lo contrario, lo de siempre: caer en errores políticos que habilitan ensoñaciones opositoras. Otra vez la danza mileísta: un pasito para adelante, y unos cuantos más para atrás.



En ese escenario, el kirchnerismo encuentra certezas: ve en los problemas del Gobierno una demostración de un nuevo fracaso histórico de la visión ortodoxa de la macroeconomía. Una oportunidad recargada para salir en busca de la recuperación de la legitimidad perdida. En el frente global, hay una lectura que refuerza esa pretensión: las noticias políticas que produce Zohran Mamdani, el alcalde demócrata socialista de Nueva York, le da letra al kirchnerismo para volver a creer que la heterodoxia económica es la salida. Controles de precio, intervención en mercados clave, subsidios en servicios públicos, subas impositivas anti ricos: el kirchnerismo se ve a sí mismo en la figura de Mamdani.


¿Alucinaciones olfativas?

Para el kirchnerismo, hay olor a debilidad de la imagen presidencial y a fracaso del proyecto libertario. Ese iceberg tiene varias puntas. Primero, la derrota oficialista de la Ley de inviolabilidad de la propiedad privada. Empezó primero por una derrota en la cancha de la batalla cultural: que “inviolabilidad de la propiedad privada” fuera desplazado por “ley de tierras” fue el primer síntoma del éxito kirchnerista, que logró colocar en el debate público su impronta ideológica. El senador por Santa Fe, el justicialista Marcelo Lewandowski, es un buen ejemplo de esa visión: “El problema no es el gringo que nos compra sino el criollo que nos vende”, dijo en el arranque de su discurso. No se quedó ahí: abundó una batería de lugares comunes del relato peronista de tono más sepia. Su bibliografía preferida fue Arturo Jauretche y su noción de “estatuto legal del coloniaje del siglo XXI”. Todo el pasado, recargado, por delante.


El éxito del kirchnerismo se dio no sólo en la cuestión de la extranjerización de la tierra. Tuvo otra victoria: sacó de escena de un codazo a la conversación sobre el derecho a la propiedad privada y su centralidad en una economía pujante y desarrollada. El Gramsci del kirchnerismo le ganó de lejos al neo Gramsci libertario. Las consecuencias de esa derrota no están claras todavía: por el momento, el oficialismo cajones el debate en Diputados. Un registro de su incapacidad para alinear los votos en el Congreso.



Segundo, la ocupación de la calle frente al Congreso el día de esa votación en el Senado como otro dato clave: esa postal remite al debate parlamentario de diciembre de 2017 en la presidencia de Mauricio Macri y a las ya legendarias 14 toneladas de piedras arrojadas ese día. Retrospectivamente, ese evento fue el inicio de una sucesión de problemas de gobernabilidad que terminaron en la derrota electoral de Macri en 2019, cuando buscó la reelección. Fue justo después del triunfo en las elecciones legislativas de octubre de 2017. Aunque los paralelismos son imperfectos, alimentan la percepción de debilidad de las dos experiencias políticas liberales-libertarias. Le sirven a la oposición dura para envalentonarse.


Tercero, se puede detectar una narrativa kirchnerista que empieza a anclarse, otra vez, en su manual político y económico histórico. Todos síntomas de una percepción de achicamiento de las posibilidades de la refundación mileísta. La percepción kirchnerista y filo kirchnerista, la de la superestructura cultural-informativa que lo apoya, detecta un agrietamiento en el proyecto mileísta. El Gobierno tiene un problema: tener poder es ser percibido como el poder.


El kirchnerismo tiene otro problema: el riesgo de leer mal la voluntad de la mayoría, y soñar una crisis terminal del Gobierno donde en realidad hay desencanto de la gente, pero un pragmatismo decidido que lo lleva a resistir una receta kirchnerista que se probó fallida. La micro militancia generalizada del kirchnerismo es efectiva para torcer voluntades en el Congreso. También, para creer que otra vez llegó su hora. No lo ha sido tanto para oler los tiempos electorales: de ahí su sorpresa ante el éxito electoral de Milei.


Kirchnerismo empoderado

Hubo un tiempo, no hace mucho, en que esa posibilidad de autoestima política estuvo vedada para el kirchnerismo. Después del triunfo de Milei en 2023, el kirchnerismo entró en etapa autocrítica: por impostura o por reacción política al golpe de la derrota, el kirchnerismo atinó con alguna muestra de racionalidad macro y autocrítica a su veta deficitaria e inflacionaria. El triunfo bonaerense de Kicillof en septiembre de 2025 le puso el primer freno a esa etapa de revisión de los principios kirchneristas: en medio de una inflación otra vez al alza, el kirchnerismo tuvo su expectativa de acabose oficialista. El desconcierto de la derrota en noviembre lo puso, otra vez, en modo expectante, y de psicoanálisis político: ¿qué fenómeno oculto se les estaba escapando que la ciudadanía volvía a darles la espalda?


Por ahora, ese realismo de la derrota se terminó. En la primera mitad del año, el caso Adorni les permitió correr a la moral mileísta con sus propias contradicciones: señalaron los pies de barro del discurso libertario anti casta. Con el aumento de la morosidad y la caída del poder adquisitivo, el kirchnerismo cree encontrar una oportunidad política con dardos al corazón del proyecto mileísta: su plan de estabilización y de crecimiento. Hoy, la duda kirchnerista se le anima incluso a la inflación a la baja: no bajó tanto, y sigue comiendo salario, es la conclusión. Massa lo disfruta: toda una operación ideológica capaz de dejar atrás el 213 por ciento de inflación de 2023.


Ahora el kirchnerismo y el neo kirchnerismo enhebran en un solo hilo las experiencias de Menem, de Macri y de Milei: proyecto de economía abierta, macro sin déficit y ajuste anti inflación como impopulares y condenadas al fracaso.


Milei los ayuda. Al principal problema económico que vive la gente, el endeudamiento, responde con una frialdad propia de otros tiempos: no es lo mismo responder a una demanda social cuando recién se asume el poder y no hay legado del que hacerse cargo que responder cuando la propia gestión tiene responsabilidades en el presente de la gente.


I love New York

Para Milei, la falta de alternativa política es un activo clave para sus chances de reelección. Sobre todo si lo único que le puede competir es un kirchnerismo que vuelve a sus fuentes narrativas y se sobregiro ese regreso: resulta el enemigo político ideal para Milei. El miedo al legado kirchnerista une a los votantes que Milei necesita, pero que no logra seducir por sí mismo. El riesgo kuka se transforma ahora en el riesgo Mamdani: el miedo a un “vamos por todo” ahora recargado por la legitimidad Mamdani.


En ese terreno global, el kirchnerismo se lee en el reflejo de esa otra esperanza: subirse a la ola de la “legitimidad Mamdani”. El alcalde de Nueva York es una referencia prometedora: en la cuna del capitalismo donde nunca hubo espacio para una oferta electoral de estilo kirchnerista, aparece un Mamdani kirchnerista. La promesa de supermercado controlados por el Estado para controlar precios es música para los oídos del kirchnerismo que va de Cristina y Máximo Kirchner a Axel Kicillof: los divide la puja por el poder real y las cajas, pero los hermana una narrativa y el marco de una utopía que falló mil veces durante la hegemonía kirchnerista.


Desde las orillas oficialistas, el riesgo kuka, con el que Javier Milei y Luis Caputo azuzan la conciencia electoral del votante de centro, queda convertido ahora en riesgo Mamdani: una vuelta a todos los males del Estado presente kirchnerista, pero ahora multiplicado a la enésima potencia a partir de una autoestima rehabilitada por un eventual fracaso liberal-libertario y un éxito de izquierda en la cuna del capitalismo, Nueva York. Mientras el Gobierno se fascina con el techno anarcocapitalismo de Peter Thiel, el kirchnerismo se embelesa con el intervencionismo vintage del alcalde neoyorquino.


Otra vez gira la calesita y el votante se encuentra con el mismo dilema: el voto por el miedo menor.


Por Luciana Vázquez


 

"Super Creepshow #1 (2026)"


 


 

lunes, 10 de agosto de 2026

Un presidente en campaña: ¿cuándo habla en serio Milei?


 

 LA NACION > Ideas 


Un presidente en campaña: ¿cuándo habla en serio Milei?


Sergio Suppo


LA NACION 



Javier Milei por Alfredo Sabat



Una pregunta socava la credibilidad del Presidente: ¿Cuándo habla en serio Javier Milei? Como todo político, y Milei lo es aun cuando haga política atacando a los de su misma condición, el jefe de los libertarios actúa y sobreactúa según su conveniencia y de acuerdo con las circunstancias.



Entre tantos cambios de clima, lejos de un elemental sentido de las proporciones, mientras insulta a unos y elogia sin medida a otros pierde por el camino una parte importante de la confianza en sus palabras.


En la sobreactuación está la búsqueda de un efecto inmediato y contundente, pero en la prolongación del recurso se asienta la convicción, entre muchos de quienes lo escuchan, de que a las palabras de Milei hay tomarlas como de quien vienen: un político en busca de un público que lo aplauda y acompañe.


Dos semanas atrás fue a Brasil a insultar a Lula da Silva, convencido de que ese era el mejor recurso para sumarle votos a Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro y candidato a presidente para las elecciones de octubre. Milei guarda en su memoria ataques a él como justificación a su propia violencia verbal, ejercida cuando le resulta oportuno. ¿Y qué más oportuno que viajar a Brasil, el principal socio comercial de la Argentina, meterse en su campaña electoral y atacar a su presidente?



Empieza a prevalecer la convicción de que el político Milei activa al Milei impulsivo por la creencia de que ese camino lo conduce al éxito


Es verdad que Lula vino a hacer campaña a la Argentina en 2023 y en otras oportunidades y también es verdad que varias veces el presidente brasileño mostró su desdén por su colega argentino.


Al precio de una crisis diplomática, Milei trató de sumarle algunos votos a Bolsonaro. No se sabe si dará resultado. Sí se conoce que Brasil retiró a su embajador y que pidió el retiro del representante argentino.



La consecuencia de este desatino es una situación muy pero muy conveniente para las mafias del narcotráfico que operan coordinadamente en ambos países. Y una nueva oportunidad perdida para afrontar una infinidad de temas económicos que enlazan a ambos países. Ejemplo: los acuerdos para la fabricación conjunta de automóviles por parte de empresas de otros países, apremiadas por la irrupción china en todos los mercados del mundo.


Es verdad que no hace falta que los presidentes sean afines en sus ideas ni amigos personales; pero es más que elemental saber que no habrá ninguna decisión importante que beneficia a las dos naciones mientras Lula y Milei se sigan insultando.


Entre las cenizas de un conflicto que menguará cuando los brasileños elijan presidente quedarán vestigios suficientes como para seguir dudando de cada palabra de Milei.



no habrá ninguna decisión importante que beneficia a las dos naciones mientras Lula y Milei se sigan insultando


¿Insulta porque cree que le conviene? ¿Ataca porque no puede controlar sus impulsos? Por repetición de recurso y apreciación de resultados, empieza a prevalecer la convicción de que el político Milei activa al Milei impulsivo por la creencia de que ese camino lo conduce al éxito.


Le sirvió para llegar al poder en un ascenso vertiginoso. Es por eso por lo que Milei regresa una y otra vez al personaje sacado que interpreta tan bien y que se parece tanto a él.



Una semana después de insultar a Lula en su propio país, fue a la televisión a confirmar lo dicho y a pedir ser juzgado por los argentinos por los hechos que concreta y no por las formas con las que los consuma.


Es una forma de decirle a la parte del electorado que coincide con su rumbo, pero no acepta sus agravios a repetición, que no le preste demasiado atención a esos insultos y desplantes.



En Brasil usa ese estilo para presentarse como líder regional de la nueva derecha. Entre nosotros, lo aplica para consolidar el tercio de votantes que lo acompaña desde las elecciones primarias de 2023. Y lo hace advertido de que hay estudios de opinión que indican que esos adherentes originales empezaron a menguar por el desencanto que producen algunas de sus medidas.


Por eso Milei va hacia ellos para mostrarles que la responsabilidad de lo que nos les gusta no es de él, sino de los enemigos que elija en cada oportunidad.



Si Milei actuara por meros impulsos habría descargado su furia más de una vez por el pensamiento católico que desciende del Vaticano, pero en buena hora eligió no hacerlo frente a la llegada de León XIV


El Presidente tiene una notable capacidad de repentización, como lo demostró el 1° de marzo en el Congreso, cuando intercaló ataques y réplicas a los legisladores del kirchnerismo mientras leía su mensaje. Volvió a dar una prueba pocos días atrás, cuando en la Exposición de Palermo vio cruzar frente al estudio de una radio a un exfuncionario del peronismo y dirigente empresario.


La motosierra verbal con la que pretende aniquilar adversarios y descargar responsabilidades propias en otros no es una máquina ingobernable. Milei no da todas las batallas según su ideología.



Frente a las reiteradas críticas de la Iglesia argentina prefirió no replicar aun cuando en los tedeums el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, haya criticado frontalmente a su gobierno. Es una posición compartida con el sucesor de Francisco, el papa León XIV, cuya llegada a la Argentina fue celebrada como lo que es, un acontecimiento de primera importancia.


Si Milei actuara por meros impulsos, habría descargado su furia más de una vez por el pensamiento católico que desciende del Vaticano. Eligió no hacerlo, en buena hora, para evitar chocar con una visita que excede largamente las diferentes ideas y criterios políticos.


Ese manejo del recurso, el manejo de la intensidad de la palabra, fue regulado según el momento de cada campaña electoral. En 2023 y en 2025 el Presidente moderó su lenguaje o directamente se calló para asegurarse votantes cercanos que habían manifestado malestar por sus formas.


Milei es y se hace. Al final, será juzgado por lo que hizo y dejó de hacer y, muy importante, por la comprensión de las consecuencias de sus actos y de sus palabras.


Por Sergio Suppo 


 

Sturzenegger, Milei y Caputo, un pelotazo en contra


 

 COLUMNISTAS 


Mala praxis


Sturzenegger, Milei y Caputo, un pelotazo en contra


De la ley de tierras a los insultos a Lula, pasando por los prácticos de buques y la inflación: oficialismo para atrás


Nelson Castro


Diario Perfil



Adentro!!!!!!!! | Javier Milei por Pablo Temes


El cúmulo de daños autoinfligidos por el Gobierno parece no tener fin. En la semana que pasó asistimos a uno más de ellos. Fue el tratamiento del proyecto de ley de inviolabilidad de la propiedad privada. En su origen, el proyecto incluía una ampliación de los límites a la propiedad de tierras por parte de extranjeros. Naturalmente, el proyecto –nunca explicado adecuadamente por el oficialismo– dio pie a un fenomenal nivel de rechazo. No hace falta abundar en demasiados detalles para comprender los riesgos a los que se expone un país si decide dejar la posesión de sus tierras a estados extranjeros o a organizaciones de dudoso origen destinadas al delito en sus diversas formas, desde el narcotráfico hasta el terrorismo. Sobre ninguna de estas cosas habló el oficialismo que, una vez más, mostró falta de coordinación, mala comunicación interna y externa.




Le regaló así al kirchnerismo la posibilidad de vapulearlo, algo de no creer, sobre todo si se tiene en cuenta que durante el gobierno K se le cedió una superficie de terreno importante en la provincia de Neuquén al gobierno de China para la construcción de un observatorio espacial de apoyo a sus satélites. Ni en ese momento ni ahora, nadie dentro del amplio espectro del así llamado progresismo alzó su voz para protestar contra la entrega. No se escuchó esa vez el slogan “la patria no se vende”. Tampoco nadie alzó la voz cuando Néstor Kirchner rebajó el precio de tierras fiscales en la provincia de Santa Cruz para que fueran adquiridas por Lázaro Báez.


Otra muestra de la mala praxis existente en el Gobierno se vio en el innecesario conflicto con los prácticos de buques. El problema se originó el último día de julio. Ese viernes se dio a conocer el decreto 690 por el que se desreguló el practicaje de buques, que significó la eliminación del cupo, la apertura de negociaciones libres y la fijación de tarifas para “bajar el costo argentino”. La reacción de los prácticos, baqueanos y pilotos no se hizo esperar: desde la madrugada del domingo 2 no tomaron más servicios. Conclusión: en 3 días se paralizó el 80% del comercio exterior.


Tanto en este asunto como el del proyecto de ley de inviolabilidad de la propiedad privada, los dardos de la incompetencia por el mal manejo apuntan a Federico Sturzenegger, un “coloso” con pies de barro.


Y para culminar esta serie de hechos de mala praxis política –que abundan en este gobierno– hay que incluir el absolutamente innecesario conflicto diplomático con el Brasil a partir de los insultos de Javier Milei a Luis Inacio “Lula” Da Silva, algo nunca visto. Milei, que no termina de dimensionar el peso de la responsabilidad que representa la investidura presidencial, cometió un grosero error y, además, estuvo grosero. La falta de una asesoría adecuada es un agujero de pesadas consecuencias para el manejo de la política exterior del gobierno. Milei maneja las relaciones exteriores según sus emociones, sus enojos y sus fascinaciones. Y eso es decididamente malo, para él y para el país, que, en definitiva, es lo único que importa.


El dato de la inflación de la ciudad de Buenos Aires fue una sorpresa ingrata para muchos dentro del equipo económico.


El 2.9% refleja que la solución a este problema endémico de la economía vernácula no es tan simple. Por eso, en los pasillos de la Casa Rosada hay inquietud. Una de las “inquietas” según coinciden varios es Karina Milei. Hay un estado de crispación y enojo por parte de algunos funcionarios que señalan la persistencia de esta problemática de la economía. Eso fue lo que mostró el ministro de Economía en la reunión del miércoles en la que trató de “tarados” a los que insisten en la importancia de sostener la industria local. No sería la primera vez que Luis Caputo se comporta de esta manera. En un principio se interpretó que los dardos eran para el sector industrial nucleado en la UIA -cuyo vínculo de tensión con el gobierno se sostiene- pero el propio ministro salió a aclarar el viernes que no se había referido a ellos sino “a los que defienden el modelo anterior que lo único que hizo crecer fue el déficit, y con ello, la inflación y la pobreza”. Por otra parte, es menester señalar que el titular de economía viene augurando una bonanza que, en la mayoría de los casos, no le está llegando a la gente. A principio de año prometió que los 18 meses finales del actual gobierno serían un paseo de bienestar. Han pasado ya cuatro de esos 18 meses y lo que se ha visto dista de esa proyección. Y, lo peor es que, hacia adelante, no parece que ese panorama floreciente tenga la apariencia de transformarse en una concreción. Esto mismo expresó en una frase de su homilía en el santuario de San Cayetano el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge Ignacio García Cuerva: “parece que el bienestar nunca va al ciudadano del común”, dijo con simpleza y contundencia.


Los datos de la recaudación muestran caídas que reflejan el sostenido “parate” de amplios sectores. Esto genera dificultades para el mantenimiento del superávit. Es un círculo vicioso difícil de superar.


En simultáneo, en el peronismo todo es también pelea. Hasta la casta sindical se vio sacudida por el episodio vergonzoso con el que Facundo Moyano ocupó las pantallas y portadas de todos los medios durante más de 48 horas. No hubo voces, ni siquiera en su familia, que se hayan tomado el trabajo de defenderlo. Todo lo contrario. “Facundo siempre disfrutó mostrándose como la mosca blanca del gremialismo. La realidad es que siempre fue un individualista. Hoy es visto como un traidor y está prácticamente cancelado dentro del movimiento de trabajadores” –aseguró una importante fuente del sector que no olvida los tiempos en que el hijo menor del líder camionero se diferenciaba del resto agitando la bandera de la democracia sindical. A cada uno le llega su hora.


Mientras tanto, Cristina Fernández de Kirchner sigue creyendo que es la piedra angular del poder dentro de esa estructura –hoy amorfa– que busca comandar de modo vertical. Es por eso que lo que le exige a Axel Kicillo es, lisa y llanamente, una capitulación.


 

"Ediciones Record: Revista TIT-BITS Gran Color 31 - febrero de 1978" (¡¡¡116 PAGINAS!!!)