lunes, 27 de julio de 2026

Más que la peor crisis con el principal socio comercial


 

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Más que la peor crisis con el principal socio comercial


Milei volvió a demostrar que la lista de lesiones autoprovocadas, a sí mismo y al país, no tiene ni parece tener fin y que siempre puede superarse en intensidad y alcance


LA NACION


Claudio Jacquelin 





Lula Da Silva por Alfredo Sábat


Será difícil encontrar dos fines de semanas consecutivos, como estos últimos, en los que la Argentina haya estado en el centro de la agenda internacional por las malas razones. Aunque en tren de comparaciones, lo ocurrido en las últimas 48 horas supera con creces el anterior por su gravedad y consecuencias.



El presidente Javier Milei volvió a demostrar que la lista de lesiones autoprovocadas, a sí mismo y al país, no tiene ni parece tener fin y que siempre puede superarse en intensidad y alcance, como lo hizo al abrir anteayer un conflicto sin precedentes con el mayor país del hemisferio sur y principal socio comercial de la Argentina.


La opinión es unánime: decenas de diplomáticos en funciones y retirados, exfuncionarios y expertos en relaciones internacionales de uno y otro país no dudan en afirmar que acaba de desatarse la mayor crisis diplomática del último medio siglo entre la Argentina y Brasil.


La singularidad del conflicto es que fue generado y protagonizado por el propio Presidente, quien en su visita a San Pablo para apoyar al candidato presidencial opositor desplegó públicamente un rosario de insultos contra el jefe de Estado de ese país, Luiz Inácio Lula da Silva, y disparó numerosas descalificaciones y agravios contra su gobierno y el Poder Judicial brasileño.



Tan serio fue considerado por Brasilia que el episodio derivó en un llamado en consulta al embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli, quien ayer por la tarde viajó a su país. La adopción de una medida de esa naturaleza entre ambas naciones no registra antecedentes cercanos y constituye en la práctica una formal demostración del serio malestar existente, que se suma al llamado a dar explicaciones al embajador argentino en Brasilia, Daniel Raimondi. Aunque no tanto como podría ser la expulsión de los representantes argentinos o la ruptura de relaciones.


Ante la profundidad y continuidad del conflicto, fuentes de la cancillería brasileña se apresuraron a aclarar que ninguna de las medidas más extremas está en consideración, aun cuando el gobierno argentino ya ha dejado trascender que no habrá pedido de disculpas por parte del embajador Raimondi y, mucho menos, del Presidente.



Lo cierto es que el paso de las horas lejos estuvo de atemperar los ánimos y acercar posiciones. Por el contrario, Milei, en un regreso a su faceta más inmoderada, escaló el conflicto ayer.


A modo de justificación de sus agraviantes expresiones del día anterior, en una entrevista por Radio Mitre, acusó al gobierno brasileño de haber financiado el 25% de los gastos de lo que denominó “la campaña antiargentina”, en referencia a la ola de críticas y cuestionamientos públicos contra el país durante y después del campeonato Mundial de fútbol. Además de volver a acusar a Lula da Silva de haber aportado expertos y financiado parte de la campaña electoral de Sergio Massa, quien fue su rival en el balotaje de la elección presidencial de 2023.


Milei sorprendió con aquella imputación que reinstala la ola antiargentina desatada en redes, basada en muchos casos en desafortunadas e inadmisibles expresiones de funcionarios nacionales y provinciales, jugadores e hinchas nacionales, que habían sido utilizadas como argumento y combustible para la generalizada acusación contra los argentinos de xenófobos, racistas, violentos, transgresores o soberbios. Si el Gobierno no había condenado ninguna de esas manifestaciones, el regreso del Presidente a su versión barrabrava difícilmente mejore la imagen del país. Mal momento para la acumulación de derrapes y menos aún desde la cima del poder político. El softpower nacional está en rojo.



“El argumento del Presidente suena muy infantil. Y ya que trajo lo del fútbol, lo que dijo es como justificar que un jugador, cuya madre fue insultada por la hinchada rival, en represalia fuera a quemarle la sede al club contrario, con el presidente y el plantel adentro”, ironizó un experto en temas internacionales que tiene cercanía con el oficialismo.


En Itamaraty, sede del ministerio de Relaciones Exteriores, no daban crédito ayer por la tarde a la saga de ataques y más aún a la escalada con la acusación de que el gobierno brasileño habría sido un actor principal de la ola antiargentina, de la cual el Presidente no dio detalles ni ofreció pruebas, así como tampoco lo hicieron las principales fuentes del Gobierno consultadas para esta nota.



“No hay antecedentes de un conflicto de esta envergadura ni siquiera durante las últimas dictaduras militares de ambos países, que alentaban hipótesis de conflicto militar y disputaban una carrera armamentística”, afirmó desde Brasilia una alta fuente del gobierno brasileño, en coincidencia con lo expresado por exfuncionarios, diplomáticos y expertos argentinos en relaciones internacionales.


La dimensión alcanzada por el conflicto no solo generó mayoritarias críticas internas y externas a Milei sino también a la política exterior argentina y, en particular, al canciller, Pablo Quirno, quien, junto con la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, secundaron al Presidente en su cuestionable inmersión en la política interna y en la campaña electoral brasileña. Además de acompañar a Milei, Quirno republicó en las redes sociales el discurso del Presidente con sus agravios a Lula y al poder judicial brasileño.



Entre las voces críticas se encuentran aliados del Gobierno y no solo opositores o actores neutrales del universo académico. “Esto es el resultado de las no relaciones diplomáticas del Gobierno. La moderación ya no parece ser la normalidad”, fue la expresión utilizada por el expresidente Mauricio Macri al enterarse de la crisis, según un estrecho colaborador suyo.


“Esto tiene una connotación muy específica desde el punto de vista diplomático, ya que estuvo presente en esos actos el canciller Quirno, lo cual significa que el sistema diplomático argentino dio un respaldo explícito a los dichos del Presidente. Por lo tanto, esto va a ser leído por Brasil como una política exprofeso de la Argentina, y no como un acto irracional de un mandatario que está haciendo campaña política por otros mandatarios de la región”, señaló el experto en relaciones internacionales y profesor de la Universidad Torcuato Di Tella, Juan Gabriel Tokatlian.



“La verdad es que la tensión entre las dos gobiernos ha escalado hasta niveles inéditos. Es la primera vez en la historia moderna que ocurre esto. Ya había habido una relación fría entre ambos países cuando gobernaban Jair Bolsonaro y Alberto Fernández, pero no se llegó a esta intensidad de hoy”, señaló Marcelo Elizondo, especialista en relaciones económicas internacionales.


“Gerente de Trump”

“Intervenir en la campaña ya es complicado y ahora atacar a Lula va a hacer muy difícil tener relaciones bilaterales normales con un país en el que seguramente siga gobernando el oficialismo. Asumo que Milei se sumó a la estrategia de [Donald] Trump de atacar a Lula, pero el costo para la política exterior argentina es grande”, señaló uno de los referentes del principal think tank de política exterior de la Argentina.



El acople de Milei a la estrategia de ataques del presidente de los Estados Unidos, caracterizada por la sucesiva aplicación de mayores aranceles a las exportaciones brasileñas y su intervención en la política interna y en la campaña electoral de Brasil, es uno de los elementos que consideran como agravantes en Itamaraty.


“Milei vino a hacer de gerente de Trump y ofendió a dos de los tres poderes de la república, además de sumarse al ataque contra la democracia brasileña, que resistió a un intento de golpe de Estado. Esto es hacer apología del golpismo”, destacó con manifiesto desagrado una alta fuente de la cancillería de Brasil.


El vocero hacía referencia al asalto a la Plaza de los Tres Poderes, el 8 de enero de 2023, por parte de partidarios de Jair Bolsonaro, que desconocían el resultado de la elección en la que Lula derrotó al entonces presidente que iba por su reelección. Por ese hecho fue condenado y se encuentra en prisión agravada el exmandatario y padre del actual candidato de derecha, a quien Milei intentó visitar sin éxito, ya que se lo prohibió el Superior Tribunal de Justicia. La denegatoria desató las críticas del presidente argentino a ese poder, que fueron rechazadas formalmente en duros términos por el titular de la Corte brasileña, en un acto que tampoco registra antecedentes cercanos.


El pico de conflicto alcanzado en las últimas horas es resultante de una larga serie de desencuentros y disputas entre Milei y Lula da Silva, que tuvo como antecedente un entredicho en 2024 con otro viaje del presidente argentino en el que también expresó su apoyo a Bolsonaro y cuestionó las causas judiciales en su contra. Por esa situación el embajador Bitelli debió viajar a Brasilia para analizar los hechos, aunque no se trató, como ahora, de un formal llamado en consulta, ni tuvo mayores consecuencias.


“Lo de 2024 fue mucho menor en comparación con esto, ya que, si bien Milei hizo su show de rockstar, después en la cumbre del G-20 leyó un discurso muy formal. Se ve que en ese momento Karina había acertado con la medicación”, afirmó con deliberada corrosividad un vocero de Itamaraty.


A pesar de esos cortocircuitos, que incluyeron la reciente ausencia de Milei en la cumbre del Mercosur para no encontrarse con Lula, las relaciones entre los dos países tuvieron puntos de contacto y coincidencias, como la firma del muy demorado y ansiado acuerdo del bloque sudamericano con la Unión Europea.


Además, Brasil se hizo cargo de la representación y custodia de la embajada argentina en Venezuela, tras la expulsión de los diplomáticos argentinos por parte del régimen de Nicolás Maduro en 2024, que se mantuvo hasta enero de este año, cuando el gobierno de Lula da Silva decidió terminar con esa tarea por el desgaste que ya sufría la relación.


En el comienzo de la gestión de Milei, el Brasil de Lula, además, se presentó ante el tribunal de Nueva York que llevaba adelante la causa contra el país por la nacionalización de YPF, como “amicus curiae” en respaldo de la posición argentina, que finalmente se impuso.


Esos antecedentes cobran hoy mayor dimensión y acrecientan el malestar del gobierno brasileño.


A la constante falta de diálogo, que se intensificó desde la llegada de Quirno a la Cancillería, el 28 de octubre del año pasado, los agravios y la intromisión en la política interna y en el proceso electoral, en Brasilia suman lo que consideran una absoluta ausencia de gratitud de parte del gobierno de Milei.


Aquellos gestos en favor de la Argentina no solo tuvieron carácter simbólico, sino que “lo de la embajada en Venezuela entrañó gastos nunca reparados, y el resultado final del juicio por YPF le significó a la Argentina evitar un pago inabordable de unos 16.000 millones de dólares”, reprochan desde Brasilia. Ni el corazón ni el bolsillo aportan consuelo o acercan soluciones. Todo lo contrario.


La opinión es unánime, se trata la peor crisis entre la Argentina y su principal socio comercial de, al menos, el último medio siglo. Y desde Buenos Aires no asoma ninguna voluntad de querer repararla.


Por Claudio Jacquelin 


 

"CieloSur Editora : Jaimito #28"


 


 

domingo, 26 de julio de 2026

Los espejos rotos del kirchnerismo


 

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Los espejos rotos del kirchnerismo 


LA NACION 


Sergio Suppo



Cristina Fernandez de Kirchner por Alfredo Sabat


En la odiosa calma de su encierro domiciliario, Cristina Kirchner tiene más tiempo para revisar noticias que evocan sueños perdidos. A un costado de la definición del Mundial en los Estados Unidos, estos títulos mostraron la deriva final de tres viejos amigos del kirchnerismo: Venezuela, Cuba y Nicaragua.



El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, anunció para las próximas semanas el comienzo de las conversaciones para la transición democrática en Venezuela. Rubio, uno de los dos principales aspirantes republicanos para suceder a Donald Trump en la Casa Blanca, fijó Washington como escenario de esas conversaciones.


Venezuela funciona dirigido a control remoto por los Estados Unidos desde que el 3 de enero, en una operación militar concertada por miembros del régimen venezolano, Nicolás Maduro fue apresado en Caracas y trasladado a Nueva York para ser juzgado. El terremoto del 24 de junio mostró que para lo único que funcionaba el régimen iniciado por Hugo Chávez en 1999 era para reprimir y enriquecerse.


Sobre la ruinas materiales e institucionales de Venezuela, el gobierno de Trump se propone fabricar un sistema político ajustado a sus propios intereses, que son sinónimo de petróleo


Sobre esas ruinas materiales e institucionales, el gobierno de Trump se propone fabricar un sistema político ajustado a sus propios intereses, que en Venezuela son sinónimo de petróleo.



Expresado en términos brutales por el trumpismo, el giro hacia la región de los Estados Unidos se parece más a una maniobra de preservación y dominio de lo que puede controlar frente a la consolidación de China como gran protagonista.


La detención de Maduro no liquidó la dictadura; sus secuaces ahora obedecen a Estados Unidos a cambio de alguna garantía de impunidad si algún día regresa la democracia a Venezuela.



El efecto colateral inmediato es la aceleración de la fase final de los últimos vestigios de la revolución cubana. Por la falta de combustible, los vuelos con turistas dejaron de llegar y los hoteles terminaron de cerrarse. Meliá canceló su operación en la isla, una muestra más del final del experimento de atraer visitantes a una burbuja inaccesible para los propios cubanos.


Tanto Venezuela como Cuba son objetivos de Rubio en tanto le pueden servir para consolidarse como aspirante presidencial.


Aquí y allá solo quedan ruinas de aquel populismo que gobernó casi toda Sudamérica, con algunas excepciones y matices diversos, reconocibles aun dentro de una generalización


En cambio, no parece tener un interés inmediato en Nicaragua, un país de menor importancia estratégica en relación con los anteriores. Ahí se terminó de afianzar una dictadura al estilo de la familia Somoza, a quien el mismo Daniel Ortega, líder del Frente Sandinista de Liberación Nacional, logró derrocar a mediados de 1979. Ortega, que gobierna ininterrumpidamente desde 2007, comunicó esta semana que decidió anular de ahora en adelante todo tipo de elecciones. Con él y su mujer alcanza.



Con todo derecho, Cristina Kirchner puede preguntarse cómo es que finalmente se produjo tal desbande. Aquí y allá solo quedan ruinas de aquel populismo que gobernó casi toda Sudamérica, con algunas excepciones y matices diversos, reconocibles aun dentro de una generalización.


Es más difícil, en cambio, que el peronismo alguna vez se pregunte y se responda cómo el kirchnerismo lo llevó a desviarse hacia los márgenes del sistema político internacional, rompiendo viejos equilibrios que otras versiones del propio peronismo no se había atrevido a quebrar aun en nombre de aquel viejo esquema de los Países No Alineados.



Siempre resultó llamativa la simpatía que despertó el régimen cubano en vastos sectores de la política argentina que, soslayando la matriz férreamente autoritaria, repitieron por años la propaganda de los logros en salud y educación de Fidel Castro sin hacer alusión a las violaciones a los derechos humanos y la falta de libertad política.


Milei tiene ahora un tiempo parecido a los Kirchner, pero en el otro extremo, y espera que el hijo de Bolsonaro jubile a Lula


La seducción castrista siempre fue efectiva. Funcionó también con Cristina, al extremo de confiar a su hija al régimen para un tratamiento médico que también fue refugio frente al peligro de una posible detención.



Más contante y sonante resultó el vínculo con Hugo Chávez y luego con Nicolás Maduro. Por intermedio de ellos se construyeron negocios financieros con retornos millonarios y, como si eso no bastara, a instancias de Chávez se consolidaron vínculos tanto con el régimen ruso y como con el iraní, responsable del peor atentado terrorista de nuestra historia.


En la pandemia, se activaron esos viejos vínculos cristinistas para privilegiar la compra de vacunas rusas por sobre las norteamericanas. Y antes, en el último mandato presidencial de la ahora detenida líder peronista, la firma del acuerdo con Irán que iba a garantizar la impunidad del atentado contra la AMIA, 32 años atrás.



De aquello no queda casi nada; apenas el desenlace pendiente en Venezuela y Cuba bajo la vigilancia de los Estados Unidos. Brasil desde siempre mantuvo cierta distancia y alguna proximidad según su circunstancial conveniencia para consolidar su aspiración de ser una potencia global.


De Fernando Henrique Cardoso a Lula y de Lula a Bolsonaro y viceversa, Brasil ha mantenido un rumbo invariable dirigido a consolidar su peso productivo y su capacidad de exportación. Aliado a China, India y Rusia, en los Brics, nunca rompió el equilibrio en su vieja relación con los Estados Unidos.



A la vez preservó el vínculo con la Argentina, construido al compás del restablecimiento de la democracia en ambos países en los años 80. Fue parte del trabajo para el liderazgo regional que los distintos presidentes brasileños siempre mostraron, con más paciencia que distancia respecto de los vaivenes de la Casa Rosada.


Los Kirchner sobreactuaron una amistad con Lula, pero se pasaron varias estaciones y terminaron tributando ideológicamente al chavismo. Por el contrario, Brasil nunca dejó de ser Brasil más allá de sus cambios políticos.


Javier Milei tiene ahora un tiempo parecido a los Kirchner, pero en el otro extremo, y espera que el hijo de Bolsonaro jubile a Lula. Hoy irá a hacer campaña, un error que ya cometió el propio Lula haciendo campaña electoral en la Argentina por el kirchnerismo.


Las afinidades no siempre reflejan lo mismo ni dan ventajas a los países que representan los presidentes que celebran sus ideas en común. Cristina contempla estas ruinas de aquellos esplendores mientras Milei se asoma a la ilusión de un liderazgo regional que nunca será tal. En algún momento, Trump le hará notar quién es el verdadero jefe.


Por Sergio Suppo 


 

"Suplemento Aventuras del Diario El Tiempo #7 - 1996"