miércoles, 26 de agosto de 2026

El deber de advertir: por qué es importante hablar sobre la salud mental de un presidente


 

 Opinión 


El deber de advertir: por qué es importante hablar sobre la salud mental de un presidente


Rodrigo Lloret


Diario Perfil




"Huyamos hacia la derecha". Javier Milei por Pablo Temes


Cuando los republicanos nominaron a Barry Goldwater como candidato presidencial de los Estados Unidos en 1964, Ralph Ginzburg envió un cuestionario a los 12.356 psiquiatras matriculados en Estados Unidos. El editor de la revista Fact les hizo llegar a los médicos una inquietante consulta: “¿Usted cree que Barry Goldwater está psicológicamente en condiciones de ejercer como presidente?". Cientos de especialistas en salud mental respondieron, y muchos de ellos diagnosticaron a Goldwater con síndrome de paranoia, esquizofrenia y megalomanía, pero lo hicieron a la distancia y sin haber podido examinarlo. El episodio se consideró como un ejemplo de uso irresponsable de la autoridad médica y la Asociación Psiquiátrica Estadounidense (APA, por sus siglas en inglés) adoptó en 1973 la “regla Goldwater” para impedir que la experiencia pudiera a repetirse. Sin embargo, medio siglo después, otro republicano, volvió a ser protagonista de un experimento similar: Donald Trump.


El proyecto se originó en la conferencia titulada “El deber de advertir”, celebrada el 20 de abril de 2017 en la Universidad de Yale y organizada por Bandy Lee, psiquiatra forense con formación en las facultades de Medicina y de Derecho de esa prestigiosa universidad. Lee discrepaba de lo que consideraba una “orden de silencio”, impuesta por la APA para prohibir a sus miembros hablar sobre el estado de salud mental de Trump. Y sostuvo que había que desconocer la “regla Goldwater”, que protegía a una figura pública y poderosa, y en cambio, era necesario privilegiar el derecho de una sociedad a acceder a información importante sobre su presidente, como una de las principales garantías del sistema democrático.



Así nació El peligroso caso de Donald Trump: 27 psiquiatras y expertos en salud mental evalúan a un presidente, un sorprendente ensayo que reúne el análisis de psiquiatras, psicólogos y otros profesionales de la salud mental que arrojaron conclusiones muy potentes sobre la impulsividad de Trump en términos de su narcisismo patológico, su hedonismo desenfrenado y su exacerbado nivel de desconfianza, que excede la paranoia, rasgos que los autores señalaron como causas muy perjudiciales, dado el poder que podía llegar a ejercer en los Estados Unidos. El libro contiene también un capítulo escrito por Robert Jay Lifton, reconocido psiquiatra que había analizado la patología de los médicos alemanes que trabajaron en el Tercer Reich para justificar al nazismo. En el paper sobre Trump, Lifton desarrolla el concepto de “normalidad maligna”: el modo en el que una sociedad termina naturalizando en sus líderes conductas impropias, que en cualquier otro contexto se reconocerían como dañinas.


Ante la neutralidad profesional que exigiría abstenerse de opinar sobre un paciente no examinado clínicamente, los autores decidieron priorizar su deber cívico y moral para “advertir” a la sociedad estadounidense sobre la gravedad de los problemas detectados. Es importante destacar que los especialistas convocados para brindar su análisis no se pusieron de acuerdo a la hora de señalar los detalles concretos del trastorno exacto que podría aquejar a Trump, pero todos coincidieron en que su salud mental requería atención médica. No deja de llamar la atención que el trabajo se publicó durante el primer mandato de Trump, quien luego volvió a la Casa Blanca algunos años más tarde.


¿Por qué hablar de la salud mental de un presidente? Porque el debate sobre la patología que podría atravesar Javier Milei aumentó en los últimos días en la Argentina. Los lectores de Editorial Perfil saben que no se trata de ninguna novedad: tanto en Perfil como en Noticias, se han publicado cientos de artículos que alertaron sobre la necesidad de discutir seriamente este tema, entendiendo el deber que el ejercicio periodístico impone sobre tan delicada agenda pública. Ya durante la campaña presidencial de 2023, que llevó a Milei a convertirse en un verdadero personaje del prime time televisivo, en los medios de Perfil se advirtió que el entonces candidato pasaba con total naturalidad de insultar a Keynes a vanagloriarse de su sexo tántrico, o hasta podía confesar sin ningún tipo de pudor que creía que no había ningún tipo de delito en vender órganos para luego referirse al Estado como un pedófilo que ingresa a un jardín de infantes con niños desnudos, atados y cubiertos de vaselina. ¿Hasta cuándo vamos a seguir fingiendo que todo eso era normal?


Desde Editorial Perfil se hicieron muchos llamados de atención para anticipar la delicada encerrona hacia la que se encaminaba el país, sin que la sociedad argentina se alertara porque su presidente estaba convencido de, por ejemplo, haber hablado con Dios, gracias a las gestiones espiritistas de su hermana, que presuntamente iniciaba ese diálogo divino a través de un perro muerto, animal que falleció hace ya muchos años pero que Milei considera que sigue vivo. O la preocupación por estar gobernados por un jefe de Estado que cree ser la reencarnación de un general del ejército romano, que llegó a este presente para sacar a la Argentina de su letargo. ¿Hasta cuándo vamos a seguir fingiendo que todo eso era normal?


El biógrafo no autorizado de Milei, Juan Luis González, ha publicado dos de los mejores libros de investigación periodística sobre el tema. En sus dos bestsellers, El Loco –el nombre ya lo dice todo–, y Las fuerzas del cielo, el editor de Política de la revista Noticias se adelantó a muchos de los debates que hoy empiezan a aparecer, tímidamente, en los medios de comunicación argentinos. La desazón por un presidente que se asesora con videntes y mediums, que siente que está ejerciendo un mandato mesiánico y que nada de lo cotidiano le preocupa porque asume que su trascendencia es divina y que su vida se entrelaza entre lo esotérico y lo personal, entre lo celestial y lo terrenal y entre lo político y lo simbólico. Lamentablemente, ninguna de esas alarmas fueron debidamente atendidas: nada de todo esto fue cuestionado en la prensa argentina desde que asumió Milei. El deber de advertir sobre la salud mental de un presidente era solapado por el inocultable intento de normalizar lo anormal.


El deber de advertir sobre la salud mental de un presidente era solapado por el inocultable intento de normalizar lo anormal.


Pero algo ha cambiado en los últimos días. La que cruzó la línea fue Victoria Villarruel, ex compañera de fórmula de Milei, que repentinamente descubre lo que antes no quería ver y se preocupa por la salud mental del Presidente: “Tengo genuina preocupación por su estado y por las persecuciones imaginarias que replica en Argentina y el exterior”. Y hace tan solo algunos días se sumó una voz autorizada en el análisis de la salud presidencial, como la del médico y periodista Nelson Castro. El columnista de Perfil fue uno de los primeros en señalar la importancia de hablar sobre la salud de Néstor Kirchner y de Cristina Kirchner durante sus gobiernos y ese antecedente le otorga verdadera autoridad para ahora concluir: “Milei tiene un problema psiquiátrico, claramente. Toda la dependencia con su hermana, el tipo de vida que vos ves, el nivel de aislamiento que tiene, esta explosividad que él manifiesta".


El aislamiento de Milei en Olivos, donde estuvo recluido casi dos semanas sin actividad oficial ni visitas con agenda de trabajo, así lo confirman. Pero tampoco es algo nuevo, sino que se trata de un problema que se confirma de más larga data: luego de acceder al registro de ingresos oficiales a la Quinta de Olivos durante el primer semestre de 2026, Pablo Varela confirmó hoy en Perfil que el aislamiento de Milei es cosa seria. Son muy pocas las personas que lo frecuentan y el intercambio social parece no ser una prioridad para el Presidente, que se encuentra recluido. Desde una de las pequeñas casas que reformó especialmente en Olivos, con pocos muebles minimalistas y paredes decoradas con grandes cuadros que lo retratan, Milei solo “sale” al exterior a través de sus redes sociales, donde cada vez se muestra más irascible, inestable y violento. ¿Hasta cuándo vamos a seguir fingiendo que todo esto es normal?


No quedan dudas, es necesario hablar sobre este tema. Porque se trata de una cuestión de Estado, que guarda una gran gravedad, tal como lo ha planteado recientemente Jorge Fontevecchia, que en su editorial titulada “¿No se dan cuenta que este hombre no está bien?”, puso las cosas en su lugar: “Estamos naturalizando tener un presidente que, como se titula el célebre filme de Almodóvar, se encuentra siempre al borde de un ataque de nervios (...) Da vergüenza. Por ahora, fingir demencia es la manera que tienen muchos que lo consideran un mal menor, a la que apelan para no sentir vergüenza”.


Investigador principal del Conicet, docente de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Torcuato Di Tella, ex catedrático de la Universidad Harvard y de la Universidad Columbia, el argentino Roberto Gargarella se ha convertido en uno de los más reconocidos juristas de América Latina, con foco en el constitucionalismo y las reformas institucionales que se necesitan para consolidar una democracia. Desde hace algunos días, Gargarella ha decidido decir lo que algunos no se atreven a decir: “Destitución por su incapacidad mental”, viene posteando en X cada vez que un usuario comenta, azorado, un nuevo y aberrante insulto de Milei.


Tiene razón, Gargarella. Hay que decirlo con todas las letras: es hora de hablar de la salud mental de nuestro presidente.



 

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martes, 25 de agosto de 2026

Milei acelera por 2027 mientras los números le tiran la realidad por la cabeza


 

 Editorial 


¿Apuesta suicida o desconexión?


Milei acelera por 2027 mientras los números le tiran la realidad por la cabeza




El presidemente Javier Milei. (Dibujo: Fernando Rocchia para AGENCIA NOVA)


Javier Milei ya puso sobre la mesa su intención de buscar la reelección en 2027. El problema para el Presidente no es que quiera continuar en la Casa Rosada, sino el momento elegido para instalar públicamente esa aspiración: cuando su gestión enfrenta un desgaste significativo, persisten las dificultades económicas y distintas encuestas muestran un escenario bastante más incómodo para el oficialismo que el que Milei parece imaginar.


La decisión puede ser interpretada como una demostración de confianza. Pero también abre una pregunta inevitable: ¿Está el Presidente leyendo la realidad política del país o está mirando exclusivamente los indicadores que confirman su propio relato?


El Gobierno todavía conserva capacidad electoral y sería absurdo dar por muerto al oficialismo a más de un año de una elección presidencial. Sin embargo, tampoco resulta serio ignorar el deterioro de determinados indicadores de opinión pública.


La intención de voto, la imagen presidencial y la evaluación de una gestión no son exactamente lo mismo, pero juntas permiten observar una tendencia: el entusiasmo inicial que acompañó a Milei ya no tiene la misma intensidad.


La economía, el verdadero examen


Milei llegó al poder prometiendo una transformación profunda de la Argentina. Su principal argumento político continúa siendo que el sacrificio presente permitirá construir una economía más estable y próspera en el futuro.


El problema es que para una parte importante de la sociedad el futuro todavía no llegó.


El costo del ajuste se convirtió en una experiencia cotidiana para millones de argentinos. El salario, el empleo, el consumo y la capacidad de llegar a fin de mes son variables que difícilmente puedan resolverse con consignas libertarias, insultos contra la “casta” o publicaciones triunfalistas en redes sociales.


La política económica puede exhibir determinados resultados positivos y, al mismo tiempo, generar un enorme malestar social. Esa tensión es precisamente uno de los mayores riesgos electorales que enfrenta Milei.


El Presidente necesita que la sociedad crea que el sacrificio tiene sentido. Pero cada vez que una familia debe recortar gastos, cada vez que un trabajador siente que su sueldo pierde capacidad de compra o cada vez que una pequeña empresa enfrenta dificultades para sobrevivir, la discusión económica deja de ser una cuestión de estadísticas y se convierte en una experiencia personal.


Y ahí es donde el relato oficial puede comenzar a chocar contra la realidad.


El fantasma de 2027


Anunciar una candidatura presidencial con tanta anticipación tiene una ventaja evidente: permite a Milei ordenar el espacio libertario y convertir la reelección en el eje político del Gobierno.


Pero también tiene una desventaja considerable: transforma el desempeño de cada día de gestión en parte de una campaña electoral permanente.


A partir de ahora, cualquier crisis económica, conflicto interno, escándalo político o caída en las encuestas puede ser leído como un problema de la candidatura presidencial de Milei.


El Presidente ya no puede refugiarse en la idea de que falta mucho para 2027. Él mismo decidió instalar 2027 en el centro de la conversación.


Y eso puede convertirse en una trampa.


Porque si el oficialismo mejora sustancialmente la economía, Milei tendrá argumentos para decir que tenía razón. Pero si el malestar social continúa creciendo, la oposición tendrá una respuesta extremadamente sencilla: “Milei quiere cuatro años más de esto”.


La oposición todavía tiene problemas


Sería ingenuo presentar este escenario como si Milei estuviera electoralmente derrotado. No lo está.


La oposición continúa fragmentada y todavía no apareció una figura capaz de concentrar por sí sola el voto opositor. Ese dato puede beneficiar enormemente al Presidente.


La paradoja es que Milei puede estar desgastado y, al mismo tiempo, seguir siendo el candidato con mayores posibilidades de llegar a una segunda vuelta.


Eso no significa que su reelección esté asegurada.


Significa que el principal activo electoral del oficialismo puede no ser su propia fortaleza, sino la incapacidad de sus adversarios para construir una alternativa competitiva.


Y ese es justamente uno de los grandes interrogantes de cara a 2027: ¿Qué sucedería si el peronismo logra reorganizarse, el centro político encuentra una candidatura competitiva y sectores hoy enfrentados consiguen coordinarse contra La Libertad Avanza?


Milei podría descubrir entonces que tener un núcleo duro importante no alcanza para garantizar cuatro años más en el poder.


El Presidente contra su propio espejo


Hay algo particularmente llamativo en el discurso presidencial: Milei suele hablar de su gestión como si los resultados fueran evidentes e indiscutibles.


Pero la Argentina real es bastante más contradictoria.


Hay indicadores que pueden ser utilizados por el Gobierno para defender su programa y otros que muestran un fuerte descontento. Hay ciudadanos que consideran que Milei está haciendo exactamente lo que prometió y otros que creen que el costo del programa económico es demasiado elevado.


La democracia funciona precisamente sobre esa disputa de interpretaciones.


El problema aparece cuando un gobierno confunde sus propias convicciones con una descripción objetiva de la realidad.


Milei construyó buena parte de su identidad política enfrentándose contra aquello que denominaba “la casta”. Ahora enfrenta un desafío diferente: demostrar que su propio proyecto puede sobrevivir al desgaste inevitable que produce gobernar.


Porque gobernar no es solamente ganar una elección. Es administrar conflictos, construir consensos, sostener instituciones y producir resultados que sean perceptibles para la mayoría de la población.


Y 2027 será, en buena medida, un plebiscito sobre eso.


¿Una candidatura prematura?


La decisión de Milei de hablar abiertamente de su reelección puede ser entendida como una muestra de seguridad.


Pero también puede revelar cierta desconexión con el humor social.


Si las encuestas muestran desgaste, si persisten problemas económicos y si todavía falta más de un año para definir formalmente las candidaturas, ¿por qué apurarse?


La respuesta probablemente esté dentro de la propia lógica del oficialismo: Milei necesita mantener movilizada a su base, evitar que sus aliados comiencen a discutir sucesiones y consolidar la idea de que el proyecto libertario no termina en diciembre de 2027.


Pero esa estrategia también tiene un costo.


Cuanto antes se instala la pregunta sobre la reelección, antes comienza el juicio sobre si el Presidente merece otros cuatro años.


Y si la respuesta social empieza a ser negativa, el propio Milei habrá sido quien adelantó el debate.


Por ahora, no hay motivos serios para afirmar que Javier Milei está fuera de carrera. Tampoco existen razones para asumir que su reelección será sencilla.


Lo que sí existe es una advertencia política evidente: el Presidente decidió mirar hacia 2027 cuando todavía tiene que convencer a buena parte de la sociedad de que el esfuerzo económico que exige su programa tendrá una recompensa concreta.


Milei puede tener razón y terminar convirtiendo su candidatura en el comienzo de una segunda etapa histórica del experimento libertario.


Pero también puede estar cometiendo el error clásico de todo poder: enamorarse de su propio relato y creer que la realidad funciona exactamente como sus discursos.


La elección de 2027 todavía está lejos. Pero el reloj ya empezó a correr.


Y esta vez, el principal adversario de Milei no será solamente la oposición.


Será la realidad.


 

HUMOR DIARIO