martes, 1 de septiembre de 2026

Milei, cada vez más iracundo y también a la defensiva


 

 COLUMNISTAS 


relato imperfecto


Milei, cada vez más iracundo y también a la defensiva


La furia contra sus críticos convive con una economía que no llega al bolsillo. Advertencias por el creciente desgaste.


Nelson Castro


Diario Perfil



Boquitas paspadas. Javier Milei por Pablo Temes


Quienes tratan a Javier Milei en la intimidad, coinciden en su descripción. Hablan de una persona amable, educada, culta, estudiosa y ocupada en encontrar las soluciones a los múltiples problemas que enfrenta la Argentina. Coinciden también en la dependencia que tiene de su hermana. Es una dependencia profunda e intensa. Es, claramente, el producto de una historia de vida. Esos mismos interlocutores también señalan la impresión de estar frente a una persona que se encuentra permanentemente a la defensiva y particularmente sensible a la crítica.




La agresividad, en sus distintas formas, es la expresión conductual de una emoción intensa derivada directamente de la ira. Ese estado emocional es muchas veces producto de una situación que le genera a la persona un sentimiento de inseguridad. Frente a esta circunstancia aparece la necesidad de una reacción: la agresión. En suma, no hay una reacción agresiva cuando no hay inseguridad.


Las agresiones verbales de Milei contra todos los que se atreven a criticarlo son producto de su inseguridad, la que, por supuesto, nunca reconocerá.


La realidad tiene una fuerza imparable. Por eso, no importa cuánto insulte o descalifique el Presidente y alguno de sus ministros a los economistas y a los periodistas que lo critican, los hechos son los que son.


Como dice el proverbio, “la necesidad tiene cara de hereje”. Es lo que representa el anuncio hecho por Luis Caputo en la conferencia de prensa del miércoles por la mañana. Los créditos hipotecarios son una necesidad para millones de personas que no tienen ninguna chance de acceder a una vivienda. La medida, que representa un paso adelante para paliar este déficit y la instrumentación, se hará a través de la utilización de dinero proveniente del Fondo de Garantía de


Sustentabilidad del Anses. Es decir, es dinero del Estado. Dicho esto, hay que recordar que a nadie le interesó señalarle al gobierno la contradicción entre su dogma y la realidad. Muy por el contrario, hubo coincidencia acerca de lo bueno de la medida que demuestra que el Estado tiene un roll en el capitalismo. La clave está en hacer un buen uso de esos recursos y en la transparencia. Nada se puede lograr de otra manera. El mal uso


que del Estado he hecho y hace el peronismo terminó por desvirtuar su papel del cual hay gran necesidad en la Argentina como la hay


en todo el mundo.


La economía está en el centro de la problemática de la ciudadanía. Esto que es evidente para muchos dentro del oficialismo, no lo es

para Milei ni para Caputo. Y esto es un problema que preocupa a cada vez más gente. En los últimos días el que advirtió sobre esto fue Agustín Laje, quien había sido una de las espadas mediáticas más potentes del Presidente.


Laje advirtió sobre la difícil situación de la economía doméstica. “Si los gobiernos de derechas de Argentina, de Colombia, de Chile, de Ecuador, de Perú no logran mejorarle el metro cuadrado a la gente, el péndulo se va a ir de nuevo hacia la izquierda”,

dijo Laje en una expresión de absoluto sentido común. “La batalla cultural es para que las condiciones de las cosas intangibles sucedan.


Pero la gente no te vota más por una palabra, por un valor o por un principio”, agregó, a modo de advertencia sobre el eventual resultado de las próximas elecciones.


La reacción del presidente no se demoró. Por lo tanto, en cuestión de minutos, Laje pasó de ser un heraldo del mileísmo a un detractor. “Traidor”, lo fulminó Milei.


Uno de los más preocupados con esta situación es Diego Santilli. El jefe de Gabinete tiene contacto con la calle y con las dirigencias del país. Por ende, sabe que el futuro electoral de La Libertad Avanza será de mucha incertidumbre si la economía no despega y llega al bolsillo de la gente. De nada valen los números récords de exportaciones y nuevas inversiones fomentadas por el RIGI si eso no derrama.


En su exposición ante los estudiantes del cuarto y quinto año de la ORT titulada “Ética como Política de Estado”, Javier Milei habló del relativismo moral. Para quien no supiera su significado se define al relativismo moral como una teoría ética para la cual no hay ninguna forma universal de saber lo que está bien y lo que está mal. Eso significa, en lo hechos, la existencia de una doble vara por la cual una misma cosa, hecho o conducta, es mala o buena según quien haga. Por ejemplo, en el caso del periodismo, si se lo critica al kirchnerismo, el periodismo es bueno; pero, si se lo critica al oficialismo, el periodismo es malo. Otro ejemplo: si el kirchnerismo busca nombrar jueces afines, eso es repudiable y representa un ataque contra la independencia del Poder Judicial que es esencial para la república: pero, si quien hace esto es el gobierno, eso no merece reproche. La alocución del Presidente en el colegio


fue otro ejemplo de relativismo moral. Eso lo hacían – y lo siguen haciendo – muchos dirigentes del peronismo que tomaron a las escuelas como botín de la militancia. Eso fue lo que precisamente ocurrió en la ORT con Milei que usó esa tribuna para hacer una arenga partidaria por lo cual son muchos los padres de los alumnos que están elevando sus voces para protestar. El Presidente pretende ser un heraldo de la moral. Mucha gente


que lo votó en 2023 lo hizo porque creyó en su discurso. Muchos de ellos se sienten hoy en día defraudados. Cuando Javier Milei se transforma en una persona agresiva y llena de furia se parece a Cristina Fernández de Kirchner en sus días de apogeo e ira incontenible. Y eso no es lo que pregona el dogma libertario que incluye el respeto al que piensa diferente.


 

El modelo Milei y una bola de cristal todavía empañada


 

 LA NACION > Política 


El modelo Milei y una bola de cristal todavía empañada


Los dos componentes centrales del formato de locura política son ajenos a la sociabilidad del votante; por un lado, están las referencias escatológicas; por el otro, el reemplazo de la ortodoxia económica por la ortodoxia divina


1 de septiembre de 2026


LA NACION


Luciana Vázquez



Javier Milei por Alfredo Sábat


El Gobierno tiene algunas certezas. Primero, que el modo Milei sobregirado es el dique de contención que blinda el cambio económico: las formas mileístas como el rugido necesario para disciplinar el escenario político. Segundo, que el vaso está medio lleno antes que medio vacío: la columna de Federico Sturzenegger de este domingo buscó sintetizar esa perspectiva. Tercero, que la narrativa de crisis que alienta el kirchnerismo y la oposición no dialoguista es eso, apenas una narrativa que puede tener efectos anti oficialistas en el presente, pero no en el momento de votar. Cuarto, que en 2027, cuando llegue la verdad de las urnas, el gran ordenador de la demanda política será el “riesgo kuka”, o el “miedo kuka”. Y por último, como consecuencia de esa certeza, que la decisión del votante no estará signada por una preocupación republicana por las formas mileístas, aunque lo irriten, sino por la matriz conceptual macroeconómica aunque el bolsillo todavía duela: una apuesta por el rumbo, a pesar de todo.



El problema es que, por cada certeza, hay un análisis basado en datos que la matiza e inclusive, hay una refutación. Es decir, por cada ventaja que ve el oficialismo, hay una desventaja posible. El mileísmo tiene frente a sus ojos una bola de cristal todavía muy empañada. El futuro cercano, el del año que viene, muestra altas cuotas de incertidumbre. Desde el oficialismo, la incertidumbre se ve alimentada por dos lados: el impacto de los resultados del plan económico en el bolsillo de la gente y el impacto del modo Milei en el hartazgo del votante.


Desventaja 1: Milei recargado

En las filas oficialistas, hay justificación para el Milei desaforado que insulta sin parar y anuncia al plan económico como plan divino: más que un exabrupto, la condición de posibilidad del cambio de rumbo macroeconómico y sus sostenibilidad. La oposición entre la experiencia macrista y la experiencia mileísta está en la base de esa justificación: es otra cara del debate “fondo vs forma”. La potencia constructiva del “loco Milei” estaría intacta, al menos en el campo de la negociación política


La idea es que esa visceralidad arrasadora mileísta es la expresión de una voluntad política indomable que da respaldo para que los ministros cumplan con los objetivos de gestión. En esa versión, a Macri lo condenaron las formas, los buenos modales republicanos que dieron oxígeno al kirchnerismo y habilitaron la presión para alterar el rumbo económico. Ese estilo de liderazgo le habría mercado el apoyo a sus ministros. Para el mileísmo, Luis Caputo surge como su principal víctima, que ahora encuentra la horma de sus zapatos en las espaldas políticas de Milei.



Para el oficialismo, hay dos pruebas de que el modo Milei funciona, aunque no guste. Primero, se comprueba en la capacidad política que conserva el Gobierno para sacar leyes, incluso con votos del cristinismo, como el nombramiento de jueces polémicos: Milei ganando la parada en un tema tan sensible para Cristina Kirchner y el kirchnerismo en general, y eso con votos del mismo kirchnerismo. Una potencia política que, según el oficialismo, se basa en parte en la agresividad mileísta.


Ese poder mielísta, corporizado en el Milei rugiente, se expresó en toda su extensión: terminó dominando una negociación parlamentaria que acabó mileizando a espadas clave del kirchnerismo en el Senado, que quedaron expuestas: ayer, la senadora Juliana Di Tullio, dirigente cercana a Cristina Kirchner, fue interpelada a cielo abierto en la red X por ciudadanos kirchneristas por haber dado su voto al nombramiento de jueces cuestionados históricamente por el kirchnerismo. Le imputaron “pactos espurios”. Di Tullio no logró satisfacer a sus bases ni con las razones que dio, “decisiones político institucionales”, ni con el pase de factura de corte mileísta, cuando culpó a C5N por los cuestionamientos y lo trató de ensobrado o pautero, aunque no usó el diccionario mileísta: “A no ser que la pauta publicitaria sea más importante que lo que representa (?) el propio medio”, fueron las palabras elegidas por la senadora cristinista.



Para el Gobierno, la otra prueba de la efectividad del modo Milei sobregirado es la capacidad de resistencia ante la narrativa de crisis económica que la oposición dura logró consolidar, sobre todo, a partir del foco en el deudor como sujeto político-electoral. La dureza de la respuesta de Milei sobre la responsabilidad de los privados es la línea editorial que necesita el equipo económico: la señal interna y hacia afuera de que no hay vuelta atrás en el plan. El Milei sacado como la nueva ancla del plan económico.


Es cierto que hay un “plan platita” mileísta en acción: desde los créditos hipotecarios basados en el Fondo de Garantía de Sustentabilidad a la mejora salarial para las Fuerzas Armadas o a un destape de las paritarias. Pero el alcance es tan corto que no desdice la línea editorial del Milei rugiente: es más un parche fiscal menor en el camino electoral.


Desventaja 2: ¿Locura mileísta vs racionalidad ciudadana?

Esa línea de acción política le viene dando chances al Gobierno en el plano de la política. La cuestión es cómo pega en la preferencia de la gente. Los dos componentes centrales del modo Milei en formato de locura política son más bien ajenos a la sociabilidad de los argentinos. Por un lado, están las referencias escatológicas para estigmatizar a colectivos y también a particulares. Ignacio Miri en Clarín lo puso blanco sobre negro: no hay ningún adulto que ande por la vida pública llamando a quienes le caen mal con epítetos gruesos al estilo de “mierda humana mal cagada”.



Es difícil imaginar un votante de centro derecha no mileísta, cuyo voto es necesario para el Gobierno, que pueda aceptar esa metodología. El Milei de agresividad recargada suma riesgo electoral, cuando cada voto se necesita, y el desapego de los votantes va creciendo. Y sobre todo, si la economía llega con problemas a las elecciones. Ese Milei puede quedar girando solo en su cámara de eco, sin capacidad de representar una rabia ciudadana que transcurre por otros carriles expresivos.


Por el otro lado, hay una escalada de nuevo cúneo en la batalla cultural de Milei en pos de un capitalismo de libre mercado argentino: en el discurso de la Escuela ORT, Milei cambió el sistema de argumentación macroeconómico. Dejó el campo de la racionalidad económica con base en la evidencia para saltar al campo de la justificación divina del modelo económico Milei: de la ciencia basada en serie de datos históricas a la pura fe religiosa, una gragea difícil de digerir en una sociedad democrática, profundamente secular y abierta al debate de todo, hasta de lo más establecido. Milie habilita una especie de teocracia económica de baja intensidad que acarrea riesgos políticos: es innecesaria a la hora de convencer a la ciudadanía de que el rumbo es el correcto, aunque haya obstáculos en el camino, y es poco recomendable para construir confianza y apoyo. Ese sistema de justificaciones es una novedad en la narrativa mileísta.



¿Economía divina, rechazo ciudadano?

Es cierto que en la concepción del derecho a la propiedad, a la libertad y a la vida como derechos naturales ya había una dimensión divina y ya estaba presente en otros discursos de Milei. Pero en la exposición de la Escuela ORT llegó a otro nivel: para Milei, ahora el rechazo a la ortodoxia económica de su plan convierte a los críticos en réprobos. Ya no se trata de matices entre quienes pueden pensar algo distinto o, incluso, de competencia entre ideas económicas seculares, aunque algunas sean muy equivocadas. Ahora la ortodoxia económica está sustituida por la ortodoxia religiosa. En ese esquema mental, Milei se presenta como el hijo pródigo que llega con el mensaje económico divino, el único que puede tener sentido.


En ese punto, es más difícil el acompañamiento de una sociedad. El apoyo al rumbo macroeconómico racional lo inició Macri en su gestión, aunque falló en el delivery. Pero lo consolidó Milei en base a la comunicación clara de algunos principios macroeconómicos efectivos de la economía como ciencia, no como mandato divino. El apego a la figura de Milton Friedman y sus explicaciones causales sobre la mecánica de la inflación fueron clave. Milei explicó esa causalidad emisión-inflación a la sociedad, y por eso lo acompañó con el voto. El giro económico religioso genera desconcierto y rechazo donde antes había aprendizaje racional.



El discurso de la Escuela ORT, mostró otro límite del modo Milei en formato locura política. La incitación al abucheo a toda una profesión, el periodismo en ese caso, en un escuela, antes menores de edad, abre las puertas para construir su propio rechazo: con los chicos, no, sintetiza algo de la reacción que disparó en la sociedad.


Del kirchnerismo a los outsiders: más dudas

Desde 2023, la Argentina inició un proceso de sustitución de matriz macroeconómica que es todavía un proceso en marcha. No está claro si esa flecha ya recorrió la mitad del camino y está más cerca de la otra orilla, o si cualquier viento en contra puede hacerla volver al punto de partida, es decir, otra vez una macro irracional, a contramano de lo probado como efectivo en países de la región con historia parecida.



Con el Milei recargado, que genera ruido innecesario, el plan económico está forzado a dar respuestas todavía más contundentes para compensar las resistencias ciudadanos que genera Milei en la tolerancia del votante más libre: el que adhiere a la racionalidad macro pero también a la racionalidad política y social. En la primera vuelta, esos votos son clave para asegurar el balotaje; y lo siguen siendo en esa última instancia.


Del lado de la oposición dura, la kirchnerista-peronista en sus distintas versiones, la incertidumbre se ve alimentada con una idiosincrasia política y económica que concibe al déficit, la emisión, la inflación, el control de capitales y de precios, el proteccionismo prebendario, las estatizaciones y la creación de impuestos como herramientas políticas y económicas viables.



Los outsiders que buscan nacer y diferenciarse también aportan lo suyo a la bruma que todavía domina en el horizonte político-electoral: el “riego outsider de última generación” es que esas opciones acaben siendo terminales de una matriz más pro kirchnerista que mileísta-macrista. La suerte no está echada.


Por Luciana Vázquez 


 

"Super Creepshow #4 (2026)"


 


 

lunes, 31 de agosto de 2026

HUMOR DIARIO