lunes, 26 de enero de 2026

Un Milei feliz cerca de Trump y un peronismo en pie de guerra




















Contrastes 


Un Milei feliz cerca de Trump y un peronismo en pie de guerra


El contraste de un Presidente en su salsa en Davos y la feroz interna justicialista marca el ritmo del enero de la política.


Nelson Castro


Diario Perfil




Hilos invisibles. Donald Trump por Pablo Temes




Javier Milei se siente definitivamente muy cómodo y feliz en los escenarios internacionales. Lo ayuda indiscutiblemente este momento particular del mundo sometido a los deseos y las imposiciones de Donad Trump en su presidencia imperial. No hay registro de un protagonismo semejante de un presidente argentino en el Foro Económico Mundial de Davos.


Aquel gesto de Milei de ir a saludarlo y darle su apoyo al hoy presidente de los Estados Unidos en febrero de 2024, en ocasión de su participación como orador en la Conferencia de Acción Política Conservadora en Washington, cuando su destino parecía estar más cerca de la cárcel que de la Casa Blanca, generó en Trump una corriente de afecto que va más allá de los lazos generados por la afinidad ideológica. Quienes saben lo que pasó en aquel encuentro resaltan siempre que, además de la gratitud, a Trump le impresionó la decisión con la que Milei estaba llevando adelante su gestión, implementando severas medidas de reducción de la administración pública y de recortes presupuestarios en todos los sectores del Estado. En suma, lo mismo que se viene produciendo en los Estados Unidos desde el 20 de enero de 2025, el día en que tomó posesión del cargo como su cuadragésimo sexto presidente.



Milei salió a apoyar de inmediato la operación militar que culminó con la extracción de Nicolás Maduro de Venezuela. Ante el contexto que ofrece América Latina, con Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, Gustavo Petro en Colombia, Claudia Sheinbaum en México, Gabriel Boric en Chile –todos de orientación izquierdista–, Milei se ha erigido en un protagonista muy importante para la política exterior estadounidense en la región. El salvataje económico que llegó desde Washington después de la catastrófica derrota del Gobierno del 6 de septiembre a manos de Axel Kicillof en los comicios de la provincia de Buenos Aires fue una muestra de esa decisión de la Casa Blanca de darle al presidente argentino todos los apoyos necesarios para que su gestión prospere. Y la decisión de Trump de darle participación –sin el aporte de los mil millones de dólares exigidos a los otros países– en el controvertido Consejo de la Paz es otro gesto que muestra la fuerte conexión existente entre los dos hoy mandatarios. En lo particular de este caso, hasta el orden marcó esa afinidad y predilección: Milei fue el primero de los signatarios que firmaron el acta de creación del organismo.


Al respecto, es menester pasar la lupa por la integración de este grandilocuente Consejo. Está allí Vladimir Putin, responsable de la invasión rusa a Ucrania que fue el origen de una guerra que ya lleva casi cuatro años, que se intensifica día a día y ha costado decenas de miles de vidas de civiles y soldados, y causado daños que exigirán decenas de miles de millones de euros para la reconstrucción. La participación del líder ruso es una contradicción escandalosa. Por esto y por las amenazas sobre Groenlandia, salvo el caso de Bulgaria, de Hungría y de Turquía –candidato a miembro de la Unión Europea no aceptado por la falta de libertades políticas y las denuncias de violaciones a los derechos humanos–, no hay países europeos en ese board. El resto incluye varios países en los que la democracia y las libertades políticas brillan por su ausencia.


Para cerrar el capítulo Davos, con Milei más moderado y con lenguaje más apropiado, hubo un hecho no menor: el encuentro con foto incluida con Gianni Infantino, en la que estuvo Karina Milei. Casualidad o no, pocas horas después  la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) hizo una presentación ante la Justicia pidiendo que se investigue la emisión de facturas apócrifas –truchas– por una cifra que alcanza los 375 millones de pesos. Esta es una causa altamente delicada para Claudio Tapia y Pablo Toviggino, ya que la evasión impositiva –que se agrega a una ya existente por presunta retención ilegal y no pago de aportes previsionales, Ganancias e IVA por 19 mil millones de pesos– está severamente penada, incluyendo la pena de prisión. 


Mientras tanto, aquí se vive una cierta calma política a la espera de que, finalizado enero, la rosca vuelva a entrar en acción. El escenario será el Congreso y el debate girará en torno al proyecto de ley de reforma laboral. La palabra debate no describe exactamente lo que ocurrirá. Negociaciones, tampoco. Los mejores vocablos para definir mucho de lo que veremos son riña y transa. 


En el peronismo, azotado por la feroz interna que no cesa entre Máximo Kirchner –que en realidad es Cristina Fernández de Kirchner– y Axel Kicillof, la preocupación es creciente. Vale la pena aquí hacer un pequeño alto: dónde estaría Máximo si no fuera el hijo de CFK? ¿Habría llegado a ser el presidente del Partido Justicialista bonaerense? ¿Sería diputado nacional? Llegará el día en que el peronismo, necesitado por la fuerza de los hechos, deje de lado el nepotismo que tanto daño le hizo y le hace al país y al mismo partido. Y de esto no queda excluido el actual oficialismo, con las feroces peleas entre Karina Milei y Santiago Caputo y compañía.


Volviendo a los próximos pasos de la cúpula kirchnerista, más la desvaída conducción de la CGT y sectores de la izquierda, el objetivo es bloquear la eventual aprobación del proyecto de reforma. No obstante, el problema para ellos está en la pérdida de poder territorial, o sea, de gobernadores. Eso ya se evidenció con lo sucedido con la votación parlamentaria favorable a la Ley de Presupuesto 2026. Las provincias están necesitadas no solo de los aportes provenientes del Estado nacional sino también de las futuras posibles inversiones de empresas tanto nacionales como internacionales. Y esto, con la legislación vigente, es y será difícil. Las intensas negociaciones que viene llevando adelante Diego Santilli le permiten al Gobierno ser optimista respecto a la aprobación de la ley.  Dicho esto, hay que subrayar siempre que la sola existencia de una nueva legislación no será suficiente para crear nuevas fuentes de trabajo, sobre todo en las pequeñas y medianas empresas. Sin reactivación económica, no hay posibilidad de crear nuevas fuentes de trabajo. 


Así como efectiva viene siendo la negociación política, también se siguen evidenciando los problemas de gestión que hay en diversas áreas del Gobierno. En la última semana fueron removidos de sus cargos cuatro funcionarios: tres en el área de transporte y uno –el exfiscal Paul Starc– en la Unidad de Información Financiera. El tema de transporte es de una sensibilidad social enorme. El cesado secretario de Transporte, Luis Pierini, venía siendo criticado por los problemas con Flybondi, por la falta de implementación de las tareas de modernización del sistema ferroviario y por denuncias de las empresas de colectivos contra La Nueva Metropol por presentar rendiciones fraudulentas para acceder indebidamente a subsidios. En el Gobierno se ufanan diciendo que la gestión marcha de maravillas. Estas renuncias ocurridas en 24 horas están demostrando lo contrario. Fin.

HUMOR DIARIO

Milei avanza con las reformas estructurales

 










LA NACION > Opinión


Milei avanza con las reformas estructurales


Con la oposición aletargada, este verano el Gobierno tiene el terreno despejado para adelantar en su ambiciosa agenda


LA NACION


Sergio Berensztein



Javier Milei por Alfredo Sábat


En su discurso en Davos, Milei insistió con la idea de que ya había implementado 13.500 reformas estructurales. Desde comienzos de la década de 1980 se publicó una enorme cantidad de estudios (incluido The Political Economy of Reform, editado en 1998 por el ministro de Desregulación Federico Sturzenegger junto a Mariano Tomassi) que contemplan más de una docena de áreas medulares que fueron objeto de revisión en el marco de esfuerzos sistemáticos de modernización y mejora de competitividad, entre ellas la laboral, que en febrero se debatirá en las sesiones extraordinarias. Se invierte así la máxima de Néstor Kirchner: “Olvídense de lo que digo, lo importante es lo que hago”. Para Milei, lo esencial parecen ser las palabras: cuanto más pragmático y flexible está obligado a ser, como ocurrió con el presupuesto en diciembre pasado y con la reforma laboral ahora, más ideológico y transformacional se vuelve su relato.



Sin embargo, este verano tiene el terreno despejado para por fin avanzar en su ambiciosa agenda. Aun en temas hasta hace poco prácticamente tabú y que en el pasado fueron motivo, como mínimo, de serias polémicas y, como máximo, de crisis de gobernabilidad, como los cambios en la institucionalidad laboral o la ratificación del acuerdo Mercosur-UE (que acaba de sufrir otro contratiempo con la decisión del Parlamento Europeo de consultar a la Justicia). Con una CGT dividida, carente de líderes reconocidos por la sociedad y sin una estrategia clara, sumado a que siempre hay un conjunto de gobernadores dispuestos a negociar con el Gobierno, Milei está en condiciones de llegar al discurso del 1º de marzo habiendo logrado objetivos muy relevantes.


La fragmentación, el letargo, la confusión y la crisis de representación que caracterizan al amplísimo y diverso campo opositor colaboran con este contexto. Esto abarca al peronismo y sus históricos aliados, a Pro (y otros grupos moderados críticos de las formas y de parte del contenido del programa de gobierno libertario), a los gobernadores que impulsaron el espacio Provincias Unidas, al radicalismo, a la izquierda dura y a otros pequeños segmentos progresistas democráticos intelectualmente valiosos y con capacidad para alimentar el debate de ideas, pero huérfanos de representación política.


Se trata de un contexto muy singular: de acuerdo con la mayoría de los sondeos de opinión pública, el Presidente y su gestión cuentan con un piso de aprobación para nada menor, bastante similar al resultado obtenido por LLA en el nivel nacional en las elecciones de mitad de mandato, pero aun así existe un segmento mayoritario de la ciudadanía con una mirada muy crítica respecto del actual estado de cosas.



De acuerdo con el monitor de humor social de D’Alessio-IROL/Berensztein, un 53% de los argentinos tienen una mala evaluación del Gobierno, la imagen positiva de Milei está en torno al 42% y, lo más preocupante, solo el 34% considera que su situación económica está mejor que hace un año (sin embargo, el 41% opina que el país está mejor, aunque ellos no puedan disfrutarlo). Si bien la inseguridad es la cuestión que más preocupa, los temas económicos tienen una importancia relativa fundamental. La incertidumbre respecto de la situación económica, la falta de propuestas para el crecimiento económico y los ajustes que está haciendo el Gobierno desvelan al 60, 54 y 52% de la gente, respectivamente. Tal vez más alarmante sea el hecho de que la inflación, que había caído notablemente hasta octubre pasado (solo el 37% la consideraba un problema significativo), hoy inquieta al 48% de la población. Todo esto pone de manifiesto que, si bien no aparecen líderes opositores con el prestigio, la legitimidad y la capacidad de comunicación para canalizar estas demandas, y que el oficialismo cuenta con la fortaleza del liderazgo presidencial más el aporte de otros dirigentes con muy buena imagen (como Patricia Bullrich, que supera incluso a Milei, o el propio Diego Santilli), existe un amplio espacio para capitalizar el rechazo o al menos el malestar que la situación económica produce en más de la mitad de la sociedad. Hasta la vicepresidenta Victoria Villarruel se recuperó en los últimos meses luego de su profundo desgaste tras la confrontación con su compañero de fórmula: entre septiembre y diciembre su imagen positiva saltó de 29% a 38%. La prudencia y el silencio le resultan más convenientes que ser objeto de insospechadas especulaciones y rumores, cuando los desvaríos “destituyentes” distrajeron a un acotado segmento de la vieja política al ritmo de la corrida cambiaria.


En contraste, conviene destacar no tanto el apacible clima político de este enero (sin sesiones extraordinarias y con la ciudadanía tratando de metabolizar la sobredosis de naderías proselitistas que debió soportar durante el eterno año electoral), como que el diciembre pasado fue uno de los más tranquilos en muchísimo tiempo. Un 51% de la población coincide con ese diagnóstico, incluidos casi todos los votantes de LLA y, notablemente, la mitad de aquellos que sufragaron por candidatos de Fuerza Patria. ¿Los motivos? Para el 57%, los piquetes eran “políticos”, armados, no respondían a causas genuinas; solo un 20% cree que este sorprendente entorno se explica en el hecho de que el país está mejor. Como quedó de manifiesto con las fugaces y minoritarias manifestaciones de protesta luego de la detención del matrimonio Maduro por parte de las Fuerzas Armadas de EE.UU., parece haberse agotado una forma de hacer y concebir la política en el país.



Lo intrigante es que no surgen formas alternativas, superadoras, de canalizar las múltiples demandas que acumula la sociedad argentina y que, de continuar la inercia actual, pueden derivar en una fragmentación del heterogéneo espacio opositor de cara al proceso electoral de 2027, lo que facilitaría de forma decisiva la reelección de Javier Milei. La última edición de los indicadores de preferencias políticas de D’Alessio-IROL/Berensztein ayuda a comprender esta cuestión. Solo el 18% de los argentinos se identifican con LLA, apenas 2% más de quienes rechazan todo tipo de cercanía con el sistema partidario. Pro sigue siendo mucho más importante de lo que supone su alicaída presencia en el debate político: un 21% se siente “amarillo”. El radicalismo experimenta una situación similar, aunque más acotada: el 8% se identifica con el centenario partido. Por su parte, el peronismo y sus aliados siguen constituyendo la primera minoría, con el 26% de las preferencias, pero es evidente que están obligados a desplegar un gran esfuerzo en términos de alianzas si pretenden ser competitivos en la próxima elección presidencial. Si fuera este domingo, Fuerza Patria sacaría el 32% de los votos, muy parecido al resultado obtenido en octubre pasado. LLA obtendría el segundo lugar, con el 27% de los sufragios, mientras que el 17% votaría por un candidato de Pro. En segunda vuelta, como ocurrió en 2023, este predominio del electorado de centroderecha podría darle un nuevo triunfo a Milei, en especial si el votante radical y el de Provincias Unidas no encuentran una fórmula de consenso que los represente. De hecho, si el amplio espectro que rechaza a Milei fuera capaz de replicar lo ocurrido en Brasil en torno a Bolsonaro (cuando una amplísima coalición de sectores moderados y de izquierda democrática respaldó la candidatura de Lula), las próximas elecciones podrían ser mucho más competitivas de lo que sugiere la foto de la política en esta serena etapa estival.


No es la calma que precede a la tormenta, sino el resultado de una sociedad descreída y expectante que espera que la política le proponga una fórmula a medida de su diversidad.


Por Sergio Berensztein

"Ediciones Record: Revista PIF-PAF 019 - julio 1977" (¡¡¡100 PAGINAS!!!)