martes, 11 de agosto de 2026

El fantasma de Adorni vuelve a la Casa Rosada: la sombra judicial que incomoda al Gobierno de Milei


 

 Editorial 


No hay salida


El fantasma de Adorni vuelve a la Casa Rosada: la sombra judicial que incomoda al Gobierno de Milei





El fantasma del ex jefe de Gabinete y ex vocero presidencial, Manuel Adorni. 

(Dibujo: Fernando Rocchia para AGENCIA NOVA)


El ex jefe de Gabinete, Manuel Adorni, deberá responder en 15 días por inconsistencias patrimoniales detectadas por la Fiscalía. La causa por presunto enriquecimiento ilícito vuelve a poner al Gobierno de Javier Milei frente a un viejo problema: las explicaciones que todavía no terminan de cerrar.


Hay fantasmas que los gobiernos intentan enterrar y otros que, cada tanto, regresan por la puerta principal. Para la administración de Javier Milei, Manuel Adorni parece pertenecer definitivamente a la segunda categoría.


El exjefe de Gabinete quedó nuevamente bajo los reflectores judiciales después de que el fiscal federal Gerardo Pollicita le exigiera explicar, en un plazo de 15 días, una serie de inconsistencias detectadas en la evolución de su patrimonio.


El requerimiento, presentado ante el juez federal Ariel Lijo, contiene 20 puntos y se apoya en un informe técnico de la Dirección General de Asesoramiento Económico y Financiero en las Investigaciones (DAFI).


La cuestión ya no parece ser solamente qué hizo o dejó de hacer Adorni. El problema político para Milei es otro: qué representa este expediente para un Gobierno que construyó buena parte de su identidad alrededor de la promesa de terminar con los privilegios, la corrupción y las prácticas de la vieja política.


Y ahí aparece la contradicción.


El caso que no termina de desaparecer


La investigación judicial intenta reconstruir la evolución patrimonial de Adorni y de su pareja desde diciembre de 2023 hasta junio de 2026. Según la Fiscalía, durante ese período los ingresos comprobados del grupo familiar fueron de aproximadamente 229,7 millones de pesos, mientras que los gastos reconstruidos alcanzaron unos 272,8 millones, generando una diferencia superior a 43 millones.


Pero el capítulo más sensible está en los dólares. El requerimiento fiscal detectó desembolsos por alrededor de 402.578 dólares, vinculados, entre otras cuestiones, con operaciones inmobiliarias, refacciones, mobiliario, viajes y alquileres. La Fiscalía pretende conocer el origen y la trazabilidad de esos fondos.


Uno de los puntos que deberá explicar Adorni es el pago de aproximadamente 245 mil dólares por la remodelación de una vivienda en el country Indio Cuá. También deberá brindar precisiones sobre la compra de un departamento en la calle Miró, préstamos familiares, dólares en efectivo, operaciones con terceros y movimientos vinculados con criptomonedas.


La presentación de la Fiscalía no constituye una condena ni demuestra por sí misma que Adorni haya cometido un delito.


Precisamente por eso el mecanismo judicial contempla una etapa de justificación patrimonial antes de una eventual indagatoria. Pero políticamente el golpe ya está producido: el expediente vuelve a instalar preguntas incómodas sobre uno de los funcionarios que durante meses fue presentado como una de las caras más visibles del oficialismo.


El problema no es solamente Adorni


Milei había defendido públicamente a Adorni cuando las denuncias comenzaron a adquirir volumen político. En mayo, frente a las presiones internas para que el entonces jefe de Gabinete explicara su patrimonio, el presidemente sostuvo que no iba a apartarlo y cuestionó las acusaciones. El episodio incluso expuso tensiones dentro del propio oficialismo.


Ahora Adorni ya no ocupa la Jefatura de Gabinete, pero el expediente sobrevivió a su salida.


Ese detalle es fundamental.


Porque el Gobierno puede intentar presentar el caso como un problema individual de un exfuncionario. Sin embargo, las sospechas surgieron mientras Adorni ocupaba posiciones centrales dentro de la administración libertaria y cuando era uno de los principales voceros políticos de la gestión.


Además, el propio recorrido de las declaraciones patrimoniales terminó alimentando la controversia. En junio, Adorni presentó su declaración jurada correspondiente a 2025 con un patrimonio informado de más de 944 millones de pesos, incluyendo activos en dólares, mientras que también declaró importantes deudas. Esa presentación incorporó propiedades que habían quedado bajo cuestionamiento durante la investigación.


El problema para el Gobierno es evidente: cada nueva explicación sobre el patrimonio no necesariamente clausura la discusión. En determinados casos, abre nuevas preguntas.


Y cuando un Gobierno prometió transparencia absoluta, las preguntas patrimoniales tienen un costo político mayor.


El fantasma que incomoda a Milei


La política argentina tiene una vieja costumbre: los funcionarios se van, pero sus expedientes se quedan.


Adorni puede haber dejado la Jefatura de Gabinete, pero la causa judicial no presentó la misma renuncia. El requerimiento de Pollicita demuestra que el expediente continúa avanzando y que la Justicia pretende obtener respuestas concretas antes de decidir los próximos pasos.


El escenario es particularmente incómodo para Milei porque el oficialismo llegó al poder denunciando a la llamada casta y prometiendo una ruptura con las prácticas tradicionales de la política. En ese relato, un funcionario enfrentando preguntas judiciales por su evolución patrimonial no es un episodio menor.


Es, por el contrario, una prueba de coherencia.


La cuestión será determinar si el Gobierno aplica hacia adentro los mismos estándares que reclama hacia afuera.


Porque si la respuesta oficial vuelve a ser que todo se trata de una operación periodística, de una persecución política o de una conspiración contra el Presidente, el problema puede crecer en lugar de desaparecer. La sociedad puede aceptar que una persona investigada es inocente hasta que la Justicia determine lo contrario. Lo que resulta más difícil de sostener políticamente es que toda pregunta incómoda sea automáticamente considerada una mentira.


Y ahí está el verdadero fantasma.


No solamente el fantasma de Manuel Adorni, sino el de las promesas de transparencia que acompañaron el ascenso de Milei.


El fiscal le dio al ex jefe de Gabinete 15 días para explicar las inconsistencias. Después vendrán las decisiones judiciales que correspondan. Mientras tanto, la Casa Rosada deberá convivir con una paradoja incómoda: quien durante mucho tiempo fue una de las voces encargadas de defender al Gobierno ahora vuelve a ocupar titulares por una investigación patrimonial que amenaza con convertirse en un problema político mucho más grande que su protagonista.


Adorni puede estar afuera del Gabinete.


Pero su fantasma, por ahora, sigue adentro de la discusión sobre el poder libertario.


Y en política, cuando un fantasma vuelve tantas veces, generalmente es porque nadie terminó de cerrar la puerta.


 

HUMOR DIARIO


 


 

Milei, entre el riesgo Mamdani y el teorema Mirtha


 

 LA NACION > Política 


Milei, entre el riesgo Mamdani y el teorema Mirtha


Mientras el Gobierno se fascina con el techno anarcocapitalismo de Peter Thiel, el kirchnerismo se embelesa con el intervencionismo vintage del alcalde neoyorquino


11 de agosto de 2026


LA NACION 


Luciana Vázquez



Javier Milei por Alfredo Sábat


“Como te ven, te tratan. Si te ven mal, te maltratan”. El teorema Mirtha Legrand para la carrera laboral también vale para pensar la confrontación política entre mileísmo y oposición kirchnerista que escaló en las últimas semanas. La coreografía de la previa electoral viene respondiendo a ese ritmo legranista. Sobre el problema de la morosidad y la caída del poder de compra, el kirchnerismo ve una ventana de oportunidad electoral justo cuando creía que estaba todo perdido. Las encuestas que confirman un descenso de la imagen presidencial también les sirve como dato inspirador. El guión dice así: ante la ortodoxia mileísta en problemas, la salida es el regreso a las fuentes heterodoxas del kirchnerismo.


Del noviembre de victoria electoral a este presente, ha corrido mucha agua bajo el puente del triunfo mileísta. Con todo para consolidar su hegemonía temporaria, el Gobierno hizo lo contrario, lo de siempre: caer en errores políticos que habilitan ensoñaciones opositoras. Otra vez la danza mileísta: un pasito para adelante, y unos cuantos más para atrás.



En ese escenario, el kirchnerismo encuentra certezas: ve en los problemas del Gobierno una demostración de un nuevo fracaso histórico de la visión ortodoxa de la macroeconomía. Una oportunidad recargada para salir en busca de la recuperación de la legitimidad perdida. En el frente global, hay una lectura que refuerza esa pretensión: las noticias políticas que produce Zohran Mamdani, el alcalde demócrata socialista de Nueva York, le da letra al kirchnerismo para volver a creer que la heterodoxia económica es la salida. Controles de precio, intervención en mercados clave, subsidios en servicios públicos, subas impositivas anti ricos: el kirchnerismo se ve a sí mismo en la figura de Mamdani.


¿Alucinaciones olfativas?

Para el kirchnerismo, hay olor a debilidad de la imagen presidencial y a fracaso del proyecto libertario. Ese iceberg tiene varias puntas. Primero, la derrota oficialista de la Ley de inviolabilidad de la propiedad privada. Empezó primero por una derrota en la cancha de la batalla cultural: que “inviolabilidad de la propiedad privada” fuera desplazado por “ley de tierras” fue el primer síntoma del éxito kirchnerista, que logró colocar en el debate público su impronta ideológica. El senador por Santa Fe, el justicialista Marcelo Lewandowski, es un buen ejemplo de esa visión: “El problema no es el gringo que nos compra sino el criollo que nos vende”, dijo en el arranque de su discurso. No se quedó ahí: abundó una batería de lugares comunes del relato peronista de tono más sepia. Su bibliografía preferida fue Arturo Jauretche y su noción de “estatuto legal del coloniaje del siglo XXI”. Todo el pasado, recargado, por delante.


El éxito del kirchnerismo se dio no sólo en la cuestión de la extranjerización de la tierra. Tuvo otra victoria: sacó de escena de un codazo a la conversación sobre el derecho a la propiedad privada y su centralidad en una economía pujante y desarrollada. El Gramsci del kirchnerismo le ganó de lejos al neo Gramsci libertario. Las consecuencias de esa derrota no están claras todavía: por el momento, el oficialismo cajones el debate en Diputados. Un registro de su incapacidad para alinear los votos en el Congreso.



Segundo, la ocupación de la calle frente al Congreso el día de esa votación en el Senado como otro dato clave: esa postal remite al debate parlamentario de diciembre de 2017 en la presidencia de Mauricio Macri y a las ya legendarias 14 toneladas de piedras arrojadas ese día. Retrospectivamente, ese evento fue el inicio de una sucesión de problemas de gobernabilidad que terminaron en la derrota electoral de Macri en 2019, cuando buscó la reelección. Fue justo después del triunfo en las elecciones legislativas de octubre de 2017. Aunque los paralelismos son imperfectos, alimentan la percepción de debilidad de las dos experiencias políticas liberales-libertarias. Le sirven a la oposición dura para envalentonarse.


Tercero, se puede detectar una narrativa kirchnerista que empieza a anclarse, otra vez, en su manual político y económico histórico. Todos síntomas de una percepción de achicamiento de las posibilidades de la refundación mileísta. La percepción kirchnerista y filo kirchnerista, la de la superestructura cultural-informativa que lo apoya, detecta un agrietamiento en el proyecto mileísta. El Gobierno tiene un problema: tener poder es ser percibido como el poder.


El kirchnerismo tiene otro problema: el riesgo de leer mal la voluntad de la mayoría, y soñar una crisis terminal del Gobierno donde en realidad hay desencanto de la gente, pero un pragmatismo decidido que lo lleva a resistir una receta kirchnerista que se probó fallida. La micro militancia generalizada del kirchnerismo es efectiva para torcer voluntades en el Congreso. También, para creer que otra vez llegó su hora. No lo ha sido tanto para oler los tiempos electorales: de ahí su sorpresa ante el éxito electoral de Milei.


Kirchnerismo empoderado

Hubo un tiempo, no hace mucho, en que esa posibilidad de autoestima política estuvo vedada para el kirchnerismo. Después del triunfo de Milei en 2023, el kirchnerismo entró en etapa autocrítica: por impostura o por reacción política al golpe de la derrota, el kirchnerismo atinó con alguna muestra de racionalidad macro y autocrítica a su veta deficitaria e inflacionaria. El triunfo bonaerense de Kicillof en septiembre de 2025 le puso el primer freno a esa etapa de revisión de los principios kirchneristas: en medio de una inflación otra vez al alza, el kirchnerismo tuvo su expectativa de acabose oficialista. El desconcierto de la derrota en noviembre lo puso, otra vez, en modo expectante, y de psicoanálisis político: ¿qué fenómeno oculto se les estaba escapando que la ciudadanía volvía a darles la espalda?


Por ahora, ese realismo de la derrota se terminó. En la primera mitad del año, el caso Adorni les permitió correr a la moral mileísta con sus propias contradicciones: señalaron los pies de barro del discurso libertario anti casta. Con el aumento de la morosidad y la caída del poder adquisitivo, el kirchnerismo cree encontrar una oportunidad política con dardos al corazón del proyecto mileísta: su plan de estabilización y de crecimiento. Hoy, la duda kirchnerista se le anima incluso a la inflación a la baja: no bajó tanto, y sigue comiendo salario, es la conclusión. Massa lo disfruta: toda una operación ideológica capaz de dejar atrás el 213 por ciento de inflación de 2023.


Ahora el kirchnerismo y el neo kirchnerismo enhebran en un solo hilo las experiencias de Menem, de Macri y de Milei: proyecto de economía abierta, macro sin déficit y ajuste anti inflación como impopulares y condenadas al fracaso.


Milei los ayuda. Al principal problema económico que vive la gente, el endeudamiento, responde con una frialdad propia de otros tiempos: no es lo mismo responder a una demanda social cuando recién se asume el poder y no hay legado del que hacerse cargo que responder cuando la propia gestión tiene responsabilidades en el presente de la gente.


I love New York

Para Milei, la falta de alternativa política es un activo clave para sus chances de reelección. Sobre todo si lo único que le puede competir es un kirchnerismo que vuelve a sus fuentes narrativas y se sobregiro ese regreso: resulta el enemigo político ideal para Milei. El miedo al legado kirchnerista une a los votantes que Milei necesita, pero que no logra seducir por sí mismo. El riesgo kuka se transforma ahora en el riesgo Mamdani: el miedo a un “vamos por todo” ahora recargado por la legitimidad Mamdani.


En ese terreno global, el kirchnerismo se lee en el reflejo de esa otra esperanza: subirse a la ola de la “legitimidad Mamdani”. El alcalde de Nueva York es una referencia prometedora: en la cuna del capitalismo donde nunca hubo espacio para una oferta electoral de estilo kirchnerista, aparece un Mamdani kirchnerista. La promesa de supermercado controlados por el Estado para controlar precios es música para los oídos del kirchnerismo que va de Cristina y Máximo Kirchner a Axel Kicillof: los divide la puja por el poder real y las cajas, pero los hermana una narrativa y el marco de una utopía que falló mil veces durante la hegemonía kirchnerista.


Desde las orillas oficialistas, el riesgo kuka, con el que Javier Milei y Luis Caputo azuzan la conciencia electoral del votante de centro, queda convertido ahora en riesgo Mamdani: una vuelta a todos los males del Estado presente kirchnerista, pero ahora multiplicado a la enésima potencia a partir de una autoestima rehabilitada por un eventual fracaso liberal-libertario y un éxito de izquierda en la cuna del capitalismo, Nueva York. Mientras el Gobierno se fascina con el techno anarcocapitalismo de Peter Thiel, el kirchnerismo se embelesa con el intervencionismo vintage del alcalde neoyorquino.


Otra vez gira la calesita y el votante se encuentra con el mismo dilema: el voto por el miedo menor.


Por Luciana Vázquez


 

"Super Creepshow #1 (2026)"