jueves, 10 de septiembre de 2026

De una clase a una calle: los “paisajes conmemorativos” y el merecido homenaje a Cabezas


 

 COLUMNISTAS 


Opinión


De una clase a una calle: los “paisajes conmemorativos” y el merecido homenaje a Cabezas


Rodrigo Lloret


Diario Perfil



‘No se olviden’ |Jose Luis Cabezas por Pablo Temes


Mientras en Buenos Aires se estaba gestando la investigación periodística que a mediados de los noventa terminaría costándole la vida a José Luis Cabezas, Derek Alderman empezaba a elaborar en Estados Unidos una valiosa tesis académica que ahora permite iluminar la decisión que tomó esta semana la Legislatura porteña, cuando le rindió homenaje al fotógrafo de la revista Noticias, asesinado hace tres décadas. Geógrafo urbano y docente de la Universidad de Tennessee, Alderman dedicó buena parte de su carrera a estudiar por qué el cambio de nombre de algunas calles permite recrear una memoria colectiva y socialmente compartida, antecedente por el cual logró acuñar el concepto de “paisaje conmemorativo”: se trata de los espacios públicos en los que se disputa qué parte del pasado merece perdurar en el terreno de la cotidianidad y quién tiene derecho a decidirlo.


Autor de muy interesantes ensayos, como La vida política de los paisajes urbanos: nomenclatura, política y lugar o Monumentos de los derechos civiles y la geografía de la memoria, Alderman analizó el devenir por el cual el nombre de Martin Luther King se impulsó en las calles del sur de Estados Unidos, luego de su asesinato. Fueron procesos que demostraron que los renombramientos de calles más emotivos no suelen originarse en el poder, sino que surgen como una reivindicación desde abajo: la insistencia de familiares, colegas o de la propia comunidad, que durante años empujan una demanda simbólica, hasta que el Estado las recupera para convertirlas en ley. Ese patrón de la memoria que se abre paso desde la sociedad civil, no desde el aparato estatal, fue exactamente el que atravesó el proyecto para que una traza de la calle California pase a llamarse José Luis Cabezas.


Todo comenzó a principios de año, cuando estaba dictando clases en la Universidad del Sur de Buenos Aires (USBA), que funciona en la sede de Editorial Perfil. El calor del verano se empecinaba en permanecer en la ciudad y estábamos analizando —otra vez— los insultos de Javier Milei contra varios periodistas. Muchos estudiantes estaban enojados con el Presidente y, en mi rol de docente, compartía la gravedad de la situación y coincidía en que era algo que no podíamos naturalizar, pero me esforzaba en señalar que debíamos poner las cosas en su justa dimensión: era una situación compleja para ejercer el periodismo, claro, pero no era el peor momento de nuestra profesión. Ahí fue cuando recordé a Cabezas. Lo mencioné como al pasar, entendiendo que no necesitaba mayor explicación.


Pero descubrí algo que no esperaba. Algo que me sorprendió. Algunos de los estudiantes comentaron que no conocían a fondo la historia. Otros dijeron que sabían quién había sido el fotógrafo asesinado, pero no estaban seguros de las causas de su muerte. “Yo no sé quién fue Cabezas”, completó desde el fondo del aula una joven de 20 años. Ninguno había nacido cuando el 25 de enero de 1997 apareció el cuerpo de José Luis en una cava de Pinamar, con dos tiros en la nuca, esposado y en su auto carbonizado. Tuve que recuperar el aliento, detener la clase y explicar la historia completa. Desde el principio y con todos los detalles. Sentí estar hablando de un episodio muy remoto, en lugar de hacerlo sobre una herida reciente de la democracia argentina. Esa mañana entendí que si la memoria no se construye, la memoria se apaga. También comprendí que si en algún lugar debíamos rendir homenaje a Cabezas, ese lugar debía ser la sede de esta universidad, donde también funciona el diario Perfil y donde Jose Luis estaría ahora trabajando en la redacción de Noticias, si no lo hubieran asesinado.


La vinculación con el barrio de Barracas con Perfil no se detiene en esa coincidencia territorial. También es necesario reparar en los antecedentes que ayer recordó Jorge Fontevecchia en este diario: el edificio de Editorial Perfil, ubicado la calle California, fue atacado con bombas dos veces, en noviembre de 1992 y en diciembre de 1995. Fueron momentos en los que la revista Noticias empezaba a denunciar a Alfredo Yabrán, con artículos en los que se detallaban sus negocios oscuros, pero en los que no había fotos del empresario que permitieran ilustrar las investigaciones periodísticos. Hasta que el 5 de marzo de 1996 se publicó la tapa de Noticias con la imagen que Cabezas logró de Alfredo Yabrán, caminando por las playas de Pinamar. Esa revista se imprimió en este edificio y desde aquí se distribuyó hacia todos los kioscos del país. Y aquí también se imprimió y se distribuyó más tarde, el 26 de enero de 1997, la tapa negra de Noticias, en la que se anunció el horrendo crimen de José Luis.


La calle California pasará a llamarse José Luis Cabezas.


Todo estos antecedentes fueron los me llevaron a impulsar, como rector de la USBA, el proyecto para que la calle California, donde funciona Editorial Perfil y su universidad, sea rebautizada José Luis Cabezas. “Cabezas fue secuestrado, torturado y asesinado luego de haber realizado una de las fotografías más emblemáticas del periodismo argentino: la imagen del empresario Alfredo Yabrán, quien hasta ese momento había logrado mantenerse en las sombras, evitando sistemáticamente la exposición pública. Aquella fotografía no fue solo un documento periodístico: fue un acto de revelación que permitió mostrar el rostro de quien operaba desde la impunidad que le permitía la invisibilidad. Esa foto representó, en términos políticos y simbólicos, un desafío directo a las estructuras del poder mafioso que caracterizaron los noventa”, decía el fundamento de la carta presentada desde la sociedad civil para tratamiento legislativo, tal y como lo indica la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires.


“El asesinato de Cabezas no fue un hecho aislado ni un crimen común. Fue un mensaje mafioso. Un intento de disciplinamiento hacia el periodismo y hacia toda la sociedad. La violencia ejercida contra Cabezas buscó instalar el miedo, limitar la capacidad de denuncia y condicionar la circulación de la información en una democracia que entonces estaba aún en proceso de consolidación”, finalizaba la carta para solicitar el homenaje a Cabezas, que fue presentada por la USBA con el apoyo de más de trescientos empleados y estudiantes de Perfil, y que luego sería respaldada por la Academia de Periodismo, ADEPA y más de setecientos periodistas de todo el país que firmaron la solicitada para respaldar el cambio de calle en honor al fotógrafo asesinado.


La presentamos formalmente ante la Legislatura porteña el 20 de abril, bajo el expediente 1404-D/2026, dirigido a la presidenta del cuerpo, Clara Muzzio. El vicepresidente del organismo, Matías López, del bloque Vamos por Más, retomó la iniciativa y la convirtió en proyecto de ley. Se sumaron como coautores los presidentes de bloque del macrismo, del peronismo, del radicalismo y del larretismo. La Libertad Avanza no lo firmó. El 14 de mayo se votó en primera lectura y salió aprobado por unanimidad: 58 presentes, 58 votos afirmativos. Es importante reparar en ese consenso político: desde el PRO a la izquierda, desde el radicalismo hasta el peronismo, incluso con el apoyo de los libertarios. El proyecto se consolidaba con una unanimidad realmente impensada en medio de la extrema polarización política que se vive en Argentina. Pero en la votación definitiva, que se produjo el jueves pasado, el bloque de La Libertad Avanza optó por la abstención. El resultado obtenido, no obstante, fue de un amplio y plural apoyo: 44 votos afirmativos, cero negativos y 12 abstenciones libertarias. Había nacido la calle José Luis Cabezas: irá desde el 3400 hasta el 2100, donde continuará, a pedido de los vecinos de Barracas y La Boca, la denominación histórica de California.


Pero faltaba sumar una escena que no entra en ningún expediente legislativo. Aunque termina siendo el verdadero corazón de esta historia. Cuando salí de la Legislatura, llamé a Gladys Cabezas, hermana de José Luis, para contarle de primera mano tan importante noticia. Ya habíamos hablado al inicio del proyecto, cuando la consulté para saber si estaba de acuerdo y me confirmó que la familia de José Luis apoyaba la iniciativa. Ahora me agradeció, en nombre de ella y en nombre de los hijos de José Luis. Le conté también que el 25 de enero de 2027, cuando se cumplan treinta años del crimen, la Legislatura inaugurará en la esquina de Editorial Perfil un monolito con el nombre de Cabezas. Emocionada, volvió a agradecer y me confesó: “El año que viene quiero que hagamos ahí el acto. No quiero ir más a Pinamar. Quiero cerrar un ciclo”. Lo que no me dijo Gladys, pero pude entender sin palabras, es que durante tres décadas, cada 25 de enero, la familia de Cabezas viajaba a Pinamar para recordar a José Luis en un ambiente inhóspito: era volver al lugar donde lo habían asesinado. Ahora será distinto. Porque la calle Cabezas habla de su legado, habla de su memoria.


Entonces le conté a Gladys algo más. Le dije que en Perfil veníamos elaborando una idea que queríamos compartir con la familia de Cabezas: el próximo 25 de enero de 2027 queremos organizar un recital gratuito (y ojalá masivo) para inaugurar el monolito y la calle en honor a José Luis. Rodeados por los hijos y por el nieto de José Luis, queremos reunir a bandas de rock y de música popular para celebrar junto a cientos de periodistas y vecinos de Barracas que nosotros no nos vamos a olvidar de Cabezas. Nunca.


 

Luz, cámara, Malvinas


 

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Luz, cámara, Malvinas


Milei parece próximo al curso de acción que prefirió el kirchnerismo: ejercer una especie de embargo sobre la población de las islas acorralando con sanciones a los potenciales inversores; el papel de Santiago Caputo y el caso Bluewater que deja en offside al Gobierno


10 de septiembre de 2026


LA NACION


Carlos Pagni



Javier Milei por Alfredo Sábat


Dos novedades internacionales están modelando la estrategia de Javier Milei para defender, como obliga la Constitución, la soberanía argentina sobre las islas Malvinas. La primera es la divergencia cada vez más profunda entre los Estados Unidos e Israel, por un lado, y el Reino Unido, acompañado por Francia y Canadá, por otro, respecto de los conflictos de Medio Oriente. Es imposible saber qué duración tendrá ese entredicho entre antiguos aliados. La otra novedad es el atractivo económico de Vaca Muerta, que es utilizado por el Gobierno como herramienta de presión para inhibir a las petroleras que quieran hacer negocios con los “kelpers”.


La escena que se configuró a partir de estos factores, que tienen alcance muy diverso, fortalece una decisión que Milei parece haber tomado hace ya tiempo. Él está relativizando la estrategia fundada por Miguel Ángel Zavala Ortiz durante el gobierno de Arturo Illia, que consistió en apostar a las negociaciones con Londres en el marco de las Naciones Unidas. El Presidente está más próximo al curso de acción que prefirió el kirchnerismo: ejercer una especie de embargo sobre la población de las islas acorralando con sanciones a los potenciales inversores que quieran hacer negocios habilitados por el gobierno usurpador.



El desencuentro de los Estados Unidos e Israel con el Reino Unido tuvo una manifestación muy elocuente en marzo pasado, cuando el gobierno laborista de Keir Starmer se negó a autorizar al de Donald Trump a utilizar la base militar de la isla Diego García para atacar a Irán. Más agresivo que ese veto fue el argumento en que se sostuvo: Irán no era el agresor sino el agredido. Si se repasa la historia de la alianza militar norteamericano-británica, esa fue una diferencia de primera magnitud. En ese contexto apareció un cable del Pentágono que insinuaba que Washington podría revisar su neutralidad en el diferendo por Malvinas.


El episodio ligado a la guerra contra Irán se inscribe en una tensión más amplia: la decisión de Trump de replegar a los Estados Unidos de su rol de garante de la defensa atlántica, exigiendo un mayor aporte económico europeo al sostenimiento de la OTAN. También en este punto Londres está enfrentada con Washington. El gobierno laborista se niega a hacer los recortes fiscales a los que estaría obligado si tuviera que contribuir, como pretende Trump, con 3% de su PBI al sostenimiento de la organización militar aliada. El actual primer ministro, Andy Burnham, promete cumplir con ese requisito para 2035. Pragmáticos, los ingleses se proponen arrastrar los pies hasta que Trump abandone la Casa Blanca. Como si la retracción norteamericana fuera una ocurrencia exclusiva del actual presidente.


En este clima de desavenencia, la semana pasada Trump repitió los términos de aquel cable del Pentágono. Milei, impulsado por Santiago Caputo, el “Mago del Kremlin”, le tomó la palabra y lanzó una iniciativa política que ocupa hoy los principales esfuerzos de la administración.



A esta divergencia se agregó la crítica del Reino Unido, Francia y Canadá contra Israel por la expansión de los asentamientos de colonos sobre Cisjordania. La posición tradicional del Reino Unido es que la ocupación israelí sobre esos territorios de Cisjordania viola el derecho internacional. Además de ratificar esa tesis, el gobierno del laborista Andy Burnham propuso castigar a las compañías que faciliten el establecimiento de israelíes en esa región. El principal argumento de Burnham es que Israel dificulta la existencia de un Estado palestino con territorio en Cisjordania y Gaza. Además, denuncia que la ocupación se realiza con violencia.


Burnham es criticado por la oposición conservadora, que alerta sobre el costo que puede tener para Gran Bretaña un conflicto con Israel y con empresas que operen en la Cisjordania ocupada.


La reacción en Israel ha sido, siguiendo a Trump, utilizar la usurpación de las Malvinas como argumento contra Londres. En un juego de espejos, el ministro de Seguridad israelí, Itamar Ben-Gvir, pidió a Benjamin Netanyahu que sancione al Reino Unido por la anexión ilegal de Malvinas.


La defensa británica en el Parlamento es muy significativa para la disputa con la Argentina: el avance de los colonos israelíes no sería igual a la presencia del Reino Unido en las islas porque es resistido por el pueblo palestino. En otras palabras, los británicos apelan al principio de autodeterminación de los pueblos, al deseo de la población radicada en las tierras en conflicto. Es una diferencia importantísima con la diplomacia argentina, que siempre ha considerado que los “kelpers” no son el “pueblo” de Malvinas sino una población implantada por una apropiación ilegal. Para dirimir la soberanía se pueden tener en cuenta los intereses de los habitantes, pero no sus deseos. De este debate depende, entre otras cosas, qué comité de Naciones Unidas tiene competencia sobre el diferendo. La Argentina siempre fue exitosa en conseguir que sea el comité de descolonización.


Más allá de las diversas modulaciones de estos conflictos entrelazados, apareció un fenómeno nuevo del que Milei intenta sacar todo el provecho posible. Es este: la ocupación de Malvinas se ha convertido para el Reino Unido en una vulnerabilidad en la que hunden el puñal las potencias que rivalizan con él.


El gobierno libertario profundizó una estrategia que ya había esbozado. Cuando la canciller Diana Mondino justificó un voto en contra del embargo norteamericano a Cuba en la Asamblea General de Naciones Unidas con el argumento de que, si no acompañábamos esa posición tradicional, no conseguiríamos los votos contra el Reino Unido en la cuestión Malvinas, Milei no dudó en despedirla. Demostró allí que él no sacralizaba la escena multilateral de la ONU. Y que prefería mucho más obtener beneficios de una lealtad canina hacia los Estados Unidos de Trump.


Milei tiene derecho a pensar que eligió el camino correcto. Por las ambiguas declaraciones de Trump y por la posición pro argentina de su otro aliado, la derecha israelí. A la luz de ese éxito, la Casa Rosada vuelve a confiar en la estrategia que arrojó a Mondino fuera del palacio. El reclamo por Malvinas no debe sostenerse tanto en las gestiones multilaterales como en el hostigamiento a la economía “kelper” a través de algo muy parecido a un embargo. La administración libertaria se distancia, entonces, de la línea radical. Y se recuesta sobre la del kirchnerismo. La ley que el Poder Ejecutivo enviará al Congreso potencia la que en su momento impulsaron dos nacionalistas como Pino Solanas y Cristina Kirchner. Con una curiosidad: el espíritu de esa normativa procede de un proyecto frustrado de Eduardo Menem, quien siendo senador siempre mantuvo en relación con las Malvinas un temperamento mucho más combativo que el que convalidaba su hermano Carlos, respaldando al canciller Guido Di Tella. En el menemismo convivieron dos concepciones alrededor de esa disputa: la de Carlos Menem/Di Tella y la de Eduardo Menem/Mario Cámpora, su asesor en la materia.


No deben sorprender algunas afinidades. La Libertad Avanza tiene algunas expresiones nacionalistas afines e incluso más marcadas que las del kirchnerismo. Basta repasar los mensajes del “Mago” Caputo a través de su cuenta de X. Allí declaró que para los Estados Unidos “Inglaterra es el pasado y la Argentina es el futuro”. Dijo que para defender la soberanía territorial la Argentina debe ser, entre otras cosas, “militarmente respetable”, una afirmación inquietante en el contexto de la discusión sobre Malvinas. Caputo también señaló como agentes británicos a quienes se opongan a las actuales decisiones del Gobierno en relación con esta materia. Y ordenó: “Márquenlos”. Bromas de un mago.


La decisión de sancionar a empresas que hagan negocios concedidos por el gobierno “kelper” en territorio argentino se apalanca sobre otra novedad de época: el valor que tiene la formación Vaca Muerta para las empresas internacionales de servicios petroleros. La amenaza de “no hacés negocios en la Argentina si te involucras con los negocios de los usurpadores en Malvinas” tiene otro voltaje. Milei resolvió llevarla a fondo. Más allá de lo que en su momento ensayaron Cristina Kirchner o Alberto Fernández.


El programa de sanciones debe atravesar algunas encrucijadas críticas que, cabe esperar, ya fueron contempladas. Son los desafíos propios de un sector, el petrolero, en el que las operaciones suelen estar entrelazadas. El Gobierno ya experimentó este problema. Una de las notificaciones que advertía sobre castigos a empresas que operaran en relación con el proyecto Sea Lion, en Malvinas, estaba dirigida a la empresa Bluewater. Es la compañía de servicios contratada por Navitas, la principal accionista del consorcio que opera en las islas, para proveer la planta flotante para la extracción de petróleo de Sea Lion.


Gracias al aviso de un diplomático advertido de esta historia, se demoró el envío de la carta. Sencillo: Bluewater es la fabricante de las dos monoboyas en las que se sostendrá el oleoducto que sacará el petróleo de Vaca Muerta a través del puerto de Punta Colorada. Las autoridades hicieron una excepción y esperaron a que esas boyas salieran de Dubai, sortearan el bloqueo del estrecho de Ormuz y fueran transportadas hasta la Argentina.


Las fechas de los contratos de Bluewater plantean un problema. En junio de 2025 el consorcio que opera el oleoducto, al que pertenece YPF, contrató a esta compañía como proveedora de las monoboyas. Pero Bluewater ya tenía un contrato con Navitas, de Sea Lion, que ya era público en enero de ese año. La ley que prevé sanciones para casos de este tipo, y que Milei quiere endurecer, no se aplicó. ¿Se ignoraba la relación de Bluewater con Navitas? ¿O el Gobierno no estaba tan sensibilizado con las inversiones en Malvinas como empezó a estarlo después de las declaraciones de Trump?


Anoche, el canciller Pablo Quirno y el procurador del Tesoro, Sebastián Amerio, redactaron otra tanda de denuncias contra firmas que colaboraron, de un modo u otro, con la explotación petrolera de Malvinas. En el marco de esta vía de acción, el caso Bluewater habilita a plantear algunas incógnitas que ya deben haber sido despejadas por el “Mago” y los funcionarios oficiales. Por ejemplo, ¿qué bancos financiaron a Navitas, la empresa israelí que, en sociedad con la inglesa Rockhopper, opera Sea Lion? ¿Son bancos que gestionan intereses argentinos?


Es posible que Luis “Toto” Caputo y el propio Quirno, ex secretario de Finanzas, se lo estén preguntando. Otro interrogante: ¿cuáles son las compañías de trading que comercializarán el petróleo argentino usurpado en Sea Lion? En ese rubro no hay muchas firmas. ¿Ninguna opera u operará en Vaca Muerta? No hay por qué dudar de la consistencia técnica de la arremetida penal de la Casa Rosada. En todo caso, esa consistencia se podrá calibrar por un detalle: las excepciones que se vayan decidiendo, como en el caso de la demora con Bluewater.


Un detalle relevante: el procurador Amerio está en contacto permanente con el ministro de Economía para evaluar el costo eventual de las denuncias. Habrá que ver cómo se proyecta esta prudencia sobre la redacción de la reforma a la ley de sanciones. Es posible que se introduzcan dispositivos disuasivos más que punitivos.


Es posible que entre las excepciones en danza esté la situación de Eduardo Elsztain. Este reconocido empresario estuvo comprando desde 2005 acciones de la Falkland Islands Holding, controlante de Falkland Islands Company, la empresa que durante años controló casi toda la economía de Malvinas. Elsztain publicó una nota explicando esa operación. El texto es muy interesante en varios aspectos. Uno de ellos: en 2017, cuando estuvo cerca de convertirse en accionista mayoritario, el gobierno británico lo bloqueó con el argumento de su origen argentino. Elsztain recuerda ese antecedente para verificar que él no pretendía sólo hacer negocios en Malvinas: creía que la posición que había adquirido forzaría un acercamiento capaz de facilitar la discusión de soberanía.


La evocación de Elsztain hace juego con la ocurrencia de un experto que se acercó a Julio De Vido en pleno kirchnerismo para sugerirle: “Si varios empresarios siguen a Elsztain, una vez que los argentinos controlen la Falkland Islands Company pueden bloquear todo el juego ‘kelper’ en las islas”. La ocurrencia no voló.


La carta de Elsztain justificando sus negocios en Malvinas tiene otro aspecto interesante. Reivindica un enfoque particular del problema de la soberanía. Es el punto de vista que adoptaron Carlos Menem y Di Tella. Para recuperar las islas no hay que hostigar a los “kelpers”. Al revés, hay que involucrarse con ellos a partir de los negocios. Si esos lazos se fortalecen, habrá un día en que la discusión por la soberanía será inevitable. Si algo no se puede sospechar de Elsztain es que sea crítico del gobierno de Milei. Aun cuando, en contra de una versión muy extendida, no le haya prestado un departamento a la hermana del Presidente. Sin embargo, la nota de este empresario es una crítica tácita, implícita, pero muy fundada, a la vía que acaba de adoptar el Gobierno.


El “Mago” Caputo parece haber ordenado: “Luz, cámara, Malvinas”. Es natural. La soberanía argentina sobre las islas se convirtió en un argumento de conflictos mucho más globales. Fue puesta en el centro de la escena internacional por Trump y por el gobierno israelí en su disputa con el Reino Unido. Imposible no aprovechar esa oportunidad. Caputo la aprovechó al cuadrado: avanzó también sobre el presupuesto de la administración y fortaleció las áreas que él domina. En especial, la SIDE y sus fondos reservados. Otro desafío a la señorita Milei.


La puesta en escena no alivia al Gobierno en otros frentes. Desde la batalla parlamentaria por las moras financieras, hasta el nuevo derrumbe de la construcción y de la industria. Malvinas debe compensar esos sinsabores. Con una dificultad. Como señaló la especialista en campañas electorales Ana Iparraguirre, es casi imposible llevar agua para el propio molino cuando se trata de una cuestión que, como la “sagrada causa” de Malvinas, no provoca debate alguno. El “Mago” por un momento exhibió algún sentido del humor y ordenó “márquenlos”. Pero no hay a quien marcar.


Por Carlos Pagni


 

"Ediciones Record: Revista SKORPIO 205 - Mayo de 1993" (¡¡¡116 PAGINAS!!!)