martes, 29 de septiembre de 2026

La encrucijada argentina: del cine “catástrofe” de Kicillof al final feliz de Milei


 

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La encrucijada argentina: del cine “catástrofe” de Kicillof al final feliz de Milei


El paso del Presidente y el gobernador por Nueva York dejó un sabor a “frustración” en Wall Street: no hubo observaciones realistas para encarar los desafíos pendientes


29 de septiembre de 2026


LA NACION


Luciana Vázquez



Axel Kicillof y Javier Milei por Alfredo Sábat


Todos juegan, no sólo la política. La novedad de los últimos días no llegó de la política sino de uno de los actores clave del mercado financiero: JP Morgan, que el viernes corrigió sus pronósticos de crecimiento para la Argentina de 2026. Pasó de 2,7% el lunes a 1,5% cuatro días después. Esa evaluación cayó justo para terminar de consolidar la percepción que dejó Javier Milei en buena parte del corrillo financiero que lo escuchó en su paso por Nueva York. Lo curioso es que Axel Kicillof dejó un sabor parecido.


Wall Street esperaba más certezas del viaje de Milei y Kicillof a Manhattan, que no llegaron: hubo cero transversalidad de miradas macroeconómicas pragmáticas entre los dos campamentos con más chances de gobernar la Argentina; tampoco encontraron observaciones realistas para encarar los desafíos pendientes. “Frustración”: así sintetiza un argentino de Wall Street que escuchó a Milei y a Kicillof, y que tiene buena parte de sus intereses colocados en la Argentina.



El miércoles, el CEO de JP Morgan en Argentina, Facundo Gómez Minujín, le puso letra a la canción de preocupación que recorre Wall Street: “No basta con que a las mineras y a las petroleras les vaya muy bien”. Sus declaraciones son de alta relevancia para el Gobierno: empieza a explicitarse una línea de puntos que va de la oposición kirchnerista y la más dialoguista y el sector industrial argentino hasta los hombres fuertes del mercado financiero.


Gómez Minujín fue más lejos: tocó temas sensibles para el Gobierno, que Milei y Luis Caputo suelen relativizar y minimizar: “También tenés que tener un país para todos, donde la gente pueda consumir, haya crecimiento de la empleabilidad, bajar la informalidad, extender la tributación al resto de la población y lograr bajar los impuestos”, dijo. El consumo masivo y el empleo informal como problemas políticos para el Gobierno: JP Morgan modulando la lengua de la oposición política. Una coincidencia inquietante para una gestión económica que entiende la lógica del JP Morgan como ninguna: ¿quién no la está viendo?


Del final feliz a la catástrofe

En el escenario político, por el lado del Gobierno hay esfuerzos sostenidos por consolidar su narrativa de logros sobre dos pilares: de un lado, Malvinas; del otro, la economía de los grandes números. El discurso de Milei en la ONU y sus presentaciones ante el jurado de Wall Street fueron por ese lado: Milei buscó exhibir ante los mercados y los inversores globales una película de final feliz. Un optimismo sin fisuras y libre de correcciones al plan de acción. Esa posición exige relativizar los indicadores más críticos que enfrenta la gestión. La frustración de los financistas que lo escucharon se basa en esa posición “negadora”.



“Lo que preocupa es que el Gobierno esté leyendo su diario de Yrigoyen. Eso, y también que empiece a teñir el discurso económico y político de moral, como hizo el kirchnerismo”, precisa el argentino de los mercados. Esta semana, para el Gobierno, la cosa se juega en París: llegará también con idénticas cartas.


Desde la oposición dura, Kicillof, el único dirigente que por el momento despunta tímidamente sus ambiciones presidenciables, construye su posicionamiento horadando uno de esos pilares: en Nueva York, hizo terrorismo verbal y calificó a la economía argentina de “catástrofe”. Por el lado de Kicillof, la “frustración” que despierta en Wall Street viene por la desconfianza que genera su falta de definiciones. “Prefiero hablar de objetivos antes que de instrumentos”, dijo Kicillof para esquivar la respuesta a preguntas que insistieron sobre su plan de acción en caso de ganar la elección. No cayó bien: “Siempre se presenta como escondiendo lo que piensa”, dice la fuente. Como si llevara una daga bajo el poncho: “El temor es el de siempre: que, fuera del poder, el kirchnerismo dice una cosa, pero cuando llega hace lo mismo”, sintetiza el hombre de Wall Street. “Fue muy decepcionante. Pero la gente del mercado cree que no le alcanza, que ni siquiera va a ser el candidato de la oposición”, agrega.


En su encuentro con los financistas, Kicillof mostró un talante amable con ese sector. Pero no alcanzó: “Se dedicó mucho del tiempo a criticar a Milei. Hizo lo mismo que Milei: uno dice que está todo bien y el otro, que es una “catástrofe”. Generó dudas en el auditorio: ¿qué parte es táctica política y qué parte falta de inteligencia política? “Kicillof ha tenido siete años para reinventarse y no se ha reinventado: ¿es por tonto?”, es una pregunta que quedó en el aire a pesar de que Kicillof habló de ajuste fiscal, de pagar la deuda y de que nadie puede defender la inflación.


El otro mercado

¿Cómo lee el otro mercado, el mercado de votos del argentino de a pie, la serie de indicadores macroeconómicos críticos para la gestión? Ayer, la Universidad Di Tella publicó el último Índice de Confianza del Gobierno (ICG), uno de los indicadores que correlaciona mejor con los resultados electorales. El ICG correspondiente a septiembre fue de 1,94 puntos. Cayó 5,9% respecto del mes anterior, uno de los tres índices más bajos que obtuvo Milei en su gestión: una mala noticia para el Gobierno, aunque tiene argumentos para relativizarla. Por un lado, porque el mes pasado, la publicación del indicador alertó sobre un margen de error en la encuesta a los jóvenes que podía haberlo hecho subir artificialmente: ayer, ese análisis empezó a generalizarse para corregir la interpretación del dato.


Por otro lado, el mes 33 del mandato de Milei sólo es superado por el ICG del mismo mes de la presidencia de Néstor Kirchner, que tuvo 2,62 puntos. Comparado con las otras presidencias desde entonces, muestra un mejor ICG: mejor que Alberto Fernández, con 1,23 puntos; que Mauricio Macri, que tuvo 1,75 puntos y que las dos presidencias de Cristina Kirchner, con 1,77 y 1,71 puntos respectivamente.


El dato alienta especulaciones. Primero, un análisis positivo para el Gobierno: que a pesar de las semanas críticas que vive la macroeconomía, con un riesgo país que viene creciendo sostenidamente, el apoyo de la gente todavía deja al Gobierno en una posición competitiva. Y segundo, una inquietud: que tres de esos mandatos a los que les fue algo peor en el mes 33 no lograron la reelección. ¿Está en riesgo la reelección de Milei?


El espejo de Macri intensifica ese análisis: Macri logró terminar su mandato y rompió una racha de experiencias no peronistas, pero no pudo reelegir. El Gobierno de Milei tiene un dato a favor, que lo diferencia de Macri: logró el delivery de su promesa de campaña, bajar la inflación. Macri, al contrario, terminó 2019 con una inflación del 54% cuando prometió 5% llegado 2019 y recién ese año, ya de salida, alcanzó el equilibrio fiscal que prometió al asumir.


Milei, entre logros y pendientes

Wall Street reconoce los logros de Milei: el ajuste fiscal y la disciplina con la que lo defiende, factor clave en la contención de la aceleración inflacionaria. Pero también ve problemas: “La lista de logros es apreciada, pero es un momento complicado”, dice el argentino de los mercados. El mayor resquemor es la actitud de Milei: “Tacha a todos de tontos y desconfía de cualquier señalamiento. ¿Es una estrategia política o es que se niega a ver la realidad? Eso es más preocupante”, subraya. En una de las presentaciones ante financistas, Milei destacó la reducción de la pobreza, pero horas después el Indec publicó el nuevo indicador, con 2 millones de nuevos pobres: el contraste entre el optimismo de Milei y el dato oficial, desalentador, intensificó la “frustración”.


El tono de la presentación de Luis Caputo tuvo una recepción parecida: una insistencia con la línea de los mejores dieciocho meses, pero ahora se corre a 2028 como el mejor año de la historia por venir: algo lejano e incomprobable.


Milei viene proponiendo otro argumento para relativizar la mala noticia del último indicador de nivel de actividad: los “indicadores desestacionalizados” versus la “tendencia ciclo”. “Hay tres cosas que pasan al mismo tiempo. Hay problemas con la medición desde hace mucho tiempo, es cierto: los feriados de Carnaval, por ejemplo, siempre influyen negativamente. Hay desafíos que trae el cambio estructural de la matriz productiva y de la macro. También hay datos para decir que la economía se está desacelerando: JP Morgan hace un filtro donde pesca muy bien las tendencias de los últimos tres y los últimos seis meses. Hay un tema de estacionalidad, pero claramente la tendencia ciclo se desaceleró”, es el análisis en Wall Street.


En la presentación organizada por el Citibank en Manhattan hubo elogios sobre la razonabilidad de los logros y los argumentos expuestos por Milei. También hubo observaciones sobre sus momentos más intensos. El problema no es que sea un loco, sino para qué usa esa “locura”. Que se pelee para defender a Adorni es lo que preocupa a algunos actores de Wall Street que tienen puesto el ojo en la Argentina.


El crecimiento y sus desafíos se perciben como un problema de difícil solución: ¿el Gobierno tiene que ser activo en solucionarlo o eso complica porque desacelera el proceso de reestructuración? ¿Alcanza con esperar la reestructuración profunda de la economía, donde los sectores menos competitivos cumplan su ciclo de destrucción creativa, o eso es inviable políticamente y pone en riesgo el 2027? Es la pregunta instalada, que sigue sin respuesta.


Por Luciana Vázquez


 

"Editorial Columba: Caballeros del Desierto - Integral" (¡¡¡241 PAGINAS!!!)