sábado, 16 de mayo de 2026

El peronismo, de la conspiración a la platea


 

 El peronismo, de la conspiración a la platea 


El PJ sueña con volver mientras deja que el Gobierno persista en sus errores


La Nacion


16 mayo 2026


Por Pablo Mendelevich 



Javier Milei y Juan Domingo Peron por Alfredo Sabat



No existen hoy evidencias de que el peronismo esté interesado en tumbar a Milei. Es una novedad histórica de la que poco se habla. Habituado a cobijar sectores proclives a desalojar antes de hora a los presidentes no peronistas – de allí viene, por ejemplo, el llamado “club del helicóptero”–, el peronismo se exhibe ahora aletargado, acaso inerte, algo reseco.


Podría pensarse que en este momento de introspección – eufemismo que ayuda a disimular lo que de verdad padece: falta de liderazgo, de proyecto, de discurso, de candidato presidencial y de prestigio social–, el peronismo ensanchó felizmente sus virtudes republicanas. Está menos desestabilizador de lo que siempre fue. Sin embargo, los más suspicaces explican que no se trata de un súbito apego a la democracia sino más bien de astucia. Todo se debería a una estrategia basada en aquella enseñanza napoleónica que uno puede extraer de un sobrecito de azúcar tomando un café en una vereda palermitana bajo el sol de otoño: “No interrumpas a tu enemigo cuando se está equivocando”.


A lo mejor Napoleón dijo “si el enemigo se equivoca, no lo distraigas” o no dijo nada y solo se trata de una paráfrasis de su pensamiento. Lo mismo da. Con cualquier versión, con cualquier autor, se llega al mismo asunto: Manuel Adorni. Un jarrón chino que el gobierno no sabe cómo lustrar y que el peronismo contempla con gozo en el centro de todo porque solo le depara desventuras al Presidente, que, como su jefe de Gabinete, supo ser panelista.


La realidad es que el peronismo no está promoviendo violencia callejera y los reclamos para que Milei se vaya antes del 10 de diciembre de 2027 son mínimos. La última arenga golpista circuló en un video de 16 segundos de un intendente bonaerense de tercera línea, Ricardo Moccedo, de Coronel Suárez (“… tiene que adelantar la entrega del mando y si no hay que hacer una pueblada”), pero pasó más inadvertida que la Fiesta de la Empanada de Vizcacha en Azul.


Pero volviendo a Napoleón, “sostener a Adorni con el empeño de Milei” seguramente algún día también será una frase magistral, quien sabe si sustentada en la paradoja del modelo de lealtad al subordinado, en el sacrificio extremo por el amigo magullado o – lo más probable– una fábula sobre el poderoso obstinado y el error engordado.


Adorni, en eso tienen razón los libertarios, no es lo único que sucede en la Argentina. También hay buenas noticias. Como la estabilización macroeconómica, el pronóstico de 3,6% de crecimiento, el ancla fiscal con superávit primario y financiero, la desaceleración inflacionaria,


Vaca muerta, la gran cosecha en marcha o el riesgo país perforando los 500 puntos. Y hay noticias no tan buenas, en especial aquellas relacionadas con el bolsillo de varios millones de argentinos. Bajos salarios, pérdida del poder adquisitivo, endeudamiento récord de propietarios de tarjetas, empleados que no llegan a fin de mes y, en medio del escenario, la crisis universitaria y los casos de corrupción judicializados.


Debido a estas segundas noticias, los índices de valoración del gobierno están para atrás. Este es un gobierno cuyas espaldas fueron famosas. Mientras ajustaba e insultaba a los políticos – y sacaba leyes que parecían imposibles y bajaba la inflación–, conservaba casi imperturbables los niveles de aprobación que traía de las urnas. Nunca nadie había tenido semejante consenso continuado en pleno ajuste. Ajuste hecho de frente y a los gritos. Por eso resulta más notorio que lo que antes pasaba haya dejado de pasar.


No se alcanzó un punto dramático, aseguran los que miden estas cosas, pero en cierto modo cambió el viento. Y los cambios de viento en la Argentina siempre inquietan.


Milei repite día por medio que Adorni es una persona honesta, es decir, un ilustre integrante del bando de la gente de bien. El problema es que hay una conjura de periodistas mentirosos y delincuentes, el 95% del total, resentidos por falta de pauta y asociados con “empresaurios” y opositores para desestabilizar. Son quienes le hacen creer todas esas mentiras adornistas a la incauta población.


Además de que hablar del 95% no parece un argumento eficaz debido a que choca con la experiencia directa de la gente que consume ( ostensiblemente satisfecha) una variedad de medios y periodistas, esta artillería huele a usada: los Kirchner decían algo muy parecido. Llamaban “esbirros de Magnetto” a los periodistas profesionales ( a los moralmente sanos, que venían a ser los kirchneristas, los veneraban como periodistas militantes) y repetían que eran esbirros porque los manipulaba el poder real. Grandes empresarios, intereses “mafiosos”, operadores.


Una diferencia, sin embargo, es que los Kirchner les prohibieron a sus ministros y seguidores concurrir a los “medios hegemónicos”, sobre todo Canal 13 y TN, mientras que Milei decidió no dejar entrar a los acreditados de Canal 13 y TN a la Casa Rosada. Otra, que los Kirchner patrocinaron la convocatoria a escupir en Plaza de Mayo fotos de determinados periodistas. Milei prefiere insultarlos personalmente y alentar a la población a odiarlos en conjunto sin discriminarlos.


Es extraño que el presidente no haya calculado el riesgo político de compartir enemigos explícitos con el kirchnerismo, a quien califica como una organización criminal que se ha dedicado a saquear el país, “lo peor que le pasó a la Argentina en toda su historia”. Quizá hasta ahora no se les había prestado demasiada atención a estas contradicciones porque los actores centrales de la obra eran Milei y la casta. Pero el reparto actoral empezó a ser cuestionado dentro del universo de los votantes propios.


Lo que complica la situación es la interna oficialista, tan poco ordenada como el gobierno mismo. Hasta el quiebre del llamado triángulo de hierro – los hermanos Milei y Santiago Caputo– las cosas eran más o menos claras. Ahora, en cambio, las rajaduras en el edificio ya incluyen a Patricia Bullrich y se incuba en el Gabinete un ambiente de divergencias y sospechas cruzadas relacionadas con la ventilación de los detalles del caso Adorni.


Es en ese contexto donde el peronismo se ilusiona con la idea de conjugar su verbo icónico, volver, sin esforzarse. Y sobre todo, sin apurarse ni conspirar. 


 

"Editorial Novaro: Batman # 258" (Febrero 1965)


 


 

viernes, 15 de mayo de 2026

Milei no logra ordenar sus prioridades y le da aire a una fragmentada oposición


 

 Milei no logra ordenar sus prioridades y le da aire a una fragmentada oposición 


El Presidente está empecinado en demostrarle al país que tiene razón, aunque eso profundice los problemas existentes y debilite a un gobierno que desperdicia el año más importante de su administración, el tercero


La Nacion


15 mayo 2026


Sergio Berensztein



Javier Milei por Alfredo Sabat


Florentino Pérez parece haberse contagiado de Javier Milei: atacó a la prensa por lo que consideró “noticias falsas” tanto sobre su continuidad al frente del Real Madrid como sobre su estado de salud. Cuando los resultados no son los esperados y los aplausos se convierten en silbidos (y hasta en abucheos), algunos líderes tienden a confundir al mensajero con el mensaje. Durante la gestión de Pérez, también titular de ACS, una constructora de enorme envergadura, el club consiguió múltiples logros y agrandó su legendario historial. En una conferencia de prensa con una impresionante cobertura mediática, Florentino no hizo honor a su nombre y se mostró ofuscado y con muy poca paciencia. Pero, al menos, se dignó a someterse a las preguntas del periodismo. Milei, por el contrario, no pudo hasta ahora cumplir con sus principales promesas electorales, fundamentalmente eliminar los privilegios de “la casta” y controlar la inflación, que volvió a los niveles “históricos”, anteriores al episodio hiperinflacionario del final del gobierno anterior. Y a pesar del crecimiento económico, la gran mayoría de la sociedad sufre una caída en sus ingresos. Además, el escándalo Adorni y otros episodios de presunta corrupción le impiden alcanzar algún grado de credibilidad en su supuesta cruzada por poner a “la moral como política de Estado”. Y desde que llegó al poder no dio una sola conferencia ni brindó reportajes, excepto a periodistas que considera amigos personales y afines a sus políticas.


Para salir de la crisis derivada de la temprana eliminación de la Champions, la derrota frente al Barcelona (que aseguró un nuevo título al conjunto catalán) y las muestras de indisciplina en su plantel, Pérez sorprendió adelantando las elecciones para buscar una nueva legitimidad de origen. Ratificó que se presentará acompañado por la misma junta directiva. En la Casa Rosada siempre hay menos libertad de acción que en la Casa Blanca, en este caso la del fútbol: Milei debe ceñirse a lo dispuesto por el artículo 95 de la Constitución, que establece que la elección se efectúa dentro de los dos meses anteriores a la conclusión del mandato del presidente en ejercicio, vale decir, no antes del 10 de octubre de 2027 (que justo cae domingo). Tampoco se conoce quién sería su candidato a vice. Pero lo más importante es que no puede romper con la inercia autodestructiva que debilitó su autoridad y erosionó su imagen. “Tiene una emocionalidad importante”, declaró Patricia Bullrich. “Está furioso”, dijo Guillermo Francos en el Rotary Club de Buenos Aires. “El que se enoja pierde” es un dicho popular que advierte cómo la ira descontrolada lleva a perder amistades, salud, dinero, relaciones y oportunidades. En un conflicto, cuando están ausentes la calma, el control de uno mismo y la capacidad de actuar racionalmente, se beneficia a la otra parte.


El Presidente está empecinado en demostrarle al país que tiene razón, aunque eso profundice los problemas existentes y debilite a un gobierno que ya desperdició casi el 40% del año más importante de su administración, el tercero. La curiosa definición en torno a su jefe de Gabinete (“no lo voy a entregar por una elección”) expone un (des)orden de prioridades intrigante. Milei se había propuesto poco menos que reinventar la Argentina e insiste con que las transformaciones estructurales que impulsa modificarán para siempre un país que pretende, a su vez, colocar como vanguardia de los valores de Occidente. Pero se abrazó al jabonoso mástil que le ofrecen los Adorni, aun cuando implique una derrota electoral y el derrumbe de su ambicioso proyecto. Una contradicción terminante para el “bilardismo” que proclamaba como ideología. Doblar la apuesta a pesar de costos y consecuencias, esa práctica tan kirchnerista que los libertarios hicieron propia, facilita el camino político y electoral a una oposición que da tibias señales de vitalidad, aunque aún carece del financiamiento, la organización, la narrativa y los candidatos para competir en condiciones de forzar una alternancia.


Por eso hay tanto interés en desentrañar los sutiles reacomodamientos del “círculo rojo”. Las recientes elecciones en Hungría ratificaron el viejo dicho: “No hay peor astilla que la del mismo palo”. Que Mauricio Macri se muestre tan activo y busque convertirse en “el próximo paso” corrector de este potencialmente extraviado proceso de cambio ratifica las peores sospechas de Karina Milei y su entorno. Por su parte, Patricia Bullrich mantiene un capital político propio que le permite gozar, como ningún otro integrante del oficialismo, de márgenes de maniobra frente a los hermanos Milei.


Con el Gobierno incapaz de romper esta inercia negativa, se reaviva el debate respecto del financiamiento universitario. Tal como ocurre con la nube tóxica que emana de la Jefatura de Gabinete, le regala a una fragmentada oposición la posibilidad de converger detrás de una cuestión que disimula las enormes diferencias que existen no solo entre los distintos partidos y espacios, sino al interior de cada uno. Pero, además, el tema cuenta con un enorme respaldo de la sociedad (incluida una buena parte del votante libertario). El gobierno nacional vuelve a reclamar, como al principio de su gestión, la realización de auditorías, que en rigor la mayoría de las casas de altos estudios hace regularmente. Si lo que pretendía era discutir su contenido, tuvo 30 meses para hacerlo. Al menos dos altos funcionarios son muy escépticos respecto del eventual fallo de la Corte Suprema sobre la ley vigente a partir del recurso presentado por los rectores. Cabe recordar que Milei decidió ignorarla aunque el Congreso rechazó el veto, un hecho inusual en nuestra historia institucional. Asimismo, deslegitimar el reclamo universitario y minimizar la masiva participación en las marchas del pasado martes en las principales ciudades del país con el absurdo argumento de que se trata de una cuestión política constituye una actitud infantil y un error conceptual: toda manifestación pública es un hecho político. El debate sobre las prioridades del gasto público también lo es. La universidad pública, desde la reforma de 1918, fue un ámbito donde se formaron líderes de las más distintas ideologías y en el que repercutieron los principales debates de interés social. Otro sería el cantar si se tratara de una cuestión partidaria, pero dicha crítica queda abortada dado el pluralismo que en ese aspecto siempre caracterizó a nuestra educación superior.


En el ínterin, la sociedad argentina pierde la oportunidad de reflexionar sin prejuicios ni ataduras ideológicas respecto del sistema universitario que necesita. El financiamiento es relevante, pero el debate no debe limitarse a esa dimensión. Como en toda política pública, el interrogante fundamental es su calidad, alcance e impacto en términos de desarrollo y equidad. En este caso, tratándose nada más y nada menos que de la formación de capital humano y de buena parte de la producción intelectual y científica del país, resulta imperioso indagar en la lógica y pertinencia de la asignación de los recursos. ¿Estamos formando el talento que necesitamos para desarrollar el país? ¿Pueden identificarse áreas de conocimiento donde no contamos con profesionales suficientes? ¿Existen los instrumentos de política (como becas y subsidios) para definir incentivos selectivos que apunten a cubrir la demanda insatisfecha? Esto requeriría la existencia de un Estado inteligente que defina prioridades estratégicas y pueda coordinar políticas educativas con provincias, empresas y casas de altos estudios. Lamentablemente, nada de esto está siendo debatido. Curioso que un presidente economista se obsesione con congelar el gasto sin preguntarse qué es lo que está comprando.


 

"Ediciones Zinco: Batman #400"