viernes, 6 de noviembre de 2026

Nuevos traspiés externos, viejos problemas locales


 

 Nuevos traspiés externos, viejos problemas locales 


Las derrotas electorales de Bolsonaro y Trump le suman dificultades a Milei


La Nacion


06 Noviembre 2026


Por Sergio Suppo



Javier Milei por Alfredo Sabat


Javier Milei sufrió en menos de dos semanas el efecto de dos derrotas electorales externas que repercuten en dos viejos problemas argentinos: la prolongada debacle económica y la desconfianza que inspiran las medidas para solucionarla.


El Presidente está entrando a la larga campaña electoral con la economía en recesión y sin perspectivas de ninguna recuperación antes de las elecciones de agosto, octubre y noviembre. Siempre será la economía la principal motivación del voto y es, con claridad, la razón que lo llevó al poder.


Milei no encuentra otras respuestas que negarse a cambiar y reafirmar su pertenencia al club de los recientes derrotados. Como su mal citado Odiseo, elige atarse al palo mayor de su barco para desconocer el canto de las sirenas, míticas figuras populistas de los mares griegos.


Como aspirante a otro mandato, Milei tiene como principal argumento electoral su capacidad de convencer de que lo que hizo entregará sus mejores frutos recién después de ganar las elecciones. Precisa un país de votantes con la paciencia de Penélope.


No es imposible. Milei convocó a votar para hacer un gran esfuerzo de transformación; logró ganar llegando desde la nada política y luego obtuvo una extensión de su crédito cuando la mayoría le presagiaba el año pasado que sería vencido por el kirchnerismo.


Milei tendrá su reelección si una parte mayoritaria de la Argentina confirma una poco frecuente resistencia a regresar al populismo. Por ahora, el Presidente se resiste a quienes, desde convicciones ideológicas parecidas a las suyas, le están pidiendo que afloje un poco el rigor del ajuste para captar los votos que pueden faltarle en el mano a mano que se propone tener contra el peronismo.


Después de que sus amigos Flavio Bolsonaro y Donald Trump perdieran sus respectivas elecciones, Milei esta semana regresó a España, donde apoya a Vox, la extrema derecha que aparece como el complemento que el Partido Popular necesita como para formar gobierno y derrotar al oficialismo socialista. Espera dejar de salir en la foto de los perdedores y recibir el consuelo de apoyar al partido que puede salir tercero.


La frustración inesperada en Brasil con un indecoroso desenlace de fuga y una derrota republicana mucho más amplia de lo previsto en Estados Unidos son para el gobierno argentino apenas circunstancias menores, comparadas con la desconfianza hacia el programa financiero y económico.


El saldo más inquietante para Milei es que la abrumadora derrota de Trump abrió un interrogante sobre si se mantendrá como reaseguro una nueva intervención de los Estados Unidos ante una eventual corrida cambiaria como la que estaba sacudiendo el país el año pasado, hasta la llegada de los dólares salvadores de Scott Bessent.


Por ahora, son los mercados los que están tomando las decisiones más ásperas antes que los votantes. Aparece con estremecedora claridad algo de lo que se habla poco y se oculta bastante en el país: cambios como el que intentó Mauricio Macri o el que ejecuta Milei siempre estarán bajo escrutinio por la simple razón que la Argentina es un incumplidor serial de sus compromisos desde hace muchas décadas, demasiadas.


Borrar la imagen de que es un país que no paga lo que debe y que hace de la picardía una política de Estado llevará todavía mucho tiempo. Es un asunto que empieza en los gobiernos y termina en la conducta de los votantes que erigen a esos gobiernos.


El aumento del riesgo país es un síntoma doloroso que creció mucho más para la Argentina que para el resto de los países emergentes. No es una casualidad. Es la dolorosa comprobación de que quienes manejan los grandes capitales no confían en que esta vez el gobierno de Milei pueda quebrar una secuencia de muchos años.


No es solo el indicador de riesgo país que encarece el costo del financiamiento argentino a fuerza de desconfianza. Hasta Milei legitimó con su comprensión que las inversiones posibles en la Argentina se hayan paralizado hasta después de las elecciones, dentro de remotos 12 meses. Un país detenido esperando qué votará es en sí mismo un enorme problema.


La crisis abierta por la perpetuación de la guerra de Irán (el error que agrandó la derrota de Trump) es una más entre otras crisis de confianza internacionales que impactan mucho más fuerte entre nosotros. Es un problema viejo de la Argentina y es un mensaje nuevo para Milei y para su ministro Luis Caputo que pone en duda la solidez de su programa de ajuste.


Tiene razón Caputo cuando asegura que todo sería peor si no hubiese llegado Milei con su motosierra y ejecutara una dura dieta fiscal hasta poner en azul números que estaban en rojo.


Hay una situación nueva entre tantos problemas repetidos. Financistas e inversores corren por izquierda al gobierno de Milei y le advierten que hacer un ajuste tan estricto y en tan poco tiempo es ofrecerle una nueva oportunidad al populismo.


El ajuste era necesario, pero no es suficiente. El enfoque estrictamente monetario para quebrar la inflación y la demora en lograrlo tienen consecuencias: profundizan la retracción de la economía. Esto afecta especialmente a los sectores que demandan más mano de obra.


Tiende a volverse imprecisa la distancia entre un presente complejo para muchos y un futuro esperanzador para todos. De un lado, Milei está obligado a revender las expectativas que sembró y explicar el motivo de su postergación. Del otro, el peronismo se asoma para ofrecer lo que ya hizo. No tiene nuevos argumentos; solo se dedica a decir que volverá a reparar los daños que le imputa a Milei.


El Presidente tiene la ventaja de un país que expresa que no quiere ir hacia atrás, pero al mismo tiempo no puede ocultar el problema de una insatisfacción creciente, tan amplia como la convicción anterior. ¿Es contradictorio? No tanto. Es el dilema íntimo que muchos tienen entre lo que se pretende y lo que se padece.


En algún momento del año próximo esa discusión entregará una decisión y la transformará en un voto. Los ejemplos de Trump y Bolsonaro están demasiado cercanos. Milei necesita no correr la misma suerte que sus aliados en desgracia.



 

"The Walking Dead Deluxe #13"


 


 

jueves, 5 de noviembre de 2026

CARICATURAS DE INOLVIDABLES DE AYER, HOY Y SIEMPRE


 


 

Se complica la chequera de Estados Unidos


 

 LA NACION > Política


Se complica la chequera de Estados Unidos


Entre las implicancias de la derrota de Trump en las elecciones de medio término, se encuentran las trabas que podría afrontar Bessent para volver a auxiliar a Milei; Caputo advierte que un PJ envalentonado puede provocar una presión muy inconveniente sobre el dólar


5 de noviembre de 2026


LA NACION


Carlos Pagni




Donald Trump y Javier Milei por Alfredo Sábat


El mundo se sacude por el giro que produjeron las elecciones legislativas de anteayer en la política de los Estados Unidos. Sobre todo por la magnitud de un cambio que obligó a Donald Trump a modificar su argumento frente al fracaso. De vaticinar que se trataría de un hecho rutinario porque “es habitual que los gobiernos pierdan los comicios de mitad de mandato”, pasó a alegar: “yo no estaba en la boleta”.



Los corolarios preliminares que se pueden inferir de los resultados pertenecen a dos categorías. Por un lado, cabe registrar el impacto que, por la gravitación internacional de los Estados Unidos, la victoria opositora tiene sobre la escena global. Por otro, como ha sucedido siempre, la democracia norteamericana puede ser observada como un laboratorio en el que se procesan comportamientos y tendencias que, por la vía de hipótesis, podrían cobijar una lección para otras sociedades.


Los demócratas realizaron una hazaña: pasaron a controlar las dos cámaras del Congreso y conquistaron colinas que les eran muy esquivas desde hace décadas, como Texas y Kansas. El control sobre el Poder Legislativo, en especial sobre el Senado, dejará a Trump semi bloqueado. Una situación que impacta sobre la política exterior y, en primer lugar, sobre la guerra contra Irán. El vicepresidente J.D. Vance publicó un largo tuit reflexionando sobre las razones de la derrota y ubicó a esa decisión militar en primerísimo lugar. “Perdimos por la guerra en Irán”, escribió. Enseguida acotó, cauteloso: “Ya lo había admitido el Presidente”.


Esta interpretación de Vance es una manifestación temprana de un juego que se inauguró la noche del martes: se disparó la disputa sucesoria en el campo republicano. Allí compite Vance, sobre todo con el jefe de la diplomacia, el intervencionista Marco Rubio.


En este contexto, la decisión del electorado fue una pésima noticia para Benjamin Netanyahu, que ganó las elecciones del último 27 de octubre pero perdió la mayoría que controlaba en el Parlamento. La derrota de su principal aliado, Trump, sorprende a Netanyahu en plena negociación para retener el poder. De las 120 bancas del parlamento él domina 53. Su principal contrincante, el general Gadi Eisenkot, obtuvo 48 escaños. Los árbitros son los 19 legisladores de los partidos árabes israelíes. En este ajedrez también se juega el destino de una de las dos guerras que pesan hoy en el mundo.



Para la otra, la de Rusia y Ucrania, los resultados norteamericanos llevan un mensaje alentador para Volodomir Zelenski. Debilitado Trump, Vladimir Putin también se debilita. Celebra Europa.


También celebran los mercados. La guerra contra Irán, con su gigantesco impacto sobre los precios de la energía, se está volviendo insoportable. Barack Obama, que tuvo un protagonismo relevante en el tramo final de la campaña demócrata, cuestionó una y otra vez el costo económico de esa empresa militar.


Pero fue un líder financiero como Jamie Dimon, chairman de JP Morgan, quien hace 10 días levantó la voz para que se ponga fin a un enfrentamiento que introdujo montos inusuales de incertidumbre en el precio de todos los activos. Los mercados asumieron la posición de Dimon: ayer subieron las bolsas, se desplomó 9% el precio del petróleo Brent y se recuperaron monedas y acciones de los países emergentes. Va a ser interesante observar cómo Trump intenta salir del enredo sin que lo acusen de regresar de Medio Oriente con las manos vacías.


Estas novedades acaso sean un pasable consuelo para Javier Milei, que cursa horas de duelo desde el triunfo de Lula da Silva en Brasil. Por lo menos se puede festejar que no sigan subiendo los precios de los combustibles y que la tasa de interés no se vuelva asfixiante.



Más allá de esos “detalles”, la derrota de Trump tiene para el gobierno argentino un significado clarísimo: a partir de ahora va a ser muy difícil que Scott Bessent, el secretario del Tesoro, pueda desenfundar la billetera para proveer a Milei un nuevo salvataje, como ocurrió después del triunfo bonaerense del peronismo el año pasado.


El apoyo de Trump es una de las grandes columnas en que se ha sostenido el liderazgo de Milei. El kirchnerismo esconde una envidia secreta frente a la generosidad de ese padrinazgo. Sus propios “protectores”, Xi Jinping o Lula da Silva, no atinaron a poner una moneda cuando, en las postrimerías del gobierno de Alberto Fernández, Segio Massa mendigaba un respaldo financiero.



Ahora ese respaldo de la Casa Blanca para Milei será relativizado. La percepción de que el gobierno libertario, sobre todo su equipo económico, tiene un margen de error excepcional porque cuenta con un poderosísimo garante, tenderá a desvanecerse. No es un buen estímulo para la inversión, que es la palanca en que debería basarse un repunte del nivel de actividad.


Trump no está en condiciones de realizar otro desembolso, como el de 20.000 millones de dólares que concedió con el swap de septiembre del año pasado. En medio de la campaña debió renunciar a un compromiso mucho más vital: anunció que ya no girará 4.000 millones de dólares anuales de ayuda militar a Israel.



El gobierno afirma que la ayuda norteamericana sería innecesaria porque descarta una corrida contra el peso. Son las declaraciones obligatorias de cualquier funcionario responsable. Pero en la intimidad del gabinete la discusión es otra. Figuras del ala política, como Diego Santilli, se han preguntado si no convendrá mantener las primarias para conseguir un “efecto susto”.


Traducido: que, ante la perspectiva de un peronismo desafiante, el electorado salga a votar en masa por los candidatos oficialistas para evitar una regresión. Es una especulación que surgió de observar el comportamiento de los votantes anti-bolsonaristas, que asistieron a las urnas en la segunda vuelta brasileña y dieron la victoria a Lula da Silva. Esta estrategia, que todavía está en un borrador, es objetada por Luis “Toto” Caputo: un PJ envalentonado puede provocar una presión muy inconveniente sobre el dólar. Una presión para la que ya no se podría contar con Trump.


El vínculo financiero entre Washington y Buenos Aires puede quedar bajo la lupa después del resultado del martes pasado. El 18 de diciembre de 2025 las senadoras demócratas Elizabeth Warren y Jeanne Shaheen enviaron una carta a Rubio y a Bessent pidiendo detalles sobre cómo se había utilizado el Fondo de Estabilización Cambiaria del Tesoro para solventar a la Argentina.


Con el triunfo demócrata Warren tendrá más poder en las comisiones de asuntos económicos de las que forma parte. Entre los que miran con detenimiento aquella asistencia del Tesoro hay quienes se formulan un interrogante muy concreto: ¿hubo alguna filtración de información que permitiera realizar operaciones muy ventajosas con bonos argentinos que mejorarían muchísimo su precio una vez que Bessent anunciara el envío del salvavidas? La pregunta no es inocente. Apunta a un financista en particular: Robert Citrone, titular del fondo Discovery Capital Management, con posiciones abultadísimas en títulos de la deuda local. Semanas antes de que ocurrieran los hechos, en una interesante entrevista con Tony Pasquariello, del canal informativo de Goldman Sachs, Citrone se vanaglorió de tener una gran intimidad con el equipo de Caputo.


Cuando Bessent llegó a Buenos Aires el 14 de abril de 2025, para asistir en persona al levantamiento del cepo cambiario, Citrone también aterrizó en aeroparque, en un avión del empresario Leonardo Scatturice en el que viajaba el lobista Barry Bennett, íntimo en aquel entonces de Santiago Caputo, el “Mago del Kremlin”.


Citrone tiene una vieja a amistad con Bessent, nacida cuando ambos trabajaban para el demócrata George Soros. Los amigos del lobista Bennett atribuyen a él y a Citrone haber destrabado la ayuda del Tesoro. ¿Le pagaron a Bennett lo prometido por esos servicios providenciales? Demócratas como Abdul El-Sayed pusieron el grito en el cielo con aquella operación, exigiendo que los recursos de los Estados Unidos se destinen a mejorar la calidad de vida, sobre todo de la salud, de los ciudadanos de ese país. El-Sayed es una estrella de los comicios de anteayer: se consagró como el primer senador musulmán de los Estados Unidos. No debería sorprender que se abra una investigación que tenga a Bessent como blanco. Queremos preguntar, dirían los demócratas.


La victoria demócrata fue impactante por varias razones. Algunas son territoriales. En Texas, por ejemplo, James Talarico, un demócrata moderado, derrotó a un amigo de Trump como Ken Paxton. Es la primera vez que los republicanos pierden esa elección desde 1988. Texas es, después de California, el estado más poblado del país y, por lo tanto, aporta un número crucial de electores para la elección presidencial. El Partido Demócrata se quedó también con la gobernación, para su candidata Gina Hinojosa.


Sería un error extrapolar peculiaridades de los comicios norteamericanos a la Argentina. O a cualquier otro país. Pero hay tendencias que pueden inspirar alguna reflexión. El martes quedó demostrado que los republicanos se inclinaron hacia el centro, abandonando posturas más extremas, ligadas al estridente liderazgo de Trump.


También es evidente que, al revés, los demócratas se radicalizaron. Es notorio el avance de la rama socialista de ese partido, de la cual el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, es una figura estelar. Aliados suyos como Claire Valdez, Darializa Ávila Chevalier y Brad Lander ingresaron al Congreso. Melat Kiros, Donnavan McKinney y Chris Rabb, que militan en el mismo sector, también ganaron. Hasta ahora los socialistas contaban con sólo dos dirigentes en la Cámara de Representantes: Alexandria Ocasio-Cortez y Rashida Tlaib. Ambas reeligieron.


Otra expresión de la izquierda demócrata, la que lidera Bernie Sanders, ganó varias bancas. Una es la de Michigan, con El-Sayed. Sanders realizó su propio festejo con los seguidores que ganaron sus distritos. Como si estuviera armando su “Cámpora”, una “orga” recortada dentro del partido. El inconfundible estilo de Máximo Kirchner.


La propensión de los demócratas de ir hacia el borde, arrastrando a los republicanos hacia el centro, impacta en el kirchnerismo. No es una novedad. Esa fuerza ya se mostró muy atenta al triunfo de Lula en Brasil. El resultado de estos dos torneos empieza a inspirar una inquietud en el entorno de Cristina Kirchner: ¿no será hora de defender nuestros colores? Dicho de otro modo: ya probamos con Daniel Scioli, Alberto Fernández y Sergio Massa. Siempre nos fue mal. ¿Por qué no llevar un candidato que exprese más nuestras ideas? ¿En esos interrogantes se esconde la semilla de un acuerdo con Axel Kicillof? Demasiado temprano para saberlo.


Las interpretaciones de lo que sucedió en los Estados Unidos son variadas. El célebre estratega de Bill Clinton, James Carville, aportó la suya. En una entrevista con The Wall Street Journal, confesó estar un poco cansado de que se lo reduzca a su célebre consigna “es la economía, estúpido”. Para Carville, la raíz de la derrota republicana no hay que buscarla sólo en el malestar material. “Es muy importante la corrupción”, dijo. Tomar nota.


Por Carlos Pagni



 

"Las Aventuras de Archer y Armstrong 1 - En el Saco"