domingo, 4 de enero de 2026

Venezuela, de dictadura a colonia











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Venezuela, de dictadura a colonia


LA NACION


Andrés Malamud



Nicolás Maduro por Alfredo Sábat


Nicolás Maduro era un dictador: su caída nunca puede ser una mala noticia. Sin embargo, los buenos resultados también tienen costos. La operación extranjera que lo depuso fue un modelo de planeamiento y precisión, pero sus consecuencias solo se conocerán con el tiempo. Los pactos con el diablo suelen tener éxito, el problema es que terminan saliendo caros.



En la conferencia de prensa en la que Donald Trump anunció la captura de Maduro, le preguntaron si había hablado con María Corina Machado. La líder opositora viene de ganar el Nobel de la Paz, un premio al que aspiraba el presidente norteamericano. Trump no solo negó cualquier contacto sino que la tiró abajo del camión: “es una mujer muy agradable pero no tiene el apoyo ni el respeto de su país”. En cambio, admitió negociaciones con Delcy Rodríguez, la vicepresidenta de Maduro que recibió la noticia de la operación en seguridad, como si alguien le hubiera avisado a tiempo. Qué caro le salió el Nobel a la democracia venezolana.


A propósito, democracia es una palabra que Trump no utilizó. Narcoterrorismo, sí; petróleo, también; pero fue claro al afirmar que Estados Unidos, y no el presidente electo Edmundo González, va a gobernar Venezuela hasta que pueda garantizar una transición ordenada. Una transición hacia la paz, la justicia y la libertad, enumeró, sin mencionar la palabra democracia. Quizás no haya sido porque nunca fue su objetivo sino para que no lo acusaran de buscar un cambio de régimen, concepto maldito para el movimiento MAGA (Make America Great Again).


La operación militar había sido anticipada en la Estrategia de Seguridad Nacional, que el gobierno de Trump difundió a inicios de diciembre. En ella se reestablece la Doctrina Monroe, instituida en 1823 por el presidente homónimo para proteger al continente americano de la intervención europea. A comienzos del siglo XX, el presidente Theodore Roosevelt le agregó el corolario que lleva su nombre y permite la intervención de Estados Unidos también en casos de mal gobierno. Igual de importante pero más novedoso, la Estrategia divide al mundo en cinco regiones y coloca al continente americano como número uno. América Latina pasó de irrelevante a prioritaria por primera vez en 35 años. La prioridad geopolítica, sin embargo, no implica una preferencia por la democracia. Estados Unidos aspira a expulsar a China de su esfera de influencia y a alinear a los gobiernos que quedan adentro, no a democratizarlos.



Para entender lo que hay detrás de esta operación no hay que buscar en Caracas sino en Washington. Sin reelección para Trump, el vicepresidente J.D. Vance y el secretario de estado Marco Rubio se disputan la candidatura del partido republicano. Rubio, neoconservador y arquitecto de la intervención, pretende generar un efecto dominó que lleve de Caracas a La Habana, provocando la caída del régimen que causó el exilio de sus padres. El cambio de régimen cubano sería una excelente plataforma para su candidatura. Vance, en cambio, se embandera en el America First y se opone a las intervenciones externas. Su ausencia en la conferencia de prensa sugiere una toma de distancia respecto de la operación. Un triunfo de Rubio implica una derrota de Vance. Este fue el primer round, pero la reacción de Delcy Rodríguez contra la complicidad sugerida por Trump sugiere que quedan varios rounds por delante. Como recuerda el analista Ignacio Labaqui, Japón no se rindió ante la primera bomba atómica: Estados Unidos tuvo que demostrarle que tenía más.


“Aquí ni siquiera tuvimos tiempo de contentarnos por la captura de Maduro. Qué bajón pasar a ser un país tutelado”, me escribe una amiga desde Caracas. Férrea militante antichavista, pasó el día entre la esperanza y el desconcierto. El dictador fue preso, pero la lucha por la democracia está lejos de haber concluido.



(*) El autor es politólogo y académico. Instituto de Ciencias Sociales, Universidad de Lisboa.


Por Andrés Malamud

"DC K.O. #02"

sábado, 3 de enero de 2026

"El que las hace, las paga": Cristina, del "vamos por todo" al "quedate en casa"











Panorama Político Nacional


El escenario


"El que las hace, las paga": Cristina, del "vamos por todo" al "quedate en casa"




La ex prescindente condenada Cristina Fernández de Kirchner. (Dibujo: Fernando Rocchia para AGENCIA NOVA)



El año 2026 se perfila como uno de los más complejos en la vida política y personal de Cristina Fernández de Kirchner. Lejos de cualquier intento de épica o victimización discursiva, la expresidenta enfrenta un escenario dominado por la Justicia, con consecuencias concretas que desmienten durante años el relato de la “persecución”.


Con la condena firme a seis años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos en la causa Vialidad, Cristina Kirchner transita el cumplimiento de su pena bajo la modalidad de arresto domiciliario, otorgada exclusivamente por su edad y no por falta de pruebas.


En 2026, ese beneficio puede mantenerse, endurecerse en sus controles o incluso ser revisado si se detectan incumplimientos. La imagen de impunidad que el kirchnerismo intentó sostener durante décadas empieza a desmoronarse frente a una Justicia que, aunque tardía, comenzó a actuar.


Otro punto clave será el avance sobre el patrimonio. La ratificación del decomiso de sumas millonarias abre la puerta a embargos, ejecuciones y eventuales remates de bienes.


Ya no se trata solo de una condena simbólica: el Estado busca recuperar parte del dinero que, según los tribunales, fue desviado mediante un esquema sistemático de corrupción durante los gobiernos kirchneristas. En 2026, este proceso puede profundizarse y golpear uno de los pilares históricos del poder del matrimonio Kirchner: la caja.


En el plano político, la situación es aún más clara. La inhabilitación perpetua deja a Cristina Kirchner completamente fuera del juego electoral.


No puede ser candidata ni ocupar cargos públicos, lo que marca el final formal de una carrera que el kirchnerismo se resistía a dar por terminada. Cualquier intento de regreso será solo retórico, sin sustento legal ni institucional.


A esto se suman otros frentes judiciales que siguen abiertos, como la causa Cuadernos de las Coimas, donde 2026 podría traer definiciones relevantes.


La acumulación de expedientes refuerza una imagen que el kirchnerismo intenta negar: no se trata de un caso aislado, sino de un modo de ejercer el poder.


Así, el 2026 no será el año del “renacer” de Cristina Fernández de Kirchner, sino el de la consolidación de su caída.


Con condena firme, bienes bajo la lupa y sin futuro electoral, la exmandataria queda reducida a un rol marginal, sostenido únicamente por un relato que ya no logra tapar una realidad judicial cada vez más contundente.

"Disney Villains Maleficent (2025) #01"