sábado, 13 de septiembre de 2025

"Editorial Columba: ¡Confiese, Doctor Corda!"

viernes, 12 de septiembre de 2025

Después de una derrota bien merecida















OPINIóN


Después de una derrota bien merecida


Milei contribuyó más que nadie a su fracaso en las elecciones del mayor distrito del país. El duro camino hacia octubre y las internas. ¿Puede revertir el resultado?


James Neilson

Former editor of the Buenos Aires Herald (1979-1986)


REVISTA NOTICIAS


Javier Milei por Pablo Temes



Los responsables principales de lo que sucedió el domingo pasado en la provincia de Buenos Aires fueron Javier y Karina Milei. Nunca sabremos cuántos de aquellos que hasta mediados de 2023, habían simpatizado por Juntos por el Cambio pero apoyaron a Milei en el balotaje, optaron por boicotear las urnas, pero de haberse dado el trabajo de votar los hartos de ser tratados con desprecio por el presidente, los resultados de las elecciones para bancas en cámaras legislativas muy desprestigiadas hubieran sido mucho menos dolorosos para los Milei y sus amigos.




Desde asumir el poder, Milei se ha dedicado a colmar de pretextos para repudiarlo a quienes lo apoyaron en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales sólo por entender que sería menos malo que Sergio Massa. Con optimismo insensato, los Milei los tomaron por conversos a la causa libertaria que pronto olvidarían se adhesión al PRO o a una variante del radicalismo porque, entre otras cosas, valoraban su respeto por las normas republicanas. Aunque Mauricio Macri, Patricia Bullrich y otros dirigentes de Juntos por el Cambio no titubearon en rendirse al canto de sirena mileísta, muchos que los habían respaldado antes del balotaje de hace menos de dos años se resistieron a acompañarlos.


Alucinados por la caída abrupta de la tasa de inflación y la convicción de que haber posibilitado la hazaña así supuesta sería más que suficiente como para garantizarles años de apoyo popular, los hermanos Milei se negaron a prestar atención a las dificultades que provocaba el ajuste que el gobierno aplicaba sin paliativos. Creían que todos comprenderían que era necesario y que por lo tanto no tendrían que explicar nada. Milei hizo mucho para reordenar la macroeconomía, pero descuidó todo lo demás.


Si bien la magnitud de la derrota de los candidatos de La Libertad Avanza sorprendió incluso a los triunfadores peronistas, comenzando con los intendentes municipales que lograron aprovechar al máximo su predominio territorial, estaba escrito que el gobierno de Milei no tardaría en verse castigado por la soberbia adolescente, para no decir infantil, que ha sido una de sus características más llamativas y más antipáticas.


¿Aprendió Milei algo útil de la lección nada agradable que acaba de recibir? Pronto sabremos la respuesta a este interrogante fundamental, ya que está en juego mucho más que la carrera de un político determinado, pero a juzgar por su reacción inicial, parecería que ha caído en la tentación peligrosa de procurar minimizar la gravedad del problema que enfrenta, de ahí aquella poco novedosa “mesa política” conformada por los de siempre: el “triángulo de hierro”, Guillermo Francos, Manuel Adorni y Patricia Bullrich, y el nombramiento de Lisandro Catalán como ministro del Interior.


Sin embargo, para recuperarse del golpe brutal que le asestó el electorado bonaerense, Milei podría tener que prescindir de los servicios políticos de “el jefe” Karina y los integrantes del clan Menem que se encargaron de la estrategia ruinosa de humillar a sus aliados obligándolos a pintarse de violeta. También le sería positivo distanciarse de los influencers más esperpénticos que lo apoyan en “la batalla cultural” que está librando y ponerse a construir una coalición amplia cohesionada por la voluntad de remplazar un “modelo” socioeconómico penosamente anticuado por uno que sea más apropiado para los tiempos que corren.


Puesto que el país no puede darse el lujo de experimentar otra convulsión política -la crisis económica dista de ser ficticia y superarla requerirá años de trabajo muy duro-, convendría que Milei volviera a fojas cero y abandonara la fantasía totalitaria de un país monocolor que, según parece, le ha vendido Karina. A lo sumo, puede aspirar a que La Libertad Avanza se erija por un rato en la primera minoría, como es Fuerza Patria en la provincia de Buenos Aires donde, a pesar de la ayuda que le prestaron el presidente y sus adláteres, el peronismo no alcanzó una mayoría absoluta.  


Lo mismo que los demás países democráticos, la Argentina es pluralista y sus gobernantes tienen forzosamente que tomar en cuenta las opiniones y los intereses ajenas. Si Milei se niega a hacerlo, terminará aislándose hasta tal punto que, para sobrevivir en el poder, dependerá casi por completo de la resistencia de la ciudadanía a permitir que se viole el orden previsto por la Constitución nacional.


¿Incidió en los resultados de las elecciones bonaerenses la difusión de rumores fuertes de corrupción en el núcleo gobernante? Aunque sería paradójico que tuvieran un impacto decisivo, ya que entre los más beneficiados están miembros de “la casta” peronista que son notorios por su rapacidad, las denuncias que se han formulado últimamente han contribuido a privar a la cúpula libertaria de algo muy importante que supuestamente la diferenciaba de “los kukas”.


De propagarse la idea de que, en el fondo, Milei y compañía tienen mucho en común con los kirchneristas, hasta su compromiso con el realismo macroeconómico se verá puesto en duda. Por su naturaleza, la corrupción atenta contra la disciplina fiscal al permitir que “la casta” se apodere de recursos que podrían usarse no sólo para ayudar a los sectores más vulnerables de la sociedad sino también para invertir en obras productivas.  Para lo demás, hay tantos empresarios y otros que se han habituado a depender más de su relación con el gobierno de turno que de sus propios aportes al bienestar colectivo, que no es necesario ser un experto para entender que son plenamente capaces de frustrar los esfuerzos reformistas de gobiernos que se sienten constreñidos a dar prioridad a la generosidad interesada de tales amigos.


Para extrañeza de nadie, “los mercados” reaccionaron de manera sumamente negativa frente al desenlace de lo que el gobierno mismo decidió tratar como un plebiscito sobre su propia gestión. Quienes operan en ellos lo tomaron por evidencia de que, dentro de poco, la Argentina podría ser gobernada por “el soviético” Axel Kiciloff, un ideólogo anclado en el mundo de mediados del siglo pasado que, muchos creen, no vacilaría un solo minuto en estatizar todo a su alcance y en repudiar las deudas del país para entonces provocar el enésimo tsunami inflacionario. 


Puede que tales temores sean fantasiosos y que Kiciloff haya aprendido algo de su ya muy larga experiencia en el poder, pero en vista del prontuario en dicho ámbito de la Argentina, es lógico el escepticismo extremo que sienten tantos en Wall Street y otras plazas financieras internacionales cuando de los riesgos de una recaída se trata. Si dan por descontado que el sucesor más probable al gobierno libertario de comportamiento autodestructivo de Milei sería uno peronista, tendrán motivos de sobra para no querer arriesgar su dinero en un país que, a través de los años, se las ha arreglado para defraudar una y otra vez a quienes habían confiado en las promesas de mandatarios que, como el presidente actual, se afirmaban resueltos a respetar las reglas vigentes en el mundo capitalista en que, para desconcierto de muchos, China está adoptando actitudes hacia infractores seriales que son tan severas como las que siempre han sido típicas de países tradicionalmente hostiles al populismo económico como Alemania y Japón.


Hasta hace muy poco, Milei, como Macri en su momento, intentaba aterrorizar al electorado advirtiéndole que la alternativa más probable a su propio gobierno sería uno manejado por Cristina, pero ocurre que, si bien la expresidenta festejó desde su balcón el triunfo de Fuerza Patria, ella misma ocupaba un lugar entre los perdedores. Por mucho que le duela, Kiciloff está logrando remplazarla como el líder nominal del peronismo. ¿Sabrá consolidarse? Puede que no, pero mientras no aparezca alguien con carisma, conservará el rol que consiguió al pasar por alto los consejos de Cristina y desdoblar los comicios provinciales. Aunque tener a un personaje como Kiciloff como el desafiante número uno debería convenirle políticamente a Milei, lo que el ex favorito de Cristina representa podría asustar aún más a los inversores en potencia, sean éstos nacionales o extranjeros, que el espectro de un hipotético retorno del kirchnerismo puro.


De todos modos, es evidente que una parte sustancial de la población del país está llegando a la conclusión de que el ajuste fiscal está provocando una recesión en que el desempleo está subiendo, la producción está cayendo y el peso está perdiendo valor frente al dólar. ¿Significa todo esto que la estrategia de Milei se basa en una diagnosis equivocada?  No necesariamente, ya que era claramente suicida suponer que la inflación servía para estimular la economía y que por lo tanto había que seguir aumentando el gasto público como hacía Massa con sus planes platita, pero al celebrar la dureza del ajuste, el gobierno brinda la impresión de querer hacer sufrir a los jubilados, los discapacitados y otros que dependen del Estado, lo que no lo ayuda a congraciarse con los millones de votantes que se han visto perjudicados. Por irracional que sea culpar a Milei por la escasez de recursos genuinos, es comprensible que muchos no la atribuyan a la falta de productividad de una economía rota sino a la crueldad de un personaje que los desprecia.

HUMOR DIARIO

El Gobierno consigue una tregua, pero no gana la guerra





















LA NACION > Economía


El Gobierno consigue una tregua, pero no gana la guerra 


Parece haber empezado a desandar algunas de las peleas que tensaron el clima político y económico en las últimas semanas


LA NACION


Florencia Donovan 



Luis Caputo por Alfredo Sabat


A su modo, de puntillas, como para que no se note tanto, el Gobierno parece haber empezado a desandar algunas de las peleas que terminaron por tensar el clima político y económico en las últimas semanas.



La tormenta financiera, al menos, dio tregua con el correr de la semana. Lejos están de disiparse las nubes, pero la sensación de urgencia en un mercado que se vio sobrepasado con el resultado electoral de la provincia de Buenos Aires se apaciguó. No sin antes mediar un reconocimiento tácito del equipo económico de algunos errores que sólo contribuyeron a caldear el ambiente en la previa de las elecciones bonaerenses. El famoso apretón monetario se aflojó y la pelea con los bancos entró en cuarto intermedio.


Este jueves, ya el Banco Central (BCRA) marcó una tasa de interés de referencia del 35% anual. Sigue siendo alta, pero está muy lejos del nivel estratoférico de hasta el 80% que llegó a pautarse en el mercado hace días. El presidente del BCRA, Santiago Bausili, y el director Nicolás Ferro vienen hace días escuchando en distintas reuniones a los bancos. La última fue el martes, en el marco de un almuerzo al que los invitaron desde una entidad de capital internacional. Aunque en ningún momento adelantaron a sus interlocutores medidas, tomaron apuntes de los reclamos. En general, en los distintos encuentros sus interlocutores quedaron con la sensación de que pronto se intentaría desarmar parte de las restricciones monetarias que se habían impuesto antes de la elección. Se habla de darles a los bancos la posibilidad de morigerar la exigencia de encajes, y ya no marcarles un límite diario, sino permitirles promediar cada tres días. Está por verse.


También el Gobierno optó por empezar a cuidar más los dólares. Esta semana, con excepción del lunes, en el que apenas vendió US$33,8 millones, el Tesoro dejó de intervenir para contener la volatilidad del dólar. Como bien podría haber gritado Milei, lo dejaron por primera vez en semanas a merced de las fuerzas del mercado. “¡¡Flota!!”, aunque más no sea por ahora. No se puede descartar que el Fondo Monetario Internacional (FMI), que salió luego en respaldo del plan oficial, haya tenido algo que ver en esta decisión. Quienes dialogan con frecuencia con el staff, admiten que en el FMI tenían reparos con la intención oficial de contener el tipo de cambio cuando todavía se operaba dentro de la banda. El Tesoro ya no contaba con demasiado margen tampoco para seguir usando los dólares de su cuenta sin comprometer los pagos que tenía en agenda este mes.



Los banqueros, entretanto, habían empezado a advertir en privado que, de no repararlo, el error en el desarme de las Letras Fiscales de Liquidez (LEFI), que se dio en julio, podría terminar por configurar lo que en el mercado se terminó conociendo como el fatídico “28 D” durante la gestión de Mauricio Macri. En ese entonces, el equipo económico cedió a las presiones de la política y convalidó un proceso de recorte en las tasas de interés que, para muchos, fue el principio del fin del plan económico. “Acá sería la intromisión del presidente Milei lo que jugó en contra. Sabrá de economía, pero la práctica es distinta de la academia”, ilustró un operador, con años en el mercado.


De cualquier manera, las consecuencias del error todavía son palpables. Los empresarios reconocen, por caso, que la actividad económica en agosto se planchó, y con mucha fuerza. “Agosto fue para nosotros el peor agosto de los últimos 20 años”, ilustra un empresario que provee de insumos a grandes compañias de consumo masivo. “Nuestros clientes estuvieron entre un 20 y 40% abajo de nuestras proyecciones apenas un mes antes. Y septiembre viene parecido”, anticipó.


El ajuste que muchas empresas estaban postergando -sin definición firme- para después de las elecciones de octubre, terminó por adelantarse el mes pasado cuando la escalada de tasas provocó en muchos casos una ahogo financiero que no pudieron sortear.



Pero además de mejorar el clima financiero, el Gobierno también da señales de querer acercarse a los gobernadores. Otra pelea menos. Aunque en este caso, los gestos no estarían siendo lo suficientemente elocuentes como los que le exigen interlocutores que el propio Presidente Milei se encargó de vapulear. Más allá de la designación de Lisandro Catalán como nuevo ministro del Interior, los gobernadores no cederán en su reclamo de fondos. Se juega demasiado el 26 de octubre. Y la realidad económica no discrimina demasiado. Salvo Vaca Muerta, que también sufre algunos coletazos de la caída en la actividad económica y del deterioro de las condiciones financieras, la economía en el resto del país está en modo supervivencia.


“Estamos viendo una caída del empleo registrado y del informal, sin dudas”, admite, inquieto, el ministro de Finanzas de una provincia que pone en juego senadores en la próxima elección. “El tema político arrastra con más fuerza aún la debilidad económica”, continuó.



En principio, por ahora, lo único que tendría para ofrecer la administración de Milei sería el habilitarles a las provincias una línea de crédito de US$1000 millones, que hace meses el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) había puesto a disposición para financiar obras de infraestructura a nivel nacional, pero que el gobierno federal había decidido cajonear. “Era una prueba piloto de todo el banco, pero que el Gobierno hasta ahora no había querido destrabar”, reconoció una fuente del organismo de crédito. La idea del BID era poder empezar a financiar obras de forma directa con las provincias o municipios, sin tener la necesidad de contar con garantía soberana, toda una anomalía en este tipo de financiamientos. Ahora, Catalán actuaría de mediador entre el BID y las provincias. Claro, solo las provincias alineadas. Según confiaron las fuentes, no hay proyecto hasta ahora, de incluir a la provincia de Buenos Aires. Los créditos más avanzados -al menos, en cuanto a la eleboración de los proyectos junto con el BID- serían los de Mendoza y Neuquén. Pero también el BID ya tiene conversaciones con otras aliadas del gobierno nacional como Entre Ríos y Río Negro. Habrá que ver si para los gobernadores este hueso alcanza para transitar en paz las semanas que quedan hasta octubre. Suena a poco.


Y es que, en definitiva, existe una tercera pelea que la política mira de cerca para terminar de tomar posiciones y es las que existe entre las propias facciones internas del Gobierno. “Alguno se va a terminar yendo, son ellos o nosotros”, comentaba en las últimas horas uno de los protagonistas en un encuentro privado. Está claro que la interna sigue al rojo vivo. También la desconfianza en dos de los vértices del otrora “triángulo de hierro” sigue firme. Podría incrementarse si siguen difundiéndose casos de corrupción que tocan a alguno de ellos. Hay información que circula en despachos oficiales de que habrá más ruido en ese sentido.



Cerca del asesor Santiago Caputo señalan que en los próximos días se presentará finalmente el plan para la campaña nacional de octubre. Se supone que, esta vez, el equipo de Caputo acompañará en el armado de la estrategia. Aunque ya no se nota entre sus soldados el mismo entusiasmo de antes. Tampoco parecen estar empapados de la diaria de la gestión del Gobierno como lo estaban hasta hace algunos meses. No está claro si esta pelea también va a poder apaciguarla Milei. O si quiere hacerlo. Tal vez una victoria en octubre ayude a mitigarla, pero falta mucho y ya nadie en la política tiene certezas sobre el resultado.


Por Florencia Donovan

Para Milei todo es culpa de la política





















LA NACION > Política 

Para Milei todo es culpa de la política

El Gobierno insistirá en hablarle con el corazón a los gobernadores amigos, sin abrirles la billetera

12 de septiembre de 2025

LA NACION

Claudio Jacquelin 


Javier Milei por Alfredo Sábat

Nada lo mueve a Javier Milei. Su rechazo es absoluto a ver en la situación económica una causal de la estrepitosa derrota que sufrió La Libertad Avanza en las elecciones bonaerenses del domingo pasado. Para el presidente-economista, todo es político. Contra la opinión de observadores y las expectativas de aliados, como los gobernadores afines.


“Javier está convencido de que el resultado responde a los ataques de los opositores, las operaciones en contra suyo y de Karina, y la vigencia del aparato clientelar de los intendentes peronistas, lo que se agravó por haber nacionalizado la elección. Él insiste en que si la macro está ordenada la micro se ordena y llega a la gente. Por eso, cree que el 26 de octubre vamos a ganar sin necesidad de tocar nada de fondo ahí. Además, los mercados esperan eso y a ellos les habló el domingo, porque eran los que votarían el lunes”. Esa es la explicación, a cuatro días de la debacle, de uno de los más estrechos colaboradores presidenciales.

Después de que LLA perdiera ocho de las diez elecciones provinciales realizadas hasta ahora, lo que emana del Gobierno es que solo piensa en hacer retoques discursivos y procedimentales de campaña para las elecciones nacionales que se harán dentro de 43 días, junto a la apertura de un diálogo con los sectores políticos que los habían acompañado y luego fue perdiendo. Símbolos y señales muchos. Efectividades conducentes pocas.

La caída de la actividad económica, las turbulencias cambiarias y financieras, las dificultades crecientes para llegar a fin de mes de muchos argentinos, el endeudamiento y la dificultad para afrontar el pago de los créditos tomados que se han ido pronunciando en el último mes y medio no entran en la lista de reparaciones de la Casa Rosada.


Para muchos se trata de un diagnóstico que podría derivar en un tratamiento inadecuado para afrontar la decisiva elección de medio término. “Ningún gobierno gana una elección con salarios en caída”, es una máxima que resuena cuando el deterioro del poder adquisitivo de muchos sectores ya supera el trimestre.

La discusión adquiere mayor relevancia al analizar la composición del voto de los dos polos mayoritarios en la elección bonaerense. La conclusión preliminar de algunos análisis urgentes indicaban que la performance de LLA habría sido afectada por la defección de exvotantes cambiemitas moderados, que se habrían ausentado. Sin embargo, un estudio del mapa electoral realizado por el sociólogo Luis Costa ofrece un resultado más inquietante para el oficialismo.

“Analizados los circuitos electorales y comparándolos con la elección de 2023 se advierte que el peronismo se parece a sí mismo. En cambio, LLA más el Pro perdió buena parte del apoyo de sectores populares, que Milei había convocado hace dos años, y que provenían de zonas donde históricamente ha predominado el voto peronista. LLA del domingo pasado se parece al Cambiemos de 2023”, afirma Costa.


La visión estrictamente politicista del resultado electoral del domingo fue constatada ayer por los tres gobernadores aliados de LLA y que se reunieron en la Casa Rosada con la debutante mesa política que preside el flamante ministro del Interior, Lisandro Catalán, e integra su par de Economía, Luis “Toto” Caputo.

A Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Alfredo Cornejo (Mendoza) y Leandro Zdero (Chaco) no los esperaron con ninguna promesa de recursos ni de obras públicas o de algún cambio que pudiera reactivar la golpeada actividad económica de sus provincias. En ese terreno todo quedó supeditado al futuro y sujeto a la discusión del presupuesto 2026, que Milei presentará el lunes próximo.


A los jefes provinciales solo les mostraron una disposición al diálogo, inexistente antes de la catástrofe bonaerense, y una actitud autocrítica respecto de la construcción y los vínculos políticos. Coherencia.

Para los gobernadores no fue mucho, pero consideraron positivo ese nuevo clima y que se haya involucrado en la discusión el ministro de Economía. Sobre todo, cuando les reconoció que “hay que reconstruir alianzas políticas”. Una faceta de Caputo desconocida por ellos y una señal auspiciosa de que la mesa política puede aportar otras soluciones, aunque nada sea para ahora y si la realidad no se complica aún más.


Lo curioso es que a pesar de esa apertura y énfasis en lo político, el encuentro se realizó no por iniciativa del Gobierno, sino a instancias del gobernador entrerriano, que se ocupó de reclamarlo y promoverlo con sus pares que han atado sus propios destinos al oficialismo, ya que en sus provincias irán con la boleta de LLA. No solo eso, también sugirieron que se convoque a otros mandatarios que en el comienzo de la gestión habían acompañado al Gobierno y cuyos legisladores votaron en 2024 la mayoría de los proyectos oficiales, empezando por la Ley Bases. El golpe electoral parece haber dejado como secuela cierta lentitud de reflejos y recién estarían recuperándolos.

“Coincido en que la derrota es consecuencia de factores políticos, pero no solo eso. También, influyeron errores de gestión y efectos negativos de la política económica. Y de esas tres variables solo admiten la primera. No es lo ideal, pero tampoco está mal si tenemos en cuenta de dónde veníamos. Ahora se mostraron más abiertos y sin soberbia. Por algo se empieza”, se contentaba tras la reunión uno de los tres gobernadores. En épocas de vacas flacas, las expectativas son modestas.


La mesurada satisfacción de los mandatarios por el encuentro y la jerarquía de los anfitriones (incluyó al jefe de Gabinete, Guillermo Francos) convivió con la preocupación por la decisión del Gobierno de que sus necesidades se traten en el debate de la ley de presupuesto.

“Les dijimos que la discusión debíamos darla antes. No queremos que se repita el escenario del año pasado, cuando luego de que los aliados le pusimos objeciones al proyecto, el Gobierno se negó a revisarlo y optó por retirarlo”, dijo otro de los gobernadores. Como se ve, la reparación es precaria y consecuencia de haberse encarado de apuro. Todavía queda mucho por hacer, mientras en el reloj para las elecciones de octubre ya empezó la cuenta regresiva.


La diferencia de diagnóstico con el Presidente respecto de las causas predominantemente políticas de la derrota bonaerense no es solo de los gobernadores y la mayor parte del arco político y económico. También hay divergencias dentro del equipo presidencial. Quedó claro al día siguiente de la derrota el disenso (sin litigio) de su empoderado jefe de Gabinete, quien, además de los motivos políticos, incluyó una frase contundente: “Tal vez la macro no llegó a la micro”. La divergencia se tolera, pero la cuestión no se discute en la mesa presidencial.

Lo reafirmó la decisión del Presidente de vetar las leyes de financiamiento universitario (en la jornada previa al Día del Maestro) y de declaración de emergencia en pediatría, así como el veto a la ley de distribución de los Aportes del Tesoro Nacional (ATN), que habían impulsado las provincias. No importa cuál es la magnitud del impacto fiscal que esas normas tengan, lo que importa es el mensaje de que el rumbo no se modifica, a pesar del impacto social de la intransigencia.


Después de la derrota bonaerense, Milei optó por dar la señal de que sigue atado al mástil del superávit fiscal y de la lucha contra la inflación, frente al ruido creciente de la calle y los reclamos de amplios sectores sociales y de los gobernadores, que para la mayoría de los analistas influyó e influirá en los comicios.

“No vamos a negociar con una pistola en la cabeza”, había dicho el Presidente. El problema desde el domingo es que el arma no la cargaron los políticos sino un alto número de ciudadanos. Por eso, la esperanza y la gran apuesta del Gobierno es que en el mes y medio que falta hasta la elección los actores económicos no le voten en contra en cada rueda de los mercados y que parte del 40 por ciento o más que no fue a votar en los comicios provinciales vuelva a las urnas y elija a los candidatos oficialistas. No será fácil.

Una encuesta efectuada por la consultora Trespuntozero muestra un pronunciado aumento de la evaluación negativa sobre la gestión del Gobierno.

El 47,1% la consideró muy mala y el 9,9% mala, por lo que el rechazo suma 57%, contra el 39,9 de aprobación. Aún peor es la consideración sobre la marcha de la economía, ya que reúne una desaprobación del 58,9% entre los consultados.

Lo mismo ocurre con otro indicador que suele tener correlato en el voto: las emociones negativas (enojo, tristeza, miedo, desinterés) son el sentimiento dominante para el 59,8% de los consultados, mientras que las positivas (esperanza, entusiasmo, alegría e interés) reúnen el 39%.

A esto se suman otros datos concretos, como la duplicación de la morosidad en el pago de las tarjetas de créditos y, según otro sondeo de Trespuntozero, la dificultad que dice tener el 46% de los consultados para llegar a fin de mes. Los que se endeudaron para poder cubrir sus gastos llegan al 30,7%. De ellos, el 52,8% no sabe si podrá pagar esas deudas contraídas y el 37,5% cree que no podrá cancelarlas.

A eso cabe sumar la estrepitosa caída de 14 puntos en el último Índice de Confianza del Consumidor, que elabora Poliarquía para la Universidad Torcuato Di Tella, y siempre ha operado como uno de los más certeros predictores de los compartimientos electorales.

En este contexto, el diagnóstico presidencial sobre las causas de la dura caída bonaerense alienta las preocupaciones de adherentes al proyecto oficial e incluso de inversores extranjeros, que ven con preocupación el crucial 26 de octubre.

Temen que las elecciones que darán forma al Congreso con el que Milei deberá convivir en los dos últimos años de mandato dificulten la posibilidad de afrontar las reformas de fondo que esperan para desembolsar las inversiones prometidas. Son parte de los casi 25.000 millones de dólares que el RIGI tiene en stand by. Ahora esperan al final de octubre de este año. Los más cautos del Gobierno temen que luego quieran esperar a 2027.

Al líder libertario parece no importarle que su convicción vaya contra la opinión de algunos de sus principales colaboradores y contra el diagnóstico de casi toda la dirigencia política, incluidos muchos aliados, de buena parte de los analistas y actores económicos, y hasta de varios inversores externos, que se lo han hecho saber hasta a algunos allegados que tienen en el gabinete económico.

Apuesta a que las mesas políticas que mandó a construir asfalten el camino electoral, además de licuar las disputas internas no resueltas en su círculo más cercano. En ese plano queda demasiado por resolver.

Dicen que ayer el invisibilizado Eduardo “Lule” Menem (íntimo asesor de Karina Milei) expresó sus lamentos ante las acusaciones que recibe por la mala performance electoral y apuntó al superasesor Santiago Caputo, durante la charla con el gobernador chaqueño. Lo recibió antes de que Zdero se reuniera con Catalán. Toda una señal.

“El responsable de la campaña fue Santiago. A él se le ocurrió nacionalizarla y el eslogan ‘kirchnerismo nunca más’. No fuimos nosotros”, dicen que dijo. Las paredes de la Casa Rosada escuchan y hablan.

En este contexto, el Gobierno insistirá en hablarle con el corazón a los gobernadores amigos, sin abrirles la billetera. A ellos ni a nadie. Eso dice. Apostará todo (y contra todos) solo a la política. En 40 días Milei sabrá si acertó o no.

Por Claudio Jacquelin