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OPINIóN
Después de una derrota bien merecida
Milei contribuyó más que nadie a su fracaso en las elecciones del mayor distrito del país. El duro camino hacia octubre y las internas. ¿Puede revertir el resultado?
James Neilson
Former editor of the Buenos Aires Herald (1979-1986)
REVISTA NOTICIAS
Los responsables principales de lo que sucedió el domingo pasado en la provincia de Buenos Aires fueron Javier y Karina Milei. Nunca sabremos cuántos de aquellos que hasta mediados de 2023, habían simpatizado por Juntos por el Cambio pero apoyaron a Milei en el balotaje, optaron por boicotear las urnas, pero de haberse dado el trabajo de votar los hartos de ser tratados con desprecio por el presidente, los resultados de las elecciones para bancas en cámaras legislativas muy desprestigiadas hubieran sido mucho menos dolorosos para los Milei y sus amigos.
Desde asumir el poder, Milei se ha dedicado a colmar de pretextos para repudiarlo a quienes lo apoyaron en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales sólo por entender que sería menos malo que Sergio Massa. Con optimismo insensato, los Milei los tomaron por conversos a la causa libertaria que pronto olvidarían se adhesión al PRO o a una variante del radicalismo porque, entre otras cosas, valoraban su respeto por las normas republicanas. Aunque Mauricio Macri, Patricia Bullrich y otros dirigentes de Juntos por el Cambio no titubearon en rendirse al canto de sirena mileísta, muchos que los habían respaldado antes del balotaje de hace menos de dos años se resistieron a acompañarlos.
Alucinados por la caída abrupta de la tasa de inflación y la convicción de que haber posibilitado la hazaña así supuesta sería más que suficiente como para garantizarles años de apoyo popular, los hermanos Milei se negaron a prestar atención a las dificultades que provocaba el ajuste que el gobierno aplicaba sin paliativos. Creían que todos comprenderían que era necesario y que por lo tanto no tendrían que explicar nada. Milei hizo mucho para reordenar la macroeconomía, pero descuidó todo lo demás.
Si bien la magnitud de la derrota de los candidatos de La Libertad Avanza sorprendió incluso a los triunfadores peronistas, comenzando con los intendentes municipales que lograron aprovechar al máximo su predominio territorial, estaba escrito que el gobierno de Milei no tardaría en verse castigado por la soberbia adolescente, para no decir infantil, que ha sido una de sus características más llamativas y más antipáticas.
¿Aprendió Milei algo útil de la lección nada agradable que acaba de recibir? Pronto sabremos la respuesta a este interrogante fundamental, ya que está en juego mucho más que la carrera de un político determinado, pero a juzgar por su reacción inicial, parecería que ha caído en la tentación peligrosa de procurar minimizar la gravedad del problema que enfrenta, de ahí aquella poco novedosa “mesa política” conformada por los de siempre: el “triángulo de hierro”, Guillermo Francos, Manuel Adorni y Patricia Bullrich, y el nombramiento de Lisandro Catalán como ministro del Interior.
Sin embargo, para recuperarse del golpe brutal que le asestó el electorado bonaerense, Milei podría tener que prescindir de los servicios políticos de “el jefe” Karina y los integrantes del clan Menem que se encargaron de la estrategia ruinosa de humillar a sus aliados obligándolos a pintarse de violeta. También le sería positivo distanciarse de los influencers más esperpénticos que lo apoyan en “la batalla cultural” que está librando y ponerse a construir una coalición amplia cohesionada por la voluntad de remplazar un “modelo” socioeconómico penosamente anticuado por uno que sea más apropiado para los tiempos que corren.
Puesto que el país no puede darse el lujo de experimentar otra convulsión política -la crisis económica dista de ser ficticia y superarla requerirá años de trabajo muy duro-, convendría que Milei volviera a fojas cero y abandonara la fantasía totalitaria de un país monocolor que, según parece, le ha vendido Karina. A lo sumo, puede aspirar a que La Libertad Avanza se erija por un rato en la primera minoría, como es Fuerza Patria en la provincia de Buenos Aires donde, a pesar de la ayuda que le prestaron el presidente y sus adláteres, el peronismo no alcanzó una mayoría absoluta.
Lo mismo que los demás países democráticos, la Argentina es pluralista y sus gobernantes tienen forzosamente que tomar en cuenta las opiniones y los intereses ajenas. Si Milei se niega a hacerlo, terminará aislándose hasta tal punto que, para sobrevivir en el poder, dependerá casi por completo de la resistencia de la ciudadanía a permitir que se viole el orden previsto por la Constitución nacional.
¿Incidió en los resultados de las elecciones bonaerenses la difusión de rumores fuertes de corrupción en el núcleo gobernante? Aunque sería paradójico que tuvieran un impacto decisivo, ya que entre los más beneficiados están miembros de “la casta” peronista que son notorios por su rapacidad, las denuncias que se han formulado últimamente han contribuido a privar a la cúpula libertaria de algo muy importante que supuestamente la diferenciaba de “los kukas”.
De propagarse la idea de que, en el fondo, Milei y compañía tienen mucho en común con los kirchneristas, hasta su compromiso con el realismo macroeconómico se verá puesto en duda. Por su naturaleza, la corrupción atenta contra la disciplina fiscal al permitir que “la casta” se apodere de recursos que podrían usarse no sólo para ayudar a los sectores más vulnerables de la sociedad sino también para invertir en obras productivas. Para lo demás, hay tantos empresarios y otros que se han habituado a depender más de su relación con el gobierno de turno que de sus propios aportes al bienestar colectivo, que no es necesario ser un experto para entender que son plenamente capaces de frustrar los esfuerzos reformistas de gobiernos que se sienten constreñidos a dar prioridad a la generosidad interesada de tales amigos.
Para extrañeza de nadie, “los mercados” reaccionaron de manera sumamente negativa frente al desenlace de lo que el gobierno mismo decidió tratar como un plebiscito sobre su propia gestión. Quienes operan en ellos lo tomaron por evidencia de que, dentro de poco, la Argentina podría ser gobernada por “el soviético” Axel Kiciloff, un ideólogo anclado en el mundo de mediados del siglo pasado que, muchos creen, no vacilaría un solo minuto en estatizar todo a su alcance y en repudiar las deudas del país para entonces provocar el enésimo tsunami inflacionario.
Puede que tales temores sean fantasiosos y que Kiciloff haya aprendido algo de su ya muy larga experiencia en el poder, pero en vista del prontuario en dicho ámbito de la Argentina, es lógico el escepticismo extremo que sienten tantos en Wall Street y otras plazas financieras internacionales cuando de los riesgos de una recaída se trata. Si dan por descontado que el sucesor más probable al gobierno libertario de comportamiento autodestructivo de Milei sería uno peronista, tendrán motivos de sobra para no querer arriesgar su dinero en un país que, a través de los años, se las ha arreglado para defraudar una y otra vez a quienes habían confiado en las promesas de mandatarios que, como el presidente actual, se afirmaban resueltos a respetar las reglas vigentes en el mundo capitalista en que, para desconcierto de muchos, China está adoptando actitudes hacia infractores seriales que son tan severas como las que siempre han sido típicas de países tradicionalmente hostiles al populismo económico como Alemania y Japón.
Hasta hace muy poco, Milei, como Macri en su momento, intentaba aterrorizar al electorado advirtiéndole que la alternativa más probable a su propio gobierno sería uno manejado por Cristina, pero ocurre que, si bien la expresidenta festejó desde su balcón el triunfo de Fuerza Patria, ella misma ocupaba un lugar entre los perdedores. Por mucho que le duela, Kiciloff está logrando remplazarla como el líder nominal del peronismo. ¿Sabrá consolidarse? Puede que no, pero mientras no aparezca alguien con carisma, conservará el rol que consiguió al pasar por alto los consejos de Cristina y desdoblar los comicios provinciales. Aunque tener a un personaje como Kiciloff como el desafiante número uno debería convenirle políticamente a Milei, lo que el ex favorito de Cristina representa podría asustar aún más a los inversores en potencia, sean éstos nacionales o extranjeros, que el espectro de un hipotético retorno del kirchnerismo puro.
De todos modos, es evidente que una parte sustancial de la población del país está llegando a la conclusión de que el ajuste fiscal está provocando una recesión en que el desempleo está subiendo, la producción está cayendo y el peso está perdiendo valor frente al dólar. ¿Significa todo esto que la estrategia de Milei se basa en una diagnosis equivocada? No necesariamente, ya que era claramente suicida suponer que la inflación servía para estimular la economía y que por lo tanto había que seguir aumentando el gasto público como hacía Massa con sus planes platita, pero al celebrar la dureza del ajuste, el gobierno brinda la impresión de querer hacer sufrir a los jubilados, los discapacitados y otros que dependen del Estado, lo que no lo ayuda a congraciarse con los millones de votantes que se han visto perjudicados. Por irracional que sea culpar a Milei por la escasez de recursos genuinos, es comprensible que muchos no la atribuyan a la falta de productividad de una economía rota sino a la crueldad de un personaje que los desprecia.
LA NACION > Economía
El Gobierno consigue una tregua, pero no gana la guerra
Parece haber empezado a desandar algunas de las peleas que tensaron el clima político y económico en las últimas semanas
LA NACION
Florencia Donovan
A su modo, de puntillas, como para que no se note tanto, el Gobierno parece haber empezado a desandar algunas de las peleas que terminaron por tensar el clima político y económico en las últimas semanas.
La tormenta financiera, al menos, dio tregua con el correr de la semana. Lejos están de disiparse las nubes, pero la sensación de urgencia en un mercado que se vio sobrepasado con el resultado electoral de la provincia de Buenos Aires se apaciguó. No sin antes mediar un reconocimiento tácito del equipo económico de algunos errores que sólo contribuyeron a caldear el ambiente en la previa de las elecciones bonaerenses. El famoso apretón monetario se aflojó y la pelea con los bancos entró en cuarto intermedio.
Este jueves, ya el Banco Central (BCRA) marcó una tasa de interés de referencia del 35% anual. Sigue siendo alta, pero está muy lejos del nivel estratoférico de hasta el 80% que llegó a pautarse en el mercado hace días. El presidente del BCRA, Santiago Bausili, y el director Nicolás Ferro vienen hace días escuchando en distintas reuniones a los bancos. La última fue el martes, en el marco de un almuerzo al que los invitaron desde una entidad de capital internacional. Aunque en ningún momento adelantaron a sus interlocutores medidas, tomaron apuntes de los reclamos. En general, en los distintos encuentros sus interlocutores quedaron con la sensación de que pronto se intentaría desarmar parte de las restricciones monetarias que se habían impuesto antes de la elección. Se habla de darles a los bancos la posibilidad de morigerar la exigencia de encajes, y ya no marcarles un límite diario, sino permitirles promediar cada tres días. Está por verse.
También el Gobierno optó por empezar a cuidar más los dólares. Esta semana, con excepción del lunes, en el que apenas vendió US$33,8 millones, el Tesoro dejó de intervenir para contener la volatilidad del dólar. Como bien podría haber gritado Milei, lo dejaron por primera vez en semanas a merced de las fuerzas del mercado. “¡¡Flota!!”, aunque más no sea por ahora. No se puede descartar que el Fondo Monetario Internacional (FMI), que salió luego en respaldo del plan oficial, haya tenido algo que ver en esta decisión. Quienes dialogan con frecuencia con el staff, admiten que en el FMI tenían reparos con la intención oficial de contener el tipo de cambio cuando todavía se operaba dentro de la banda. El Tesoro ya no contaba con demasiado margen tampoco para seguir usando los dólares de su cuenta sin comprometer los pagos que tenía en agenda este mes.
Los banqueros, entretanto, habían empezado a advertir en privado que, de no repararlo, el error en el desarme de las Letras Fiscales de Liquidez (LEFI), que se dio en julio, podría terminar por configurar lo que en el mercado se terminó conociendo como el fatídico “28 D” durante la gestión de Mauricio Macri. En ese entonces, el equipo económico cedió a las presiones de la política y convalidó un proceso de recorte en las tasas de interés que, para muchos, fue el principio del fin del plan económico. “Acá sería la intromisión del presidente Milei lo que jugó en contra. Sabrá de economía, pero la práctica es distinta de la academia”, ilustró un operador, con años en el mercado.
De cualquier manera, las consecuencias del error todavía son palpables. Los empresarios reconocen, por caso, que la actividad económica en agosto se planchó, y con mucha fuerza. “Agosto fue para nosotros el peor agosto de los últimos 20 años”, ilustra un empresario que provee de insumos a grandes compañias de consumo masivo. “Nuestros clientes estuvieron entre un 20 y 40% abajo de nuestras proyecciones apenas un mes antes. Y septiembre viene parecido”, anticipó.
El ajuste que muchas empresas estaban postergando -sin definición firme- para después de las elecciones de octubre, terminó por adelantarse el mes pasado cuando la escalada de tasas provocó en muchos casos una ahogo financiero que no pudieron sortear.
Pero además de mejorar el clima financiero, el Gobierno también da señales de querer acercarse a los gobernadores. Otra pelea menos. Aunque en este caso, los gestos no estarían siendo lo suficientemente elocuentes como los que le exigen interlocutores que el propio Presidente Milei se encargó de vapulear. Más allá de la designación de Lisandro Catalán como nuevo ministro del Interior, los gobernadores no cederán en su reclamo de fondos. Se juega demasiado el 26 de octubre. Y la realidad económica no discrimina demasiado. Salvo Vaca Muerta, que también sufre algunos coletazos de la caída en la actividad económica y del deterioro de las condiciones financieras, la economía en el resto del país está en modo supervivencia.
“Estamos viendo una caída del empleo registrado y del informal, sin dudas”, admite, inquieto, el ministro de Finanzas de una provincia que pone en juego senadores en la próxima elección. “El tema político arrastra con más fuerza aún la debilidad económica”, continuó.
En principio, por ahora, lo único que tendría para ofrecer la administración de Milei sería el habilitarles a las provincias una línea de crédito de US$1000 millones, que hace meses el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) había puesto a disposición para financiar obras de infraestructura a nivel nacional, pero que el gobierno federal había decidido cajonear. “Era una prueba piloto de todo el banco, pero que el Gobierno hasta ahora no había querido destrabar”, reconoció una fuente del organismo de crédito. La idea del BID era poder empezar a financiar obras de forma directa con las provincias o municipios, sin tener la necesidad de contar con garantía soberana, toda una anomalía en este tipo de financiamientos. Ahora, Catalán actuaría de mediador entre el BID y las provincias. Claro, solo las provincias alineadas. Según confiaron las fuentes, no hay proyecto hasta ahora, de incluir a la provincia de Buenos Aires. Los créditos más avanzados -al menos, en cuanto a la eleboración de los proyectos junto con el BID- serían los de Mendoza y Neuquén. Pero también el BID ya tiene conversaciones con otras aliadas del gobierno nacional como Entre Ríos y Río Negro. Habrá que ver si para los gobernadores este hueso alcanza para transitar en paz las semanas que quedan hasta octubre. Suena a poco.
Y es que, en definitiva, existe una tercera pelea que la política mira de cerca para terminar de tomar posiciones y es las que existe entre las propias facciones internas del Gobierno. “Alguno se va a terminar yendo, son ellos o nosotros”, comentaba en las últimas horas uno de los protagonistas en un encuentro privado. Está claro que la interna sigue al rojo vivo. También la desconfianza en dos de los vértices del otrora “triángulo de hierro” sigue firme. Podría incrementarse si siguen difundiéndose casos de corrupción que tocan a alguno de ellos. Hay información que circula en despachos oficiales de que habrá más ruido en ese sentido.
Cerca del asesor Santiago Caputo señalan que en los próximos días se presentará finalmente el plan para la campaña nacional de octubre. Se supone que, esta vez, el equipo de Caputo acompañará en el armado de la estrategia. Aunque ya no se nota entre sus soldados el mismo entusiasmo de antes. Tampoco parecen estar empapados de la diaria de la gestión del Gobierno como lo estaban hasta hace algunos meses. No está claro si esta pelea también va a poder apaciguarla Milei. O si quiere hacerlo. Tal vez una victoria en octubre ayude a mitigarla, pero falta mucho y ya nadie en la política tiene certezas sobre el resultado.
Por Florencia Donovan