lunes, 2 de febrero de 2026

Una familia muy normal: "Alverso" retomó el contacto con su hijo, pero la causa por trompear a "Fiambrola" sigue activa











 Judiciales y Policiales

¿Alguien quiere pensar en los niños?

Una familia muy normal: "Alverso" retomó el contacto con su hijo, pero la causa por trompear a "Fiambrola" sigue activa

El ex presidente Alberto Fernández pasó dos semanas con Francisco, el niño de cuatro años fruto de su relación con Fabiola Yáñez, quien lo denunció por violencia de género. (Dibujo: Fernando Rocchia para AGENCIA NOVA)

El borracho golpeador Alberto Fernández volvió a ensayar un gesto público de sensibilidad y afecto para enmascarar su naturaleza libidinosa y perversa, esta vez envuelto en la bandera de la paternidad. El ex presidente pasó las últimas dos semanas con Francisco, su hijo de casi cuatro años, y dejó trascender que el vínculo familiar estaría “recompuesto”.

Sin embargo, detrás de las fotos cuidadas y los mensajes emotivos, la causa judicial por violencia de género denunciada por Fabiola Yañez sigue intacta y a la espera de una definición clave.

El “Capitán Beto” del relato progresista parece apostar, una vez más, a que el tiempo y los gestos simbólicos diluyan los hechos. Mientras muestra cercanía con su hijo y promueve una imagen de normalidad, el expediente judicial continúa su curso y lo mantiene procesado por amenazas coactivas y lesiones agravadas por el vínculo, con una pena en abstracto que podría alcanzar los 12 años de prisión.

La reanudación del contacto filial fue presentada desde su entorno como una señal de madurez y prioridad en “el bienestar del niño”. No obstante, el intento de instalar esa narrativa choca con una realidad menos edulcorada: las denuncias no fueron retiradas, la causa penal sigue abierta y el juez Daniel Rafecas debe resolver si confirma la elevación a juicio oral o acepta el pedido de nulidad planteado por la defensa del exmandatario.

El contraste resulta incómodo. El mismo dirigente que hizo de la agenda de género una bandera discursiva durante su presidencia hoy intenta despegarse de una acusación que encuadra plenamente en la ley de violencia de género. La coherencia, una vez más, brilla por su ausencia.

El expediente judicial ya atravesó episodios polémicos. El fiscal Ramiro González solicitó la elevación a juicio, el juez Julián Ercolini dictó el procesamiento y luego fue apartado por supuesta parcialidad, aunque la Cámara de Casación dejó firmes todas las actuaciones. Ahora, la estrategia de Fernández parece concentrarse en anular lo actuado más que en explicar los hechos.

En paralelo, hubo movimientos llamativos del lado de Yañez: cambio de abogados, reconfiguración de la estrategia legal y una relación “cordial” entre los equipos jurídicos. Desde su entorno aclaran que no hay acuerdos cerrados y que la prioridad es el interés superior del niño. Aun así, el giro alimenta especulaciones y le ofrece al expresidente una oportunidad para reforzar su ofensiva comunicacional.

La Justicia de familia, por su parte, dictó una medida cautelar que obliga a fijar y garantizar una cuota alimentaria para Francisco y la manutención de Yañez, recordando que, más allá del marketing emocional, existen responsabilidades concretas que cumplir.

Fernández, que supo pontificar sobre derechos, cuidados y deconstrucción desde el atril presidencial, hoy enfrenta el espejo más incómodo de su trayectoria. Puede mostrarse como padre presente, puede hablar de amor y abrazos, pero el expediente penal sigue allí, frío y persistente, esperando una respuesta judicial que ningún relato puede borrar.

Porque en esta historia, por más fotos familiares que se filtren, el problema no es el vínculo con el hijo. El problema es la violencia que la Justicia todavía investiga y que el expresidente aún no logró explicar.

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