jueves, 4 de junio de 2026

El costo de no escuchar


 

 Clima político 


El costo de no escuchar


Internas libertarias, Adorni y ataques a la prensa: las dificultades de Milei para ordenar al Gobierno.


Nelson Castro


Diario Perfil



Rodillera oficial. Javier Milei por Pablo Temes




La homilía que pronunció el arzobispo de la ciudad de Buenos Aires, monseñor Jorge Ignacio García Cuerva, durante el tedeum del 25 de mayo en la Catedral fue impecable. Su texto describió a la perfección la esencia de la problemática de la dirigencia política argentina: la falta de diálogo. Y, en esto, hay que ser preciso con lo que significa exactamente la expresión “falta de diálogo”, en el contexto de la actividad política. Para decirlo con claridad: dialogar no consiste sólo en conversar con alguien sino en escucharlo. Esta es la base de la discusión, tomando la acepción segunda del Diccionario de la Real Academia Española, que reza así: análisis o comparación de los resultados de una investigación, a la luz de otros existentes o posibles.


En la entrevista que al día siguiente le concedió a Eduardo Feinmann en su programa de Radio Mitre, Javier Milei mostró haber comprendido la dimensión de ese mensaje con las críticas que le incumben a su gestión de gobierno. En consonancia con el reconocimiento de la importancia del diálogo, se preguntó con quién hacerlo. Ese es un interrogante porque son muchos los que desde otros sectores de la estructura dirigencial –con el kirchnerismo a la cabeza– exhiben también una notable incapacidad para prestarle atención al que piensa diferente. Un mal de estos y otros tiempos. 



En la trastienda, hubo voces del oficialismo que se encargaron de darle visibilidad a su propia molestia con el arzobispo. “No pude estar presente en el Tedeum, pero seguramente García Cuerva se refería este tipo de violencia en las redes”, señaló el ministro de Economía, haciendo referencia a un mensaje en la red social X en el que un usuario profirió un insulto contra el presidente a quien en una foto se lo ve portando un kipá y una escarapela doble, es decir, de la Argentina y de Israel. Le asiste a Caputo la razón en eso. Pero, para ser ecuánime y darle envergadura moral a su señalamiento, debería tener igual actitud hacia aquellos que desde las filas de La Libertad Avanza tienen las mismas actitudes con quienes no comparten su pensamiento. Hay que recordarle que el mismísimo Milei le da aire en sus redes a la expresión “No odiamos lo suficiente a los periodistas” y que la maquinaria tuitera de las Fuerzas del cielo tampoco muestra muchas aptitudes para el intercambio de opiniones y puntos de vista. 


La inquina contra los periodistas tiene ya la dimensión de una obsesión. Es lo mismo que hacía Cristina Fernández de Kirchner en los días de su apogeo. Se ve que el oficialismo de hoy no aprendió nada de aquel pasado de fracasos en los que se creyó que teniendo de enemigo al periodismo honesto podrían tapar los problemas del país. Desaprovechan así las buenas noticias en lo macroeconómico y el hecho de que, el propio Milei, reconoce cuando lo atraviesa algún oasis de serenidad que esa bonanza no ha llegado al bolsillo del ciudadano y ciudadana de a pie.


La falta de diálogo se extiende a la interna del gobierno en la que Karina Milei no cesa en su empeño por generar inquina y dividir aguas. Que el lunes no le haya permitido el ingreso al Cabildo a Patricia Bullrich habla de por sí del enfermizo pensamiento de la hermana del Presidente. Se nota que la ve a la senadora como una rival a alguno de sus proyectos. Uno de ellos era Manuel Andorni como candidato a jefe de Gobierno. Eso ya no corre más. ¿Será que la senadora es una potencial postulante a la que no ve con buenos ojos? Sería más sencillo recriminarle –con razón– su propia torpeza al ex vocero que no dejó error –y posibles delitos– por cometer. “Si no lo echan por corrupto deberían correrlo por boludo”, se queja con ironía un libertario de la primera hora –hoy en desgracia– que no termina de creer cómo un problema que podría haberse resuelto en cuestión de días terminó dominando la agenda pública de los últimos dos meses. ¡Alerta spoiler! Esta semana el tema volverá fuerte a las portadas de los medios ya que, si bien los plazos legales para la presentación de la declaración jurada aún no han vencido, desde el gobierno habían señalado los primeros días de junio como plazo para hacerlo. Ya no se trata sólo de un tema legal; es más bien un estándar moral y ético que desafía los límites del sentido común. Manuel Adorni hizo las cosas mal y ya no importa qué pueda pasar de aquí en más.


Hay, en el fondo, un problema de liderazgo que afecta al propio Presidente. El caso Adorni como así también el tenor de las discusiones y peleas internas que se ventilan a cielo abierto, son una muestra de la incapacidad de Javier Milei para ponerles un punto final. Las peleas entre los bandos de la hermana Karina y Santiago Caputo, han afectado directamente la imagen presidencial y de gestión. La pericia macroeconómica del líder libertario contrasta con su falta de apego a la conducción política. Eso, a la larga, se ha convertido en un problema de magnitud. ¿Cómo podría reaccionar un inversor que necesita previsibilidad y condiciones de estabilidad en el tiempo, cuando escucha al primer mandatario decir que prefiere perder una elección antes que entregar a un inocente? Más claro, agua. La personalidad avasallante de Milei parece no aplicar cuando debe rescatarse a sí mismo ordenando la tropa interna y las torpezas de sus propios funcionarios. 


Históricamente, se ha dicho del electorado argentino que cuando la economía va bien, termina siendo tolerante a los vicios de la política tradicional. En este caso, no ocurre ni lo uno ni lo otro. Los logros de orden fiscal y la baja de la inflación, son una buena noticia que no termina de alcanzar para una mayoría todavía paciente que, con un esfuerzo descomunal, hace malabares para llegar a fin de mes. El dato preocupante, es que muchos de los que votaron a favor de un cambio, empiezan a perder esa paciencia ante los desajustes en el manejo político. El votante que no desea volver al pasado entiende que no se puede cambiar en dos años el deterioro de más de dos décadas, pero está siendo más reactivo a los errores no forzados y a los berrinches políticos de dos grupos que se pelean por el poder que a las penurias que les impone la dura realidad.


 

Entre inocentes y culpables


 

 Entre inocentes y culpables 


La Nacion


Joaquín Morales Solá 





Karina Milei y Patricia Bullrich por Alfredo Sabat


Patricia Bullrich nunca se sintió atraída por las alcantarillas ni por los semáforos de la Capital. Siempre la atraparon las políticas nacionales y no las pequeñeces locales. Por eso, suponer que ella aspiraba a ser la sucesora de Jorge Macri fue una ingenuidad. De hecho, en estos días no está discutiendo con el actual jefe del gobierno capitalino, sino con el propio presidente de la Nación o, lo que es más grave, con su hermana.


La discordia de Bullrich con los Milei se refiere al caso más notorio y comprobable de injusticia que cometió este gobierno. Javier Milei nos acostumbró a los periodistas a sus insultos y agravios, pero nunca hasta ahora había tomado represalias contra la familia de un profesional del periodismo. Lo está haciendo con María Verónica Michelli, que tiene el único demérito de ser hermana de la esposa del periodista Hugo Alconada Mon. Con más de 30 años de carrera judicial y académica, la cuñada del periodista fue ya dos veces propuesta como jueza de un Tribunal Oral de La Plata, pero esta vez chocó con el obstáculo insalvable de ser pariente de quien investigó supuestos actos de corrupción con la criptomoneda $LIBRA; las denuncias de sobornos en la Agencia Nacional de Discapacidad, que ventiló en conversaciones telefónicas su propio exdirector, Diego Spagnuolo, y los despilfarros patrimoniales de Manuel Adorni, jefe de Gabinete y protegido de Karina Milei. La hermana presidencial está involucrada también en los otros dos casos en los que hurgó Alconada Mon. Ella es, entonces, la autora intelectual de la arbitrariedad contra una persona de la que ni siquiera se sabe qué piensa políticamente.


Michelli había sido propuesta como jueza de ese tribunal por el gobierno de Mauricio Macri en una lista de decenas de pedidos de acuerdos que envió al Senado en 2018, pero un año después llegó Alberto Fernández y retiró esa lista y armó otra propia, que tampoco fue aprobada. Aquella vez, uno de los que propulsaron la candidatura de Michelli fue el actual ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, porque entonces era el representante del gobierno en el Consejo de la Magistratura, que es la institución que debe examinar las candidaturas a jueces y elaborar una lista con los mejores. Ahora, ya ministro de Milei, Mahiques volvió a firmar la propuesta para que se hiciera justicia con Michelli. Es el mismo Mahiques que después de haber promovido dos veces el ascenso de Michelli pidió retirar en los últimos días su pliego del Senado.


Hay una particular obsesión del mileísmo contra Michelli, pero el capricho es de Karina especialmente. ¿Qué podía hacer Mahiques si la persona más poderosa del Gobierno decidió vengarse de un periodista maltratando a un familiar de este? “Nada; solo cumplir la orden”, se escuchó entre los que están cerca de la secretaria general de la Presidencia. No es cierto. El ministro podría haber renunciado en homenaje a sus propias decisiones anteriores. Pero Mahiques hizo trascender que él se quedaba en el cargo con el propósito de moderar a los inmoderados. Ha fracasado en el intento, si fuera así. Formalmente, fue él además quien le dio la orden al presidente de la Comisión de Acuerdos del Senado, Juan Carlos Pagotto, para que retuviera el pedido de acuerdo de Michelli. O para que se lo devolviera al Poder Ejecutivo.


Resulta que tiene un problema: el acuerdo de Michelli ya tiene la firma de la mayoría de los senadores que integran esa comisión. Una mayoría de senadores consideró que Michelli tiene los pergaminos suficientes como para ser jueza de un tribunal oral. Pagotto es un riojano por adopción, amigo entrañable del clan Menem y, por lo tanto, está a las órdenes de Karina Milei, ya sea que esas órdenes estén dentro de la ley, fuera de ella o deslizándose entre sus costuras.


No demos más vueltas: la orden de castigar a Michelli fue de la hermanísima. Esa indicación hizo saltar algunos fusibles en el Senado y provocó el mayor desacuerdo de Patricia Bullrich con los Milei, a tal punto que, según confirmó ayer, el lunes por la noche le ofreció al Presidente su renuncia como presidenta del bloque libertario del Senado. Milei se la rechazó, dijo. No se trata de Hugo Alconada Mon, sino de la injusticia que se comete contra una mujer que está muy lejos del trabajo de su cuñado. Y que seguramente ni siquiera se entera de lo que este hace como profesional del periodismo.


Es probable que un caso tan detestable haya provocado la sublevación de Bullrich, aunque también es cierto que ya era muy largo el silencio de la senadora que otrora fue una perseverante defensora de la libertad de prensa y de las prácticas justas en la política. Para peor, varios senadores que son amigos imprescindibles de la administración Milei −imprescindibles para aprobar las decisiones del jefe del Estado− anunciaron que se sumarán a la posición de Bullrich. Lógico: ¿por qué radicales o peronistas amigables serían más amigos del Gobierno que la propia jefa del bloque oficialista? ¿Por qué ellos tendrían menos cuestiones de conciencia que la más importante representante del oficialismo en esa cámara?


El caso de Michelli (que no es lo mismo que decir el caso de Alconada Mon) espoleó al fiscal federal Guillermo Marijuan a impulsar una denuncia contra el Gobierno por discriminación, abuso de autoridad y violación de los deberes de funcionario público. ¿Era necesario que el Gobierno se autoinfligiera semejante escándalo político y judicial y que no fuera advertido por el ministro Mahiques de lo que sucedería con semejante abuso?


Michelli podría entrar en un limbo legal si el Senado, en su reunión plenaria, le concediera el acuerdo porque luego el Presidente debe formalizar su designación. ¿La formalizará? ¿La firmará a pesar de la posición de su hermana? ¿Qué sucede con una candidata a jueza que tiene el acuerdo del Senado, pero que al mismo tiempo carece de la designación del propio gobierno que la propuso? Son extravagancias que solo cometía el kirchnerismo en su peor época o que solo pueden suceder en un país estrafalario. “El mileísmo es como la caída del Muro de Berlín: el Muro de la vieja dirigencia cayó, pero la nueva dirigencia no sabe ahora qué hacer”, dice alguien desde dentro de la Casa de Gobierno.


Mahiques no solo perdió la oportunidad de mostrarse como un ministro digno del cargo en este caso; también es el presunto responsable de que no se hable más de la causa que investiga los manejos financieros de la AFA de Claudio “Chiqui” Tapia y de su tesorero, Pablo Toviggino. Se trata de 400 millones de dólares, que es, hasta ahora, el monto del supuesto fraude. En la Argentina, el caso tiene dos jueces: el juez en lo Penal Económico Diego Amarante, que hace la pesquisa por evasión fiscal, y el juez federal de Campana, Adrián González Charvay, que aparentemente investiga la propiedad de la megaquinta de Pilar cuyos dueños serían los dos cabecillas de la AFA. Amarante tiene fama de “mano dura” con la evasión fiscal y, sobre todo, con el narcotráfico. Es el juez natural de la causa porque la AFA está en la Capital, aunque hayan tratado de disimular y enmascarar esa realidad comprobable. González Charvay es el juez que prefieren Tapia y Toviggino, y que se hizo cargo del caso de la enorme propiedad de Pilar porque esta ciudad está dentro de la jurisdicción judicial de Campana.


No son dos delitos; es uno solo. La quinta de Pilar forma parte de la evasión fiscal, del lavado de dinero o de cualquier irregularidad impositiva que les comprueben a Tapia y a Toviggino. Amarante cometió hasta ahora un solo error, a pesar de que los procesó a los dos patrones de la AFA, y consistió en permitirles que salgan del país para asistir al Mundial de fútbol, que comenzará dentro de una semana en los Estados Unidos. Tapia y Toviggino podrían aprovechar la oportunidad para fugarse y buscar protección en algún país que no tenga tratado de extradición con la Argentina. Además, ambos se han resguardado siempre detrás del escudo de la selección argentina, actual campeona del mundo, cuyos jugadores ni siquiera saben de las correrías de los máximos dirigentes de la entidad más importante del fútbol argentino.


Además , será much opeor cuando progrese, como se asegura, la causa abierta en los Estados Unidos contra Tapia, Toviggino y otros cómplices por el trasiego de millones de dólares en bancos norteamericanos y por lavado de activos. Estados Unidos se atribuye jurisdicción cuando el dinero presuntamente mal habido transitó por el sistema financiero norteamericano. Según versiones que se escucharon en boca de políticos que conocen el mundo del fútbol, jueces norteamericanos tomarían drásticas decisiones después del Mundial de fútbol.


Mahiques podría haber evitado esa vergüenza con solo no dejarse llevar por sus simpatías personales o por sus compromisos con la AFA de Tapia, en la que tuvo alguna función. Y su padre, el juez Carlos Mahiques, festejó su cumpleaños número 74 en la fastuosa quinta de Pilar que sería propiedad de Tapia o de Toviggino o de los dos.


Javier Milei se pronunció en diciembre pasado contra la jerarquía de la AFA. “Tapia está destruyendo el fútbol argentino”, dijo, y agregó: “La Justicia se tiene que ocupar porque el que las hace las paga”. En marzo, el Presidente designó a Mahiques en lugar de Mariano Cúneo Libarona en el Ministerio de Justicia, y desde entonces el escándalo público de la AFA cesó. La causa que se ventila en Campana en manos del juez González Charvay, que es el preferido por Tapia y Toviggino, entró a dormir el sueño de los justos. Mahiques habría congelado también la petición que envió al Poder Ejecutivo el juez de la Cámara Federal de la Capital Martín Irurzun para continuar en el cargo después de cumplir los 75 años, el 18 de julio próximo. Irurzun es uno de los jueces más prestigiosos del fuero federal que habita el edificio de Comodoro Py. En cambio, el padre del ministro, el camarista Mahiques, consiguió ese acuerdo en tiempo récord y seguirá siendo juez hasta los 80 años. Mahiques, el ministro, no evita nada y no se priva de nada.


La discordia de Bullrich con los Milei se refiere al caso más notorio y comprobable de injusticia que cometió este Gobierno


Milei nos acostumbró a los periodistas a sus insultos y agravios, pero nunca hasta ahora había tomado represalias contra la familia de un profesional del periodismo


Mahiques hizo trascender que se queda como ministro con el propósito de moderar a los inmoderados; si fuera así, ha fracasado en el intento 


 

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miércoles, 3 de junio de 2026

"BATMAN VS. ALIENS 1" (¡¡¡105 PAGINAS!!!)