martes, 5 de mayo de 2026

CGT débil y alivio oficial


 

 Sin fecha para un paro 


CGT débil y alivio oficial


La escasa convocatoria le sacó presión al Gobierno en una semana difícil, pero expuso la fragmentación.


Nelson Castro 


Diario Perfil



La verba inflamada. Javier Milei por Pablo Temes



La marcha convocada por la CGT en la antesala del día del trabajador –difícil que los dirigentes de la cúpula sindical se pierdan un feriado para concretar una actividad– le dio al gobierno un cierre de semana algo menos amargo del que esperaba. Las críticas que distintos sectores productivos comenzaron a alzar contra el modelo libertario, las dificultades del ministro Caputo para seguir bajando la inflación y la escasa o nula actividad económica, tuvieron su remanso el jueves en la alicaída movilización de la principal central obrera a la Plaza de Mayo. El llamado a “profundizar la lucha” contra el modelo tuvo mucha menos convocatoria que en años anteriores. La protesta, que pretendió ser enmarcada en el aniversario por la muerte del Papa Francisco, usó como lema una frase del Santo Padre: “El trabajo es con derechos o es esclavo”. Resultó mucho más auténtica y popular, la convocatoria del padre Guilherme Peixoto -más conocido como el cura DJ- que días atrás hizo explotar la Plaza en un verdadero homenaje al Papa argentino. 


El vacío de representación real del triunvirato que comanda la CGT es tal, que evitaron fijar fecha para una nueva medida de fuerza que, muy posiblemente, resultaría un fracaso. Es cierto que el sindicalismo no tiene como misión primera presentar alternativas a un modelo que, para muchos no funciona, pero no es un dato menor que no haya sido acompañado por figuras de peso político que sí podrían sustentar algún tipo de alternativa. La presencia de Pablo Moyano, que trató al presidente de HDP, bastó y sobró para espantar a unos cuantos. El staff más o menos estable estuvo representado por militantes de UPCN, la Uocra, Camioneros y Comercio. Algunos Camporistas y grupos del Movimiento Derecho al Futuro, de Axel Kicillof –que se detestan– también estuvieron en el lugar. Nada nuevo bajo el sol. Por el contrario, los principales intendentes peronistas del conurbano eligieron diferenciarse y no enviaron a sus militantes. 



La marcha fue capitalizada por el mileísmo como una muestra más de la fragmentación del peronismo y la ausencia de una oposición real capaz de disputarle la conducción del país de cara al 2027. Sin embargo, el gobierno debería dejar de regocijarse en la falta de competitividad que asola la vereda de enfrente y cuidarse más de los errores propios no forzados. 


La presentación de Manuel Adorni en ante la Cámara de Diputados fue realmente pobre y tuvo los ribetes de un grotesco. No hay antecedentes de un jefe de Gabinete dando su informe periódico ante los legisladores acompañado por el Presidente y los ministros. Verlos en los palcos haciendo de partiquinos de la dupla presidencial –Javier y Karina Milei– fue patético. Cuánto peronismo tiene este gobierno en su gestualidad y en sus conductas políticas.


La impronta de lo familiares una de esas cosas: tuvimos a Juan Domingo Perón, a Eva Perón, a María Martínez de Perón, a Carlos Menem, a Eduardo Menem, y a Néstor Kirchner con Cristina Fernández de Kirchner. Ahora, tenemos a Javier Milei y a Karina Milei. Un detalle decisivo sobre la inobservancia del concepto de casta: los periodistas Abigail Contreiras y Bautista Otero publicaron en un artículo del diario La Nación que, en la actualidad, son al menos 17 los Menem que desempeñan un cargo en la función pública del actual gobierno. A ellos se suman otros parientes que están detrás de Registros de la Propiedad Automotor y de empresas contratadas por el Estado. Más casta, no se consigue.


La oposición estuvo astuta y evitó caer en la provocación más allá del folklore de la izquierda que representa una de las tantas muestras de anacronía que se despliegan a lo largo y lo ancho del abanico político del país. Así pues, no hubo lugar para los pochoclos que había vaticinado el presidente de la Cámara, Martín Menem. Eso lo obligó a Adorni –que para decir “buen día” tuvo que leer– a completar su informe que no hizo más que desnudar las debilidades de su exposición, muy lejos de las chicanas a las que nos tenía acostumbrados.


La situación judicial del jefe de Gabinete es compleja. Es producto de la falta de solidez de los argumentos y la documentación que hasta aquí ha presentado en la Justicia. “No he cometido ningún delito” arguye Adorni ante los que lo interrogan sobre el tema o, directamente, contra los que lo acusan de ser un corrupto. El fiscal Gerardo Pollicita hace saber que hay elementos que dan sustentos a las sospechas por las cuales se ha abierto esta investigación de lto impacto político que repercute muy fuertemente tanto fuera como dentro del gobierno. No son pocos los funcionarios que se sienten crecientemente incómodos ante la necesidad de sobreactuar una defensa cerril que, en su esencia, no comparten. A esos funcionarios tampoco les cierran las explicaciones del jefe de Gabinete. Por supuesto que callan: saben que, si sarán sincerar sus pareceres serían víctimas inmediatas de Karina Milei, “La Jefa”.


La agresividad de Milei para con los periodistas es ya un clásico. El Presidente está convencido que insultando se fortalece. No termina de darse cuenta de cuán equivocado está. Quien insulta se denigra. Javier Milei, que tan imbuido se muestra de las enseñanzas de los textos bíblicos, debería leer y aprender las enseñanzas del libro de los Efesios (4:31- 32) Tal vez ahí adquiera la sabiduría y la templanza que le faltan para aceptar, tolerar y respetar la crítica y la pluralidad, esencia fundamental de los valores democráticos que consagra la Constitución Nacional que él prometió observar.


 

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Milei, entre Adorni y un desarrollo sin desarrollismo


 

 Milei, entre Adorni y un desarrollo sin desarrollismo 


La Nacion


05 mayo 2026


Luciana Vázquez



Javier Milei por Alfredo Sabat



Hay dos procesos en marcha que en esta coyuntura desafían al gobierno de Javier Milei. Uno, el rumbo económico y la heterogeneidad de sus resultados. El otro, el enfrentamiento con la prensa conectado con la investigación judicial del caso Adorni y las llamaradas con las que sorprende cada día, como la declaración del contratista y la cifra de 245.000 dólares que se conoció ayer: ese incendio está lejos de apagarse. En lo económico, el plan Milei-Caputo demora efectos positivos palpables para los hogares. En ese marco, la puja política ya empieza a encontrar nuevos carriles: mientras el Gobierno plantea un desarrollo con macro estable pero sin desarrollismo, cuyos resultados salariales y de empleo están pendientes, una oposición kirchnerista residual se esfuerza por ponerse el traje de la moderación. Intenta darse una oportunidad de representación con la promesa de una “macro con la gente adentro”. Por suerte para el Gobierno, por ahora, esa opción está floja de credibilidad.


Los dos frentes, economía y Adorni versus prensa, se retroalimentan y acentúan la tensión en la percepción de la opinión pública. La misma estrategia del Gobierno refuerza esa retroalimentación: en lugar de hacer pedagogía transversal sobre el sentido y los tiempos de su plan económico y aprovechar para eso el diálogo con cada periodista y cada medio, profundiza la ruptura con la mediación mediática y se dedica a ensayar respuestas malas al tema Adorni.


Se vio en la presentación de Milei en ExpoEFI, el miércoles pasado. Su discurso duró una hora y veintiséis minutos, pero la repercusión se concentró en menos de cinco minutos en los que Milei atacó ferozmente a la prensa. Esos ataques se intensificaron desde que estalló el caso Adorni, hace más de dos meses. En ExpoEFI, Milei usó 85 minutos para dar respuestas sobre su concepción de la transición y su visión sobre el rol de su política económica en relación con la matriz productiva argentina. Pero el mensaje pasó de largo en medio de los ataques mediáticos, que se viralizaron. Esos momentos completaron la saga que Milei había iniciado a la salida del Congreso, el miércoles de la exposición de Adorni, cuando respondió a una pregunta normal de un periodista con un insulto al periodismo en general: “chorros” y “corruptos”, gritó el Presidente.


¿Le conviene al Gobierno sostener y alimentar ese grado de conflictividad cuando debería estar inundando la conversación pública con su pedagogía económica? En 2023, Milei interpretó el sonido del momento: su rabia y su motosierra representaron la rabia de la gente con la política que llevó a una Argentina estancada. ¿Cómo suena la calle hoy? Ahora que ocupa el poder, ¿a Milei se le pueden volver en contra la rabia o el hastío de la gente? Si no hay respuestas, la rabia ciudadana tiende a orientarse contra el oficialismo en el poder.


La puja política se organiza hoy en torno a Milei y las deudas propias que genera: Cristina Kirchner y el kirchnerismo empiezan a quedar instalados en el espejo retrovisor. El mismo Luis Caputo lo afirmó la semana pasada: “El riesgo kuka es cero”, dijo. Por eso es mayor el desafío del Gobierno: para consolidar el apoyo a su plan económico dejó de alentar el miedo al regreso del kirchnerismo, como lo hizo durante la campaña electoral del año pasado y hasta pocos días atrás. Agitar el “riesgo kuka” impacta en la apetencia de los mercados y genera una profecía de incertidumbre autocumplida: termina complicando el mismo plan económico del Gobierno. El “riesgo kuka” como miedo que sale del mismo Gobierno se integra en el riesgo país. El Gobierno aprendió esa lección.


Ahora, Milei y Caputo necesitan ganar voluntades y tiempo con una estrategia distinta mientras esperan que se concreten los efectos positivos más generales de sus políticas. Ese aprendizaje les es esquivo: en lugar de inundar los espacios mediáticos con sus explicaciones, se dedican a romper aún más la conversación transversal con sus votantes menos cautivos. El repliegue en sus cámaras de eco los aísla de una sociedad que está más allá de sus votantes más leales.


La política lo sabe: es más conveniente tener a los críticos a tiro de diálogo posible que cascotearlos desde la vereda de enfrente. Hay una prueba clara: cuando se abrió a la negociación en el Congreso, el Gobierno obtuvo resultados. Para cualquier gobierno, dar su visión de las cosas y responder preguntas y repreguntas incómodas en territorio independiente es una oportunidad más que un problema. Hablarles siempre a los convencidos no aumenta la credibilidad ni la confianza.


En el plano ético, por ahora el caso Adorni es una batalla perdida para el Gobierno: se necesita mucha ira presidencial para apagar ese fuego y distraer a la sociedad con otros conflictos. Esa cantera en algún momento se agota, y aunque no se extinga la cólera presidencial, sí cambia el contexto que la hace efectiva. Cuando el bolsillo se vacía, a la ciudadanía se le achica la paciencia ante los fuegos de artificio del poder político. Lo que quiere es salarios que alcancen y empleo disponible. Es la economía, estúpido, podría decir Milei.


El oficialismo libertario cree ver “sobres” en la persistencia del tema en los medios. En realidad, en los medios independientes, la cobertura responde a ratings y niveles de audiencias, además de un posicionamiento histórico de investigación del poder, no importa quién lo ocupe. Pero aun en la prensa kirchnerista o filokirchnerista funciona algo más que sus sesgos ideológicos y su intencionalidad política: las audiencias también mueven esa cobertura. Si el caso Adorni sigue presente es porque sigue habiendo preguntas relevantes sin respuestas creíbles y a buena parte de la ciudadanía, traducida en ratings, views y clics, le sigue interesando. El Gobierno debería tomar nota de eso.


La sombra larga del caso Adorni no va a desaparecer rápido. Hay agujeros negros en la batería de respuestas organizadas desde el oficialismo. Aquí, la enumeración de algunos, aunque son más. Primero, que la Justicia archivó la causa de la esposa de Adorni en el avión presidencial por inexistencia de delito: es cierto, pero el problema no era ese, sino que tanto Milei como Karina Milei y Adorni habilitaron un privilegio discrecional típico de “la casta” que combaten. Segundo, que Adorni tiene derecho a tomarse vacaciones con su familia: es cierto, pero ese no es el punto. La cuestión es si los ingresos declarados de Adorni le permiten sostener ese nivel de gastos familiares o no, o si fueron financiados por amigos contratistas del Estado.


Tercero, que Adorni no tiene que responder por sus conductas privadas: en realidad, tiene que hacerlo si se sospecha un delito o una falta ética detrás de esas conductas. Cuarto, que solo responderá ante la Justicia: tampoco es una buena respuesta. Por un lado, porque la ciudadanía también demanda respuestas, sobre todo a un proyecto político que pone a la ética como política de Estado. Y además, porque si el esquema de Adorni es tan transparente como asegura, desde que se inició la causa está habilitado para presentar cada comprobante en los tribunales y así ahorrarles a la Justicia y a los contribuyentes tiempo y recursos aplicados para investigarlo judicialmente, sobre todo en un partido que pregona la eficiencia en el uso de los recursos. Quinto, porque en su primera conferencia de prensa sobre el tema afirmó hechos que no se condicen con la realidad: dijo haber declarado todos sus bienes “en tiempo y forma”, pero la casa del country Indio Cua, comprada en noviembre de 2024, no consta en su declaración jurada de 2025. Recién la incluyó este año, luego de iniciada la causa judicial.


Cuando y donde quiere, Milei autorregula su barrabravismo de Estado. Lo exacerbó en la Cámara de Diputados el día del informe de Adorni; lo contuvo en ExpoEFI. Planteó a la iniciativa privada del empresario como descubridor de oportunidades con valor agregado en el mercado: “El héroe de esta película es el empresario. Como hacedores de políticas justas, nosotros tenemos que nivelar la cancha y el empresario tiene que decidir dónde invertir. Nosotros no elegimos ganadores, explicó. Definió las características del escenario actual y el impacto en el momento darwiniano en el que se destruyen empresas y nacen otras: cambio tecnológico, cambios de precios relativos y liberación de rendimientos crecientes a partir de la desregulación y la apertura de mercados. Sostuvo la estrategia de exportaciones diferenciadas como una oportunidad para la industria argentina, inclusive la industria textil: “La especialización no significa hacer de todo. Vamos a hacer algunas cosas en las que somos mejores. En las que somos malos no vamos a tener chances. Igual cuidado con en qué somos malos y en qué no somos malos. La discusión en el sector textil: dicen que no pueden competir contra China. Sin embargo, Italia tiene salarios más altos que nosotros y, sin embargo, tienen industria textil: ¿cómo es eso? Compiten por diseño. Tienen que buscarle la vuelta. Si van a estar llamando a papá Estado cada vez que algo no les gusta, va a ser difícil competir”.


El Gobierno espera que los resultados de la nivelación racional de la macro le den la razón en una matriz productiva creadora de empleo y de mejora del salario. A la “macro con la gente adentro” con la que lo corre el kirchnerismo en busca de oxígeno le responde con la baja de la inflación como el primer pilar de ese camino.


Mientras tanto, deja pasar oportunidades para acercar su mensaje. El Gobierno necesita resultados que se noten en el bolsillo de la gente, en las góndolas de los comercios y en los ladrillos de la construcción. No le queda más que esperar al paso del tiempo.


Para ganar tiempo, el Gobierno necesita explicar, explicar, explicar en lugar de construir enemigos en la prensa y retirarse del mercado del diálogo democrático con el periodismo independiente. Ese mercado libre es un escenario potente a la hora de dar batallas conceptuales. Abandonarlo implica un riesgo: generar un vacío y que lo ocupe otro.


 

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