jueves, 14 de mayo de 2026

"Suplemento Aventuras del Diario El Tiempo #1 - 1996"

miércoles, 13 de mayo de 2026

De despertar leones a despertar arcadas: una nueva encuesta dejó al presidemente con el culo dado vuelta


 

 Política

La motosierra se quedó sin nafta

De despertar leones a despertar arcadas: una nueva encuesta dejó al presidemente con el culo dado vuelta

Javier Milei se prende fuego: 60 por ciento de rechazo y la gente eligió la heladera antes que seguir bancando el circo libertario. (Dibujo: RASE para AGENCIA NOVA)

La encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública de la Universidad de San Andrés dejó al Gobierno del presidemente Javier Milei en una situación incómoda. La aprobación presidencial se ubicó en 37 por ciento, mientras que la desaprobación alcanzó el 60 por ciento, una diferencia que muestra que la Casa Rosada logró frenar la caída, pero no revertir el rechazo mayoritario.

El dato más duro aparece cuando se mide el clima general. Solo el 29 por ciento dijo estar satisfecho con la marcha del país, mientras que la insatisfacción neta llegó al 68 por ciento. Para un presidemente que hizo del entusiasmo y la épica del sacrificio su combustible político, el número expone una meseta bastante menos heroica que la que intenta vender el oficialismo.

La satisfacción con el Poder Ejecutivo también cayó y quedó en 23 por ciento, tres puntos menos que en la medición anterior. Es el poder que más retrocedió en mayo, mientras el Gobierno insiste en presentar cada ajuste como una victoria técnica, aunque la encuesta muestra que la percepción social va por otro carril.

Los principales problemas que mencionaron los encuestados golpean directo al corazón del discurso libertario. Bajos salarios y falta de trabajo lideran con 37 por ciento cada uno, seguidos por corrupción con 36 por ciento, pobreza con 30 por ciento e inflación con 22 por ciento. El Gobierno puede discutir indicadores, pero la encuesta muestra que para buena parte de la sociedad la cuenta diaria sigue llegando antes que el relato.

El deterioro también aparece en la comparación con el año anterior. El 58 por ciento cree que el país está peor que hace un año y el 56 por ciento afirma que su situación personal empeoró. Hacia adelante, el pesimismo sigue pesando, ya que el 44 por ciento cree que el país estará peor dentro de un año, frente a un 26 por ciento que espera una mejora.

La encuesta también muestra un golpe simbólico para una de las banderas históricas de Milei. Más del 63 por ciento está de acuerdo con que no se haya dolarizado la economía, y el 47 por ciento prefiere cobrar en pesos frente a un 29 por ciento que elegiría dólares. La promesa que durante años funcionó como marca registrada aparece, al menos en este relevamiento, mucho menos seductora que en campaña.

La imagen de los funcionarios tampoco le da oxígeno al oficialismo. Manuel Adorni registra 73 por ciento de imagen negativa y un diferencial de menos 59 puntos, el peor del gabinete. Karina Milei también aparece muy golpeada, con 69 por ciento de imagen negativa y un diferencial de menos 51. En el Gobierno que hizo de la comunicación una herramienta central, el vocero y la hermana presidencial quedaron entre los nombres más desgastados.

En el plano político, Milei conserva 35 por ciento de imagen positiva, pero con un diferencial negativo de 24 puntos. El informe advierte que el núcleo oficialista muestra señales de desgaste, mientras entre quienes desaprueban al Gobierno las figuras con mayor imagen positiva son Axel Kicillof y Cristina Fernández de Kirchner, ambos con 49 por ciento, y Myriam Bregman con 46 por ciento.

El resultado deja una foto clara. Milei no está en caída libre, pero tampoco en recuperación. Está en una meseta con mayoría de rechazo, malestar económico extendido, deterioro del Ejecutivo y funcionarios centrales con imagen negativa. El ajuste todavía puede tener defensores, pero la encuesta muestra que cada vez le cuesta más esconder sus costos bajo la alfombra del discurso oficial.


 

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Una saludable desobediencia donde falta libertad


 

 Una saludable desobediencia donde falta libertad 


La Nacion


Héctor M. Guyot



Patricia Bullrich por Alfredo Sabat


Hay algo que parece constitutivo en los hermanos Milei, algo que está en sus genes y llevan en la sangre: son verticalistas. Las ideas y los actos de quienes los rodean deben responder a su voluntad. Uno es sanguíneo; la otra, cerebral; uno domina el espacio intelectual; la otra, el terreno de lo concreto. Son opuestos muy complementarios cuyo ADN común, sin embargo, los hace similares en muchos aspectos, y determina un gobierno capaz de llevar al extremo el afán de control sobre lo que se piensa y lo que se hace, no solo en la propia tropa, sino inclusive más allá. Este verticalismo remite sin esfuerzo al de los Kirchner, que también convocaba alrededor, más que compañeros de ruta embarcados en un proyecto común, un ejército de subordinados dispuesto a abdicar de toda idea o iniciativa propia para someterse a la orden del líder, que no admite cuestionamiento alguno y espera, por el contrario, una adulación incondicional capaz de alimentar un ego necesitado e insaciable.


El país político, por esto, sigue viviendo bajo el imperio del miedo. Por cualquier disidencia, aun la expresada con cautela y ánimo constructivo, el ingrato queda reducido a la condición de hereje y es expulsado de la corte que rodea al poder. El miedo es control. Más todavía cuando es infundido por arrebatos de ira que superan el límite de lo racional. El espectáculo de agachadas y obsecuencias resulta penoso, y esto es algo que hoy no se limita a los funcionarios y la militancia libertaria. Incluye también a quienes el temor a perder lo que tienen les hace callar lo que en verdad dirían, para decir en cambio lo que ordena repetir la policía del poder.


¿ Qué pierde en dignidad una persona que renuncia a su autonomía? ¿ Qué pierde un gobierno que busca confirmarse en su propio relato a la fuerza, aun a costa de alejarse de la realidad? La que sin duda pierde es la democracia, cuya necesaria pluralidad de voces queda ahogada por un discurso oficial que se pretende hegemónico. Tal vez por eso hizo tanto ruido el simple y sensato reclamo de Patricia Bullrich, que instó a Manuel Adorni a presentar su declaración jurada “de inmediato” para acallar el escándalo por su crecimiento patrimonial, que a golpe de revelaciones judiciales profundiza el daño a un gobierno que prometió acabar con la corrupción endémica del país.


Bullrich habló por muchos de los que en la Casa Rosada no se atreven a hablar, y así, además de propiciar una suerte de catarsis en sordina en muchos funcionarios, recuperó para ella un espacio de autonomía que había concedido desde que migró


Karina Milei exige incondicionalidad. Patricia Bullrich busca hacer, y es incondicional hasta que no lo es


de Pro a la escuadra libertaria, aun a costa de poner de lado principios que siempre había defendido y al punto de terminar justificando lo injustificable.


Esta vez, Bullrich alzó la voz. ¿ Lo hizo por el más elemental olfato político, que no le falta? Puede ser. De cualquier modo, fue un gesto saludable, en un gobierno que exige subordinación y poco valor. Eso sí, también podría plantarse de la misma forma, ante ciertos desbordes, en defensa de principios republicanos o democráticos, que también los tiene, aunque a veces decida ponerlos en el freezer. Acaso actitudes así le reporten incluso un crédito político a usufructuar en el futuro. En la lucha por el poder, los políticos suelen olvidar que a veces los principios pagan.


Tal como están las cosas, hay dos mujeres fuertes en el Gobierno. A una de ellas la une un vínculo incondicional y hasta indisoluble con el Presidente, que va más allá de la sangre que todos los hermanos tienen en común. La otra mantiene con él una relación política coyuntural determinada por el resultado de las últimas elecciones presidenciales, aunque los acerca la fuerza de gravedad de la órbita inédita que los cambios de fondo de esta administración le imprimieron al país.


¿ Qué grado de tensión habrán generado los dichos de la senadora sobre Adorni entre Bullrich y Javier Milei, quien sostiene a su jefe de Gabinete contra viento y marea? Milei, que se beneficia de la mejor imagen de ella respecto de la suya, dice que no hay tal cosa. Hasta Adorni dijo el jueves que “Pato es una fenómena”, aunque por lo visto no seguirá su consejo. No hay obligación de creerles. La relación más delicada, sin embargo, es la de Bullrich y Karina Milei, quien no digiere gestos emancipatorios. Y menos venidos de una “impura” que pone bajo amenaza su objetivo de colocar, en las elecciones del año próximo, un candidato propio en la jefatura de gobierno porteña.


Karina Milei necesita control y exige incondicionalidad. Patricia Bullrich busca estar, incidir, hacer, y es incondicional hasta que no lo es. Ambas, mientras Milei se ocupa de los números y de llevar su “batalla cultural” al mundo, se miden en el terreno. Acaso estemos ante la gestación de un nuevo triángulo de hierro distinto del anterior, aunque también desparejo y con tensiones parecidas.


En Bullrich tal vez exista otra tensión. Esta, interna. Aquella que a veces, no siempre, enfrenta en uno mismo la voluntad de poder con los principios que se han defendido. Y no es un tema menor. Para nadie. Porque si desplazamos los principios para privilegiar en exclusiva la consecución del rédito político en desmedro de una ética republicana, repetiremos una vez más el libreto de siempre, ahora llevados por un gobierno que, desde el otro extremo ideológico, replica los métodos de aquel que, además de abrirnos la grieta, nos dejó en pampa y la vía.