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OPINION
El culebrón y las esquirlas
El affaire Adorni, en vez de moderarse, tiende a complicar más a un gobierno en ebullición
Nelson Castro
Diario Perfil
Adornilandia. Manuel Adorni por Pablo Temes
Las semanas pasan y el affaire Adorni no decae. Por el contrario, se complica día tras día con nuevos capítulos que sorprenden a propios y ajenos. Javier Milei ha decidido defenderlo a capa y espada. Ha dicho a quienes lo escuchan que lo hace porque está convencido de que, si lo entregase a Adorni luego vendrían por su hermana Karina y, finalmente, por él mismo. En su defensa cerril, el presidente comete errores garrafales que demuestran su falta de información. Es lo que ocurrió en la entrevista en LN+ con Luis Majul y Esteban Trebuq –en la que se lo vio agresivo y dubitativo– cuando trató de “mentiroso y kirchnerista” al arquitecto Matías Tabar, que tuvo a su cargo las obras de refacción de la casa que el jefe de Gabinete posee en Exaltación de la Cruz. Eso no es correcto.
La prolongación del caso ha disparado las internas en el gabinete donde los apoyos empiezan a flaquear. El más preocupado – sin dudas – es el ministro de Economía. Luis Caputo ha tomado nota del “ruido” que este culebrón provoca en la marcha de la economía. Nada que sorprenda. En el medio de una situación tan llena de contrastes entre el “Affaire Adorni” y los postulados éticos de La Libertad Avanza, eso lo debilita políticamente. El gobierno se aísla en un momento en el que necesita apoyos para consolidarse.
Patricia Bullrich debió salir a la palestra porque su silencio ya era estrepitoso. Le sucedió lo mismo que con el ex – diputado José Luis Espert. Al principio calló y trató de ser indulgente con él. Pero, cuando vio que la debacle era inevitable, eligió salir a salvar la ropa. Esa declaración, en la que pidió que el jefe de Gabinete adelantara la presentación de su declaración jurada, molestó profundamente a Karina Milei y alimentó su encono contra la actual senadora. Es un encono inconducente – como todo encono – pero imposible de apaciguar. Hay que recordar que la hermana del Presidente albergaba la esperanza de fomentar la candidatura del jefe de Gabinete a jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Ese proyecto caducó, tal como lo hizo saber el mismísimo Adorni. No hay tiempo posible que haga olvidar lo que hasta aquí viene ocurriendo.
Empecinado en la defensa de su ex – vocero y ahora jefe de Gabinete, el presidente hizo su declaración en la reunión del viernes por la tarde en la Casa Rosada. “Prefiero perder las elecciones antes que dejar ir a un honesto”, expresó elevando el tono de voz. No hubo sonrisas durante la arenga del jefe de Estado. De hecho, no se vieron fotos de ese encuentro en el que, luego de hablar, se fue sin escuchar a nadie. Esa supuesta honestidad podría haberse demostrado de inmediato con un puñado de decisiones simples. No se hizo y el tema escaló.
La defensa cerril de Adorni se extendió a la conferencia que dieron Luis Caputo y la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva. “Lo de Manuel no tiene ningún impacto en la llegada” (se refería a las inversiones), dijo al contestar la pregunta de uno de los periodistas que lo interrogaron en la ahora controladísima Sala de Periodistas de la Casa Rosada. No es lo mismo que lo escucharon decir en privado algunos de los que en estos días hablaron con él. En esos ámbitos desprovistos de cámaras y micrófonos, el ministro reconoce la preocupación que eso genera, no por el caso en sí, sino por el daño político que eso le está ocasionando al gobierno, daño que hoy en día, ha empezado a generar dudas sobre la viabilidad de la reelección de Milei. Y eso sí que hace mucho, mucho ruido. Ningún inversor importante por fuera de la energía y la minería, arriesgará su dinero y su esfuerzo invirtiendo en un país en el cual el así llamado “riesgo kuka” siga latente y con chances de volver con Axel Kicillof a la cabeza. Si bien, dentro del peronismo el Gobernador bonaerense no termina de convencer y en el kirchnerismo camporista lo tildan de traidor, nadie debe subestimar la habilidad de quienes huelen sangre y, de manera sorprendente, vuelven a reorganizarse. Ya lo dijo Pepe Mujica en su célebre frase con tintes mitológicos.
El oficialismo sufre sus propias internas y eso no es ninguna novedad. Lo nuevo está en la configuración y ampliación de esa contienda. En su génesis La Libertad Avanza no fue un movimiento unísono. Fue más bien un rejunte que, a pesar de la falta de figuras propias, tuvo la habilidad de organizarse en partido político en tiempo récord. Es imposible que un fenómeno de este tipo y con personalidades tan fuertes como extravagantes, viva en la concordia. De movida la interna entre la hermana Karina y el asesor estrella Santiago Caputo –hoy venido a menos– sacudió toda la estructura. El Triángulo de hierro es cosa del pasado y la patada que Patricia Bullrich le pegó al tablero político al desafiar al propio Presidente en la defensa de su amigo abrió el juego a una nueva posición. Nada que sorprenda: Bullrich siendo Bullrich pero esta vez dotada de mayor peso político y con diputados y senadores propios. Hay quienes dan por hecho que, contra los deseos de Karina, que nunca vio con buenos ojos los aires de independencia de la actual senadora, tendrá un lugar asegurado como candidata en la Ciudad de Buenos Aires. Si así fuera, Jorge Macri no tendría nada para hacer frente a un electorado informado que ya detectó el camuflaje libertario que utiliza de un tiempo a esta parte. ¿Por qué votar la copia teniendo a mano un postulante original?
Sin embargo, quienes conocen a la ex Ministra de Seguridad sostienen en el off the record: “a Patricia le importa poco la jefatura de Gobierno. Sabe que no le queda mucho tiempo y quiere coronar su carrera llegando a la presidencia”.
En política la paciencia es una virtud necesaria, sobre todo en un contexto turbulento que no está exento de sorpresas.
Milei, entre la rebeldía de Bullrich y la resistencia universitaria
La Nacion
12 mayo 2026
Luciana Vázquez
Javier Milei, entre la universidad y Patricia Bullrich por Alfredo Sabat
La pregunta clave del día es esta: si el mismo nivel de desgobierno que el oficialismo mileísta exhibe en el caso Adorni se llevará puesto también el vínculo con la universidad pública argentina y el contrato ciudadano que la sostiene. No es una pregunta menor.
Del caso Adorni acaba de brotar el primer acto de rebeldía a la autoridad presidencial de un hiperpresidencialismo a la enésima potencia como el de Javier Milei: una grieta que sale de las mismas entrañas del Poder Ejecutivo y expone una debilidad hasta ahora inédita en la capacidad del dúo Milei-Karina Milei para disciplinar a sus jugadores más fuertes.
La movida ejecutada por Patricia Bullrich el miércoles pasado, cuando emplazó en televisión a Manuel Adorni a aclarar su situación patrimonial, cambió la dinámica de la gobernabilidad libertaria a expensas de la imagen de Milei y, por supuesto, de Adorni.
En relación con la tensión creciente con la universidad pública, el Gobierno minimiza una realidad: del reclamo de la comunidad universitaria que vuelve a la calle hoy surgió en 2024 y 2025 el sujeto social y político que logró amalgamar como ningún otro la protesta contra una política del Gobierno y movilizar transversalmente a la clase media, incluyendo a parte de la clase media que votó a Milei o que, al menos, acompaña el rumbo de la racionalidad macroeconómica y no votaría nunca al kirchnerismo.
La coyuntura abre preguntas relevantes para el Gobierno y su lógica. ¿2026 será una repetición de 2025 y de los problemas de digestión de las demandas sociales por parte de un oficialismo replegado sobre sí mismo? En 2025, la oposición dura encontró oxígeno para intentar recuperar el escenario político y su capacidad de representación sobre la base de tres causas: universidad pública, discapacidad y Garrahan. Fueron los platos servidos que el Gobierno le dejó a la oposición en su pretensión de reinventarse.
El Gobierno tiene logros macroeconómicos para mostrar, aunque también resultados pendientes. Pero la exacerbación del desacople de los reclamos sociales de mayor sensibilidad, como la demanda de transparencia en el caso Adorni, opaca las metas alcanzadas. Bullrich misma lo dejó claro aquel día clave de su emplazamiento a Adorni: “En este momento, la contundencia de los datos que tiene que dar Adorni y la rapidez son dos elementos fundamentales. Si no hay rapidez y contundencia, el proyecto sufre, el país sufre. El país está metido en una conversación que no es la más importante. La más importante es cuántas inversiones vienen, cómo crecemos, cómo empezó a crecer la recaudación. Salgamos de esto lo antes posible. Adorni tiene que hacer un esfuerzo por que esto se termine lo antes posible”.
En 2025, esa dinámica que opta por darle la espalda a la demanda racional de la ciudadanía de a pie terminó en sucesivas derrotas oficialistas en el Congreso y en la derrota bonaerense de septiembre de 2025, con Kicillof ganador de las elecciones legislativas de la provincia de Buenos Aires con el 47,28 por ciento de los votos: catorce puntos por arriba de La Libertad Avanza.
Para recuperarse en octubre, el Gobierno puso en juego recursos extremos: Milei se vio obligado a abrazar públicamente la moderación para desandar la ruptura de puentes con la sociedad que había practicado todo el año; puso en juego la tabla de salvación financiera sorprendente que le alcanzó el par Trump-Bessent, y tuvo que tener de su lado al “riesgo kuka” como aliado ante un plan económico propio que no alcanzaba para asegurar el triunfo.
La rebeldía de Bullrich y la resistencia universitaria tienen algo en común y conectan con los reclamos sociales marginados por el oficialismo en 2025: encierran demandas sociales razonables, renovadas hoy, que el Gobierno, como mínimo, desoye. Y, como máximo, combate con argumentos discutibles y herramientas confrontativas que ni amplían su base de apoyo ni ganan la parada política ni transforman lo que necesariamente hay que mejorar, como es el caso del sistema universitario nacional, su eficiencia académica y la eficiencia de su gasto, sus niveles de transparencia y su futuro en medio de un futuro de incertidumbre global y tecnológica.
Ahí está Bullrich o la oposición dura para aprovechar la oportunidad de una búsqueda de representación que no encuentra representantes en el oficialismo libertario.
En política, todo vacío que se deja tiende a ocuparse; todo silencio que se cultiva tiende a ser roto. En el caso Adorni, Milei viene dejando decididamente un vacío de representación: el reclamo de transparencia está huérfano desde que estalló el escándalo Adorni, a principios de marzo, con los chorros constantes de información sobre su estilo de vida, que derivaron en una causa por enriquecimiento ilícito.
Bullrich se decidió a llenar el vacío y rompió el silencio en el programa de Eduardo Feinmann la semana pasada. De esa conversación salió el “de inmediato”, el plazo cero para que el jefe de Gabinete muestre su declaración jurada 2025. Bullrich terminó interpretando un sentido común que pide algo básico: transparencia en el manejo de los ingresos y gastos del jefe de Gabinete.
Esa movida bullrichista es un hito en la gobernabilidad interna del mileísmo: el control altísimo que tiene el par Milei-Karina Milei sobre la palabra de sus ministros y funcionarios es una característica de la gestión. El hiperpresidencialismo carismático de Milei no deja lugar para el juego propio de sus ministros: no hay espacio para matices.
Por eso, la movida de Bullrich marca un antes y un después. No solo “spoileó” a Adorni con el reclamo de transparencia inmediata, como sostuvo el jefe de Gabinete en el streaming de Fantino. Bullrich también “spoileó” a Milei: le ganó de mano y recuperó la bandera de transparencia anticasta que le dio la identidad al mileísmo. Perdieron todos menos Bullrich.
Desde que estalló el affaire Adorni, la imagen de Bullrich se sostiene por encima de la de Milei. La gobernabilidad interna del proyecto libertario está bajo presión. El viernes, esa tensión no dio ni para tener una foto del gabinete unido, aunque fuera para disimular.
La película no termina: hay riesgos en la maratón de Bullrich. El mileísmo en el poder tiene dos maratonistas. Una era Victoria Villarruel, que con su causa de la “historia completa” y la dictadura estuvo décadas esperando su momento. En parte, por eso fue vicepresidenta. Por ahora, quedó fuera de carrera. Bullrich es la otra maratonista de la política y del poder.
Tiene dos ventajas competitivas sobre Villarruel: en 2023 y 2025 mostró que tiene votos propios en el electorado y que logra votos en el Senado para los proyectos de Milei. El que vio esa capacidad de Bullrich para la carrera de largo aliento es Mauricio Macri, por eso su hombre de confianza, Fernando de Andreis, salió a limar esa veta y quitarle épica: le pidió a Bullrich que “deje de pasar de un partido a otro”.
En relación con el reclamo universitario, la marcha de hoy, en su sentido más transversal, también busca que el Gobierno atienda a una demanda sensible y elemental: la necesidad de actualizar salarios universitarios y científicos castigados con una caída del 40 por ciento desde que Milei llegó al poder.
Es el sector con mayor baja salarial comparado con los empleados públicos en general, con una caída del salario en torno al 20 por ciento, y los privados, en torno al 5 por ciento. La ley de financiamiento universitario sancionada el año pasado con votos opositores apuntó a ese módico objetivo: recomponer salarios y partidas, golpeadas por la inflación y el ajuste fiscal.
Universidades y facultades de distintas partes del país, sobre todo aquellas formadas por profesionales cuyo perfil está centrado en la investigación y la docencia universitaria, no han comenzado sus cuatrimestres: hay paro de docentes universitarios, arrinconados por los salarios. En muchas facultades, los estudiantes corren el riesgo de perder el primer cuatrimestre.
Por supuesto que habrá sectores de la oposición más dura, desde el kirchnerismo y el kicillofismo a la izquierda, que usarán políticamente la movilización universitaria para llevar agua a su molino. La estrategia del Gobierno es polarizar con esa usurpación ideológica del reclamo universitario: la oposición dura le hace el juego al Gobierno cuando se apropia de una causa que es, en realidad, de una ciudadanía transversal en lo ideológico y en lo social.
Desde las autoridades universitarias tampoco se avanza con una estrategia racional de negociación y consensos posibles sobre la base de datos precisos y transparentes. La lógica de la política universitaria, de la política nacional tallando con sus intereses en la vida universitaria de manera opaca y de la pervivencia de sistemas de poder, también complica la resolución del conflicto.
La política universitaria llevada por Sandra Pettovello desde Capital Humano carece de la sensibilidad que la llevó a sostener la AUH y la actualización por encima de la inflación. La judicialización del Gobierno tiene suspendida la aplicación de la ley de financiamiento universitario y, mientras tanto, no ofrece casi nada. Es cierto que el sistema universitario nacional arrastra deudas de eficiencia y transparencia desde hace décadas. Pero también es cierto que en dos años de gestión el Gobierno no dio señales de un diseño de política universitaria racional, basada en evidencia completa, en diálogo con las universidades, sus docentes y la sociedad y con un horizonte claro.
Por ahora, la discusión está estancada en un reclamo por salarios caídos y por la caída de fondos operativos y de investigación. El problema no es solo la política universitaria del Gobierno, sino también los ítems que la política económica de Luis Caputo decide recortar.