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OPINIÓN
El canto de los Presidentes
Admirable la desfachatez amateur del mandatario y su banda, impensable para colegas anteriores, quizás para la jerarquía que representa, pero imponiendo una determinación única que revela su voluntad para gobernar.
Roberto García
Diario Perfil
jueves 09 de octubre de 2025
Javier Milei por Pablo Temes
Hubiera sido la culminación artística de Mauricio Macri: cantar en un teatro imitando a Freddie Mercury, aunque ni se acercaba al rango vocal del cantante de Queen (cuatro octavas). No pudo, ni como presidente, concederse ese placer, aunque antes había ensayado varias veces esa debilidad infantil hasta que, en una reunión, como se sabe, casi pierde la vida porque se atragantó con un bigote postizo que lo mostraba parecido al extravagante músico. Se salvó por la intervención de un médico al cual luego convirtió en ministro. Menos se atrevió a los compases de baile, su hechicera; ese placer se lo guardó para sí mismo.
Tampoco Carlos Menem, que se atrevía a todo, se arriesgó a cantar siquiera en un estadio su tango preferido, “Naranjo en flor”. Justo él se perdió la oportunidad canora, ese atrevido que acertó al aro de básquet en el Luna Park con el elenco nacional, que no se privó de jugar un amistoso con los grandes cracks del seleccionado de fútbol y, entre otras aventuras, batió récords de velocidad con una Ferrari que le obsequiaron unos empresarios italianos interesados en una concesión del gobierno. Impúdico, claro: poder que no abusa no es poder.
Si Fernando de la Rúa no hubiera sido tan recatado, tal vez el público podría haber apreciado su memoria tanguera y cierto atrevimiento coral en las reuniones de la gente del Turco, estimulados también por amigos que le podían recordar piezas prostibularias como la refaccionada “Cara sucia, te has venido con la cara sin lavar”. Fue un radical poco osado, obvio, al igual que Raúl Alfonsín, al que no le faltaban mentores y expertos en letras e historia de tangos como Germán López, pero al que no le gustaba la música ni el fútbol. De cantar, ni en chiste. En público, hubiera temblado.
Euforia, incidentes y omisión total de Karina: lo que no se vio de la presentación del libro de Milei
En cambio, peronistas como Sergio Massa, más de una vez insinuó un repertorio de melodías con el actual gobernador de Salta, el guitarrista profesional Gustavo Sáenz, entonando en ciertos actos bobadas de Ricardo Arjona. Aunque uno se afina en Jaime Dávalos y el otro, más de agua, hasta puede recitar a Juan L. Ortiz en los juncos. Pero, si no fuera por la política que los une y los desune, irían a ofrecerse al menos en los shows de los románticos cruceros del Caribe. Si le confirman a Massa que, para alcanzar el sillón de Rivadavia, debe subirse a un escenario y compararse con Pavarotti, en cualquier momento aparece reservando la misma cartelera de Milei.
Más púdico fue su jefe transitorio, el cantautor Alberto Fernández, quien empuña la viola como autoayuda para conquistar mujeres y que jamás, como hubiera deseado, se permitió salir a las tablas, en público, y abalanzarse sobre los temas de su grupo musical preferido, “Los Súper Ratones”. A pesar, inclusive, de que instaló en la Casa Rosada una serie de recitales de rock en los que la vergüenza le impedía participar como protagonista. En esa inhibición, era un presidente.
Falta Cristina Kirchner en la nómina, poco convencida de su gola, que la reservaba para la ducha, pero apasionada por el baile, música urbana, bailantera o murguera, capaz hasta de moverse con el Himno Nacional, como se ofreció seguido en los balcones presidenciales y en los actos, con movimientos, pasos y bamboleo de caderas que ahora repite, cada tanto, con disimulada alegría desde su presidio a la calle. A ella tampoco, a quien había que temer “un poquito”, ni por un instante se imaginó exhibir sus cualidades en un espectáculo ante la jubilosa multitud partidaria. Aunque la audiencia fanática le compra todo, siempre ha sido reticente con ella misma y sus pasiones.
Al revés, claro, de quien cumplió su sueño: de sentirse un rolinga, presidir un pogo, ensayar, preparar el sonido en el Arena de Atlanta, cantar o gritar según la ocasión, frente a unos quince mil admiradores que se reverencian —todavía no lo tienen en claro— en la Escuela Austríaca o la de Chicago. Admirable la desfachatez amateur del mandatario y su banda, impensable para colegas anteriores, quizás para la jerarquía que representa, pero imponiendo una determinación única que revela su voluntad para gobernar.
También el curioso acto, convocado para la presentación de un libro propio, sirvió para desentrañar enigmas de gobierno y de partido. Por ejemplo, la obligada coexistencia del triángulo de hierro: otra vez sostuvo como indispensables a su hermana Karina y a su asesor Santiago Caputo. Más que una confirmación, una advertencia para los dos: resulta intolerable y dañina para el gobierno la interna que protagonizan, la adolescente porfía por un retazo más de poder. No incluyó a Guillermo Francos en la geometría: el jefe de Gabinete no disputa y, en ocasiones, parece un hombre de teflón.
Aunque ellos seguirán en el equipo luego de las elecciones del 26, cuando se disparen —dicen— cambios de nombres y de prospectos económicos (cambiarios). Según el resultado. Venía Milei antes del show con prevenciones y padeciendo el formidable tifón que volteó al candidato José Luis Espert —cuyas derivaciones aún permanecen en la superficie por el caso Fred Machado— y de penurias en la economía que Donald Trump no resuelve aún con anuncios inéditos para “el amigo americano”. No alcanzan sus promesas: en el sector financiero hay gente de poca fe, a ninguno se le ocurre la procesión a Luján.
Además, en el Congreso le va peor al gobierno, con una mayoría opositora que lo aporrea y destripa para dejarlo rengo, por lo menos. Por si fuera poco, una marejada de encuestas no favorece al oficialismo y a Milei le indigna que los medios se solacen con esos números de cumplimiento incierto.
Pero el acto resultó un singular viagra político para Javier Milei, rescatado parcialmente del hundimiento esa noche, y ahora espera buenas noticias de su correo Luis Caputo en Nueva York y Washington, adonde él mismo, la semana próxima, se abrazará como un bebé a su colega Trump, el mismo que ha decidido trasladar a Paraguay lo que fue la Operación Colombia contra el narcotráfico.
A la Argentina le corresponde un nuevo rol, seguramente en la región —y peligro consecuente— por esa vecindad para erradicar un negocio más que un vicio. Otro dato estratégico que valoriza la opinión de Trump sobre el presidente. En esa turbidez se aguarda la última declaración de un poderoso empresario de Rosario, un “arrepentido” que puede sacudir cabezas impolutas.
Es que la cuestión judicial, relegada por el momento, amenaza con otro rol mediático, postergando a la política: comienza el 6 de noviembre el juicio por las coimas denunciadas en los cuadernos. Y con la seguridad de que ese juicio estará en las redes y, sobre todo, será presencial: al menos, el primer día, con muchos personajes poderosos que creyeron —o alguien les hizo creer— en abrir la billetera para evitarse condenas; “arrepentidos” que darían la vida para que sus nietos no los vieran en esos bancos.
Aunque a los nietos, cuando gasten el legado del abuelo que tuvo domiciliaria con tobillera, ni les importará la procedencia del dinero. Aunque parezca mentira, el oro no siempre compra el bronce.
Todo comienza el 6 de noviembre: la asistencia forzada será para unos doscientos involucrados, y cantarán en la Sala AMIA con menos entusiasmo que Milei.
LA NACION > Política
Milei todavía puede ganar, pese a las diez plagas de Egipto
En la Casa Rosada se aferran a la idea de que el electorado no encuentra una alternativa; el de Espert es el primer caso resonante de contaminación de la política nacional con el crimen organizado
9 de octubre de 2025
LA NACION
Carlos Pagni
Es muy conocido el papel determinante que Machiavello asignaba a la suerte en el éxito político. Para él era el 50% del problema. A Javier Milei y su equipo ese factor se le ha vuelto, desde hace unos meses, resbaladizo. Sospechas de corrupción que ganan verosimilitud con el paso de los días, entre otras cosas, porque la aparición de cada nuevo escándalo imprime un efecto de realidad al anterior.
Empezó con $Libra; siguió con el sospechoso avión que trajo a Laura Arrieta con valijas que nunca se revisaron; se agregaron los audios de Diego Spagnuolo sobre presuntos sobornos en la compra de medicamentos para personas con discapacidad; hasta que, cuando ya se había calentado la atmósfera electoral, se denuncia al principal candidato oficialista en el principal distrito del país por haberse financiado hace unos años con fondos que, se presume, habrían procedido del narcotráfico. Y todavía falta, como hizo notar un gracioso en la red X, que después de Milei en el Movistar Arena, cante Federico “Fred” Machado, el generoso mecenas de Espert, en los tribunales de Texas.
El daño producido a las filas del oficialismo o, si se quiere una formulación más cursi o épica, “a las ideas de la libertad”, la conducta pasada de Espert y sus pésimas explicaciones presentes, es difícil de calibrar. No sólo por lo que significa en sí mismo su comportamiento. También por el panorama al que se incorpora. El de Espert es el primer caso resonante de contaminación de la política nacional con el crimen organizado.
Lo protagoniza nada menos que quien fue, hasta ayer, presidente de la Comisión de Presupuesto y Hacienda. Es decir, la voz económica del Gobierno en la Cámara de Diputados. El escándalo aparece días después de que se conmueva el país por el crudelísimo asesinato de tres jóvenes en medio de un ajuste de cuenta entre narcotraficantes. Al mismo tiempo que Rosario sigue emitiendo novedades sobre jueces federales como Marcelo Bailaque, mezclado con la banda de Los Monos.
Un tornado que acaba de sacudir al controvertido empresario Fernando Whpei, que se declaró arrepentido en la causa en que se juzga a Bailaque. Sobre este telón se recorta la figura de Espert, defendido por el mismo gobierno que postuló para la Corte al juez Ariel Lijo. Es decir, al juez que mantiene dormida la causa sobre el vergonzoso ingreso de los Eskenazi a YPF.
Las autoridades de esa empresa, encabezadas por Miguel Gutiérrez, golpearon la puerta del juzgado durante la gestión de Mauricio Macri. Nadie les respondió. Ahora lo hacen el gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, y el de Chubut, Ignacio Torres, con el patrocinio del exprocurador del Tesoro, Bernardo Saravia Frías. Se verá si Lijo abre la puerta. ¿O deberá pedir permiso a la familia Eskenazi antes de hacerlo? El silencio del juez ha sido indispensable para que los Eskenazi pudieran vender sus presuntos derechos sobre YPF al fondo Burford y, al mismo tiempo, cobrar a través de ese fondo, varios miles de millones de dólares como indemnización por la estatización de la empresa.
Es posible que este via crucis institucional no mortifique tanto al Gobierno como el otro, el que afecta a la especialidad de la casa. El descontrol de las variables económicas: precio del dólar y cotización de los bonos, que se registra en el índice de riesgo-país. Ese frente es tan decisivo que el equipo económico, con Luis “Toto” Caputo a la cabeza se mudó a Washington para acelerar el salvataje prometido por el secretario del Tesoro, Scott Bessent.
La secuencia de desventuras es tan sistemática e inoportuna que muchos militantes libertarios comienzan a sospechar sobre la existencia de una mano oculta. Un genio maligno que organiza tanta desventura. Difícil de creer. Si en la Argentina hubiera alguien con la capacidad de manejar así la relojería, la inflación mensual no seguiría siendo superior al 2%.
Sin embargo, el fenómeno que llama la atención no es el ataque de las diez plagas de Egipto sobre el oficialismo. Más sorprendente es que, desde el corazón de la Casa Rosada, se mira el paisaje general con bastante optimismo. Dicho de otro modo: allí creen que el próximo domingo 26 van a ganar. Hay algo todavía más raro, y es que tal vez tengan razón.
La razón sobresaliente de ese modesto entusiasmo indica un cambio significativo. Los principales brujos de la tribu libertaria no creen, como sucedía hace un año, que la victoria será sólo hija de un idilio con una parte importante de la sociedad. Ahora confían más en otra variable: la falta de alternativa. Milei y su partido están en condiciones de obtener una victoria porque no hay una opción aceptable para sus simpatizantes que, al mismo tiempo, sea competitiva. Hay que prestar atención a esta forma de pensar, porque así piensa “la casta”. Cuando la legitimidad se va erosionando, los mecanismos formales y las opciones concretas, en otras palabras, la ingeniería electoral, compensan lo que se perdió por desencanto.
Esta manera de razonar la elección nacional se vuelve crucial en la provincia de Buenos Aires. Allí La Libertad Avanza (LLA) enfrenta a Fuerza Patria, es decir, al peronismo kirchnerista. La última vez en que se produjo ese duelo, las listas de Milei fueron derrotadas por una diferencia de 14 puntos porcentuales. Ese resultado provocó un giro copernicano en la vida pública y fue determinante para el pesimismo de los mercados financieros. No sólo por la magnitud de la caída. También por la identidad del vencedor. La probabilidad de que en 2027 se produzca un reflujo intervencionista modelará los próximos dos años del gobierno libertario. Y, por supuesto, desalentará la inversión privada. Sobran argumentos, por lo tanto, para demostrar la importancia de las próximas elecciones bonaerenses.
Entre los dirigentes de esa provincia que responden a Milei hay algunos que están convencidos de que LLA recuperará el terreno perdido y hasta puede aspirar a la victoria. Apuntan, para comenzar, a que el próximo 26 los votos no peronistas se concentrarán en la opción libertaria. Es decir, a esos ciudadanos ya no se le ofrecerán alternativas aceptables. El 7 de septiembre, varios intendentes que en otras elecciones integraban la boleta de Juntos por el Cambio armaron sus propias listas. Fueron con sus propias siglas o se integraron en Somos Buenos Aires. Fue el caso de Manuel Passaglia en San Nicolás; Javier Martínez en Pergamino; Pablo Petrecca en Junín, por citar algunos de ellos. ¿El que votó esas propuestas, que son antikirchneristas, qué lista va a votar ahora?, se preguntan esos estrategas de LLA.
Además, en esta nueva confrontación el PJ ya no contará con la movilización de los intendentes a favor de sus listas de concejales. Y habrá un factor más jugando a favor del gobierno nacional: el miedo al triunfo kirchnerista. En la Casa Rosada especulan con que muchos bonaerenses que se oponen al peronismo de Cristina Kirchner y Axel Kicillof dejaron de concurrir a los comicios porque están desencantados con Milei o, es también posible, no entendían la importancia de lo que se estaba eligiendo.
La victoria del PJ en septiembre puede haber sido para ellos un gran despertador que los impulse a votar el 26. El ejemplo más reciente fue el del pasaje de las primarias a la primera vuelta de 2019. Mauricio Macri, que en la primera competencia había sacado 8.121.000 votos, en la segunda obtuvo 10.800.000. Sumó más de 2.700.000 votos y todo el mundo admite que fue por la alarma que encendió la victoria de Alberto Fernández y Cristina Kirchner en las PASO. El voto se concentró de tal manera que Roberto Lavagna retrocedió en unos 350.000 votos y José Luís Espert, perdió más de 100.000 de los 500.000 votos que había cosechado en las primarias. Ya empezaba a despilfarrar los ahorros de Machado.
Los cerebros electorales de Milei esperan que en Buenos Aires se verifiquen los mismos movimientos. Menos abstención y más concentración. Dicen que, en privado, Cristina Kirchner sospecha que puede suceder lo mismo y que por ese motivo sigue siendo crítica del desdoblamiento que dispuso Kicillof. En otras palabras, ella calcula que, al adelantar las elecciones provinciales, el gobernador despertó el gen antiperonista o anti-kirchnerista de una parte importante del electorado que, tal vez, ya no está encantada con Milei. El rescate de Trump a la vapuleada economía de su amigo ya forma parte del debate interno norteamericano.
Hay una iniciativa en curso que para todos los analistas de opinión puede impactar a favor del oficialismo: que se conozcan los detalles del auxilio de Donald Trump a Milei antes del domingo 26 y que tenga un efecto positivo sobre el índice de riesgo y el comportamiento del mercado cambiario. Observadores independientes especulan con que esa novedad podría impulsar a antiguos votantes de Pro, a los que el Presidente comenzó a despertar antipatía, a concurrir a las urnas y poner su voto a favor del paisajista Diego “Colorado” Santilli o Karen Reichardt.
En la lista de infortunios que han castigado al oficialismo en estos días figura también la dificultad de encabezar su lista bonaerense con Santilli, en reemplazo de su antiguo ahijado Espert. Abrazado a un criterio bastante previsible, que ya había imperado en otras provincias y hasta había sido avalado por la Corte Suprema, el juez Alejo Ramos Padilla cubrió esa vacante haciendo que todos los candidatos ascendieran una posición. De ese modo se preservaba la esencia de la política de género, que es la alternancia dentro de la nómina. La derivación es que la lista quedaría presidida por Reichardt. LLA no está conforme con esa interpretación y prefiere la del decreto reglamentario que indica que cada candidato que se ausenta debe ser reemplazado por el siguiente del mismo género. Así ascendería Santilli.
Habrá que ver si los que prefieren a Santilli defienden bien sus intereses. Es verdad que en 2021 este candidato demostró que podía sacar casi 40% de los votos. Pero Reichardt puede tener la ventaja de ser una outsider, ajena a esa casta de la que Santilli forma parte desde su adolescencia. Jorge Taiana, el candidato peronista, ya optó: anoche desafió a un debate a Karen Reichardt, aunque llamándola por su nombre de nacimiento, Karina Celia Vázquez. Empezó el show. Cuidado con Karen.
La nueva forma de votación, con una boleta única que contiene todas las opciones partidarias, también es un electrón loco para predecir los resultados. Encuestadores experimentados, como Hugo Haime, afirman que entre las personas que consulta hay un 25% que dice desconocer el nuevo método. Es gente de pocos recursos que, en general, tiende a votar al peronismo.
Los mismos argumentos que el oficialismo esgrime para explicar su posible recuperación y, para algunos pocos, inclusive su triunfo en la próxima elección bonaerense, se escuchan en el caso de varias provincias del interior. Los libertarios alegan que, ahora que está en juego el gobierno nacional, el papel de los dirigentes locales será menos gravitante. Es decir, los gobernadores, que se beneficiaron con desdoblamientos que convertían las elecciones provinciales en disputas desligadas el cuadro general, serán ahora las víctimas de la nacionalización.
Esta visión general hace juego con los pronósticos de los analistas de opinión pública más confiables. Entre ellos se especula con que habrá un empate entre LLA y el peronismo. Algunos sospechan que puede haber un triunfo de LLA por un margen pequeño que, en el extremo, podría estirarse a 5 puntos. Para poner números sólo indicativos: 37-32, 36-33, un resultado parecido a esos. La presentación de los votos puede ser engañosa la noche del escrutinio. Porque el PJ irá fragmentado en varias denominaciones. Una de ellas es Fuerza Patria. Para entender cómo se formarán los bloques que hoy lidera el kirchnerismo habrá que sumar formaciones con distinto nombre. Por un momento puede haber desconcierto.
El mapa será también variado. Celeste, violeta, más la expresión de los gobernadores de Provincias Unidas que, calculan los expertos, podrían reunir un 10% de los votos nacionales. En términos territoriales hay que imaginar una división en tercios, de unas 7 provincias por facción.
Los que intentan imaginar el funcionamiento del Congreso, infieren que un resultado como el que están indicando las encuestas, en el escenario más optimista para el Gobierno, otorgaría a Milei entre 95 y 103 diputados, de los cuales entre 67 y 71 serían de su propio partido. Hasta ahora el trabajo más minucioso para estas especulaciones es el que realizó Raúl Timerman con su consultora La Sastrería.
Esta aritmética, que es la más ventajosa para LLA, presenta un oficialismo con capacidad de veto, pero que no controla el quorum ni siquiera sumando a sus aliados. La física parlamentaria que suponen estos límites debe ser inscripta en una economía distinta de la que se conoció en los dos primeros años de Milei. El Gobierno consiguió el apoyo de muchas fuerzas políticas ajenas, a las que en muchos casos maltrató, porque las expectativas que generaba en el electorado eran promisorias.
Como siempre ha sucedido en la Argentina, un factor importante para sembrar optimismo en el electorado es la política cambiaria. Como observa el politólogo de Santa Bárbara, “el gobierno que se jactaba de hacer o mantener ajustes en un año electoral, es el mismo gobierno que conserva un dólar artificialmente bajo por las elecciones. Un plan platita, pero en dólares”.
Esta estrategia terminó colapsando, tanto en el mercado de cambios como en el mercado de deuda, mucho antes de las elecciones. Todavía no se conocen las condiciones macroeconómicas que impondrá el Tesoro de los Estados Unidos para la ayuda que piensa suministrar. Ni siquiera se conoce en qué consiste esa ayuda. Menos aún qué coordinación tendrá con el programa ya suscripto, e incumplido, con el Fondo Monetario Internacional.
Lo que queda cada día más fuera de duda es que aquella estrategia cambiaria se volverá insostenible. Que el Banco Central deberá acumular reservas. Y que eso se reflejará en un precio más elevado para el dólar. Es decir, se reflejará en otro clima político. Para sintetizar, el contexto será menos amigable para la misma operación que la Casa Rosada no supo hacer en momentos más brillantes: ganar amigos.
Por Carlos Pagni